9
El experimento del Doctor Logan
Cheyenne Mountain.
Colorado. Tiempo después.
El laboratorio del Dr. Logan no era muy distinto al que Fred tuviera en Wolfram & Hart. Al menos, mientras Ángel seguía a Buffy a su interior, le pareció como entrar en una sensación de DejaVuh constante.
Casi esperaba ver a su amiga científica salir a su encuentro desde algún rincón, con un raro aparato entre las manos y su eterno parloteo diario sobre la teoría de algún fenómeno extraño que tenia que investigar…
Pero no. Pese a que el lugar era igual y la sensación de familiaridad persistía inundándolo, aquél no era el laboratorio de Fred ni su amiga saldría a recibirle como siempre, con una sonrisa en los labios.
Todo eso se había acabado.
Todo eso estaba muerto.
Ya no volvería.
Fred tampoco. Wesley se encargó de eso.
-Hola Doc – saludó Buffy al científico. El hombre se encontraba leyendo unos papeles detrás de su escritorio. Al verlos entrar, se levantó de su asiento y le extendió una mano cordialmente al vampiro, mientras ella los presentaba – Él es Ángel, de quien le hablé. ¿Se acuerda?
-¡Mi estimada muchacha! ¿Cómo olvidar su apasionante descripción de una criatura única y formidable en la Naturaleza? Encantado, encantado…
El Dr. Logan era un anciano de aspecto ilustre. Mientras Ángel respondía a su saludo estrechando su mano, notó cómo el hombre de ciencia temblaba de la emoción. No supo si sentirse halagado o molesto por tal despliegue.
-Doc, dieron la autorización para que le hable sobre su trabajo – continúo Buffy - ¿Por qué mejor no lo hace mientras me ocupo de otros asuntos? – se volvió hacia Ángel – Recuerda que Zane quiere vernos después. En su despacho. Ya sabes dónde es.
-Ok. Ve tranquila.
-Te dejo en buenas manos. Doctor…- la Cazadora le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo y se marchó.
Ángel comprendió al instante que no se sentía cómoda del todo ante Logan y su laboratorio.
Mas tarde, entendería la razón.
-Si gusta sentarse – Logan le indicó un silla – Estaba leyendo unos informes de un análisis reciente que hicimos… y, antes de que usted llegara, estaba echándole otro vistazo a esto…
Sacó de un cajón una pequeña libreta negra. El diario de Fred.
-Me lo hicieron llegar a mis manos un poco después de que sus amigos y usted llegaran al NORAD – le explicó – Es un fascinante relato de una infección zombi en primera persona. Realmente, quien lo escribió debió ser una persona muy valiente.
-Ella… ella era muy especial.
Se produjo el silencio. Logan asentía, devolviendo a su lugar el diario. Miró a Ángel a la cara.
-Los datos de la señorita Winifred han sido de invaluable ayuda para complementar mis propias investigaciones del fenómeno zombi… si bien, ella estaba errada en algunas cosas, ahora tenemos todo el panorama completo del caso.
El doctor suspiró, pensativo.
-Sabemos que el origen de la Pandemia es un virus. "Z" le llamó la señorita Fred en su diario. H1Z1, es mi definición personal, pero creo que la otra es mas fácil de recordar – sonrió – Sabemos por boca del señor Lindsey que el virus no es natural; es una creación alterada de laboratorio, fabricada según dijo, por una compañía corporativa que representa al Mal en la Tierra…
-Wolfram & Hart – corroboró Ángel – También eran abogados. Al menos, esa era una de sus especialidades.
-Vaya nombre, pero bueno… - el científico asintió – El caso es que sabemos que primero Z se esparció por el aire, llevado por las corrientes atmosféricas a todos los rincones del globo, afectando en un proceso rápido a los organismos muertos con los que se encontró.
-Si.
-Sabemos que no importa el grado de deterioro en que estaban los cuerpos, Z los revivió. Restauró las funciones básicas y rudimentarias del cerebro y la circulación sanguínea. Los dotó de un salvajismo incomprensible y sin límites, una velocidad extrema y una fuerza sorprendente.
