Advertencia: Los personajes de Sakura Card Captor le pertenecen al grupo CLAMP.


Dejo de pensar en lo que pasó hace unos minutos atrás y se concentro en tratar de avanzar en lo que más pudiese en su trabajo. De seguro al día siguiente, sería un día difícil y aparte saldría temprano para arreglarse para la cita con Hiragizawa. Suspiro. Sólo esperaba que no se tocase un tema delicado, al menos, que no le hablara sobre relaciones interpersonales. No estaba preparada para afrontar ese tipo de conversación, mucho menos, recordar que fue lo que la orilló a estar en la situación en que está actualmente.

Estaba confundida, de eso estaba segura, pero no se dejaría vencer fácilmente, porque se llama Tomoyo Daidouji, y ella saldría adelante, luchando por volver a encontrar su camino, su luz.

Capitulo 6: Un acercamiento y un alejamiento

Nada en esta vida en fácil, ni sencillo. Los seres queridos que amas de a poco se van alejando, unos despidiéndose y otros ni siquiera eso; unos se acercan y otros se marchan. ¿Ciclo de la naturaleza humana? Puede ser, no es muy seguro.

¿Qué pasaría si ella le dijera la verdad? ¿Se alejaría de ella o estaría junto a ella? Quién sabe. Muchas preguntas sin ninguna respuesta. Bueno, una que otra, pero son muy superficiales y dejan un sabor agridulce en la boca. Sin contar que uno queda más confundido de lo que ya estaba.

Tomoyo no quiso seguir pensando ni en el pasado, que ya nada se puede hacer, ni en el futuro, que no sabe que es lo que va a suceder. Sólo deseaba vivir el presente, realizar sus sueños y construir, nuevamente, lo que le fue arrebatado por ese hombre. El mismo que le quito todo, dejándola sola, abandonada y a su suerte. ¿Cómo pudo haberse enamorado de ese ser humano?

Salió del departamento hacia la oficina. Ese día, en la noche, saldría con su jefe. Tenía miedo. No podía decirle nada de su pasado, pero tampoco podía evitarlo. Había mentido en su hoja de vida, ocultando ciertas cosas, no por vergüenza de lo que vivió, sino porque la gente no la vería a ella como lo que es: un ser humano que posee un corazón de cristal. Lugar donde guarda todos sus sentimientos, y los cierra bajo llave.

Le pareció extraño no ver a su jefe en la oficina, a lo mejor él tuvo inconvenientes y llegaría tarde. Aunque estamos hablando de Eriol Hiragizawa, y él nunca llega tarde a un lugar. Sin poder evitarlo, se preocupo mucho por él. No quería impedir tener aquellos sentimientos hacia su jefe, más existía ciertas cosas en las cuales era preferible dejarlas pasar, con tal de no volver a sufrir.

¿Estará todo bien esa noche?

Por primera vez en su vida, Sakura se había despertado temprano para ir al trabajo. ¿A quién le mentía? No había dormido en toda la noche, pensando en Shaoran, y en su hermano. La situación que estaba atravesando no era la mejor, pero tampoco era la peor; estaba estable, pero esa sensación de que en cualquier momento podría recibir una noticia que cambiaría su vida, no se iba.

Lo mejor que podía hacer en esos momentos, era vestirse, desayunar y salir para el trabajo. ¿En qué momento todo se transformo de alegría en tristeza? No lo sabe, ni tampoco lo averiguaría. Dejaría que la vida siga su curso, y que pase lo que tenga que pasar. Bueno o malo, sólo tendría que enfrentarlo y aceptar esa nueva realidad.

En un departamento ubicado en el centro de Tokyo, se encontraban dos hombres hablando muy seriamente; como era un asunto de importancia, prefirieron tratarlo en el despacho que tenía el lugar. El uno, sentado detrás del escritorio de madera fina, bebiendo un vaso de whisky mientras daba ciertas indicaciones. El otro hombre, parado frente a la mesa, escuchando muy atentamente lo que le tenía que hacer. Él era un hombre que no se dejaba engañar, mucho menos por una mujer. ¿Su asistente le mintió? No estaba seguro, pero quería entenderla, comprender el porqué ella siempre reacciona así, pero sobre todo, porqué su amada siempre evade el tema de su pasado.

Esa noche sería diferente, y eso lo tenía muy en claro.

Shaoran entro al edificio, tomo el ascensor para dirigirse a su despacho, y en el camino, pensaba en todo lo que ha vivido a lado de Sakura. No era fea, físicamente hablando, era bastante atractiva, incluso podría decir que era dos veces mejor que Hitomi, su forma de ser es agradable, siempre se preocupa por los demás y está pasando por un momento muy delicado. Él la comprendía mucho, pues había vivido algo similar cuando fue niño.

Su padre acababa de fallecer, Xiao Lang apenas tenía tres años y no entendía que pasaba en la casa. Todo cambio cuando tuvo siete años. El trece de julio, justo el día de su cumpleaños, su madre les comunicaba que se volvía a casar. La noticia les impacto.

