No sabían dónde podía estar Blaine, desde el día anterior lo estaban buscando. Lo llamaron a su teléfono, pero no obtuvieron respuesta y después de las 12 de la noche sonaba apagado, ya no sabían dónde buscar ni a quién acudir. Estaban preocupados por él, lo habían visto tan destruido cuando salió detrás de Kurt que no sabían qué locura podía cometer.

-No debimos dejarlo solo- se lamentaba David en la sala de ensayos.
-No es tu culpa- murmuró Wes a su lado- sabíamos que él se encontraba mal y ninguno hizo nada- decía lamentándose y mirando al resto de sus compañeros.
-¡Basta!- alzó desesperado los brazos Thad- Blaine solo desapareció, de seguro está fuera de Dalton y ya volverá y no es para que creamos que está muerto- decía cansado de esa situación- Ya ha tenido sus peleas con Kurt, esta pasará al igual que todas.
-No- negó Nick- esta vez es definitivo- murmuró con pesar- Kurt no lo quiere ver y Blaine debe estar en la misma situación.
-¿Y tú cómo sabes eso?- susurró Thad acercándose peligrosamente.
-Es que…- decía nervioso y retrocediendo.
-¡Responde!- Jeff sujeto a Thad antes de que se fuera sobre Nick.
-Escuché la conversación que tuvieron ayer en el pasillo- dijo aterrado y cerrando los ojos.
-¿Cómo estuviste ahí?- susurró David incrédulo, todos los Warblers escuchaban con atención.
-Es que cuando todos hablaban yo fui al baño, entonces volvía para el salón cuando vi a Blaine salir corriendo y lo seguí- sonrió nervioso.
-¿Qué dijeron?- preguntó Wes curioso.
-¡No sean chismosos!- espetó indignado el muchacho.
-Nick tú eres el más chismoso de todos- decía con una ceja alzada David.
-¡No lo soy!- se cruzó de brazos molesto- No les contaré nada- miró hacia otro lado.
-Ya hablaste, ahora suelta todo lo que hayas escuchado- decía Wes acorralándolo junto a otros Warblers.
-No- susurró temeroso y comenzando a mirar la puerta, estaba a algunos metros y podría salir de ahí sin que lo mataran, estaba seguro.
-¿No? ¡Te haremos hablar entonces!- alzó la voz David.
-¡Corre Nick!- gritó Jeff abriéndole la puerta y dejando que el castaño pasara, luego él se interpuso en la puerta, pero fue atropellado por el resto de los muchachos, cuando todos pasaron, el rubio estaba en el suelo, le habían pasado por encima sin importar nada.
-¡Déjenme tranquilo!- gritaba desesperado mientras corría por su vida, Dalton era muy grande y podría esconderse en cualquier lugar, pero si lo alcanzaban era hombre muerto.
-¡Vuelve cobarde!- todos los Warblers lo seguían.
-¡Vayan a preguntarle a Kurt!- gritó para que lo dejaran tranquilo.
-¡Nos matará si preguntamos!- lo seguían muy de cerca.
-¿Por qué tengo que ser el más lento de todos?- decía molesto y perdiendo el aliento, ya estaba bastante cansado y el resto de sus compañeros estaban a pocos metros de él.
-Te tenemos- sonrió triunfante David, a lo que Nick decidió ocupar sus últimas fuerzas para salvar su vida, corrió lo más rápido que pudo y llegó a la escalera principal, se deslizó por la baranda, bajó con rapidez ante la mirada de sorpresa de sus compañeros, nadie sabía que su juego favorito era lanzarse por las barandas y al parecer era el campeón en eso, porque sus compañeros solo bajaron lo más rápido que pudieron por las escaleras, pero le perdieron la pista cuando iban a la mitad.

