Nota de la autora: No mentiré. Me está costando uno entero y la mitad del otro encontrar la inspiración necesaria para escribir este fic. Necesito leer algo que me saque a Jaime Lannister, Robert Baratheon y Sandor Cleange de la cabeza. ¿Alguna sugerencia?
Muchísimas gracias por su paciencia, comentarios, y de antemano, su lectura. Ustedes hacen que todo este delirio de verdad valga la pena.
Una colosal disculpa por la tardanza :(
Disclaimer: los personajes son propiedad de JK Rowling. El resto, es mío.
Soundtrack : Escrito mientras escuchaba: 'Donne moi le temps' de Jenifer y 'Savin me' de Nickleback.
...
.
...
"APAGA LA LUZ"
...
.
.
Capítulo III
.
...
Llevas despierta ya un tiempo.
Y él sigue aquí.
Anoche, después de … bueno, eso, él apagó las luces y ambos quedaron revestidos entre oscuridad.
Te pareció absurdo (y vergonzoso) decirle que no puedes dormir con la luz apagada. Desde que dejaste de compartir habitación y supiste lo que es la guerra, te es imposible tanta soledad e incertidumbre.
Inclusive, algunas noches, extrañas un poco los cuchicheos de Parvati y Lavender que te hacían de canción de cuna.
Mientras no te mueves, con tu cabeza apoyada sobre su pecho, escuchas el tamborileo regular de su corazón.
Un pum pom constante e incesante, que de alguna manera te hace sentir más valiente.
No rodarás los ojos por lo absurdo que eso suena en una defensora tan aguerrida de Gryffindor.
Dormiste con la luz apagada, aferrada a su cuerpo, y por unas horas de inconsciencia, olvidaste lo bueno, lo malo, las complicaciones y lo que te esperaría cuando despertaras.
Olvidaste el mierda de amigos, olvidaste la peor mañana que hasta ayer has tenido, el vestido, tanto enredo, una mudanza que ni siquiera prometiste y tus ganas de gritar y preguntar qué demonios está pasando aquí.
Y ahora, que llevas despierta ya un buen rato, sabes que él está despierto también.
Ninguno dice nada.
No quieres romper el silencio. Un hechizo de paz, que pareciera tan ajeno y estando en realidad así de cercano, se siente demasiado bien.
Otros diez minutos y ya, prometes.
Te concentras en sentir su piel contra la tuya, tibia, firme, agradablemente suave. Por tu pequeña ventana se nota el cielo empezando a pintarse de un azul menos oscuro, y te das el lujo de escuchar otro poco ese pum pom hipnotizante que late desacorde al tuyo.
-Buenos días- finalmente susurras.
Para qué te engañas, nunca has podido ser de las que se quedan calladas cuando deben.
-Buenos días- su voz pareciera de otro tono más grave, y áspera, de cuando estás ronco y acabas de despertar.
No puedes evitar sonreír al escucharlo -¿Dormiste bien?-
-Para una cama tan pequeña, no ha estado tan mal-
Frunces el ceño.
Dejas de sentirte cómoda, porque no sabes cómo interpretar eso. Así que te levantas de la cama y procuras no voltear a verlo.
-¿A dónde vas?-
Diriges tu mirada hacia él. Y lo ves ahí, sobre tus sábanas, invadiendo prácticamente cada pequeño rincón del colchón.
Te das cuenta de que, la cama en realidad sí es bastante pequeña para él y aún más para ambos.
¿Qué tan tonta te sientes ahora?
Apenada, terminas de ponerte una blusa de algodón verde e ignoras estas cosquillas en el vientre bajo.
Él no ha dejado de mirarte todo este tiempo y te gusta que lo haga. El problema es, ¿y si no le gusta lo que está mirando?
Concluyes, mientras disimuladamente recorres sus brazos con tus ojos desmoralizados, que si no lo besas ahora mismo, bien puedes arrojarte desde un balcón hacia la inmensidad lóbrega de un vacío sin final y no habría mucha diferencia.
De acuerdo.
Eso ha salido un poquito exagerado.
Pero realmente quieres volver a esa cama que está a punto de explotar demográficamente, besar su pecho y repetir de nuevo ese buenos días.
O besarlo en los labios. Aferrarte una vez más a su torso desnudo.
-Voy a prepararnos un poco de té- contestas en su lugar, y por un momento crees notar que él sonríe.
Te preguntas dónde ha quedado esa famosa valentía tuya y sales casi despedida del cuarto.
...
.
...
Preparar el dichoso té pareciera más difícil de lo que normalmente se supone que es.
¿Le gusta con azúcar? ¿Cargado? ¿Con leche o crema? ¿De manzanilla o limón?
¿Y si prefiere el café?
Maldita sea, aparte de frustrada, eres consciente por primera vez que tu cabello es un desastre, no te has lavado los dientes y sigues sin saber si deberías o no poner un par de rebanadas de pan tostado en la bandeja.
Menos mal no lo besaste con aliento matutino de dragón sueco de hocico corto.
Te tomas un pequeño vaso de jugo frío, esperando que refresque tu garganta, y mientras el agua termina de hervir, pasas tus dedos repetidamente sobre tu cabello, intentando peinarlo un poco.
-¿Todo bien?-
Volteas sorprendida.
Él está en tu cocina, usando tan sólo sus pantalones y la presión arterial se te ha subido un par de unidades.
-Sí, claro- medio sonríes y te diriges de nuevo al ardua tarea de preparar dos tazas de té.
Ginny comentó alguna vez que en la cocina el sexo es bastante bueno y más aún por las mañanas…
De reojo notas que él te está observando, con los brazos cruzados a la altura del pecho y el cabello todo desordenado.
-¿De qué sabor lo prefieres?- le preguntas sin voltear a verlo, mientras viertes el agua caliente en dos tazas.
-Negro-
-¿Azúcar?-
Te sorprende la profundidad de esta conversación por la mañana. Lo notas asentir.
Cuando por fin está listo, llevas la taza a tus manos y se la ofreces. Él te mira de una forma extraña.
-¿Por qué no usas tu varita?- te pregunta, con un tono que casi suena acusador.
-Preparar el té no es tan difícil- le contestas extrañada –Y me gusta hacerlo así-
Él asiente, aceptando la taza. Pero ahora estás segura que ese aire de desaprobación en su rostro no te lo estás imaginando.
-¿Tiene algo de malo?- cuestionas ya algo molesta.
Él se lleva la taza a los labios y tú haces lo mismo.
-Naciste bruja- por fin responde después de un gran sorbo–Llevas media vida defendiendo el derecho que tienes de usar la magia con la que tuviste suerte de nacer- baja un poco la taza y te ve con esos ojos tan fríos –Tú y tu clase ganan una guerra por ese derecho, ¿y ahora ni siquiera puedes preparar una simple taza de té con la varita?-
¿Suerte?
¿Tú y tu clase?
