Nihaaaaao! yo de nuevo con mi super novato fic :$ Graaaaazie, enserio muchas gracias por sus reviews *w* Grazie a tomatopaasta, a Alyshaluz y a CakeCaroCake... espero (si aún siguen la historia) les gusten los siguientes capis :3
Espero también que a toooodos les guste este capitulo.. No sé.. tal vez tenga Ooc de algunos personajes (o de todos, no soy profesional D:) enserio si eso pasa lo siento muuuucho! no es mi intención D: ! Sin más preámbulos...
*Hetalia no me pertenece a mi, le pertenece a Himaruya Hidekazu... ¡GRACIAS, ÍDOLO! *
Capítulo III: Siguen los síntomas del pobre Yao
- ¿¡Qué-daze! ¡Hay que hacer algo…! No podemos dejarlo así-daze…
- Por supuesto que hay que hacer algo, Yong, no seas idiota.- Exclamó el hongkonés. Todos se sorprendieron por la reacción de su hermano, pero se entendía, pues, al fin y al cabo, y aunque nadie quisiera reconocerlo, él era el hermano mayor de todos.
- No es tiempo de alterarse, Xiao-kun. Toma a Yao-san en brazos y llévalo hasta su cama, por favor. Me encargaré de llamar al doctor. Mei-chan, Yong-kun, por favor preparen un paño con agua fría para poder bajarle la temperatura.
Así lo hicieron. El representante de Hong Kong levantó al chino y fue caminando hasta llegar a la cama de él. Ahí lo acostó bajo las sábanas y le soltó el pelo. Lo miró con lástima y le tocó la frente. Aún con fiebre.
- Resista, sensei… Ya pasará.- Le susurró mientras se retiraba de la habitación. Estaba muy preocupado.
Mientras Xiao se alejaba llegaron, Yong con un paño en sus manos, y Mei con un pequeño recipiente con agua.
- Ya estamos aquí, hermano-daze~ - Exclamó el del rulo, mojando el trapo en agua, para luego dirigirse a ponérselo sobre la frente al mayor.
A penas Yao logró sentir el contacto con el líquido completamente helado, reaccionó. Cerró los ojos más fuerte y movió su cabeza, con un gesto de dolor. Los fue abriendo de pronto hasta encontrarse con el sur coreano frente a él.
- Q-qué…- Intentó preguntar, mientras respiraba, entrecortadamente. Yong lo detuvo.
- Silencio, hermano. Tienes que descansar. Nosotros estamos aquí para cuidarte-daze…
- M-muchas gracias, Yong, Mei..- Dijo en un susurro, casi inaudible.- P-pero p-puedo continuar-aru… Hay que seguir con nuestra reunión familiar- Se sentó en la cama, y sonrió. Sus mejillas aún estaban sonrosadas por la alta temperatura.
- No sea idiota, sensei. Tiene que descansar para mejorarse. No es momento de pensar en reuniones familiares.- Esta vez fue la Taiwanesa quien intervino.
- Lo… lo siento-aru…- Continuó con su sonrisa. Entonces ingresaron a la habitación Honda Kiku junto con el doctor, Xiao los seguía de cerca.
- Xiàwǔ hǎo (Buenas tardes), jóvenes. Soy el doctor Ān Wei. Voy a pedir que se retiren de la habitación, por favor, para revisar al paciente.
Todos obedecieron. Salieron de donde se encontraban hace un momento y se quedaron afuera. El doctor cerró la puerta y se dedicó a revisar a Yao.
- Espero que no sea nada grave-daze.- Comentó Im Yong Soo, sentándose en el suelo, con la espalda apoyada en la pared.- De verdad estoy muy preocupado.
- No eres el único que lo está, Yong-kun.- Le respondió el nipón.
- Tal vez solo es un resfriado común.- Dijo Mei, intentando no demostrar tanta preocupación.
- No lo sé… Tenía demasiada temperatura como para que fuera un resfriado normal.- Fue, esta vez, la acotación de Xiao.
Estuvieron un buen tiempo esperando. El sur coreano tenía los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás, aún sentado en el suelo. Junto a él se habían sentado el representante hongkonés y la taiwanesa apoyados entre sí, que rápidamente se quedaron dormidos. Kiku se había mantenido de pie, esperando, igual de preocupado que los otros, los resultados que daría el doctor.
Después de una desesperante media hora de revisión por parte del médico, éste abrió la puerta donde se encontraba, dejando ver a un chino recostado en su cama, sudando, un poco peor de lo que estaba antes que sus hermanos salieran de ahí. Todos se acercaron rápidamente a Yao, quien, aún con una elevada fiebre, tenía los ojos abiertos.
- ¡Hermano! ¿Qué tienes? ¿Qué sientes-daze?
- T-tengo mucho f-frío.- Le respondió, el mayor asiático, temblando.
- ¿Doctor? ¿Qué pasó? Está peor que antes…- Le preguntó, Kiku, calmadamente al hombre, quien en realidad no entendía muy bien lo que había pasado.
