Nihaao... soy yo de nuevo actualizando :3 perdón por la demora, y por lo cortito de este capi ... me costó mucho que salera D: y es que estoy haciendo otra historia para el cole sobre humberstone... jujuju es que sí... fui al Viaje de estudios y tengo que hacer un relato sobre eso.. y adivinen de que lo haré :$ de ... HETALIA! a ver si luego de salir de la fecha de entrega lo subo por aquí *-*! por cierto! Grazie por toooodos los reviews *-*! y también a los Favoritos y las alertas :$ eehm Sisi.. aunque no me den reviews igual gracias por leer :$

Sin más preámbulos, y como siempre,

*Hetalia no me pertenece a mi, le pertenece a Himaruya Hidekazu... ¡GRACIAS, ÍDOLO! *


Capítulo V: No solo Yao está afectado.

Otro día llega. Los rayos del sol entran por la ventana y golpean el rostro de un austriaco que dormía junto a su esposa húngara con la que había tenido ciertos desacuerdos desde su primera boda*, por lo que se habían separado y vuelto a casar después de un tiempo. Aunque tuvieran discusiones y problemas no se podían separar. Se amaban demasiado. El hombre fue el primero en despertar, miró a la chica y quedó embobado con su belleza.

- Jó reggelt (Buenos días), señor Edelstein.- Lo saludó Elizabeta, sonriendo.

- Buenos días, señorita Héderváry.- Respondió él, esbozando una sonrisa, que fue seguida por un corto beso en los labios.

Roderich, entonces, se sentó en el borde de su cama y se puso sus anteojos. Enseguida sintió un fuerte mareo que iba acompañado con un dolor de cabeza. Éste era muy leve, pues recién estaba comenzando. También sintió un pequeño escalofrío en su cuerpo que hizo que temblara por completo. Se veía pálido. Se tomó la cabeza mientras apoyaba los brazos en sus muslos.

- ¿Te sientes bien? – Le preguntó la húngara, abrazándolo por detrás.

- Me dio un pequeño mareo momentáneo, pero ya estoy bien.- Dijo él sonriendo mientras se levantaba.- Iré a darme una ducha.- Tomó su toalla y se dirigió lentamente hacia el baño.

- Se veía muy mal… Espero que no lo esté tanto…- Se dijo a sí misma, con un gesto de preocupación en su rostro.

Más tarde, y luego de haber tomado un pequeño desayuno que consistió en un Kaiserschmarren (mucho menos elaborados por la escases alimenticia) y un té, el austriaco se dispuso a hacer su mayor hobbie y pasión. Tocar el piano. Interpretó en él la tan conocida melodía de Chopin, "Nocturne", pero ésta no salía tan fluida como siempre y no todas las teclas que intentaba tocar sonaban. Tan débil estaba que no lograba si quiera tocar música. Apoyó sus codos en las teclas, que sonaron desordenadas, y su cabeza sobre sus manos. Elizabeta fue corriendo hasta el salón del piano, preocupada por ese extraño ruido, que no era normal en su esposo.

- ¿E-estás… bien? – Preguntó, acercándose. Levantó el rostro de él y abrió mucho los ojos.- ¡Estás muy pálido! ¿Te encuentras bien? – Volvió a preguntarle mientras tocaba su frente.- ¡Estás hirviendo! Deberías desc…

- Estoy bien. Solo tengo un poco de frío y mareos.- Interrumpió, sonriendo, entretanto se levantaba del asiento del piano.- Pero tienes razón… Descansaré un poco.

- Te llevaré un poco de té a la cama.- Dijo la chica, ayudándolo a ir a recostarse.


Mientras todo esto pasaba en la casa austrohúngara, en Inglaterra la cosa no estaba mucho mejor.

En su hogar se veía al rubio de cejas pobladas recostado en su cama, con las sábanas hasta el cuello. Sus mejillas estaban sonrojadas por la fiebre. Tenía los ojos cerrados y le costaba respirar. Entonces llamaron a la puerta. Atendió el mayordomo.

- Good morning, Steve! – Exclamó el auto invitado entrando sin permiso a la gran casa.

- Sir, my name is Stewart, no Steve.- Lo intentó corregir. El Americano lo miró con cierta indiferencia.

- Well… ¿Dónde está Arthur?

- En este momento él está acostado, pues está enfermo… Si desea dejar un mensaje yo con mucho gusto podría…

- No te preocupes, Steve, entraré a verlo en persona.- Dijo con una enorme sonrisa. Se acomodó a Texas y entró al cuarto donde el inglés se encontraba.

