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El Día de los Muertos

En varios lugares de Estados Unidos.

Horas después.

Los misiles salieron de sus silos correspondientes, mientras desde el NORAD los controlaban por computadora. Volaron a los puntos programados de la alta atmósfera.

Explotaron con tremenda potencia, y liberaron la cura mezclada en gas. Este no tardó en descender sobre algunas de las grandes ciudades como nubes color verde, volando entre los rascacielos, llevadas por el viento a cada rincón que existiera.

Al principio, los zombis que deambulaban por ellas no hicieron acuse de recibo. Respiraron el gas y continuaron caminando o corriendo como lo venían haciendo hace tiempo. Pero luego, los efectos químicos y biológicos se hicieron sentir y con fuerza…

El sistema nervioso y circulatorio de los muertos colapsó. Los cadáveres repentinamente se desplomaron a tierra, inactivos. Fulminados por las propiedades del antídoto.

Ninguno se salvó.

Ninguno quedó en pie.

Reducidos al estado anterior al de su resurrección, se deshicieron en restos putrefactos inermes, totalmente inofensivos.

Ya no volverían a alzarse jamás.