17
Revelación
Todo había terminado.
Muerta Buffy, su vida no tenía el más mínimo sentido. Sin embargo, se entregó de lleno a la destrucción del enemigo por el puro placer de hacerlo, por el alivio que le producía el descargar su ira contra huesos y carne ajena.
No importaba que esa carne no estuviera viva. Al fin de cuentas, en parte él tampoco lo estaba…
Y al morir Buffy, lo supo con certeza. Una parte de su alma, la que representaba su humanidad, murió con ella. Por eso su salvajismo. Por eso su estela destructora.
A su paso quedaba un tendal de cuerpos destrozados. Ignoraba cómo lo hacia, pero los despedazaba. Ellos eran brutales y salvajes, pero él los superaba.
Bañado en un mar de sangre y de otros fluidos corporales que empapaban su ropa, Ángel dio cuenta de los últimos zombis que quedaban. No eran muchos ya; apenas unos pocos de la horda que hasta el momento supo ser. No mediaba palabra con ellos. ¿Para qué? Aquellas bestias brutales no lo entenderían siquiera. Por consiguiente, no lo intentó. Solo se dedicó a repartir puñetazos, desgarrar carne, torcer cuellos y brazos, y pisotear los restos.
El ultimo zombi verdadero de pie fue el modificado por Wolfram & Hart. Llevaba en las manos el cuchillo con el que degolló a Faith.
Se lo arrancó de las manos y le propinó una serie de puñetazos tremendos. Acto seguido, enterró sus dedos preternaturales en su pecho, arrancándole el corazón.
La criatura permaneció con vida pese a todo y no fue hasta que el vampiro le aplaudió la cabeza haciendo pulpa su cerebro que paró, muerta para siempre.
Todo había terminado.
Con ojos febriles, contempló los restos de la masacre: cadáveres humanos desechos en pedazos y desperdigados por el piso. Jadeó, como un león lo haría después de un feroz combate y el rostro demoníaco se desvaneció. La cara humana asomaba de nuevo. Al igual que su ropa, estaba empapada en sangre.
Intentó tranquilizarse. Al poco, comprendió lo que hizo: destruyo él solo a un ejército entero de zombis.
Caminó hacia donde Buffy yacía y la levantó despacio. Miró su rostro, sereno y tranquilo, como si durmiera…
Había muerto y no asesinada justamente por un demonio, un vampiro o un zombi, sino por un patán pusilánime.
Una rata sucia con armas.
El balazo traidor se veía claramente en su pecho. Cerca del corazón. El cabron de Lindsey había hecho bien su trabajo. Era un excelente tirador.
Ángel cerró los ojos. Lloró y depositó el cuerpo de su antiguo amor en el piso. Besó sus labios con ternura y acaricio su mejilla.
-Te juro que le haré pagar esto – le susurró al oído. El cadáver no respondió. No lo haría nunca. Ella no se convertiría en una de esas cosas.
No, no lo haría.
No lo soportaría.
Aun así, tenia que asegurarse.
Odiaba hacerlo (odiaba a Lindsey por obligarlo a hacerlo) pero así es como tenia que ser. Encontró una pistola tirada cerca. Tal vez fuera de Buffy, tal vez de Faith o de él, le daba igual. Revisó el cargador.
Quedaban dos balas.
Una seria para Lindsey.
Miró a la Cazadora por última vez; quería que sus bellas facciones se le quedaran grabadas en la memoria para siempre. Hubiera deseado congelar ese recuerdo eternamente en su mente, pero no podría. Otro bien distinto se le iba a quedar, lo iba a perseguir como un fantasma, por el resto de su vida inmortal…
El del acto que tenia que llevar a cabo.
-Te amo – dijo al cuerpo – Perdóname por lo que voy a hacer, pero no puedo dejar siquiera libre la oportunidad de que te conviertas en eso – lloró – Tú no. Nunca.
No lo hizo mas largo. Apoyó la pistola en la cabeza de la difunta y jaló el gatillo…
El ascensor lo esperaba. Serio, Ángel se subió a él y presionó el único botón visible.
Era hora de terminar con esta historia.
Salió a una habitación en penumbras. Lo primero que vio cerca, fueron los restos de Lindsey.
