Capitulo 5. Soledad

La nieve caia con lentitud, mojando su palido y rubio cabello. Mientras con sus manos inutilmente intentaba cubrirse de los golpes y patadas que los niños a su alrededor le soltaban. Podia escuchar sus voces como canticos infernales entonando una y otra vez "Demonio, demonio". Y las lagrimas no dejaban de fluir de sus ojos amatistas. Odiaba que lo trataran de esa manera solo por ser tan distinto. Por tener ese color de cabello y ese color de ojos. Los niños del pueblo eran unos seres crueles, ellos eran los demonios. Eso le repetia una y otra vez su hermana, pero el lo unico que queria era tener un amigo. Era un tonto al seguirles y pedirles ser participe de sus juegos, pues siempre terminaba de la misma manera. Con el tendido en el piso con un millon de moretones regados por el cuerpo. "Demonio, demonio" entonaban sin cesar, lanzando bolas de nieve, hasta que de repente la sonata ceso.

-¡Ivan!- grito uno de los niños. El ruso se quito las manos del rostro y levanto la mirada al escuchar su nombre, pero en ese momento recibio un fuerte impacto en la frente. Uno de los niños habia lanzado una bola de nieve la cual tenia por dentro una roca. Los niños gritaron mientras el oji-violeta caia de espaldas al piso y de su frente inciaba a brotar sangre.

-¡Ivan! ¡Ivan!- gritaba Yekaterina intentando despertar de su pesadilla al ruso. Este se agitaba de un lado a otro mientras gritaba y de sus ojos cerrados salian lagrimas. Natasha los miraba desde una esquina de la habitacion, aterrada y con los ojos llenos de lagrimas, pero sin saber que hacer en esos momentos.

-¡Basta! ¡Detente! ¡Duele!- por mas que intentara Ivan no podia despertar de su sueño, de ese recuerdo del pasado que tantas veces habia rondado y atormentado su mente. La albina estaba desesperada y el llanto recurrio a sus ojos, no soportaba ver a su hermano menor de esa manera. Se sentia impotente. Abrazo con fuerza el cuerpo de su hermano, mientras con una mano acariciaba su cabello.

-Ivan, tranquilizate- susurro a su oido sin soltarlo, mientras los temblores y forcejeos iniciaban a cesar -Ivan, estoy contigo, Yekaterina siempre estara a tu lado, y Natasha tambien, ya paso todo eso, tranquilizate por favor- la suave voz de Yekaterina logro tranquilizar las pesadillas del ruso, el cual con un profundo sueño se dejo caer sobre la cama. Natasha se acerco con cautela, y sacando un pañuelo de su vestido inicio a limpiar el sudor frio que bañaba los cabellos de su hermano.

-¿Esta bien?- pregunto preocupada y asustada. Yekaterina solo asintio mientras sonreia tiernamente y acariciaba la mejilla de su hermano, el cual ahora tenia 15 años.

-Sigue siendo un niño- musito a su hermana -Ahora vete a la cama Natasha, mañana ambos deben ir a la escuela- la niña asintio saliendo de la habitacion de su hermano. Yekaterina se quedo unos minutos en silencio, contemplando a Ivan dormir, temerosa de al salir de la habitacion las pesadillas del niño regresaran. -Haz sufrido mucho Ivan- susurro -Quizas pronto seas capaz de ver la felicidad-

Tenia la mirada baja, no prestaba mucha atencion a su alrededor. No le gustaba la escuela, todos lo trataban como si le tuvieran miedo, la misma historia se repetia una y otra vez. Intentaba acercarse a ellos pero quizas lo hacia de la manera equivocada. Le gustaba verles sonreir, queria compartir esas sonrisas, queria poder reir con ellos, pero le era imposible acercarse. Ellos creaban una barrera, no le permitian compartir esa felicidad. Ellos eran demasiado egoistas, o quizas el fuera el egoista. Al querer forzarlos a compartir su felicidad.
Habia intentando acercarse a esos tres hermanos que parecian tan solitarios, queria ser amistoso, queria protegerlos. Le agradaba el menor en especial, era muy bajito y tembloroso, le hacia sonreir, pero siempre que se acercaba el otro quedaba aterrorizado y eso le hacia desesperarse.

