Ahí estaba, en el estacionamiento de Dalton esperando a que llegara Kurt, estaba impaciente por verlo y saber qué había ocurrido con Sam. Durante todo el fin de semana Wes había hecho lo imposible por escucharlo y darle los mejores consejos para calmarse y para qué decir todo lo que lloró en brazos de su amigo, se sentía como una dama sin su príncipe, realmente miserable.

-Si no llega en los próximos cinco minutos llamaré a la policía- susurró con una sonrisa, estaba impaciente por verlo, el hablar con Wes le había hecho de maravilla y habían ensayado su dueto para el viernes, fue un tiempo bien aprovechado, y como le dijo a su amigo, a penas viera a Kurt no sentiría nada, estaría tan bien como siempre.

Sentía que lo había olvidado sin mayores problemas, porque sentía algo por el castaño, pero no era tan intenso como para no poder enfrentarlo sin derrumbarse. Por eso le había jurado a Wes que no volvería a caer en una crisis como la semana anterior, en la que estuvo como un zombi, no cumplió con sus deberes académicos ni como Warbler y, además, se puso a llorar como toda una damisela en peligro, y como era un chico de palabra cumpliría a cabalidad, estaba seguro.

Con ese pensamiento había bajado hasta el estacionamiento, en donde esperaba hace media hora a que apareciera Kurt. Afortunadamente, a los segundos vio aparecer un auto, su auto. Al fin llegaba Kurt, suspiró aliviado al verlo llegar bien y sonriente. Al parecer Sam lo había alegrado para toda esa semana, sintió un vuelco en el corazón y se obligó a sonreír, después de todo era Kurt, su amigo.

-Hey- llamó su atención.
-Blaine- sonrió el menor bajando del auto- ¿cómo estás?- el ojiazul estaba radiante, derrochaba felicidad, en cambio él se sentía podrido en un pantano.
-Bien, cómo te fue.
-Increíble, debo contarte cada detalle, fue mucho mejor de lo que esperaba- decía sonriendo y tomando el brazo de su amigo.
-¿Increíble?- su corazón latía a mil revoluciones y se sentía fallecer, si la tierra no se lo tragaba en ese momento vendería su alma al diablo a penas tuviera oportunidad, porque no soportaba todo ese dolor, toda la felicidad que Kurt irradiaba, esa sonrisa no le pertenecía y eso lo estaba matando.
-Así es, vamos por un café y te cuento todo- sonrió y apretó ligeramente el brazo del ojiverde.

Kurt le devolvió las llaves y le contó que su padre iría por el auto esa misma tarde, así que tendrían tiempo para hablar, porque él sin su auto no podría irse en toda la semana de Dalton. Blaine solo pudo sonreír ante cada comentario y ver como cada una de sus ilusiones se iban al mismísimo infierno.

-Por cierto- interrumpió Blaine- lleve tu auto con el mecánico de Dalton, lo dejó listo.
-¡De verdad!- no podía creer que hubiese hecho eso por él- ¿Cuánto es?- preguntó aún con una sonrisa.
-Todo corre por cuenta de la casa- sonrió y pensó en que su mesada se fue, pero lo valía por ver esa sonrisa una vez más.
-Llamaré a papá más tarde para decirle que ya está todo solucionado- sonreía con ilusión- Gracias Blaine, me salvaste.
-¿Salvarte?- dijo extrañado y mirando con curiosidad a su amigo.
-Sí, Sam quería que lo acompañara mañana a comprar unas cosas y necesitábamos el auto, ahora podré ir sin problemas, te lo debo- el corazón de Blaine se desvaneció en ese momento y su alma se fue con él, no podía soportar que la atención de Kurt se la había llevado ese tal Evans, no era posible que en un par de días todo lo construido con el castaño en Dalton desapareciera.
-Disculpa, debo irme- susurró mirando su reloj.
-Aún no hemos desayunado- dijo aún en la fila para el café.
-Ya comeré algo, nos vemos- dijo caminando rápidamente a su habitación, así como iba ese sería su lugar por el resto del año.

A penas llegó a su alcoba cerró la puerta con llave y se sentó a los pies de la cama, no había cumplido la promesa hecha a Wes, era imposible. Kurt Hummel lo volvía completamente loco y debía admitir que se había enamorado de él, y para más le había restregado con su hermosa sonrisa que la había pasado genial con un rubio teñido, al que ahora odiaba con todo su ser.

-No me contó nada- susurró sintiéndose patético por suponer que toda la dicha de su amigo era gracias a Sam, pero le bastaba con ver sus ojos iluminados al solo mencionar su nombre- me odio- susurró cerrando los ojos.

