Disclaimer: Santa Meyer los crea y ellos se juntan. Yo sólo me encargo de liarles un poco.
Nota de la autora: Ya lo he dicho en mi profile y no pienso repetir las cosas para ser una pesada. Sólo decir que, aunque no os lo creais, los rrs sí hacen el fandom, y la presencia y ausencia de estos sí determina el futuro de éste. Quien avisa no es traidor y si os gusta el fandom del futuro, perfecto. Siento no saber escribir porno en cada capitulo, pero siempre he considerado que tenía que haber de todo, pero al parecer, estoy algo equivocada. En fin, que sea lo que sea.
He reflexionado y he decidido que en lugar de "castigar" a la gente que no comenta, prefiero que la gente que sí lo hace, tengan su recompensa.
Ya lo he dicho en el profile, pero en mi blog privado pondré algunas escenas que no salen en la historia principal y que son realmente interesantes. Que las ponga en esta pagina, creo que dependerá un poco de como va esta historia aquí. Y si alguien quiere una invitación que me la pida por correo. Pero tengo una condición: Sólo voy a dar invitaciones al blog a personas que SÍ comenten aquí asiduamente.
Y no me vale la picaresca de comentar para conseguir la invitación y luego no hacerlo, porque de la misma manera que la doy, la quito. Creo que las curiosidades y las escenas ineditas de esta historia merecen la pena. Pero también depende de vosotras en parte. No creo que sea una gran exigencia, ¿no?
Y para que quede una cosa clara de una vez por todas. Sí, lo sé, soy muy consciente de que tardo mucho. Más de lo que me gustaría. Pero no me ayudais en nada que os pongais exigentes diciendome lo mucho que tardo y que casi griteis exigiendo (y muchas veces, muchas de vosotras sólo apareceis para exigir) que actualice ya. Si podemos evitar eso, os lo agradecería en el alma. Más que nada, porque cuando os poneis en ese plan, no me ayudais. Al contrario, me agobio mucho más. No ayuda nada la disminución de rrs ni las exigencias. Esta historia se acabará, pero, por favor, con paciencia y evitad las exigencias, por favor. Creo que no soy una persona que racanea con las palabras. Esto no se consigue en dos días,pensad en eso. Se agradecería que me ayudaseis en todo eso: Tanto con vuestros rrs como por no exigir actualizaciones ipso facto. Gracias.
Y como no todo tiene que ser malo doy la bienvenida a mi rr nº 100 y nº 101. Gracias, chicas, sois un amor. Al rr nº 100, solo asegurarte que tendrás un pequeño premio por mi parte cuando tenga algo más de tiempo libre. Espero que eso te anime a comentar más ;)
Propaganda electoral: Mi amiga Triana Cullen, mi alter ego en la cuenta bloody_lacrymosa, participa en el evanescence twilight contest con su OS Haunted. No sólo es porque sea amiga mía, la considero una gran escritora y creo que merece que su OS sea leido y comentado. Si os gusta lo suficiente, podeis votarla en la pagina del concurso. Todos los enlaces están en mi profile. Os aseguro que merece la pena. ;)
Testosterone
La realidad del otro lado del espejo me había estado persiguiendo hasta alcanzarme.
Y había conseguido su objetivo de hacerse mucho más deseable que todos los matices de gris que me rodeaban.
Al otro lado del espejo, era hermosa y poderosa, y por la forma en que Edward la acariciaba—me acariciaba—, sabía que también era amada.
Debería sentirme mal por no ser la receptora de sus besos. Pero, a su vez, la piel de mi hermoso alter ego se convertía en un puente de comunicación entre su boca y mi piel.
Cerré los ojos con intensidad para dejarme llevar por aquellos instantes donde, por una fracción de segundo, podía sentirme como una parte de él.
Cuando la besó—me besó—el sabor de sus labios permanecía grabado en mi paladar. Y la nostalgia por los momentos que ya nunca tendría se manifestó en forma de lágrimas ardientes resbalando por mis mejillas.
Incapaz de soportar como todo lo bueno pasaba al otro lado del espejo, y que el amor de Edward sólo era un reflejo de lo ideal, di un puñetazo a la tenue pantalla de cristal, rompiendo aquella imagen en mil pedazos.
"Nunca podrás escapar de mí, Isabella", oí amenazante la aterciopelada voz de Edward. "Nadie puede escapar del destino y nosotros estamos predestinados."
Una vez me desperté sobresaltada, y después de chocar mi cabeza contra la pared, algo se cayó sobre mí.
Aturdida, lo cogí torpemente, y una vez hubo desaparecido la neblina de mis ojos y se hubo despejado mi mente, jugueteé distraídamente con el cazasueños que Jacob me había regalado.
Fruncí el ceño mientras le daba vueltas.
— ¿Cómo funcionas?—Le pregunté como si pudiese oírme. — ¿Hay que ponerte pilas? ¿O sencillamente funcionas con energía positiva? No me estás ayudando demasiado…
No me estaba ayudando demasiado a amortiguar el recuerdo de Edward. Aunque no tenía muy claro si lo deseaba realmente.