- En realidad… es difícil de decir. No tiene síntomas normales, pero no podría decirle que enfermedad tiene, pues no lo sé con claridad. Le recomiendo le den mucha comida, para mejorar sus defensas y que esta enfermedad, aún desconocida, no lo ataque peor. Le di una pastilla extra fuerte para curar el dolor, no sé cuánto dure, pero si no mejora con eso habría que entrar a hacerle exámenes.
- ¡¿Cómo que no saben lo que tiene? – Reaccionó Xiao, sobresaltándose. Tomó al médico por el cuello de su camisa y lo levantó en el aire. De verdad la "mala calidad" de la medicina lo enojaba mucho. Extraño. Él no reaccionaba nunca así. Él era, más bien, alguien tranquilo, sereno. Pero no ahora. No cuando tal vez la vida de su hermano mayor estaba en peligro.
- ¡Xiao! – Exclamaron tres de los asiáticos que ahí se encontraban. El japonés se acercó para intentar calmarlo.
- Por favor, Xiao-kun, deja al hombre en el suelo… Sabemos que es muy duro. Todos estamos muy preocupados, pero hay que pensar que todo estará bien. Quizás, aunque no sea un resfrío común, tenga una cura y esté más cercana de lo que pensemos.- Al escuchar esto, el hongkonés recapacitó, dejando al doctor, quien era mucho más bajo en estatura que él, en el suelo. Éste se fue corriendo rápidamente.
- Perdón… No sé qué pasó conmigo.- Se excusó, para luego dirigirse a la cama, junto a Yao.- ¿Está bien, sensei? ¿Cómo se siente? Está sudando…
- Dice que tiene frío. Pero si lo cubrimos mucho podría enfermarse más-daze…- Le respondió el sur coreano.
- Gracias a todos.- Se le escuchó decir al chino.- Gracias por preocuparse tanto por mi-aru…- A penas alcanzando a terminar la oración tosió.
- No digas tonterías, sensei…- Respondió secamente Mei. Aunque no quería demostrar la preocupación, ésta igual afloraba por momentos.- es lo menos que podemos hacer luego de que tú… tú nos… tú…
- Lo que Mei-chan quiere decir, es que somos tus hermanos y no queremos que te pase nada… No tienes nada que agradecer.- Fue esta vez el nipón quien habló, sonriendo. No podía creer que había dicho eso frente a todos sus hermanos. Menos frente al mayor, quién, según él, aún no le caía cien por ciento bien. Si no mal recordaba, en la segunda guerra mundial estuvieron en bandos separados. Yao en los aliados y él en los del eje. Tal vez hasta eran completamente distintos. Pero… el chino lo quería mucho. Se preocupaba mucho por él. Tal vez ya era tiempo de que él le devolviera la mano…
Ya una semana va desde que Yao enfermó y ya era hora de que una nueva reunión mundial se realizara, esta vez en Alemania. Cómo la última reunión, tenían un poco de hambre. Muy pocos países habían logrado producir algo de comida (Léase Liechtenstein, Suiza, Alemania, Italia del Norte[con ayuda de Alemania], Finlandia, España, Italia del sur [con ayuda de España], entre otros), mientras que otros simplemente ya estaban desesperados. No sabían que hacer.
- Damos por iniciada la junta mundial. Asunto: Resolver el problema de hambruna en muchos lugares del mundo.- Comenzó Ludwig.- ¿Qué…
- Ve~ … Lud…- Interrumpió Feliciano.- ¿No crees que deberías pasar lista, o al menos esperar a que todos estén aquí…?
- ¿Feliciano? ¿A qué te refieres? – Preguntó el alemán. Era extraño, pero él estaba MÁS distraído que el mismo italiano. Era por el hambre, que, aunque ya se había calmado un poco, seguía muy presente.
- Pues… Es que faltan dos asiáticos, falta Francis, y mi hermano con Antonio.- Respondió.
- También, por aquí, falta el idiota de Alfred.- Dijo Arthur. Estaba sentado y con los brazos cruzados. No estaba de humor. Tenía mucha hambre.
Ludwig, entonces, se sentó.
- No puedo creerlo… ¿Cómo pueden llegar a ser tan, tan impuntuales? – se preguntó a sí mismo.
- Disculpe, Ludwig-san.- Era Kiku quien interrumpía la charla íntima que el rubio tenía para sí. Le hablaba desde su asiento.- Yao-san no podrá venir. Él… sigue enfermo desde la semana pasada.- Al terminar de decir esto, tosió.
- ¿Ah? ¿Qué? …Sí … está bien…
En la puerta aparecieron, extrañamente, los dos asiáticos que faltaban. Yao estaba enfermo aún, pero había ido, de todas formas. Todos se fijaron en la entrada. El chino no se veía nada de bien. Aún sentía frío, por lo que estaba muy abrigado. El sur coreano lo acompañaba, por si acaso Yao se debilitaba. En su cuello el asiático mayor tenía una extraña buba* en el cuello. Solo una, pero que le causaba mucho dolor si se la tocaban, por lo que la tenía oculta. Tosió para luego comenzar a hablar.
- Lamentamos el retraso ¿Somos los últimos en llegar-aru? – Preguntó, intentando esbozar una sonrisa. El sudor corría por su frente y, aún luego de una semana, tenía las mejillas sonrojadas.