-Fred decía que los zombis solo tenían una emoción: ira. Y que padecían de un hambre atroz.
-Es verdad – confirmó Logan – La parte del cerebro restaurada que corresponde a los impulsos agresivos del hombre esta sobreexcitada, lo mismo que el área correspondiente al control del reflejo alimenticio. Todas están comprometidas.
-Doctor, no quiero sonar descortés con usted, pero no me está diciendo nada nuevo que yo no sepa. Incluso, sé que el virus se transmite entre mordidas y que fue así como posteriormente se extendió el contagio por el planeta…
-Es verdad – Logan lo interrumpió – Z pasó de contagiar por la vía aérea a por contacto directo con los fluidos de un infectado.
-Se lo repito: no me está diciendo nada nuevo. Todo eso lo sé.
-Lo que NO sabe son los progresos de mis investigaciones.
Silencio de nuevo. Logan le hizo una seña para que lo siguiera. Lo condujo a un rincón del laboratorio, donde se encontraron ante la puerta de un cuarto contiguo. Estaba cerrado con llave.
-Entre despacio después de mí. No quiero perturbarla mucho – le pidió. Abrió la puerta.
Dentro, en una habitación sencilla e iluminada, los esperaba una muchacha.
Estaba de pie en una esquina, mirando hacia el frente. No era muy alta pero si muy bonita. Tenia el cabello largo y negro, y la piel blanca, como de porcelana…Usaba un vestido largo y entre sus manos aferraba un libro de bordes desgastados.
Ángel leyó la tapa del libro. "Crepúsculo", de Stephanie Meyer. Lo recordaba. Una versión muy edulcorada de los vampiros, en su modesta opinión, que estaba de moda antes de que el mundo terminase. Pero eso no era lo sorprendente en la chica; al mirar a sus ojos, blancos y sin pupilas, reconoció con estupor a una zombi.
-Ángel… le presento a Zania – dijo Logan, contento.
La zombi reaccionó. Miró a los recién llegados con evidente asombro y sonrió.
-Buenos días, señor Ángel – saludó.
-Dios… - de repente, el vampiro se mareó. ¡Un zombi que hablaba! ¿Un zombi que sonreía? Era mucho para él – Dios… - repitió. Logan le alcanzó una silla y lo ayudó a ocuparla. Mientras lo hacia, Zania buscaba otra y se la colocaba al científico para que también pudiera sentarse.
-Gracias – dijo Logan.
-Por favor. No hay de qué – respondió la zombi y volvió a su esquina. En esta ocasión, levantó la novela que llevaba en las manos y se puso a leerla.
-¿Qué le parece? ¿Verdad que es muy educada? – el científico la miraba con un inmenso cariño paternal.
Ángel tuvo deseos de gritar. Era demasiado para él. Pidió explicaciones urgente. Logan se las dio.
-Zania era una chica común que sobrevivió al Apocalipsis zombi. Lamentablemente, quedó infectada por el virus. Como en el caso de la señorita Fred, agonizó por algunos días hasta morir. Inmediatamente a su fallecimiento, coloqué su cuerpo en conservación química y la conecté a varias maquinas que bombearon dentro de ella una solución fabricada por mí, por vía venosa. Sabemos que el virus resiste toda vacuna o anticuerpo que se le presente, pero el compuesto que he inventado podía ser efectivo…
-¿Y entonces?
-Como previne el virus revivió a Zania, pero el tratamiento químico al que la sometí evitó que se convirtiera en un monstruo devorador de carne… además de conservar su aspecto físico sin signos de deterioro.
Ángel abrió mucho los ojos.
-¡Encontró una cura! – dijo.
-No. No precisamente. No es una cura – lo corrigió Logan – sino un método para evitar que se vuelvan agresivos. En la práctica, resultó posible. Las funciones superiores del encéfalo de Zania se mantienen intactas. Las emociones hostiles se han suprimido, lo mismo puede decirse del hambre desmedido, aunque cada cantidad de horas la alimento por vía inyectable. Más que nada para que el organismo no se desacostumbre de golpe a no recibir más nutrientes.
-Pero… ¿Entonces es como una persona normal? ¿Piensa y siente como un humano?