Luego intento acercarse al mayor, parecia un chico muy listo y bien parecido, siempre intentaba defender a sus hermanos, pero no era como aparentaba. Se mostraba fuerte ante el ruso, pero incluso apesar de esas gafas que bien podrian esconder sus emociones, el podia notar el panico en su mirada. Esa mirada de repulsion que todos solian tener hacia el, y eso le sacaba de quicio.

Fue entonces cuando decidio acercarse al hermano del medio, un chico amigable, bondadoso, con una sonrisa tranquilizadora. Esa sonrisa hacia que el ruso sintiera calido en su pecho, una sensacion de bonita felicidad, queria que ese chico le dedicara esas sonrisas. Que pudieran reir juntos, que compartieran todo tipo de experiencias divertidas, felices. Pero el tenia a alguien mas. Ese chico rubio engreido, el cual nunca le habia agradado al ruso, era molesto y ruidoso, y en cierta manera daban ganas de extrangularlo. Ivan odiaba a ese chico y queria que el castaño le sonreira a el, pero solo esa sonrisa aparecia con aquel rubio.

Se acerco un par de veces al castaño, el le sonreia, pero no esa sonrisa calida, era una sonrisa nerviosa, asustada y sus ojos azules nunca lo miraban fijamente. Ivan lo tomaba de los hombros, queria hablarle con tranquilidad, pero el era como un niño, nunca media su fuerza, nunca se daba cuenta de la gravedad de sus acciones, nunca se dio cuenta de los tratos tan bruscos que le daba al castaño. Pronto su paciencia se termino, si queria ver esa sonrisa tendria que forzarlo de alguna manera. De una manera la cual jamas creia que usaria. La manera en al que aquellos niños de su aldea le enseñaron a tratar a alguien.

Y entonces, un dia el castaño desaparecio. No sabia que habia sucedido, sus hermanos se habian cambiado antes de escuela, quizas el habia hecho lo mismo. Se sintio triste, abandonado, creia que lo que habia hecho era lo correcto, pero quizas no lo fue, jamas lo entenderia. Fue cuando un chico de intercambio llego a la escuela. El era diferente a los demas, lo noto en el primer momento. Era serio y tenia cierto aire de madurez que no cuadraban del todo con su imagen un tanto rebelde al tener el cabello tan largo para tratarse de un chico. No hablaba con nadie, tampoco nadie intentaba acercarse a el. En cierta manera el era parecido a Ivan.

Ivan se limitaba a mirarlo dia con dia, no queria acercarse demasiado, tenia miedo de que volviera a suceder lo que paso con aquellos tres hermanos. Quizas el era el del problema, y no queria molestar a nadie mas. Pero una tarde al salir de clases, el misterioso chico le espero a la salida de la escuela.

-¿Tienes algun problema?- pregunto directamente, sin titubeos y mirandolo fijamente a los ojos, jamas nadie aparte de sus hermanas habia visto a Ivan fijamente a los ojos y menos de esa manera tan... desafiante.

-¿Eh?- fue lo unico que pudo decir el ruso. El chico levanto una ceja para despues cerrar los ojos e iniciar a reir.

-Lo lamento, crei que tenias algo en mi contra, aru- menciono para despues mirarlo con una sonrisa en los labios -Note que siempre me observabas asi que crei que tenias algo que decirme, pero apesar de ser tan gigante eres bueno escapando, aru- Ivan seguia sin entender sus palabras, pero lo que mas lo confundio fue el hecho de ver esa sonrisa en los labios del chino.

-Y-yo... lo siento, no era mi intencion parecer tan acosador- dijo apenado Ivan desviando la mirada.

