Ese debía ser un día nuevo, con más cosas buenas que malas, eso DEBÍA ser, pero como el destino ni nadie lo acompañaban últimamente, todo había sido un desastre total, por eso ahora se encontraba delante del director de Dalton, quien anotaba con total seriedad en su expediente permanente algunas palabras.
-¿Es necesario que lo anote ahí?- susurró el muchacho afligido.
-Señor Anderson- suspiró por tener que hacer eso- su conducta es intachable y ahora hizo todo esto, realmente me impresiona que un alumno como usted ocasionara un desastre como este.
-Le juro que no volverá a pasar, no sé qué estaba pensando- decía mirándolo fijamente y con el arrepentimiento en su rostro.
-Haremos algo- dijo cerrando el expediente del líder Warbler- nada de esto ha pasado, pero a cambio no podrá salir de Dalton durante un mes y tendrá que cantar cuatro canciones a la semana a los alumnos de la academia.
-Cuatro- susurró con sorpresa- el castigo no es para mis compañeros, sino que…
-Eso es lo otro, tendrá que ser sin ellos y estaré presente para supervisarlo, señor Anderson- se levantó de su sitio y le extendió una mano.
-Gracias, señor- le dio la mano y salió de allí, el castigo era menos de lo esperado, si hubiese quedado en su expediente estaba perdido, porque los Anderson debían tener una conducta intachable, eso siempre decía su padre.
Fuera de la oficina del director lo esperaban los demás Warblers, al verlo salir se acercaron para escuchar, pero Blaine parecía no querer decirles. Hasta que el concejo lo detuvo, a lo que él sólo dijo que fueran a la sala de ensayos y ahí les contaría lo ocurrido.
-Debo cantar cuatro canciones por semana, lo que no es un gran castigo, pero debo cantar solo- dijo cruzándose de piernas pensativo.
-Te ayudaremos a encontrar las canciones al menos- decía David.
-Así se hará- declaró el concejo- necesitamos 16 canciones, después de todo es por un mes.
-Gracias- dijo Blaine con una sonrisa y levantándose de su lugar, quería ver cómo había quedado la fuente que él se había encargado de "pintar".
Se dirigió al patio que estaba en el primer piso, no era el principal, pero si uno de los más importantes para la academia Dalton, se acercó al agua y aún pudo ver peces de color azul y rojo, sonrió al notar que aún había hilos de colores en el agua, tenía que reconocer que no fue buena idea, aunque en el momento le pareció genial ¿qué lo llevó a hacer eso? Estaba volviéndose loco y eso era definitivo, tenía que alejarse de Kurt, porque el no poder estar con él lo hacía pensar tonteras y hacerlas.
Habían decidido cantar una canción para los alumnos de Dalton ese día y él no encontró nada mejor que poner en el agua pequeñas bombas de colores que terminaron pintando la fuente, los peces y sus zapatos. Era un total tonto al considerar una idea así como buena. Pero ya estaba hecho y el castigo no era grave, de hecho no era un castigo, pero no podía decir eso, porque si no podían suspenderlo o manchar su expediente.
Por ese día no quería más canciones ni pintura, le había costado bastante sacarla de sus, y mucho menos ver como los peces intentaban limpiarse sin resultados. Fue por su bolso de deportes a su habitación, a pesar de que el día anterior había golpeado a Karofky y eso le había sentado bastante bien a toda la frustración que tenía, no fue suficiente. Necesitaba liberarse un poco más y eso lo lograba cuando iba al gimnasio y golpeaba ese saco de boxeo o a oponentes imaginarios.
Llevaba poco más de una hora dando golpes al aire y esquivando los que le daban, se sentía algo cansado, pero no lo suficiente como para detenerse, porque el que lo castigaran, era un peso, que Kurt no lo viera, era otro y para sumar tenía que cumplir con varias canciones por semanas y sin contar de que sus notas no eran sobresalientes como antes, ahora solo eran buenas. Y eso haría enfadar a su padre si se enteraba, porque una de las promesas que le hizo cuando llegó a Dalton fue que haría lo imposible por ser el mejor en todo y gracias a eso también le permitió entrar a los Warblers.
