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Reencuentro

Cheyenne Mountain.

Colorado. Día.

Sus ojos se cruzaron y ambos se quedaron paralizados en donde estaban, observándose el uno a la otra.

Lo primero que le llamó la atención a Ángel fue su cabello. Antes solía llevarlo atado en una cola o suelto, cayéndole gracilmente sobre sus hombros… pero ahora, era otra la historia.

Lo llevaba corto al estilo varón, y eso sumado a la ajustada ropa de cuero oscuro que tenia puesta, mas la chaqueta del mismo color, le indicó de que estaba ante una nueva versión de la mujer que conocía. Una versión más acorde con los tiempos en que vivían y el mundo que en suerte (o desgracia) les había tocado.

-¿Buffy? – preguntó, con temor. Ella le sonrió. La inexpresividad primeriza dio paso a aquel calido gesto, que él tan bien recordaba en su cara, del pasado.

-Hola, Ángel – dijo ella y se le acercó – Es bueno volver a verte.

Él no pudo contenerse. La estrechó entre sus brazos. Cerró los ojos un momento, aspirando su perfume…

-Buffy… Buffy… ¡Oh, Buffy! – sollozó. Ella respondió al gesto de igual manera; algunas lágrimas se habían escapado de sus bellos ojos verdes.

Se produjo un largo silencio en el que ambos no se dijeron palabra alguna, solo se abrazaban, sintiéndose el uno a la otra entre las ropas… disfrutando de la presencia del opuesto, en un mudo agradecimiento al destino por volver a juntarlos.

Rhodes rompió el mágico momento del reencuentro al carraspear ruidosamente junto a la pareja. Casi con pesar, Buffy y Ángel se separaron para volver a ejercer una cierta distancia entre ambos… distancia que, lo sabían, por mas que quisiera no podría apartarlos de nuevo jamás.

-La señorita Summers es la encargada de mostrarles sus habitaciones – informó el capitán – Se ha ofrecido ella misma a hacerlo. Creo que un rostro conocido es lo que necesitan – hizo una pausa – Debo dejarlos. Tengo que informar a mis superiores de su presencia en la base. Summers, enséñales todo el lugar. Los dejo en tus manos.

Rhodes se marchó. Gunn y Kate se miraron asombrados, y luego observaron a la Cazadora con admiración.

-Te felicito. Realmente no sé cómo lo has hecho, pero los tienes comiendo de la mano – dijo Gunn.

-No es tan así – Buffy se volvió hacia Ángel – Vengan. Síganme. Hablaremos en el camino.

La muchacha rubia comenzó a marchar fuera del andén, seguida de cerca por sus amigos. Se encaminaron por un largo pasillo cilíndrico con puertas en los extremos.

El NORAD bullía de actividad. Llenando cada rincón, cientos de soldados y operarios trabajaban yendo y viniendo de un lado para el otro. El complejo era grande, muy grande y tal y como Ángel observó, estaba enclavado en el corazón de la misma montaña.

-¿Qué pasó con tu cabello? – la pregunta sonó tan trivial que el vampiro se arrepintió de haberla hecho. Para su asombro, Buffy lo tomó en gracia.

-Estamos en mitad de una de las mas grandes y avanzadas bases militares de la Tierra y te preocupas por mi pelo – comentó, divertida – Sigues siendo el mismo de siempre, Ángel. Gracias a Dios por eso.

Él enarcó una ceja.

-Me lo corté cuando ingresé al Ejército – reveló ella – O debería decir, cuando "me ingresaron". Es una larga historia…

-¿Dónde están Giles y los otros? ¿Y Spike?

Buffy se detuvo. Su rostro juvenil se ensombreció por primera vez.

-No lo lograron – fue la seca respuesta que le dio. Reanudó la marcha, subiendo por unas escaleras de metal. Ángel, Kate y Gunn la acompañaron hasta una habitación cercana – Es aquí – anunció, abriendo la puerta – Chicos, tenemos compañía. Adivinen quienes vienen a cenar…

Había hablado a algunas personas reunidas en la sala. Con estupor, Ángel reconoció a la primera de aquellas figuras, la cual salió a su encuentro con una sonrisa en su rostro.

-¿Faith?

-Hey, Ángel. Bienvenido al barco. Es bueno tenerte aquí – dijo la segunda Cazavampiros, dándole una palmada al hombro.

Una chica se levantó de una silla. Corrió hacia él y lo abrazó, llorando de la emoción. Se trataba de Dawn, la hermana menor de Buffy. Ángel la recordaba bien, salvo que ahora lucia más adulta, más grande…

Había crecido desde su último encuentro.

-¡Dios! ¡Que bueno es que estés aquí! – dijo la joven, no pudiendo esconder su emoción.

-Despacio, hermanita. Lo vas a matar de tanto cariño – bromeó Buffy.

Una tercera figura se acercó a saludar. Ángel no esperaba verlo allí, pero se alegraba de que estuviera vivo…

-Hola – saludo Oz, con un gesto – Bienvenidos – miró a Kate y Gunn.

El hombre-lobo les tendió la mano, cordial. Alguien (una cuarta persona) se rió y al ver de quien se trataba, a Ángel se le heló la sangre.

-Vaya, vaya, vaya… ¡Pero mira nada mas lo que el viento a traído! – dijo, socarronamente.

-Lindsey – Ángel se apartó del calido abrazo de Dawn y lo encaró - ¿Qué diablos haces tú aquí?

-Creo que lo mismo que tú: trabajar para el Tío Sam.

-¿De qué rayos hablas? – le espetó, enfadado. De todas las personas en el mundo, no esperaba volver a ver a aquel tipo. De repente, se olía tensión en el aire. Una pelea estaba próxima…

Buffy cortó todo por lo sano al interponerse entre los dos hombres. Miró a Lindsey con gesto severo.

-Intenta algo fuera de lugar y me encargare de que te echen a los zombis de afuera. ¿Está claro?

-Como el agua – Lindsey se sentó en un sillón. Miraba a Ángel con burla – Estas al mando, Buff. Se hará como tú digas.

El servilismo fingido de ese pusilánime idiota irritó a Ángel, pero optó por la opción mas sana: ignorarlo. Se volvió hacia Buffy.

-Ellos son Charles Gunn y Kate Frost – presentó a sus amigos.

Oz volvió a saludar a ambos, en un gesto amistoso. Kate, en tanto, miraba a los presentes con cierto recelo. Se sentía como la invitada a una fiesta donde todos se conocen de antemano… menos ella.

-Bueno… ¿Podrías explicarnos qué sucede aquí? – pidió Ángel. Buffy asintió.

-Tomen asiento. Me temo que esto será largo…