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Holden

Zane Holden no era el típico hombre que uno esperaba ver en la política. Mas acostumbrado a observar personas despreocupadas y hasta cómodas con su posición, Ángel se llevó una sorpresa al conocer en persona al, por aquél entonces, Presidente de la nación americana.

Holden era joven, bien parecido y de complexión atlética. Vestía un pulcro traje azul con corbata roja y hubiera pasado perfectamente como galán de alguna película de Hollywood. Sin embargo, cuando abría la boca y hablaba uno se daba cuenta de que estaba ante una persona simple, sencilla y directa. Un tipo común.

-Es un placer conocerte, al fin – le dijo, ni bien Buffy y él entraron en su despacho – La señorita aquí presente me habló mucho de ti. Tenia unas ganas enormes de conocerte – le aseguró, palmeándolo en el hombro – Vengan, siéntense aquí, enfrente de mi escritorio. Vamos a charlar.

Holden les señaló dos cómodos butacones ubicados delante de su lustroso escritorio de madera. Mudo por la familiaridad y la humana cordialidad de su anfitrión, Ángel ocupó su lugar.

Había esperado encontrarse con cualquier cosa: un tipo soberbio, engrandecido por su posición privilegiada de poder; un dictador, cruel, tiránico y siniestro…

Algo por el estilo.

Lo usual.

Pero no era el caso. Nunca pensó encontrarse con un tipo como el que tenia enfrente. Una persona que te miraba con sumo aprecio y paciencia. Alguien que rezumaba confiabilidad.

Una persona como Zane Holden.

-Déjame adivinar: seguramente, te estas preguntando cómo un tipo como yo llegó a la presidencia de la nación – dijo, sonriendo. Ángel parpadeó. ¿Acaso ese tipo le leía la mente? No, por supuesto que no. Pero era muy perspicaz – Échale la culpa al Gabinete Gubernamental de Crisis. Creo que lo que ellos pretendían era poner en el poder a un hijo de puta, pero les salio el tiro por la culata. Al menos, yo creo que soy un buen tipo… - hizo una pausa, pensativo – De todas maneras, es muy tarde para quejarse.

Si aquello fue un chiste, Ángel no supo interpretarlo. Buffy no dijo nada. Aguardaba en silencio a su lado.

-Bueno. ¡Basta de tonterías! Vamos al asunto en cuestión – Holden se puso serio – Me imagino que estas al tanto de lo que nos proponemos hacer…

-Wolfram & Hart. Laboratorio. La cura a la plaga zombi. Usted la quiere – puntualizó el vampiro.

-Así es. Confieso que la historia de una corporación demoníaca dedicada al Mal en la Tierra me sonó a argumento de una mala película de Resident Evil. Conozco compañías ejecutivas, muchas y muy variadas. Nunca creí que podría existir en la realidad algo así, que una se dedique exclusivamente al Mal, pero me rindo ante las evidencias – el Presidente se cruzó de brazos – Necesitamos esa cura, Ángel. No solo Norteamérica; el mundo la necesita. Tenemos una chance de recuperar la Tierra, solo una oportunidad. Pretendo disponer de todos los recursos que tengo para lograrlo. Entre ellos, están ustedes.

Holden los señaló.

-Antes de conocer a Buffy, era escéptico en todo lo que se refiere a lo sobrenatural. Ahora soy un ferviente creyente y veo el potencial en esto. Disponemos de un grupo conformado por dos Cazadoras, un hombre-lobo y un poderoso vampiro, además de un sujeto inmune a los muertos mediante la magia y que entre otras cosas, conoce las instalaciones donde se halla la única posible salvación para la raza humana. Muchos dirían que es poca cosa, pero para mí es más que suficiente.

Holden hizo una pausa. Aguardaron a que continuara.

-Quiero armar un equipo de asalto con ustedes – dijo – Serán entrenados por mi gente en el manejo de algunas armas y tácticas. No creo que eso les insuma mucha dificultad, dado los antecedentes que tienen. Después, partirán hacia ese laboratorio. El Ejército les servirá de apoyo una vez que conquisten el lugar. Nos aseguraremos de limpiar la zona de enemigos.

Ángel levantó una mano.

-Tengo una pregunta.

-Adelante.

-Con el debido respeto, pero todo me suena a que nosotros vendríamos a ser en este plan, la carne de cañón.

-¿Lo dices por lo de hacerlos marchar a ustedes primero antes de que a mis soldados?

-Si.

-No voy a mentirte, Ángel. Hemos perdido incontables vidas de hombres muy valientes en esta guerra contra los muertos vivientes. Prefiero que ustedes vayan primero, no por ser carne de cañón como dices, sino por la experiencia que ya tienen en estos asuntos. Además de los poderes y habilidades que poseen.

-Sigo sin comprender. Conoce la ubicación del laboratorio de Wolfram & Hart. Me imagino que Lindsey se la dio. ¿No seria mejor enviar un ejército completo y bien preparado al lugar por la cura a que un grupo reducido como nosotros?

-Dos cuestiones – Holden extendió una mano y mostró dos dedos – Numero uno: si mando un destacamento enorme, como en las películas, me arriesgo a que el enemigo destruya la cura para evitar que lleguemos a ella. Numero dos: si ustedes tienen éxito, salvaran a muchas vidas.

-Sigue sonándome a que somos carne de cañón. Lo siento.

-No es así.

-Pues lo parece.

Silencio tenso. Buffy observó a Holden fruncir el ceño, pero solo unos segundos.

-Te aseguro que no es así, Ángel – dijo el Presidente – Confío en las habilidades que ustedes tienen. No soy idota. No voy a arriesgar mis cartas en una jugada que no seria segura. Iran, combatirán al enemigo, ganaran y luego, el Ejército los asistirá. Traeremos la cura, el doctor Logan la reproducirá y la implementaremos inmediatamente. Todos salimos ganando con esto.

-Querrá decir que Estados Unidos sale ganando – terció el vampiro.

-No. El mundo gana con esto. Estoy dispuesto a compartir la solución con todos los países de la Tierra. Y digo bien, TODOS. Si algo aprendimos de este suceso es que no existen las fronteras entre nosotros a la hora en que las tragedias nos azotan. Si sufre un solo ser humano, sufrimos todos. Nadie es un individuo aislado. Somos todos parte de la misma especie.

Ángel se quedo mudo. ¿Soñaba o estaba despierto? ¿Era Holden un ser real o un mero invento de su imaginación? Era un tipo demasiado bueno para ser real.

Era demasiado bueno para ser Presidente.

Pero tenía razón en varios puntos.

El mas obvio era aquel en el que de tener éxito, se podrían evitar la muerte de millones de personas que, a lo mejor, sobrevivían como podían allá afuera.

-Yo estoy dentro – dijo Buffy – Quiero que la pesadilla termine, que la locura se acabe.

-Yo quiero lo mismo – puntualizó Holden – Solo lo lograremos trabajando codo a codo. Ángel, sé que dijiste que lo harías, pero no puedo presionarte a ello. Si decides que no merece la pena, quiero que sepas que aquí nadie obliga a nada. Solo dilo y buscaré otra salida.

El vampiro no respondió de inmediato. Decidió que el Presidente era un tipo hábil en su puesto. Estaba poniendo democráticamente en sus manos la decisión de hacer sí o no la misión. Era lo mismo que poner sobre sus hombros el peso del mundo…

-Es obvia cual será mi respuesta. La dije una vez y lo vuelvo a decir ahora – sonaba fuerte y decidido – Estoy dentro. Cuenten conmigo.