Título: Un poco de normalidad
Claim: Manjoume Jun/Tenjouin Asuka/Jim Crocodile
Notas: Situado después del duelo Manjoume vs Amon y antes del final del torneo Disclosure.
Rating: T
Género: Romance/Humor
Tabla de retos: Frases
Tema: 2. ¿Por qué a mí?


Desde hace algún tiempo Karen se retuerce en su espalda y Jim está muy seguro de la razón, a pesar de permanecer impasible, sentado sobre el pasto verde frente a los dormitorios de Obelisk Blue. Él lo ha notado desde hace bastante rato, quizás incluso antes que Karen, con aquellos instintos animales tan fascinantes que posee. Alguien los sigue y los vigila estrechamente, como un depredador a una liebre indefensa, aunque no puede adivinar sus intenciones, mucho menos su silueta, que parece enfundada en una capa negra pero que ya lleva al menos un cuarto del día en su persecusión, sin decidirse a acercarse o dar la menor señal de tener algún problema que quiera resolver con él. Sólo está ahí, esperando como una sombra, que le haría pensar al hombre si fuera extremadamente pesimista que es la sombra de la muerte que viene en su búsqueda, para reclamar lo que no se llevó hace años, el día en que su mejor amiga lo salvó.

Así pues, el vaquero decide ignorarlo mientras éste se mantenga alejado y no de señales de querer empezar una pelea o algo mucho más oscuro, pues es un día demasiado hermoso como para gastarlo en preocupaciones inútiles.

—No te preocupes, Karen, no es nada —el hombre le da unas cuantas palmaditas a su Karen mientras la suelta en el pasto verde, bastante similar al suelo árido o selvático de Australia, donde creció toda su vida—. No pasa nada.

Pero esta afirmación se desmiente automáticamente, acompañada por un sonido gutural que escapa del hocico del cocodrilo como una señal de peligro, dispuesta a alertar a lo único que tiene en el mundo para que huya y se salve de lo que sea que está allí atrás y viene en camino, dispuesto ahora sí a poner en claro sus intenciones.

—Atrás, Karen, atrás —a pesar de que otros habrían usado al exótico animal para salvaguardarse, Jim la aparta para ponerse como escudo a la sombra negra que se aproxima y que de alguna manera le parece familiar—. ¿Quién anda ahí? —pregunta, sin ningún temor en la voz y más curioso que nada, pues se supone que la Academia es un lugar seguro y lo peor que podría encontrar es un abusón, al cual por supuesto no le tendría miedo.

La pregunta es ignorada olímpicamente, como si no hubiese sucedido nada, como si la escena fuese la misma de segundos atrás, con el césped moviéndose al compás de los últimos vientos veraniegos y el sonido de las risas de las chicas en la playa. Pronto, a la figura se le suma una segunda, colocada en la misma posición donde estaba la anterior, detrás de un grueso árbol situado en el camino de grava hacia Obelisk, frondoso y vibrante, con los rayos del sol coloreando las hojas de tonos brillosos y llenos de vida. Pero el aire que emana esta figura es muy diferente a la del hombre que se acerca, que parece oscuro y pesimista, similar a las caricaturas donde hay una nube negra sobre su cabeza; la persona detrás del árbol parece bastante emocionada y emana un aura de alegría y expectación, logrando recordarle a Jim a los niños pequeños, que sin duda son extraños en ese lugar.

Karen no sabe cómo responder a esta extraña mezcla de personalidades, pero mantiene el hocico abierto en señal defensiva y ruge de vez en cuando, hasta que su persecusor está a dos metros de distancia, todo el semblante oscuro nada a juego con la iluminación natural de ese día. Es Manjoume Jun y está irreconocible, como si un resfriado terrible lo hubiese atacado de un día para otro, dejándolo pálido y demacrado, además de con los ánimos por los suelos. Su gabardina parece estar más rota y más sucia que nunca y como se mueve despacio, casi falto de energía, para cualquiera hubiese podido pasar perfectamente por un fantasma, cosa que, sin embargo, no explica qué hace en ese lugar, de manera tan misteriosa y acercándose para hablar.

