Nihaoo~! tanto tiempo ! waa es que he estado bien ocupada entre cole (estoy a punto de repetir el año ._.) y además he estado intentando hacer otro fic de hetalia :3 pero .. ps.. no me sale .. es bien extraño x3 ! algún día lo subiré :3 buenoo ! aquí les dejo el 6to capi :3 ME COSTO MUCHO QUE SALIERA ! D; pero aquí lo tienen :3

Sin más preámbulos.. *Hetalia no me pertenece a mi, le pertenece a Himaruya Hidekazu... ¡GRACIAS, ÍDOLO! *


Capítulo VI: Más problemas con la maldita enfermedad.

Yao yacía acostado en su cama, durmiendo, mientras Yong Soo estaba sentado en el borde de la cama, mirándolo con lástima, esperando que su hermano mayor abriese los ojos. Estaba muy preocupado. El día anterior no había sido la primera vez que se había desmayado, y eso no era señal de nada bueno.

El chino se giró en la cama, emitiendo un pequeño sonido desde su garganta, y abrazaba a un pequeño peluche de Hello Kitty.

- Hm~ Shinatty-chan…- habló entre sueños, abrazando aún más a su Hello Kitty y sonriendo de lado.- Gracias a ti mis hermanos por fin… por fin vuelven conmigo-aru~

Yong Soo se quedó de piedra. Unos restos de lágrimas brotaban de sus ojos.

- Hermano…- Dijo suavemente, apoyando la mano en su hombro y entrecerrando los ojos.- Jeongmal joesong haeyo... (Lo siento tanto...)

En ese momento entró el japonés con una taza de té en las manos. No se dio cuenta que Yao estaba dormido, por lo que exclamó:

- ¡Kon'nichiwa, Yao-san! Te he traído…

- Shh~ ¡KIKU! Nuestro hermano está durmiendo-daze~! – Susurró el sur coreano, interrumpiéndolo y haciendo que el japonés bajara la voz.

- Oh… Sōrī… ¿Cómo sigue él, Yong Soo?

- No ha despertado en todo este tiempo, pero al menos se mueve, respira… así que … bueno… no está m-muerto… - Ahí fue interrumpido por un gemido de dolor de su hermano mayor. Luego abrió los ojos, mientras hablaba despacio.

- Agh… Creo que me… me duele-aru…

- ¿Qué…? ¿Qué te duele-daze? – preguntó el del rulo, preocupado. Al mismo tiempo de preguntar, él y Kiku se acercaron más a la cama donde se encontraba el mayor de los asiáticos.

- B-bajo el brazo-aru….- tartamudeó con dificultad.

Apenas dijo esto, el nipón le levantó el brazo, le removió la manga y observaron, junto con Yong Soo, una nueva buba que había salido ahí, mientras Yao puso un gesto de dolor.

- Esto no se ve nada de bien… ¿Hay otro lugar que le duela, Yao-san?

- T-todo el t-torso…- Le dijo, con ojos cerrados y respiración entrecortada.

- ¿Todo-daze? – Exclamó Yong, preocupado. Con Kiku lo sentaron en la cama y, aún con la resistencia del chino le sacaron su Qipao, dejando al descubierto el torso desnudo del representante de china, lleno de cicatrices, hechas en las batallas, y de bubas. El japonés se quedó mirando una cicatriz, una gran cicatriz profunda, que se encontraba en medio de su espalda. Le traía recuerdos. Muy malos recuerdos. Se quedó pensando en esa marca ¿Enserio él había hecho eso? … Por mucho que lo odiara no se creía capaz de hacer semejante cosa a nadie, menos al que alguna vez fue su hermano mayor… quien lo ayudó a progresar para que luego siguiera solo y creciera aún más.

- ¡Kiku! ¡Necesito ayuda aquí-daze! – Gritó el sur coreano, a quien se le iba cayendo de a poco el cuerpo de Yao (Ya que no se podía sostener solo por lo débil que estaba), sacando de sus pensamientos al representante de Japón.

- Oh… ¡Lo siento! – Dijo éste, volviendo a sujetar al mayor.

- ¿Qué haremos-daze?... Ni siquiera están Xiao ni Mei para ayudarnos, llamar al doctor no sirvió de nada y no somos expertos para tratarlo nosotros… pero esas cosas no se ven nada de bien-daze…- Dijo Yong, indicando las bubas.