-Vaya, para ser un mortífago exonerado, tienes unas ideas de lo más encantadoras-
Él ríe seco –Y ahí vamos, a defenderse con lo mismo de siempre- coloca su taza sobre la pequeña mesa de enfrente- Dime, si eres una bruja y te consideras parte del mundo mágico, ¿por qué sigues viviendo como un muggle?-
-Porque es parte de mi cultura, Malfoy- a ti también se te han quitado las ganas de seguir tomando té –Uno simplemente no puede borrar por completo la forma, el contexto, con el que ha nacido y fue criado-
Él levanta la ceja y aguarda en silencio.
Y entiendes su punto.
Para ser una serpiente prejuiciosa y elitista, admites que él tiene un poco de razón en esto. Pero solo un poco.
-Yo también nací con prejuicios- le argumentas –Toda mi infancia viví bajo los conceptos de que la magia no existe, la ciencia ante todo y que los hombres nacemos iguales- abandonas por fin la taza y también decides cruzarte de brazos –No por eso establecí un reino de terror y me uní a la causa de un regicida-
Él sigue mirándote impasible.
Meneas la cabeza frustrada y comienzas a lavar las dos tazas, a lo muggle, con toda la intención de exasperarlo –Además, si tanto te molestan los muggles, ¿por qué has aceptado casarte con la hija de unos?-
-Hasta donde yo sé- su voz sigue igual de fría –Me casé con una bruja-
Ignoras el naciente soplido en tu pecho. Terminas de lavar las tazas en silencio y agradeces no haber roto ninguna de tan fuerte que las has tallado.
-Te has casado con una bruja, Malfoy- le aseguras, con las manos ya secas –Pero sigo siendo hija de mis padres y viviré como a mí me venga en gana-
Te mira de esta forma que en definitiva, no se parece a la forma en que te miraba el hombre con que dormiste anoche –Y yo soy hijo de los míos- lo ves torcer la boca -Tampoco esperes nada diferente-
...
.
...
Es fácil suponer lo que sucede después. No sabes si estás enojada, frustrada, triste o simplemente muy enojada, como hace mucho no lo habías estado.
Ni siquiera te dignas a mirarlo. Entras al baño, te encierras y tomas una ducha de lo más larga. Esperas que él sepa lo que es una indirecta, la muerda, se atragante y salga de tu casa antes de que tú acabes de bañarte.
Maldices, porque la parte cursi e irrealista en ti se quedó sin su beso de los buenos días y con dos tazas de té desperdiciado.
Y vamos, estás intentado ser lo más ¿comprensiva? posible. Claramente, si te mudas con él, no podrás preparar tazas de té como normalmente las preparas, y de paso, te ahorrarás todo eso de la higiene personal y no irás sin la varita ni al baño.
¿Conclusión? Tu querido esposo puede meterse su mansión, el matrimonio y lo que le quepa por donde se pueda, porque tú no te mudas y tú no vas a dejar de prepararte el té como los de tu clase, con guerra ganada o no.
De pronto te sientes más valiente y sales de la ducha antes de que termines hecha fruta seca. Te secas y envuelves en tu toalla favorita, una color carmesí, que es más grande que tu colcha de cama.
Eres Hermione Granger, orgullosa hija de muggles y no necesitas tonterías ni besos de los buenos días ni nada de nada.
Por fin sales del cuarto de baño y, por Merlín, que el cielo en definitiva no está de tu lado esta mañana.
-Sigues aquí-
-Qué observadora-
Maldito, ¿quién se piensa que es?
Tendrás que ser más clara con tus indirectas la próxima vez que lo quieras fuera de tu casa, tu vista y de paso, tu cabeza.
Observas que él se toma muy en serio lo de los hechizos sanitarios. Luce inclusive, mejor aseado que tú y hasta ya vestido y peinado.
No dices palabra. Enfrascándote en la tarea de buscar la ropa que te vas a poner y aferrar firmemente la toalla sobre tu cuerpo, recorres la habitación silenciosa.
-Así que, cuando te enojes, ¿debo esperar este tipo de reacciones?-
Y ahora, ¿hasta se atreve a encasillarte? –No estoy enojada- mientes de lo peor –Y sean cual sean mis reacciones, no son de tu incumbencia-
Aunque no lo estás viendo, puedes sentir cómo se acerca un poco -Por supuesto que lo son, sobre todo si vamos a vivir juntos-
Volteas y cínica, levantas la ceja derecha lo mejor que puedes -¿Y quién dijo que vamos a vivir juntos?-
La mueca furibunda que se dibuja en su rostro no tiene precio –Anoche…-
-Anoche- lo interrumpes, con la toalla aún más aferrada entre tus dedos –Te pedí que te quedaras, pero nunca dije nada acerca de mudarme a ningún lado-
Y ahora, él se acerca tanto, que otra vez te sientes pequeña –No pienso volver a pasar otra noche en este jodido lugar-
¿Pequeña? Sí, pero una cabreada –No te preocupes- y le sonríes –Yo tampoco pienso que vayas a hacerlo-
-¡Con una mierda!- de acuerdo, enojado intimida un poco –No me vengas con tonterías, te vienes conmigo y punto-
Malditas piernas que se te están haciendo gelatina –No- alcanzas a articular.
De pronto es silencio.
Uno largo, incómodo y rebanable.
-Eres mi esposa-
Vaya, qué informativo –Lo sé, yo también estuve en la boda- ¿por qué de pronto te has vuelto tan hostil?
-Hermione…- lo oyes suspirar, como cansado y frustrado –Dejémonos de estupideces, eres mi esposa y tienes que venir a vivir conmigo-
¿Tienes? ¿Debes?
Tú también ya estás un poco cansada –En el contrato no se especifica que vivir juntos sea algo obligatorio- y se lo has dicho tranquila, sin querer sonar a necia sin motivo –De verdad, no creo que sea una buena idea-
-Todos los matrimonios- te sisea -Viven bajo el mismo techo- otra vez ese tono, de gendarme sin ejército.
-Pero nosotros no somos como los otros matrimonios- odias esta sensación de sentirte tan desnuda, y no precisamente porque solo llevas puesta una toalla encima –Odio repetirme tanto, pero realmente no nos conocemos-
-¿Y?- él se aleja un poco y de pronto, lo quieres cerca otra vez –Mis padres apenas y habían cruzado dos palabras cuando fueron prometidos, no veo cuál es el puto problema-
-¡Pero son otros tiempos! ¡Tú y yo somos demasiado diferentes!- por poco y se te cae la toalla.
-Si dices que no me conoces, ¿cómo puedes estar tan segura?-
Bufas exasperada -Eres imposible-
-Tú tampoco eres de lo más cooperativa- y te da ese gesto otra vez, una mueca que se va de lado.
Maldito, que no siga, o perderás la poca cordura que te queda. Recuerdas que estás en esta pequeña habitación, sin mucha ropa cubriéndote y un esposo diminutamente razonable enfrente tuyo.
-No voy a mudarme contigo- le repites, por ya no sabes qué bendito número de vez, dirigiéndote al baño.
El arte de la fuga se te está dando cada vez más bonito.