-Volvió a aprender a pensar y sentir como un humano luego de su resurrección – al ver la mirada de perplejidad de Ángel, el científico se apuró a continuar – En vida, era una muchacha sana, normal y corriente. Al morir, las neuronas de su cerebro se apagaron. El virus las reactivó y su mente fue reiniciada. Re-aprendió muchas cosas, algunas enseñadas por mí, pero después corrió por si sola – Logan hizo una pausa. Señaló al libro que la zombi leía – Ese fue regalo mío. Parece gustarle mucho las historias románticas con toques fantásticos… Hace poco, conseguí que viera la película en la sala de cine que tenemos aquí. Podría jurar que suspiró por el personaje del vampiro protagonista, Edward Cullen.
Ángel enarcó una ceja. El doctor carraspeó. Zania levantó la vista de su libro.
-¿Necesita algo, doctor? – preguntó.
-Solo que converses un ratito con nosotros. ¿Te parece bien?
La zombi cerró el libro.
-Claro.
-Bien… muy bien – Logan se frotó las manos – el señor Ángel aquí presente es un vampiro. Uno genuino.
Zania se sorprendió.
-¿En verdad?
-Si… - murmuró Ángel. Miraba a la muchacha con temor reverencial.
-¿Eres como Edward?
-¿Eh?
-Edward Cullen – le mostró el libro – "Crepúsculo". Es el personaje de una novela.
-Lo sé… yo… es decir… si y no… es decir…
-¿Tienes un amor prohibido?
Ángel tragó saliva. Pensó en Buffy.
-Edward tiene a Bella – explicó Zania – Ella desea estar junto a él. Él la ama, pero no quiere que ella sea victima de su condición sobrenatural. Sin embargo, están destinados a estar juntos – suspiró - ¿Tienes un amor así en tu vida? ¿Amas a una mujer humana y sabes que no puedes tenerla?
Ángel sudaba. Hasta el momento, no sabía que los vampiros pudieran hacerlo. Zania esperó a su respuesta, pero como no se la dio, perdió rápidamente el interés…
-No eres como Edward – concluyó, volviendo a leer el libro – Él es mas guapo.
El doctor Logan condujo al vampiro fuera de la habitación de Zania. Reanudó la charla ya de nuevo en su escritorio…
-No es una cura – repitió – Zania está muerta y sigue moviéndose. Si fuera una cura o antídoto, debería permanecer muerta. El método que he desarrollado impide la agresividad, el salvajismo y el hambre sin control, pero NO es una cura.
-Entiendo.
-Existen en este momento en el mundo medio millón, si no más, muchos más zombis. No podría aplicar a todos este método. Por lo tanto, es obsoleto.
-Yo no lo creo así.
-Hágame caso: es obsoleto. Es un gran progreso, sin duda, pero el Presidente tiene en vista un proyecto más… ambicioso, más grande.
-Encontrar la cura que Wolfram & Hart diseñó.
Logan asintió.
-Si tuviera acceso a ella, podría replicarla a gran escala. Podríamos parar a los zombis de todo el planeta. Podríamos recuperar el mundo… bueno, lo que queda de él.
Ángel comprendía. La situación era grave.
Debían ir por ese antídoto.
-Debo marcharme. Tengo… una reunión con el Presidente – dijo a Logan.
-Comprendo. Espero que le vaya bien. Dele saludos de mi parte.
Se disponía a salir del laboratorio cuando recordó una pregunta que quería hacerle al hombre de ciencia. Se volvió hacia él.
-¿Por qué se llama Zania?
-Ah… Su Nickname en el MSN. Lo usaba cuando chateabamos ocasionalmente.
-…
-No me mire así. Uno tiene que estrechar su vínculo de amistades. El ciberespacio es un lugar fascinante donde conocer a muchas personas nuevas… bueno, lo era.
Ángel iba a replicar algo, pero decidió no meterse más en el asunto. Con los zombis en el mundo dando vueltas, tenia ya mas preocupaciones que las que por qué un hombre mayor como Logan chateaba con chicas jovencitas como Zania.
Aun si, sintió una leve punzada de escalofríos.
