No podía creer que se encontraba en esa situación, a pesar de que su boca no era la mejor de todas, tenía que admitir que siempre se había comportado bien en la escuela, nunca había hecho algo como eso y si lo seguía pensando comenzaría a reírse delante del director, lo que agravaría aún más su falta, por eso optó por seguir escuchando a las personas que estaban en ese lugar.
-Santana-la llamó el señor Schuester-¿Estás consciente de lo que hiciste?- dijo poniendo una mano en su brazo.
-Sí-susurró bajando la mirada, como si realmente sintiera que lo que hizo estuvo mal.
-¿Le pedirás disculpas a Artie?-volvió a preguntar el profesor de español.
-Sí, lo haré, sé que no debí encerrarlo en el armario del conserje.
-Pudiste haber ocasionado un accidente-dijo preocupado el director Figgins.
-Lo sé-dijo haciendo que su mirada se llenara de lágrimas-Lo lamento mucho-dijo tapando su rostro con ambas manos mientras Will pasaba su mano por su espalda.
-¡Sí aún fueras una Cheerio esto no habría sucedido!- entró gritando Sue.
-Sue, cálmate-dijo Will poniéndose de pie.
-¿Qué me calme? Todo esto es culpa tuya-presionó con su dedo índice el pecho del profesor-Tanto gel no te deja pensar y mucho menos controlarlos ¡harás que destruyan esta escuela!- gritó furiosa-Cuando eso ocurra llámenme estoy dispuesta a ayudarlos, porque ustedes son patéticos y no saben dirigir este lugar-dijo entrecerrando los ojos, luego se dirigió a Santana-Pechos sé que no estás arrepentida, por ti lanzarías a piernas de plástico por las escaleras.
-¡No!- respondió la latina imaginando a Artie cayendo por las escaleras.
-Lo imaginaste-dijo Sue con una sonrisa de victoria.
-Está arrepentida y eso es suficiente para mí-dijo Figgins cerrando el tema.
-No me extrañaría que de aquí saliera un segundo Hitler-dijo Sue molesta y saliendo de ahí.
-¿Te disculparás ahora?-preguntó Will.
-Sí-susurró la morena-pero Artie está en clases-murmuró la pelinegra mirando al profesor.
-Vamos los dos, de seguro podrá salir de su clase para que hablen, estaré con ustedes en caso de cualquier cosa-dijo el profesor con una sonrisa.
-Gracias-se levantó la ex porrista y caminó hasta la salida.
Necesitaba tranquilizarse, porque los nervios le pasarían la cuenta en cualquier minuto, tenía que mantener la vista fija en el camino y no desviarse o escapar con su acompañante, porque desde que salieron del hospital que se veía en la necesidad de gritarle hasta que no le quedarán fuerzas.
-Estás molesto-susurró Blaine sentado de copiloto.
-¿Debería estar feliz?-dijo con ironía el castaño.
-Kurt, no fue mi intención.
-¿Qué cosa? El que tu padre me dijera que te corrompí teniendo sexo o que lo gritara justo en la sala de espera que estaba llena-dijo sin mirarlo, pero con la acidez en su labios.
-Lo lamento, mi padre está exaltado porque no quise irme a casa-dijo serio y viendo el auto de sus padres desde el espejo retrovisor, los seguían a Dalton como habían acordado al salir del hospital.
-Y tú no haces nada para defenderme-dijo molesto y deteniéndose en un semáforo.
-¿Seguirás con lo mismo? Kurt, no podía hacer nada porque iba en la silla de ruedas saliendo del hospital y ustedes iban unos pasos más atrás-dijo cerrando los ojos con cansancio.
-Te odio, Anderson-dijo suspirando e iniciando la marcha hacia Dalton-Pero me las pagarás-sonrió el castaño.
-¿Qué?-volteó a mirarlo incrédulo-Hummel, no volverás a…-dijo en un susurro a lo que Kurt solo agrandaba más su sonrisa-¡No! No quiero que vuelvas a…
-¿A McKinley? Estoy dispuesto a transferirme y olvidarme de ti, porque cada vez que hay un mal entendido es culpa tuya.