Cada vez golpeaba con más fuerza el saco, realmente se sentía cansado, pero no estaba dispuesto a detenerse, llevaba unos pantalones negros de buzo y una polera sin mangas de color gris, sentía como el sudor bajaba por su cuerpo y que poco a poco lo quemaba, pero no le daba mayor importancia.
-Deberías descansar- murmuró Kurt apoyado en la muralla, se le acercó y extendió una botella de agua.
-Gracias- tomó la botella y bebió, con el brazo se secó un poco del sudor que caía por su frente.
-Déjame a mí- murmuró el castaño acercándose con una toalla, le dio unos leves toques al rostro del moreno y secó totalmente el sudor que caía desde su frente.
-Gracias- sonrió y le devolvió la botella.
-Has pasado por tanto en tres días- dijo mirándolo a los ojos.
-¿Tú crees?- volteó para seguir golpeando el saco, pero Kurt tocó uno de sus brazos.
-Jeremiah te rechazó, peleaste con Karofky y ahora te castigan por colorear el agua- sonrió ante esto último, le había parecido genial.
-Lo sé, no tienes que recordarme todo eso- suspiró bajando la mirada.
-No lo hago, sólo intento entender por qué te ha ido tan mal, te veo desconcentrado, como si estuvieras cargando un gran peso, pero no lo quieres decir- dijo sin dejar de mirarlo.
-Kurt, no lo entenderías.
-Pruébame- dijo decidido y cruzándose de brazos.
-Eres adorable- susurró Blaine con una sonrisa, le encantaba cuando Kurt hacía esos gestos de chico maduro y que podía salvar el mundo si se lo pedía, y eso necesitaba en ese momento, que lo salvaran, como fuera posible, porque se estaba volviendo loco y no aguantaría más tiempo con eso.
-¿Qué?- se había sonrojado al escuchar el comentario del ojiverde ¿adorable? Eran esos arranques de sinceridad los que lo desestabilizaban y hacían que le gustara más y más el líder Warbler.
-Eres adorable- repitió caminando hacia él, a lo que el castaño retrocedía.
-¿Por qué?- susurró con la toalla en una mano y la botella en la otra, había perdido su pose seria y ahora solo retrocedía con sus mejillas sonrojadas.
-Lo eres, simplemente eres adorable- susurró cuando Kurt quedó completamente apoyado contra la pared. Blaine se le acercó lo que más pudo y alzó su rostro con uno de los guantes de box.
-¿Qué haces?- murmuró conteniendo la respiración al sentir el aliento del moreno sobre su rostro.
-Lo que debí hacer antes- susurró y acercó sus labios a los del castaño, rozó sus labios con suavidad, no quería asustar al menor, sólo necesitaba mostrarle que lo necesitaba en su vida y que lo amaba sólo a él.
Kurt estaba paralizado, no podía moverse, pero soltó de inmediato la botella y la toalla que llevaba en las manos ¿cuántas veces soñó con ser besado por Blaine Anderson? Ahora su sueño se hacía realidad y él no hacía nada, ninguna respuesta ni movimiento para el moreno.
-Te quiero- susurró separándose de sus labios, no había recibido respuesta y Kurt seguía sin moverse, eso lo había asustado, pero al ver como su amigo volvía a respirar, esperó alguna reacción, pero nunca llegó porque el pequeño Hummel salió corriendo directamente a su habitación- Excelente Blaine- se reprochó- ahora te odiara, le robaste un beso, igual que ese animal de Karofky- dio un fuerte puñetazo contra el saco y siguió con su entrenamiento, era lo único que lo podía ayudar en ese momento.
Corría a su habitación o a cualquier lugar alejado de Blaine Anderson, no podía creer que eso le estaba ocurriendo, soñó innumerables veces con ser besado por el líder de Los Warblers y ahora que sucedía él había atinado a correr.
