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La historia de Faith
Estaba en el interior de una celda, en la prisión, la noche en que todo comenzó. De repente, despertó en su camastro con el grito de terror de los guardias y el sonido no muy lejano de disparos…
Perpleja al principio, creyó estar siendo testigo de un motín organizado por las otras reclusas, pero al ver entre los barrotes correr a los policías, uno de ellos con una fea herida de mordida en la cara, entendió que no se trataba de que alguien estuviera intentando huir de la penitenciaria, sino, mas bien de que intentaban entrar en ella.
-Mis compañeras de pabellón estaban agitadas – contó Faith – Decían que los polis trataban de mantener fuera de la cárcel a algo. Me preguntaba qué demonios era, pero entonces no importó. Las alarmas sonaron, hubo tiroteos a cada rato y finalmente alguien presionó el interruptor. El seguro electrónico de nuestras celdas fue quitado y quedamos libres…
Faith dijo que se sintió eufórica. Que la adrenalina recorría al cien por cien su cuerpo. Un sexto sentido, algo que tenia que ver con su condición de Cazadora le gritó que existía peligro en el ambiente.
-Salí de mi celda y me uní a la algarabía general. Mis compañeras estaban exultantes. No se veía ni un poli a la vista. Era algo raro que, en otra circunstancia hubiera podido pasar por un amotinamiento normal en una cárcel.
Pero este no lo era.
No. No lo era. Faith lo supo cuando aquellas cosas ingresaron al pabellón, corriendo. Hedían y su aspecto era… sencillamente espantoso.
-El primero que vi parecía que en vida fue hombre. Ahora, poca cosa quedaba de su hombría. Era un espectro vestido con harapos, la cara cadavérica manchada de sangre y unos ojos blancos y sin pupilas horribles. Me bastó para darme cuenta de que esa cosa no era normal… y ya saben, lo que no encaja dentro del área de lo normal, entra en mi área.
Faith recibió a aquella cosa veloz y muerta con un puñetazo. El impacto del golpe fue tal que le desencajó la mandíbula. Aun así, el zombi volvió a atacarla, rugiendo, poseído por una gran ira.
Se defendió de él con sus puños, prestando batalla y en ese momento, echó un vistazo a su alrededor, a sus compañeras de pabellón. Las vio caer bajo el asedio del resto de aquellos monstruos…
-Fue… asqueroso – miraba hacia el aire, mientras recordaba todo aquello – Esas cosas… no solo se contentaban con atacar a mis compañeras… también las devoraron.
Como pudo, se sacó de encima a su agresor. Corrió intentando ayudar a las reclusas caídas pero resultó inútil. Los muertos vivientes resultaron ser más ágiles, más fuertes y muy mejor organizados de lo que esperaba.
Tuvo que huir. Para hacerlo, se abrió paso entre una multitud podrida que entraba enloquecida en la prisión. En un momento dado de su escape, se topó cara a cara con uno de aquellos seres, uno que alguna vez fuera un policía; le faltaba un buen pedazo de cuello, estaba empapado en sangre y con la cartuchera con la pistola reglamentaria intacta, en su cintura.
-No lo pensé dos veces. Sabía que necesitaba un arma, así que lo golpee y se la robé. Tuve suerte, estaba cargada. El pobre infeliz nunca debió llegar a disparar un tiro aquella noche…
Con el arma en la mano, Faith disparó dos tiros al zombi. Los dos en el pecho. Siguió moviéndose e intentó morderla.
Con el cañón en alto, intentó otro enfoque y disparó a su frente. Ahí si hubo un resultado positivo. La cosa se desplomó, inerme como una bolsa de papas, en el reguero que se formó de su sangre y sesos.
-Sabia como matarlos – Faith chascó los dedos – Era todo lo que necesitaba. Un tiro a la cabeza y volvían a pudrirse en el piso – hizo una pausa. Bebió mas cerveza – La pistola solo me serviría para abatir a unos pocos, pero el problema radicaba en que esas cosas eran muchas. Entraban de a montones desde afuera. Digamos que tuve que improvisar…
Como pudo, llegó hasta la armería de la prisión, abandonada como el resto de los puestos de vigilancia del penal. Estaba cerrada con llave y candado. Un disparo terminó con eso.
-De la armería tomé un fusil de asalto y varios cargadores con balas, además de granadas y un par de nuevas pistolas. Con todo encima, salí a hacerles frente a los monstruos.
Bajó a los tiros a varios, comprobando que la lógica se repetía invariablemente (un tiro en la cabeza, un zombi muerto) pero pronto comprendió que el asunto excedía todas sus expectativas heroicas. Por más que mataba a diez de aquellas cosas, diez mas ocupaban su lugar.
-No soy ninguna loca… Okay, no tanto – bromeó, al ver las miradas que le dirigieron – Entendí que aquello de "soldado que huye, sirve para otra guerra" se aplicaba a mi situación, por lo que di a la prisión por perdida… Me dirigí al estacionamiento del lugar, escogí un coche, hice un puente con los cables y arranqué el motor. Prácticamente, no existía ya guardia alguno con vida que me impidiera hacerlo. Todos estaban muertos… y la gran mayoría, se movían igual.
Escapó del penal en automóvil. A su alrededor, la ciudad se hundía en el caos. Miles de esas cosas atacaban a las personas en las calles… las devoraban.
Tomó una ruta hacia fuera de la urbe y esquivó con suerte cientos de accidentes automovilísticos que se produjeron.
