Capítulo 2: Merodeadores (Y la pelirroja)

Un rayo de tibio sol entró por una de las ventanas de la torre de Gryffindor, y se posó sobre el rostro de un adolescente somnoliento que lucía varios cortes en su rostro y cuerpo. Abrió los ojos, desorientado, y lo primero que vio fueron un par de cortinas de rojo terciopelo. Giró la cabeza y vio a un chico con cabello desordenado e indomable durmiendo boquiabierto, y un par de gafas redondas en su cómoda. Se incorporo. Miro la ventana y noto que ya era de mañana, y el día estaba bastante brillante, como suele lucir después de la lluvia. Miro a su alrededor y noto que todos sus compañeros dormían profundamente.

"Finalmente tendré el baño para mi solo" pensó.

Se sentó en su cama y vio la hora. Las 09:37 am. Se levanto, abrió su baúl y saco su toalla. Se dio una ducha, disfrutando que el baño estaba vacío. Cerró la llave del agua y se paro frente al espejo. Paso su mano sobre la empañada superficie y miro su rostro. Lucia varias heridas pequeñas e insignificantes en su frente y cuello, pero sin duda lo más llamativo era un corte profundo en su mejilla. Pasó su dedo índice sobre la herida y sintió dolor. Seguramente se corto con la rama de algún árbol. Fue mordido cuando era muy pequeño, como venganza del hombre lobo Greyback a sus padres. Se le revolvió el estomago. No podía pensar en aquel licántropo sin que se le revuelva el estómago. Apoyo sus dos manos en el espejo y se acercó a su reflejo, mirando fijamente sus ojos: ¿Cómo sería todo si no lo hubiesen mordido? ¿Sería igual? Claro que no, no tendría que escabullirse cada mes en la Casa de los Gritos para evitar herir a alguno de sus compañeros de colegio. Todo podría ser mejor… O todo podría ser peor.

Pero entonces recordó a sus amigos y sonrió. Al comienzo no les quería contar sus transformaciones, por temor a que lo rechacen. Pero con el tiempo lo averiguaron. Claramente lo averiguaron. Es sospechoso que alguien desaparezca una vez al mes y vuelva con tantas heridas; ninguna madre se puede enfermar tan seguido (Esa era la excusa que solía usar). Suspiró. Ellos lo ayudaron a aceptar quien era y lo que era, y no sentir vergüenza de eso. La pregunta ya no era "¿Cómo sería todo si no me hubiesen mordido?", sino que "¿Cómo sería todo si no los hubiese conocido?". Si, estaba muy feliz de tenerlos como amigos. Los 3 y cada uno de ellos eran muy especiales para Remus. Eran sus hermanos. Eran su familia.

Sentía la felicidad llenar su cuerpo cuando escucho una seguidilla de fuertes golpes en la puerta.

-¡Abre, Remus!- Gritaba Peter mientras golpeaba cada vez más fuerte- ¡Necesito usar el baño!

Remus suspiró. Era clásico de Peter interrumpir sus momentos más profundos. Tomo la toalla y se la coloco alrededor de la cintura.

-¿Puedes parar el escándalo y esperar a que yo salga, Peter?
-¡No puedo, es urgente! ¡NECESITO USAR EL BAÑO!- Lloró el regordete chico- ¡Mi estomago me duele demasiado y necesito..!
-No quiero más detalles, Peter. Pasa- Interrumpió Lupin al abrir la puerta. Peter empujó a Remus y cerró la puerta inmediatamente.
-¡¿Era necesarios los gritos, Colagusano?- Gruñó Sirius en un grito, mientras escondía la cabeza bajo la almohada- ¿Quién demonios despierta tan eufórico un sábado por la mañana?
-No vas a quedarte dormido de nuevo, Sirius. Cálmate- Dijo suavemente Remus mientras se ponía los pantalones.
-Cállate Lunático- Gruñó Sirius
Remus iba a responder cuando James lo interrumpió
-Sabes que se pone gruñón cuando lo despiertan- Dijo mientras se sentaba en la cama y se refregaba los ojos.
Peter salió del baño con expresión de satisfacción.
-¿No vas a bañarte?- Preguntó James, con las gafas puestas y desordenándose el cabello.
-No, me bañe el jueves
-¡Eres una sucia ra…!- Remus interrumpió el comentario de Sirius tirándole su polera en la cara- Olvídalo.
-¿Qué? ¿Está mal?- Pregunto extrañado Peter
-No le hagas caso- Dijo Remus

¡YO ME BAÑO AHORA!- Grito James parándose rápido y corriendo al baño, mientras Sirius también corría para entrar al baño primero.