Estaba siendo injusta con aquel hermoso objeto. Aquella masa de madera e hilos armoniosamente ordenados no tenía la culpa del cabreo que tenía con el personaje que me lo había regalado.
Aunque tal vez no funcionase si estaba cargada de tanta energía negativa. Y en aquel momento, juraba que odiaba a Jacob.
Me había prometido que todo sería fácil. Que me ayudaría a salir del bache.
Su actitud de aquella noche, no obstante, había puesto más caos en mi, —ya más que caótico—, mundo.
"Jacob, estás jugando a la ruleta rusa conmigo", le advertí una vez que accedí a regañadientes a que me acompañase a casa. "Hay cosas que nunca van a cambiar".
Pero él, divertido y socarrón, se había tomado esto como un reto.
"Mejor morir intentándolo que quedarme con las ganas". Se rió entre dientes. Luego, se puso serio y me retó: "Aunque sólo sea una decima parte de lo que le amaste a él. Me gusta apostar fuerte y no me conformaré con tu amistado cuando puedo lograr tu amor. Descubrirías que el amor no tiene que ser enfermizo ni dañino. Aferrarte a su recuerdo sólo te hará más daño. Si no lo intentas, nunca sabrás si somos compatibles o no. Aunque, yo sé que sí".
Me volvió a besar, aunque de manera mucho más tierna; mi reacción fuese la misma: la falta de ella.
"Voy a luchar por ti todo lo que me quede de vida, Bella Swan", se despidió antes dejarme en la puerta de mi casa.
— ¡Maldita seas, Jacob!—Mascullé entre dientes. — ¡Tenías que complicarlo todo!
El ser alguien desalmado me había enseñado a ser completamente egoísta y a tomar solo lo que necesitase.
Y hasta el momento, me había sentido como una planta bajo el sol. Había estado marchita y sin vida hasta que me habían cuidado, con sol y cariño, y estaba empezando a florecer. Pero por muchos cuidados que Jake me hubiese proporcionado, alguien como yo no tendría mayores estímulos que los propios de una planta.
Lo más cómodo para mí, hubiese sido su completa amistad, querernos sin compromiso ninguno.
Pero Jacob había avanzado más complejamente en cuantos sus sentimientos, y me estaba pidiendo un mayor compromiso. Y lo mejor para él hubiese sido cortar de pleno la relación para que pudiese encontrar a una persona que le quisiese al cien por cien. Como a él mismo.
Si permanecía más conmigo, corría el riesgo de arrastrarle hacia un lugar muy oscuro donde no habría salida.
Aun así, no quería alejar a Jacob de mi vida. Si tenía que aferrarme a ser humana, él era mi chaleco salvavidas para este enorme mar al que había sido arrojada.
Al parecer, no era la única que había tenido una mala noche.
Mi madre estaba gritando a Phil porque había llegado bastante tarde, con varias copas de más y oliendo a perfume barato. Y si agudizaba mejor el oído, me enteraría que en el cuello de su camisa había huellas de carmín de una marca que Renee nunca había usado.
¡Bonito día de San Valentín!
Como si se tratase de un libro abierto, sabía cuál iba a ser el final de aquel matrimonio sin necesidad de leer el final.
No era que Phil no quisiese a mi madre, pero era de aquellas personas que se agobiaba con las ataduras y no era demasiado afín a los votos matrimoniales.
Además, seguramente sería consciente que mi madre sólo le necesitaba para no convertirse en una adulta de pronto y seguir dependiendo de alguien; él sabía perfectamente que mi Renee sólo había amado a alguien en su vida, y aquella persona era mi padre. El escaso tiempo que estuvieron casados había sido el más feliz de sus vidas. Lástima que el mundo donde Charlie estuviese metido fuese demasiado para Renee. No era la persona idónea para aguantar tales adversidades.
El caso de mis padres sólo me había hecho afianzarme aún más en que los Swan estábamos malditos en el amor.
Y no sabía cuál podría ser más desesperanzador, si dar tu amor a alguien que no te iba a corresponder; o sencillamente que fuese reciproco pero no poder estar juntos.
Me tapé los oídos cuando Phil salió dando un portazo y conduciendo el Audi a toda velocidad para alejarse de aquella casa de locos.
Mi madre se encerró en su cuarto, dando otro portazo, y haciéndose la víctima, empezó a llorar y a gritar para que su tragicomedia fuese más realista.
Su berrinche tenía un punto positivo. Atrasaría mi propio debate mental de cómo tratar el asunto de Jake y me concentraría para consolarla y mimarla. ¿Cómo podían estar tan invertidos los papeles y mi madre se comportase como la adolescente que se suponía que yo era?
Me levanté de la cama, y bajé a la cocina para prepararle una infusión y aguantar su sesión de histeria.
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Hasta que no había llegado el lunes, no había estado realmente preocupada porque Jacob no me hubiese llamado después de aquel desastroso día de San Valentín. Supuse que se estaba comportando decentemente dejándome tiempo para reflexionar sobre mi respuesta. Por ahora le pediría que me dejase más tiempo para pensar en lo que me había dicho.
