Querida Prudence, por que no sales a jugar?
Querida Prudence, saluda al nuevo día
El sol esta en alto, el cielo azul
Es hermoso, y tu también
Querida Prudence, por que no sales jugar?
Querida Prudence abre tus ojos
Querida Prudence mira el soleado cielo
El viento es bajo, las aves cantaran
Que eres parte de todo
Querida Prudence por que no abres tus ojos?
Mira a tu alrededor. Mira a tu alrededor
Oh mira a tu alrededor.
Dear Prudence – The Beatles.
Cuarta Parte.
+1+
Cuando despertó, dos días después, no sabía qué sentía. El dolor era tanto de nuevo, que ya no podía sentirlo y en su lugar sólo había un gran vacío.
Todo era una confusión de recuerdos y de pesadillas. La voz de Theodore, a veces riendo, a veces llorando. Pero luego entendió que en realidad era el llanto de bebé que parecía inundar la casa a todas horas del día.
Su tía lo atendió de las heridas en casa. Nadie más se había interesado y de hecho probablemente se habían negado. Sabía que la noticia se había impreso en el profeta en la sección de historias amarillas.
Justo a un lado de la historia del chico de Slytherin de tercer año que mató a su propio hermano en la batalla. Esa había sido incluso más importante que su propia historia. "Draco Malfoy, espía de la orden."
Pero el artículo estaba lleno de imaginación, nada de realidad y ni siquiera se podía acercar a la verdad. Quizás sólo Potter, Weasley y Granger sabían sobre los Horrocruxes de Voldemort. Por lo tanto sospechó que los prejuicios no se habían desvanecido en su contra.
No sabía qué sucedía con el pasar de los días, que eran inexplicablemente más cortos y mucho más oscuros. Y no había noticias del mundo que no fueran traídas por las fantasías del profeta. Nadie lo visitó. No había ningún festejo ni rostro familiar en alegría.
Tío Tedd y Tía Andrómeda pasaban un muy terrible duelo. Y él se sintió tan incomodo y tan excluido que decidió no dejar la cama de su convalecencia, incluso cuando sus heridas habían sanado y habían dejado diminutas cicatrices.
Tonks había muerto en la noche de la batalla, su marido, el ex profesor Lupin meses antes en una excursión en la que Theodore había asistido. Internamente le hubiera gustado conocer a Lupin como un hombre y no un profesor, ver el desarrollo de su romance con su prima. Pero había pasado tantos meses y años fuera de esta casa de madera, que no se sentía para nada como volver a su hogar si es que realmente lo había sido alguna vez.
Ellos habían dejado un bebé pequeño, unos meses mucho más grande que su propio "hijo". Lo habían llamado Teddy en honor del señor Tonks. Su "hijo" continuó sin nombre por tres semanas, hasta que la tía Andrómeda le preguntó cómo le gustaría llamarlo.
¿Cómo llamas a un niño que nunca deseaste tener?, se preguntó a sí mismo. Pensó que con el tío Tedd y el bebé Teddy, ya había suficientes Teds, como para llamarlo Theodore. Y de todos modos al niño no le quedaba ese nombre. Ni necesitaba más recordatorios sobre él.
Quería un gesto más personal. ¿Qué había dicho su madre siempre? Tantos años desde su muerte. Una guerra consumidora y aún podía escuchar su voz diciéndole que su nombre era una constelación brillando en el cielo. Una vieja tradición especial para los varones Black. Y quería ese honor de vuelta. En nombre de Sirius y de Regulus y todos los demás sacrificios en la guerra.
Había otras constelaciones cerca de la suya, pasando Hercules, estaba Scutum, Serpens Cauda, Serpens Caput, y ahí junto a Libra, esta Scorpius. Sonrió ante la familiaridad con la que ya podía sentir el nombre.
"Scorpius" dijo él. "Scorpius Malfoy."
Ella asintió con reconocimiento brillándole en los ojos. Su aprobación escrita en su rostro. Y luego ella dijo algo terrible:
"¿Quieres cargarlo?"
"No" contestó de inmediato. "No puedo."
"Pero es tuyo" dijo ella, confundida y preocupada.
"Lo sé, pero es difícil, aunque sé que algún día podré… amarlo" dijo él, frunciendo el ceño. "Pero no ahora, no puedo."
No se acercó mucho a Scorpius en las siguientes semanas. Lo escuchaba llorar, luego escuchaba a Teddy. Ambos huérfanos de alguna manera. Pero ellos tenían a sus tíos. Le pareció que ellos lo hacían mil veces mejor que si él intentara hacerlo. Él no quería saber nada del niño de todos modos.