Sirius estaba molestando a Remus mientras ordenaba sus cosas. Si, era muy clásico de Sirius molestarlos a todos. Amigos o no, le encantaba ver sus caras furiosas. Le parecía simplemente, hilarante. Pero no molestaba a Remus con mala intención. Y esta era una mentira; si lo molestaba con mala intención, pero sabía cuando parar, para evitar que su amigo se rehuse a dirigirle la palabra.

Remus estaba sentado en su cama, y doblaba su uniforme. Era fin de semana, y no debía utilizarlo. Cada vez que se daba vuelta, Sirius lo desordenaba una vez más.

-¿Puedes parar?

-No

-Para

-¿Por qué debería hacerlo? Me parece chistosísimo- Agregó Sirius con una sonrisa. Remus suspiró, arrugo el ceño y tomó su varita

-Sirius, si no paras no tendré que hacerte la maldición Levicorpus

-Uhhh, ¡qué miedo!

-¿Han visto mis calcetines? ¡No encuentro ninguno! –Les preguntó histérico Peter. Ambos menearon la cabeza en forma de negación - ¡Rayos! ¡No puedo encontrar ninguna calceta! ¡Ayer tenía siete pares!

James miró a Sirius e intercambiaron una sonrisa cómplice

-¿Le preguntaste a James? Talves él sepa algo- Dijo Sirius mirando fijamente a James

Peter fue a hablar con James, que miraba fastidiado como Sirius reía.

Remus aprovechó esos momentos para colocar su uniforme ordenadamente dentro del baúl, y se paró para hacer su cama.

-¿Seguro que no las has visto? ¿Ninguna?- Preguntó Peter a James casi tirándose encima de él.

-No, no he visto ninguna de tus calcetas, Pettigrew- Respondió alejándolo

Sirius abrió el baúl, sacó el uniforme y cerro la tapa. Se recostó sobre ella y le lanzó el uniforme a Remus en la cabeza. No podía entender como a su amigo esto no le parecía chistoso. Remus se dio vuelta y lo vio. Una traviesa sonrisa cruzó su rostro, pero intentó ocultarla con un suspiro, clásico de él.

"Claro que le parece chistoso" pensó Sirius. "Ahora se pondrá aburrido, si el tipo no está molesto no hay razones para desordenas sus cosas".

Sirius apreciaba bastante a sus amigos. Eran los únicos que lo podían entender y, algunas pocas veces, controlar. James era su hermano. Su compañero en cada una de las travesuras. Sabía que nunca estaría solo mientras James tenga vida. Y ese pensamiento lo reconfortaba. Su familia no era como él. No, eran completamente diferentes. Eran capaces de ignorar y odiar a alguien solo por su sangre y procedencia, sin siquiera intentar conocerlos. El no era así. El no despreciaba a nadie…

Y esa era otra mentira. Sirius despreciaba a su familia. Y temía que, aunque intente diferenciarse de ellos, termine compartiendo algunas de sus actitudes. También despreciaba a Severus Snape, su ganchuda nariz, su especial talento de ser un idiota molestoso lo obligaba a hacerle cosas malas. Y le encantaba lanzarle maldiciones. Si atacar a Snape fuese un deporte, él y James serían campeones mundiales.

Escuchó a Peter murmurar algo sobre sus calcetines. Si, James y él los escondieron. Le gustaba también molestar a Colagusano. Pero solo él tenía derecho a hacerlo. Si alguien más, cualquier persona (Que no sea un Merodeador) se atrevía a decirle algo, se las tendría que ver con Sirius. Porque también era su amigo. La gente solía menospreciarlo, pero una vez que llegabas a conocerlo te parecía alguien genial. Era particularmente chistoso y buen amigo. Y claro, le encantaba que los alabara tanto.

Y Remus. Un tipo bueno e inteligente, buen amigo y el enterarse de su pequeño "problema peludo" los unió aun más. Probablemente él fue la razón de que los Merodeadores existieran. No serían nada sin él. Se solía hacer el responsable, pero Sirius estaba seguro de que en el fondo, era igual de desordenado que James y él.

Remus se dirigió al baúl de Sirius, lo abrió con la varita y con un leve movimiento de esta hizo que todas las cosas que contenía saltaran desparramadas por la habitación, incluyendo los calcetines de Peter.

James, Peter y Remus soltaron una sonora carcajada.

-Púdrete, Lunatico

-Oh, no te pongas sensible.

James rió aun más fuerte

-¡MIS CALCETINES!- Gritó Peter y se lanzó sobre ellos, los recogió y los echó desordenadamente en su baúl.