Era dar evasivas para ganar tiempo. No le engañaría tan fácilmente, pero aún no estaba preparada para echar a Jacob de mi vida.
Lo que realmente me extrañó que no tuviese noticias suyas a partir del domingo por la noche. No tenía claro si me iría a buscar el lunes por la mañana, siempre lo hacía, pero aún así todas las noches me llamaba para hablar conmigo unos cinco minutos.
La ausencia de la llamada encendió mis temores más ocultos, pero intentaba razonarlos con la idea que el lunes estaría en la puerta, exigiendo su desayuno, y llevándome en la moto al colegio.
Pero estábamos a lunes por la mañana, y ahí me encontraba yo, buscando como una loca el monobus, y recogiendo todas mis cosas para ir al instituto aún cepillándome los dientes y cogiéndome una despeinada coleta.
¡Esto era un completo desastre!
Renee se limitaba a observarme mientras estaba sentada en la mesa de la cocina tomando una taza de café.
Rápidamente, cogí el envase del zumo de naranja y me lo bebí a morro ante la desaprobación de mi madre.
Me limpié con la servilleta y, corriendo, fui a darle un beso a mi madre.
—Volveré pronto a casa. Hoy no tengo que trabajar. Hasta la tarde.
Mi madre respondió muy fríamente a mi despedida:
— ¿Se puede saber que le has hecho a ese pobre chico para que ya no te vaya a buscar?
Sus palabras interrumpieron mi carrera y me quedé quieta en la puerta de la cocina, mirándola como si no la conociese.
— ¿Qué has querido decir?—La pregunté retándola.
Ella parpadeó indolente mientras soltaba su veneno envuelto en sus palabras:
—Bella, no sé que voy a hacer contigo—se lamentó. —Tienes la tendencia de destruir todo lo bueno que pueda surgir en tu vida. No te esfuerzas en conservar nada bueno y todo el mundo huye de ti. ¿Por qué no intentas ponerle remedio? Estás consiguiendo quedarte sola.
Me sentí herida en lo más profundo. Y porque sabía que una parte de ella, por muy resentida que se sintiese, tenía razón. Nunca había sido más consciente de la maldición de los Swan sobre el amor.
No quería, no obstante, darle el gusto de que supiese que me habían hecho mellas sus palabras.
—Creo que ya eres lo suficientemente mayorcita para dejar de amordazarme con tus palabras—la contesté secamente. —Así que deja de comportarte tan cruelmente y se una adulta y deja de echarme la culpa de tus problemas con Phil. Cada uno es responsable de sus actos.
Al no recibir respuesta, volví a despedirme de ella:
—Llego tarde a la escuela.
Y corrí sin parar desde el pasillo de la casa hasta, fuera de ella, la parada de autobús, que cogí por los pelos.
Intentando respirar por la boca, y eligiendo un asiento, después de picar el ticket, me prometí que Jacob me oiría por todos los incidentes de la mañana.
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Pero Jacob tampoco apareció en el instituto.
Ni a primera hora, en su clase de matemáticas.
Ni a segunda, en educación física…
…Ni a las posteriores, cuando me encontré al señor Robertson, muy enfadado, el cual me entregó un examen de Jacob para que se diese. Por supuesto, una enorme F ocupaba la cara del folio… ¡Oh, Jake!
—La actitud de su amigo, el señor Black, de no pisar por clase no le ayudará a levantar una larga cola de pésimas notas. Y por supuesto, su falta de modales. Lo único bueno de su ausencia es no oír su verborrea de chulo de barrio que se quiere hacer el rebelde sin causa y, sobre todo, verle pavonearse de su ausencia de modales.
Me entregó un cuaderno con los deberes que debía realizar durante la semana.
—No quiero oírla, señorita Swan, excusar al caso perdido que es su amigo, y dígale de mi parte, que si el lunes no aparece con estos deberes hechos, y completamente vestido, de paso, se vaya despidiendo de su futuro…académico. Y usted no pierda el tiempo y vaya rellenando los informes de las universidades. Porque el señor Black sea una causa perdida, no pierda sus oportunidades en la vida. La veré en clase.
A la hora de la comida, me hubiera visto irremediablemente sola si no hubiese sido por Amy y su ahínco por las causas perdidas, que me dejó un hueco en la mesa y empezó a hablar conmigo para no arrinconarme.
Seguía siendo monotemática y sólo hablaba de las clases y exámenes, lo cual me ayudaba a desconectar. Aunque siempre hubiese alguna que metiese el dedo en la llaga.
— ¿Dónde has dejado al chico impresionante que tienes por novio?—Inquirió Anne maliciosamente.
— ¿Te refieres a Jacob Black?—Mordí una zanahoria mientras mostraba una actitud indiferente. —No somos novios, espero que te quede claro.
Después de compartir unas risas estúpidas con Summer, prosiguió:
—Pues no sabes como lamento oír eso, porque, será pequeño de edad, pero que bueno que está el condenado chaval. —Más risas estúpidas. —Me parece que el día de los enamorados hubo bronca. ¿Qué es lo que ha pasado?
"Me dijo que me quería y yo le mandé a la mierda por no estar preparada".