- ¿¡Yao-san! – Exclamó Kiku, levantándose de su lugar y dirigiéndose hacia él.- ¡Deberías estar descansando!
- No te preocupes, Yao.- Contestó el alemán, interrumpiendo la pregunta del japonés.- Aún faltan representantes. Adelante.
- Yong-kun ¿Por qué lo has dejado venir? – Le preguntó esta vez el nipón al sur coreano.
- Yo… no quería que viniera, pero él insistió. No me quedó otra opción más que acompañarlo-daze.
- No podía faltar a tan importante reunión, Kiku… Es importante que resolvamos esto antes de que pase cualquier cosa-aru…- Respondió el representante de china. Volvió a toser mientras se iba a su lugar, junto con Yong.
En el pasillo, de pronto, se escuchó una risa. Una muy conocida risa. Apareció, entonces, por la puerta el estadounidense.
- ¿Y tú? ¿Por qué vienes tan feliz, idiota? – Se le escuchó preguntar al inglés, con los brazos cruzados, aún, y el ceño fruncido.
- Yo…- Comenzó Alfred.- ¡Tengo un gran secreto! – Gritó emocionado. A nadie realmente le importaba el secreto que Jones tenía para contarles…aún…
El rubio se sentó junto a Arthur.
- ¡Hey! ¡Hey, Arthur! ¿Quieres saber mi secreto? ¿Quieres?
- No me interesa saberlo, hamburguesomaniáco.
- No me digas… Ya verás, Arthur.- Le advirtió el estadounidense- … ¿Estás seguro que no quieres saberlo? – El inglés respondió dándole la espalda.
Por otro lado se veía a Iván acercándose a Yao para hablarle.
- Yao~ ¿Te sientes muy mal? – Le preguntó el ruso.
- N-no mucho… Al-al menos puedo estar e-en pie-aru.- El chino estaba temblando. El ruso le daba miedo. Su sonrisa, su "acoso", su… su… ¡Todo de él! Iván le puso su mano en el hombro del asiático y este comenzó a temblar mucho más.
- Si quieres puedes ir a mi casa luego de la reunión… Ahí te podría cuidar y así cuando te mejores podrías… podrías ser uno conmigo, da~? – Le preguntó con un tono aparentemente inocente y su sonrisa aún presente en su rostro. Esa tétrica sonrisa.
- Y-yo…
- ¡Oye, Iván! Deja en paz a mi hermano-daze. Sus regiones vitales son mías-daze.- Exclamó Yong. Estuvo a punto de agarrar el pecho de su hermano mayor, pero se resistió. Debía recordar que estaba enfermo.
Otra vez, y sin que su conversación los llevara a ningún lugar, la entrada principal captó la atención de todos. Esta vez la causa era un grito que nuevamente venía desde el pasillo.
- ¡CHIGII~! – Luego de ese grito se escuchó un golpe. Al reconocer la voz, Feliciano se levantó enseguida, preocupado por su hermano.
- ¡Francis! ¡No hagas eso con el pobre Lovino!
- ¡Solo quería saber que era lo que pasaba si se lo tocaba! – Se le escuchó decir al francés. Todos abrieron mucho los ojos. Tratándose de ese pervertido cualquier cosa era posible. Se escuchó otro "CHIGII" por parte de Lovino y luego un gran golpe en la pared.
- ¡Te dije que dejaras de tocarle su rulo, Francis!
Aparecieron los tres en la puerta. El rubio francés estaba muerto de miedo mirando al español, quien sonreía con su resplandeciente sonrisa de siempre. Al hombro traía un hacha que, al parecer, había sido usada recientemente. Casi escondiéndose tras él estaba el sur italiano quien, con los brazos cruzados, miraba con ira al francés.
- Lamento nuestra tardanza. Hubieron ciertos… inconvenientes cuando veníamos de camino.- Miró a Bonnefoy frunciendo el ceño, pero sin borrar su gran sonrisa. Cada uno fue a tomar el lugar que le correspondía.
- Ya nadie más falta… AL FIN – puso énfasis en esta última palabra.- podemos comenzar nuestra reunión…- dijo el alemán.- Comencemos con lo más importante ¿Alguien tiene alguna solución para el problema de hambre mundial, que muy pocos países han logrado resolver por un corto lapso de tiempo?
- ¡Yo, THE HERO, les revelaré mi tan ansiado secreto! – Exclamó Alfred mientras se levantaba. A su vez, Ludwig se sentaba en su puesto. Ya estaba muy cansado para contrariar al estadounidense.
*La buba es un infección causada por la bacteria en forma de espiral (espiroqueta) llamada Treponema pertenue
wuuup al fn :$ chananana ! ¿Ven que Yao no está tan mal? solo ... tiene mucha fiebre .. y le salió una buba ._. peeeeeeero .. emm .. no.. no adelantaré nada :O!
¿Cuál será la solución que dará Alfred F. Jones? chanana!
Yao: ¡Yo lo sé-aru!
Fabi: ¡SHH! $:
¡Grazie por leer!