-No te preocupes, no te vez de ese tipo de personas, tengo un buen olfato para saber quien es alguien malo y tu no lo eres- sus palabras le dejaron atonito -Tu eres el Ivan del que todos hablan ¿cierto? Soy Wang Yao, acabo de mudarme a esta ciudad con mis padres y mis pequeños hermanos, apenas son unos bebes pero son realmente molestos- inicio a reir un poco energetico -¿Quieres venir a mi casa? Tengo un nuevo videojuego, mi padre diseña juegos y siempre me trae lo mas nuevo antes de que salgan a la venta, solo que es multijugador y es aburrido jugar solo, tambien aburre jugar con mi madre o mi hermano de tres años, mi madre dice que es algo asi como un genio pero Kiku se la pasa con el control dentro de la boca. Asi que dudo sea un genio de verdad- volvio a reir, hablaba demasiado, Ivan se preguntaba porque solia ser tan callado en clases. Quizas nadie le parecia suficientemente interesante como para hablarle.

-E-esta bien- respondio con rapidez, esa seria la primera vez que fuera a la casa de un compañero de clases, tomo su telefono celular el cual solo utilizaba para llamar a sus hermanas, al otro lado de la linea contestaron -Hermana, llegare un poco tarde, ire a casa de un amigo a jugar videojuegos- su voz se notaba llena de felicidad y en su rostro se habia dibujado una gran sonrisa.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que se volvieran grandes amigos y el dia en el que por fin Yao visito la casa de su amigo, la hermana mayor del ruso hizo un gran banquete.

-Lo lamento mucho Ivan, es que como era la primera vez que invitabas a alguien me emocione un poco- rio apenada la mujer de grandes pechos y sonrisa tierna. Yao se sentia comodo ahi, el ambiente era bastante familiar, por un momento su mirada se ensombrecio pero su sonrisa jamas desaparecio.

-No se preocupe, la comida es deliciosa- comento Yao despues de dar un bocado.

-¿Seguro que no eres mujer?- pregunto desde el otro lado de la mesa una pequeña rubia que sostenia el cuchillo de manera peculiar.

-N-no lo soy, aru. Estoy mas que seguro que soy hombre- rio con nerviosismo el chino, para despues acercarse a Ivan y susurrarle al oido -Tu hermana da miedo- Ivan tambien rio nervioso, pues incluso a el, la pequeña Natasha solia asustarle bastante.

-De seguro quedras ver las fotos de Ivan de pequeño, era mas encantador que ahora- menciono Yekaterina poniendose de pie y caminando a la sala para buscar el album fotografico. Todos terminaron de comer y la siguieron para sentarse en la sala, bajo la comodidad el fuego de la chimenea.

-Esta es de cuando tenia un año- dijo la ucraniana mostrando una foto de un niño recostado boca abajo sin pañal. Yao rio al ver la foto mientras las mejillas del ruso se coloreaban de un rojo intenso.

-H-hermana! No me averguenzes- grito Ivan desviando la mirada, Yekaterina inicio a reir.

-Pero si eras realmente lindo- se quejo la hermana.

-Es cierto aru, eras realmente lindo- reitero el chino riendo al unisono de la ucraniana, ganandose un puchero de Ivan. El chino siguio pasando las paginas, donde habia bastantes fotos de los tres hermanos, hasta que se detuvo en una que llamo bastante su atencion. Era Ivan de unos seis años, estaba sentado en un columpio y sonreia a la camara con una extraña mueca de pena y dolor en el rostro. Sus manos estaban cubiertas de arañazos y en su rostro habia unos cuantos moretones, sin contar la venda que cubria la frente del niño. Hubo silencio en la habitacion, mientras el chino inspeccionaba la fotografia.

-Ivan...- susurro y le sonrio ampliamente -Eras un niño muy travieso ¿verdad?- inicio a reir e Ivan y Yekaterina se le unieron a sus risas con un poco de mas timidez -En una ocasion, cuando vivia en China intente subirme a un arbol de bamboo, pero me resbale y me gane un golpe muy parecido al tuyo- los hermanos rieron, guardandose la verdad. No era necesario que el invitado conociera esa parte de la historia.

Al final decidieron dar un paseo en la noche, Ivan acompañaria al chino a su casa. Pero el otro queria aprovechar para dar una vuelta en el parque, lugar que era como un punto intermedio entre las dos casas.