—No pasó nada importante—respondí en voz baja. —Diferencia de caracteres. Además, está muy claro que no somos novios.
Toda la mesa, incluyendo la tranquila Amy, me miró completamente con escepticismo.
—Pues por el tiempo y la forma de estar juntos nadie diría lo contrario—opinó Summer. —Pero si tú no le quieres como novio… ¡Mejor para nosotras!
Ambas volvieron a reírse tontamente.
— ¡Que pectorales tiene el chico!—Exclamó Anne. —Si tú nos das vía libre, déjamelo a mí. Ya te digo como se me quedaría la lengua de rasposa después de lamer toda la extensión de músculos… ¡Ñam, ñam, ñam!
Summer la dio un codazo en las costillas, riéndose con más fuerza.
— ¡No pulas tú sola toda la superficie y deja para las demás!—Protestó. Luego, modestamente, me miró tímidamente, como si tuviese que pedirme permiso. —Espero que a ti no te moleste que bromemos con tu…amigo.
Tenía una pugna de emociones encontradas que me hacían rozar en la ambivalencia.
Por un lado, no quería perder la amistosa complicidad que tenía con Jacob.
Aunque reconocía que si Jacob saliese con otra chica—no una cabeza hueca como Summer, Anne o Liza—, quizás, todo lo que decía sentir por mí se desvaneciese y se centrase en alguien que realmente le mereciese y no le hiriese como lo hubiera hecho yo.
Posiblemente, sentiría envidia por la buena chica que hiciese feliz a Jacob, pero, predominaría mi más sincera satisfacción por que él sí pudiera encontrar la felicidad.
Reconocía que albergaba en mí cierto sentimiento egoísta de librarme de su enamoramiento de adolescente por la chica mayor, y que me dejase mayor libertad para tomar las riendas de mi futuro. Sólo que era una completa egoísta y necesitaba de la a mistad que él me concedía… ¡Y sería lo más cómodo!
Volví al tema de la conversación, y con una sonrisa falsa, hice un gesto a Anne y Summer que daba a entender que tenían carta blanca en el asunto de Jacob.
Como sorpresa del día, me quedé perpleja cuando Liza, después de varios meses sin hablarme, se dirigía a mí como si fuese de su mismo grupo:
—No te preocupes, Bella—intentó consolarme. —El día de San Valentín debería ser el día oficial de la ruptura de las parejas. El imbécil de Matthew y yo hemos cortado.
—Lo siento—intenté sonar más empática con ella aunque no me importase nada.
—Estadísticamente, el día de San Valentín es donde se produce el mayor índice de rupturas—nos informó Harry como si a alguien nos importase.
Liza le ignoró y pronto una gran sonrisa curvó sus labios y sus ojos brillaron.
—Bueno, siempre se ha dicho que un clavo saca a otro clavo. —Se rió tontamente. —Y en la feria conocí a un rebelde universitario. Se llama Riley Biers y me ha dicho que estaba aquí de viaje de estudios… ¡Es tan mono y atento! Aunque no entiendo su manía de salir sólo de noche…
—Tal vez deberías tener cuidado que no sacase los colmillos y te hinque el diente—bromeó alguien de la mesa.
Para no sentirme aludida, eché una risita bastante histriónica al igual que el resto.
Liza hizo el gesto de pasar de la broma.
—El caso—prosiguió—, es que hemos quedado para este viernes en la feria. Dice que tiene una gran sorpresa para mí—chilló emocionada y sus amigas la imitaron. —Para que veíais lo afortunada que soy, podemos celebrar una quedada para ir allí, os lo presento y después nos vamos cada uno por su lado.
— ¡Quedada, quedada, quedada!—Aplaudió la mayoría de la mesa ante las palabras de la cheerleader.
Ésta se limitó a ladear la cabeza para mover su masa de pelo dorada.
— ¡Le haré ver al imbécil de Matthew que Liza Mason no es de las que se queda en casa llorando!
La siguieron aplaudiendo mientras recogíamos la comida y nos preparamos para ir a clase.
Amy me agarró y me miró esperanzada.
—Sé que tu respuesta siempre es negativa, pero me gustaría que, de vez en cuando, salieses con nosotros. ¡Ven a la feria el viernes por la noche!—Me invitó. —Eres de las pocas personas con las que me siento segura y me gustaría disfrutar…
Era irónico que ella se sintiese segura a mi lado cuando era, precisamente yo, la que sentía como todo se hundía bajo mis pies. Amy siempre era amable conmigo y le prometí que le llamaría antes del viernes por la noche si me decidía a ir con ellos. Tampoco era un gran compromiso.
Sólo esperaba que Jacob hubiese dado señales de vida mucho antes.
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Al regresar a casa, los brazos me dolían por cargar con material extra.
Por una parte todas las inscripciones que había cogido de las mesas de información de la universidad y luego todos los deberes y exámenes de Jacob que me había dado una compañera de su curso.
Me permití observar algunas de sus notas y meneé la cabeza, disgustada.
Si Jacob no mejoraba sus notas, no sabría que sería de él en el futuro.
