Sentí como sus labios se posaban sobre los míos. Mientras yo lentamente me iba dando cuenta de las acciones de éste rubio pervertido. Sus manos sostenían mis muñecas, sus piernas mantenían las mías con su peso inmóviles para que no lo pateara y huyera. A pesar de mi forcejeo no lograba ningún resultado y él solamente me besaba con sus cálidos y… sabrosos labios ¿sabrosos? No pude mas, me terminé por dejarme llevar. Exactamente un minuto después de haber cedido, nos separamos por la falta de aliento. ¿Por qué hacía esto Kenny? Sabiendo que a mi me gusta Kyle, y además tengo novia…

-Stan –dijo penetrándome con sus bellos ojos azules… ¿bellos?- no sé si te has dado cuenta pero…

-¡Kenny! ¡Stan! ¡Ya es tarde! –gritó mi madre desde la cocina.

Giramos a ver la hora. Eran las 09.45pm exactas. No era tarde, pero para los padres mas de las ocho de la noche es tarde, y no hay nada que hacer. Pero por alguna extraña razón sentía que parte de mí no quería que Kenny se fuera por lo que me ofrecí a llevarlo.

Kenny salió de encima de mí. Quizás pensó que mi madre podría subir y vernos en aquella posición tan comprometedora que hasta el más tonto se daría cuenta de lo que habíamos hecho. Como sea, ahora sólo debo pensar en dejar a Kenny y descansar.

-No es necesario que me lleves Stan –comentó el oji-azul mientras se abrochaba su anaranjada chaqueta.

-No te preocupes, no me molesta en absoluto –contesté mientras ordenaba mi cabello y volvía a ponerme mi gorro que había sido sacado anteriormente por Kenny.

Ví su sonrisa, aquella esplendida sonrisa que solo él podía hacer… ¿esplendida? Es muy típica de él, claro cuando hay algo que le gusta. ¿Pero por qué en ese preciso instante sentía que aquella sonrisa era esplendida? ¿Qué había en ella de esplendida? Algo raro me pasaba, pero para mi era imposible no apreciar cada acción que daba aquel rubio pervertido.

McCormick se despidió de mis padres agradeciéndoles la estadía y atención.

McCormick… Kenneth McCormick… Que extravagante nombre… ¿extravagante? ¡Hey, ¿Qué me pasa? Creo que aquel beso me afectó mucho. Limpié con la manga de mi chaqueta mis fríos labios que se habían tornado rojizos por el frío que cubría a todo South Park. Mis labios estaban secos, extrañamente secos pero al mismo los sentía húmedos, tan húmedos y deliciosos… ¿deliciosos?

-Stan –paró su andar- ya llegamos- en aquel momento, cuando paré tenía mi manga en la boca por lo que me sonrojé por la vergüenza- ¿Qué haces? –Preguntó burlón- ¿es acaso que no te gustó aquel beso que te planté?

-¿P-Pero qué tonterías dices? Ahaha –reí nerviosamente mientras lo miraba, mas bien miraba su sonrisa, esa sonrisa tan seductora… ¿seductora?

-Stan has estado así todo el camino –se acercó a mi peligrosamente y sacó mi muñeca de mi boca- quieres que te dé otro beso ¿no es así?

-C-Claro que no –mentí- N-No seas tonto, Kenny –le reproché

Sentía como de verdad quería que me besara, deseaba de verdad ese beso. Algo raro me estaba pasando, algo realmente extraño. ¿Por qué actuaba de esta manera? Normalmente, el que me dijera ese tipo de cosas no me afectaban en absoluto, es mas, lo tomábamos de broma. Pero no entiendo por qué estoy así. Quiero decir, Kenny no es mas que mi amigo. Entonces, ¿Por qué me siento tan nervioso?

-Sabes que quieres un último beso -sonrió con satisfacción- el último beso de esta noche antes de separarnos.

¿Cómo puede leer mi mente?

-Y-Ya basta, Kenny. E-Esto no es g-graciosos –decía nerviosamente mientras miraba el suelo- B-Buenas noches, nos vemos mañana –terminé de decir y me dí vuelta.

Pero en aquel instante Kenny tomó mi mano para así darme vuelta y contra una de las paredes de su casa me tiró con cuidado. Rápidamente después de aquella acción, sin pensarlo me besó. Pero esta vez metió su lengua, su húmeda y juguetona lengua, la cuál no paró de jugar con la mía. Sin darnos cuenta nos faltó el aire, pero en ese momento Kenny parecía desesperado porque en cuanto pasaron cinco segundos volvió a besarme. No podía soltarme, sujetaba mis muñecas con demasiada fuerza. Que marica, ¿Cómo puedo ser tan débil?

Prontamente me soltó pero sus manos pasaron de las mías a mi cuello para sostener aquel largo beso que parecía no tener fin.

-K-Kenny –me costaba hablar pero su nombre pareció salir bien. Lo cuál entendió y por un instante paró.

-Stan –tomó mi rostro como si fuera el suyo dirigiendo mi mirada directamente hacia la suya, y al ver aquellos ojos azules tan hermosos como nunca los había visto antes. Me sonrojaron al instante- te amo –pronunció aquellas palabras sin miedo ni nerviosismo en ellas.

-¿Eres idiota? –no pude formular mas que aquella pregunta.

-Sé perfectamente que te gusta Kyle –dijo sin quitarme la mirada de encima- pero eso no quiere decir que no puedas amarme a mí también.

¿Qué quiere decirme? ¿Acaso quiere ser mi amante o qué?

-No te entiendo –eres tan raro Kenny.

-Quiero decir que –no te entiendo, aclárame las cosas- si no te deja de gustar Kyle, quiero ser tu amante.

-¡¿Ah? –eso me impresionó, a pesar de que ya lo había formulado aquella posibilidad de respuesta. Pero el que me lo dijera tan directamente me impresionó un poco.

Soltó mi rostro y termino por dirigirse a su casa, quiero decir, a la puerta de su casa.

Yo me había quedado allí, anonadado por aquella petición. Kenny antes de entrar a su casa sólo terminó diciendo un "buenas noches" y nada más. ¿Quería ser mi amante? ¿Pero qué le pasa? A mi sólo me gusta… Kyle. Sí, sólo Kyle. No puede gustarme Kenny, sería… ¿tonto? ¿ilógico? No, no son esas cosas. Pero es que tan solo no me puede gustar Kenny. Él es tan… tan… tan… lindo para mí.