Tezuka estaba seguro que había algo muy especial en el tenis. Cuando jugaba, el mundo alrededor desaparecía. Solo pensaba en seguir adelante, en ser el mejor. Su mente y cuerpo alcanzaban una increíble sincronía. Por eso incluso en un momento como este, deseaba estar en las canchas. Tal vez estando aquí podría pensar las cosas con serenidad.
Con paso firme se había adentrado en las pistas, dejando sus huellas marcadas en la nieve. Luego aparto la escarcha de una de las bancas y se sentó. Lentamente destapo la caja de su almuerzo y empezó a comer.
Los últimos días habían sido complicados. Por primera vez se enfrentaba a un escenario en el que su fortaleza y perseverancia no podían hacer nada para ayudarlo. No sabía cómo lograría dejar atrás todo esto.
Recordaba bien la peculiar noche en la que había despertado repentinamente. Después de varios minutos, imágenes de un sueño vinieron a su mente. Estaba algo confundido. Que tuviera fantasías sexuales era normal. Que las tuviera con uno de sus compañeros de equipo, definitivamente no. Sin embargo se tranquilizo pensando que todo era causa del cansancio y volvió a la cama, sin molestarse en nada más. Había cometido el primer error.
En los siguientes días sucedió con tanta frecuencia que la hora de dormir se convirtió en un martirio. Llego a la conclusión de que la amistad de Fuji no era conveniente y comenzó a apartarse de él. Pero ni siquiera la distancia entre ellos funciono. Finalmente la única solución que encontró fue privarse del sueño. Una taza de café caliente y un libro se volvieron sus compañeros de todas las noches.
Al principio parecía que funcionaba, el dormir solo un par de horas no le daba tiempo a su cerebro para maquinar extrañas ideas. Pero poco después descubrió que la situación se había salido de su control, pues ya no era capaz de dormir aunque lo deseara. Su desesperado hábito se había convertido en enfermedad.
La falta de descanso lo volvió sumamente irritable, especialmente hacia Kikumaru. Y es que el chico pasaba la mitad del entrenamiento armando un alboroto, la otra mitad distrayendo a Oishi y el resto del día pegado a la única persona a la que no debía acercarse. Por otro lado, a Fuji simplemente no le importaba que se hubiera alejado de el. Ni siquiera intento averiguar los motivos. Entonces pensó que la decepción que sentía era causada por haber sobrevalorado la amistad entre los dos.
Nunca había sido un sentimentalista y sabia que al igual que cuando termino su relación con Keiko, debía sobreponerse al tropiezo. Pero extrañamente, esta vez le resultaba mucho más difícil. Incluso comenzó a preocuparle la idea de que Fuji solo lo hubiera tolerado por ser su superior dentro de la escuela y que ahora estaba feliz por haberse liberado de ese compromiso.
Así llego aquella hermosa mañana de diciembre. Las nubes habían desaparecido y el sol brillaba como pocas veces. Sin embargo la nieve aun lo cubría todo y el intenso frio no había desaparecido. Guiado por su curiosidad había ido a parar a esa tienda. Y el resultado fue tan sorprendente como abrumador. Algunas veces se pregunto si debía ir con esa mujer y cuestionarla sobre lo sucedido, pero siempre terminaba renunciando sabiendo que era su culpa por confiar en un desconocido.
En la actualidad ya no le interesaba esa cuestión. Lo único que deseaba era encontrar la manera de desaparecer todo lo que Fuji le hacía sentir.
-Aquí estas.
Tezuka volteo para ver entrar a Fuji.
-¿Puedo?
-Adelante.
Fuji limpio la otra mitad de la banca y tomo asiento.
-¿Que haces?
-Solo pensaba.
-¿En qué?
-En mi raqueta.
-¿Hay algo malo con ella?
-Las cuerdas están demasiado flojas.
-Eso se arreglara encordándola. Echizen sabe de un buen sitio.
-Tal vez sería mejor una nueva.
-¿Ya no te agrada la que tienes?
Tezuka bebió un poco de agua.
-Creo que ya es tiempo de un cambio.
-En ese caso, ¿no sería mejor si esperas a la primavera? Los partidos en las canchas son más emocionantes.
-No puedo esperar.
-Vaya, tu sí que sabes lo que quieres.
-Fuji, ¿ya almorzaste?
-Todavía no.
-Entonces date prisa y explícame a que has venido. Solo quedan diez minutos para que suene la campana.
-Oh, sí. La profesora Ryusaki esta buscándote.
-Bien, gracias.
Tezuka se puso de pie.
-Oishi dijo que superaste la crisis de insomnio.
-Es verdad.
-También dijo que le preocupa la manera en que lo conseguiste.
-No hay de qué preocuparse.
-Supongo que tienes razón.
-Te veré mas tarde.
-Espera.
Tezuka se detuvo y se volvió hacia Fuji.
-¿Que hizo Eiji que te molesto tanto?
-¿De qué hablas?
-Me he dado cuenta que desde hace poco te evita. Recuerdo que el último día que estuviste en mi casa lo reprendiste.
-Kikumaru no se comportaba.
-¿En serio? No recuerdo que hubiera hecho algo malo.
-Eso es porque siempre eres tan descuidado.
-No te entiendo...
-No importa. Me voy.