Nunca, ni él ni sus hermanas mayores habían conocido al que era pretendiente de su madre, sin embargo, ese día tuvo el desagrado de conocerlo. A partir de ahí todo resultó ser un desastre. Él era alcohólico, siempre estaba borracho, no lleva dinero a la casa, pasaba más tiempo en juegos, tomando, que trabajando.

Y un día, ese mismo que marcaría para siempre su vida, sucedió lo que menos pensó que sucedería. Fue a partir de ese momento, en el que decidió irse para siempre de la casa.

Li despertó de sus recuerdos, cuando se topo con la mirada preocupada de su asistente. Sorpresa se llevó al encontrarla ahí, temprano en su puesto trabajando. ¿Habrá pasado algo?

—Buenos días, Sakura. ¿Todo está bien? —preguntó serio.

—Sí, claro que sí, Shao… Li —el ambarino frunció el ceño en señal de molestia. ¿Por qué no lo llamo por su nombre?

Cogió de la mano a Sakura y se la llevo a su despacho. Le diría que mismo era lo que estaba pasando y porque no le llamo por su nombre de pila.

—Lo haces a la buena, o tendré que hacerlo por las malas, ¿entendido? —dijo con voz seria y que no aceptaba una réplica.

—No entiendo, Shaoran.

—¿Ahora me llamas por mi nombre? ¿Por qué afuera no lo hiciste? ¿Por qué estas aquí tan temprano, cuando deberías estar en el hospital?

Kinomoto sonrió con ternura al escuchar a su jefe preguntar de manera rápida y preocupada. Él estaba pendiente de ella, no de otra mujer, ni incluso de su novia. Bueno, de vez en cuando hay que alimentar el ego, ¿no?

—En primera, no te llame por tu nombre afuera, porque se vería mal. La gente podría mal interpretar las cosas, pensar lo que no es. Lo otro, sólo podré estar aquí en la oficina hasta el medio día. Me llevaré parte de mi trabajo para irme poniendo al día, Shaoran.

—No, Sakura. Primero es tu…

Kinomoto le puso el dedo índice sobre los labios de su jefe, callándolo. Movió suavemente la cabeza en forma negativa. No quería causar más problemas, o que el personal de la compañía pensare que ella está ahí porque es amante de él, cuando las cosas no son así. Se evitaría muchos problemas.

Esmeralda vs Ámbar. Choque de miradas.

En silencio, ella le dijo todo lo que tenía que decir. Él, en ese mismo silencio, entendió los motivos de su asistente de aquella decisión. Desde que empezaron a tratarse, la vida de ambos ha dado un cambio que, ahora el uno no puede estar sin el otro. Se necesitaban, eso era más que evidente, pero lo que no sabían es que después de todo, la vida no pone las cosas fáciles ni sencillas. Lo que se avecinaba sería el obstáculo más grande, donde, si lo superan, tal vez, sólo tal vez, podría sonreírles al destino.

—Serás como tú digas —dijo Li un poco resignado ante esa idea.

Su asistente se marcho hacia su sitio de trabajo, mientras él la veía partir sin retenerla. Tampoco tenía la excusa para hacerlo. Cada uno pensaba en los hechos ocurridos últimamente. ¿Será que hay alguien supremo que desea verlos felices? Podría ser. Shaoran sentía un poquito de envidia hacia su Sakura, pues ella siempre tenía una sonrisa a pesar de estar pasando por momentos muy duros en su vida.

Para mi querido prometido, Shaoran.

Li alzo una de sus perfectas cejas. Eso demostraba que Hitomi estaba yendo demasiado aprisa y eso no le gustaba a él. Abrió el sobre donde reposaba esas palabras, escritas con una perfecta caligrafía de su enamorada. Eran entradas para el cine. Suspiro cansadamente.

—Buen día, empresa automotriz Kosaka, ¿en qué le puedo ayudar? —preguntó Kinomoto al contestar el teléfono.

—Buen día, señorita. Deseo hablar con Xiao Lang, por favor — contestó una joven de acento chino, aunque hablaba muy bien el japonés.

—Por supuesto. Dígame quien es para anunciarle al Sr. Li

—Soy Futtie Li, hermana de Xiao Lang.

Ante aquella revelación, Kinomoto quedó muda por unos instantes. Cuando recobro de nuevo el habla, le dijo que esperara unos minutos mientras le comunicaba a Shaoran de su llamada. De seguro es para algo importante, como la salud de su madre, pensó la joven asistente. Enseguida escucho la voz gruesa y varonil de su jefe y le aviso que su hermana deseaba hablar con él. No espero respuesta e inmediatamente se la pasó.

Suspiró por enesima vez mientras seguía con su trabajo. Su jefe aún no llegaba y eso la tenía con los nervios de punta. Ya estaba pensando lo peor, pero trataba de contrarrestar ese pensamiento con otro, en el cual tal vez el Sr. Hiragizawa se encontraba en una reunión fuera de lo planificado. No sería la primera vez, después de todo.

