Disclaimer: Los personajes de Katekyo Hitman Reborn no me pertenecen, pertenecen a su respectiva autora Akira Amano.
Summary: La primera vez que supo de qué trataba el amor no fue precisamente con la tierna Kyoko. La primera vez que lo probo con Hibari tuvo miedo, pero pronto se volvió una obsesión. Lo aceptaba, era inmoral pensar en ese amor.
Capitulo corregido por Mika-chan.
ONLY YOU
By: Yunmoon
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Capítulo 7
Mukuro Rokudo.
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Tsuna lo observo desde una pequeña abertura en la puerta, Hibari se veía tan bien, se sintió caliente, pero enrollo la sabana en su cuerpo, quería tocarlo mucho y sin resistirlo más salió de la alcoba, cuando Hibari escucho el ruido alzo la cabeza y se quito las gafas, le quedaban tan bien las gafas, pero sin ellas también se veía bien. Hibari dejo unas hojas en la mesa pequeña y miro solo a Tsuna.
-¿Qué haces despierto? Ve a dormir-.
Tsuna se sonrojo, aún no podía creer estar de nuevo en la casa de Hibari, su olor estaba en todos lados, se sentía raro solo de sentir su presencia tan cerca.
-¿Necesitas ayuda?-.
-No-.
Tomo las gafas y se las coloco de nuevo, tomo los documentos y volvió al trabajo que tenía.
-Hibari-san, ¿realmente el comité de disciplina te lleva tanto tiempo?-.
-Realmente, y si quiero estar aún más tiempo contigo tengo que terminar más rápido-.
Se sonrojo, ¿por qué Hibari siempre decía las palabras exactas para hacerlo perder la razón? Bajo la cabeza avergonzado, no sabía que contestar.
-¿Puedo quedarme contigo?-.
-No, ver a dormir-.
Hibari solo quería que descansara, después de lo que había pasado con Rokudo Mukuro Tsuna había estado extraño, pero ahora se veía normal, eso solo le indicaba que el problema no le había afectado tanto como creía, Tsuna se veía bien y eso era realmente lo que le importaba.
Tsuna hizo un puchero que Hibari no pudo ver, se sentó aún lado de Hibari y lo abrazo por el cuello, cuando el chico iba a comenzar con sus amenazas Tsuna lo beso, se separo de él y le miro con un rostro bastante ingenuo, lindo, incluso cariñoso.
-No me apartes de tu lado-.
Hibari lo beso de nuevo y Tsuna cerró los ojos, profundizo el beso y sin notarlo comenzó a sentirse excitado, el calor y el olor de Tsuna lo tenían hasta el tope, no podría seguir resistiéndose ante la tentación que era tener tan cerca a ese herbívoro. Pero Tsuna se asusto cuando sintió que Hibari comenzaba a recostarlo en el sofá, no quiso interrumpirlo, pero tampoco quería que siguiera, su beso que era pasional se volvió más rudo, Hibari le exigía mucho y Tsuna se sentía sofocar.
Cuando Hibari toco su espalda debajo del pijama se altero.
¿Realmente iban a hacerlo? ¿En ese momento? ¿Así sin más? Se sonrojo tanto que sintió el calor escapar por las orejas, pero a la vez se asusto, coloco sus manos sobre los hombros de Hibari, pero no pudo separarlo.
¡Pero tampoco quería hacerlo! ¡Aún no estaba listo para tener sexo con Hibari! Lo quería, lo amaba mucho, pero no estaba listo.
-Hiba…-.
Hibari lo beso de nuevo y acarició su estomago debajo de la ropa, no, no podía, estaba asustado, no estaba listo, no tan pronto.
-¡Hibari… san!-.
Hibari parecía no escucharlo, tenía que hacerlo parar.
-¡Detente!-.
Tubo que empujarlo de los hombros y solo en ese instante Hibari reacciono, miro a Tsuna, sus ojos grandes estaban llorosos y parecía asustado, apretó los labios y se levanto rápidamente de encima de Tsuna, en un abrir y cerrar de ojos Hibari ya estaba fuera de la casa y azotaba la puerta de entrada. Se levanto y corrió a la puerta, pero cuando la abrió no pudo ver a Hibari.
¿Qué había hecho?
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-Ahora mismo le diré a Mukuro Rokudo todo. Adiós-.
Fong saltó de la ventana del cuarto de Tsuna, Lal Mirch y Colonello miraron a Reborn.
-¿Vendrás con nosotros o viajaras después?-.
-Iré con ustedes, no tiene caso aplazar esto más tiempo-.
Lal miro a Colonello y enseguida a Reborn.
-No conocemos tus razones para no decirle a Sawada la verdad, pero creo que sería conveniente que lo hicieras pronto, recuerda que necesitamos la llama del cielo para poder liberar la maldición de una forma correcta-.
-Aparte de Tsuna, también esta el noveno-.
-¡Pero el Noveno esta en contra de romper la maldición de los arcobalenos~cora!-.
Lal apretó los dientes.
-Tiene sus razones, pero si dejamos que la maldición se rompa por su cuenta podría causar más daño que si la rompemos nosotros mismos-.