-¿Mía?-dijo extrañado y alzando la voz-La vez anterior fue culpa de Santana y ahora de mi padre-dijo moviendo su mano derecha de forma desesperada.
-¡Y hay solo un factor en común! ¡Tú!-dijo deteniendo estrepitosamente el auto y haciendo que los Anderson hicieran lo mismo y comenzaran a tocar la bocina.
-Kurt-susurró Blaine mirándolo.
-Ya no aguanto, realmente que ya no-susurró pegando su frente al volante-Blaine-susurró cansado y volviendo a mirarlo-deberíamos terminar, sabes que esto no da más, yo no doy más-dijo con la voz quebrada.
-¿Qué?-no podía creer lo que estaba escuchando-Kurt, no quiero terminar, de verdad no quiero-susurró sintiendo como las lágrimas se agolpaban en sus ojos y una fuerte opresión se apoderaba de su pecho-no quiero-volvió a decir e intentó acercarse al castaño.
-Bájate-susurró mirándolo a los ojos-No nos veremos más, saldré de tu vida tal cual como llegué-dijo con las lágrimas bajando por su rostro-hoy mismo vuelvo a McKinley.
-Por favor-murmuró sintiendo como un nudo se apoderaba de su garganta-no lo hagas, ahí estarán esos matones-susurró sintiendo las lágrimas bajar por sus mejillas.
-Lo sé, pero a ellos estoy acostumbrado, pero no logro acostumbrarme a sufrir por ti y a que todo contigo sea un drama, no puedo soportarlo, Blaine, no puedo-insistió y llevó sus manos al rostro del moreno.
-Kurt-murmuró al momento que el contratenor lo besaba suavemente en los labios.
-Y esta es nuestra despedida-murmuró separándose levemente y pegando su frente a la del pelinegro-Tan dramática como nosotros-intentó sonreír, pero era imposible-bájate-susurró separándose completamente.
-Kurt, aún podemos estar juntos-dijo con la voz quebrada.
-No, no podemos-dijo con una sonrisa amarga-ahora bájate-dijo mirando hacia el frente, en pocos segundos Blaine había salido del auto, Kurt aceleró y en menos de dos segundos se había ido, el vehículo de los Anderson avanzó quedando junto a Blaine.
-Hijo, sube-lo llamó su madre por la ventana del auto, el pelinegro obedeció y no le dirigió la palabra a sus padres, no podía hablar sin gritarles y romper a llorar.
Lo miraba hace varios minutos, estaban en el pasillo, ella no podía creer que eso le estuviera pasando, las palabras no salían y el muchacho delante de él se estaba desesperando, incluso el profesor que los acompañaba no entendía por qué ella no hablaba.
-No puedo-susurró Santana bajando la mirada-Cuando te encerré en el armario del conserje fue porque…-dijo respirando con fuerza-fue porque lo quise, si hubiese podido te habría tirado por las escaleras-dijo mirando nuevamente a Artie.
-¿Me tirarías por las escaleras?-dijo sorprendido-¿Por qué?-dijo pestañando repetidamente, sin comprender.
-Porque…-suspiró con fuerza-Señor Schu ¿puedo hablar con Artie en el auditorio? Le prometo que no sucederá nada-dijo la morena mordiendo su labio inferior.
-Está bien, vamos, me quedaré afuera-dijo caminando junto a ellos al lugar, hace unos segundos habían tocado el timbre que anunciaba la hora de almuerzo y ese era el único momento que tendrían para aclarar las cosas.
Entraron en el auditorio, Artie llegó hasta los pies del escenario y Santana también, ella se sentó en una butaca y él se puso frente a ella.
-Te escucho-dijo con simpleza y esperando que ella hablara.
-Estoy enamorada de Brittany-dijo con un nudo en la garganta y sintiendo como su pecho dolía.
-¿Qué?-el muchacho la miró asustado y sin creerlo-¿Es cierto?-dijo sintiendo un escalofrío correr por todo su cuerpo.
-Sí-dijo mirándolo a los ojos.
-¿Ella lo sabe?-dijo con temor el muchacho.
-Sí, se lo dije hace un tiempo y aún así te eligió a ti.
-Sé que ella también te quiere-susurró Artie poniendo una mano en el brazo de la latina.