-¿Me quiere?- murmuró llegando a la puerta de su cuarto, estaba a punto de abrirla cuando reaccionó- pero ayer se le declaró a Jeremiah- susurró sin comprender nada de eso ¡Nada! Blaine podía llegar a ser más complicado que cualquiera, intentó llamar su atención simulando que salía con Sam, al parecer lo logró, pero si el moreno le decía que lo quería era porque nunca estuvo interesado en otro- ¡No entiendo!- su cerebro se había bloqueado, por lo que necesitaba ayuda, fue al salón de ensayos y allí encontró a David y Wes discutiendo, no tenía idea de qué, pero interfirió sin importar- ¡Ayúdenme!- gritó y se sentó en el sillón.
Ambos lo miraron perplejos, sin comprender muy bien qué se proponía el ojiazul, luego de unos segundos lograron reaccionar y notar que lucía más pálido de lo normal y estaba muy nervioso.
-Cálmate- dijo David sentándose a su lado.
-Cuéntanos qué sucede.
-Blaine me besó- murmuró mirándolos alternativamente.
-¡Qué!- ninguno lo podía creer.
-Y yo salí corriendo.
-¡No!- ahora sí que estaban fritos, sería una semana de muerte para todo Dalton.
-¿Rechazaste a Blaine?- murmuró un confuso Wes.
-No lo sé, sólo corrí, estoy muy confundido- decía moviendo sus piernas y mirando a los dos muchachos.
-Primero, cálmate- dijo Wes tomando una de las manos del muchacho- dinos qué ocurrió- murmuró sin entender lo que allí sucedía.
-Blaine estaba en el gimnasio- dijo recordando ese instante- yo intentaba entender por qué hasta ahora ha sido una semana tan mala para él, le dije que parecía estar cargando un peso que no debía, respondió que no lo entendería y luego me dijo que…- ahí cayó y se sonrojó levemente.
-¿Dijo?- David imaginaba cada parte de esa conversación y por un momento se le asemejo a un cuento de hadas, pero después se dio cuenta de que se trataba de Kurt y Blaine, por lo que borró cualquier imagen de su cabeza.
-Que era adorable- susurró bajando la mirada- me sorprendí y le pregunté que qué había dicho- volvió a guardar silencio, le costaba recordar todo eso tan rápido, aún no lo asimilaba bien, estaba muy nervioso.
-Te voy a matar si no continuas- murmuró Wes desesperándose.
-Se me acercó y me besó- dijo totalmente rojo- luego salí corriendo- omitió totalmente el "te quiero" por parte de Blaine, porque no quería dejar en vergüenza a su amigo si todo eso se trataba de un simple juego.
David no podía articular palabra y Wes no estaba en mejores condiciones, creyeron que debía pasar un siglo antes de que Blaine se atreviera a decirle o hacer algo con Kurt y ahora el castaño les contaba que lo había besado.
-Tengo una duda- rompió el silencio el moreno- ¿Qué sientes por Blaine? No pretendo decirle, sino que quiero entender todo esto.
-Yo…- susurró y se levantó de su lugar, comenzó a pasearse por la sala y sonrió con tristeza- me enamoré de él.
-¿Qué?- estaban perplejos, esperaban un "me gusta" "lo estimo" o cualquier frase similar, pero no un "me enamoré de él", ya estaban hablando otro lenguaje, uno muy parecido al del líder Warbler, lo que significaba que todo eso podía terminar desastrosamente bien o espantosamente mal, porque había que recordar que Blaine es un desastre en el romance.
No conocían nada sobre los sentimientos de Kurt hacía el pelinegro, por lo que saber una información tan directa los tenía totalmente descolocados, pero así como se estaban dando las cosas entre esos dos cuando se terminara la secundaria se casarían o Blaine habría violado unas dos veces como mínimo al castaño.
-¡No!- gritó David sacudiendo su cabeza al pensar esto último, creía capaz a Blaine de cualquier cosa pero tomar a Kurt a la fuerza, jamás. A menos que fuera con su consentimiento, y ahí otras imágenes aparecieron en su mente, unas que no eran para nada puras, cerró con fuerza los ojos y se obligó a pensar en lo que fuera, pero no en esos dos teniendo sexo hasta que no pudieran más.
