Disclaimer: Los personajes de Katekyo Hitman Reborn no me pertenecen, pertenecen a su respectiva autora Akira Amano.
Advertencia: Hmm… ¿Lemmon? Pues sí, esa es la única advertencia.
Summary: La primera vez que supo de qué trataba el amor no fue precisamente con la tierna Kyoko. La primera vez que lo probo con Hibari tuvo miedo, pero pronto se volvió una obsesión. Lo aceptaba, era inmoral pensar en ese amor.
¡Capitulo corregido por Mika-chan!
ONLY YOU
By: Yunmoon
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Capítulo 17
La nube - II
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Se mantenía sentada en el sofá, tranquila sin hacer ruido y casi sin respirar, se le había ordenado mantenerse tranquila hasta que él volviera, ella cumplía las órdenes al pie de la letra.
-Kaki-pi, ¿Por qué Mukuro-sama no esta aquí?-.
-No lo sé-.
El chico perro miro al chico de las gafas con molestia, pero como estaba aburrido decidió molestar a la chica que se mantenía en el sofá sin moverse ni decir nada. Chikusa vio venir eso, así que sujeto a Ken del hombro.
-No empieces, Mukuro-sama dijo que debíamos de permanecer tranquilos hasta que volviera-.
Chrome sintió una niebla densa a su alrededor, miro en todas direcciones y luego detuvo su mirada en el marco en donde una vez hubo una puerta –probablemente- y sonrió al notar que ahí estaba él, Mukuro. Mukuro se acercó a la chica y se sentó a su lado.
-¡Mukuro-sama!-.
Ken se acercó a él casi corriendo, se detuvo a su lado, con pasos más lentos Chikusa se acerco, ambos permanecieron a su lado en espera de lo que Mukuro había querido decirles en la mañana, hasta que ese hombre de la mafia, Reborn, le llamo. Mukuro sonrió mientras pasaba un brazo por los hombros de Nagi.
-Saldré esta semana-.
Anunció, los tres Kokuyo miraron a Mukuro un poco sorprendidos, ¿y ellos que harían en ese tiempo?
-Dentro de un par de días vendrá alguien, su plan es quedarse. El de ustedes es sólo esperarle-.
Aparto la mano de los hombros de Nagi y se puso de pie, Tsunayoshi había dicho que planeaba irse ahora mismo y el ex arcobaleno le había dicho que se marcharían a las cuatro. Chrome se levanto del sofá.
-Mukuro-sama… ¿Usted a donde irá?-.
Mukuro volteo para mirar a Chrome, le acaricio el cabello y le sonrió.
-Volveré pronto. Ven un momento, Nagi-.
La chica asintió y siguió a Mukuro. Caminaron por pasillos hasta llegar a uno bastante alejado de la sala, Mukuro se detuvo junto a un ventanal y coloco la mano sobre el vidrio roto.
-Viajare a Italia-.
Chrome no pudo evitar la sorpresa, trago saliva, no sabía que decir al respecto. De lo único que estaba segura era que Mukuro odiaba a la mafia, ¿entonces por qué ir a un lugar donde la mafia se concentraba? Decidió callar, no podía tampoco exigirle nada a Mukuro.
-Volveré en aproximadamente tres días. Hasta entonces permanece a su lado, Chikusa sabrá que hacer-.
Anuncio finalmente para comenzar a irse. Chrome lo miro marcharse y luego soltó un suspiro, Volvió a la habitación donde deberían de estar los otros dos chicos. Sin Mukuro cerca se sentía sola y además, al parecer, se marcharía con el jefe, el jefe también le hacía sentir en casa, prácticamente estaría sola. Cuando volvió ninguno de los otros, Chikusa y Ken, dijo nada, Chrome se sentó de nuevo, los otros dos chicos miraron el exterior, Chrome sabía que era probable que se marcharan y volvieran muchos días después o hasta que Mukuro volviera. Era lo que siempre hacían.
-¡Hey!-.
Chrome alzo la vista y miro a Ken.
-¿Si?-.
-¡Vamos a ir de vacaciones! No querrás quedarte y conocer a esa molestia sola. ¡Así que muévete y no nos hagas perder el tiempo!-.
Con un saltito se levanto y los siguió.