-¿Te lo dijo?-murmuró incrédula.
-Te adora, siempre habla de ti-dijo con una sonrisa.
-Pero no me ama, no como a ti, nunca estará conmigo.
-Santana-suspiró con pesar-Yo amo a Brittany y no la dejaré ir, siempre la he tratado bien-dijo con una sonrisa.
-Yo también la amo.
-Y te entiendo, si quisiera estar con alguien y no pudiera porque alguien más se interpone…
-¿Habrías hecho lo que yo hice?-dijo sorprendida.
-No-negó con una sonrisa-le habría pedido ayuda a Puck.
-Le pedí ayuda-dijo ella bajando la mirada-Pero se negó a hacerte algo, dijo que eras su amigo y que no te dañaría.
-¿Eso dijo?
-Sí-dijo ella bajando los hombros-Te quieren en esta escuela, a mí no-dijo con amargura la latina.
-A veces puedes ser…
-Una perra, lo sé-dijo con una sonrisa-Pero ya me acostumbré-dijo en un suspiro-¿Estamos bien?
-Sí, aunque no te extrañes si estoy más alerta cuando estés cerca-dijo avanzando hacia la puerta.
-Entiendo-dijo quedándose en su lugar.
-Fue bueno hablar-dijo Artie saliendo de ahí.
Estaban sentados frente a una mesa que tenía varias carpetas y no podían creer que eso estuviera sucediendo, tenían miedo al o que pudiera ocurrir, pero ya no había marcha atrás, se habían metido en ese lío por propia voluntad y nadie los sacaría de eso.
-¿Estos son los exámenes de los últimos internos?
-Sí-dijo la mujer que estaba de pie frente a ellos-Estos internos ingresaron hoy, pueden ver las carpetas si quieren-dijo viendo que los muchachos se habían quedado quietos y mirándose entre sí.
-¿Estos documentos no son privados?-dijo Nick sorprendido y tomando una carpeta.
-Sí, pero solo para los internos y sus familiares, ustedes sólo son alumnos y ni siquiera los conocen.
-Entonces, veamos si es tan cierto lo que nos han dicho en la academia-dijo Wes abriendo una carpeta.
Así lo hicieron los otros cuatro muchachos, la mujer miraba otra carpeta por si a ellos les surgían algunas dudas, pero luego de ver como leían se dio cuenta de que comprendían todo sin problemas.
-¿Podemos ver a estos internos?
-No a todos-respondió la mujer acercándose-¿Hay alguno que les interese?
-El interno N° 35.325-dijo David mostrando la carpeta que tenía en sus manos.
-Elegiste al más complicado, ese chico tiene una fuerza increíble y tuvimos que trasladarlo a la parte de los más peligrosos.
-¿No podemos verlo?
-Sí, no hay problema, llamaré a unos guardias para que nos acompañen, porque nos fue imposible sedarlo cuando lo internaron hace unas horas.
-¿Vino con su familia?-preguntó Trent.
-Su padre vino con él y ese hombre sí que estaba deshecho, pero insistía en que eso era lo mejor.
-¿Saldrá algún día del internado?-preguntó Wes mirando el archivo con detención.
-Sí, este centro se especializa en rehabilitarlos y luego pueden vivir como ellos gusten.
-¿No recaen?
-Deben cumplir con sus citas mensuales con el psiquíatra, eso es durante los 5 años que siguen luego de salir de aquí.
-Increíble-murmuró Nick-¿Podemos verlo?
-Sí-dijo poniéndose de pie y dejándolos solos, había ido en busca de los guardias.
-¡Están locos!- gritó Trent asustado-Karofsky nos matará.
-Es la única forma de asegurarnos de que es él quien está aquí y no es otra persona.
-Pero si ahí sale su nombre, edad y cada detalle-dijo Jeff casi en un susurró y aún mirando el archivo.
-Lo sé, pero no por eso es él.
-¿Cuántos Karofskys pueden haber en la ciudad?-dijo Nick cruzándose de brazos.
-Puede que hayan internado a otra persona que se hizo pasar por él-dijo David agotado-tampoco me agrada tenerlo frente a mí, pero es necesario, tenemos que saber que no saldrá de aquí 7fácilmente.