Reborn bebió de su expreso.
-Ya hablare yo con Timoteo, creo que aún no es consciente del poder que se liberaría si no lo sellamos con la llama del cielo-.
-En todo caso, aunque el Noveno aceptara, necesitamos una llama pura como la de Primo Vongola, la llama más parecida a la de Primo es la de Sawada-.
-Lal Mirch tiene razón, debemos de utilizar esa llama~cora-.
-Entonces no me queda nada más que decirle todo-.
Colonello se levanto de su lugar y se acercó a la ventana.
-Vamos Lal, vayamos con Hibari Kyouya-.
-Bien. Tú tienes tu propio trabajo, Reborn, no falles-.
-Si, sí, ya lo sé-.
Los arcobaleno salieron por la ventana, Reborn sintió que la puerta se abría, y sintió la presencia de Tsuna.
-Estoy en casa-.
Dijo el chico dejando sus cosas en el suelo y sentándose en la cama.
-¿Cómo te ha ido con Hibari?-.
Tsuna no quiso decir nada, no había visto a Hibari ese día, no se había sentido listo.
-Hibari-san y yo… estamos peleados-.
-Algo has de haber hecho-.
Tsuna miro a Reborn, tenía una cara muy sería, y su intuición le dijo que algo malo le pasaba a Reborn.
-¿Algo va mal?-.
Reborn miro a Tsuna, no era su intención estar tan serió, pero tampoco era su intención no estarlo. Se miraron por un largo tiempo, bien, parecía buen momento.
-La maldición de los arcobaleno se está rompiendo-.
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-¿Qué haces aquí?-.
El de ojos bicolor observo al arcobaleno que le fastidiaba, era ese que se parecía a la molestia andante a Kyouya-kun, el arcobaleno de la tormenta, Fong.
-Eh venido porque Reborn me lo ha pedido-.
-¿Así? ¿Y a que debo eso?-.
-¿Cómo obtuviste la información sobre las personas que rondan Nanimori?-.
Mukuro miro al pequeño y sonrió inocentemente. Fong no lo miro de otra forma, mantuvo su mirada sería y pasiva, como la que siempre tenía.
-Me lo contaron-.
Una mentira idiota, pensó Fong.
-¿Quién te lo ha contado?-.
-Hmmm… Me pregunto si es buena idea contarlo-.
-¿Cómo te has enterado, Mukuro Rokudo?-.
Mukuro miro al arcobaleno de la tormenta, mucho más tranquilo que el guardián de Sawada Tsunayoshi. Se lamentó el haber pensado en el castaño, pero enseguida recupero su confianza y sarcasmo y miro al pequeño.
-¿Por qué no me dices que es lo que quieres, arcobaleno Fong?-.
El pequeño arcobaleno lo miro sin expresión. Eran órdenes de Reborn.
-Reborn quiere que termines con ellos, Mukuro Rokudo-.
Mukuro miro al arcobaleno.
-¿Por qué lo haría?-.
Pregunto con una sonrisa y Fong sonrió esta vez.
-Porque si no lo haces ellos encontraran a Sawada Tsunayoshi y Reborn necesita que el Decimo Vongola esté tranquilo… Y tú no quieres verlo en problemas, ¿o me equivoco?-.
Mukuro se sintió atrapado, pero nunca le confesaría a ese arcobaleno lo que Chikusa le había revelado. Miro hacia otro lado y luego regreso la vista al arcobaleno.
-¿Sabes dónde están, Mukuro?-.
El nombrado asintió y el otro sonrió.
-Entonces, me voy-.
-Antes de que te marches… Hay algo que quiero preguntar-.
Fong se detuvo y volteo.
-¿Algo que quieres saber, de que trata?-.
Mukuro sonrió.
-¿Qué tan cierto es que la maldición de los arcobaleno se rompe?-.
Fong se quedó quito, sonrió de lado y dio la vuelta.
-Veo que estas muy bien informado, Rokudo Mukuro. Pero eso es algo que a ti no te incumbe… Y si te has enterado hasta de eso, es obvio que puedes descubrir lo demás por tu cuenta. Adiós-.
Mukuro no dijo nada solo lo vio marchar y luego se deslizo por su silla sonrió de lado, estaba muy enojado.
Ahora mismo se debería aprovechar de lo que sabía, pero no quería hacerlo, deseaba destruir a los arcobaleno en su momento de mayor debilidad, pero no podía hacerlo, se sentía débil y no precisamente de fuerza, su determinación no era lo suficiente, no con el recuerdo de Tsunayoshi.
Si las cosas se ponían así no le convenían, no podía permitir que el Decimo Vongola se volviera una debilidad, su debilidad, pero tampoco quería quitarlo de su camino, porque el guardián del cielo le gustaba.
Estaba muy enamorado de Sawada Tsunayoshi.
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Tsuna pareció sorprendido pero se sentó en la cama, a un lado de Reborn, y luego dejo caer la espalda al colchón, Reborn no dijo nada, no sentía que decir algo fuera algo bueno. Tsuna suspiro, dentro de él sabía que eso sucedería, el día en el que Reborn…
Lo dejara.
