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La historia de Lindsey
El antiguo abogado de Wolfram & Hart se arrellanó en su asiento. Colocó sus pies sobre una mesita pequeña enfrente de él, como un taburete, y comenzó su narración…
-Antes que nada, dejemos de lado las tonterías – dijo – Lo ultimo que sabes de mí – miró a Ángel – era que dejaba la ciudad y que me iba en un viaje de búsqueda espiritual.
Lindsey esperó. Ángel no dijo nada.
-Claro que tú te crees todo lo que te cuentan – observó, con cierta ironía – Jamás existió tal búsqueda. Nunca me embarcaría en una estupidez como esa. Pero el punto fue que tú lo creíste, lo que me dejó libre para actuar a mi gusto y placer en lo que más ansiaba en la vida: buscar la forma de destruirte. Demostrarles a los Socios Mayores que se equivocaron al conservarte con vida. Que era un error que se te permitiese seguir respirando, siquiera. Esa y no otra, fue mi verdadera búsqueda.
Lindsey pasó algunos años viajando por el mundo para recabar poder y conocimiento. Estudió las artes oscuras, hizo tratos con demonios, se entrenó en el uso de las armas… con el único fin de prepararse para volver con todo. El plan era asestar el golpe sin que el vampiro lo viera venir.
-Tenía todo listo, pero sucedió entonces algo muy curioso.
Sus contactos clandestinos en Wolfram & Hart le alertaron del plan de la compañía de iniciar un Apocalipsis zombi, liberando un súper virus diseñado por ellos en laboratorios ocultos y esparcidos por el mundo. Sabiendo del inminente final que se aproximaba, Lindsey tomó serias medidas para preservarse de lo que seria una verdadera masacre de proporciones bíblicas.
-Un día antes de la noche en que toda esta locura comenzara, hice un pacto con Nekron, el dios de los muertos – explicó – A cambio de mi alma y mi mas absoluta devoción a su culto, me proporcionó la única cosa que me volvería inmune a la plaga que se acercaba… lo único que me mantendría de una pieza, intacto, cuando los muertos despertasen y se alzasen de sus tumbas con hambre. ¿Te imaginas qué es?
Como siempre, le hablaba a Ángel. Lo hacía de manera desafiante, sin temerle o respetarlo. Por su lado el vampiro siguió imperturbable, sin responderle.
Lindsey se puso de pie. Lentamente se desabrochó la camisa negra que llevaba puesta, mostrando su torso, hombros y espalda. Kate silbó, sorprendida y admirada. Sobre el cuerpo del ex abogado se veían unos curiosos tatuajes con forma de runas.
-Esto. Son para protección – informó – Los tengo por todo el cuerpo – se volvió a colocar la camisa.
Los tatuajes, explicó, lo volvían invisible a los ojos de los muertos. Por tanto, lo convertían en un ser inmune a sus ataques.
-Fue una experiencia un tanto curiosa y muy entretenida caminar entre esas cosas y que ni lo notaran. Asistí, como espectador de privilegio, al fin de la raza humana.
Pero él sabia que la cosa no acabaría ahí. Wolfram & Hart tenían planeado restaurar el orden mas tarde, con ellos al control de todo. Lindsey no era tonto; sabia que como desertó de la compañía y dado la espalda a los Socios Mayores, en el Nuevo Orden lo buscarían y ejecutarían como a un vulgar criminal.
-Siempre estoy a dos pasos por delante de ellos. Como era inmune a los zombis podía ir a venir a mi antojo por donde quisiera, y fue así como me enteré de que Wolfram & Hart había finalmente fabricado una cura… si, el antídoto existe y en teoría, seria capaz de devolver a los muertos a su sueño eterno. ¡Imaginen mi ansiedad por poseerlo! Un hombre que lo tuviera, podría ser el amo indiscutible de todo. Las naciones diezmadas pagarían cualquier precio por él – se rió. Ángel sintió asco de él – Lo malo era que el laboratorio donde está se encuentra protegido y el acceso es, por decirlo suavemente, imposible.
-¿No que eras invisible para los zombis? – preguntó Gunn – No te costaría nada ir por él. Digo… si es que esos tattos mágicos te protegen como dices.
-Los tatuajes me protegen de los muertos vivientes comunes – replicó – Pero resulta que Wolfram & Hart ha estado experimentando con ellos. Han conseguido crear zombis modificados que les obedecen ciegamente. Son astutos, rápidos y el triple de salvajes. Y por supuesto, inmunes a la magia. Por completo.
La situación dado el caso, volvía las tretas de hechicería del ex abogado inútiles, pero Lindsey contaba con un as bajo la manga: sabía la ubicación del laboratorio de la empresa. Solo necesitaba ayuda extra para poder llegar a él.
-Yo mismo me presenté ante los militares – dijo – Les conté la historia. Me creyeron. Por supuesto, habían visto que los muertos no me prestaban el más mínimo interés. Me trasladaron aquí, al NORAD, en donde tuve el agrado de conocer en persona a tu ex novia – miró de soslayo a Buffy – El Presidente mismo no tardó en venir a verme. Me escuchó con atención. Le aseguré que si nos hacíamos con la cura, Estados Unidos seria la nación dos mil veces más rica del mundo y con un poder indiscutible. Estuvo de acuerdo con que algo debía hacerse.
Lindsey calló. Sonreía ampliamente.
-Mi historia, en resumidas cuentas – dijo luego de un rato – Espero les haya gustado.
Ángel deseaba golpearlo. Apretaba los puños y se imaginaba aporreándolo hasta la muerte, pero se contuvo. Buffy tomó la batuta de la conversación una vez más…
-En conclusión: estamos aquí porque Zane desea que busquemos esa cura – declaró – El antídoto que ponga a los muertos en su lugar otra vez. Todos hemos sido en cierta manera, reclutados por el Tío Sam para pelear por la Patria.
-…Y el estilo de vida americano, no te olvides de eso, bombón – agregó Lindsey.
-¿Quieres que le pegue, B? – se ofreció Faith – Solo da la orden y le borramos a este hijo de puta la sonrisa.
El ex abogado la miró con deseo. Imaginó que domar a Faith seria muy placentero…
-No. Zane lo quiere vivo e intacto.
-Gracias.
-…Aunque, si sigue diciendo estupideces, a lo mejor yo misma le de una paliza.
-¡Bah! Promesas, promesas… - Lindsey rió de nuevo. Le guiñó un ojo a Faith.
-El caso es que no tenemos opciones… mas que una – la Cazadora rubia lo ignoró – Colaborar con el Gobierno.
Ángel lo entendía. Se habían producido muchísimas muertes a lo largo de aquella Pandemia terrible. La sola idea de revertir el mal cometido le resultaba atrayente.
-Me han acompañado hasta acá y lo aprecio muchísimo – dijo, volviéndose hacia Gunn y Kate – pero creo que esto es algo que debo afrontar yo solo.
-¡Ni pensarlo, viejo! ¡Somos un equipo! ¡Donde tú vas, vamos nosotros! ¿Verdad, nena?
Kate no supo qué decir. Aquella no era su lucha, a decir verdad. Ella solo quería llegar viva al final del día.
Gunn quedó algo decepcionado por la poca disponibilidad de su pareja a colaborar en la guerra venidera. Enmudeció y no dijo nada más.
-Estoy dentro – sentenció Ángel – Cuenten conmigo.