-¿Y si intenta golpearnos?-dijo Wes asustado.
-No lo hará, ellos pueden sedarlo-dijo David con tranquilidad.
-¿Estás sordo, Thompson? Nos acaba de decir que les fue imposible sedarlo, si logran sujetarlo es milagro.
-Estamos muertos-susurró Jeff asustado.
-Te amo, Jeff-dijo Nick mirando a su novio.
-Y yo a ti-susurró el rubio mirando a su pareja.
-¿Terminaron con la dulzura?-dijo harto Trent.
-No, algodón de azúcar-dijo molesto Jeff.
-Por Dios-susurró Wes cansado-¿Pueden dejar de pelear?
-Es mejor que guardemos fuerzas para Karofsky-susurró Nick intentando calmar la situación, en ese momento entró la mujer que los había estado guiando en el hospital.
-Síganme, estamos listos-susurró de forma solemne, pero que llegaba a causar miedo.
Los cinco muchachos caminaron tras ella y se miraban alternativamente, no les gustaba ese lugar y mucho menos ir a encarar a Karofsky, sabían que estarían en problemas si los llegaba a reconocer. Pasaron unos minutos hasta que bajaron por unas escaleras hasta un subterráneo, a esas alturas comenzaban a dudar de si los llevaban por el camino correcto.
-Aquí están los más peligrosos de todos-decía la mujer que caminaba tras dos grandes guardias que iban delante de ella, tras los cinco muchachos iban otros dos guardias, a los segundos se detuvieron frente a una puerta-¿Preparados?-susurró tomando una llave de un manojo.
-Sí-dijeron todos al mismo tiempo y sin creer que estaban a solo una puerta del matón que casi los asesina. La mujer abrió la puerta y todos ingresaron, pero al momento que creían que estarían frente a Karofsky se dieron cuenta de que había un vidrio entre ellos.
-Él no puede vernos, pero nosotros sí-dijo seriamente la mujer, los guardias se pusieron a resguardar la puerta que daba hacia el interno y la que daba al pasillo.
David Karofsky tenía una cama y una mesa, la mesa era de metal y redonda, para que no pudiera hacerse daño, ya que no podía romperla, sólo se golpearía con ella. Los cinco chicos de Dalton lo observaron con cuidado, estaban seguros de que los podría oler si se lo proponía.
-¿No nos escucha?
-Solo si encendemos el micrófono-dijo la mujer indicando un botón en la pared.
-¿Podemos hablarle?
-No hay problema-dijo con una sonrisa, los muchachos se miraron con una gran sonrisa, eso estaría realmente increíble.
-Buenas tardes-comenzó David presionando el botón-¿David Karofsky?-preguntó con una sonrisa, eso se sentía bien, al fin lo tenían donde querían, al fin se podía vengar aunque fuese un poco.
-¿Quién habla?-preguntó levantándose de la cama y mirando hacia el vidrio.
-No me conoces-dijo con seguridad y alejándose del micrófono, se acercó Trent.
-¿Por qué te encerraron?
-¿Qué te importa? No te diré, si no te veo la cara.
-¿Crees que deberías estar aquí?-dijo seriamente el joven Nixon.
-No, porque tuve razón al intentar matar a esos estúpidos chicos de Dalton-dijo furioso Karofsky, y en ese minuto Wes tomó el control del micrófono.
-¿Por qué querías matarlos?-preguntó intentando no reírse por la suerte del matón.
-Porque eran unos imbéciles, hijos de papá y que se interponían.
-¿A quién querías tener?
-Un tal Blaine-dijo golpeando con su puño el vidrio que estaba como barrera, no se rompió, pero sonó bastante feo.
-¿Anderson?-susurró Wes con una sonrisa-¿Por qué lo querías a él?- se apresuró a preguntar, porque se había delatado al decir el apellido.
-¿Quiénes son?-dijo alterado y subiendo la voz.
-No nos conoces-se apresuró a tomar el micrófono Jeff-Ni nosotros a ti-susurró lo más serio que pudo.