Poca cosa quedaba del traidor. Le habían comido la mitad del cuerpo y arrancado las extremidades y un ojo, que colgaba inútil saliéndose de una de sus cuencas, con el nervio óptico pegado a él.
La furia vengadora de Ángel se heló. Lindsey estaba muerto. Alguien o algo se le adelantó.
De todas formas era casi seguro que se alzaría de su patética condición como otro zombi, de modo que le aplicó la solución final a él también. Fue misericordioso, considerando que su opción numero uno era abandonarlo a su suerte en su nuevo estado y pegarle un balazo después.
¿Para que diablos dilatar las cosas?
Después de pegarle un tiro en la cabeza, dejó la pistola (inútil arma ya) y caminó en dirección a una sala iluminada llena de computadoras, monitores LCD, tubos de ensayo, probetas y químicos de todas clases.
Dos figuras lo esperaban ahí de pie. Solo reconoció a una.
-Lilah – el nombre salió de sus labios como una exhalación. La mujer le sonrió.
-Bienvenido, Ángel. Y ¡bravo! – aplaudió.
-¿Qué demonios haces aquí?
-Supervisar la prueba. Ha sido un espectáculo excelente. ¿No opina lo mismo, doctor? – le preguntó a su compañero.
-Por supuesto. Un espectáculo regio – respondió el científico.
Ángel al principio no entendía, pero Lilah le enseñó la red de monitores con la que se veía cada rincón del complejo y entonces comprendió.
-Miraste todo desde aquí – hubiera deseado darle mas énfasis a sus palabras pero un aplomo tremendo se abatió sobre él. Que poco sentido tenían ya las cosas…
-Miramos – lo corrigió ella – El doctor, yo… y nuestro Socio Mayor.
-¿Socio Mayor? – le extrañó el uso del singular en vez del plural. Que recordara, los Socios Mayores eran varios… pese a que nunca les conoció la cara.
-Creo que mereces una explicación – Lilah se cruzó de brazos – Pero no seré yo quien te la dé. Mi jefe será el encargado. Prepárate. Es la primera vez que se te permitirá ver en persona a un Socio Mayor. Es una experiencia única.
Un gran monitor de televisión se encendió tras Lilah. Una figura apareció en él.
Ángel no sabia que esperar, realmente. ¿Cómo era un Socio Mayor de Wolfram & Hart? Muchas veces se había hecho la pregunta y nunca obtuvo la respuesta…
Hasta ahora.
-Hola, Ángel – lo saludó Zane Holden, Presidente de Estados Unidos, desde la pantalla. El mandatario estaba sentado en un gran sillón, con los dedos entrecruzados y lo miraba apaciblemente mientras hablaba – y felicitaciones. Pasaste la prueba.
-¿Prueba? ¿Qué diablos es esto? – la furia tizno su rostro de rojo - ¿QUÉ DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?
Holden alzó una mano, para acallarlo. Ángel lo miró detenidamente. Era él y no un doble, sin duda. Pero un solo detalle le inquietó al analizarlo rápidamente con la vista:
Sus ojos.
Los ojos de Holden.
Eran negros como el ébano. Sin pupilas.
Aquello no tenia sentido. El Presidente era humano, totalmente humano. En su primera entrevista con él, Holden le pareció un mortal más. No existían en su persona ningún atisbo de sospecha. Salvo una excentricidad de carácter, nada indicaba que hubiera fuerzas sobrenaturales detrás suyo. Al fin de cuentas, el mismo mandatario confirmó que en cuestiones esotéricas era escéptico hasta que se topó con Buffy.
No tenia sentido.
-El disfraz perfecto – Holden ojos-de-ébano sonrió – Oh, por supuesto, Zane Holden es el nombre de este cuerpo, pero te aseguro que no es el mío verdadero. Para nada.
-¿Quién eres? ¿Qué eres?
-Soy lo que usualmente conoces como "Socio Mayor" de Wolfram & Hart, por supuesto. En cuanto a cuestiones metafísicas al cómo de mi existencia en tu plano de la realidad, carece de la mas mínima relevancia – suspiró – Supones bien al pensar como lo estas haciendo, que parezco un espíritu demoníaco, posesionándose del cuerpo de un incauto humano, pero lo cierto es que no es tan así. Esto no es una vulgar posesión y yo no soy Linda Blair. No vomito ni floto sobre la cama y por supuesto, no se me voltea la cabeza. Esto es algo más superior a esos trucos de Hollywood.