-Eso ya me ha quedado claro- y por supuesto, porque el cielo realmente no está de tu lado este día, vez a tu valiente huida bloqueada por su estúpida, y Merlín te ayude, su casi irresistible anatomía –Pero realmente no creerás que voy a permitir que mi esposa ande por ahí, viviendo sola y en un barrio muggle-
Y otra vez con los muggles.
-¿Por qué te importa tanto?- le sonorizas a su tórax. Cómo desearías ser más alta.
Ignorarás esa impertinente vocecita dentro de ti que se muere por escuchar una respuesta de lo más novelesca
-No pienso soportar habladurías a mis espaldas- frío, impersonal.
Un trato cerrado que tiene que acatar.
No le importas tú. Le importa lo que otros dirán.
Por supuesto.
Aristócratas, pierden la guerra, la mitad de sus familias son metidas a Azkaban y todavía tienen la gracia de preocuparse por su imagen.
Pequeña ingenua Hermione.
-Dudo que a alguien le importe y a mí menos- lo esquivas y por fin llegas a la puerta del baño –Me aguarda un día muy ocupado- no volteas a verlo -Así que ya conoces tu solo la salida- sonorizas dura, con el labio inferior temblando.
Cierras la puerta de golpe.
Eso ha sido directo.
...
.
...
Coges el cepillo de cerdas duras y comienzas a alisar.
Raíz, desliza, puntas, raíz.
Tienes que venir a vivir conmigo.
¿Tienes? ¿Debes?
¡¿Por qué?
¿Por qué eres su esposa y la sociedad así lo indica? ¿Por qué una ley de lo más absurda los obliga? ¿Por qué él quiere tenerte cerca e intentar desarrollar una relación medianamente normal?
Cuando estés dispuesta a ser mi esposa...
¿Qué significa ser su esposa? ¿Qué significa estar casada con Draco Malfoy? ¿Qué implica haberlo dejado tocarte no una, sino dos y hasta tres veces, cuando ya ni siquiera era obligatorio y no había excusa tras la cual esconderte?
Raíz, desliza, puntas, raíz.
No pienso soportar habladurías a mis espaldas.
¿Casarte contigo no significó ya un montón de habladurías?
¿Y de quiénes?
¿Sus amigos pura sangre casados también con hijos de muggles? ¿Tus amigos que ni siquiera han escrito para preguntar cómo estás?
Hijo de los míos.
De gente cruel. Injusta. Prejuiciosa. Que te ve como menos… ¿él te sigue viendo como algo menos? Después de haberte tocado así, ¿seguirás dándole asco?
Tú y tu clase.
No esperes nada diferente.
Acéptalo.
Estúpida e ingenua Hermione, acéptalo.
Querías imaginar que muy en el fondo él siempre estuvo enamorado de ti.
Nunca demandó un cambio de prometida. Se quedó callado, pasivo, dejando que su madre te vistiera de seda y comprara los centros de mesa más caros en todo París.
¿Y eso qué tiene de malo? Querías tu cuento perfecto. No de hadas, pero sí uno ideal.
Querías una noche mágica, donde en tu primera vez caerías rotundamente enamorada y él ya no podría vivir sin ti.
Hasta ahora eres de verdad consciente de ello, pero, sinceramente, no siempre estuvo ahí.
La realidad es mucho más arrasadora.
No puedes culparlo. ¿O sí?
Casarse contigo o ir a Azkaban.
Honestamente.
Tú tampoco pusiste muchos 'pero'. Era él o una vida sin magia. O tras una fría celda y con fantasmas alrededor.
Tú tampoco pusiste muchos 'pero'
¿Con quién estás realmente furiosa?
¿Con él o contigo?
¿Con él por no estar secretamente enamorado de ti?
¿O contigo? Por querer construir castillos de arena en pleno mar abierto.
¿Y ahora?
Raíz, desliza, puntas, raíz.
¿Seguirá ahí afuera?
Raíz, desliza, puntas, raíz.
Si todo fuera sexo ya tendrías tu felices por siempre grabado en la frente y coloreado en el corazón. Pero no se trata de sexo. No se trata de caricias hirviendo y su boca sincronizada dolorosamente a la tuya.
Tu piel arde de tan solo recordar su sabor… el sudor salado que probaste en su pecho. La forma en que entró en ti la vez primera.
La sensación de llenado. Completa. Las ganas de gritarle al mundo lo bien que se siente tenerlo dentro de ti.
Pero no se trata de eso. No puedes construir una vida basada en eso y nada más.
¿Por qué eres tan madura en tantas otras cosas y ahora parecieras una niña de siete años que le han dado pastel pero quiere helado y no sabe siquiera ni de qué maldito sabor?
¿Y él lo quiere?
¿Quiere construir una vida contigo? ¿Qué quiere él de ti?
Raíz, desliza, puntas, raíz.
No… él quiere…
Cuando estés dispuesta a ser mí esposa y aceptarme como tu esposo…
¿Qué es lo que él quiere?
¡Ni siquiera te has molestado en preguntarle!
Todo ha sido tú y tú y tú.
Le diste a entender que te mudarías con él si pasaba la noche contigo, tan solo porque querías tenerlo dentro.
Él es un ser humano, aunque lo niegue... Errado. Estúpido. Maldito. Estuvo presente mientras te torturaban, intentó asesinar a tu ex director y fue un mortífago.
Pero… ¿Y si efectivamente es igual que el resto de las personas? ¿Y si al igual que tú y cualquier otro, puede madurar, ser diferente, cambiar sus formas?
No está hecho de piedra. No puede estarlo.
¡Lo corriste de tu casa y ni siquiera tenías una buena razón!
¿O sí?
¿De verdad fuiste tan irracional?
No tienes la más mínima idea.
Raíz, desliza, puntas, raíz.
Tú tampoco te has dignado a decir lo que quieres de esto.
¿Y lo sabes? ¿Realmente lo sabes?
No te has molestado en siquiera preguntarle.
Tonta, egoísta, Hermione.
No sabes nada y pretendes entenderlo todo.
Raíz, desliza, puntas, raíz.
Tienes que hacer algo al respecto.
Dejas caer el cepillo al lavabo y veloz, abres la puerta.
–Draco…- lo llamas.
Pero él se ha ido ya.
...
.
...
¿Bolso? Listo. ¿Cabello? Listo ¿Abrigo? Listo ¿Dignidad? Temerosa ¿Orgullo? Abatido.
¿Razón?
Inexistente.
Porque solo a ti se te ocurre estar a unos pocos minutos de aparecerte en la mansión Malfoy y buscar a Draco para… ¿hablar?
¿De qué? No estás segura. Pero necesitas verlo y aclararlo todo.
No puedes vivir así. Ya no.
Y él tampoco.
Te concentras, cierras los ojos. Evocando recuerdos, visualizas frente a ti las enormes rejas, jardines inmensos y la 'M' gigante dorada…
¡Pam! ¡Pam!
Volteas asustada. ¿Qué demonios…?
¡Pam!
¿Qué está…?
¿Una lechuza?
¡Pam!
Una lechuza intentando entrar por tu ventana. Está muy inquieta.
Revolotea nerviosa, dándose uno y otro golpe contra el cristal.
¡Pam! ¡Pam!