-Son Warblers-dijo comenzando a respirar con rapidez y sintiendo como la sangre se agolpaba en su rostro de la pura rabia-¡Son los malditos de Dalton!- gritó furioso y comenzando a golpear el vidrio, la fuerza que aplicaba era increíble, llegó a tal nivel que la barrera comenzó a romperse, pequeños hilos se expandían por todo el vidrio.
-Salgan de aquí-dijo la mujer seriamente y los guardias abrieron la puerta del pasillo, los cinco muchachos salieron rápidamente, pero a los segundos escucharon como el vidrio se rompía, por lo que comenzaron a correr. Llegaron a las escaleras y subieron lo más rápido que pudieron.
-¡Vuelvan aquí!- escucharon la voz de Karofsky muy cerca de ellos-¡No se me escapan!- escucharon los pasos del muchacho en las escaleras de metal, corrían lo más rápido que podían. Cuando llegaron hasta la reja, que separaba a los internos más peligrosos de los menos, cerraron con rapidez, pero a los segundos Dave los había empujado cuando abrió la reja metálica, se quedó mirándolos con una gran sonrisa.
-¡Aléjate!- gritó Nick interponiéndose entre sus compañeros y Karofsky.
-Serás el primero-sonrió avanzando hacia ellos, los chicos de Dalton retrocedían, tenían miedo y sabían que en cualquier minuto los haría pedazos-No tardé mucho en reconocerlos, si no hubiesen nombrado a ese estúpido, les juro que no los reconozco, pero me ayudaron a salir-sonrió victorioso.
-Te mereces lo que te ocurrió, lo sabes-dijo con seguridad David y poniéndose delante de Nick-¡Estás loco!
-¿Lo merezco? No saben lo que tuve que pasar.
-¡Dañaste a Kurt!
-¡Jamás le haría daño!-gritó enfurecido-¡Ese maldito lo daña! ¡Kurt me ama!- gritó encolerizado y tomando a David por el cuello, quien sentía como era despegado del suelo.
-¡No!- gritó sintiendo como perdía el aire.
-¡Suéltalo!- gritó Trent colgándose de su brazo.
-¡Kurt dijo que me ama!
-¡Él ama a Blaine!- gritó Wes tomándolo por el otro brazo.
-¡Mienten!
-¡Tú lo arrastraste a Dalton! ¡Le hiciste daño!-Le gritó Nick-¡Nadie daña a quien ama!- volvió a gritar furioso-¡Blaine lo cuida y no le hace daño!
-¡Yo lo amo!- gritó calmándose y con sus ojos llenos de lágrimas.
-¡Pero no puedes cuidarlo!- volvió a hablar el castaño.
-¿Por qué?-dijo aflojando el agarre en el cuello de David y mirando a Nick.
-Porque no estás en condiciones-dijo acercándose y poniendo una mano sobre uno de sus brazos, a los segundos Karofsky bajó a David y miró a al castaño.
-Pero yo lo amo-dijo casi en un susurró y con las lágrimas cayendo por su rostro.
-Está mejor lejos de ti-susurró el joven Duval-y eso lo sabes, lo vemos sonreír más que cuando lo conocimos-susurró presionando un poco su brazo.
-No quiero alejarme de él-murmuró bajando la mirada.
-Estando aquí estás lejos, lo alejaste en el momento en que lo atacaste-dijo al momento que sus compañeros se alejaban de Karofsky.
-Yo no quería, yo lo amo-volvía a decir sintiéndose destrozado.
-Te creo-murmuró Nick-pero está mejor sin ti- al instante dos guardias se abalanzaron sobre Dave y lo derribaron, los otros lo esposaron de manos y pies, debían llevarlo de vuelta a la celda, pero ahora Karofsky no se movía, sólo lloraba en silencio.
-Debo pedirles que se vaya, si no hubiesen venido esto no habría ocurrido-dijo la mujer entrando furiosa.
-Lo sentimos-dijeron los cinco muchachos y caminaron hasta la salida. Se habían librado de Karofsky, pero estaban seguros de que los seguiría odiando, sobre todo ahora que habían ido a verlo.
