Advertencia: Los personajes de Sakura Card Captor le pertenecen al grupo CLAMP.
Y el ladrón le robo lo que tanto había guardado la damisela. El beso. Sakura le rodeo con sus finos brazos el cuello de él, y Shaoran le agarro por la cintura. Profundizaron el beso, y cuando les falto oxigeno en sus pulmones, se separaron para darles un poco. Seguían abrazado. Se miraban con una mezcla de sentimientos, pero al final, terminó hablando la joven de ojos verdes.
—Quédate.
Y esa fueron sus últimas palabras.
Esa noche una pareja se aleja, y otra se acerca. ¿Qué sorpresas les tendrá el destino? ¿Quién ganará, y quién perderá? Sólo él lo sabe. Sólo él.
Capitulo 7: Noticia
Los rayos del sol indicaban que el día se estaba aclarando, y que por lo tanto, ya deberían estar levantados, alistándose para salir a sus respectivos lugares: escuela, trabajo, universidad. Pero ese no era el caso de cuatro personas.
Una joven abría sus ojos color esmeralda, y enfocaba, o al menos trataba de hacerlo, en el lugar donde estaba. Quiso moverse, pero se encontró con un peso sobre su cuerpo, e inmediatamente y con suavidad se volteo a ver que era, pensando que tal vez fuese su gato, pero lo que se encontró fue con el cuerpo desnudo de su jefe.
¡¿Te acostaste con él?
¡Ash! Cállate. Es también mi amigo, por si lo recuerdas.
Entonces te acostaste con tu jefe-amigo… ¿amigo con derecho?
Mejor…
Oh, sí. La consciencia de Sakura tuvo la dignidad, y amabilidad de reprocharla, justo cuando sus ojos miraban a Shaoran dormir como un bebé. No iba a discutir con su parte racional, saldría perdiendo, de eso estaba segura. Por el contrario, ella quería verlo, y darle pequeñas acaricias. La noche pasada había sido algo maravilloso, pero sabía que aquel acto podría traer algunas consecuencias.
Y no quería que su relación se viera afectada.
Se levanto con suavidad para no despertarlo, se puso la camisa de él y se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. Mientras lo hacía, no pudo evitar pensar en lo que ha sido su vida: la muerte de su madre, la de su padre y ahora, el debate entre la vida y la muerte de su único hermano. Si seguía así, tal vez fallezca, y ella no quería eso. Es por aquello, que no sabía cómo reaccionar a lo que había sucedido entre los dos la noche anterior. Aún se sonrojaba al recordar cada detalle de lo que vivió.
Kinomoto no era una santa bajada del cielo, pero tampoco era de las mujeres fáciles que se abría de piernas a cualquier hombre que se le cruzaba por el camino. De hecho, sólo fue una vez, y cuando pensó que él era la persona indicada para ella. Aunque era irónico aquello, puesto que la personalidad y la forma en cómo se sonrojaba denotaba que aún conservaba su esencia pura e inocente.
Todos cometemos errores. Está en uno tomarlo como una lección o dejarlo ir y volver a cometerlo.
Se sorprendió de ver a Kero despierto, cuando por lo general, el gatito siempre estaba dormido. Él la miraba de una forma extraña, como si no la reconociera, pero claro, ¿cómo podría hacerlo si ella misma no lo hacía? Y sus bellos ojos esmeraldas se oscurecieron de la tristeza y nostalgia. La muerte había rondado cerca de ella, y aún lo sigue haciendo, atormentándola, comiendo su alma de a poco. Le sirvió un poco del desayuno a su minino y luego se dirigió a preparar el de los dos.
Todo cambia, y en muchas ocasiones esa transformación puede crear un temor muy grande como para tomar una decisión, en la cual nadie se enteraría, ni siquiera el mismo ejecutor. Las cosas pasan por alguna extraña razón y lo que estaba viviendo en esos momentos era confusión, y porque no decirlo, hasta con culpa. Kinomoto sabía a consciencia que Shaoran es un hombre inalcanzable, alguien a quien jamás podrá conquistar, mucho menos estar a su lado.