Ángel permaneció en silencio, abatido. Sentía ira, pero no sabia bien ahora contra quien dirigirla.
La cosa que se llamaba a si misma Zane Holden rió por lo bajo. Se acomodó la corbata, un hecho tan trivial que hubiera resultado normal en un hombre común, ordinario y mortal, pero que en esta ocasión le pareció como un gesto estudiado a conciencia. Algo analizado para imitar, por una fría mente tan alienígena como sobrenatural.
-Como diría Jack, el Destripador: "Vamos por partes" – dijo Holden, con una nota de humor ácido – Hemos evaluado tu caso, los demás Socios y yo, y llegamos a la conclusión de que todavía nos sigues sirviendo y mucho.
"Por supuesto, todo fue una puesta en escena desde el principio. La búsqueda de la cura era una mera excusa para probarte. No hacia falta buscar tal cura, porque ya la teníamos de antemano. Me corrijo a mí mismo: la tenemos. Será implementada siguiendo el protocolo preestablecido en algunas regiones de este país, para empezar. Pero claro, primero teníamos que probarte, llevarte hasta el limite… ver cómo reaccionarias ante la pérdida final de todo lo que conoces y amas…"
"La traición de Lindsey era esperada. La calculamos de antemano. ¿Por qué crees que lo dejé actuar? Él debía creer que irían tras una búsqueda real y sin duda, así fue, pero la naturaleza humana es como la del tiburón… una vez que prueba la sangre y la carne humana, sigue haciéndolo…"
"Lindsey dio el paso que esperábamos. Mató a la Cazadora. Nuestros zombis se encargaron de la siguiente. Hemos roto así una línea de sucesión interminable que viene desde los albores de la Humanidad… y hemos desencadenado al Mal verdadero que yace latente en tu alma."
-El Mal… en mi alma – Ángel titubeó. Holden asintió.
-Lo tienes y es… deliciosamente interesante. Es lo que queremos. No necesitamos a Ángelus, tu contraparte vampirica; necesitamos a Ángel, el del alma humana, el singular entre los de su especie. El único que tiene culpas, remordimiento y una furia asesina cuando se la incentiva bien. Buscamos eso.
"El experimento fue un éxito. Comprobamos que eres un animal rabioso, que pese a todo, bien adiestrado puede lograr grandes cosas. Wolfram & Hart te necesita, Ángel… Nosotros te necesitamos. Vamos a crear un Nuevo Mundo a partir de ahora. Y en ese nuevo orden de cosas, seres como tú, con tus capacidades, nos hacen falta."
-Únetenos – intervino Lilah – Se parte de nosotros, voluntariamente. Acepta el regalo que te hacemos.
-El Apocalipsis zombi solo fue nuestra forma de purgar la Tierra – le explicó Holden – El virus fue diseñado tal que solo el hombre se viera afectado, por la mano del hombre – hizo una pausa – Claro. Una mano pútrida. Y es cierto, los vampiros son también alimento de nuestros zombis pero ahí radica la belleza de nuestro plan: no los necesitamos. No entran en la ecuación. No forman parte del nuevo esquema. Por el contrario, tú sí…
-Únetenos – volvió a repetir Lilah.
-Piensalo detenidamente y despacio, Ángel. Nosotros somos EL poder, nosotros hacemos lo que queremos. La Tierra es nuestra y solo los que tienen trato con nosotros o están vinculados serán parte del nuevo sistema de cosas. Puedes entrar en él por la puerta grande, con solo decir una palabra… una sola: SI.
Holden calló. Aguardó.
Ángel tragó aire. Lo dejó salir en una amplia exhalación.
-¿Existe la cura a la plaga zombi? – preguntó.
-Si. La tenemos. Vamos a usarla.
-…Y gobernar al mundo después. O lo que queda de él.
-Para empezar, Norteamérica. Pero tenemos sedes en todo el globo. Si, podría decirse que gobernaremos al mundo. Es mas, me atrevo a afirmar que ya es un hecho.
