15
El laboratorio
Laboratorio de Wolfram & Hart.
Centro de Los Ángeles. Noche.
Ingresaron a un largo pasillo iluminado con luces artificiales. Nadie les había estorbado la entrada y si bien de camino al edificio dejaron un tendal de cuerpos de zombis abatidos en la calle, Ángel y Buffy esperaban una comitiva de bienvenida mortífera apenas pusieran un pie en las instalaciones.
No fue así.
-Sin guardias a la vista – comentó Faith – B, ¿piensas lo mismo que yo?
-Mala señal.
El pasillo los condujo a un amplio vestíbulo abandonado. Un enorme cartel contra una pared anunciaba: "WOLFRAM & HART, LABORATORIES Inc".
Oz arrugó la nariz.
-Podridos cerca – anunció. Ángel también pudo olerlos. Estaban allí, en alguna parte.
-Ok. A moverse otra vez – Buffy se dirigió a Lindsey – Eres nuestro guía turístico. ¿Cuál es el mejor lugar para visitar?
Lindsey señaló un ascensor cercano.
-Por ahí. Las damas primero, por supuesto – sonrió.
-Simpático – Buffy apuntó su pistola al frente - ¿Funciona?
-Querida… hay luz en el edificio, por si no te has dado cuenta. ¿No es sinónimo de corriente eléctrica fluyendo?
-Lo que no entiendo es cómo le hacen para tenerla en una ciudad prácticamente a oscuras.
-¿Generador de emergencia? – Lindsey se encogió de hombros.
Las puertas del elevador se abrieron con un sonido siseante. No había nadie dentro. Subieron a toda prisa y el ex abogado presionó un botón.
-Próxima parada, el subterráneo.
El ascensor comenzó a moverse hacia abajo. Ángel estaba sorprendido. Creía que su destino eran los pisos superiores, pero era evidente que no seria así.
El viaje duró un largo rato. El laboratorio principal, según Lindsey les dijo, se encontraba muchos metros bajo tierra.
Cuando las puertas se abrieron, todos levantaron las armas de inmediato. Otro pasillo, mal iluminado en este caso en contraste con el de la superficie, los recibió…
Caminaron por él. Fueron a parar a una gran sala repleta de muertos, cubiertos por sabanas.
-Parece una morgue – sugirió Buffy.
-Lo es – Lindsey señaló los cuerpos tapados – Pero no teman. Estos no se levantaran.
-¿Cómo lo sabes?
El ex abogado descorrió la sabana de uno de ellos: tenía el cráneo abierto y le faltaba el cerebro.
-Extracción encefalica – volvió a taparlo – Ya sabes que sin cerebro, estas cosas no andan.
-Dios… que gente tan enferma – comentó Faith – Luego dicen que yo soy la loca.
A Ángel tampoco le gustaba lo que veía.
-Imagino que el recorrido es a través de esta sala – aventuró.
-Correcto. Por aquí, por favor – Lindsey los condujo entre las camillas con los muertos tapados hacia una gran puerta.
Estaban a punto de cruzarla, cuando de la última hilera de cadáveres cubiertos surgió un grito. Cuatro zombis saltaron por al aire, hacia ellos. Estaban ocultos, esperando su llegada…
-¡El comité de recepción que esperábamos! – Faith abrió fuego. Sus compañeros la imitaron.
El cráneo de uno de los zombis fue alcanzado, reventándose, pero los otros tres no corrieron la misma suerte. Agachándose a toda velocidad, voltearon una camilla, tirando a su ocupante al piso y se cubrieron con ella.
-Esto es nuevo – Faith recargó su fusil.
No hubo más movimiento detrás de la camilla colocada como barricada para atajar los disparos. Los zombis que se ocultaban detrás de ella esperaban.
A dúo, Buffy y Faith dispararon una lluvia de balas en aquella dirección. Era imposible no haberlos exterminado con eso. Pero cuando fueron a ver se encontraron con una sección del suelo, de metal, separada… revelando un ducto de ventilación.
Los zombis habían escapado por él.
-¡Huyeron! – Buffy se volvió hacia Lindsey - ¿Estos son los que Wolfram & Hart modificó?
-Estos son. Más rápidos, veloces y astutos.
-No me gusta.
-A nadie le gusta, cariño.
Hubo un estruendo bajo sus pies. Alaridos. Los zombis se movían por los ductos. Dispararon al suelo y se produjo el silencio, pero fue imposible determinar si les dieron.
-Salgamos de aquí – sugirió Ángel.
Abandonaron la sala cruzando la puerta del principio. Salieron a un siguiente nivel del complejo subterráneo.
El corredor en esta ocasión era más espacioso que los anteriores. Del techo colgaban tubos y muchos conductos de ventilación, como en una fabrica.
-Con cuidado – dijo el vampiro – Si esas cosas pueden pensar estrategias para atacarnos, estamos muy expuestos.
Se movieron con inútil sigilo. Desde las tinieblas cercanas, pares de ojos sin pupilas los espiaban, esperando su oportunidad…
El corredor terminaba súbitamente ante una exclusa de metal cerrada con seguro electrónico. Lindsey sacó del bolsillo de su traje una tarjeta magnética. La probó y tecleó una clave.
La puerta no se abrió.
-¡Mierda!
-¿Qué?