Ciertamente ellos tenían razón, no quería quedarse sola.
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-¡Reborn-san!-.
Se detuvo cuando escucho el grito, volteo y se encontró con la sonrisa de aquella chica que ciertamente conocía desde hace mucho tiempo. La niña le sonrió y luego dio un paso hacia él. Reborn se preguntaba por qué un par de chiquillas le tendrían tanta confianza si él había crecido en dos años hasta tener dieciocho. Esas chicas eran raras.
-Kyoko-.
-¿Tsu-kun está en casa?-.
Negó, Tsuna ya estaba de camino al aeropuerto y él sólo tenía que hacer unos últimos encargos y tomar también el vuelo hacia Italia.
-Oh… ¿Saldrán de viaje?-.
-Iremos a acampar-.
Kyoko no pareció creerle, mucho menos quedar satisfecha, pero Reborn no le iba a decir nada más, esas niñas podían ser muy importantes para Tsuna, pero para él era mejor si no estaban cerca. En algún momento Kyoko se acercó más a él, le tomó una mano y le sonrió.
-Tengan cuidado… Cuida de Tsu-kun-.
-No te preocupes-.
Afirmo, sutilmente se soltó de su agarre, Kyoko se quedo quieta en su sitio, al parecer había algo que deseaba decirle. Reborn movió un poco la cabeza.
-¿Sucede algo, Kyoko?-.
Kyoko lo miro a los ojos y luego soltó lo siguiente.
-¿Tsu-kun está bien? Yo… he visto que Tsu-kun ha estado triste y… Hibari-san… yo no le he visto por aquí-.
Reborn inclino un poco su sombrero, ciertamente Hibari no había estado cerca los últimos dos años, no sabía la razón por la cual se iba así como si nada y realmente tampoco le interesaba mucho. Pero Kyoko tenía razón, desde que Hibari no estaba el animo de Tsuna era realmente bajo, incluso había aceptado tener sexo con él. Fácilmente podría quedarse con Tsuna o entregarlo a Mukuro, pero sabía que únicamente Hibari llenaría todo ese espacio vació en Tsuna.
-Él esta bien, sólo necesita pasar un poco más de tiempo con Hibari. Así que no te preocupes más-.
-Pero…-.
-Kyoko, Hibari no va a dejarlo, su relación es… un poco difícil, pero no va a dejarlo-.
Y era la verdad, Hibari primero mataría a Tsuna y esa sería la única forma de dejarlo ir.
Kyoko sin embargo quedo igual que antes, había algo que le decía a Kyoko que todo este asunto sólo era el comienzo de algo peor.
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Tsuna se recargo en la puerta del baño, cerró con seguro, realmente no quería ir a Italia, tenía miedo. Pero si se escapaba Reborn iba a asesinarlo. Suspiro tres veces y se deslizo por la puerta del baño hasta que estuvo sentado en el suelo.
No quería ir, realmente no quería hacerlo, sabía que algo le esperaba en Italia.
-Hibari-san… ayúdame-.
Quería verlo, quería sentir su calor. Lo quería.
Aunque sabía que ahora no tenía tanto derecho como antes, después de todo, había engañado a Hibari. Pero esa chica… esa tal Luka… ¿no también era algo de Hibari?
-Si dudas tanto de tu amante, ¿por qué no mejor terminar con él?-.
Alzo el rostro y miro al hombre frente a él.
-Byakuran-.
-Hola. ¿Esta vez por qué me necesitas?-.
Tsuna frunció el ceño.
-Yo no te he llamado-.
-Te equivocas. He recibido tu desesperado mensaje-.
Tsuna soltó un suspiro, no sabía que estaba haciendo, realmente no entendía que pasaba por su cabeza. Se levanto del suelo y se acercó a Byakuran.
-Tengo que ir a Italia para hablar con el Noveno… tal vez vaya a visitarte también-.
Byakuran sonrió de forma burlona.
-Oh, tu presencia me honra-.
Tsuna se separo y se fue directo a los lavabos, abrió el grifo y se lavo las manos. Byakuran se acercó a él por atrás y le sostuvo una mano y la elevo.
-Para, ¿qué te sucede?-.