Li se despertó al oler el delicioso aroma del desayuno. Busco por la habitación su ropa, sólo encontró sus zapatos, medias, pantalón y los boxes de color verde oscuro. Su color favorito. De seguro su asistente se puso su camisa, y no le molestaba. De nuevo esa extraña sensación. No le molestaba que su asistente se haya puesto la camisa, de seguro se la vería muy sexy, pero con Hitomi era diferente. Le desagradaba la idea de que se ponga algo de él, incluso, aquella vez que tuvieron sexo, porque si, ellos no hacían el amor, sino que simplemente tenían un revolcón; le disgusto enormemente que se le haya cogido una camiseta de los Chicago Bulls y se la haya puesto.
Estaba parado en la entrada a la cocina. Realmente se la veía adorable preparando el desayuno para los dos y con su camisa puesta. Nunca se imaginó vivir algo así, pero también tenía otra cosa en mente, y eso era la infelidad que le cometió a su novia. Porque sea como fuere, así estén yendo mal en esa relación, Hitomi continuaba siendo su enamorada y le debía respeto. Sin poder evitarlo, avanzo hasta donde estaba Kinomoto, puso sus manos en la fina cintura de ella, y le dio un beso suave, tierno en el cuello. Ella sonrió.
Sakura se giro sobre sí misma y quedó frente a frente con su jefe. Ambos no querían romper ese momento, pero desgraciadamente, tenían que hablar sobre lo ocurrido la noche anterior, los dos habían faltado el respeto, aunque no hubiese sido con intención. Shaoran, que la tenía aun agarrada de la cintura, la abrazo y capturo los labios de ella. El minino, Kero, se cubrió con una de sus patitas sus ojos. No quería ver ese acto tan íntimo de su ama con el intruso ese.
Se sentaron en la mesa a tomar el café que había preparado la esmeralda. Ese día era viernes, ¡Como vuela el tiempo! En ese lapso, había sucedido tantas cosas, tantas lecciones aprendidas y aún así, sentían que les faltaba muchas más cosas. Comieron en silencio y ninguno se animaba a decir algo. No deseaban perder lo que han construido, pero era mejor dejar las cosas en claro. Y Li fue el primero.
—Sakura —se detuvo por unos momentos, mientras la veía directamente a los ojos. No quería lastimarla —. Sé que lo que pasó ayer no estuvo bien, puesto que yo tengo una enamorada a la cual le debo respeto y fidelidad sobre todas las cosas. Pero por primera vez en mi vida, me sentí vivo, sentí que volvía a ser el yo que era antes…
—Lo entiendo, Shaoran y… —él la calló con un suave beso.
—El que lo siente soy yo. Sin embargo, no quiero que esto que tenemos los dos se arruine por lo sucedido. Me gustaría consérvalo, pero debemos mantener distancias, Sakura. Espero… —esta vez, era ella que lo callaba con un beso.
Uno amargo y uno dulce.
—Lo entiendo. Mejor vistámonos para ir a la oficina.
El asunto quedaba zanjado de manera cortante, y hasta sorpresivo, sobre todo si sabemos quiénes son Sakura Kinomoto y Shaoran Li. Aunque ambos estaban sonrojados por todo lo que pasaba. Ese día, no sería normal. Las noticias vuelan y muy pronto se enfrentarían ante una realidad mucho más dolorosa.
Eriol terminaba de fumar el cigarrillo Malboro azul. De vez en cuando lo hacía para calmar los nervios, y de esa adicción nadie lo sabía, ni siquiera su mejor amigo y socio. No quería oír reproches o consejos de que fumar mata. Y bueno, si lo hacía, pero por lo menos disfrutaba de ver cómo salía el humo de sus labios y se perdía en el espacio. Él deseaba ser ese humo. Todo era confuso, y al mismo tiempo un sentimiento de soledad y vacío. No encontrar respuestas a las preguntas que realizaba lo ponía de muy mal humor. No le aclaraban nada.
Vio de nuevo la carpeta de diseño de su asistente, también reviso el curriculum y se percato de algo que se le pasaba por alto. Tomoyo había estudiado en la misma universidad que él, ¿cómo es que nunca se cruzaron? El destino suele ser muy caprichoso, algunas veces. Volvió a inhalar un poco más de nicotina, y la boto pausadamente. Una pieza más del gran rompecabezas llegaba a su mente de manera inocente. Era hora de descubrir algunas cosas de su asistente.
