Wow~ y aquí volvemos con un nuevo capítulo xD~ nuevamente, gracias por las reviews owo~ son parte (?) de la alegría de mi vida x3

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Capítulo 2: Perdido En La Mansión

Siguió, algo temeroso, al fantasmal niño. Llegaron a una sala que estaba llena de juguetes. Hiroto se sentó en el suelo, que crujió nada más pisarlo con el pie, y esperó a las instrucciones de Midorikawa para aquellos juegos a los que se suponía que jugarían. Aunque, la verdad, el oji-verde no tenía muchas ganas de jugar. Tenía preguntas, ¿qué había pasado para que el peli-verde fuera un fantasma? ¿Y qué pasaba con Haruna, por qué había desaparecido?

-Oye, Mido –Dijo el vivo, llamando la atención de Mido, quien en esos momentos se encontraba buscando algo.

-¿Qué? –Preguntó él algo sorprendido por el mote con el que el otro se había referido a él.

Antes de que el pelirrojo formulara su gran lista de preguntas, el fantasma hizo que un libro viejo, lleno de polvo y con algunos rotos, saliera de una estantería repleta de otros libros como aquel.

-¿Qué es eso? –Preguntó acercándose al libro, abriéndolo y contemplando las hojas que habían adquirido un triste color sepia. No pudo evitar toser un poco a causa del polvo que salía del viejo libro.

-Es un álbum de fotos y de algunos retratos en pintura –Se limitó a contestar. Sí, en efecto, aquello parecía y era un álbum de fotos.

Hiroto pasó las páginas suavemente, pues éstas eran muy viejas, y, por su color y el crujido que hacían al pasarlas, si no se hacía con sumo cuidado aquel libro acabaría totalmente roto por su vejez. Aquellas páginas estaban repletas de fotos de gente, y de todas aquellas personas a la única que diferenciaba de todas las demás era a Midorikawa, quien salía feliz y alegre en todas y cada una de las fotos y pinturas. Excepto en una.

-¿Qué pasa en esta? En todas sonríes, menos en esta. Pareces triste –Dijo el muchacho, sosteniendo firmemente el libro en sus manos pero mirando al otro chico con una cara curiosa, preguntándole, solamente con la mirada, qué estaba pasando en aquella escena.

Pero Mido no contestó.

-Eh, vamos, ¿qué pasa? –Preguntó Hiroto suavemente. Pero el otro ignoraba su voz, sus preguntas, su curiosidad.

-Nada –Susurró-. Ya no pasa nada –En esos momentos, el invitado estaba seguro de que, si aquel chico todavía pudiera llorar, lo haría sin cesar, sin pensar en lo que sucede a su alrededor. Estaba seguro de que le sucedía algo, de que ahí, en ese cuadro pasaba algo. Pero antes de que él pudiera protestar, o simplemente hablar, Midorikawa desapareció.

Le había dejado allí, solo.

-¡Eh! –Gritó el pelirrojo. Pero ya no le escuchaba.

Salió de la sala donde habían estado charlando, y caminó, buscándole, por los pasillos. Al parecer Mido no estaba solo en esa casa. Había más fantasmas pululando por la cocina, las habitaciones, los pasillos. Y todos ellos tenían la misma cara de perdición, de no saber dónde estaban, de querer, simplemente, saber qué estaban haciendo allí. ¿No se suponía que había una luz? ¿Por qué toda aquella gente-fantasma estaba allá, y no en el Cielo o donde se suponga que tengan que ir?

-Hola –Saludó Hiroto a el fantasma de otro niño, pálido, no tanto como la nieve, y con un color de pelo castaño, que, a los ojos de cualquiera, parecería muerto, sin vida alguna. Sus ojos, azules, estaban, como los demás ojos de la sala, perdidos en algún lugar al parecer más interesante que aquel lugar donde se encontraban ahora-. Me llamo Hiroto, estoy buscando a Midorikawa. ¿Le has visto?

El fantasma siguió flotando, a su aire, ignorando a Hiroto. Éste último nombrado se molestó por el comportamiento del muerto.

-Ehm… ¿Hola? –Preguntó poniéndose en frente del fantasma, quien le atravesó flotando.

Abrió los ojos, horrorizado. Acababa de ver algo único. Un chico, con ropa de hacía ni se sabe, entrando a la casa, horrorizado. Dos personas le seguían. El niño, de ojos azules, vivos, coloridos, corría, tratando de huir de aquella gente desconocida que por alguna razón le perseguía. Pero era imposible huir de ellos, y, además, ya no le haría falta huir a ninguna parte. Una pala de metal, había chocado con su nuca, causando una muerte instantánea. Y el causante de la muerte estaba frente a él, sonriente, con una sonrisa sádica. Y, para sorpresa del niño, su asesino no había sido alguno de los dos extraños que le perseguían. No, ellos simplemente habían sido un señuelo. El asesino ahora se sostenía mirando satisfecho su trabajo bien hecho. Sus ojos azules ligeramente verdosos observaban atentos el cadáver de la víctima. Dos magníficas alas de murciélago se sostenían en su espalda, firmes, perfectas.

Salió corriendo del pasillo, dejando atrás al fantasma. Empezaba a acostumbrarse a cosas raras, pero al mismo tiempo, no era capaz de aceptarlo. ¿Quién iba a aceptar el hecho de ver un fantasma que, al atravesarte, ves su muerte? No, no era muy agradable. Era asqueroso. Y más al ver a aquel asesino con la pala en la mano, observando el charco de sangre que se formaba alrededor del fantasma.