En este instante, tendría que preocuparme que mañana fuese a clase.
Dejé todo sobre la mesa y busqué el móvil por si Jacob me hubiese llamado. No había ninguna llamada perdida.
¡Genial!
Empezaba a ser hora de que cundiese el pánico.
Marqué los números de su teléfono y esperé a que se pusiese.
Las dos veces que marqué me saltó el buzón.
Me preguntaba si no le había ofendido más de lo que quería aparentar. Mis negativas habían sido bastante rotundas y no había tenido demasiado tacto a la hora de negar cualquier relación con él. Estaba segura que a la larga sería mucho mejor para los dos.
Mejor saber que sólo le podía ofrecer mi amistad desde el principio y frenar las falsas esperanzas.
Esperaba que leyese el sms que le iba a mandar:
"Jake, me tienes preocupada. Fui brusca y lo siento. Hablaremos, pero llámame, por favor. Bells".
Me fui a rellenar los informes, con un ojo encima del móvil por si recibía su llamada.
Pero en toda la tarde y noche de aquel lunes no hubo señal de Jacob.
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El martes tampoco hubo novedad al respecto.
Jacob no apareció por clase, y de nuevo en casa, me llevé una gran cantidad de tarea para que la fuese haciendo.
Su profesor de cálculo me dijo que habían tenido un examen hoy y que no se había presentado. Me advirtió que si no tenía una buena excusa por faltar, suspendería la asignatura por aquel semestre.
Pero a Jacob no parecía que su futuro académico estuviese empantanado.
No se molestó en cogerme el móvil y no respondía a mis cada vez más exigentes sms.
Pasé otra noche en vela esperando a que se produjese una llamada por su parte.
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El miércoles, cansada de llevarme todas las broncas de los profesores me dedicaban a mí en lugar de Jacob, como si tuviese la culpa que él faltase, decidí hablar directamente con Rebecca.
Hasta entonces, no había querido llamarle a casa para no meterle en un lio con su hermana a consecuencia de sus novillos, pero la situación se estaba complicando para él y sería una autentica irresponsabilidad que perdiese la beca.
No parecía que fuese a tener mucho más éxito que las anteriores veces porque llevaba dos intentos sin que nadie me cogiese el teléfono.
Iba a rendirme con una tercera llamada cuando alguien descolgó y me precipité a hablar antes de que me invitasen a ello:
—Rebecca, soy Bella y…
Me colgó antes de poder explicar algo.
¿Me estaba evitando? ¿Le habría contado Jake a Rebecca lo que pasó en San Valentín y le habría dado instrucciones para que no me cogiese el teléfono?
Por lo visto, así era cuando al llamar por cuarta y quinta vez no se molestaron en descolgarlo.
Volví a mi acoso habitual de sms y sólo me quedaba esperar a que se dignase a contestarme.
Hubiera dicho que aquel día, aparte del comportamiento inmaduro por parte de Jake, no hubiese tenido nada digno de mención si no hubiera sido porque Renee apareció, casi corriendo y con una sonrisa de oreja a oreja, en la cocina gritando jubilosa mi nombre.
Dado el hosco humor que se encontraba desde su bronca con Phil, me extrañó verla tan dichosa como una niña de guardería.
¿Habría hecho las paces con Phil?
—Ha sucedido algo maravilloso—me anunció.
No sabía si esperar a que ella me lo dijese tal como tenía intención, o fingir algo de interés por sus asuntos.
— ¿Has logrado hablar con Phil?—Pregunté.
Ella hizo un gesto de desprecio.
—Está en San Diego haciendo promoción con el equipo. ¡Ojala una de sus queridas le pegue la sífilis!—Siseó furiosa. Después, volvió su buen humor de casi fase maniaca: —Esto es mil veces mejor que el imbécil de Phil volviendo a casa.
— ¿Has encontrado trabajo?
El problema de no tener a Phil en casa, era no tener ingresos para pagar las facturas. No le había hablado a mi madre de mi enorme fondo para ir a la universidad para no generar problemas. Así que esperaba que ella solucionase la carencia de dinero que la ausencia de Phil nos había ocasionado.
—…Bueno, esa es noticia. —Frunció el ceño. —No la consideraría como buena, porque el capullo que tienes por padrastro me prometió que no necesitaría volver a trabajar. Pero para demostrarle que no necesito nada de él, he buscado trabajo y he encontrado algo. He conseguido suplir una baja por maternidad en una guardería a seis manzanas de aquí. Tengo que ir tres horas todos los días durante seis meses y con posibilidades de permanencia…
Algo de su infantil alegría se me contagió. Como una niña pequeña haciendo meritos en el mundo de los adultos, Renee consideraba como un autentico bofetón a Phil el poder mantenerse ella sola.
Seguramente, ni Phil ni yo lo veríamos como un gran logro, pero me gustaba que mi madre tomase las riendas y trabajase. Eso sería un buen golpe de madurez para mi madre y todos los pájaros que tuviese en la cabeza se le irían volando para poder comportarse como la adulta que era.