Esos días recordó que él había matado a su propio padre y sintió odio hacia el hombre muerto. Y luego odio a sí mismo por tener que hacerlo. Por tener que manchar sus manos que se retorcían en las noches como si recordaran como se habían cerrado en la garganta del hombre.
Inexplicablemente, cada que veía a Scorpius en el día, imaginaba ese momento. Cerraba los ojos y trataba de olvidar, pero la imagen se formaba como si fuera solida con los horribles detalles. Sus palmas sintiendo las venas bombeando desesperadas.
Pero cada día aumentaban esos súbitos momentos. Se volvió paranoico de la noche y la pasaba con los ojos abiertos hasta que el sol salía. Dormitaba de día, pero las pesadillas lo asaltaban de todos modos. No había descanso después de todo.
La preocupación de su tía aumentó. Podía leerlo en su rostro. Le dijeron que tenía que dejar de ocultarse en la cama y volver a caminar. Le consiguieron arneses nuevos y un bastón de color blanco, porque todos recordaban la horrible familiaridad con Lucius. Él se veía en el espejo del baño y cerraba los ojos para tratar de no ver las similitudes y se cortó el cabello desesperado. Tan cortó, que sentía frío a través de la delgada capa de cabello rubio.
Trató de hacer el esfuerzo por integrarse en la familia. Pero durante la cena, veía a Scorpius y sentía nauseas. Quería correr de la cocina y ocultarse.
Dos meses después, comenzó a evitar a Scorpius todo el tiempo. Enojado consigo mismo, una noche entró cojeando a la vieja habitación de Tonks que ahora se había convertido en una guardería.
Miró las cunas ocupadas, y los pequeños durmiendo ajenos al mundo y a los horrores que él no podía sacudirse.
"Siempre he dicho, que cuando dios cierra una puerta, abre una ventana" dijo la voz del Tío Tedd desde la puerta.
Él dio un salto asustado, levantando la varita paranoico. El tío Tedd lo miró con suavidad e ignoró lo cerca que estuvo de ser maldecido.
"Dios se llevó a Nynphy, pero nos dio tres hijos" dijo él con una sonrisa.
Draco se retorció incomodo.
"La paz llegará" aseguró el hombre. "Puede que en este momento la guerra no haya abandonado tu mente."
Él soltó un suspiro. Esa era la manera amable de ponerlo, pensó.
"Pero las cosas están bien."
"No sé qué hacer" respondió. "Creo que en realidad, no puedo creer que todo se haya terminado."
"Tampoco yo, fueron unos días muy oscuros. Pero aquí estamos y hay que mirar hacia el futuro, somos una familia."
Su tío se recargó sobre la cuna de Scorpius. "¿Por qué sientes tanta aberración?"
"M-m-maté a mi padre" forzó las palabras en un tartamudeo.
Sintió terror de que su tío lo juzgara. Hasta ese momento, poco o casi nada sabían de lo que vivió en la mansión Malfoy. El señor Tonks se acercó a él, lo miró con ternura y le puso un brazo sobre los hombros.
"Hiciste lo correcto" dijo. "Sólo tienes que aceptarlo."
Estuvo a punto de soltar que también había violado a la madre de Scorpius, pero cerró la boca. Sacudió el brazo del tío Tedd y se encerró en su habitación.
No había manera de que aceptara eso.
+2+
Era sábado o lunes. Quizás en realidad viernes. No importaba, porque los días ya no tenían nombre. Todos eran una constante repetición. Se levantaba, desayunaba en silencio, se encerraba en su habitación. Miraba el techo hasta dormirse.
Tomaba el tiempo de otra forma, como ese día ya eran dos meses del final. Luego ya eran tres, cuatro, cinco.
No sabía cómo era el mundo fuera de las ventanas y de la vista del jardín. No sabía cómo era el mundo sin guerra. No había salido de la casa. De sus solidas paredes de madera.
Sabía al menos que Kingsley era el ministro oficial ahora. Sabía que estaban reconstruyendo Hogwarts y que todo estaban bienvenidos a volver a recursar. Pero él había aprobado el séptimo año. Y los oficiales ministeriales le informaron que gracias a sus servicios en la guerra y de acuerdo con el esclarecimiento del papel del director Snape, sus grados y sus títulos eran oficiales.
Era una amable manera de decirle que no volviera.