La pequeña es blanca. Te acercas a abrir la ventana para dejarla pasar, cuando alcanzas a divisarle un diminuto mechón casi negro en el ala izquierda.
Harry.
...
.
...
Querida Tía Petunia:
Lamento molestarte en un domingo por la mañana. ¿Cómo has estado?
Yo, muy ocupado. En el ministerio mucho trabajo. Estamos prosiguiendo a una embaucadora bancaria porque se ha rehusado a seguir cumpliendo un contrato que hizo con la sociedad de los duendes .
No te alarmes. Ya te dije que son criaturas civilizadas, desde esa vez que nos vimos para tomar el té con Tío Vernon y Tía Marjorie.
Ruego que no sea una muy simpática de cabello castaño que conocí el otro día. La verdad era muy bonita.
Y si sí ha sido ella, no dudo que haga lo correcto y pida ayuda a unos buenos abogados muy conocidos que también son sus más fieles y viejos amigos.
No contestes por lechuza, ya sabes que se pone de malas con tanto viaje y suele morder los dedos. Espero estés lista para nuestra salida a ese hermoso restaurante muggle al que me llevaste la vez pasada por mi cumpleaños, donde sirven un montón de meseros tan veloces como Hocicos.
Por favor ve con cuidado y extrema precaución. Dudley siempre tiene metida su nariz en todos lados y pareciera tener ojos en cada chimenea y punto de aparición.
Esta es nuestra salida especial tía/sobrino. No dejemos que la arruine.
Con cariño, Harry
...
.
...
Sonríes divertida. Tomas papel y tinta.
Olvidas las enormes rejas.
Querido Harry:
Te agradezco el cumplido. Nunca me habías dicho que soy una castaña muy bonita. Deberías hacerlo más seguido.
No te preocupes, no tengo ningún negocio turbio con los duendes y no he roto ningún contrato (todavía). He de admitir que esto de las cartas en código no se te da mal.
Sinceramente, dudo que alguna vez vayas a tomar el té con tu tía Marjorie, pero si algún día lo haces, me gustaría mucho que me invitaras. Será una experiencia inolvidable.
Recuerdo muy bien el parque a donde fuimos y venden comida rápida, fue en mi cumpleaños y no el tuyo. Si no tienes planes, ¿qué opinas si nos vemos ahí para almorzar?
No te mentiré. No me encuentro en mis mejores días y me vendría muy bien mi mejor amigo.
Con amor, Hermione
Ps. Lo de Dudley me dio escalofríos.
...
.
...
Abrazas a tu mejor amigo. Es casi medio día y has pospuesto otros planes.
-Estaba muy preocupado- te dice con esa voz tan suya, de alguien que maduró mucho antes de lo justamente necesario.
Le sonríes, abrazándolo un poco más –Me conoces, jamás huiría así nada más- excepto, recuerdas, si es en una discusión con cierto rubio – ¿Crees que me volvería una prófuga de la justicia sin siquiera avisarte?-
Él suelta una pequeña risa y notas al fondo una banca blanca desocupada –Pues espero que no, pero por si las dudas, ya estaba buscando una ruta de escape y dónde esconderte de los Aurores-
Realmente lo quieres. Sólo Harry se preocuparía por buscarte una ruta de escape de los Aurores
-¿Ves?- le dices mientras te sientas a su lado –Por eso te quiero-
Él menea la cabeza –Y yo pensando todo este tiempo me querías por mis habilidades en el Quidditch-
-No te engañes, en realidad, es por tu ávida obsesión hacia la literatura inglesa-
Harry roda los ojos –Por supuesto-
Se siente bien, estar con él aquí, en un lugar sereno y tan falto de preocupaciones. Mientras comen, tus problemas ya no se sienten tan grandes. Aunque, lamentablemente, siguen ahí.
-Hermione…- lo miras tirar la bolsa donde venía su almuerzo –Yo…- se acomoda los lentes y pasa su mano por ese cabello rebelde -¿Estás…?-
Le sonríes -¿Estoy…?-
-¿Estás bien?- suspira y se recarga en la banca –Intenté por todos los medios evitar que aplicaran esa maldita estupidez de Ley- se disculpa contigo, echándose una culpa que no es suya –Y, para rematar, con Malfoy, de entre todos los seres habidos y por haber-
Suspiras y tiras los restos de tu almuerzo –Harry, esto no ha sido culpa tuya ni mía-te sientas y procuras hablarle con tu más sincera expresión –Ni siquiera de Malfoy-
Harry te ve extrañado, pero continúas tu discurso lo mejor que puedes -Es decir, tampoco es como si él hubiese saltado emocionado cuando se enteró que le tocaba casarse conmigo-
Él levanta las cejas –Conozco a alguien que sí hubiera saltado emocionado si su prometida hubieses sido tú-
Ahora eres tú la que roda los ojos -¿Ronald?- bufas –Pues no tardó mucho en quedar prendando de Anna-
Tú tampoco tardaste mucho en…
-Es un poco despistado- te anima Harry –Cuando el tiempo pase y se dé cuenta de la realidad en las cosas, querrá recuperarte-
Contemplas la idea unos instantes -¿Y si para ese entonces ya no soy recuperable?
Harry te contempla sorprendido -¿Herms? ¿De qué estás…?-
-Él ha sido…- tragas hondo -Amable-
-¿Quién? ¿Ron?-
Meneas la cabeza y agarras aire con los pulmones.
–…Draco- susurras.
Silencio.
-¿Malfoy?- te pregunta incrédulo -¿Amable?- asientes en respuesta -¿Contigo?- asientes de nuevo.
-Tampoco ha sido un caballero en armadura blanca- aclaras, recargándote en la banca y rompiendo el contacto visual-Pero, él ha sido…amable-
Ambos quedan en silencio por un momento.
-Pues…- carraspea inseguro de qué decir –Eso es bueno-
No contestas.
-Eso es bueno… ¿cierto?-
Contemplas a un par de muggles que van trotando al mismo compás de piernas –No lo sé, es decir, podría lidiar con un Draco Malfoy grosero, indiferente, cruel…- sueltas un pequeño bufido -¿Pero amable? ¿Medianamente cuerdo?-
¿Y tan excelentemente besando?
Volteas de nuevo a ver a tu mejor amigo y hablas franca –No sé qué hacer, Harry-
Él aguarda unos instantes.
-Tal vez…- de nuevo, se pasa la mano por el cabello desordenado –Draco Malfoy y su familia no están precisamente en mi lista de navidad- sonríe pesaroso –Sólo tal vez su madre- menea la cabeza y se acomoda ligeramente las gafas –Lo que intento decir es, si él es amable tal vez tú…-
-¿Debería ser amable también?-
Harry ríe –No, tampoco se esperan milagros-
-¿Qué estás queriendo decir con eso?-
Tu amigo voltea a verte –Hermione, nadie, ni siquiera yo, se atrevería a pedirte que fueras amable con el tipo que estuvo tratándote como él lo hizo durante tantos años-
Ahora eres tú la que lo mira sorprendida -¿Tan rencorosa me crees?-
Él niega con la cabeza –No, no es eso-
A la derecha un perro comienza a querer tumbar uno de los contenedores de desecho del parque.