—Sakura, ven un momento por favor —le llamó Shaoran con una voz cansada.

Kinomoto se dirigió hacia la oficina de su jefe-amigo a ver que necesitaba. Lo más probable es que le pida balances o documentos para que los revisara y aprobara. Lo más seguro es que no pueda entregarle todo, debido a que pasó más tiempo en el hospital cuidando de su hermano, aunque fue por insistencia de Shaoran que por ella misma. Suspiro.

Deberían hacer un día dedicado al suspiro. Todo el mundo suspira ese día y a toda hora.

Sakura ignoro el tono sarcástico de su conciencia y se armo de valor para entrar al despacho. Tenía, desde que se levanto, ese presentimiento que ese día tendría un cierto acercamiento con Shaoran, pero lo que no sabía es que si era bueno o malo. Lo vio hablar por teléfono, tenía el ceño fruncido y por la expresión de su rostro, no era nada bueno. Hizo el ademán de irse, pero Li la estuvo observando desde que entro e hizo seña que se quedara. Sería un largo día.

—Shaoran, ¿por qué no quieres salir conmigo? ¿Te molesto? ¿Ya no me amas? ¿Acaso hay otra mujer en tu vida? —la voz de Hitomi, desesperada por saber las cosas, lo tenían cansado.

—Hitomi. En primera, si quiero salir contigo, pero se me presento este inconveniente en la empresa y no podré ir. Segundo, no me molestas. Tercero, no tengo otra mujer —contesto Li de la manera más calmada posible. Pero sólo contesto tres de cuatro preguntas.

Él no amaba a Hitomi, y eso lo presentía ella. Pero no podía quedarse así, de brazos cruzados, pues Shaoran era su llave principal para escapar de una bancarrota segura.

—Te agradezco mucho la invitación al cine, tendré las entradas conmigo. Disculpa las molestias, no pensé que mi hermana me llamaría a decirme sobre la situación allá en China. Ellos necesitan de esos informes, por favor amor, entiéndeme.

—Está bien, Shao. No te preocupes. Como las entradas eran para hoy, de seguro no tiene validez para otro día. Puedes venderlas o regalarla a alguien para que vaya.

Y esa aparente calma no era más que una mentira. Hitomi tramaba algo, eso era seguro.

¿En qué momento se metió en tremendo lío? No lo sabía, pero si estaba consciente en que algún momento, él dejó de amarla o tal vez, nunca la amo como creía. Se quedó contemplando el teléfono después de haberlo cerrado. Su mente divagaba en recuerdos tormentosos, aquellos que no lo dejaba tranquilo, y provocaba las pesadillas de media noche.

Sin darse cuenta, Sakura había puesto sus finas y delicadas manos sobre su cuello y empezó a darle masajes para que se relaje. Él cerró los ojos dejándose llevar por el momento, no quería pensar ni sentir nada, sólo disfrutar de ese silencio exquisito y delicado que estaba viviendo con su asistente. Que pase lo que tenga que pasar, por ahora, sólo deseaba vivir en aparente tranquilidad. Nada más pedía que eso.

Kinomoto noto que Li tenía los músculos demasiado tensos, y su meta para ese momento era la de bajarle ese estrés, porque lo estaba matando de a poco. No sabía muy bien si aquella llamada telefónica lo puso así o fue el hecho de que tuvo que hablar con su hermana, lo único que sabía es que su jefe a pesar de ser quien era, en el fondo poseía un noble corazón y ayudaba en lo que más podía. Claro, en lo que ella le dejaba que lo hiciera. No quería abusar de esa confianza y la viera como una mujerzuela oportunista, porque no lo era.

Ambos se comprendían en silencio, y precisamente en ese silencio se decían cosas, que sus labios no las sacaba, porque en realidad son los guardianes controlados por el cerebro para abrir o cerrar las puertas y darle paso o no a las palabras. Así de sencillo. Pero el hombre inventó, otras maneras de expresión: de simple gestos o detalles que te pueden acercar a alguien.

La mirada del zafiro se perdía en aquel vaso de whisky servido, su mente divagaba en otros mundos. Miro nuevamente el reloj, y vio que era hora de salir para la oficina. Y aunque quisiese que esa noche se produzca algo más entre él y su asistente, sabía perfectamente que no lo lograría. Había dado la palabra de respetar la decisión de ella.

Existía algo que no le cuadraba en su cerebro y eso era, precisamente el pasado de la joven amatista. Cuando llegara al despacho, mandaría a pedir al área de Talento Humano (antes conocida como Recursos Humanos) el curriculum vitae de ella. Necesitaba revisar de nuevo esos papeles, tal vez ahí haya algo que le ayude a entender que es lo que estaba pasando con ella.

Corazón vs Razón.

Se subió a su BMW, y arrancó haciendo quemar las llantas traseras del vehículo. En sus venas corría coraje, porque por primera vez en su vida, no podía saber las cosas, y en todo lo que es, incluso siendo perceptivo y observador, no se haya dado cuenta que su asistente le estaba mintiendo. Si lo hacía, debería tener una razón poderosa y él, buscaría por todos los medio encontrarla.