-¿Por cuánto tiempo de iras?-.
Reborn se sorprendió con la pregunta, pero aún más al darse cuenta que Tsuna había dicho "iras", Tsuna intuía que no iba a llevarlo. Pero no dijo nada sobre eso.
-No lo sé… Pero cuando todo esté listo vendremos por ti. Necesitamos de tu llama para que la maldición se rompa de forma correcta…-.
-¿Y no mueran en el transcurso?-.
-Sí, para que no pase eso-.
Tsuna se volteo y miro a Reborn, estiro los brazos y lo rodeo, Reborn frunció el ceño y tomo a León convertido en arma y cuando estuvo apunto de dispara se detuvo.
-Que te vaya bien, Reborn-.
Reborn apretó los labios, esperaba que cuando la maldición se rompiera recuperara su cuerpo adulto, era incómodo y molesto seguir en el cuerpo de un bebe. Tsuna elevo el rostro y desenvolvió su cuerpo le sonrió y luego se sentó.
-Supongo que… lo siguiente es mi problema-.
-Así es-.
-¿Tendré que continuar con mi entrenamiento, supongo?-.
-No lo supongas, eso pasara-.
-… No sé que tanto me esforzare… pero lo haré-.
-Me encargare que a si sea… Por cierto, mande a Mukuro y Hibari a matar a los que rondan Nanimori-.
-…-.
-¿No te preocupa?-.
Tsuna se levanto de la cama y se acercó a la ventana, cerro las cortinas y sujeto fuertemente la tela.
-Lo he pensado mucho… Realmente la mafia no me interesa, no quiero estar dentro… Pero creo que para mi ya es tarde, creo que, debo comenzar a pensar que todo esto no es más un juego, quiero protegerlos a todos, así que… Quiero hablar con el Noveno, quiero decirle sobre me decisión… quiero decirlo-.
Reborn miro a Tsuna detenidamente.
-¿Sabes que una vez dentro no podrás dar la vuelta? Tu yo del futuro lo sabía, por eso tomo todas esas frías decisiones, ¿te crees capaz de cumplir todo eso, Tsuna?-.
Tsuna volteo con una sonrisa.
-No lo sé, pero quiero creer que con mis dos manos, con mi cuerpo y con mi determinación podrá darles a todos una vida llena de paz y seguridad, quiero que todos tengan felicidad-.
-Dentro de esas personas, ¿te incluyes tú?-.
Tsuna sonrió más abiertamente.
-¡Por supuesto! Quiero que todos estemos juntos y disfrutemos de buenos momentos… ¡Eso sin duda nos traerá buenos recuerdos!-.
Reborn sonrió.
-Si que eres un idiota…-.
-Ahora me voy… Quiero asegurarme que Mukuro y Hibari-san están bien, su seguridad me importa mucho-.
Salió del cuarto y cuando hizo eso Reborn sintió que algo de Tsuna había quedado en esa habitación, sus confusiones y excusas se sentían en el aire, sonrió de lado y soltó una carcajada, increíble, incluso un perdedor como Tsuna podía cambiar, ahora se sentía más tranquilo para irse y dejarlo solo.
Incluso ahora pensó que sería bueno tomar su llama.
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El golpe sordo del cuerpo al haber quedado en el suelo fue lo último que se escucho, Chrome apretó el tridente contra si, y sonrió nerviosa al otro individuo.
-Hola, Kyouya-kun-.
Hibari no dijo nada.
-Supe, sobre tu relación con Tsunayoshi-kun-.
Hibari estaba molesto y sabía que si ese hombre seguía hablando le iba a terminar rompiendo un par de costillas. Mukuro sonrió, se acercó a Chrome y comenzó a caminar con la chica a la salida de la instancia, se detuvo un momento y volteo.
-Yo también voy por Tsunayoshi-.
Hibari apretó las tonfas, oh, quería romperle algo a alguien. Mukuro salió de ahí con una sonrisa, pero la sonrisa se le borro cuando algo paso a su lado, Chrome solo alcanzó a decir hola y como respuesta obtuvo una ráfaga de viento.
Tsuna paso a su lado sin realmente verlos y cuando llego a Hibari se acercó a él, Hibari lo observo sin emoción y Tsuna solo abrió los brazos y sonrió tiernamente.
-Te amo, Hibari-san-.
Se acercó a Hibari y coloco sus manos alrededor del chico. Hibari suspiro, lo admitía, se había relajado con solo tenerlo a su lado.
Mukuro soltó un suspiro, bien, la cosa era esa, Chrome se acercó y le apretó contra si y le sonrió.
-¿Mukuro-sama?-.
-Vamos Nagi, comeremos algo de camino a casa-.
-¡Sí!-.
A fin de cuentas, aceptaba amar a Tsunayoshi, pero nunca estaría con él, la cosa era que lo sabía muy bien, el recuento de sus vidas pasadas se lo aseguraban.
Tsunayoshi y él no tenían un futuro, él mismo lo destruía siempre, las cosas estaba mejor si solo lo observaba a la distancia. Nagi abrazó su brazo y le sonrió.
-Mukuro-sama…-.
Ella también era una linda chica.