-Se salvó- suspiró Jeff llegando junto a sus compañeros.
-¡Traidor!- gritó David y todos los Warblers se fueron encima del rubio.
-¿Lo linchamos?
-¿Con la D o W?- sonrió triunfante Trent, al fin podría poner en práctica el arte de tatuar.
-¿El linchamiento no es el sacrificio que se le hace a los animales?- susurró Jeff aterrado.
-¿Prefieres que te sacrifiquemos antes que un tatuaje?- preguntó sorprendido Wes.
-No- sonrió con miedo, sabía que esto no podía empeorar.
-¿Dónde lo ponemos?- preguntaron los Warblers que lo tenían tomado por los brazos.
-Pónganlo en una mesa- sonrió y sacó un estuche negro- tengo todo listo- ¿Cuál es tu color favorito?
-¡Suéltenme!- gritaba con pánico, no podía creer que lo iban a tatuar. Lo llevaban de vuelta al salón de ensayos.
-¡Alto!- gritó David mirando su celular- recibí un mensaje de Blaine- todos lo rodearon.
-¿Dónde está?- vieron como el moreno tragaba con dificultad y los miraba asustado.
-¡Habla ya!- los miró respirando hondo, ni él podía creer lo que había leído.
-Está en casa de sus padres.
-¡Qué!
-¿Estás seguro?
-Sí- susurró aún leyendo el mensaje, le decía que no se preocuparan, que volvería dentro de unos días.
-Blaine no puede ver a su padre- murmuró Wes sorprendido.
-No lo soporta- interfirió Thad- chicos prepárense- murmuró bajando la mirada- habrá guerra- todos afirmaron y se fueron rápidamente al salón de ensayos, debían prepararse para lo que se avecinaba.

Estaba sentado en la orilla de su cama, miraba su cuarto y sentía que podía volver a sonreír, sabía que debía regresar cuanto antes a Dalton, pero estaba tan a gusto en su hogar, que por nada del mundo quería irse de allí. Sonrió al recordar la noche anterior, cuando se encontró con sus padres.

Flash Back

-¿Hola?-susurró entrando a la casa, a penas se había asomado, todo seguía igual a como lo había dejado hace más de un año, intentó sonreír, pero guardaba tan malos recuerdos de ese lugar que sólo pudo suspirar.
-¿Blaine?- susurró su padre mirando la entrada, el pelinegro entró por completo y cerró la puerta.
-Papá- murmuró acercándose y extendiéndole una mano, siempre le había dicho que así se saludaban los hombres, pero no recibió respuesta.
-¿Qué haces aquí?- dijo mirándolo a la cara con una mueca en el rostro.
-¡Hijo!- dio un grito su madre y corrió a abrazarlo, él al instante correspondió y sintió como sus ojos se humedecían, había extrañado tanto sus abrazos, mimos y cariños, era lo único que le quedaba en esa casa- ¡Te extrañé tanto!- lloraba la mujer aún pegada a él.
-Y yo a ti- susurró reprimiendo un sollozo, cerró los ojos y respiró con fuerza, el olor de su madre lograba tranquilizarlo y sentirla tan cerca también, por primera vez en mucho tiempo se sentía en casa.
-¿Qué haces aquí?- insistió su padre con los brazos cruzados- No volverías aquí hasta terminar tus estudios en Dalton.
-Es que…- intentaba explicar, su madre lo había dejado de abrazar y ahora sólo tenía su mano tomada.
-Tranquilo, no tienes que explicar nada- dijo con una sonrisa- está todo bien- susurró besando su mejilla- ¿cenaste?
-No- susurró mirando el suelo.
-Está todo bien- dijo la mujer tomando su rostro y alzándolo para que la mirara- vamos a comer algo- lo guió hasta la cocina, el lugar seguía igual a como lo recordaba.

Miró a su alrededor y se perdió en un sinfín de recuerdos, en donde él y sus padres eran felices y reían por todo, en donde él era el consentido y amado, pero también recordó el preciso instante en el que llegó con un ojo morado a esa misma cocina, en donde su padre le preguntó preocupado qué había sucedido. Y ahí mismo fue donde les confesó que le gustaban los chicos, desde ese día su padre lo trataba diferente, hasta que un día lo golpearon tanto en la escuela que casi no llegó vivo a casa. Por eso lo habían transferido a Dalton, pero aún recordaba las palabras de su padre cuando salía con su maleta: vuelve cuando seas normal, los Anderson no somos afeminados, somos hombres de verdad.