— ¡Eso es una noticia genial, mamá!—La animé. — ¿Qué te parece si vamos a celebrarlo cenando fuera? Te invito yo…
— ¡Genial!—Apoyó. —Pero no voy a celebrar el tener que ponerme a trabajar para mantenernos. Hay algo mucho mejor y que tiene que ver contigo.
Antes de poder verbalizar todas las preguntas que tenía, mi madre sacó de su bolso un sobre abierto y me lo entregó.
—Mamá tengo dieciocho años para poder abrirme yo misma mi correspondencia—la regañé.
Ella hizo caso omiso de mi protesta y me resumió la carta.
—Es de la UCLA y es una respuesta positiva a tu petición…
—La UCLA…
Aún me parecía algo temprano para que las universidades empezasen a contestarme. No estaba realmente segura si había echado una solicitud a la UCLA, pero como rellenaba inscripciones sin sentido, posiblemente lo hubiese hecho sin darme cuenta.
En tal caso, yo no compartía la alegría contagiosa de Renee por tal admisión, pero debía fingir algo de entusiasmo para tener una noche tranquila.
—Es un comienzo—dije tranquilamente.
— ¡Es muy bueno, Bella!—Exclamó entusiasmada. — ¡Nada más y nada menos que California! Ya me veo visitándote en tu casa de la playa.
—El campus está bastante alejado de la playa, mamá—le avisé para que volviese a la realidad.
Había algo de su comportamiento casi eufórico que me hacía creer que lo estuviese ensayando. Era demasiado exaltado incluso para ella. Pero no quería que la alarma saltase por unas estúpidas sospechas que parecían infundadas.
Miré de reojo la carta y comenté de manera superficial:
—No me dan una gran beca y no incluyen los gastos de transporte. El campus residencial donde me quieren alojar está muy lejos del campus universitario y Los Angeles es una ciudad cara para vivir.
—Siempre podría trabajar—dijo.
—No si quiero mantener las asignaturas al día. La universidad es incompatible con el trabajo. No creo que fuese la solución.
Luego, torcí la boca al ver su programa de asignaturas.
— ¡Hum! No me acaba de convencer demasiado el programa que tienen en literatura y nada con la fotografía.
—Pero te han admitido…—su voz se iba apagando. —Y California es una buena zona para vivir y así, cuando me reconcilie con Phil, podremos visitarte de vez en cuando.
— ¿No decías que no querías que aquel miserable volviese a casa?—Mi tono era sarcástico.
Ella se encogió de hombros como si sus diferencias emocionales no fuesen importantes.
—Me basta con que vuelva a casa y me pida perdón de rodillas. No es la primera vez que le he echado de casa por lo mismo. Siempre acaba volviendo y yo le perdono. Y mejor que sea así para poder dejar el trabajo.
Lo mejor en aquel caso era no hacer el más mínimo comentario.
—De todas formas, mamá, aún faltan por venir más cartas y de universidades más prestigiosas. Es mucho mejor Berkeley o cualquier universidad del norte.
No era una opción que le gustase a Renee.
—En el norte hace tanto frío—objetó.
—Te dije una vez que para mí no era un problema. Pero prometo meditar la opción de la UCLA.
De pronto, un brillo triste se instaló en los ojos de mi madre. Mientras me observaba, su sonrisa se iba tornando en melancólica.
— ¿Ocurre algo?—Le pregunté alterada.
Negó con la cabeza.
—Sólo me estoy haciendo a la idea del escaso tiempo que nos queda juntas. Nunca pensé que volverías a mi lado debido a todo tu pasado…—me interrumpió para seguir hablando. —Sé que es muy penoso para ti no ver a Leslat y a tus amigos, pero yo agradezco que estés conmigo, aunque sea demasiado ingrata para demostrártelo.
Su revelación parecía más una confesión que las palabras de una madre. De mi madre. No sabía exactamente por donde iba.
—No sé que será de tu vida después de terminar el instituto, pero quiero que sepas, que pase lo que pase, soy tu madre y, de alguna manera, siempre estaré para ti.
—Mamá—tenía un nudo en la garganta—, el que me vaya a la universidad o cualquier cosa que haga, no va a excluirte de mi vida. Siempre tendrás ocasión de visitarme. Sola o con Phil.
Antes de contestarme, parecía distraída con sus propios pensamientos.
— ¡Claro, cariño! Nunca se sabe que deparará el futuro.
Para disipar una mala sensación, fui a por mi chaqueta y me preparé para salir.
— ¡Tengamos nuestra noche loca de chicas!—Me animé. — ¿Una de cine después?
Mi madre asintió. Cogió el bolso y la chaqueta y me agarró del brazo para salir.
— ¿No has arreglado las cosas con tu amigo?—Preguntó cuando empezábamos a caminar por la arena de la playa.
Medité bien las palabras para que no saltase a favor de Jacob. Con Renee nunca sabría a que atenerme.
—No le he visto en lo que llevamos de semana. Quizás esté enfermo.
—Una lastima. Pero eso no influirá en nuestra noche de chicas.
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El jueves no estuve todo lo correcta que debería haber estado con la doctora Norman.