-Debí imaginármelo. ¡Que estupido que soy!
-No vamos a discutir eso – comentó Ángel - ¿Qué pasa?
-¡Cambiaron los códigos!
-Uf. No, si te iban a estar esperando con la puerta abierta – el sarcástico comentario fue de Faith – Bueno, háganse a un lado – se dispuso a disparar a la puerta con su arma, pero Lindsey la paró.
-¡Es blindada! ¡Ni con granadas podremos abrirla!
A Buffy se le ocurrió una idea.
-Los ductos de ventilación – los señaló – atraviesan el corredor y van hacia el otro lado de la entrada. Podemos usarlos.
-Pero esas cosas andan por ahí – le recordó Oz.
-No hay otra opción – la rubia Cazadora se acercó a la rejilla de aire mas cercana. La abrió de una patada – Adentro.
-Yo primero – Ángel pasó antes que ella y luego todos los demás lo hicieron.
Los tubos eran estrechos. Tuvieron que arrastrarse un buen tramo para conseguir avanzar. La vaharada a podrido que reinaba allí era sofocante.
-Alguien se debió morir acá – Faith se tapó la nariz y respiró por la boca.
Un rugido detrás de ellos les heló la sangre. Un zombi apareció y con sus pútridas manos se aferró a los talones de Oz.
-¡Ayuda! – gritó, mientras tiraban de él a toda velocidad hacia atrás.
Buffy y Faith intentaron disparar a la criatura, pero en el espacio cerrado en el que estaban resultaba imposible no darle a su amigo.
El muchacho fue arrastrado a los gritos hacia una muerte segura…
-¡Oz! ¡Oz! – gritó Buffy, impotente.
Los gritos de Oz se perdieron en la lejanía de los tubos. Con el corazón latiéndole a mil, Buffy esperó… y fue recompensada con un gruñido ronco y un aullido lobuno.
-Ha cambiado… - dijo, esperanzada.
-Sugiero seguir adelante – intervino Lindsey – Dudo mucho que de sobrevivir a esto, nuestro "camarada" canino recuerde que estamos del mismo lado.
-¡No podemos dejarlo!
-Buffy… Odio admitirlo, pero Lindsey tiene razón – Ángel le habló – Oz vendrá con nosotros después… espero que como humano y vivo. Ahora tenemos que seguir.
La Cazadora se mordió el labio inferior, pero accedió. Continuaron arrastrándose hacia la salida…
Oz estaba muy asustado.
Cuando el zombi tiró de él por el ducto, sintió que su susto se trocaba en una ira inusitada. Cambiaba. La ropa se estrechaba y se hacia pedazos y el lobo que llevaba dentro surgió.
Convertido en un monstruo canino, se volvió contra su captor y forcejeó contra él. El zombi no se inmutó ni siquiera cuando el zarpaso que le dio le arrancó jirones de piel de la cara. Continúo arrastrándolo hasta sacar al Licántropo y arrojarlo a los brazos de más engendros como él.
Los zombis mejorados sabían lo que debían de hacer para detenerlo. Mientras varios de ellos aferraban al ser mitad humano, mitad animal, otro se acercó portando en una mano una daga de plata.
Con un alarido bestial, se la enterró al hombre-lobo en el pecho, directamente en la zona del corazón.
Oz se sacudió violentamente. Dio un grito tremendo y aferró con sus garras la cabeza de su atacante. Se la arrancó de cuajo con un sonido acuoso…
Con gran dolor el lobo se retorció, rodeado por encima por una multitud de muertos vivientes. La daga de plata cumplió su cometido.
-Dios… Dios… - dijo Oz, cuando el lobo murió súbitamente y el humano retornó. La daga seguía enterrada en su pecho y salía sangre de la herida… pero aquella era la menor de sus preocupaciones.
Sin fuerza sobrehumana para protegerlo, el grupo de zombis que lo asediaban le cayó encima, mordiendo y desgarrando por todos lados.
Gritó, pero solo un momento y lo que le duró el aire en los pulmones. Poca cosa quedaría de él cuando los muertos acabaran su sangriento festín…
Kauffman vio la muerte de Oz en vivo y en directo mediante las cámaras de seguridad. Estaba complacido por la eficiencia de las mejoras hechas en el funcionamiento de sus tropas.
-Uno menos – dijo a su superior, que se encontraba a su lado ahora, observando con sumo interés la escena – Una lastima que haya sido el Licántropo. Habría dado lo que fuera por examinar sus células…
-En otro momento hubiera sido buena idea, doctor – replicó la persona que lo acompañaba – Ahora es preferible que esté muerto. Deja al equipo de Ángel con menos chances de seguir en el juego.
-¿Dejara que continúen hacia aquí?
-Naturalmente.
-¿Ves algo? – preguntó Buffy a Ángel. El vampiro estaba asomándose al final del conducto que atravesaban y su cara no presagiaba buenas noticias.
-Si… pero me temo que tendremos problemas.
-¿Por?
-Fíjate tú misma.
Buffy se arrastró hasta su lado y echó una mirada. Colgaban sobre un gran hall bien iluminado.
-Oh, mi Dios…
Decenas de zombis se encontraban en aquel sitio, encerrados. Gemían lastimeramente y se bamboleaban de un lado a otro, sin dirección ni propósito…