-¡David!- le gritó Wes y luego le dio una fuerte cachetada para que se calmara.
-Gracias- susurró sobándose el rostro- es que- intentó decir, pero advirtió que Kurt seguía allí.
-¿Qué puedo hacer?- susurró el ojiazul bajando la mirada y haciendo un puchero.
-¿Qué puedes hacer? ¡Lanzarte a sus brazos! Es obvio- dijo David con una sonrisa- lo primero que deben hacer es conversar, así que lo mejor será que lo busques.
-No me atrevo- murmuró pálido.
-Si quieres te acompañamos.
-No es eso- suspiró derrotado- es que si lo veo, yo me lanzaré a besarlo y por el momento no quiero hacer eso.
¡Eran toda una obra de Broadway! Ambos eran encantadores y con sus dilemas por resolver, se amaban y no se atrevían a acercarse al otro, sólo les faltaba el guionista, maquillaje, unas cuantas canciones y coreografías y estaría todo listo para lo que era el musical del siglo.
David y Wes decidieron dejar solo a Kurt, pero prometieron hablar con Blaine, para que accediera a conversar y no a "comérselo a besos". No lo habían dicho así, pero ganas no les faltaban. Encontraron al líder Warbler en las duchas del gimnasio, cantaba a todo pulmón, al parecer su corazón estaba totalmente roto y no podía consolarlo de ninguna forma.
Ambos muchachos se sentían utilizados por el par de enamorados, estaban haciendo el trabajo de Cupido y sólo les tocaría recoger los platos rotos y componer cualquier tipo de daño que uno le hiciera al otro, realmente no les gustaba esa situación, pero eran sus amigos, se preguntaban en qué momento se les ocurrió siquiera acercarse a Blaine Anderson, pero eso ya era otra historia.
-Blaine- murmuró Wes tirándole un jabón en la cabeza- te vas a arrugar si no sales de ahí- el pelinegro lo miró molesto y siguió con su ducha.
-A Kurt no le vas a gustar así- David hizo una mueca de desaprobación.
-¡No le gusto! Me rechazó hace un rato ¿contentos?- estaba furioso y no le importaba si tenía que demostrarlo, era lo que menos le interesaba.
-No- respondió David- pero para la próxima no seas tan impulsivo, confórmate con decir "te quiero"- decía con burla como si no supiera lo que había hecho su amigo.
-Eso lo hice después de besarlo- apoyó su frente en los fríos azulejos de la ducha.
-Así que se lo dijiste- sonrió Wes- ¿qué respondió él?
-Salió corriendo- Bien, eso era todo lo que Kurt les había contado, solo que omitió la declaración de Blaine, un punto importante, pero daba igual ahora.
-¿No lo seguiste?- se extrañó David.
-¿Para qué? Si ya debe pensar que soy como ese imbécil de Karofky que…- se tapó la boca apresuradamente, casi deja salir información que no le compete, debía ser más discreto con lo que Kurt le había confiado.
-Asumo que hay algo que no nos dirás.
-Es un secreto de Kurt.
-Bien, pero deben hablar, no puedes dejar las cosas como si no hubiesen pasado.
-Él debe estar confundido.
-¿Hablaron con él?
-No, pero basta con verte a ti para saber.
-No eres ni la sombra del Blaine Anderson miembro junior y líder de los Warblers.
-Gracias por el título, es de gran ayuda- dijo con burla el pelinegro, alcanzó la toalla que colgaba a un lado de la ducha y se la ató a las caderas- si no tienen nada más que hacer, déjenme solo.
-¿Vergüenza, Anderson?
-Ni te imaginas- suspiró caminando hasta su bolso que se encontraba sobre un banco metálico.
-¿Por el beso, la declaración o tu desnudez?- interfirió David.