Habían pasado al menos tres horas desde que saliera corriendo de la cafetería y lo dejara solo, no comprendía la actitud de Blaine. El viernes cuando se iba lo encontró llorando y cantando Teenage Dream, la canción que los Warblers cantaron el día de su súper espionaje, nunca olvidaría el día en que se conocieron y por sobre todo en el que se enamoró de Blaine Anderson, fue un flechazo, amor a primera vista.

Desde aquel momento se habían hecho amigos, y aunque él iba a Mckinley, eran inseparables. Se contaban todo y para cada decisión necesitaban la opinión del otro, eran una pareja sin serlo; eso realmente le agradaba, sinceramente se sentía dichoso con la amistad que llevaba con Blaine, era lo mejor que le había pasado y era lo más cercano que había tenido a una pareja.

Pero ahora el moreno estaba más extraño que nunca y siempre que intentaba conversar o contarle algo que le importaba, huía. Sentía que le estaba escondiendo algo, no comprendía por qué estaba actuando así, si hace un par de semanas nadie lograba separarlos, incluso creyó que el ojiverde sentía algo por él, pero todas esas situaciones le restregaban en pleno rostro que se había equivocado, porque seguramente todos los coqueteos que él veía en las canciones que interpretaban juntos eran producto de su imaginación, que se empeñaba en inventar un amorío en donde no existía más que una sincera amistad.

Por eso, podía decir que Blaine jamás sintió nada por él, sino que era un buen amigo que estaba siempre que lo necesitaba y que él podía pedirle lo imposible, y aún así cumpliría con ello, porque ante todo era bueno, demasiado bueno para ser real.

-¿Kurt?- lo llamó David.
-Dime- dijo alzando la mirada.
-Te estaba llamando hace un rato y no me respondías- sonrió intentando leer los pensamientos del castaño.
-Sólo pensaba- dijo con una sonrisa y aún apoyado en el pilar del pasillo.
-Bueno, mientras piensas podrías ayudarme- sonrió y lo guío a la sala de ensayo de los Warblers.
-Si puedo ayudar, lo haré- sonrió al momento que David abría la puerta del salón. El castaño se sentó en el sillón mirando atentamente al moreno.
-Es Blaine- dijo de una vez- se nos enamoró otra vez y no sabemos qué hacer con él- inquirió bastante frustrado.
-¿Se enamoró?- no podía creerlo, tal vez por eso lloraba, por no ser correspondido o por frustración- ¿de quién?- se atrevió a preguntar, necesitaba saber esa respuesta, ahora más que nunca.
-Todo un Adonis, según dice él- sonrió y siguió- pero no sabe qué hacer para llamar su atención.
-¿Alguna otra información que me puedas dar?- decía pensando en que si lo encontraba lo asesinaba, porque él adoraba a Blaine y resultaba que el moreno tenía sus ojos puestos en otro.
-Pertenece a…
-¡Hey!- dijo Blaine entrando al lugar estrepitosamente, se veía bastante contento.
-Blaine- susurró Kurt con tristeza.
-¡Chicos!- dijo con alegría- encontré la canción perfecta para esta semana.
-Dijiste que cantarías dos- lo miró con molestia David.
-¿Eso dije?- intentó volver a sonreír, pero ahora estaba en un verdadero problema- entonces tendré que encontrar una más- dijo pensativo.
-¿Dos?- preguntó Kurt.
-Sí, para los alumnos de Dalton-sonrió, dio media vuelta y salió de allí.

Lo vieron salir y por unos segundos se quedaron en silencio, Kurt aún intentaba asimilar lo dicho por David y la repentina alegría de Blaine. Todo eso lo mareaba y no lograba entender muy bien de qué forma podría ayudar al moreno, porque se veía que el ojiverde estaba bastante claro en cuanto a su enamoramiento.

-¿En qué puedo ayudar?- dijo respirando con fuerza, no se sentía con ánimos.
-Es simple, solo debes estar junto a Blaine cuando más te necesite, porque si es rechazado se nos derrumbara muy rápido y puede que no podamos sacarlo de eso.
-Lo intentaré- murmuró con la mirada apagada- haré lo posible.

Se sentía tan mal, no podía creer de dónde habían salidos esas sonrisas y toda esa adrenalina, no podía entender en qué minuto pensó en que entrar en ese salón era una buena idea, sabía que Kurt y David estaban ahí, pero nunca creyó sentirse tan mal. La excusa perfecta había sido encontrar una canción para cantar frente a todo Dalton, pero su amigo le había mostrado que le faltaba una. Aún así se sintió caer al ver a Kurt irradiando felicidad, eso lo mataba lentamente.