Así tengas que entregar toda tu fortuna, ¿verdad?

No muy lejos del puesto de la joven amatista, se encontraba una muchacha que no pasaba de los veintidós años, y observaba como Daidouji hablaba por teléfono de manera preocupada mientras tipiaba rápido. Esa es su oportunidad para sacarla de ahí y ella ocupar lo que, según pensaba, le correspondía. Un puesto alto en la empresa automotriz Kosaka.

Y con eso se aseguraba un buen dinero para vivir como una princesa. Lo que le fue arrebatado por ellos.

Se giro sobre sus talones con una sonrisa en los labios. A partir de ese momento, su plan se pondría en marcha. Y no sólo eso. También incluiría el despido de esa mujer. Si, se las cobraría por cada una de la que le hizo su familia. Era hora de su venganza, y ella los disfrutaría como nunca lo hizo.

La venganza se la come con el plato bien frío. Y ella era la indicada para hacerlo.

Sólo faltaría una tercera persona, y todo saldría como se lo habia planeado desde un principio. Li y Hiragizawa cederían como unos cachorros, nunca se darían cuenta que fueron engañados y jamás, pero entiéndase esa palabra, se imaginarían que fueron ellos, los autores del robo más grande de la historia del mundo empresarial. Porque no es fácil robarle a dos magnates como lo son ellos.

La botella de champan se abrió, dejando ver a tres personas sonreír de su victoria y festejarla como se lo merecen.

—¿Estás mejor, Shaoran? —preguntó con delicadeza Sakura.

—Sí. Mucho mejor. ¿Sabes? Tengo unas entradas al cine, que Hitomi me las mando para ir, pero como no podré, pienso regalarlas. ¿Puedes ir tú?

—No creo. Mi hermano…

—Shhh Lo sé. Pero necesitas distraerte, y no te haría mal ir al cine por un par de horas. Si quieres, vamos los dos —sugirió Li de manera inconsciente.

Por la expresión que tenía Sakura, había dicho algo impropio. Y por primera vez, Li tuvo miedo de perder. Justo cuando se iba a disculpar, sintió las finas manos de su asistente tomándole el rostro. Lo acariciaba de manera lenta y delicada.

—No pidas disculpas. Sé que lo haces para que yo esté bien, y eso es más que suficiente. ¿Qué película es?

—Red. Es una película de acción donde participan Bruce Willis, Morgan Freeman, Jhon Malkovich, Mary-Louise Parker y Helen Mirren. Excelente reparto de actores, ¿no? —comento Shaoran tratando de aliviar el ambiente tenso que había.

—Genial. Iré —contesto Kinomoto con una sonrisa en sus labios.

—¿En serio?

—Claro. Hay cosas que no sabes de mí, todavía.

—Entonces pasaré por ti eso de las siete de la noche. La película empieza a las ocho. ¿Te parece?

—Claro. Estaré lista a esa hora.

Y por primera vez, Li tendría una salida tranquila sin ninguna preocupación. Sobre todo, porque tendría una hermosa compañía. Acerca de los balances que le pedía su hermana, ya vería como los revisaría y se los mandaría dentro del plazo que le había dado. Sin embargo, las cosas no cuadraban y para que, su madre y hermana le hayan pedido aquello, es porque han descubierto algo, que posiblemente afectaría el crecimiento de la empresa.

Eriol entro en el edificio y se dirigía a paso lento hasta su oficina, pero primero tendría que ir a otro departamento, personalmente a pedir ciertos documentos para revisarlos. Necesitaba conocer los motivos que le empujaba a Tomoyo a mentirle de semejante manera. Tal vez, tuviese razones validas que podrían ser disculpadas, como también, podría ser que sea una oportunista.

No quería pensar más en eso, sin embargo, inconscientemente, su mente lo hacia una y otra vez. ¿Amor? Podría ser. Él estaba enamorado de ella, incluso podría decirse que fue algo a primera vista. ¿Protección? Desde que ella se sentó en el escritorio a trabajar como su asistente, sintió ese deseo de protegerla de todos y a cualquier precio. Últimamente, aquello había incrementado notablemente.

Sólo una cosa estaba seguro: esa noche sería diferente.

Tomo la carpeta de Daidouji, la guardó en su maletín e inmediatamente se encamino hacia su despacho. Hiragizawa no era esa clase de hombre que se deja vencer fácilmente, y esta vez no lo haría por una razón: estaba enamorado. Cuando uno está enamorado de la persona, que piensa que es la indicada, hace cualquier locura. Y tiene un precio alto.

En el camino se encontró con otra asistente, y si no estaba tan perdido, esa joven era la nueva promesa de la empresa Kosaka de la que tanto había escuchado. Hasta donde sabía, trabaja en el área de marketing y su estrategia de mercadeo le ha dado cierta ventaja sobre las otras empresas automotrices de Japón. Notó algo curioso en ella, y era que tenía la mirada enfocada en Tomoyo. Por lo que pudo observar, ninguna de ellas había notado su presencia. Mejor.