No tenía que hacerlo. El dinero de los Malfoy y todas sus herencias ahora le pertenecían. Pero debía ser el más ridículo de los millonarios, viviendo en la más pequeña de las casas. Lejos de encontrar la felicidad en las riquezas materiales. El dinero ya no le servia de nada.
Insistió en que los Tonks tomaran dinero libremente de sus cuentas. Ellos hacían demasiado por Scorpius que era impensable que no aceptaran. Quizás en algunos años, aceptaran una casa más grande y cómoda.
Pero por ahora, ni siquiera la ofreció. No podía porque las paredes estaban bañadas de fotografías de Tonks y de memorias, de las cuales él no podía desproveerlos. No podía obligarlos a olvidarla.
Se retiró a su mundo personal en la casa. Un día notó que Scorpoius podía arrastrarse por los suelos y perseguir las piernas de todos con gran alegría. Teddy por su cuenta, ahora se paraba solo y balbuceaba.
Comenzó a notarlo sólo un poco más. Pero sus impulsos de vomitar, de huir, de sentir odio, miedo y suciedad no se desvanecían.
Era martes, o un domingo, no lo sabía. Su tía tocó a la puerta de la habitación y entró cuando él respondió con lentitud.
"Harry Potter esta aquí" dijo ella mirándolo. "Ha venido a conocer a Teddy, su ahijado."
Él la miró unos minutos en silencio y luego trató de expresar su confusión.
"Esta por marcharse, pero antes quiere hablar contigo."
"Dile que se vaya" contestó él. "No quiero verlo."
Durante estos meses había crecido un resentimiento torcido y amargo hacia Potter. Mientras los días pasaban, el idiota nunca fue a verlo. Nunca fue a aprender sobre el sacrificio de Regulus. El sacrificio de su madre. Y mucho menos el que él mismo había hecho.
Estaba ofendido, no creía poder mirarlo sin escupirle, recriminarle y exigirle que reconociera la importancia que él había tenido en esa maldita guerra.
La pierna, la inocencia, las lágrimas, el sudor que entregó para asegurarse de que existía el mañana.
Su tía lo respetaba al menos, pues no incisito.
+3+
Potter volvió la semana siguiente. Y la semana después de esa. Podía escuchar su risa lejana a través de las paredes. Pero el idiota incrementó la ofensa simplemente por no volver a insistirle a hablar. Él no sintió nada entonces, nada tan intenso como lo que recordaba. Estaba muerto por dentro, ajeno a todo sentimiento cálido.
Huyo de su presencia acomodado sobre la cama, con las manos sobre el pecho, quieto como si en realidad sí hubiera muerto.
No recordaba cómo era la vida antes de la guerra. No encontraba satisfacción en los sabores de la comida, en las sonrisas de sus familiares. Ni en los colores, sonidos o aromas. Todo era un monótono gris como un gran bloque en su mente.
Una nube de sufrimiento inquietante.
Ahora ni siquiera el White Álbum podía reconfortarlo. Sucedía lo contrario. Recordaba a Snape, recordaba sus tardes en la oficina del director. Recordaba la angustia y la desesperación.
La guerra lo había cambiado sin remedio. Y sin guerra no era nadie ni nada, sólo una presencia sobre la cama. Ya no existían los propósitos y las esperanzas que lo habían motivado a luchar por vivir el siguiente día.
Las visitas de Potter eran tan constantes que finalmente aceptó que la confrontación sería inevitable. Aunque pasaran los días en la misma casa como dos mundos paralelos.
Era una de esas noches en las que no podía cerrar los ojos sin esperar voltear el rostro y encontrar al fantasma de Theodore en la cama con él. Se levantó frustrado. No se molestaba con túnicas en casa. Bajó a la cocina con lentitud, arrastrando la pierna muerta y el bastón haciendo leves golpes en las escaleras, como un fantasma.
"Así que realmente estas aquí y no eres solo una leyenda" murmuró una voz en la sala.
Él se paralizó, lanzó un cruciatus en dirección de la voz quien la esquivó con rapidez. Sus dedos temblaron sobre la madera de la varita, entumidos por la fuerza. Miró su mano sorprendido. No habían olvidado el movimiento, ni la facilidad, pero estaban débiles por los meses que habían transcurrido desde la última vez que la había lanzado.
"¡¿Qué demonios?" preguntó Potter con los ojos abiertos de la sorpresa.
"¿Qué haces aquí?" preguntó enojado. "Pude haberte matado, no vuelvas a desconcertarme"
"¿Por qué tan nervioso?" preguntó Potter, sacudiéndose el cabello en esa manera despreocupada que antes le había gustado y que ahora encontraba envidiando con fuerza.