-A lo que me refiero es que, después de todo lo que pasamos y lo que conocimos de él, es normal que no quieras ni verlo en pintura- sonríe como pocas veces lo hace –Y mira que tú rechazando una obra enmarcada…-
-¡Harry!- Le das una palmada pesada en el hombro- ¡Estoy hablando en serio!-
El David de Miguel Ángel, ¿quizá?
-¡Yo también!-
-¿Entonces?- concéntrate, no es momento de estar pensando en cuerpos esculturalmente perfectos- ¿Puedo o no puedo ser amable con él?- preguntas todavía molesta -¿Qué te pronostica tu tercer ojo acerca de esto?-
-Sólo sé civilizada- te dice ya un poco más serio –Si él es amable, sé cordial. Si él es grosero, fríelo a golpes- vuelve a sonreírte –No dejes de ser tú, ni olvides quién es él, pero si está demostrando madurez que antes no tenía…-
-Lo que me estás sugiriendo es que le dé una oportunidad-
-¿Y por qué no? Van a estar ligados durante cinco años, o hasta que logremos abatir esta absurda situación- Estira los brazos y escuchas cómo el perro por fin ha logrado tirar el contenedor al suelo –Conviene que lo tengas de aliado-
Conoces a tu amigo mejor que nadie.
Los muggles tienen fijos esos botes con concreto al suelo. Sabes que el perro no lo ha tirado él solo.
Harry te ha dado una lección de madurez que francamente necesitabas.
...
.
...
Tu cabello ya no está arreglado, tienes una pequeña mancha de salsa en el pantalón crema y ni siquiera pudiste lavarte los dientes. Rara vez usas la varita para resolver situaciones tan banales, pero en esta ocasión, no lo piensas ni dos veces.
No llegas a casa.
En su lugar, cierras fuerte los ojos e imaginas esas enormes verjas.
...
.
...
Por más que lo buscas, no encuentras ningún timbre. Tampoco hay indicios de cadenas ni candados, y cuando empujas ligeramente la estructura, se abre sin ningún tipo de resistencia.
Pero no entras.
Esta no es tu casa, y sería bastante rudo irrumpir sin siquiera haber sido invitada y sin aviso previo.
Así que aguardas de pie, con la esperanza de que alguien se asome por alguna ventana y vea tu silueta a lo lejos.
No tienes que esperar mucho tiempo.
Por primera vez, ves a uno de los elfos que te huyen como a la plaga. Sale de alguna parte de la casa que no has podido adivinar y se dirige hacia ti con pequeños y presurosos pasos.
Abre la reja en toda su extensión, al sonido de un simple chasquido de dedos, y de pronto lo tienes frente a ti, con su pequeña nariz tocando el suelo.
-¡Ama! ¡Perdóneme por haberla hecho esperar tanto!- y el pequeño comienza a golpearse la cabeza contra el duro piso -¡Dobby es un elfo malo! ¡Malo!-
¿Dobby?
Tu primera reacción es dejarte caer de rodillas al suelo, sin importarte ya que tu pantalón claro va a mancharse -¡Espera!-
Logras sostenerlo con ambas manos, evitando que siga lastimándose -¡Tranquilo!- le vociferas, atrayendo su atención.
La diminuta criatura parece salir de su episodio y voltea a verte con dos enormes ojos que te rompen el corazón.
-No te lastimes, por favor- le dices lo más dulce que puedes, regresándolo al suelo y sin quebrar el contacto visual
El pequeño rompe a llorar -¡Oh ama! ¡Es usted tan buena!-
Meneas la cabeza en señal de negación y le acaricias su pequeña mejilla –Yo no soy tu ama, Dobby- se siente tan extraño llamarlo así, sabiendo que no es el Dobby que conociste alguna vez.
Él te mira francamente extrañado.
–He venido a ver a Draco Malfoy- le dices, sonriendo otra vez y preguntándote cómo pudiste dejar que un hombre que posee elfos domésticos te tocara -¿Se encuentra en casa?-
El elfo asiente, con los ojos un poco más secos y una diminuta, pero sincera, sonrisa en el rostro -Sí, am…- se corrige de inmediato – Sí. Él ya sabe que usted está aquí-
Da un pequeño salto y no pareciera que acaba de sufrir un colapso nervioso.
-La está esperando en su despacho- se da media vuelta y voltea a verte expectante –Sígame, por favor-
Suspiras.
Te levantas del suelo, sacudiéndote las manchas que no desaparecen y sigues a la criatura.
Justo antes de entrar por la puerta principal, crees notar una silueta observándote desde una gran ventana.
Cuando volteas, ya no hay nada.
...
.
...
La dirección que toman no es por las enormes escaleras que recorriste la última vez. En su lugar, dan dos vueltas a la izquierda y tres a la derecha, llegando a unas enormes puertas de madera casi negra.
Has memorizado el camino, en caso de que te veas en la necesidad de salir corriendo.
-Cualquier cosa que desee, por favor no dude en llamarme, estoy a su servicio- escuchas al pequeño elfo, que te saca de tus cavilaciones –El amo la está esperando-
Y sin darte tiempo de siquiera responder, desaparece en un aliento.
Quedas completamente sola.
...
.
...
Bien.
Él está cruzando esas puertas. Y te está esperando.
Así que tú debes entrar y…
¿Qué demonios vas a decirle?
Hola Draco, vengo a disculparme por cómo te corrí de mi casa esta mañana después de haberte usado para mi pura satisfacción física y sexual.
No. Parece no dejarte en muy buenos términos.
Hola Draco, disculpa por venir sin avisar, solo quería decirte que te tengo un pavor inexplicado y no sé cómo interpretar todo esto que me haces sentir.
No. Tampoco. Demasiado sentimentalista.
Hola, Draco, buenas tardes ¿Qué te parece si seguimos manteniendo relaciones coito-sexuales sin explicaciones ni porqués, hasta que logre descifrar lo que me está pasando contigo?
Vaya, en esencia no está tan mal pero…
Bufas.
¡Eres una cobarde! ¡Toca la maldita puerta y ya! Lo que sea que suceda, pues que suceda y punto. Él ya sabe que estás aquí, así que salir corriendo a estas alturas del asunto va a ser tremendamente humillante.
Tocas una vez.
¡Toc!
Esperas un momento.
Nada.
Vuelves a tocar.
¡Toc!
El silencio se torna agudo.
¡Toc! ¡Toc!
El eco de la madera resonante te deja un pequeño zumbido en los oídos.
¡Toc! ¡Toc!
¿Y si Dobby se ha equivocado y él no está en casa? Claramente dijo 'La está esperando', así que todo esto se te hace bastante raro.
¡Toc! ¡Toc!
Nada.
Eco.
Madera. Oídos zumbando.
Pierdes la paciencia y empujas la puerta derecha, abriéndola con facilidad.
...
.
...
Notas la luz entrando por una enorme ventana, iluminando estantes de libros, paredes de tonos mediterráneos, y al frente, imponente, un enorme escritorio de madera tallada.
