CAPITULO 5: El sueño de James.

James caminaba por un bosque repleto de frondosos y viejos árboles con su escoba al hombreo. Sentía olor a tierra mojada y veía unos pocos rayos de sol reflejados en su cuerpo. Vagaba sin rumbo aparente y vestía su ropa de Quidditch.

Encontró un árbol particularmente hermoso, grueso y con unas largas ramas que comenzaban a aparecer unos centímetros más arriba de su cabeza. Dejó cuidadosamente su escoba en el piso, se acomodó los lentes y lo trepó.

La rama era plana y parecía un sillón. Se sentó y apoyó los pies en las pequeñas ramitas que salían de las mas grande. Sacó su varita, que tenía guardada en el pantalón, apuntó a su escoba y moviéndola susurro:

-Accio escoba

Ella se elevó por el aire y llegó a su mano. James la acomodó entre sus piernas y la rama más cercana, y apenas comenzaba a aprecias el precioso mango de esta cuando escuchó un grito de auxilio, proveniente de un lugar no muy lejano de aquel árbol; y reconoció de inmediato la voz.

Colocó la escoba entre las piernas y agudizó el oído.

-¡Ayuda!

-Saltó del árbol y quedó suspendido sobre su escoba, con la que comenzó a volar esquivando los frondosos árboles en dirección a aquella aterrada, y a la vez dulce voz que tantas veces le había quitado el sueño.

Entonces la vio: Lily Evans colgaba de la rama de un enorme pino, que parecía estar a punto de romperse. Vestía un vestido blanco y parecía una perfecta doncella en peligro, cuyos pies colgaban a 20 metros del piso.

James sintió un escalofríos recorrer su espalda. El solo pensar que le podría pasar a Lily si se soltaba lo aterraba. Se aferró a la escoba y voló hacia ella.

-¡James! ¡Viniste a salvarme!

El la rodeó por la cintura y, sin decir ninguna palabra, la levantó y sentó en su escoba.

-¡Oh, James, eres mi héroe! No sé que habría hecho sin ti

Ella pasó sus brazos por sus hombros y lo abrazó fuertemente, con lágrimas en los ojos.

El comenzó a volar lentamente, con expresión triunfante y disfrutando cada segundo que la piel de Lily tocaba la suya; mientras ella miraba detenidamente sus labios.

Salieron del bosque y desmontaron la escoba. Jame son encontró mejor manera para callar a la bestia que rugía triunfante dentro de su pecho, que acercarla a su cuerpo y posar sus labios sobre los de ella…

-¡Despierta de una vez!

James abrió los ojos de golpe al sentir una palmada en su cabeza de parte de Sirius. Él le sonrió.

-¿Qué hora es?- Preguntó James y se incorporó. A su alrededor estaba Peter poniéndose su uniforme y Remus haciendo su cama. Sirius se paró y se secó con la toalla.

-Las 08:00, apurate y vamos a desayunar- Respondió Remus mientras guardaba en su mochila los libros de las clases que hoy tenía: Pociones, historia de la magia y encantamientos.

-No tengo hambre, adelántense ustedes- Escondió su cabeza bajo la almohada y se hizo el dormido.

-Sirius, ¿Puedes dejar de pasearte desnudo por ahí y vestirte de una vez?- Remus estaba sentado en su cama con Peter, ambos con una expresión que mostraba lo hambrientos que estaban.

-No seas tan niña, no estoy desnudo- Respondió mientras se vestía- Ya, estoy listo. Vamos.

James sintió sus pasos al salir de la habitación y se incorporó inmediatamente. La verdad es que estaba hambriento, pero no quería desayunar con ellos. Seguía molesto por lo que Sirius hizo el día anterior. Todo iba tan bien con Lily, era la primera vez que no lo rechazaba completamente y sus amigos llegaron a interrumpirlos.

Entró al baño y se dio una ducha rápida, se vistió y salió de su habitación, no sin antes guardarse la capa de invisibilidad en el bolsillo del pantalón.

Cuando llegó a la sala común, divisó inmediatamente un par de galletitas sobre una de las mesas, y como parecían no tener dueño (Aunque no le importaba realmente que él estuviera ahí) las tomó y las comenzó a comer mientras salía por el orificio del retrato.

Recorrió el castillo, que estaba lleno de alumnos de todas las casas disfrutando del tiempo libre matutino, y al llegar a un pasillo vacío se echó la capa sobre la cabeza.

Cuando estaba entrando al Gran Comedor se encontró con Snape, y rió por lo bajo mientras sacaba su varita. Lo siguió y, cuando estaban lejos de la vista de los profesores, lo apuntó y pensó:

Locomotor mortis

Las piernas del Slytherin se pegaron inmediatamente y este cayó al suelo. Desesperado miró a su alrededor buscando a su atacante pero no vio nada. Sacó su varita y comenzó a lanzar hechizos no-verbales al azar, y James entró al comedor.

Se paseó por las diferentes mesas sacando comida: unos pastelitos, tortillas, tostadas y jugo de calabaza. En la mesa de Gryffindor vio a sus amigos: Remus y Sirius mantenían una emocionante conversación mientras que Peter dormía sobre su plato de comida. Pero no vio a Lily por ningún lado.

Salió del comedor después de comer, no sin antes hacer un par se zancadillas a tres Hufflepuffs de segundo y un Slytherin de cuarto; y comenzó a recorrer los pasillos del colegio.

Sentía mucho calor, se quitó la capa y la devolvió al pantalón. Aun quedaban 30 minutos y no tenía ningún interés en encontrarse con sus amigos en ese momento.

Derrepente divisó una cabellera roja y caminó hacia ella, que estaba parada junto a una fea statua de una bruja tuerta. Al llegar se apoyó en ella y dijo:

-¿Cómo estas, Evans? Ayer te fuiste muy rápido de la enfermería, sin siquiera darme un beso de agradecimiento por haberte salvado.

La chica lo miró enojada. Aún tenía el ojo morado.

-¿Agradecida por lanzarle una maldición a Stebbins y hacer que se gaste los últimos 3 frascos de poción contra moretones? No lo creo, Potter.

-¡Vamos, Lily! Sólo le enseñaba que debe tener más cuidado la próxima, no me gustaría que vuelva a golpear ese lindo rostro que tienes- James posó sus manos en el rostro de Lily y esta se alejó de él, devolviéndose por el mismo pasillo por donde llegó.

-¡Agradece que no te delataré con McGonagall!- Gritó antes de llegar a una esquina y girar, desapareciendo de la vista de James.

James, satisfecho al ver que ella se había sonrojado antes de marcharse, se apoyó en la estatua y cayó dentro de ella.

Se incorporó, tomó su varita y susurró Lumos. Con la luz pudo ver que bajo esa fea estatua había un pasadizo del que, hasta ese día, no se había enterado.