Él no se dignó a responder la pregunta, si Potter no le había contestado la suya. Continuó su lento andar hacia la cocina donde Potter lo siguió y se sentó en la mesa como si fuera un invitado con ese tipo de libertades.
Pero de nuevo, quizás él realmente lo era, la última vez que Andrómeda le había dicho al respecto, había dicho "Harry". Había notado la diferencia. Y ahora Potter había estado durmiendo en el sofá.
"Siento lo de tu pierna" comentó Potter. "Neville me contó, errr que la perdiste en un accidente extraño con unos petardos y una zanahoria…"
Él se detuvó en su camino a la alacena principal, volteó a mirar a Potter, quien tenía la ignorancia escrita en todo el rostro. No sabía qué sentir, si llorar o reír. Finalmente su cuerpo no expresó nada. Regresó a la alacena, tomó un vaso, se sirvió agua helada de la nevera muggle y dejó la cocina en silencio.
+4+
Eventualmente decidió que evadir la presencia de Potter era idiota. En especial si quería sentarse en el sofá a contemplar la tarde o en la cocina si tenía hambre. Su espacio era reducido y tía Andrómeda había comenzado de nuevo a animarlo a salir de su habitación. El quería complacerla de alguna manera.
Ahora podía mirar a Scorpius en la misma habitación, siempre y cuando el niño no se acercara a él con la esperanza de llamar su atención. Cuando sucedía, él se levantaba y simplemente encontraba otro espacio en el cual existir.
Cuando se dio cuenta una tarde, la primera nevada había caído en el pueblo. Las monótonas casas de los vecinos se adornaron con luces parpadeantes y muñecos de plástico que lucían translucidos inundados de la luz en sus interiores.
Potter tomó el hábito de invadir la misma habitación junto con Teddy y Scorpius, De hacer pláticas vacías y juegos idiotas de los que usualmente realmente no prestaba atención. Potter hablaba y hablaba, y de vez en cuando Andrómeda o Tedd le contestaban. Pero él era como un mueble más, en silencio.
Cuando Potter se dirigía a él, sólo bastaba con ignorarlo. No era difícil, tenía tantas cosas en las que pensar. Su cabeza seguía recordando súbitamente cosas, como un pozo sin fondo de amargura determinado a mostrarle todo de nuevo. De revivirlo todo de nuevo. Sus errores que ya nunca podría cambiar, sus miedos, el dolor.
Una tarde, mirando la ventana sin moverse por al menos dos horas, Potter olvidó que seguía respirando en la misma habitación o que tenía la capacidad de escucharle, se dirigió a tía Andrómeda y dijo:
"¿Qué sucede con él?"
"Depresión" suspiró ella. "Creo que el estrés de estos años le destruyeron los nervios."
"¿Saben que se altera con los ruidos fuertes?" preguntó Potter, con tono preocupado.
Él frunció el ceño sin despegar la vista de la ventana, no sabía que Potter lo hubiera notado. Ni siquiera sabía que él tenía ese tipo de gestos.
"Sí" dijo ella con tristeza. "Lo que sea que haya visto, que haya vivido, debió ser terrible."
Potter meditó con una afirmación. "Creo que debería ver a un especialista, hablar con alguien, yo podría encont…"
Draco se levantó tan súbito que tía Andrómeda exclamó asustada. Los miró a los ojos y los vio sentirse culpables. Luego, se fue a su alcoba donde se dejó caer sobre la cama con pesadez.
Nadie lo iba a convencer de hablar sobre la guerra. Nadie.
+5+
Después de ese día, en la mañana ni siquiera pudo encontrar la fuerza para levantarse de la cama.
Era un día oscuro, nublado. Podía escuchar ruidos y conversaciones, pero hundió el rostro en la almohada.
Por primera vez en meses sintió ganas de llorar.
¿Qué había esperado que fuera su vida?
Sus padres estaban muertos, uno de ellos por sus propias manos. Sabía que Blaise se había ido de Inglaterra, que Pansy había hecho lo mismo. Que Goyle pagaba cinco años en Azkaban. Que Millicent seguía viva en algún lado. Crabbe, Daphne, Tracey, y Theodore estaban muertos.
El profesor Snape había muerto justo en el momento en el que se despidieron esa noche. Tonks estaba muerta. Y con ella una parte de Andrómeda y Tedd.