Debía calmarse y centrar sus sentimientos en un basurero, porque esa era la única forma en la que podría volver a cantar sin ponerse a llorar, porque el espectáculo que le dio a Kurt el viernes había sido de antología, sólo a él se le ocurría llorar como una magdalena y darse cuenta a los minutos que estaba haciendo el ridículo más grande frente a la persona que quería ¡Eso era! Tenía que hacer el ridículo para llamar su atención, tenía una fantástica idea.

Convocaría a todos los Warblers, necesitaba de su participación y que todos creyeran en lo que ocurría, nadie podía saber de su plan, porque si alguien se enteraba aunque sea de una parte de lo que planeaba, fracasaría. Volvió al salón de ensayos, entró igual que la vez anterior, sin anunciarse e interrumpiendo bruscamente la conversación de los muchachos.

-David, convoca a todos los Warblers, tenemos reunión de emergencia.

Una vez estuvieron todos en la sala de ensayos, nadie podía pensar en qué iba a hacer Blaine, según él era un plan perfecto lo que les pediría, según otros seguía tan loco como siempre, pero apenas le cedieron la palabra salió la frase más impensada de sus labios.

-Me enamoré- dijo con una hermosa sonrisa y mirando a Kurt, sí, él era el ser al que profesaba esos sentimientos, pero para llamar su atención y quitarle de una vez por todas a ese tal Sam de la cabeza tenía que proceder con algo más de agresividad y contradicción.
-Felicitaciones- dijo el concejo a un lado de él.
-Gracias- sonrió- quiero darle una serenata a este sujeto.
-Gran idea ¿dónde es la velada?- lo molestó Wes.
-Fuera de Dalton, él es gerente de una tienda GAP- el rostro de Wes y David se fue al suelo, no comprendían lo que quería decir Blaine, creían que Kurt era de quien estaba enamorado, no lo entendían, estaban seguros y ahora les salía con esta tontería, debía explicarles por qué hacía eso.
-¿Están de acuerdo?- preguntó el concejo.
-Es una locura, pero cómo- decían algunos.
-¿Puedo hablar?- alzó su mano Kurt, Blaine creyó que en ese instante su plan era infalible.
-Estoy de acuerdo con Blaine, es una buena experiencia para los Warblers, salir de las cuatro paredes y la comodidad que nos da Dalton, será bueno cantar fuera de aquí- dijo con una sonrisa y Blaine no pudo más que corresponder, al parecer no había molestia ni nada por parte del ojiazul, bien, debía proceder según lo planeado.

Se fue a su habitación, debía pensar en qué canción era la más adecuada, y para eso buscaría en su colección de "grandes canciones para declararse", allí encontró una que lo volvía loco "When i get you alone" de Robin Thicke.

-¡Qué fue eso!- entraron Wes y David algo molestos.
-¿Qué cosa?- decía buscando un cuaderno en su escritorio.
-¿Enamorado de un gerente de GAP? ¿Algún nombre acaso?
-Jeremiah- sonrió y vio el número que buscaba en una libreta, marcó en su teléfono y esperó a que contestara- Hola- dijo con una sonrisa- habla Blaine Anderson- sus amigos no lo comprendían, durante el fin de semana estuvo martirizándose por conquistar a Kurt y ahora iba tras los pasos de un muchacho que nadie conocía- ¿Trabajas mañana?- preguntó aún sonriente- genial, no nada, sólo quería saber. Nos vemos pronto- y cortó la llamada.
-Blaine ¿estás bien?- preguntó David sin entender qué quería su amigo.
-Estupendo, Jeremiah estará en GAP mañana, es la oportunidad perfecta para que los Warblers me ayuden a darle una serenata.
-¿Estás bromeando, cierto?- decían sin poder creer todo eso.
-No es broma, nunca había hablado más en serio.
-¿Y Kurt?
-¿Qué ocurre con él?- preguntó guardando la libreta y buscando en su Ipod algunas canciones.
-¡Te escuché quejarte todo el maldito fin de semana y ahora me dices esto!- gritó Wes furioso por su actitud.
-Chicos- suspiró- yo sé lo que hago ¿está bien?- los miró por unos segundos- ahora, salgan de aquí, por favor- susurró apoyando sus manos en el escritorio y mirando el suelo.

Sus amigos salieron en silencio, no entendían para nada al ojiverde, cada vez les salía con algo más extraño y eso los impacientaba. A penas estuvieron fuera de la habitación del líder Warbler caminaron por el pasillo para ir a la cafetería, pero en su camino se encontraron con Kurt, hablaba tranquilamente por teléfono, decidieron detenerse a escuchar, saber algo más de información no les haría daño.