—Ah, Manjoume, ¿qué hay? —su voz es afable y logra borrar todo rastro de tensión en el aire, incluyendo la de Karen, quien se hace un nudo sobre el césped y cierra los ojos, casi como si pensara que ha perdido su tiempo tomándose demasiado en serio a ese tipo raro. Jim, por su parte, nunca ha tratado demasiado al hijo menor del grupo financiero, pero como no le parece mala persona ni mucho menos un peligro, decide regresar a su posición inicial, invitándolo con un gesto para que lo imite y se siente a su lado, para conversar algo que parece un poco delicado—. ¿Qué sucede? ¿Necesitas algo?

Dichas preguntas son las únicas cosas que pueden regresarle un poco de vitalidad al hombre, que ha estado aletargado en su habitación durante días, dejándose arrastrar por una depresión casi ridícula, que ni siquiera las vívidas —y exasperantes— risas de Johan y Juudai del otro lado de la pared logra mermar. ¿Que si necesita algo? Bueno, muchas cosas. Pero lo que lo ha llevado hasta allí, guiado por el consejo de su maestro, Fubuki, es un tema un poco más complejo que querer charlar sobre el clima o socializar, cosa que lo hace dudar de sus acciones y preguntarse si no debe de salir corriendo inmediatamente, soportando lo que resta del año con la presencia del vaquero y los demás extranjeros en el lugar.

—¿Estás bien? —Jim comienza a preocuparse al ver la falta de respuesta en su acompañante, que tiene todos los síntomas de un posible desmayo, quizás a causa de esas extrañas bandas que les ha dado Cobra y que últimamente ha notado le quitan energía—. Quizás deberíamos de ir a la enfermería, ¿quieres que te ayude?

—No —es lo primero que dice él y sorprendentemente su voz contradice a su estado físico, pues es fuerte y decidida, cosa que logra que la otra figura, aún escondida, aumente su emoción como si tuviera un radar o alguna especie de poder mágico para escuchar la conversación—. No. Quiero un duelo.

.

Últimamente Asuka siente que está comenzando a alucinar cosas extrañas, como siluetas escondidas entre los árboles y una extraña debilidad tras tener duelos, que sólo le deja la energía necesaria para arrastrarse hacia la cama y quedarse profundamente dormida hasta el otro día. Pero lo que más alienta estas suposiciones es Fubuki, a quien ve por todos lados —cosa que no sería nada anormal en realidad sino fuese por otros factores—, con todo el semblante de estar tramando algo malo. Es más, hasta podría llegar a creer que es él quien está detrás del mal funcionamiento de su pulsera del torneo de Disclosure por su secretismo y por cómo la merodea más que de costumbre, como si esperara que en cualquier segundo fuera a caerse muerta.

Esa tarde dichas ideas divagan por su mente como asteroides lejanos, meros haces de luz en el universo de su cerebro. Ha tenido un duelo con Momoe hace algunas horas y, como ya es extraña costumbre, ha quedado agotada y tirada sobre la cama, ocupándose únicamente de sus pensamientos. Es un día bastante bonito y podría gastarlo jugando algún partido de tenis o teniendo otro duelo, pero las fuerzas le fallan, tanto que con lo único que se contenta es con levantarse para mirar por la ventana de vez en cuando, todavía presa de las suposiciones de una posible enfermedad mental, pues ningún acosador está afuera de su ventana cada vez que mira por ella.

A la cuarta ocasión en que se levanta, sin embargo, de nuevo comienza a dudar al notar un elemento extraño en el paisaje, o más bien, varios. Su hermano está escondido detrás de un árbol en la lejanía, por cómo se distingue su inconfundible cabello y su extraño uniforme, pero además de él, algunos metros a la distancia también se encuentran Manjoume y Jim, el primero bastante demacrado y hasta casi agotado —una imagen perfecta de ella en esos momentos—, sosteniendo un duelo que parece no acabar así como también emocionante.

Podría pasar por cualquier cosa y ella no le haría demasiado caso si no fuese por la extraña presencia de Fubuki ahí, que algo habrá tenido que ver con el enfrentamiento, si no es que los lanzó uno contra el otro, pidiéndoles que se pelearan por motivos desconocidos. O más bien, por motivos que ella no quiere saber, pero que intuye perfectamente, por lo dicho por Manjoume días atrás y su comportamiento errático, casi como el de un lunático, teniendo duelos aquí y allá, sin duda en preparación para ése.