-Me gusta venir cuando esta vacio- menciono el chino corriendo al columpio y sentandose -De esa manera hay mas tranquilidad, no hay tantos niños gritando y corriendo de un lado a otro e incluso eres capaz de escuchar tus propios pensamientos- Ivan se sento a su lado, sin entender del todo sus palabras.

-¿Te gusta estar solo?- Yao sonrio, tomando vuelo e iniciando a columpiarse.

-Cuando sientes que tu mundo se viene a bajo, no esta mal escapar a un lugar tranquilo- menciono mirando el cielo estrellado. Ivan se quedo pensativo, bajando la mirada y posandola en su rodillas. Yao se detuvo y miro al ruso. -Pero, no esta mal compartir esa tranquilidad con un amigo- los ojos amatistas del ruso se iluminaron al escuchar esa palabras y contemplo anonado a Yao.

-S-somos... ¿amigos?- pregunto ilusionado y el otro inicio a reir, mientras con una de sus manos tomaba con fuerza la de Ivan.

-Claro que somos amigos, tonto- sentencio el chino -Y si algun dia tienes un problema no dudes en contarmelo, ten por seguro que yo te ayudare aunque me cueste la vida- los ojos de Ivan se abrieron de par en par, para despues reir mientras sus ojos se llenaban de lagrimas -¿Eh? ¿Dije algo malo? No llores Ivan, lo siento aru- se disculpo el chino, el otro se seco las lagrimas con la bufanda rosa que siempre solia traer.

-N-no es eso... es solo que... soy muy feliz...gracias- susurro abrazando con fuerza al chino, el cual se inicio a quejar a causa de la falta de aire.

-Bueno, debo irme Ivan, si llego mas tarde mi padre se molestara- el chino salio corriendo en la direccion contraria a la casa de Ivan, dejando a un ruso un tanto confundido sentado en el columpio. Se quedo pensativo, mientras otra sonrisa se dibujaba en su rostro infantil.

-Quizas... yo sea capaz de encontrar mi felicidad- susurro mirando las estrellas y suspirando -Hace frio... es hora de volver a casa- pero esa noche el no volveria.

Al salir del parque recibio un fuerte golpe en la espalda que le hizo caer al piso. Despues de eso alguien tomo las dos esquinas de su bufanda e inicio a axfisiarlo con ella. Recibiendo golpes con lo que parecia una tuberia de metal en todas partes del cuerpo. Su vista se volvio borrosa, forcejeando intentando poder respirar, pero el agarre era fuerte, sentia que en cualquier momento se desmayaria. Y antes de que la falta de aire lograra dejarlo inconciente, un golpe en la cabeza fue lo que le hizo dejar de pensar.

El rubio lloraba, sintiendo incomodidad por las esposas que ahora apresaban sus manos. Su ropa estaba cubierta de sangre, al igual que la de su hermano mayor, el cual miraba con odio hacia la nada. El silencio solo era rompido por el ensordecedor sonar de la sirena. Las luces rojo y azul se reflejaban en las gafas del baltico.

-¿H-hicimos... lo correcto?- susurro Raivis, posando la mirada en la ambulancia que se estaba llevando el cuerpo cubierto por una sabana blanca, notando los sollozos horrorizados de las dos mujeres sovieticas. Eduard ni siquiera levanto la mirada, ocultando sus ojos azules bajo el brillo de sus gafas.

-Toris hubiera querido que fuera asi-


Nuevo capitulo, en lo personal me gusto. Para evitar confusiones, se podria decir que esto es como 10 años antes de que pasara el episodio de Kiku, habla de parte del pasado de Yao, el final me quedo algo extraño pero a mi hermano macarron le agrado la idea de que los dos balticos hubieran decidido tomar venganza por su hermano mayor. Espero les gustara.

Agradecimientos especiales a: mi bella Lawli-pop, Merlina-Volturi, Meru-Nyan, Kitsune, Ux, mi estimada Faby-nan, SilverDawn, GoreHetare, Kurai Ikari, Paula Elric owo

Y a todos los demas lectores que se toman la molestia de leer mis extraños y desquiciados capitulos hasta el final nwn

Matta Neeeee