16
Alta traición
El panorama era desolador.
Decenas de muertos vivos se encontraban hacinados en aquel gran hall. No corrían ni aullaban; una insólita calma aparente los envolvía. Mientras estaban ahí, solo se dedicaban a bambolearse de un rincón a otro indiferentes unos de otros.
A simple vista, Buffy calculó un número importante de criaturas. Era virtualmente imposible pasar entre ellos sin ser detectado…
Al menos, para todos menos uno.
-Son zombis normales – reconoció Lindsey. Se había arrastrado en el ducto junto a Buffy y Ángel, para mirar hacia abajo.
-¿Cómo lo sabes? – le preguntaron.
-Simplemente lo sé. Los otros son diferentes. Estos son normales – insistió – Tenemos una oportunidad de paso. Nuestro destino es ese otro ascensor que esta ahí – señalo al otro extremo de la sala – Conduce directo al laboratorio principal donde está la cura. Es el fin del viaje.
-Pero primero hay que pasar por entre esos podridos – Buffy levantó su pistola. Se fijó en cuanta munición tenia – Medio cargador lleno. Tengo uno más de repuesto. ¿Ustedes?
-Un solo cargador para rifle, B – anunció Faith.
Lindsey y Ángel confirmaron lo mismo.
-No es suficiente para atravesar esa horda de condenados.
-Les diré qué… - Lindsey hizo un rápido calculo mental – Yo soy inmune a esos monstruos. Mis tatuajes runicos me protegen de ellos. Bajaré y limpiaré un poco la zona. Luego abro las puertas del ascensor y ustedes bajan, hacen los metros que quedan usando la munición que tenemos y nos largamos todos juntos en el elevador apenas llegan. ¿Qué les parece?
-Sinónimo de suicidio – disparó Ángel.
-Si tienes una idea mejor, te escucho – se enojó – Yo no veo otra salida.
-Allí – Ángel señaló unos caños que colgaban del techo. Se dirigían del ducto donde estaban casi hasta llegar a la puerta del ascensor – Trepamos por ahí y bajamos directo enfrente de la puerta. Menos riesgo inmediato.
-Supone mas trabajo y una perdida de energía. Mi opción es más viable.
-No lo veo así.
-No me importa cómo lo veas. Al fin de cuentas, ¿Quién te nombro mi líder?
-¡Déjense de discutir como niños! – los cortó Buffy – Lo decidiremos a votación. Yo voto por el plan de Ángel…
-Típico. ¿Por qué no me extraña?
-¿Faith?
-Lo siento, B. Me gusta el plan de Lindsey.
El aludido sonrió.
-Ángel vota por su propio plan. Como Oz no está y es probable que esté muerto a esta altura, hay empate. Lo siento también, querida, pero yo voy a seguir mi idea.
Dicho lo cual, Lindsey se arrojó del conducto de aire al piso, aterrizando en mitad de la multitud putrefacta.
Cazadora y vampiro contuvieron la respiración. Mientras lo miraban, se irguió entre los zombis, intacto. Ninguno se había fijado en él.
Caminó entre unos indiferentes monstruos y hasta se permitió saludar a sus espectadores insolentemente, apoyándose en el hombro de un zombi cercano. El ser no dio muestras de registrarlo, siquiera.
-Lo hizo – silbó Faith – No mentía cuando dijo que podría pasar entre ellos.
-Muy bien. Nosotros vamos de la otra manera – Ángel se estiró y con fuerza sobrehumana se colgó de lo caños del techo como un mono. Avanzó unos centímetros - ¿Buffy?
La rubia Cazavampiros lo imitó. Se trepó tras él y lo siguió. Antes de continuar un poco más, se detuvo y miró a Faith.
-Adelante, B. Voy a esperar el plan de Lindsey.
Buffy hubiera preferido que la muchacha los acompañara, pero no podía obligarla a hacerlo. Continúo trepando por el techo tras el vampiro…
Mientras tanto, Lindsey ejecutaba su plan. Con unas pistolas, empezó a volarle los sesos a un zombi detrás de otro, limpiando la zona de su presencia. Iba lento pero seguro. Los monstruos no reparaban en él para nada.
Ya estaba cerca de la puerta del elevador cuando al apuntar a un muerto sobre su cabeza, este levantó la mano y aferró la suya, desviando el cañón con fuerza en otra dirección.
-¿Qué demonios…? – le echó un vistazo al zombi y lo comprendió - ¡Hay infiltrados entre la multitud! – avisó. Forcejeó con el cadáver por su arma.
Buffy y Ángel se detuvieron, suspendidos del techo. Comprendieron al toque lo que Lindsey quiso decir. Ocultos entre la horda de muertos vivos normales, los modificados pasaban desapercibidos… hasta que atacaban.