-Hijo- lo llamó su madre, pero él no parecía reaccionar- Cariño- susurró tocándole el rostro y él giró a verla.
-Mamá- murmuró y la abrazó con fuerza, la necesitaba más que nunca, se sentía perdido sin ella.
-Ya estás conmigo- murmuró besando su cabello, ella era un poco más alta que él. El moreno suspiró y sólo se dejó guiar por la mujer hasta la mesa- Sabes- susurró cuando su hijo se sentaba en una de las silla de madera que se encontraban en el lugar.
-¿Sí?- dijo con los ojos brillantes, hace tanto que no se sentía tan bien, realmente la había extrañado.
-Siempre hago tarta de frambuesas y arándanos.
-Mi favorito- susurró mirando encima de la mesa y notando una fuente cubierta por un paño.
-Esperaba que llegarás- murmuró acariciando su cabello y descubriendo el pastel. Estaba recién horneado.
-Perdóname por todo- dijo ahogando el llanto y bajando la mirada, ya no aguantaba más.
-Hijo- se puso a su altura y tomó su rostro con ambas manos- no tienes que disculparte- dijo con seriedad.
-Sí debo, si no fuera así papá no me odiaría…- susurró con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
-No digas eso, él no te odia.
-¿No? ¡Entonces por qué me mandó a Dalton!- se soltó de sus brazos y se puso de pie con brusquedad- ¡Por qué no me permite volver a casa cada fin de semana! Mis compañeros van a ver a sus padres todas las semanas y yo no los veía hace más de un año, susurró dolido y sintiéndose algo mareado.
-También es mi culpa- suspiró mirando el suelo.
-¿Qué?- la miró sin entender.
-No luché por ti, sólo acepté las decisiones que él tomó.
-¿No querías que fuera a Dalton?- susurró sorprendido.
-Sí quería, por tu seguridad, pero nunca hice lo suficiente para que volvieras a casa.
-No es tu culpa- murmuró mirando los ojos verdes de su madre, eran iguales a los de él.
-Sí lo es- suspiró cansada y sentándose, Blaine la imitó- cuando nos dijiste que te gustaban los chicos- susurró con una sonrisa y tomando sus manos- sentí que por fin te podía conocer completamente- sonrió y las lágrimas comenzaron a bajar por su rostro- pero cuando James dijo que estabas loco, simplemente no supe cómo reaccionar ¡quería defenderte!- intentaba detener el llanto, pero llevaba tanto tiempo conteniéndolo que le resultaba imposible- pero no pude, no fui capaz- susurró bajando la mirada y sintiéndose mal por todo eso.
-Mamá- la abrazó con fuerza- no es tu culpa, está todo bien- sonrió y acarició su cabello, los mismos rizos negros que él llevaba, los de ella llegaban hasta la cintura y siempre los tenía amarrados en una cola.
-Sí lo es- susurró intentando componerse.
-No lo es- sonrió como él mejor sabía hacer- Tampoco es culpa de papá- suspiró cansado- sólo soy diferente- aceptó mirando el suelo- y no por eso dejo de amarlos- murmuró separándose.
-¿Diferente?- se estremeció al escuchar la voz de su padre, sintió como su mundo volvía al suelo y de seguro se había puesto pálido, estaba de espaldas a él y su madre se puso de pie para enfrentarlo- No eres diferente, Blaine- susurró el hombre acercándose, puso una mano en su hombro y presionó un poco- Sólo eres…
-James- lo llamó su esposa.
-Blaine- murmuró y se puso delante de él- mírame, por favor- suspiró con dolor. Levantó el rostro, con la valentía que lo caracterizaba y pudo ver los ojos marrones de su padre. Siempre le decían que sus ojos cambiaban de color, a veces se veían cafés otras verdes.
-Papá- susurró con la voz temblorosa y los ojos levemente hinchados.
-Eres mi hijo- lo abrazó con fuerza y sintió como el muchacho se estremecía en sus brazos. Por primera vez, James Anderson se permitió llorar y Blaine lo acompañó, hace más de un año que no se hablaban y llevaban mucho más tiempo sin abrazarse, desde que el muchacho revelara su sexualidad.
-Papá-susurró separándose y secando sus lágrimas.
-Perdóname- dijo mirando los ojos verdes de su hijo.
-Está todo bien- sonrió con fuerza, al fin todo se solucionaba.
-¿Quieren pastel?- sonrió Lisa, se sentía tan orgullosa de sus dos hombres, al fin volvían a ser una familia feliz, o al menos eso esperaba.