Pero el preocuparme en exceso por Jacob provocaba un déficit en la sutileza en mis respuestas con aquella parodia freudiana. Pero no me encontraba de humor para inventarme cuentos del mundo feliz en el que no vivía.
La doctora Norman, creyendo que había vuelto a recaer— ¡Como si ella me hubiese curado alguna vez!—, me volvió a subir las dosis de antidepresivos añadiendo nuevas dosis de ansiolíticos.
Como siempre el cuaderno de sueños estaba en blanco y por muchos dólares que sacase a mi madre, nunca lo rellenaría.
No hacía falta decir que la receta se fue a la papelera nada más salir de la consulta.
Si hubiera hecho caso a la doctora desde el principio, hubiera sido una habitante del mundo feliz de Aldous Huxley buscando Soma.
Todas las desavenencias de aquella semana venían dadas—directa o indirectamente—, por el mismo factor. Jacob Black.
Como ya había escarmentado, e incluso una persona como yo, había superado mis límites de horas de desvelo por él, había decidido dar el paso y hablar con él de nuestra relación.
Si no quería que fuésemos amigos—por muy dolorosa que fuese esa decisión para mí—tendría que aceptarla, pero merecía oírlo de sus labios.
Me decidí a ir a su casa al día siguiente después de la escuela.
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—Rebecca, soy Bella, ábreme la puerta.
Golpeé la puerta con tantas fuerzas que me dolían los nudillos y tenía la sensación que echaría abajo la puerta. Pero estaba firmemente segura de no irme de allí hasta hablar con Jacob.
Llevaba más de cinco minutos golpeando como una loca, pero sabía que había alguien en casa. Sólo que no me querían abrir la puerta. Pues les obligaría a abrir la puerta.
Una voz masculina y bastante amenazante surgió de aquel silencio:
— ¿Por qué será tan insistente? ¡Rebecca, dile que se vaya y deje de molestar!
No se trataba ni de Jacob ni de Kaichi.
Me quedé paralizada de la impresión y dejé de golpear la puerta.
Pronto, distinguí la aterrada voz de Rebecca entre los susurros:
—Bella sólo está preocupada por Jacob. Paul, te advertí que me dejarás hablar con ella por teléfono…
— ¿Se trata de una Swan?—Paul sonaba igual de iracundo. — ¡No la quiero en esta casa! ¡Échala de una puta vez! ¡Que cojones esperas para decirla que se pire!
—Paul…—la oí suplicar conteniendo un sollozo.
— ¡Haz tu trabajo de una jodida vez!
—Paul—resurgió una voz autoritaria—, haz el favor de dejar de comportarte como un energúmeno y deja que Becky se encargue de ella. ¿Verdad, Beck?
Unos segundos después de aquello, vi como la puerta se abría y una Rebecca, pálida y sollozante salía a hablar conmigo.
—…Bella—me increpó antes de poder decir algo—, creo que no es el mejor momento para hablar. Tenemos visita y…
—Lo siento—me disculpé pero decidida a hablar con Jacob—, pero no habéis cogido el teléfono en una semana, ¿ha pasado algo? Necesito hablar con Jacob…
—Jacob no está. Se ha ido con Quil y Embry. Han venido a visitarle…Y de paso, se han ido al hospital…
— ¿Ha pasado algo?—Volví a repetir alarmada.
Rebecca rompió a llorar y se tapó la cara con sus manos.
Entonces me fije que parte de su cara estaba magullada y tenía un enorme arañazo en el brazo.
—…Kaichi está ingresado desde…ha sido todo un accidente… ¡Nadie ha tenido la culpa!...
—No pasa nada—la consolé. —Sólo dime que ha pasado…
—Beck, metete en casa. —De repente, apareció un hombre de gran envergadura y aspecto amenazante. Me miró con sus fríos ojos negros y no pude formular ninguna palabra. —Nosotros nos encargaremos de esto. ¡Paul! ¡Jared!
A su lado aparecieron dos hombres muy semejantes a él, pero sin su autoridad. Por la forma de mirarme tan agresiva, comprendía que no era bienvenida aquí.
Rebecca se sorbió los mocos e intentó hablar.
—Supongo que conocerás a Sam, a Paul y Jared, ¿verdad?—Asentí y prosiguió: —Han decidido pasarse por aquí para hacernos una visita. Sam nos va a invitar a su boda. Se casa en verano con…
— ¡No des explicaciones, Rebecca y metete en casa!—Le ordenó Sam.
Rebecca, sin rechistar, se despidió de mí y se metió en casa.
Sin tiempo a decir nada, los tres avanzaban hacia mí, acechándome, sin poder defenderme.
Me aclaré la voz y me envalentoné, decidida a enfrentarme con ellos.
—Sois muy valientes cuando se necesitan tres tipos como vosotros para atemorizar a una chica como yo.
—Isabella—me saludó Sam fríamente. — ¿En que podemos ayudarte?
—Bella—le corregí hosca. No teníamos la suficiente confianza para que me llamase así.
— ¿A que has venido, Bella?
—Quiero hablar con Jacob—me puse insistente.
Éste se cruzó de brazos.