- Tezuka, ¿si Eiji estuviera en apuros me lo dirías, verdad?
-Si estas tan preocupado pregúntale directamente a Kikumaru.
-Ya lo intente, pero enseguida cambia el tema o sale corriendo con cualquier excusa.
-Pues deberás insistir. Hablar conmigo no te servirá de nada.
-Es solo que no puedo quitarme la idea de que hay un conflicto entre ustedes.
-No imagines cosas.
-Tal vez es que...
En ese momento la campana interrumpió las palabras de Fuji.
-Fuji, démonos prisa.
De inmediato ambos salieron de las canchas. Para cuando entraron al edificio todos los alumnos ya estaban en sus clases. Finalmente llegaron al pasillo donde debían separarse.
-Nos vemos.
-Sera mejor que no llegues tarde.
Como de costumbre, cuando Tezuka regresaba a casa ya empezaba a oscurecer. Al pasar por el mini super checaba su teléfono, pues en ocasiones su madre le enviaba un mensaje encargándole algún suplemento para la cena. Hoy era uno de esos días.
La puerta automática le dio paso y enseguida se dirigió hacia los productos congelados. De ahí tomo dos pequeñas bolsas de un contenido violáceo y fue a la caja. El chico que atendía trabajaba en la tienda a tiempo parcial mientras estudiaba la universidad. Tezuka lo sabía porque vivían en la misma calle.
-Buenas tardes. ¿Es todo?
-Si es to...
-También llevaremos esta. No te preocupes, yo la pagare.
-No es necesario.
Tezuka pago y espero. El muchacho realizaba normalmente sus labores pero de repente sus manos se detuvieron y luego le entrego el cambio sin mirarlo a la cara. Era inusual que se comportara tan arisco pero Tezuka no le dio mayor importancia y salió.
-Gracias por la manzana.
-De nada.
Fuji le había pedido que terminaran la plática que dejaron pendiente por la mañana. Hubiera preferido ya no escuchar más de ese tema, pero no quería ser grosero. Así que solo le ofreció el tiempo que tenían hasta que llegaran a la parada del autobús.
-Hable con Eiji durante la clase de ingles.
-Eso no está bien. Kikumaru no es del tipo que puede darse el lujo de distraerse.
-Lo sé, pero al menos conseguí que hablara. Dijo algo de haber cometido un error cuyas consecuencias terminaste pagando tu. Aunque se negó a darme detalles.
-Si así fuera no tendría nada de extraordinario. Como su capitán soy responsable de ustedes y su conducta. Y si un miembro del club comete alguna falta por supuesto que tendré que asumir las consecuencias.
-Así que se trata de tenis...
-¿Que mas podría ser?
-Claro... Bueno, hemos llegado.
Tezuka aprovecho la oportunidad para ceñirse un poco más la bufanda y consultar la hora en su reloj.
-Puedo esperar solo, no te preocupes.
-Está bien, el autobús ya no tarda.
-¿Que tal las vacaciones?
-Estuve ayudando a mi padre.
-¿Este año no hicieron planes para ir a escalar?
-Mi madre y mi abuelo enfermaron de gripe.
-Que mala suerte. Debió ser aburrido.
-Me mantuve ocupado.
-Pero no es lo mismo que ir a divertirte... Mi hermana dice que no hay cosa que le alegre más que salir con su novio.
-Es normal disfrutar la compañía de quien es especial para uno.
-Apuesto a que te diste un tiempo para estar con tu persona especial.
Tezuka casi olvidaba lo cuidadoso que había sido con su ruptura. Esta vez nadie, ni siquiera Inui estaba al tanto de la situación.
-No hubo oportunidad.
-No creo que estuviera muy contenta con eso.
-Ella entiende que a veces nuestras actividades no coinciden.
-Que madura. Sin duda están hechos el uno para el otro.
-Y que me dices tú, ¿Sanae fue a visitarte?
-Si, tres veces por semana. Me ayudaba a regar mis cactus porque todavía no podía bajar las escaleras. Escuchábamos música y hablamos de muchas cosas. ¿Sabes? Ella estudia en Hyoutei y dice que Atobe está preparando la fiesta de graduación en grande. Esta muy emocionada, pero a la vez triste porque se separara de sus amigos. Siempre era muy atenta conmigo. Bueno, a veces exageraba un poco. Me hacía sentir como si con el más mínimo esfuerzo me fuera romper, pero no me molestaba. Es bueno saber que alguien se preocupa así por ti.
Los ojos de Tezuka estaban clavados en el asfalto del camino. Temía que si miraba de frente a Fuji, todo lo que guardaba dentro se desbordaría. Que terminaría gritándole lo mucho deseaba haber sido él quien estuviera a su lado. Y la rabia que lo invadía solo de imaginar que su relación con esa chica ya hubiera sobrepasado las barreras de unos simples besos. Ya sabía que la presencia de Fuji lo llevaba a sus límites, por eso no lo quería cerca. Pero a veces sencillamente pasaba y ese tipo de circunstancias se volvían un calvario para él.
-Aquí viene.
Tezuka levanto la vista para ver la llegada del autobús.
-Entonces, hasta mañana.
-Hasta mañana.
Tezuka dio la media vuelta. Al menos por hoy había terminado. Solo quedaba pensar en la cena caliente que lo esperaba en casa.