Dejando atrás algunas salas, y sobre todo, esquivando fantasmas para no contemplar sus muertes, llegó a una habitación que parecía el cuarto de un bebé. Una cuna vieja, de madera, polvorosa, y allí estaba Haruna, mirando por la ventana.

-Ya te habrás dado cuenta de todo lo que hay por aquí –Dijo ella, con voz suave-. Todos muertos por el mismo asesino, y por el mismo objetivo.

-¿Qué? ¿Quieres decir que ese chico…?

-¿Chico? Ja. No le llames así, no es una persona normal, y tú mismo lo has contemplado –Contestó, cortando la frase que Hiroto estaba formulando en aquellos momentos.

-¿Te refieres a las dos alas que tenía en la espalda? –Preguntó fascinado. Nunca habría imaginado ver a un demonio, con alas y todo.- ¿Es un demonio?

-Ajá –Afirmó-. Fudou –Sí, definitivamente iba a tener que acostumbrarse a cosas como esa, como a que una chica a la que apenas conoces –y de la manera más extraña-, te cuente que un demonio ha asesinado a una familia completa-. Como ya has visto, ha asesinado a toda la familia. Y yo estoy aquí para protegerles.

-Pero si ya están muertos, ¿cómo es que tienes que protegerles? –Haruna sonrió. Se lo había esperado desde el principio. Y luego soltó una risita por lo bajo, pues aquello de gracioso no tenía nada.

-El peligro siempre aparece cuando menos te lo esperas –Respondió aun sonriendo. Se dio la vuelta, y el pelirrojo se dio cuenta de que los ojos de ella estaban ligeramente más azulados que de costumbre-. Incluso cuando nuestro cuerpo material no está aquí, seguimos estando en peligro –Añadió, caminando lentamente hasta la salida, y, haciéndole una leve reverencia de despedida hacia el oji-verde, se marchó.

Qué chica más rara. Todo había que decirlo. ¿Qué la pasaba? ¿Y cómo es que conocía tan bien a Fudou? Se acercó a la ventana, y observó la calle. Desde ahí dentro todo lo que había fuera, alrededor de la casa parecía un sueño. Y más para la gente que estaba dentro de la mansión, para Midorikawa. Un sueño. Estar tanto tiempo aquí dentro, y, probablemente, sin salir, debía de afectarle, y todo lo que había en la calle debía de parecerle el mejor de sus sueños, que nunca podría alcanzar.

Otra vez perdido por la casa. Genial. Y seguía sin encontrarle. Oh, vamos, ¿qué pasaba? ¿Dónde se había metido? Parecía haber desaparecido del mundo. Pero, claro, aquella era una mansión de las grandes, y, teniendo en cuenta que Mido había vivido allá desde los primeros días de su vida, se la debía de conocer entera. Hasta los rincones más insospechados. Hasta los escondites más difíciles de encontrar.

-Midorikawa –Decía suavemente-. Si no sales me iré. Lo juro, ¿eh? –Pero nunca se iba. Tenía que encontrarle. Tenía que preguntarle qué había sucedido, qué pasaba con Haruna y, sobre todo, si Fudou en verdad le había asesinado.

Llegó a una puerta. Vieja, como las demás. Iba a pasar de ella, indiferentemente, pero se detuvo. Una caja de música. Una melodía bella, dulce, siniestra. Venía desde dentro de la sala. Se acercó temeroso a la puerta, y llamó tres veces suavemente, sin obtener respuesta y, sin más remedio que entrar sin pedir permiso.

Allí estaba Midorikawa. Junto a una caja de música, melancólico. Con su rostro sin sentimientos. Con su rostro, muerto.

-Te he estado buscando –Comentó Hiroto con algo de reproche, pero manteniéndose a algunos metros del otro y hablando con palabras calmadas.

-He estado aquí todo el tiempo –Respondió él, con un tono de voz que ahora estaba lleno de tristeza, y seguramente, dolido. Por su culpa.

-Lo siento, sé que estás triste por mi culpa.

-No, no, está bien –El peli-verde volvió a levitar normalmente y revoloteó un poco alrededor de Hiroto, para mostrarle que estaba bien-. Por favor, siéntate.

El pelirrojo hizo caso de inmediato y se sentó en una silla que había en una esquina. El fantasma se aclaró la garganta, recuperando su aspecto común de niño normal e inocente, a pesar de que estaba claro que se encontraba triste, fatal.

-¿Qué pasa? –Inquirió Hiroto con angustia, y asustado. Lo que menos quería ahora era que aquel chico le atravesara, y pasara lo mismo que con el otro fantasma perdido. Ver la muerte de Midorikawa. Impensable. No quería, y, desde luego, no lo haría.

-Te voy a explicar –Comenzó a decir- Todo lo que está pasando a tu alrededor.

Se le hizo un nudo en la garganta. Por fin, todas, o al menos la mayoría de sus preguntas, iban a quedar finalmente selladas. Resueltas. Al fin. Pero estaba seguro de que tendría que hacer tarde o temprano algo por aquel fantasma, mejor dicho, por todos los fantasmas de la mansión. Y quizá tendría que enfrentarse cara a cara con Fudou, ¿quién podía saber qué iba a pasar en aquellos momentos? Nunca se sabía lo que el destino deparaba…

Continuará~

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xD Well, siento que todo lo que escribí fue extremadamente incoherente .w. –Esquina Emo- No me juzguen(?).

Good Bye~ :3