No recordaba como sonreír, como sentirse feliz, nunca había sabido lo que era amar y ser correspondido. Y con el pasar de los meses, se fue convenciendo de que eso último, jamás sucedería.
¿Cómo podría alguien amarlo, si nadie nunca entendería lo que había tenido que vivir, lo que había tenido que soportar?
Y luego estaba el pequeño hecho de que todas las cosas por las que se convenció que valía la pena el sacrificio, sólo le habían dejado una profunda amargura. La venganza, el honor, pelear por evitar más muertes.
Pero su madre seguía muerta sin ninguna ceremonia, no tenía ningún laurel de victoria y todos habían muerto de todos modos.
Andrómeda y Tedd eran realmente amables, tratando de incluirlo en sus vidas como siempre. Sus intenciones eran buenas, pero él era un extraño en sus vidas, un estorbo, un sobrante que les recordaba el sufrimiento de la guerra.
Pasó la primera navidad después de terminada la guerra en la soledad de su cama. Odiaba si quiera pensar en la festividad.
+6+
Quizás había estado tan concentrado en sus recuerdos, en las últimas palabras que Theodore le había estado contando en la noche de pascua, que no notó la figura que apareció por el rabillo de su ojo.
Teddy y Scorpius jugaban con una pila de cubos mágicos en el espacio ente los sillones, pero no tardó mucho en notar la energía negativa que despedía. Le era conocida después de todo y volteó con un violento movimiento.
Su corazón se agitó y su respiración se descontroló.
Había un niño recargado en el marco de la puerta, mirando hacia el interior. Cuando alzó el rostro y lo miró a los ojos sólo encontró un vacio tan horrible y negro en las cuencas de sus ojos, que no tuvo duda de la manifestación.
El niño se dio la vuelta y se fue por el pasillo.
Aterrado, saltó del sillón y siguió al niño al pasillo para encontrarlo absolutamente vacio.
"¿Qué sucede Draco?" preguntó Andrómeda, asomándose por la cocina.
Él se retorció incomodo, su respiración no podía calmarse y comenzaba a sentir que se ahogaba. Luego recordó como había muerto Lucius revolcándose en la cama.
El pánico remplazó el vacio emocional y perdió el conocimiento.
Despertó rodeado de rostros preocupados. Tedd y Andrómeda abrazados a la derecha. Potter a la izquierda en una silla.
Hubo un momento largo de silencio. Lo veían con lástima, con tristeza.
Pero entonces el niño asomó el rostro por la puerta del armario y su cuerpo se desconectó de todo pensamiento racional.
"¡VETE!" gritó.
Potter saltó en su lugar asustado. Pero luego miró en la dirección del armario. Sus tíos hicieron lo mismo y luego voltearon a mirarlo con desconcierto.
"¡VETE, VETE, VETE, VETE!" gritó a voz de cuello.
"¡¿A quién le gritas eso, Draco?" preguntó Tedd, mirando en todas direcciones.
"¡¿No lo ven? ¡Vino por mí! ¡Vino por mí!" gritó histérico. "¡Vino a llevarse mi alma!"
Potter frunció el ceño con atención, como si tratara de encontrar lo que sea que él estaba viendo pero el niño se mantuvo quieto, con la cabeza asomada en el armario.
Sus facciones eran rígidas, sin expresión. Sus ojos negros como la muerte. Su rostro pálido, delicado, con cabello rubio sucio. Potter fue al armario y el niño se introdujo de nuevo, cuando abrieron la puerta el armario estaba vacío de nuevo.
Potter de todos modos revisó los rincones pequeños y luego los cajones y las repisas como si buscara a un diminuto intruso. Pero no encontró nada y volteó a mirar a sus tíos con una expresión desconcertada.
"Es todo, esto no puedo continuar" dijo el Tío Tedd. "Iras a San Mungo. Necesitas ayuda"
"Nadie puede ayudarme" murmuró él, con la garganta seca. Se dejó caer en las
almohadas y miró el techo. "Nadie puede salvarme ahora."
Continuara….
Actualmente estoy deprimida y desconcertada. Y el capitulo no me ha puesto de mejor humor. Creo que entiendo a Draco en este momento.
Leí en un fic lo siguiente.
Escribir Toma HORAS. Dejar Reviews solo un MINUTO.
Tomen en consideración esas sabias palabras, y tengan en mente mi sacrificio.
Van catorce capítulos, y todos ellos llamados como las canciones del White Album de los Beatles. Creo que todos tienen sentido con el capitulo mas o menos. ¿Qué opinan?.