-¡Maldición! – Faith levantó su rifle. Se tiró del ducto del techo mientras abría fuego - ¡Aquí, monstruos! ¡Vengan a buscarme!
-¡Faith! – le gritó Buffy.
-¡No te sueltes! ¡Continúa moviéndote! ¡Rápido! – le urgió Ángel.
-Pero… ¿Y Faith?
-Tú muevete. Yo me hago cargo – dijo y transformó su rostro por el de vampiro para después, arrojarse hacia abajo.
En otra habitación del complejo, el Dr. Kauffman se removió inquieto en su silla.
-Inesperado – dijo a su superior – Contaba con que el vampiro seguiría en el techo.
-Usted no lo conoce tanto como yo, doctor. El bueno de Ángel... – dijo la otra persona – Le hace honor a su nombre. Arriesga su vida siempre por los necesitados. Triste, pero real.
-¿Por qué lo hace?
-Principalmente, por expiación – rió – Él cree que haciendo eso lavara su alma de los pecados cometidos en el pasado. Pobrecito.
-Una idea extraña – el científico meditó un momento – Ya veo por qué los Socios Mayores le tenían estima. Corromper un alma como esa seria un gran logro para ellos.
-…Y todavía lo es. Pero miremos, doctor. Veamos el fatal desenlace de esto.
Los zombis se agitaron como una marea. Súbitamente, todos cobraron actividad. Para cuando Ángel cayó al piso al lado de Lindsey y lo ayudaba a sacarse de encima a su agresor, el resto de las demoníacas aberraciones ya estaban en marcha.
Atacaban a Faith, quien se defendía abatiéndolos a los tiros mientras gritaba como posesa.
-¡Vamos, hijos de puta! ¡Vengan por mí!
-¡Mueve el culo! – le ordenó Ángel a Lindsey, mientras peleaba a puño tendido contra los muertos - ¡Abre la puerta de ese elevador! ¡YA!
Lindsey corrió hacia él. Presionó un botón y la puerta se abrió.
En el techo, Buffy trepó hasta ahí a toda prisa. Debajo de ella era un caos; un hervidero de cadáveres vivientes sacudiéndose con violencia.
Faith se quedó sin balas pronto. Arrojó el rifle a un costado y empezó a usar los puños y los pies contra sus rivales. Seguía interponiendo sus gritos a los de los espectros mientras desataba toda su furia asesina contenida.
-¡Faith! – la llamó Ángel. Ella no lo escuchó - ¡Faith! – repitió, defendiéndose de igual manera con golpes y patadas de los zombis.
Buffy llegó hasta encima del ascensor. Se descolgó con un salto acrobático y cayó enfrente de la única salida de aquél infierno… solo para encontrar la sonriente cara de Lindsey y una pistola en alto, apuntándole.
-¿Qué haces? – la Cazadora parpadeó.
-Seguir con el plan. Lo lamento, pero de todos modos ninguno de ustedes se supone que saldría con vida de esto. Adiós, cariño.
Disparó.
-¡LINDSEY! – el gritó de Ángel se superpuso al de todos en el hall. Lo vio apuntar y disparar a Buffy. La muchacha recibió el impacto directo de la bala y cayó para atrás, mientras la puerta del ascensor se cerraba.
No pensó más en Faith. Sus prioridades cambiaron.
Fue tras Buffy.
Kauffman silbó, asombrado. Su acompañante por el contrario, permaneció mudo.
-Los traicionó – comentó el doctor.
-Esperado. ¿Qué otra cosa puede venir de una puerca rata de albañal que simplemente traición?
-Y ahora McDonald viene hacia acá. ¿Quiere que lo detenga?
-De ningún modo. Yo en persona me haré cargo de Lindsey…
Los zombis rodearon a Faith.
La segunda Cazadora estaba exhausta de tanto combatir contra ellos. Había logrado acabar con muchos, pero sin la ayuda de armas de fuego, mas de aquellos engendros ocupaban el lugar de los caídos.
Sentía que no podía más.
Unas manos la aferraron del cabello, tironeando de él con fuerza hacia atrás. Un zombi lo hizo: sostenía un cuchillo.
Era uno de los modificados por Wolfram & Hart. No gruñía ni rugía. Por el contrario, reía.
-¡Bastardo! – alcanzó a decir ella, momentos antes de que la hoja filosa se deslizara por su garganta abriéndole un canal. La sangre salió, salpicando a los demás muertos congregados y pareció volverlos locos.
Con hambre voraz, se arrojaron sobre su cuerpo y la mataron.
Ángel se arrodillaba ante Buffy. La Cazadora escupía sangre de la boca.