Usando la poca energía que le queda, la mujer decide ir hacia el lugar de los hechos para evitar que suceda alguna tontería o que Fubuki prometa algo que no pueda cumplir y le gane un buen puñetazo de su parte, pues nunca le ha gustado que decida por ella, mucho menos en esos asuntos que no le interesan, no tanto como terminar la escuela y seguir estudiando.

Para cuando llega al lugar los puntos de vida de ambos se han decrementado en una suma considerable, logrando que cada robo se vuelva significativo y emocionante a la vez, pues también podría convertirse en el final. Su hermano pega un respingo cuando le pone la mano en el hombro, logrando sacarle una sonrisa que casi le hace pensar en perdonarlo, eso hasta que comienza a explicar el motivo de la pelea.

—¿Por qué están teniendo un duelo? —pregunta ella, conociendo que la respuesta no es simplemente "por diversión" o "por el torneo", pues de ese modo podrá parar antes toda esa locura.

—Por ti, hermanita —le responde él, con una gran sonrisa en los labios y guiñándole un ojo, que no consigue disminuir su molestia y asombro ante tal revelación, tan seca y tan verdadera.

—¿Jim ha accedido a ésto? —nunca esperó eso de él. Es más, ni siquiera se le había pasado por la cabeza. La verdad la desconcertó por algunos minutos, dejándola plantada como una estatua bajo el frondoso árbol, la vista fija en el furioso duelo que se llevaba a cabo a pocos metros de allí.

—No, de hecho, Jim no lo sabe, pero Manjoume está peleando por ti, ¿sabías? —Asuka supone que Fubuki le dice eso para hacerla sentir importante y valorada, pero en realidad los sentimientos que afloran en su interior son de todo menos agradables, aunque también se mezcla alguna pizca de vergüenza entre ellos.

—¡Her-ma-no!

El castaño sale corriendo incluso antes de que ella pueda decidir si quiere descargar su furia físicamente o no, dejándola con los puños levantados durante algunos segundos y el ceño fruncido, mismo que se desvanece eventualmente, conforme observa la finalización del duelo en una impactante victoria de Manjoume, así como también cómo éste se desvanece tras haber ganado, cayendo con un ruido seco sobre el pasto, casi como fulminado por un rayo.

—¡Manjoume-kun! ¡Jim! —el vaquero también se ha desestabilizado, pero permanece de pie tras trastabillar, solícito para ayudar en lo que sea necesario.

—Debemos llevarlo a la enfermería, después de todo —el australiano se echa al joven sobre los hombros de cualquier manera, sin siquiera preguntarse cómo ha llegado Asuka ahí o por qué la otra figura escondida es su hermano, quien se acerca con el amago de una sonrisa temblándole en los labios, como si hubiese sido testigo de un acto heroico. Ha sido un duelo excelente y está preocupado por la salud de su mejor rival, quien ya se veía demacrado pero le insistió demasiado para comenzar.

Asuka, por su parte, deja escapar un suspiro conforme hacen su camino hacia el edificio principal. Todo el asunto le parece absurdo, pero no puede contener una ligera sonrisa cuando observa el rostro de Manjoume, pálido y demacrado, rebotando contra el hombro de Jim, todo por el bien de extraños sentimientos que ella no puede llegar a aceptar.

¿Por qué a mí? Se pregunta ella y luego niega con la cabeza, para espantar la pregunta como si fuese una mosca molesta. Es lo normal, ¿verdad? Esos pequeños accesos de su vida le indican que en realidad si existe un poco de normalidad a su alrededor, casi siempre sumergido en batallas épicas y archi-villanos, todo esto... aún cuando sólo tenga que ver con triángulos amorosos de los cuales ella no quiere saber nada todavía, es un poco de normalidad.

Y quizás le de las gracias a Manjoume, se disculpe con Jim y le pegue a su hermano, pero sólo cuando consiga un buen analgésico antes, junto con una buena dósis de vitaminas, pues por ese día ya ha sido suficiente.

FIN.