- … - Kiku se quedó meditando un pequeño lapso de tiempo. Luego volvió a hablar.- ¡Tengo una idea!


- Muchas gracias.- Dijo el austriaco mientras recibía el te traído por su mujer. Tomó un sorbo y comenzó a toser.

- ¡Roderich! ¿Estás bien? – Preguntó Elizabeta con gesto preocupado.- ¿Acaso el té está malo?

- Nada de eso, querida… es solo que… no me siento muy bien. Creo que dormiré un poco…- Le avisó, dejando la taza de té a un lado y acomodándose en la cama.

Se durmió enseguida, olvidando sacarse los lentes haciendo que la húngara los removiera de su rostro con cuidado. Lo miró con lástima al saberlo tan enfermo. No le gustaba verlo así. Tenía que hacer que se mejorara y así escucharlo tocar piano como siempre. Oír esa bella melodía la tranquilizaba. La hacía recordar que, después de muchas peleas y problemas, al fin estaba con el amor de su vida.

Se retiró en dirección a la cocina. Era ya casi hora de almuerzo y el hambre comenzaba a manifestarse en su estomago. Luego de prepararse un plato de coles rellenas se sentó en la mesa sola para comer. Le había preparado un plato a Roderich por si acaso despertaba éste con hambre. Entonces escuchó de pronto un pájaro piar.

- ¡Shh Gilbird! ¡Nos descubrirá! – Oyó la húngara. Más que un susurro eso había sido un grito. Elizabeta adivinó enseguida de quien se trataba, por lo que se asomó a la ventana con un sartén en la mano y lo levantó en señal de amenaza.

- ¿Qué haces aquí, Gilbert? Si vienes a molestar a Roderich te advierto que te vayas de una vez si no quieres que te golpee con mi sartén…

- N-nada de eso… Eli… - Le contestó él, levantando sus manos con "inocencia".- Si me dejas pasar te lo explicaré todo.

La húngara se quedó pensando unos momentos, dubitativa, pero luego de una lenta inspección del prussiano, lo dejó entrar.

- Por poco y mi awesome rostro queda destruído en mil pedazos por su sartén…- Le susurró el de ojos rojos a su fiel pollito, Gilbird. Justo cuando se iba a sentar vio el plato que estaba servido con la comida de Rode, lo cogió y siguió su camino hasta sentarse en su silla y comenzó a comerse las coles.- Entonces, Eli… ¿Qué es de tu vida?

- Esa no es pregunta que necesite respuesta ¿O si? Supongo que sabrás por qué… no te lo tengo que explicar… ¿No?

- …- El prussiano se quedó pensando un momento. La verdad es que no fue una buena idea preguntar eso, al ser tan notorio.- Entiendo, entiendo…

- ¿Qué necesitas, Gilbert? – Le preguntó ella, molesta al ver que el de ojos rojos se comía lo que, con tanto amor, le había preparado a su esposo, pero no le dijo nada.

- El asombroso yo ha venido a ofrecerte alojamiento en casa de West, por si es que no te quieres contagiar con esa extraña enfermedad que tiene el señorito… ¿Aceptas? – él se acercó más a ella, intentando "seducirla" ¿Cómo su querida húngara se iba a quedar donde rondaba un aura mortífero en el cual de seguro, si seguía ahí, ella también se contagiaría? No podía permitirlo.

- ¿Acaso estás loco? ¿Cómo es que voy a dejar que mi esposo se quede solo aquí, con un resfriado del que apenas se conoce? ¿Y si le pasa algo y no estoy aquí para ayudarlo? Jamás me lo perdonaría…

- Hmm… insisto en que vengas con el asombroso yo… Imagínate el señorito se muere y tú…

- ¡NO DIGAS ESO NI EN BROMA! – Gritó la húngara, dándole con el sartén de lleno en la cara.

- P-pero… - Intentó decir mientras se frotaba la cara por el dolor.- … ahm… nada…


aaaaaaaaagh ya lo sé ! quedó un asco ! :c es que .. mi estado me impedía escribir bien .. pero juro que el próximo será mejor :C !

lamento todo D: y bueeno .. espero que me sigan leyendo, no? :c!

Yao: waa.. con todo lo que tardaste en hacer este capi no sé si alguien aún siga leyéndote-aru ¬¬

Fabi: Yaao! eso no me da fuerzas para seguir escribiendo :c

Adiós, y nos leemos pronto :3