Cogió las carpetas, la cajetilla de cigarrillos, el BlackBerry y la billetera. Iría al sitio donde tal vez, esas respuestas que tanto buscaba, las tuviera. Al fin y al cabo, ahí reposaba el historial completo de Daidouji. Subió al carro y arranco para la universidad. Le importaba un rábano si llegaba tarde al trabajo, después hablaría con Shaoran.
El lugar no había cambiado nada en todos esos años. Seguía siendo el mismo. Recorrió los pasillos hasta llegar a una puerta donde había una placa que demostraba el rango de la persona que ocupaba ese puesto. Si lo que se entero en el camino era cierto, estaría reunido con una antigua conocida de estudios. Imploraba algún Dios que le ayudara. Él mismo quería salvarse de la oscuridad y salvarla a ella. Tomo asiento después de pasar unas cortas palabras con la asistente.
Y la espera recién empezaba.
Osaka – Japón
Un señor de unos cuarenta años, vestido de traje formal y sombrero negro, entraba a la habitación de aquel hospital y observo a su amigo descansar en la cama. Estaba conectado con suero y otras cosas más. Él sabía que ese momento llegaría, pero jamás se imagino que sería tan pronto. Le costaba creer lo que estaba sucediendo, quería retroceder el tiempo y evitar muchas cosas, entre ellas, la rivalidad que existió por un tiempo por culpa de una mujer hermosa e inteligente.
Quería creer que todo era una pesadilla. Abría los ojos y se daba cuenta que no era así. Todo era real.
—¿Cuánto tiempo ha pasado sin vernos, Kaito?
—La misma pregunta me la hago yo, Kazuo —el detective notó que a su amigo le costaba hablar y por primera vez, sintió un dolor, y no era físico —. Me mandaste a llamar. Dijiste que era urgente.
Daidouji sonrió con amargura y nostalgia. Esa mezcla que no paso desapercibido por aquel amigo que lo conocía desde la infancia. Hasta que ella llegó. El pasado volvía y se hacía presente en la vida de cada uno, y traía consigo el hilo que los unía de una u otra manera. No le interesaba saber si les afectaba o no, sólo cumplía con su deber.
Y ese era el comienzo del fin de una serie de sentimientos que aguardaba en el corazón de ambos.
—Sabes bien, Kaito que siempre te he apreciado. Pero nos enamoramos los dos de la misma mujer. Y ella hizo la elección al escogerme a mí, y en el corazón nadie manda —hizo una pausa mientras le miraba a aquel hombre que siempre estuvo junto a él —. Las cosas se dieron así, y no se pudo hacer nada.
—Si me llamaste para pedirme que te perdone por lo que pasó hace años, pierdes tu tiempo, Kazuo.
—No, no te he llamado para eso —se miraban fijamente, y el detective sintió miedo, por primera vez —. Sé que estas investigando a mi hija. Eriol Hiragizawa te mando hacerlo, ¿verdad?
—Sí. Lo hizo.
—Entonces ya sabes cómo debes actuar. Ella no tiene nada que ver en esto, Kaito. Él lo hizo todo y mírame como nos dejo. Hoy, tal vez sea mi último día de vida, amigo.
Eso fue todo. El detective se derrumbo en llanto enfrente de aquel amigo de su infancia, de aquel hombre con el que compartió toda su vida. Sabía que él tenía razón, y que no se podía hacer nada, al menos que, le hiciera un favor enorme, no sólo a él, sino también a Sonomi.
—En el banco poseo ciertos documentos que tal vez te ayuden, y que…
—Cuidaré de tu hija, Kazuo. Es lo menos que puedo hacer por ti. Al fin y al cabo, tú me ayudaste mucho aquella vez, cuando no tenía a nadie ni nada.
—Gracias. Confió en ti. Cuando me toque el turno de entrar a la sala de operación, por favor, llama tú a mi hija y dile el mensaje. Ella no te conoce, ni sabe quién eres. Espero que…
—Yo debería pedirte disculpas amigo. Haré lo que esté a mi alcance.
—Ese Hiragizawa es un buen hombre. Espero que mi hija supere sus temores y vea en él lo bueno que es.