Sentado, tras él, se encuentra Draco Malfoy.
Su atención está fija en un pergamino largo. Lo observas vestido con una camisa oscura que para nada puede ser muggle, y que sin embargo, posee un estilo impoluto, sin extravagancias.
Odias que sea tan atractivo, y odias aún más, que tú seas tan consciente de ello.
Un nudo nada agradable se te forma al final de tu boca y el inicio de tu tracto digestivo.
-Draco…-
-Esta mañana me echaste muy diestramente de tu casa- te indica, sin despegar la mirada de un pergamino entintado -Dame una buena razón para no hacer lo mismo contigo en este preciso instante-
Suena bastante enojado.
Respiras hondo.
-Yo…-
-O mejor aún- continúa, sin seguir apartando su atención visual del papel -¿Por qué no mejor nos saltamos las galanterías, anotamos en nuestras agendas la cita en el Registro Civil de Magos y Brujas para el divorcio, y nos evitamos la pena de volver a vernos hasta dentro de cinco años?-
De acuerdo. Está molesto.
Y no le faltan razones.
Pero por qué dice algo que… ¿duele? tanto.
¿Y por qué no voltea a verte?
-Mira, de verdad…-
-Porque eso es lo que realmente quieres- por fin dirige su mirada a tu rostro, dejándote sin aliento -¿No es así?-
Sus ojos. Fríos.
Escarcha.
Pupilas que te coagulan la sangre.
-Yo…-
¿Es eso lo que realmente quieres?
-Yo…no lo sé-
Continúa mirándote, estoico, inmutable.
El silencio se hace largo, dejándote más pequeña con cada segundo que se consume.
-¿Y tú Draco?- sale por fin tu voz del piso en tu garganta -¿Qué es lo que tú quieres?-
-¿No es obvio?-
No puedes evitar el bufido poco agraciado –No-
Te armas de valor y das dos pasos al frente –Si lo fuese, no hubiese venido hasta aquí para preguntártelo-
-¿A eso has venido?- te mira escéptico, burlón -¿A preguntar qué quiero yo de todo esto?-
Retienes las ganas que tienes de arrepentirte de todo y salir despedida por la puerta.
-Sí-
Notas cómo la mueca cínica en sus labios desaparece-Quiero lo que todo mago casado quiere- te dice.
Lo miras perpleja -¿Y qué es lo que todo mago casado quiere?-
¿Amor? ¿Hijos?
¿Rutina?
¿Una cocinera profesional?
-Una esposa-
Una… ¿esposa?
Logras contener el grito de impotencia.
-¿Y para ti…?- avanzas los últimos pasos que te faltan y te plantas frente a su enorme escritorio de madera tallada -¿Qué significa para ti una esposa?- preguntas exasperada.
Él se recarga hacia atrás, levantando ligeramente la cabeza y manteniendo el contacto visual contigo.
-Verás Granger, cuando dos personas hacen un hechizo vinculante y firman un contrato de propiedad, el término 'matrimonio' determina…-
-¡Malfoy!- estás nerviosa, él sigue mirándote de esa forma que te vuelve totalmente vulnerable, ¿y todavía se atreve a usar el sarcasmo? –Estoy intentando ser lo más civilizada posible- siseas -No provoques mi paciencia- le adviertes.
-¿Tú paciencia?- el malnacido suelta una carcajada seca-Tendrás que disculpar mi rudeza- ofrece, sonando poco sincero –Lo que sucede es que no puedo dejar de recordar cómo anoche me rogaste que me quedara a pasar la noche, solo para que al día siguiente me corrieras a la primera oportunidad –
¿Rogarle?
-¿Disculpa?- lo culpable se ha ido esfumado y en su lugar estás encolerizada –Jamás te he rogado nada- penetras sus orbes grises con cada milímetro de ojo que posees –Esperarás sentado y viejo el día que eso suceda- declaras digna, con la barbilla alta y los puños ligeramente cerrados.
-Ya veo- su mueca se vuelve indiferente y aburrida –Supongo entonces que el rogarme orgasmos, uno tras otro, mientras te penetro, no cuenta-
Orgasmos mientras te…
Él no ha… ¿de verdad ha tenido la osadía de…?
Coraje.
Vergüenza.
El estremecedor recuerdo de su cuerpo dentro del tuyo.
¿Cómo se atreve a…?
¿Realmente ha sido capaz de decir…?
No vas a soportar eso.
¿Quién demonios se ha creído que es?
Tu mirada se torna regicida. Cada pequeño retazo de ser pierde la colocación y canalizas el dolor en tus entrañas.
Quieres algo mejor a eso.
Deseas mucho más.
Mereces algo mejor que eso.
-Espero excuses mi actitud de esta mañana- vocalizas neutra, controlando cada latido y equilibrando tu respiración –Fue tremendamente grosero de mi parte tratarte como lo hice- evitas a toda costa sonorizar un 'lo siento' –No olvidaré hacer el espacio en mi agenda-
Y sin mostrar un solo cambio en tu expresión facial –Te veo dentro de cinco años- te despides.
Dura, anormalmente serena, dolorosamente inquebrantable, ves sus ojos grises por una última vez y das media vuelta.
Mereces algo mejor que todo esto.
Quieres algo más.
Y comienzas el trayecto hacia la puerta.
...
.
...
Malnacido, malhablado, maldito engendro de toda su bienaventurada…
Te aprendiste el camino y no te cuesta mucho trabajo llegar hasta la puerta de salida.
El problema es que intentas abrirla una y otra y otra vez, con tus manos, la varita y casi hasta patadas, y aún así, la maldita puerta no abre.
-Es magia muy antigua, ni siquiera tumbándola podrías salir de aquí-
Escuchas su voz detrás de ti. Rehúsas voltear a verlo.
-Ábrela, Malfoy- le ordenas casi serena, pero tu voz se quiebra un poco al final.
-No-
El control que tenías sobre tus latidos y la velocidad en tus inhalaciones comienza a decaer, dejándote en una deriva donde estás a punto de romper en llanto.
El labio inferior te tirita.
-Ábrela- le repites.
De pronto, sientes sus dedos tibios cerrarse sobre tu brazo izquierdo, desencadenando una sensación de vacío y pérdida.
Una lágrima se te escapa del ojo.
-¿Qué es lo que quieres?- preguntas queda, sin alma, sin fuerza. Con ganas de caer al suelo y desaparecer.
Sientes su aliento sobre tu nuca -¿No es obvio?-
La segunda lágrima cae.
-No- susurras.
Lentamente, él te gira, dejándote de frente con su pecho. Cierras los ojos y evitas cualquier contacto ocular.
Su mano avanza de tu brazo a tu cintura, dejándote un pequeño camino de sofocante electricidad-Tengo un temperamento terrible- te dice quedo, colando la otra mano al otro extremo en tu cintura.
Por alguna razón, aunque llevas menos de tres días conviviendo con él, sabes que es su peculiar forma de decirte lo siento.
¿Estás dispuesta a aceptar sus poco explícitas disculpas?
¿Estás dispuesta a perdonarle que sea un cínico grosero?