-Claro que iré- sonreía- Sam- dijo alzando una ceja- sabes que por ti haría lo que fuera- comenzó a caminar, daba vueltas por un mismo sitio- sí, estaré ahí e iremos al cine, claro que lo tengo, fue un hermoso regalo- esta última palabra la dijo en un tono de burla- si la cuidaré muy bien- y a los segundos comenzó a jugar con una cadenita que colgaba de su cuello, de la cual pendía un corazón- sabes que me encantó, por nada del mundo me la sacaría- decía entre risas.
-Lo llega a saber Blaine y se muere- susurró David.
-¿Y ese tal Jeremiah?- susurró Wes.
-Es una farsa, estoy seguro, Blaine está loco por Kurt y si se entera de esto se muere.
-¿Enterarme de qué?- decía el pelinegro con una sonrisa a sus espaldas.
-Nada- sonrieron ambos y se escabulleron, el moreno estaba algo confundido por lo que dijeran sus amigos. Por lo que no advirtió que Kurt estaba detrás de él.
-Blaine- lo llamó el castaño con una sonrisa en los labios- tenemos que hablar- lo tomó de un brazo y comenzaron a caminar a la habitación del ojiazul.

Según le había dicho Kurt, tenía mucho que contarle y algo que mostrar. A penas entraron en el cuarto, Blaine se sentó en la cama y el dueño del lugar se acercó a un cajón.

-¿Qué debo ver?- dijo con una sonrisa el pelinegro y cruzándose de piernas, no entendía qué podía ser tan importante.
-Esto- soltó un colgante que llevaba en su cuello.
-Vaya- susurró sorprendido- es hermoso- dejo de sentir sus latidos al instante en que veía el pequeño corazón que colgaba de la cadenita, se lo devolvió casi inmediatamente a Kurt.
-Me lo dio Sam el viernes- sonrió y se sentó junto a su amigo- la pasamos muy bien juntos.

Los ojos se le llenaron de lágrimas y evitó mirar al castaño, no podía creer que realmente había algo más serio que una amistad entre Sam y Kurt, se negaba a pensar en algo así, era simplemente imposible. Sólo quería preguntar lo que parecía evidente, pero las palabras no querían salir.

-¿Son…?
-¿Sí?- no sabía qué trataba de decirle.
-¿Es tu novio?- murmuró a penas.
-¿Sam?- dijo con una sonrisa, Blaine movió afirmativamente su cabeza y bajó un poco la mirada- Ojalá, pero no- comenzó a reír- somos amigos.
-¿Ojalá?- susurró con sorpresa y sintiendo como su corazón se hacía pedazos.
-¡Claro! Es totalmente atractivo y un encanto como persona, es simplemente genial- dijo con un suspiro y una gran sonrisa.
-Entonces ¿por qué te dio eso?- apuntó la cadenita que Kurt tenía en las manos
-Es solo un regalo, no más que eso-la guardó en una caja de terciopelo que estaba encima de su escritorio.
-Kurt, yo…- intentaba hablar, quería decirle qué sentía y la mejor forma era aprovechar ese momento, estaban solos y aunque se enteró de lo que el menor sentía por Sam, tenía que arriesgarse, porque ya no aguantaba más.
-Te escucho- se cruzó de piernas a su lado y lo miró con atención.
-¿Somos amigos?
-Claro que sí- le dio un pequeño golpe con su puño en el brazo.
-Entonces te puedo confiar algo- dijo tragando con fuerza.
-Lo que sea, te escucho y si necesitas mi ayuda sabes que aquí estoy.
-Gracias- entendía que no podía hacer nada con lo que Kurt sentía por ese rubio teñido, pero al menos lo intentaría, no perdía nada – Kurt, me enamoré y no sabes cómo es sentir que la persona que quieres no te toma en cuenta.
-Lo sé, créeme- dijo haciendo un gesto afirmativo.
-¿Te ocurrió?
-Me sucede, él simplemente no me ve y eso que he hecho lo imposible porque me note- susurró mirando el suelo.
-Hey- alzó el rostro del muchacho con una de sus manos- es imposible no verte- susurró mirándolo atentamente- eres demasiado fantástico como para que alguien no te vea- se acercaba lentamente al rostro del contratenor- y debe estar ciego si no te ve- susurró a escasos centímetros de sus labios.
-¿Eso crees?- interfirió sintiendo el aliento del líder warbler en su rostro- ¿Tú me mirarías?- murmuró aproximando sus labios a los del moreno.
-Yo sí te veo- murmuró a milímetros de besarlo.
-Pero Sam no- dijo destruyendo el momento.
-Sam…-susurró bajando la mirada derrotado- Sam- dijo poniéndose de pie- Él te ve, estoy seguro, sólo debes arriesgarte- salió de ahí dando un portazo, no podía soportar todo eso, estuvo a punto de besarlo y Kurt no podía pensar en otro que no fuera Sam.