Silenciosamente se retiro y busco otro camino para llegar a su despacho sin que ninguna de las jóvenes notara su presencia. Y lo logró. De algo servía tener ciertos atajos o lugares secretos. Una vez adentro, marco la extensión del área de Talento Humano y pidió el curriculum vitae de esa chica de mercadeo. No le gustó para nada la mirada que tenía. Era como si conociese a su asistente de algún otro lado.

Tenía que empezar a juntar las piezas del rompecabezas, a como dé lugar.

Tomoyo revisaba su portafolio una y otra vez. No podía decir que sus diseños estaban feos, porque no lo estaban, aparte que su mejor amiga, Sakura, no le permitiría que diga esas cosas, sino que veía cierta madurez en ellos. Ya no sólo diseñaba ropa casual, también hacía ropa formal, tanto para hombre como para mujer, autos y motos. La melancolía le invadió su corazón al recordar lo que una vez tuvo y ahora ya no lo tiene.

Y pensar que ella se entregó, con todo su corazón, y por amor a él. ¿Qué recibió a cambio? Tristeza, dolor y en su ser, sólo cabía algo más: decepción. Y eso, nadie lo quita ni en un par de años. Es una herida que tarda sanar, al menos que llegue alguien dispuesto hacer que olvide aquello, y le traiga de nuevo la ilusión de lo que es amar verdaderamente a una persona tal cual es.

Y esa persona es un imposible. Es inalcanzable.

Se preguntaba, cuando su mente no trabajaba, ¿qué reacción tendría Eriol Hiragizawa cuando descubra su pasado? Y ese temor provocaba que tomara decisiones fuertes. Una de ellas, ocultarle la información. Lo que no se imaginaba, era la tormenta que se va armar, cuando su pasado se presente ante ella y ante él, y diga la historia, que en realidad, es otra mentira más para hundirla en el fondo del abismo.

Estaba sumida en sus pensamientos, que jamás se percató que alguien más la observaba y que su jefe ya había llegado. Miró el reloj y marcaba las tres de la tarde. Suspiro. De seguro Eriol no iría a la oficina, según ella.

—Sakura, cúbreme un momento por favor. Voy a salir —le pidió a su amiga, una vez que contesto el teléfono. Nuevamente, Kinomoto no le pregunto nada.

El pasante llegó a entregar lo que el señor Hiragizawa mandó a pedir, pero se encontró con que no había nadie en el área. Estaba a punto de irse cuando sintió que se abría la puerta del despacho de uno de los jefes más importantes de la empresa. Y tuvo miedo.

—Señor, le traigo lo que mando a pedir. La carpeta de la asistente del área de mercadeo.

—Gracias. Puedes retirarte.

Miro detenidamente el lugar, y no se encontraba nadie. Ni ella. Algo llamó su atención y se dirigió hasta el escritorio. Una carpeta de diseño.

Portafolio de diseño.

Pertenece a Tomoyo Daidouji

Colección de ropa casual, ropa formal, autos y motos.

Decía la caratula. Pasó página por página, y pudo ver que tenía talento. Entonces, una de las piezas del puzzle empezaba a salir. Alzó la mirada y vio que estaba vacío el lugar. Tomo la carpeta con cuidado, dejó todo en orden, tal cual lo encontró y se dirigió a su despacho. Ahora sí, ya tenía al menos dos pistas para descubrir el pasado de la joven que tanto ama.

Pero ahí no queda la cosa. Será un largo camino por recorrer, y el dolor siempre estará presente.

—Daidouji estaba hablando por teléfono de manera preocupada, mientras anotaba algo. He observado que ella guarda un pasado tormentoso. ¿Tú sabes algo, verdad? —informó la joven de veintidós años.

—Por supuesto que sé muchas cosas de ella, querida. No te preocupes. Sólo me interesas tú. Soy tuyo. De ella, sólo quiero algo que su padre no me dio, nada más.

—¿Saldrá todo como tenemos planificado?

—Por supuesto que sí. Hitomi hará su parte con Li, y tú con Hiragizawa. Yo sólo me encargaré de comentarles acerca de la señorita Daidouji.

Y ambos sonrieron.

Colgó el teléfono contenta de que su plan saldría a la perfección. Pero no contaba con que el señor Hiragizawa, ya la había visto y la había mandado a investigar.

A veces, el poder y la avaricia pueden cegar, que no dejan ver más allá de lo que realmente ven.

Nombre: Jane Smith

Nacionalidad: Inglesa

Estado civil: Soltera

Edad: 22 años

Profesión: Ingeniera en Marketing

Experiencia: Trabajo hace tres años en una empresa automotriz. No se sabe el nombre de dicha compañía, puesto que, según palabras de ella, era un pequeño negocio familiar y nunca logró despegar. Se fue a la quiebra a los seis meses.

—Detective. Le tengo otro trabajo para usted. Quiero que me averigüe sobre una señorita llamada Jane Smith.