Fin Flash Back

No podía más que sonreír al recordar la noche anterior, al fin se había reconciliado con su padre y podía caminar por esa casa sin miedo, al fin las cosas comenzaban a solucionarse y podía decir que estaban volviendo a la normalidad.

-Blaine-se escucharon unos golpes en la puerta.
-Pasa- dijo poniéndose de pie.
-Hijo- entró su padre con una sonrisa-Acompáñame, necesitamos hablar contigo- el muchacho asintió y lo siguió, no sabía de qué podrían querer hablar.

Entraron al gran salón, allí había un piano y algunos sillones. Allí los esperaba Lisa, sonreía ampliamente, pero no era la misma sonrisa de Blaine, algunos decían que él había sacado la sonrisa seductora de su padre.

-Hijo, siéntate- susurró la mujer moviéndose a un lado, su padre se sentó en un sillón que estaba junto a ellos.
-Blaine- lo llamó el hombre con seriedad- Tenemos que hablar de cosas importantes.
-Los escucho- suspiró entrelazando sus manos y tragando saliva, se sentía nervioso.
-Tranquilo, está todo bien- James lo calmaba, porque él tenía los mismos gestos cuando se encontraba nervioso ¿cómo no se había dado cuenta? Él y su hijo eran muy similares- ¿Sigues siendo homosexual?- dijo sin apartar su mirada de él.
-¡James!- gritó la mujer molesta.
-Necesito saber si sigue siéndolo- susurró con un dejo de molestia.
-Sí, no he cambiado de parecer- dijo con decisión.
-Y me parece…- suspiró haciendo un gran esfuerzo, la noche anterior le había servido para pensar y razonar sobre todo eso- fabuloso- sonrió- Debo admitir que me costó aceptarlo, pero cuando te vi entrar anoche supe que no podía permitir que salieras de esta casa sin que solucionáramos este tema. Haré lo posible por comprender y si puedo, ayudarte- sonrió comprensivamente.
-Gracias, papá- sonrió, al fin había dejado de criticarlo, al fin lo aceptaba o al menos lo intentaba.
-Ahora queremos saber- susurró su madre- ¿vendrás a vernos los fines de semana?- la sonrisa del ojiverde se hizo enorme.
-¡Por supuesto!- dijo casi gritando- si están de acuerdo, claro- susurró cohibiéndose.
-¡Claro que estamos de acuerdo!- dijo entusiasta su madre y su padre sólo sonrió.
-Bien- suspiró su progenitor- Ahora queremos saber qué te trajo a casa- el muchacho palideció y miró a sus padres alternativamente.
-¿Realmente quieren saber?- susurró muerto de miedo ¿podría decirle a su padre de su relación con Kurt sin que lo matara?

Su madre notó el nerviosismo que lo embargaba y se levantó de su lugar, se dirigió al piano y descubrió las teclas, se sentó en el banquillo que estaba frente al impecable instrumente de color marfil y comenzó a tocar una suave tonada.

-¿Tocas el piano?- abrió los ojos con sorpresa.
-Aprendí a tocarlo un mes después de que te fuiste a Dalton- susurró la mujer dejando de tocar- ¿me acompañas?- el pelinegro se acercó y comenzó a tocar.
-Baby It's Cold Outside- susurró su padre al escuchar la tonada- es la canción que le dedique a tu madre en Navidad- dijo sorprendido.
-Lo sé- susurró sintiendo como una extraña calidez inundaba su pecho- ¿quieren saber por qué estoy aquí?- susurró dejando de tocar y mirando a su padre que se había apoyado a un costado del piano.
-Te escuchamos- lo alentó su madre que seguía sentada a su lado.

