18

Cuando el Mal gana

Cheyenne Mountain.

Colorado. Cierto tiempo más tarde.

Gunn no sabia exactamente de qué iba la cosa, pero supo que cuando los militares los desalojaron a Kate, Dawn y él de las habitaciones que ocupaban, nada bueno podría estar pasando.

Mucho menos cuando los reubicaron en una celda de detención.

Nadie les explicó nada. A qué respondía el abrupto cambio de situación, lo ignoraba.

-¿Crees que hicimos algo que no debíamos? – le preguntó Kate. Mientras él miraba por los barrotes a los gorilas armados que los custodiaban, Dawn y ella permanecían sentadas en la única cama disponible en la sala.

-¿Cómo qué? ¿Besarnos en público o algo así? – negó con la cabeza – No. Esto es otra cosa… y creo que tiene que ver con lo que Ángel y Buffy fueron a hacer. Algo no salió bien, lo sé. Lo siento en los huesos. Wolfram & Hart esta atrás de todo…

-Charles…

-¿Qué?

Gunn se volvió hacia ella. Con la mirada, la indicó a Dawn a su lado. La chica estaba pálida del susto.

-Ay, lo siento, Dawnie… Es que me dejé llevar y… lo siento.

-No pasa nada. En verdad. Todo está bien.

La chica estaba mintiendo. Se auto-convencia, mas bien. Era su hermana mayor la que estaba lejos de ella, allá afuera. Su único familiar vivo y directo.

Se hizo el silencio entre los tres. Solo les restaba esperar y ver qué ocurría.


Ángel arribó en helicóptero al NORAD, con el capitán Rhodes de escolta. Mientras caminaban hacia el despacho del Presidente, el vampiro habló con el militar.

-Supongo que estará satisfecho de venderse a Wolfram & Hart, capitán. Dígame una cosa: ¿le pagan bien? ¿Es por eso?

Rhodes frunció el ceño.

-No tengo que darte explicaciones. Solo me limito a cumplir órdenes del Presidente. Lo que diga una criatura no humana, me importa un rábano.

-Sucede, capitán, que su Presidente tampoco es humano. Es el conducto, la posesión de una cosa de nombre desconocido… un ser de otra dimensión.

-Ahorrate los cuentos – lo cortó Rhodes – Zane Holden es mas humano y americano que un pastel de manzana. Haz el favor de callarte la boca.

Ángel no dijo más. Que el militar creyera lo que quisiera. No le interesaba en lo mas mínimo.

Llegados a su oficina, Holden los recibió con una sonrisa en los labios. Invitó al vampiro a sentarse pero este declino la oferta y permaneció de pie.

-Gunn, Kate, Dawn… libres – dijo al mandatario, mirándolo a los ojos.

-Muy bien. Un tipo directo. Me gusta eso – se volvió hacia Rhodes – capitán, disponga de ellos. Suéltenlos, aprovisiónenlos bien, denles armas y que un chofer los lleve a la población más cercana. Oh, los dejaremos en una zona libre de zombis, no temas.

-Quisiera unos segundos con ellos, antes de que partan.

Holden suspiró. Rhodes esperó.

-Ya lo escuchó, capitán. Deles un poco de tiempo para que Ángel pueda decirles adiós después.

-Si señor – Rhodes se cuadro de hombros y se marchó. Solos cara a cara, vampiro y ¿humano? hablaron sin tapujos.

-Me intriga qué dirá la pequeña Dawn al oír de la muerte de su hermana – los ojos color abismo retornaron a la cara del Presidente. Verlo en vivo resultaba escalofriante; era como si tuviera las cuencas oculares llenas de algo oscuro, viejo y retorcido – Porque se lo dirás, ¿no? Apuesto a que lo harás. Si. Lo veo en tu mente.

A Ángel le dio asco aquella cosa. El Socio Mayor que utilizaba aquél cuerpo terrenal parecía encontrar deleite en la desesperación que le invadía el alma. Trató con fuerza de cerrar su mente mediante un ejercicio Zen que aprendió en uno de sus viajes al Tibet, pero solo consiguió hacer reír a Holden.

-Pasemos a lo practico – el Presidente se reclinó en su silla – La operación "D-D" está en marcha…

-¿"D-D"?

-"Day of the Dead" – Holden le guiñó un ojo – Como la película de Terror de Romero, la de 1985. Supongo la has visto.

Ángel se encogió de hombros. No le interesaba.

-Definitivamente, te falta mas cultura de cine – Holden se puso de pie. Caminó hacia un mapa pegado a la pared, con todos los estados de USA señalados en él. Paseó su dedo sobre California, Nevada, Utah y Colorado – Acabo de dar la orden hace poco. Liberaremos la cura al virus zombi mediante la detonación de misiles llenos de ella convertida en gas. El aire hará el resto. Será sobre centros urbanos escogidos para el caso. Una vez estén libres de esas cosas, reubicaremos a la gente. Los pondremos a trabajar productivamente, incentivándolos para recuperar su mundo… solo que controlados por nosotros.

-Magnifico – Ángel quería sonar sarcástico y lo logró - ¿Qué se supone que haré yo en el "nuevo sistema de cosas"?

-Lo que mejor sabes hacer: mantener a la gente con vida – sin duda, el sarcasmo de la criatura que se llamaba así misma Zane Holden era con creces superior al suyo. Los ojos-abismo lo miraron y la sonrisa relampagueó en su rostro otra vez – No, de veras. Tu trabajo, para empezar, será organizar a los humanos. Controlar que el "ganado" no ande intentando salirse del camino e irse por mala senda. Como sé que tienes un gran sentido de la responsabilidad, lo harás… de otra manera, tendremos que tomar medidas drásticas. Por supuesto, como adoras la vida de los mortales y luchas por ellos lo harás. Esa será tu primera gran tarea.

-Está bien – Ángel se dirigió a la puerta de salida para irse de la oficina. Holden lo detuvo con un comentario:

-Ángel… por favor, no intentes nada loco – se tocó la cabeza – Leo el pensamiento. Recuerdalo.

El vampiro lo miró con todo el odio que albergaba en su alma. Deseó que aquella cosa muriera totalmente achicharrada, en el Infierno.

Holden rió.

-Estamos en el Infierno – dijo, señalando a todo a su alrededor – La Tierra es el Infierno. Bienvenido a él.