—Nunca se te escapa nada, ¿verdad? —preguntó con una sonrisa sincera.
—Nunca se me va nada de las manos. Sólo aquella vez peque de ingenuo y pague caro.
Tokyo - Japón
Eriol miraba impaciente la hora. Shaoran no lo había llamado, ni Tomoyo. Tenía un remolino de sensaciones dentro de su ser, y no sabía qué hacer ni por dónde empezar. Esperaba que el detective que contrato le trajera buenas noticias, o por lo menos le diera una pista aún mucho más clara de la vida de su asistente. No entendía cómo es que habiendo estudiado en la misma universidad, nunca se cruzaron ni siquiera se miraron o algo.
Tal vez hubo una persona detrás de todo y ellos jamás se percataron. Sintió los pasos de alguien y levanto la vista de los papeles que estaba leyendo para ver quién era que entraba a la sala de espera de aquel despacho.
Y era ella. Su antigua compañera de universidad.
—¿Cómo pasa el tiempo, verdad Hiragizawa-san?
—Lo mismo digo yo, Magdalia. Te he dicho que no me llames así, no soy tan viejo, por favor.
—Disculpa, Eriol. La verdad es que aún me pone extraña tu presencia. Demuestras mucho respeto y bueno, también es la costumbre. ¿En qué puedo ayudarte?
Y lo invito a pasar al despacho. Era tal y como lo recordaba de su época estudiantil. Ambos estudiaron la misma carrera, pero al final cada quien hizo su vida y apenas si se pasaban palabra. Más lo hacían por cordialidad, y porque al fin y al cabo, ambos se llevaban bien. Tenía muchas interrogantes, no sabía cómo abordar ese tema tan delicado, porque hablar de Tomoyo Daidouji era como tocar un cristal rasgado a punto de partirse por completo.
El silencio invadía cada rincón de esa oficina. Cada uno tenía sus propios demonios con quien pelear, pero en ese momento eran dos personas: la una buscando respuestas, una ayuda para tener un panorama claro; la otra dispuesta ayudarlo hasta donde pudiese.
—¿Conoces a Tomoyo Daidouji? —soltó de una Hiragizawa, la otra se sorprendió.
—¿Para qué quieres saber de ella? —respondió con otra pregunta. Interesante.
Los dos no eran tontos ni ingenuos. Batallaban por una misma persona, la cual no estaba ni enterada de lo que sucedía alrededor de ella. Eriol quería saber todo sobre la persona a la cual ama, Magdalia quería guardar el secreto de su amiga. Sólo hubieron dos personas que sabían la odisea que vivió la joven Daidouji: Sakura y ella. Y por su parte, tendría que llevarlo muy dentro de sí, inclusive hasta la tumba.
Lo conocía muy bien, y si algo tenía de bueno Hiragizawa es que es un hombre tenaz, terco y de buen corazón. Si estaba dispuesto a oír todo acerca de su asistente, tendría que controlar el temperamento, porque hay cosas que no le va a gustar, para nada. Lo miro de nuevo, estaba perdida, de eso estaba consciente. Sólo tendría que reunir las palabras correctas, y tendría la historia hecha.
—No tengo todo el día, Magdalia — ¡ah! Añadimos también, en la lista de virtudes y defectos, que es muy impaciente.
—Hay cosas que no te gustarán, Eriol. No está en mí, sino en ella, en contártelas.
—No puedo preguntarle directamente. Huiría, como siempre lo hace. Evade ese pasado, y me tiene loco. Quiero ayudarla, pero no sé por dónde empezar, si ella no se deja.
Ante esa revelación, se quedó muda. Impresionada, bastante. Tampoco se extrañaba eso de él. Siempre fue así. Pero cuando un hombre está enamorado, hace cualquier locura, y Hiragizawa estaba dispuesto hacerla, de eso no cabía la menor duda. No le veía nada malo ante eso, pero por otra parte, le debía respeto a su compañera de clases y amiga. Miro de nuevo su escritorio, buscando alguna respuesta para tomar la decisión definitiva, y la encontró.