- ¡Que mi nombre es Stewart! – Musitó el mayordomo entre dientes mientras seguía a Alfred.

- GOOD MORNING, ARTHUR! – Exclamó, ignorando al hombre que lo seguía, cuando llegó junto al caballero inglés, quien hasta ese momento había estado durmiendo.

- Hmm… - Hizo un ruido extraño, abriendo sus ojos y encontrando frente a él al estadounidense.- Alfred… good morning…- Dijo amablemente intentando esbozar una sonrisa.

- You look so… sick… Are u ok? – Le preguntó el de lentes. Su sonrisa ya había disminuido, empezando a crecer en él cierta preocupación. Lo que más intranquilidad le daba era que, cuando el inglés se enfermaba cambiaba completamente…

- Stewart… Ve a conseguir café para Alfred, por favor.- Pidió con amabilidad y algo de dificultad.

- En seguida, señor Kirkland.

Cuando el mayordomo se retiró los dos rubios comenzaron a hablar.

- ¿Qué te pasa hoy, Arthur? Estás… rojo… No te ves nada de bien.

- Y-yo… me temo que Yao me ha contagiado… Mira lo que me ha saldo hoy aquí.- Dijo indicando su cuello, casi en el mismo lugar donde el chino tenía su primera buba.

- Shit… Eso es … asqueroso.- Exclamó el norteamericano.- ¡Pero yo tengo algo que puede ayudarte a mejorar! – Gritó nuevamente, buscando algo en un bolso que traía. De él sacó su nuevo invento. La hamburguesa sintética.

Su olor enseguida hizo que Arthur se mareara más, hasta el punto de quedar inconsciente con la respiración entrecortada.

- Esto… ¿Arthur? ¿Estás bien? – Le preguntó con los ojos bien abiertos.- Hm… Qué extraño… siempre que estoy enfermo una hamburguesa hace que mejore en segundos…- Se dijo a sí mismo, extrañado. Entonces entró Stewart, el mayordomo.

- ¡Señor Kirkland! ¿Qué le ha pasado? – Gritó, desesperado.

- I don't know… Solo quise darle una hamburguesa para que se mejorara, pero creo que no ha funcionado…- Al terminar de decir esto el americano se empezó a comer el alimento mientras observaba a un inconsciente inglés reposar en su cama.

Sorpresivamente el timbre sonó repetidas veces. El que trabajaba para el rubio fue a abrir. Alfred quería saber quien importunaba ese día… no es que fuera de vida o muerte saberlo… era simple curiosidad. Entonces comenzó a escuchar con atención.

- Buenos días, señor. En estos momentos el señor Kirkland no lo puede atender. Vuelva en otro momento, por favor.

- ¿¡Qué! ¿Cómo dices que vuelva en otro momento? Estoy seguro que querrá verme. Abre el paso.- Dijo la voz. En un segundo el hombre ya se encontraba ahí, atravesando el marco de la puerta.

- Francis… What are u doing here? – Le preguntó el de lentes con un rostro de duda.

- Venía a ver a mi amigo anglaise para molestarlo pero… ahora que veo que está… ¿Dormido? Creo que… - Le explicó el Francés mientras se acercaba al caballero inglés y le tocaba la frente.- …Al parecer tiene mucha fiebre…- Dijo con sonrisa pervertida, bajando las manos por dentro de las sábanas.

- ¿F-francis? What the hell are u doing? – El estadounidense se sorprendió (no es que fuera raro en el Frances) e hizo lo primero que creyó conveniente. Se lanzó sobre él y comenzó a golpearlo, cayendo ambos al suelo.


* Hace referencia a la unión del imperio Austrohúngaro el año 1867.


Lo sé, lo sé, está un asco D: pero .. es que ... no solo el pobre Yao tenía que sufrir... No quiero decir que quiero que sufran D: (salvo Gilbert, que mientras más sufra...*risa malevola* (6))

Yao: ¡Heeeeeeey! Que injusto-aru! en este capi no he salido *puchero*

Fabi: Peero Yao! Si has aparecido en casi todos los capis :c ! Además no quería seguir haciendote sufrir.. :c

Yao: ... ta bien-aru ... mejor vamos a comer algo de comida china a mi barrio chino aquí-aru! n_n

Adiós! Grazie por leer... nos estamos leyendo! n_n!