¿Un prepotente? ¿Un insolente? Un desfachatado sinvergüenza que…
Abres los ojos.
Se descarrila el tren de tu razón.
Asientes.
–Yo también-
A continuación, es francamente inevitable, que se fundan en un profundo beso.
...
.
...
Su aliento es cálido, húmedo. Cada pequeño filamento que mantiene unida a cada diminuta célula en tu ser, se sacude extasiado.
Sientes sus manos aferrar fuerte la piel en tu cintura y el inicio de tu torso, dándote una sensación dolorosamente placentera.
Lo besas. Con todo y dejándote en nada. Sacas el alma en cada mordisqueo, apretando su labio inferior entre tus dientes, recibiendo sus gemidos guturales con satisfacción indomable, animal.
Ya ni siquiera recuerdas a qué habías venido.
Olvidas por qué ibas a romper en llanto.
Se desvanece la razón de tu furia.
Lo besas. Te besa. Las ganas desmedidas, su saliva fundiéndose en tu boca.
De pronto, él te levanta con sus brazos, despegándote del piso bajo tus pies.
Tonta, embobada, ridícula. Vienen a ti escenas de películas muggle y caricaturas de princesas medievales.
Él te sostiene en sus brazos, haciéndote sentir tan ligera como una pluma. Y sabes perfectamente que no eres ligera cual una, pero la sensación es tan hermosa, entera, abrumadora, que te dejas llevar.
Aferras ambos brazos a su cuello, recargando tu cabeza en el espacio entre su barbilla y la clavícula.
Los desaparece a ambos y al abrir los ojos, después de esa ligera sensación de mareo, sabes que estás en la misma habitación donde él te tocó por primera vez.
Lentamente te baja al suelo, y apenas tus pies han tocado el piso, cuando de nuevo lo tienes devorando tu boca.
Las chispas saltan, bullen. La presión atmosférica desciende, sacando el aire en tus pulmones.
Y él sigue besándote. Y te besa, te besa, te besa.
Labios. Lengua. Labios otra vez.
Dientes.
Lengua…
¿Por qué solamente te besa?
Quieres más. Necesitas más.
Osada, liberas tus manos de la prisión de sus firmes brazos, colándolas a su cadera, donde ágiles, remueven la camisa para poder tocar un pequeño trozo de piel desnuda.
Y él se detiene.
Descolocada, abres los ojos y lo miras insegura.
-¿Tendré que amarrarte a la cama?-
Las pupilas se te dilatan y no puedes evitar una cara de obvia turbación.
-¿Cómo?-
-Mira que se me antoja bastante la idea-
Oh por todo lo sagrado, eres una enferma, mira que estar a punto de decirle: si por favor amárrame…
-Pero- su ceño fruncido te saca del hilo de tus pensamientos –Te quiero completa-
¿Completa?
Pero si ya… ¿qué más puede querer de ti?
Prácticamente se lo ha adueñado todo…
Oh Merlín, Hermione, por lo más sacro, no vayas a decirle eso.
-Después de esto- te dice, apretándote más entre sus brazos y rompiendo tu equilibrio -¿Saldrás corriendo?-
Lo miras confusa, incierta.
-Yo…- lo miras a los ojos y la vía se repara.
Tal vez, si comienzas a ser sincera con él, lograrás ser sincera contigo misma.
Lo sueltas, echándote hacia atrás –Probablemente-
Su mirada te parece ¿dolida? por tan solo un mísero instante.
Pero pronto, si es que alguna vez sucedió, se recupera, tornándose de nuevo fría, dura y él asiente, demostrando que no le ha gustado para nada tu respuesta.
Te suelta poco a poco, y cuando por fin te libera, no intenta tocarte de nuevo.
Un frío recorre tu espalda.
De pie, ahí, sin el calor de su cuerpo sobre el tuyo, te imaginas desnuda.
Así que te sientas en la cama, buscando la estabilidad que tus piernas amenazan con no brindar.
¿Saldrías huyendo?
Sí.
Porque ambos estarían igual que hoy, que ayer, o inclusive, peor.
Porque seguirías sin saber qué quieres y qué es lo que él quiere. Seguirías dolida, confundida, perdida en la inmensidad de situaciones llenas de emoción y faltas de proporciones coherentes.
Silencioso, él se sienta a tu lado.
Tu corazón sigue palpitando fuerte, pero comienza a perder su fuerza y velocidad.
La cordura retorna a tu cuerpo.
-¿Qué significa ser tu esposa?- preguntas por fin, sin voltear a verlo.
Bien podrías habérselo preguntado al viento. De lo quedo que lo has dicho, no dudas que sea el único que ha escuchado.
El silencio reina.
-Me atraes, Granger- lo expresa… dificultoso.
¿Por qué evade tu pregunta?
Tal vez no sabe cómo responderla.
-Tú también me atraes- le respondes con la voz un tanto ahogada.
Él se levanta y cuando te mira, notas que la pasión también se le ha esfumado ya.
-No estoy requiriendo de ti una compañera sumisa, abnegada, fiel ni amorosa- sus palabras son frías, cortantes. De un barco a doscientas leguas de distancia –Pero lo que sí espero es una cónyuge que me respete en público y en privado-
Tragas hondo.
¿Quién es este hombre que tienes enfrente?
-¿Qué te respete?- cuestionas lo más moderada que puedes -¿Entonces serte infiel no es faltarte al respeto?-
Su discurso perfora las entrañas –Mientras no sea de dominio público, no-
¿Quién es este hombre?
No se parece al que estabas besando hace poco.
-Entonces…- te levantas, midiendo cada palabra –Debo suponer que tú tampoco ejercerás dicha fidelidad-
Vaya que de tan solo pensarlo… de tan solo imaginarlo besando a otra, algo punza destructivo en lo más profundo de cada existente rincón.
-Y que no sea de dominio público, y probablemente, ni siquiera mío, debe brindarme…- casi te atragantas descompuesta -¿Consuelo? ¿Satisfacción?-
Él menea la cabeza y refleja un instante la frustración que a ti te está comiendo viva –Lo que significa es que eres libre de hacer lo que tú quieras- se digna en aclarar –Te daré tu lugar, como mi esposa. Te protegeré, nunca te faltará nada…-
Levantas la mano izquierda, deteniéndolo en su discurso.
Si escuchas una palabra más sobre su maravilloso y arcaico concepto de lo que la fidelidad en un matrimonio significa, estás segura que saldrás mañana en primera plana como la viuda negra que estranguló a su esposo a tres días de la boda.
No llorarás ni dejarás que esta extraña tristeza te consuma.
-No me mudaré contigo- vocalizan tus cuerdas -Y no tendremos hijos-
No puedes imponerle que te sea fiel, porque a pesar que lo has dejado tocarte, y estúpidamente has creado un cuento en papel quebradizo, él no te ama y tú no lo amas. Él no es tu pareja y tú no eres la suya.
Él exhala.
-Viviremos juntos y tendremos un hijo – ah no, él no va a imponerte que… –Pero no voy a obligarte a darme algo que no quieras dar- recita forzadamente.