—Ella iba a ser la heredera de la empresa automotriz HSD Auto —guardó silencio por unos minutos. Las ideas iban y venían —. A Tomoyo le gustaba la administración, pero su madre siempre le dio apoyo para que estudiara Licenciatura en Diseño de modas. Eso iba más con su personalidad.
Magdalia no sabía si seguir con esa conversación, llevándola a tal punto de revelar cosas que tal vez, no sería bueno que él las supiera, por lo menos no de su boca, sino, por parte de la misma Tomoyo. Es raro, pensó, que mientras más intriga haya, más dolor puede causar en unos y felicidad en otros, ¿Acaso el mundo se volvió loco? Puede ser sea que así, como tal vez no. Depende de quien venga los sentimientos, pero sobre todo, de quien posea la muderez emocional y mental.
Los ojos de Eriol se oscurecieron, y eso denotaba que estaba muy, pero muy molesto. Estaba conteniendo las iras, el coraje, la frustración. ¿Su asistente iba a ser heredera del imperio HSD Auto? ¿Ella era multimillonaria? ¿Cómo es que terminó trabajando de secretaria de él? Más preguntas salían de su mente, pero no se atrevía a decirlas, mucho peor a tratar de darle respuestas, que ni él las tenía. Se estaba saliendo de control todo, inlcusive su obsesión por saber sobre la vida de ella.
Y como si fuese una iluminación milagrosa, se acordó que la compañía Kosaka adquirió algunos derechos y acciones de la empresa HSD Auto. ¿Será que Daidouji es hija del famoso empresario Kazuo Daidouji?
—Sé que te vas a enterar de algunas cosas que tal vez produzcan cierta confusión, y porque no decirlo, hasta dolor, pero es la verdad, y ante eso, nadie puede huir, por más que se quiera —Magdalia lo había despertado de sus pensamientos.
—Prefiero saber la verdad, a que vivir en una mentira. Odio las mentiras, Magdalia.
—Lo sé. Sin embargo, yo no puedo revelarte más cosas porque no están en mí hacerlas. Eso, debes preguntarselo a la misma fuente. Es decir, hablar con Tomoyo Daidouji en persona.
—Tan noble, como siempre, ¿verdad?
—No es nobleza, Eriol. Es educación.
Hiragizawa se levantó con mucho cuidado sin dejar de mirar a la que fue su compañera de clases. Primero, tendría que tranquilizarse. Segundo, buscar la oportunidad de confrontar a su asistente. Ella le diría la verdad, quiera o no.
—Gracias por tu tiempo, Magdalia. Fue un placer haberte visto de nuevo.
—Lo mismo digo yo, Eriol.
Y eso fue lo último que sabría de ambos. Pero como el destino es muy caprichoso, ese no sería el final de sus encuentros, habría más, de eso no cabe duda. Ella lo vio partir, y se sentó en el sillón dando un gran suspiro. ¿Por qué le tuvo que hacer caso a su hermana? Ella y su forma tan misteriosa de ser, como siempre, la sacaban de casillas. Notó que alguien la observaba, y no dudo en posar su mirada en esa persona. Hablando de rey de Roma...
—Hice lo que me pediste, hermana —guardó silencio por unos minutos, antes de proseguir —. No lo volveré a realizar, así me ruegues . Sabes que esto no está bien y que no es...
—Y no lo harás. Con esto, hemos dado el primer paso, Magdalia. Quieras o no.
—¿Sabes que no estás haciendo lo correcto, verdad Freya?
—No se trata de hacer lo correcto o no, se trata de hacer que las personas se den cuenta de lo que hacen por sí solas. Evidentemente, necesitan de un empujón. Y en esta ocasión, querida hermana, ellos la necesita.
Magdalia lo sabía. Su hermana tenía razón pero, ¿por qué no le dice la verdad absoluta y acaba con toda esta tragedia que está a punto de comenzar? Decía, porque intuía que iban a salir personas lastimadas en todo este juego de mentiras y engaños.
—Es inevitable que no pase eso, Magdalia.
Freya tenía, nuevamente, razón. Y ese era el motivo por el cual a veces la detestaba: ella y su toque misterioso a las cosas. Como si supiera lo que va a suceder antes que los mismo involucrados. En algún momento le recordaba a la bruja Yuuko de la serie de anime XXXHolic o cuando aparece en Tsubasa Chronicles. No es que no le cayera bien, pero esa manera tan misteriosa de manejarse, esa forma de saberlo todo antes que los demás le sacaba de quicio. Suspiró.