Aún no podía hablar, realmente no se atrevía, y aún no podía creer cómo había hecho para citarla ahí. Necesitaba controlarse, porque en cualquier momento podía arruinar todo eso. Sólo tenía que respirar y tranquilizarse, diría lo que había ensayado y esperaría una respuesta.
-¿Vas a hablar?
-Santana, es difícil-susurró mirándola al rostro, se encontraban en el Lima Bean.
-Entonces-dijo poniéndose de pie-llámame cuando sea más fácil-dijo molesta y dando la vuelta.
-Espera-la detuvo-te diré-la latina se volvió a sentar.
-Te escucho, Harwood-dijo cruzándose de brazos.
-Me gustas-dijo de una vez y sonrojándose fuertemente, tenía sus manos sobre la mesa.
-Y tú a mí-susurró la muchacha poniendo su mano sobre la de Thad-pero sabes que amo a Brittany-dijo apenada.
-Lo sé-dijo atrapando la mano de la morena con la suya-Y no pretendo que dejes de amarla, pero quiero una oportunidad-dijo de forma rápida y nerviosa.
-Thad-susurró en un suspiro-No te haría feliz-enlazó su otra mano con la otra que el pelinegro tenía sobre la mesa-Nadie ha sido feliz junto a mí.
-Santana, yo te quiero hacer feliz.
-Sufrirás-insistió la muchacha.
-Eso-dijo con una sonrisa-deja que yo lo compruebe, no me digas lo que puede pasar, sólo deja que yo pruebe lo que es estar con Santana López, sé que seré feliz junto a ti y sólo ruego porque me des una oportunidad, porque seas feliz junto a mí-dijo tomando con fuerza las manos de la muchacha.
-No sabes lo que pides-murmuró mirándolo a los ojos-No entiendes, Thad.
-¿No entiendo que te quiero a ti?
-No serás feliz-dijo conteniendo el llanto.
-Te quiero junto a mí, pero si tú no quieres-respiró con fuerza-te entiendo y lo acepto-dijo soltando sus manos-te dejaré en paz si así lo quieres-murmuró bajando la mirada.
-Thad-dijo la morena mirándolo-¿Realmente te quieres arriesgar?
-Vales la pena, Santana-dijo con una sonrisa.
-No pierdo nada con intentarlo-dijo sonriendo.
-No te arrepentirás-sonrió levantándose de su asiento y acercándose a ella, tomó su rostro con ambas manos y comenzó a dibujar círculos con sus pulgares en el rostro de la morena, poco a poco acercó sus labios y la besó.
Todo había salido mal, horriblemente mal. Debía admitir que Kurt tenía toda la razón, era culpa suya que toda su relación fuese un drama, tenía que hacer algo por arreglar las cosas y volver a estar con su novio ¡No aceptaría terminar de esa forma! ¡Quería volver con Kurt! Lo lograría aunque fuese lo último que hiciera.
Él estaba en Dalton y Kurt había vuelto a Lima, estaba seguro de eso porque su auto no estaba en el estacionamiento, y no podría haber ido a otra parte. Necesitaba aclarar las cosas y volver con él, no podían separarse de esa forma, no después de todo lo que habían tenido que pasar para estar juntos, él se había esforzado por hacer las cosas bien, pero sin resultados. No tenía su auto, estaba reparándose y no había quién lo llevara hasta Lima, tenía que hacer una llamada y rogar porque lo ayudara. Marcó un número en su teléfono y esperó hasta que contestó.
-Diga.
-Thad, necesito tu ayuda.
-¿Qué quieres?-dijo con tranquilidad.
-¿Estás en Dalton?
-No, estoy en el Lima Bean-dijo con una sonrisa.
-¿Es mucho pedir que vengas a Dalton a buscarme y me lleves a la casa de Kurt?-dijo de forma desesperada.
-¿Problemas en el paraíso?
-He escuchado esa frase antes ¿Estás con Santana?-dijo cerrando los ojos con fuerza.
-Eso no te importa, en una hora estaré en Dalton.
-Gracias-cortó la llamada y se sentó en su cama a pensar ¿qué haría cuando estuviera en la casa de los Hummel? Porque debía suponer que Kurt no querría verlo y tendría que enfrentar a Burt y su escopeta, definitivamente era hombre muerto.