—No eres de las que coges las indirectas. —Si no hubiese sido una voz tan fría, pensaría que se estaría burlando de mí. —Jacob, ahora mismo, no se encuentra aquí. Y si estuviese, no hablaría contigo.
Alcé la barbilla de manera digna.
— ¿Me puedes explicar el porqué? Necesito hablar con Jacob. Es muy urgente.
—Tú no vas a hablar con Jacob. No puedes hacerlo. No debes hacerlo.
— ¿Por qué?—Me crucé de brazos en posición desafiante.
— ¡Eres una Swan!—Soltó Paul indignado.
Puse los ojos en blanco ante aquella tontería. No era posible que las supersticiones de su pueblo llegasen hasta el extremo de apartar todo lo que alguna vez hubiese tenido relación con los vampiros. Sabía que ellos les odiaban, pero nunca creí que yo entrase en aquella ecuación. Ahora ya no existían los Cullen ni nada de mi vida anterior.
—Ha quedado bastante claro que ya no estoy con los Cullen. —Me dolieron mis palabras. —Ya no hay ninguna razón por la que yo sea enemiga de vuestro pueblo.
Sam suspiró como si estuviese tratando con alguien bastante corto de mente.
—No es el caso, Bella. De los fríos sabemos protegernos; pero los Swan nunca habéis sido amigos de nuestro pueblo. Respetamos la amistad que Billy tiene con Charlie, tu padre, pero tu caso es diferente. —Se permitió una mirada compasiva. —Jacob es de nuestra familia y nosotros cuidamos a nuestra familia de amenazas como tú.
Se habían vuelto completamente locos. Yo no quería hacer daño a Jacob. Aunque podía figurarme que Jake se escondería detrás de las espaldas de Sam Uley… ¡Niñato inmaduro!
—Cobarde—siseé entre dientes.
Sam quería acabar con aquella incomoda conversación.
— ¿Deseas algo más?—Su tensión no le permitía ser lo suficientemente cortes.
—Pues sí—me puse a su altura en cuanto a educación. —Los profesores de Jacob me han dado sus deberes y trabajos. Ya que no me dejáis hablar en persona con él, creo que podríais entregárselos. Os preocupáis por él, espero que su futuro también esté en vuestros planes.
Saqué el taco de cuadernos y folios que constituían todo el trabajo de Jacob en una semana y me dispuse a entregárselo a Sam.
Sin embargo, Paul, furioso, me dio un fuerte manotazo y tiró todos los papeles al suelo.
— ¡Jacob no tiene nada que aprender en esa estúpida escuela! ¡Él debe aprender las lecciones más importantes en la escuela de la vida bajo el techo de la cultura de nuestro pueblo! ¡Él es nuestro hermano, compañero…de nuestra sangre! ¡Tú no tienes derecho a arrebatárnoslo!...
De un momento a otro, me imaginé que encenderían una antorcha y empezarían a acusarme de brujería.
Sin embargo, se dieron la vuelta y entraron en casa.
No sin antes oír una advertencia de Sam estilo jefe de secta:
—Si te acercas a Jacob, sufrirás las consecuencias. Quien avisa no es traidor.
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Nunca agradecería tanto a Amy que fuese a casa a buscarme para que fuésemos a la feria. No tenía más planes que encerrarme en casa y empezar a maldecir a los niñatos inmaduros que se escondían detrás de las espaldas de sus perritos guardianes para no dar la cara.
Si se había enfadado por negativa, me hubiese gustado que fuese más valiente y me lo dijese antes de haberse despedido de mí. No que se pusiese gallito y se propusiese conquistarme.
En parte, el problema iba a desaparecer. Ya no tenía que preocuparme por hacerle daño.
Aunque una parte de mí se sentía vacía por no disfrutar de su amistad y no sabía como salir a flote en un mundo lleno de oscuridad. Pero no dejaba de ser lo mejor para Jacob alejarse de mí. Sólo lamentaba su falta de caballerosidad.
En ese respecto, Edward no había sido mejor. Y eso era tan doloroso como arrancarme la piel y quedarme con la carne sangrante. Jacob nunca llegaría a esos niveles, porque el amor que pudiese sentir por él era una ínfima parte de lo que yo hubiese llegado sentir alguna vez.
Amy fue un encanto en todos los sentidos. En todo momento se adecuó a mis estados de humor, y permitió que nos alejásemos del grupo de clase. No aguantaría las estupideces de Liza y sus alabanzas de su nuevo "novio" que se encontraría con nosotros en unos instantes.
Después de unos instantes de compartir palomitas y manzanas de caramelo, se quedó entusiasmada observando una caseta donde regalaban un peluche.
Le di mi permiso para que lo intentase y me fui para estirar las piernas.
Una tienda con un cartel de neón donde ponía Tarot me llamó la atención y mis pies ya estaban avanzando antes de tomar la decisión, y entré dentro.
No había nadie y se encontraba todo oscuro.
Sin embargo, una voz amable y cálida me invitaba a permanecer allí:
—Mi preciosa niña. Te dije que cuando quisieses encontrarme, lo harías, aunque tú misma no sepas por qué. Me necesitas para evitar un mal negocio en el amor.