Despertó de sus pensamientos al sentir la mano de su hermana acariciar la mejilla. Ambas sabían que estaban dentro de un juego que no querían estar, pero debían. Se lo debían al señor Kazuo Daidouji y a la señora Sonomi Daidouji. Ellos le dieron tanto cuando apenas eran unas estudiantes de universidad, creyeron en ellas y ahora ellas tienen poder de regresar lo que le pertenecia a su mentor.
Freya besó sutilmente los labios de Magdalia. Lo hacían desde que eran adolescentes y esa era la manera de demostrar el cariño que se tenían, pero sobre todo, seguridad. La una cuidaba de la otra. Su hermana menor la vio partir, intuía que se dirigia hacia otro lugar, uno en el cual podría ayudarla a tratar de atrapar a los canallas que provocaron todo esto. Tomoyo no tenía la culpa de nada. Y eso estaba claro.
Eriol estaba sentado en su escritorio fumando un cigarrillo. Ya eran las dos de la tarde y Shaoran no aparecia por ningún lado, ¿qué habrá pasado? Por esos momentos no quería saber nada de reuniones o de la empresa, tenía la cabeza en otro lado, más preciso en Tomoyo Daidouji. Si que esa mujer se le impregnó en todo su ser.
Sintió la mirada de alguien y sus ojos azulados recorrieron el camino hasta encontrarse con Li. No parecía sorprendido, pero si se lo veía bastante decaido, triste. Shaoran cerró la puerta despacio y con seguro, había la intención de que no les molestara en esa reunión. ¿Por qué la vida es tan jodida? A decir verdad, es el hombre que la vuelve así, haciendo de un lado la simplicidad.
Camino hasta donde su amigo, y del bolsillo saco una cajetilla de cigarrillos Malboro rojo. Encendió uno, se sentó frente a Eriol y miro como el humo se perdía en el aire. Hiragizawa esta sorprendido de su amigo, vaya secreto que se guardaba, ¿no?
—Parece que no es un buen día — comentó Eriol como si nada.
—Si, hoy no es un buen día, amigo.
Tomoyo se encontraba conversando con Sakura, aprovechando que los jefes de las dos se encerraron para hablar. Le comentó de la nota que encontró en su departamento la noche que salió con Eriol y la decisión que había tomado. Kinomoto no se mostraba de acuerdo en la mayor parte, y se lo hizo saber.
—Deberías decirle a Eriol lo que esta pasando, Tomoyo.
—No, Sakura. Es lo mejor. No voy a comprometerlo en algo que no le incumbe.
—Necesitas ayuda de alguien con peso, y ese es Eriol.
—No, Sakura. Por favor no insistas, que no lo metere en un problema que no le corresponde a él. Esto es mío y yo lo solucionaré.
Kinomoto no estaba tan segura de las cosas y como se iban dando, tal ve le tocaría abrir la boca ante ellos. Si, Shaoran también estaría enterado de las cosas. No podía seguir así, por el bien de la salud psicologica de su amiga.
Una señora se subia a una limosina para dirigirse a la empresa que es de su propiedad. No se imaginaría la sorpresa que se llevará su hijo al verla, pero aún más, el no poder decirle que ha encontrado ciertos desfaces en la contabilidad de la misma y que ya mando a investigar a que se debe ese pequeño inconveniente. Pero, ¿cómo lo supo?
Y el carro continuo hacia su dirección.
—Ya está listo. Todo para que empiece la función.
—Perfecto. Todo saldrá como está previsto.
Pero lo que no sabía ese trío, es que la dama Li estaba precisamente en Japón, y que ya había mandado a investigar el porque hubo dos contabilidad en tan poco meses. Ieran Li no es cualquier mujer, no señor. Cometió un error, pago caro por ello y ahora esta queriendo hacer lo mejor posible para su familia, para su hijo.