-En un momento dado, puse la radio. Estaba llena de locos – silbó, meneando la cabeza – Hablaban que eso mismo sucedía en todas partes… de que llegaban reportes de tal y cual lado. Un caos, en síntesis. ¡El puto Fin del Mundo! Y entonces, pensé: "Hey, si este es el puto Fin del Mundo, ¿Dónde querría estar para pasármelo en grande?"
Faith sonrió. Buffy puso los ojos en blanco.
-Pues ahí mismo, con B y compañía. Así que decidí hacerle una visita a Sunnydale. Lo malo fue que no ocurrió como lo esperaba…
Un control militar la paró en plena ruta a Sunnydale. Al ver su traje de reclusa y las armas que llevaba, los soldados se pusieron nerviosos y procedieron a arrestarla.
Grave error.
Faith los molió a palos e hizo falta como mínimo un amplio número de hombres bien fornidos para contenerla. La redujeron, la metieron en un camión detenida, y se largaron de allí con ella convertida en su prisionera.
-Mucho después me enteraría de lo de Sunnydale. Lo de la explosión atómica, digo. Ni por nada del mundo imaginé a B morir allí. Ni de broma. B tenia que estar viva todavía y luchando en alguna parte…
-Gracias por el pensamiento – dijo Buffy, irónicamente.
-De nada, cariño. Para eso estoy – Faith rió y bebió otro trago de cerveza.
La repulsa primeriza de Kate hacia la segunda Cazavampiros iba cediendo. Su relato estaba cargado de acción y dinamismo, sumado a un espíritu femenino muy independiente.
Invariablemente, comparó su estadía en la tierra de los muertos con la de Faith y en donde ella se hubiera encogido, llorando y muriendo, la muchacha que tenia enfrente hubiera dado pelea hasta el fin. Con uñas y dientes.
Decidió que Faith no estaba tan mal, después de todo.
La Cazadora la pescó mirándola atentamente. Le sonrió y le guiñó un ojo. Kate se sonrojó al instante.
-Como decía – prosiguió – Sospechaba… Creía, que B seguía con vida en algún lugar, resistiendo. Lo malo del caso es que mientras eso pasaba, yo era prisionera de los militares.
Durante un lapso grande de tiempo, permaneció cautiva en otra celda en una base militar de algún sitio donde la llevaron. Quienes la cuidaban le temían, pero aun así no la dejaron morir de hambre. Siempre tuvo delante una ración de comida caliente.
La curiosidad que despertó entre la tropa era llamativa. ¿Quién es esta mujer, decían, que tiene tanta fuerza? ¿De donde la saca? ¿Seria humana?
Algunos médicos se hicieron presentes para hacerle un par de análisis. Tomaron muestras de su sangre y se entrevistaron con ella, intentando revelar el secreto de su condición de Cazadora.
-Imagino que querrían duplicar el resultado en sus laboratorios – conjeturó ella – El caso es que nunca pudieron sacarme nada de mi boca. Mi obstinado silencio les irritaba – rió – Pobres.
-No duró para siempre, me imagino – intervino Ángel. Era la primera vez que hablaba desde que Faith inició su relato.
No. No duro para siempre. Un día, el capitán Rhodes se hizo presente ante ella y mencionó una sola palabra que la descolocó.
-Cazadora – dijo.
Faith lo había mirado con perplejidad y aquello fue lo único que el militar necesitó para entablar una charla con ella. Le comunicó que Buffy estaba viva y que colaboraba con ellos. Rhodes la invitó a imitar su ejemplo…
-¿Entrar en el puto Ejército? ¡Ni loca! Eso fue lo que le dije – Faith volvió a reír – El caso es que Rhodes es un cabron insistente. Me expuso las cosas de forma claras, como a mí me gustan.
"Vida o muerte, tu escoges", le había dicho Rhodes. Faith era una prófuga de la justicia, con antecedentes penales y una condena a medio cumplir. Si el capitán quería, podía hacerla fusilar por un pelotón en el patio de la base.
-Me di cuenta de que hablaba en serio, por lo que llegué a la conclusión de que el sistema de supervivencia era el más claro y el de siempre: o colaboraba o me metían un tiro en la cabeza. Así de sencillo.
Decidió colaborar pero antes, quería ver a Buffy y salir de la asfixiante celda donde la tenían confinada.
La sacaron, le dieron ropa nueva y la llevaron al NORAD. Ahí se vio cara a cara con la primera Cazadora…
-B me explicó de cómo iba la mano. Y me uní nomas al grupo – Faith finalizó su relato. Aplastó con una mano la lata de cerveza vacía. Miró a Kate – Dime, guapa… ¿Te ha parecido mejor mi historia que la de B, si o no?
La ex actriz tragó saliva. La mirada de Faith hacia ella iba cargada de más de una insinuación. Optó por bajar la vista y permanecer callada.
-Buena chica – dijo la Cazavampiros, despacio. Se produjo un incomodo silencio. Ahora era Gunn a quien Faith le parecía irritante. Colocó una mano en el hombro de su pareja, en señal de resguardar su territorio.
No la conocía tan bien como Ángel o Buffy lo hacían, pero la creía más que capaz de abordar a otra mujer… en este caso, a su mujer.
Ángel se volvió hacia Oz.
-¿Y tú? ¿Cómo caíste aquí? – quiso saber.
El hombre-lobo carraspeó, tomado por sorpresa. Era obvio que lo que el vampiro quería era escuchar también su historia.
-Bueno… lo mío no es tan espectacular como lo de Faith – se disculpó – Pero si quieren oírlo…
Sí querían, de modo que fue su turno de hablar.