—Claro señor Hiragizawa. Pero aquello le va a costar más…

—Sobre el valor no me interesa, sólo hágalo.

—Está bien. En unos días le tendré novedades.

—Por cierto, Jane Smith será su objetivo por ahora. Quiero saber todo de ella, ¿entendió?

—Por supuesto señor Hiragizawa.

Eriol cerró el teléfono con una sonrisa en los labios. Algo no cuadraba, y él no era un hombre tonto. Por lo pronto, Jane sería, por ahora, su nuevo objetivo.

18:00

Daidouji se encontraba en casa arreglándose. Le había prometido a Eriol ir a la cita, pero como no lo había visto no sabía si al final se cancelo la salida o no. Eso era otra preocupación. Él jamás faltaba a su trabajo y ese día lo había hecho. Lo que más le tenía así, es que no haya llamado a avisarle el motivo del porque no fue a la oficina. Movió la cabeza de forma negativa y continuo alistándose.

En el departamento de Sakura, esta se arreglaba, mientras en su mente recorría las imágenes de lo que había sucedido en la mañana en la oficina con su jefe. No supo en qué momento, se volvieron tan cercanos, tanto así, que el uno no podía vivir sin el otro. Sin embargo, ella estaba consciente de que Shaoran sólo era su jefe y que más allá de una amistad no pasaría.

Pero esos latidos de su corazón indicaban otra cosa…

Li se enteró que su socio y mejor amigo no había ido por la oficina. Se preocupó mucho, puesto que lo conocía desde la época de la universidad, y él no era de faltar a un lugar, al menos que tenga una razón válida y de mucho peso para hacerlo.

Miró las entradas que tenía y sonrió para sí mismo. Hitomi, como siempre, había enviado dos entradas, pero una era para una película y la otra, obviamente, para otra película. Nunca compartía con él las mismas películas, muy rara vez salían e iban a los mismos lugares, y por último, casi no tenían similitud entre ambos. Insistía, nuevamente con la pregunta: ¿Cómo pudo seguir con ella?

Tanteo a su asistente cuando le dijo sobre la película RED. A él le gustaba mucho las películas de acción, algo de romance, y un poco de comedia. El drama no iba con su personalidad, pero si Sakura hubiese querido ir a ver una película de ese género, él no se opondría. Por ella, él haría cualquier cosa.

Y ese fue uno de los motivos, por los cuales nunca se atrevió a insinuar sobre la película Un sueño posible, no tenía ánimos para ese tipo de película, sinceramente. Se sorprendió al ver la reacción de ella.

Por fin encontró a la persona con la cual compartir muchos gustos.

Movió la cabeza negativamente. Últimamente tenía presentimientos un poco dolorosos. Su familia, su asistente, su mejor amigo, y en todo esos momentos, él salía lastimado. Esperaba que tan sólo fuere eso: una mala sensación. Pero no se iba, y aumentaba al paso de los días.

En fin. Ya la había invitado, se compro otra entrada para ver la película, y la que tenía la termino regalando a una joven que si deseaba verla. Todos felices. Se observo a través del espejo y vio que no estaba tan mal vestido, y pasaba para la noche. Suspiro, y salió del departamento. Tenía que llegar a tiempo.

19:00

El timbre sonó por todo el departamento de Tomoyo. Ya voy, fue el grito que pegó la joven Daidouji desde adentro, y por lo que se escuchaba, había sido interrumpida mientras hacía algún quehacer. Se sorprendió al verlo ahí parado afuera del lugar donde vivía.

Amatista vs Zafiro

Miradas que chocan, miradas que dicen todo y al mismo tiempo, no dicen nada. Querían comunicarse sin pronunciar una sola palabra, y por lo que se veía, era un intento inútil. El tiempo se detuvo alrededor de ambos, y quería ser complice de los sentimientos que se tenían mutuamente, pero que, por el miedo de la joven amatista, ellos no podían salir.

—Pensé que no vendrías. No fuiste a la oficina —tonta Tomoyo. Es la primera vez que lo vez en todo el día, y eso es lo único que dices. Le recriminó su consciencia.

Si existe un abogado especializado en demanda contra consciencias, por favor acercarse hablar con Tomoyo Daidouji, joven que necesita, desesperadamente, de esos servicios, para ver si puede mandar a la cárcel a su conciencia y así vivir tranquilamente por un buen, largo, tiempo. Gracias.

Gracias por tratarme así. Yo que te quiero tanto (nótese sarcasmo puro).

Tomoyo optó por no hacerle caso y dejarla pasar.

—Lo sé. Tuve algunas complicaciones y por eso no pude pasar por la oficina. Espero que todo esté bien —contesto Eriol, tratando de suavizar el ambiente.

—Claro. No hubo nada interesante. Lo único novedoso, es que mañana tienes reunión con el joven Li —contesto ella, tratando de modular su voz.

—¿Con Shaoran? —preguntó sorprendido. Tomoyo asintió con la cabeza — ¿Te dijo el motivo de la reunión?