-Ángel…
-Shhh. No hables – su rostro de vampiro remitió a la cara humana. Vio que el tiro había sido directo a su pecho.
-Siento que… que todo se nubla – tosió. Mas sangre salió de ella – Zane… se equivocó. No podremos completar… la misión.
-Sí que lo haremos. ¡Maldita sea, Buffy! ¡Lo haremos! ¡Resiste!
-Ya… es tarde para mí. Este es... – tuvo un nuevo acceso de tos - …es el final. Por favor, cuida… de Dawn.
-¡No! ¡Maldición! ¡Buffy, no puedes hacerme esto! ¡Resiste! – estaba desesperado - ¡Aguanta, por favor! ¡Voy a… voy a…!
Buffy sonrió.
-Ya déjalo, Ángel… es todo. Se acabó.
Cerró los ojos.
Murió.
-¡No, no, no! ¡No puede terminar así! ¿Buffy? ¿Buffy? – la sacudió - ¿Buffy?
Era inútil. No despertaría.
Se volvió, los ojos llenos de lágrimas e inyectados en odio. Los zombis ya comenzaban a acercársele. Habían dado buena cuenta de Faith y ahora esperaban probar su carne. Corrían en su dirección para matarlo.
-¡RRAARH! – aulló. De nuevo asomó la cara vampirica. Recibió a sus atacantes con furia animal. Se arrojó sobre ellos, abocándose a su destrucción sin pensar.
La puerta del ascensor se abrió. Lindsey emergió de él con las armas en alto. Una sola figura lo esperaba, de pie en la penumbra.
-Las cucarachas siempre son difíciles de matar – dijo una voz conocida – Principalmente por que son escurridizas. Escapan siempre que uno va a acabar con ellas…
-¿Quién…? – Lindsey titubeó. La figura salió a la luz – Vaya, vaya… ¡Lo que es el destino! ¿Cómo has estado, Lilah?
Lilah Morgan sonrió.
-Mejor de lo que vas a estar tú, me temo – algo brilló entre sus manos. Un pequeño revolver.
-¡Por favor! – el ex abogado se rió. Levantó sus pistolas – Ahórrate la humillación final y déjame pasar.
-No lo entiendes. Es Ángel el único que debe sobrevivir a este experimento. Tú eres… prescindible.
-Siempre la perra de los Socios Mayores, ¿eh, Lilah? Siempre haciendo el trabajo sucio de Wolfram & Hart. Déjame pasar o lo lamentaras. Te voy a convertir en colador, lo juro.
-Oh, no me cabe ninguna duda. Eres el tipo de hombre de los que disparan sin miramientos. Pues fíjate como son las cosas: yo también lo soy… y eso que soy mujer.
Lindsey se cansó. Abrió fuego. Vació las pistolas disparando a Lilah por todo el cuerpo. La mujer permaneció de pie y apuntándole con su revolver, inamovible.
-¡Sorpresa, sorpresa! – sonrió, ante su turbación – No puedes matar lo que no esta vivo.
-¿Tú también eres…?
-¿Ángel no te lo contó? Hace rato que estoy muerta. De hecho, fue por un incidente de la temporada pasada – suspiró – Pero ya sabes como es en Wolfram & Hart: "Nada está muerto para siempre e, incluso, pasado cierto tiempo, la misma muerte puede morir" – recitó – Por supuesto, no soy una de esas cosas. Digamos que soy… el modelo perfeccionado de todas ellas.
Lilah levantó el revolver. Disparó a Lindsey en una pierna y luego, en la otra. Se derrumbó en el piso de rodillas, gritando.
-¿Sabes? Siempre tuve la loca fantasía de que ibas a acabar así – ella caminó hacia él y le puso sobre su frente el cañón del revolver – Humillado y derrotado por mí.
-¡Hija de puta! – la insultó - ¿Qué esperas? ¡Jala el gatillo! ¡No te daré el gusto de morir suplicándote!
-Sé que lo harás. De hecho, meterte una bala en la cabeza seria fácil y rápido – Lilah rió. Guardó su arma – Una rata como tú merece sufrir un poquito – le guiñó el ojo – Como compensación por ser tan traidor. ¿No te parece un arreglo justo?
Seis zombis entraron en la habitación. Lilah recitó:
-Sejautat Areuf.
Lindsey sintió como le hervía la piel. Algo pasaba. ¡Sus tatuajes runicos estaban desapareciendo!
Los zombis aullaron. Se le tiraron encima y lo mordieron.
-¡AAAAAHH!¡Hija de putaaaaaaa! – gritó.
-Bye, bye, Lindsey. No fue un placer conocerte – dijo Lilah, mientras se reía a carcajadas.