Holden señaló a Lilah.
-Si te quedan dudas de nuestro poder, mira a esa mujer. Estaba muerta y perdida sin remedio. Nosotros cambiamos eso. Así como hicimos levantar a todos los muertos del planeta, podemos devolverlos al sepulcro. No pienses más, Ángel. Únetenos.
El vampiro se llevó una mano a la cara. Holden esperó.
Pensó en las vidas que se perdieron desde que la Pandemia comenzó hasta ahora. También pensó en las que quedaban: Gunn, Kate, Dawn. ¿Qué destino les aguardaba si se negaba?
Holden los mataría. No existían dudas de ello. Solo los conservaba con vida porque eran un as bajo la manga. Herramientas para persuadirlo de que lo mejor era aceptar la oferta, si no quería verlos comidos por los zombis o algo mucho peor.
"Por favor, cuida de Dawn", repitió la voz de Buffy en su cerebro, una Buffy que ahora estaba muerta… que había sido victima de un macabro plan maestro, sin saberlo ella, para ponerlo a prueba. Buffy, Faith, Oz y hasta el mismo Lindsey.
Carne de cañón.
Meras piezas a mover para lograr un mal mayor: que él cayera al lado oscuro voluntariamente.
-¿Y bien? – quiso saber Holden.
-Sabes que jamás aceptaría formar parte de ustedes – le dijo – Que nunca me doblegaría a someterme a su voluntad…
-¿Pero, entonces…? – una sonrisa asomó en los labios del Presidente. Ángel ignoraba si la cosa que se posesionaba de aquél cuerpo fuera omnisciente, pero no dudaba que le leía el pensamiento.
-…Entonces como Kate, Gunn y Dawn todavía están en tus manos, no me queda otra – bajó la vista, derrotado – Lo haré.
-¡Excelente! – la oscuridad en los ojos de Holden pareció brillar como si de luz negra se tratase - ¡Una decisión muy sabia!
-Pero tengo condiciones…
-Adelante. Pideme lo que quieras. Te será concedido.
-Quiero que Gunn, Kate y Dawn sean puestos en libertad. Que los dejes marchar fuera de donde los tienes.
-No son nuestros prisioneros – terció Holden – Pueden irse cundo lo deseen, pero si te tranquiliza, cuando vengas para aquí a unirte conmigo, los dejaremos marchar sin impedírselo. Tienes mi palabra de honor.
-Que vale una mierda, pero no tengo opciones – Ángel miró a Lilah y al Dr. Kauffman – Numero dos: quiero a estos dos muertos y sin posibilidad de resurrección.
Lilah abrió los ojos, tomada por sorpresa. A su lado, Kauffman sintió que un frío le recorría el cuerpo.
-Concedido – Holden se dirigió a la mujer – Lo siento, querida, pero ya sabes como es esto. Negocios son los negocios. Pero has servido bien a la causa. Te recordaremos.
-Señor, yo… yo…
Lilah estaba tartamudeando. El Presidente la interrumpió.
-Mata a Kauffman y luego, vuelate la cabeza, por favor – pidió – Con el revolver que llevas.
Ella titubeó. Se fijó en los ojos de ébano de la cosa dentro del mandatario y no halló en ellos esperanza alguna. No existía otra salida. No era un simple pedido. Era una orden.
Sacó su revolver.
Kauffman gritó. Le voló la cabeza de un disparo. Después colocó el arma en su sien.
-Buenas noches, Lilah. Dulces sueños.
La burla de Holden era cruel. Lilah rió. ¿Qué otra cosa podía esperar?
-La vida es una mierda – declaró y jaló del gatillo.
¡PAM!
Sus sesos se regaron por el suelo. Cayó fulminada.
Ángel contemplaba todo con asco y repulsión, pero en el fondo satisfecho. Era la prueba cabal de que el Mal anidaba verdaderamente en su corazón.
-Bien, bien, bien – Holden suspiró – El capitán Rhodes ira por ti en este momento. Por favor, no te muevas de donde estas. Te garantizo que lo que queda de tus amigos estará bien.
La imagen en la TV desapareció. La pantalla se apagó.
Se limitó a esperar.