Sus amigos solían hacerle bromas, es cierto, pero sabía que lo apreciaban. Pensaba que no lo tomaban en cuenta, hasta el momento en que Bertram Aubrey se comenzó a burlar de él, y James con Sirius lo defendieron lanzándole una maldición que hizo su cabeza doblar su tamaño normal. Remus no estaba presente en ese momento, y probablemente no hubiese aprobado que sus amigos hicieran eso; pero seguramente lo hubiese defendido. Y el día que crearon el Mapa del Merodeador y lo incluyeron fue el día que confirmo su amistad. Estaba muy agradecido de ellos, lo cuidaban y lo consideraban. Todos eran tipos geniales. Pero James era, probablemente, el mejor. Era un excelente jugador de Quidditch, lo que Peter siempre quiso ser y nunca logró. Simplemente, no podía volar bien. Lo admiraba. Le gustaría algún día ser tan genial como él.

- Voy a bajar – Dijo James, saliendo de la habitación.

Antes de cerrar la puerta dio un último vistazo: Sirius regañaba a Remus (Que parecía no tomarle nada de atención y solo reía) y Pettigrew se colocaba los zapatos, feliz con sus calcetas.

Bajó las escaleras y llegó a la sala común. Vio a varios grupos de estudiantes dispersados en ella, y buscó con la vista a Lily Evans. Finalmente la divisó, sonrió y caminó hacia ella con paso decidido.

Lily conversaba con un grupo de Gryffindors. Ella no era de andar con muchas chicas y jurarles a todas amistad eterna. La verdad, no creía tener algún "mejor amigo". Por mucho tiempo Severus Snape lo fue. Se conocieron de pequeños y del primer momento sabían que eran diferentes al resto de las personas. Claramente, ambos eran hechiceros. Pero había algo más. Cuando llegaron a Hogwarts, su amistad se hizo aun más fuerte, y los primeros tres años fueron los mejores amigos del mundo. Era extraño para los demás ver a una hija de muggles Gryffindor juntarse tanto con un Slytherin mestizo, pero no lo era para ellos. Porque su amistad era más fuerte que la sangre, y mucho más grande que la diferencia de casas. Algunos pensaban que estaban enamorados.

Y claro que no lo estaban. Le parecía absurdo que todos pensaran que no puede existir amistad sin amor. Y ella lo amaba, pero no románticamente. Lo amaba por ser su amigo y acompañarla por tanto tiempo.

Pero las cosas cambiaron en cuarto año. Los nuevos amigos de Snape no le gustaban a Lily, le parecían malos. Compartían ideales absurdos y malignos que ella no aprobaba por nada del mundo. Y odiaba ver a su amigo juntarse con ellos cada vez más. Porque sabía que eran una mala influencia. Sabía que lo hacían interesarse en las artes oscuras, y le hacían querer seguir las órdenes de Él. Severus ya no era el mismo de siempre, había cambiado. Pero aun así lo quería, porque muy en el fondo seguía siendo el niño con el que jugaba en la plaza que quedaba cerca de su casa.

Todo se terminó en quinto año, cuando él la llamó sangre sucia frente a todos en los jardines del colegio. Y ella lo había defendido. Lo había defendido de esos idiotas de Potter y Black.

Ohh... Potter y Black. Los "Merodeadores" o como sea que se llamen. No entendía la obsesión que James tenía con ella. Desde primer año intentó acercarse a ella, pero ella lo ignoraba. Y cuando crecieron la invitaba a salir constantemente. Lo habrá rechazado unos cientos de veces, pero el parecía no rendirse. Cada vez que le decía que no, el parecía insistir aun mas.

Sus amigos callaron. Extrañada, dio media vuelta y encontró a James parado frente a ella.

-¿Te gustó la torta, Evans? Si quieres hoy puedo conseguir algo más y la podemos comer acá en la tarde. Porque si tú me la pides, no tendría problema en conseguirla- Se jactó James.

-Cuando el infierno se congele, Potter

Los amigos de Lily rieron.

-¿Segura? Ayer noté que disfrutabas de nuestra compañía- Dijo él coquetamente.

-¡JA, JÁ! No, Potter. No. ¿Vamos a los jardines?- Dijo Lily dirigiéndose a sus amigos.

Los chicos salieron de la sala común.

En ese momento la puerta de la habitación de chicos se abrió y Sirius salió de ella. Se dirigió a James y, una vez a su lado, pasó su brazo derecho por el hombro de este y lo miró riendo.

-¿No piensas rendirte?

-¡Claro que no! Me gustan los retos- Le respondió y ambos chicos se largaron a reír.