No sabían cuándo iba a estar de vuelta su vocalista y lo necesitaban ahora más que nunca, les había llegado una propuesta y no podían rechazarla, no ahora que comenzaban a sentirse con confianza para enfrentarse al público fuera de un auditorio.

-Si Blaine no entra por esa puerta en este momento, lo mato- decía molesto David.
-¿Lo vas a matar?- alzó una ceja Thad- ¿Y cómo si no está?- susurró cansado de tantas tonterías que podían decir sus compañeros.
-Dijo que volvería en unos días, este es el tercer día y no sabemos de él- susurró y todos se quedaron en silencio, tenía razón, aún no tenían idea de lo que había pasado con Blaine.
-¿Creen que su padre lo…?- decía Trent asustado.
-¿Lo qué?- murmuró Wes sin comprender.
-Lo castró- dijo en un murmullo.
-Imbécil- dijo David dándole un golpe en la cabeza- su padre puede que no toleré que sea gay, pero no por eso lo va a castrar.
-¿Y quién dice que no lo haría?
-Yo- susurró David cansado de todo eso.
-Entonces ¿por qué no ha vuelto?

Las puertas se abrieron de golpe y pudieron ver a Kurt entrar, estaba sonriendo. Esto se ponía cada vez más extraño. Anderson no aparecía, Hummel sonreía y…

-¡Mató a Blaine!- gritó Trent apuntando al ojiazul, quien lo miró desconcertado.
-¿Te golpeaste la cabeza cuando eras bebé o naciste así?- decía Thad golpeándolo.
-¿Aún no vuelve?- susurró Kurt sentándose junto a Nick y Jeff.
-No, y no hemos podido hablar con él- el semblante del contratenor se oscureció, él pensó que lo encontraría en la sala de ensayos, pero se había equivocado, tenía que arreglar las cosas con Blaine, tenía que explicarle sobre el beso con Karofky. Todo había sido un mal entendido, él lo amaba y eso lo tenía muy claro, sólo que en su momento las palabras no habían salido.

Comenzaron con el ensayo, no hubo contratiempos, ensayaron un par de canciones que les podían servir para su próxima presentación, ya que deberían posponer el dueto entre Kurt y Blaine hasta nuevo aviso, porque el show que debían realizar no les permitía algo de esa envergadura.

-Una vez más- incitó Thad guiando a sus compañeros- ¡Jeff!- reclamó- ¿tienes dos pies izquierdos o qué?
-No, pero aún duelen las pisadas de hace unos días- decía con su cuerpo aún un poco resentido.
-Es cierto, has tu mayor esfuerzo- susurró sintiéndose culpable, estaban ensayando la coreografía para las canciones y como siempre era Thad quien veía que todo estuviera en orden, sólo les faltaba Blaine y estaría todo en su lugar, pero parecía no querer llegar.

El ensayó terminó, estaban todos agotados y cansados de esperar al líder Warbler. Sabían que aparecería en cualquier momento, pero no se podían quedar sin cenar, por eso a penas dieron las 8 se fueron al gran comedor. Algunos corrieron, porque no daban más del hambre y otros simplemente caminaron con normalidad.

-Kurt- lo llamó Wes- ¿no vas a comer?
-No tengo hambre, gracias- siguió su camino hasta su habitación.

Desde su pelea con Blaine que no se había sentido con ánimos de hacer nada, ya se aproximaba el fin de semana y no quería marcharse de Dalton sin poder hablar con el moreno, tenía que decirle que lamentaba todo lo sucedido y que volvieran a comenzar si era necesario. Tenía que arreglar todo ese mal entendido, pero ya había intentado llamar por teléfono, pero al ver el número de su amigo no se atrevía a presionar el botón de llamado, el miedo podía más que él.