Shaoran salió bastante tarde de la reunión con Eriol. En sí, no toparon el tema de la empresa, sino más bien, buscó el consejo de un amigo, pero termino por escucharlo a él, todo su lamento y su frustración. Debía averiguar si la empresa HSD tiene alguna relación con Tomoyo Daidouji, si ella aún era parte de la empresa o poseía algo dentro de la misma. Pero lo más importante, saber si ella es hija de Kazuo Daidouji. Si es así, ¿por qué se oculto? ¿Por qué no dijo quien era realmente? ¿Estaría huyendo de alguien?
Todo se vuelve confuso.
Todo es una mezcla de emociones y no apunta hacia ninguna dirección en especifico.
—Buenas tardes jovencita, deseo hablar con Xiao Lang Li —dijo muy amablemente la señora Li hacia Sakura.
—Buenas tardes señora. Si me dice de parte de quien es y si tiene separada una cita con el joven Li, con gusto se lo comunico —respondío Sakura con seguridad pero al mismo tiempo con dulzura y educación.
—Perdón. Soy Ieran Li, la madre de Xiao Lang —ante esa contestación, Kinomoto enseguida ubico a la mamá de Li en la sala de reuniones y le preguntó si deseaba tomar algo. Tendría que decirselo a él.
¿Estaría preparado para enfrentarse a su madre?
Tomoyo ya se encontraba en su puesto y no había cruzado con Eriol en todo el día, o bueno, en la mayor parte de él. Tenía miedo de que descubriera la verdad, pero sobre todo, que le preguntara el motivo que la llevo a ser su asistente, cuando fue una heredera de una inmensa fortuna. Tal vez pensaría que estaba ahí para ver como le regresaba lo que le correspondía a su padre, o robar información de la que fue HSD Auto. Ella no quería perder más dignidad de lo que había perdido.
Detestaba jugar así, al gato y al raton; al escondite, donde ella huye mientras los otros la siguen, pero si en algo siempre creyó, era en el Karma. Tarde o temprano, él pagaría por todas las que hizo. Todas las cosas.
—¿Shaoran? —Sakura asomó su cabeza cuidadossamente en el despacho de su jefe.
Ella sabía que no le trato bien después de lo que hubo entre los dos, pero Li tenía razón. Le debía respeto a su novia, y que lo que pasó entre ambos, simplemente fue un desliz. Un sentimiento que lucha por salir, pero que ellos buscan callarlo a cualquier precio.
—Dime, Sakura —Se sintió aliviada cuando le respondió de la misma manera. El trato jamás cambiará.
—Tu mamá está aquí —La reacción de su jefe no le gusto para nada. Se asusto un poco —Es en serio, Shao. La dejé en la sala de reuniones. Esta tomando un café, porque así me lo pidió.
—Gracias, Sakura. Voy enseguida para allá.
Al salir, Kinomoto olió a cigarrillo en el cuerpo de Li. Y no pudo evitar preguntarselo:
—¿Estuviste fumando, Shaoran?
Y sólo obtuvo una mirada timida y una sonrisa triste de parte él.
Comprendió que no le gustaba para nada la situación, pero la aceptaba. Comprendió que no quería a otra mujer, que no fuera ella, pero seguía con Hitomi, y él era fiel.
Hay cadenas que no se rompen con facilidad.
Cuando pensó que su día terminaba de la mejor manera, recibió la llamada que cambiaria todo.
—Señorita Daidouji, su padre será intervenido quirurjicamente del corazón. La necesita en estos momentos.
No nombre, no nada.
Y así, Tomoyo partia hacia otra lucha que llevaba sola sobre sus hombros, y esta vez era la vida de su padre. ¿Cómo decirle a Eriol que tendría que ausentarse por unas semanas?
La vida da un giro inesperado, y muchas veces, no estamos preparados para esos giros tan repentinos.
Notas de Autora:
¡Hola chicos! ¿Cómo estan? Espero que bien. Antes de conitnuar, quisiera decirles el motivo de mi retraso. Primero estuve en pasantías, luego la universidad y por último me detectaron una enfermedad que me imposibilitaba poder llevar el ritmo normal que siempre he llevado y me costaba escribir. Pero ahora que estoy un poco más suelta podré recuperar el tiempo, o por lo menos algo.
Aquí esta el séptimo capitulo y el octavo ya se esta cocinando. Espero les guste.
Si me dejan un REVIEW se los agradecería mucho.