—No. Sólo me dijo que deseaba hablar contigo mañana.

Y por alguna extraña razón, lo estaba tuteando. Aunque se sentía bien hacerlo, y además, ya le había prometido hacerlo.

—¿Estás lista para irnos?

—Por supuesto.

Shaoran llegaba al departamento de su asistente. No era la primera vez que estaba ahí, pero justo esa noche, se sentía como si fuese un adolescente, que saldría por primera vez con una chica. La realidad es otra y de eso estaba muy consciente.

Toco el timbre y espero por unos segundos hasta que la puerta fuese abierta. En ese lapso de minutos que transcurrían, pensó, nuevamente, en su familia, en su asistente, en su mejor amigo, y en él. Nunca, en ningún momento, se le pasó por la mente a Hitomi. Y eso significaba una cosa.

—¡Shaoran! —exclamó Sakura al verlo ahí parado y con la mirada perdida.

—Perdona. Tenía la mente en otro lugar.

—No te preocupes. ¿Quieres pasar o nos vamos ya?

—Si estás lista nos vamos.

Kinomoto asintió alegremente. Miró a su pequeño gato, y estaba dormido. Apagó las luces y salió del departamento. Esta sería una primera salida en serio. Las otras, simplemente era para pasar el tiempo, o simplemente para conocerse un poco más. Increíblemente, ambos se comprendían muy bien, incluso, cuando existía el silencio entre los dos.

Cuando llegaron al cine, que lo hicieron con tiempo, Li invito a comer algo ligero a Kinomoto. Se pusieron a charlar mientras esperaban que la función empezara. Cada segundo que pasaba, no era segundo perdido. Tanto Shaoran como Sakura, se iban complementando y en algún momento, sintieron como si se conociesen desde hace algún tiempo ya. Obviamente se conocían, por el trato que se tenían que dar, pero nunca de esa manera. Personal.

Aunque pareciera mentira, Li tenía un corazón frágil, tal vez por su pasado, y tenía ese miedo a que se lo rompieran. Y esa era una razón por la cual nunca decidió ir un paso más allá con Hitomi. Ella no encajaba con él, para nada, excepto cuando tenían sexo. Es duro aceptar esa realidad, pero era la verdad. Su querida novia hacia las cosas para complacerlo a él, nunca era ella misma. Pareciera como si ella lo hiciese sólo para agradarle a él, y así estar con él. ¿Miedo a la soledad? Puede ser.

Y otra vez, volvía esa sensación de malestar cuando pensaba en ella. ¿Será acaso…?

—Shaoran, ya va a empezar la película. Vamos —Kinomoto, de nuevo, lo regresaba a la realidad.

—Tienes razón. Vamos.

Y así, empezaría un nuevo capítulo en la vida de ambos. Esa noche, sería especial.

—¿Qué te pareció la comida, Tomoyo?

—Deliciosa. Gracias Eriol por la invitación.

—No tienes porque darlas. Fue agradable pasar junto a ti. Conocerte más.

En toda la cena, Hiragizawa se la pasó observando a su asistente. Cada detalle de su escultural cuerpo, su delicadeza y su sencillez. Tomoyo era una mujer muy atractiva, y su personalidad es única. Cualquier hombre daría lo que sea por estar con ella. Notó que sus hermosos ojos adquirían cierto aire de tristeza.

Otra vez, su pasado.

—¿Pasa algo? —preguntó con cautela, Eriol.

—Nada.

—¿Tomoyo?

—Sin poder evitarlo, recordé a mi madre fallecida. Es todo —lo dijo. Y en su voz, se notaba que había mucha tristeza, mucho dolor.

—Lo lamento…

Daidouji le puso el dedo índice sobre los labios de su jefe. Movió la cabeza negándolo, y una sonrisa melancólica asomaba sobre esos finos labios.

—Todo está bien. ¿Sí?

Eriol no discutiría, y ella lo sabía. Empezó a sonar una canción lenta, y él la invito a salir a bailar. Tomoyo acepto gustosa, y aunque sonará tonto, se sentía cómoda y segura en los brazos de él. Y por un segundo se sintió observada. Miro disimuladamente, pero no encontró a nadie. Debía calmarse un poco.

Pronto mi querida Tomoyo, pronto. Tú pagarás por lo que me hizo tu padre, y te alejare de ese tal Eriol Hiragizawa. ¿Sabías que él no perdona ni una, verdad? ¿Sabías que él no tolera las mentiras? Y tú le mientes, descaradamente. Oh, pequeña Daidouji, ¿quién podrá defenderte cuando la bomba estalle? Nadie. ¿Sabes la respuesta? A seguro que sí.

Tú estás sola. No tienes a nadie, excepto a tu padre. Y, oh, él no está bien de salud, ¿verdad?

Aléjate de él, porque si no lo haces, te vas a ver en una situación muy comprometedora, y saldrás perdiendo. Aléjate.