Entró en su habitación, se sentía tan cansado como los días anteriores, necesitaba hablar con Blaine, o al menos escuchar su voz, porque estaba seguro de que algo le había sucedido, era muy raro que se fuera por tanto tiempo a la casa de sus padres, donde según le dijeron no era bien recibido. De seguro algo andaba muy mal y él estaba ahí sentado en su cómoda cama sin saber de su amigo.

Suspiró cansado y decidió llamarlo, no perdía nada, tal vez ni le contestaba. Tomó su teléfono y buscó el nombre del muchacho en la lista de contactos, a penas lo encontró presionó el botón de llamado.

Se sentía estupendo, al fin había hablado todo con sus padres y para su sorpresa no fue su madre quien le dio un consejo, sino que su papá y lo mejor de todo es que le encontraba tanta razón en lo que le había dicho que lo haría a como diera lugar. En ese momento estaban cenando y hablaban del trabajo de su padre, de cómo había ido la empresa y los múltiples cambios que había sufrido. Reían con las anécdotas de su padre y él no podía más de la dicha ¿cuántas veces imaginó una cena así? Ya ni podía contarlas.

-Hijo- lo llamó su madre- ¿te gusta el café?- decía una vez terminaron su comida.
-Me encanta- sonrió y los miró expectante.
-Hay una cafetería a unas cuadras ¿quieres ir?
-¡Claro!- ese momento no podía ser más perfecto, pero sintió como su teléfono vibraba en el bolsillo de su pantalón, lo sacó y miró quién llamaba, palideció y lo sostuvo unos segundos.
-¿Por qué no contestas? Debe ser importante si te están llamando- decía su padre mirando el rostro desconcertado de su hijo.
-Es Kurt- murmuró mirándolos alternativamente.
-Contesta, si te llama es porque necesita hablar contigo- dijo su madre.
-Diga- contestó algo inseguro y sin pararse de la mesa.
-Blaine- susurró sintiendo como un nudo se formaba en su garganta, las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
-Kurt- murmuró sintiéndose ahogado, sus padres lo miraban con atención, les había contado lo difícil que había sido todo con el castaño y el problema que se había originado, por ello entendían que no sería fácil volver a hablar.
-¿Estás bien?- Blaine intentaba responder, pero le era imposible, sentía como las lagrimas bajaban por sus mejillas y su cuerpo temblaba levemente, escuchar a Kurt era más difícil de lo que pensó, no podía hablar con él.
-Hijo- su madre extendió su brazo por sobre la mesa para tomar su mano- Coraje- susurró y él sólo sonrió.
-Sí, estoy bien- respondió tan inseguro como al principio, no era capaz de preguntar nada, pero solo por el tono de voz del castaño sabía que ya no estaba enojado, lo cual hacía que se sintiera mejor.
-Te extraño-susurró.
-Gracias- no se atrevía a responder de la misma forma, nada estaba aclarado y ahora más que nunca tenían que hablar- Debo colgar.
-Descuida- susurró algo triste por la distancia que ponía el moreno.
-Kurt- susurró quedamente, era ahora o nunca- ¿Puedo llamarte más tarde?- dijo tocando los dibujos del mantel.
-Sí, no hay problema-
decía con una leve esperanza de que todo podría terminar bien.
-Hasta entonces- colgó la llamada y miró a sus padres. Ellos solo se levantaron de su sitio y él los imitó, esa noche debía terminar de la mejor forma.

Lo miraba con atención, esa era la segunda vez que lo tenía en su despacho, no era posible que un alumno tan sobresaliente tuviera estas bajas tan de repente. Los padres del muchacho lo miraban serios, ni quería imaginar el castigo que iba a recibir por haber escapado de la escuela a mitad de semana, lo mejor era ser benevolente y dejar pasar la falta por esta vez, ya se encargarían los padres y para él era más que suficiente.

-Señores Anderson- dijo con las manos entrelazadas- me disculpo enormemente porque su hijo se haya salido de Dalton.
-No se preocupe, ya recibirá su castigo- dijo su padre mirándolo con seriedad, el muchacho miraba hacia el frente, nunca debía bajar la mirada ante una situación difícil.
-No sean muy severos- se le escapó al director y sonrió- espero no verlo más por aquí.
-No me verá más, muchas gracias- dijo extendiendo su mano, la cual fue estrechada por el hombre.