-Por todo- se sentó y tapó el rostro- lo arruiné- se repitió varias veces lo mismo, hasta que Wes se cansó de escucharlo sufrir.
-Lo arruinaste, te felicito, ahora sigue adelante, porque no te sirve de nada desesperarte, es peor- susurró levantándose y saliendo de allí.
-No estás hecho para el romance, Blaine- las mismas palabras que le habían dicho cuando quería invitar a salir a Kurt, ahora se las repetían cuando peor estaba ¿esos eran sus amigos? Sí y les agradecía por su honestidad, aunque fueran lapidarios, le hicieran hervir la sangre y aumentaran sus ansias de asesinato a sangre fría.
Quedó solo en los vestuarios y decidió ponerse ropa antes de que alguien viniera, quería hablar con Kurt ahora más que nunca, pero no se sentía con el derecho de acercarse ¡hizo lo mismo que Karofky! En su sano juicio había sido una estupidez de proporciones, pero no podía retroceder ahora, aunque si Kurt le decía que no le correspondía, él daría marcha atrás y seguiría con su vida, pero sólo lograría dar marcha atrás; porque seguir con su vida después de eso, era imposible.
Tomó su bolso y lo dejó en su habitación, tenía que ir a disculparse con el castaño, no podía dejar las cosas así, no después de ese beso forzado. Caminó por el pasillo hasta la habitación de Kurt, se había puesto un pantalón negro de buzo y un poleron azul marino, se sentía nervioso y no quería arruinar todo eso una vez más.
Golpeó la puerta con cuidado, pero no recibió respuesta, volvió a intentarlo y nada. Decidió entrar bajo su propio riesgo y la escena que encontró solo lo hizo sentir más culpable. En medio de la oscuridad de la habitación estaba Kurt acostado en su cama, hecho un ovillo específicamente, se abrazaba con fuerza y había rastros de lágrimas en su rostro.
-Ahora sí que no me perdonas- murmuró con dolor el pelinegro y sintió un escalofrío por todo su cuerpo, se acercó al castaño y se arrodilló junto a la cama- perdóname- susurró tocando la cara del muchacho, quien sólo dormía con falsa tranquilidad, él sabía muy bien que hasta en sueños era capaz de aparentar, de ser fuerte.
Acarició su cabello ¿cuántas veces había hecho lo mismo? Pero ahora era totalmente distinto, no estaba ahí para ayudarlo a dormir o espantar las pesadillas, debía enmendar las cosas y no arruinarlas más.
-Blaine- susurró entre sueños el castaño.
-Kurt- respondió con una triste sonrisa y en un arrebato lo abrazó con fuerza, cuando se dio cuenta de lo que había hecho se odio, pero notó que el contratenor no despertó, lo que fue un gran alivio para su humanidad.
Lo acomodó lo mejor que pudo en su cama, y se recostó junto a él, sin abrazarlo o tocarlo, sólo lo miraba dormir. Le parecía un ángel tan solo con ver lo tranquilo que estaba, de seguro sus sueños eran plácidos. Ahora sólo debía cubrirlo e irse de allí, había estado más tiempo del que debía y ya no tenía ningún derecho sobre él, no después de haberlo besado sin su consentimiento. Intentó levantarse, pero Kurt tomó su mano. Blaine lo miró sorprendido para notar que dormía profundamente, tal vez era su forma de decir que lo quería allí o que lo perdonaba o que… mejor dejaba de pensar en posibles razones, lo único cierto es que si se movía lo despertaba y si no salía de allí antes del amanecer sería hombre muerto.
-También te quiero- murmuró con una sonrisa el castaño y eso fue todo lo que necesitó el pelinegro para quedarse allí. Tomó un lado del cubrecamas y tapó a Kurt, quien lo abrazó a los segundos, no podía pedir nada más en ese momento, si tenía que matarlo al otro día por esa posición tan extraña, valdría la pena morir, porque nadie más le daría esa tranquilidad con un abrazo o gesto y realmente valía la pena sentirse así por Kurt Hummel, aunque fuera él quien lo asesinara en unas horas más.