Dejó la nota debajo de la puerta del departamento de Tomoyo, y se retiro. Y eso significaba dos cosas: Su pasado ya estaba aquí, y la otra, ella tendría que huir, si deseaba salvar su secreto.

Tanto Eriol como Tomoyo, pasaron la velada sin mayores contratiempos, excepto cuando Hiragizawa se percato que su asistente está buscando a alguien. Quiso preguntarle, pero no lo hizo. Vio en su expresión facial, que estaba asustada, y que alguien la estaba vigilando. ¿Qué estaba pasando?

—Gracias Shaoran por la invitación. La película estuvo buena, me gustó mucho.

—Me alegro mucho. A mí también me gustó —contesto Li con una sonrisa sincera.

No iba a mentir. Le agradaba pasar con ella el tiempo que sea necesario. Cada día que convivían juntos, aprendía algo nuevo. Al día siguiente le daría permiso para que visite a su hermano. Él la necesita a ella, y mucho. Era lo único que tenía, y entre ambos se hacían compañía mutuamente. De repente, Shaoran se sintió observado, pero por más que busco de donde provenía esa mirada, no la encontró.

Así que por ella me alejas de tu vida. Ya veremos quién ríe al último, mi querido Xiao Lang.

Él, como es todo un caballero, llevo a Sakura hasta su departamento. El silencio que reinaba no era incomodo, más bien, era una conversación en la que ellos dos se comprendían, una especie de código que crearon. Nadie más podría saber lo que los dos estuviesen hablando. Era como si estuviesen hablando mentalmente. No palabras, no gestos, sólo el silencio y las miradas.

Al llegar al hogar de la joven amatista, Eriol, como todo caballero inglés que es, tuvo la amabilidad de escoltar a su joven asistente. Y por primera vez se sentía un chiquillo queriendo hacer una travesura. Pero se arriesgaría.

—De nuevo Eriol. Gracias por la velada de esta noche.

—No me des las gracias. Fue un placer pasar contigo.

Y los dos se quedaron mirando mutuamente, el tiempo se detuvo y el destino empezaba a jugar un papel importante. Finalmente, Hiragizawa no se pudo contener, y le robo un beso a Tomoyo. Ella lo acepto, sabiendo que sería el último que se den de esa manera. Enredo sus finos dedos en la cabellera negro-azulada de él, invitándolo a que profundice más el beso. Los minutos transcurrían, y para ellos no existía nada más. Sólo los dos, compartiendo su último beso.

Y las despedidas son amargas.

Eriol se separo de Tomoyo con cautela. Ninguno de los dos dijo nada, y era mejor no hacerlo. No querían borrar ese hermoso encuentro que tuvieron los dos.

—Entonces, te veo mañana en la oficina, ¿verdad? —preguntó Daidouji.

—Así es. Nos vemos mañana — Hiragizawa se despidió un corto beso en los labios.

La amatista no le quedó otra que verlo partir. Mañana ya no sería igual, y de seguro, ambos estarían alejados. Era lo mejor. Él no podía entrar en su vida, no podía conocer su pasado. Nunca. Entró a su vivienda y vio que estaba un papel botado en el piso. Lo recogió y lo leyó pausadamente.

Había tomado una decisión. La más dura de todas.

—La película estuvo increíble. Gracias por invitarme Shaoran — agradeció con el corazón Kinomoto.

—No tienes porque dármelas. Fue un placer haberla visto contigo.

Ambos sonrieron.

Ámbar vs Esmeraldas.

Y el ladrón le robo lo que tanto había guardado la damisela. El beso. Sakura le rodeo con sus finos brazos el cuello de él, y Shaoran le agarro por la cintura. Profundizaron el beso, y cuando les falto oxigeno en sus pulmones, se separaron para darles un poco. Seguían abrazado. Se miraban con una mezcla de sentimientos, pero al final, terminó hablando la joven de ojos verdes.

—Quédate.

Y esa fueron sus últimas palabras.

Esa noche una pareja se aleja, y otra se acerca. ¿Qué sorpresas les tendrá el destino? ¿Quién ganará, y quién perderá? Sólo él lo sabe. Sólo él.

To be Conitnue...


Notas de Autora:

¡Hola chicos! ¿Cómo estan? Espero que bien.

Sé que les debo una disculpa enorme por mi tremendo atraso en esta historia. Tuve muchos inconvenientes personales que me retrasaron bastante, y bueno, por eso recién lo puedo publicar ahora. Trataré, pero será un poco complicado tratar de actualizar más seguido, pero haré mi mejor esfuerzo para hacerlo.

Espero que les guste este capítulo, aquí vemos cada vez más el pasado de cada uno de los personajes, pero al mismo tiempo, vemos que las relaciones no marchan bien para uno, y para otros va de manera normal.

Me gustaría que me dejarán un REVIEW para saber que tal les pareció o darme sus ideas o hipotesis. Eso ayuda bastante al escirtor, ¿sabían?

Bueno, sin más que decir, excepto repetir de nuevo mis sinceras disculpas por el retraso, les dejo para que lean.

Gracias.