Los Anderson salieron del despacho y se dirigieron a la entrada principal de la academia, una vez allí comenzaron a despedirse de su hijo, quien portaba su uniforme de forma pulcra.

-Volvió Blaine- susurró Wes a un muchacho que iba pasando para que avisara al resto de los Warblers.
-Vamos a saludar- dijo David, siempre había querido conocer a los padres del moreno. Bajaron con rapidez las escaleras y se situaron cerca de ellos.
-Muy bien hijo- sonrió su madre- nos vemos el fin de semana- y lo abrazó con fuerza.
-Ahí estaré.
-Hijo- decía su padre mostrando su mano, la cual estrechó con fuerza el ojiverde- Nos vemos el fin de semana- sonrió, por fin podría tener a su hijo.
-Blaine- el aludido giró y vio a sus amigos.
-Papás, ellos son Wes y David, mis amigos en Dalton y parte de los Warblers.
-Es un gusto conocerlos muchachos- dijeron ambos padres.
-El gusto es nuestro- sonrieron, el padre de Blaine no se veía tan malo.
-Nosotros nos marchamos ¿deben ir a clases ahora?- preguntó Lisa.
-Sí, nos vamos mejor- decía Wes con una sonrisa.
-Hasta pronto- susurró Blaine y sólo recibió una sonrisa por parte de sus padres.

Caminaron en silencio por un par de minutos, ninguno parecía querer hablar, ya que el moreno se había ido de forma tan estrepitosa hace unos días, que ahora no sabían por dónde empezar. El ojiverde los miró de reojo y sonrió, ellos no tenían idea de lo que había pasado en las últimas horas y era mejor que se enteraran.

-Chicos- susurró tomándose de los brazos de ambos, como siempre Wes iba a su derecha y David a su izquierda.
-Te escuchamos- dijeron extrañados por la felicidad que lo embargaba.
-Hay mucho de qué hablar, pero no les contaré ahora- susurró soltándolos y marchándose a su habitación.
-¡Anderson!- lo siguieron con prisa- ¡Habla ahora!
-¡No!- corría por el pasillo y mirando hacia atrás, por lo que no miraba por donde iba, a los segundos cayó fuertemente al suelo.
-¡Ten más cuidado!
-¡Kurt!- dijo mirando al otro muchacho que estaba en el suelo, sintió como había perdido el aliento, hace un par de días que no se veían y mucho menos hablar.
-Blaine- murmuró perplejo, se sentía bastante desanimado para sonreír y no le venía bien haber chocado con el moreno.
-Disculpa- susurró levantándose y dándole su mano al castaño para que se pusiera de pie.
-Gracias- lo miró a los ojos y no soltó su mano una vez estuvieron de pie- no llamaste- dijo sintiéndose tonto por reclamar algo que no le pertenecía.
-Lo olvide-dijo sintiéndose la peor persona del mundo ¡Nunca antes se había olvidado de Kurt! Pero con todo lo ocurrido con su padre, era imposible pensar en algo más que no fuese su familia.
-Está bien- se soltó del agarre y se dirigió a su próxima clase.
-No está bien- dijo interponiéndose en su camino. Ese era el momento para arreglar las cosas, porque no podían seguir así, debían aclarar todo ese asunto ahora.
-Ahora puedo entender que no somos nada, Blaine- murmuró mirándolo a los ojos- está bien si olvidas llamarme o incluso si olvidas una fecha importante- susurró bajando la mirada.
-¿Fecha importante?- sintió que le corría un escalofrío por la espalda, Kurt lo esquivó y siguió su camino, para cuando Blaine logró recordar el ojiazul se había ido de allí.
-¿Qué ocurrió?- dijo asustado Wes al ver tan pálido a su amigo.
-Lo olvide.
-¿Qué cosa?- alzó una ceja su amigo.
-Ayer- susurró llevándose una mano al pelo.
-¿Ayer qué?- no entendía nada.
-Se cumplió un año más de la muerte de su madre y lo olvidé.