Comienzan a arderte los ojos.
Te duele también tu cabeza.
¿Cómo puede pasar de ser un ser tan repugnante y arcaico, a uno ligeramente agradable?
No, no lo conoces.
Y él tampoco te conoce a ti.
No disputarás. No romperás en llanto, ni dejarás que la frustración te absorba. Él te está dando lo que quisiste desde un principio.
Libertad.
De seguir llevando tu vida como solías llevarla. De seguir viviendo en donde tú quieres, frecuentar a la gente que amas y alejarte lo más posible de su ser.
Él podrá decir lo que quiera. Pero tú no eres su esposa. Para ti, una pareja casada es totalmente diferente a esto.
Olvidarás sus dedos sobre tu piel, el fantasma de su aliento conquistando el tuyo y sus ojos tornándose negros en la inmensidad de un sinfín de gris.
Lo olvidarás.
Mentirosa.
Porque si no lo haces, perderás un pedazo de alma que se te ha ido en cada maldito beso.
-Es hora de irme- le indicas.
Él pareciera querer decir algo, pero no dice nada.
Con mutismo, te acompaña hacia la puerta de la habitación.
Y ahora tú te detienes.
-Sólo dime una cosa- le solicitas con la misma pasividad que has fingido durante estos últimos cinco minutos más sofocantes de tu vida.
Sientes como él voltea a verte pero tú no correspondes la acción.
-Prométeme que realmente no te importará que bese a otro - por lo más sagrado, que eso suena tan melodramático –Prométeme que no te importará que deje a otro tocarme- pero vas a dejar claro tu punto.
Y giras tu cabeza esos noventa grados.
-Promételo-
-¿Por qué mierda…?-
-Esta situación es ridícula e injusta tanto para ti como para mí- pierdes un poco de esa pasividad –Y así como tú claramente no esperarás cinco años dejando tu vida en un limbo de imposibilidades, yo tampoco voy a hacerlo-
Sé sincera con él, y sé sincera contigo misma.
-No quiero cinco años de estarme preguntando si está bien o está mal aceptar un café de un amigo o un extraño- procuras no verlo a los ojos y no sabes qué reacción están causando tus palabras –De cualquier modo voy a aceptar el café- ¡bravo! Ni que tuvieras que estar pidiéndole permiso.
-No me meteré en tu vida, de eso puedes estar seguro- no quieres enterarte con quiénes ni con cuántas se acuesta entre semana -Pero quiero- exiges -Lo mismo de tu parte-
Dejarás de pensar en él como algo que no es. Lucharás contra todo esto que sientes y aunque él ha sido el único hombre que te ha tocado, aunque él sea tu esposo en papeles, aunque respirar se torne inadecuado mientras te besa, y sus dedos sigan dando ecos en cada rincón, dispondrás todo esto a un lado, madurarás y serás realista.
-Promételo y yo te prometo que cuando nos veamos, seré civilizada, inclusive cordial, y, te respetaré- te aferras a la negación y niegas la tristeza que 'no' sientes –Claro, mientras tú hagas lo mismo conmigo- te das el lujo de sonreír un poco –Y aunque te pese, si algún día necesitas una amiga, mi puerta estará abierta-
Por fin vuelves a verlo y lo que tus ojos registran no debiera tener denominación.
Un Draco Malfoy francamente sorprendido.
Después de unos instantes, es él quien rompe el silencio.
-Eres distinta a lo que imaginaba-
¿Distinta?
Le das otra ligera sonrisa medianamente sincera y regresas a tu posición original. No interpretarás sus palabras.
Te aferras a la negación.
-Tú tampoco estás tan mal-
...
.
...
Él no promete nada.
Y es ridículamente inesperado que eso te traiga un poco de... alivio.
Tu parte egocéntrica se alegra.
Pero te deja ir muy fácilmente.
No vuelve a detenerte cuando entraste a la chimenea y, aunque esperaste cinco segundos más de lo habitual en soltar los polvos Flu, no hubo declaraciones de último momento.
Él no te detuvo. Con sus nudillos ya blancos por la mano empuñada y su boca fuertemente cerrada, parecía querer decir un millar de cosas y sin embargo, de su persona no salió palabra.
Tú decidiste no esperar más.
Así que ahora, estando sentada en el sillón de tu sala, con un vaso de leche fría y tres galletas, te preguntas ¿qué demonios va a pasar contigo?
Antes de que te respondas, ves a Harry asomarse por tu chimenea.
Te trae muy malas noticias.
...
.
...
De verdad que nunca había escrito una Hermione con tantos altibajos emocionales, cambios de personalidad y epifanías mentales.
Después de tanto maldito tiempo (me declaro culpable de todos los cargos) a lo mejor esperaban mayor adelanto en la situación. Pero no le pierdan fe a estos dos :) Probablemente tendré que tragarme mis palabras y hacer el fic un par de capítulos más largo.
Y para que me crean que esta vez no tardaré más de tres meses en actualizar (porque no tardaré más de tres meses en actualizar), les ofrezco (a cambio de que me tengan un poquito de paciencia) un mini ridículamente pequeño adelanto del siguiente capítulo:
…
-Pídemelo- te casi gruñe.
-No-
Bendito orgullo. Ya sabías que estaba escondido en algún lado.
…
Advertí que era ridículamente pequeño :P
Respondiendo a una duda que ha surgido bastante: no, no habrá ningún capítulo desde el punto de vista de Draco. Este es un fic exclusivamente desde la perspectiva de Hermione, y lo que ella vaya descubriendo y/o comprendiendo acerca de Draco Malfoy (y ella misma) será lo que comprendamos / descubramos nosotros :)
De verdad que me apena tanto balbuceo, pero los agradecimientos no me los salto ni de chiste. Así que de nuevo, MUCHÍSMAS GRACIAS a betzacosta, , makaa, khpmi, daniieLa maLfOy, Sick Lullabies, ZarethMalfoy, Diana, Lenore, PrincesLynx, Sobeyda , l0v3nist, Beatrix Malfoy, Atenea92, luna-maga, amtorop, Ari, Cassie, vittoria's malfoy, Gigibv, LuHamDo, beautifly92, RociRadcliffe, Karii Malfoy, Diable Dreams, EmilyGoncalvesFelton, sugeisy, Almu24, Temis Night, Holly90, leontinees, Nini Snape, Sabaana, Clio Latiny, ShaDark, Ninkie Potter, Amia Snape, lucie, herms1986, Serena Princesita Hale, Angeles, sOniiTa., Fabiola, thanya, rockpink94, monii jonnas, sansanita, fan, yopoo, carolina 25, Marce, , Claudia Flores, me alegran infinidad con sus reviews y siempre me arrancan la sonrisota :D
Los responderé personalmente durante la semana, en cuanto pasen mis exámenes.
Espero verlos pronto :)
De nuevo, mil gracias.
Besos
Sari
...
Ps: sitio ALTAMENTE recomendado para amantes de los fics:www. circuloyogima. com (proyecto realmente muy bueno y que de verdad promete mucho) Si tienen oportunidad, les agradeceremos muchísimo su visita.