Tsuna se dio cuenta que estaba llorando, ¿por qué siempre tenía que mostrarse de esa forma frente a Byakuran? No lo comprendía muy bien, pero ahora se daba cuenta que Byakuran se había vuelto un confidente especial, aunque no le gustara admitirlo. Se soltó de su agarre y se limpio las lágrimas con las mangas del saco negro. Byakuran ya no sonreía, en esos momentos sabía que era mejor mantener una mirada neutral.
-Ya he aceptado ser el Decimo Vongola… pero tengo miedo. Y si… ¿y si todo lo que vi se vuelve realidad? ¿Si realmente me separo de Hibari-san? Es demasiado tarde para mi el poder soportar sepárame de él… no quiero que ese puesto me separe de Hibari-san… No podría soportarlo… moriría-.
Byakuran supo entonces que esta dimensión era diferente a las otras, en esta dimensión Tsuna estaba dispuesto a morir si no estaba al lado de su guardián de la nube. Eso no había pasado nunca en las otras dimensiones que había estado, tal vez esta sería diferente. Abrió la boca para decir algo, pero Tsuna continuo hablando.
-Y ahora… esa chica tiene el anillo de Hibari-san. ¿Qué se supone que interprete de eso? ¡No voy a permitir que me alejen de Hibari-san!-.
Byakuran alzo una ceja.
-Espera, ¿de que hablas?-.
-El anillo de la nube decidió elegir un nuevo dueño… una chica ha tomado el anillo de la nube… no sé que hacer-.
Esto era nuevo, en ninguna dimensión esto había pasado. Sin duda no se había equivocado cuando le dijo que su futuro había cambiado. Byakuran ya no sabía nada de lo que podría pasar. Indudablemente este futuro sería diferente de cualquier otro. En este futuro había probabilidades de que ese guardián y Tsunayoshi pudieran estar juntos.
-No lo dudes, pelea tanto como puedas para poder estar con él. Si lo amas debes de pelear por estar a su lado-.
Tsuna miro a Byakuran, el alvino pocas veces le decía que se esforzara, de hecho era todo lo contrarió. El alvino siempre le decía que ya lo dejara, que no tenían futuro y que sin duda Hibari se alejaría de él. Tsuna sonrió.
-Gracias, Byakuran-.
Byakuran sonrió de forma juguetona, y en una nube blanca desapareció del lugar. Tsuna se limpio todas las lágrimas y sonrió. Ahora si que tenía confianza, iba a jugar todas sus cartas para poder estar con Hibari. Aunque tuviera que abandonar la mafia.
Aunque todo Vongola estuviera en su contra.
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Su jet estaba listo para partir en ese mismo momento. Miro los alrededores en busca de Hibird, la pequeña ave se poso en su hombro y comenzó a canturrear alguna melodía que habría escuchado por ahí. Hibari se encamino al jet pero la voz de un hombre lo detuvo.
-Kyo-san-.
Hibari volteo para mirar de frente a Kusakabe.
-¿Qué sucede?-.
-Algunos contactos nos han dicho que vieron a Reborn-san y Sawada Tsunayoshi en el aeropuerto de Tokio. Estaban cubiertos de ilusiones, así que no eran reconocibles a primera vista. Es probable que este viajando con Chrome Dokuro o Rokudo Mukuro-.
Hibari alzo la mano y estiro un dedo y Hibird voló hasta posarse en su dedo, sus patitas se pegaron a la piel y se acurruco.
-¿Cuál es su destino?-.
-Ahm… no estamos seguros. Pero tal vez su destino es Italia, pero creo que están tratando de pasar desapercibidos -.
Hibird voló de nuevo y esta vez se poso en la rama de un árbol cercano. Hibari miro el jet y luego miro a Kusakabe.
-Cancela el vuelo. Esperaremos a Tsunayoshi-.
-Entendido, Kyo-san-.
El pelinegro camino de regreso a la salida del aeropuerto privado. Tenía ganas de golpear a alguien. ¿Por qué Tsunayoshi tenía que ser tan desobediente y hacer cosas estúpidas? No, ¿por qué el bebe siempre quería meter en problemas a su amante? Era obvio que ese bebe sabía que Italia era peligroso para Tsunayoshi, con la tensión que había entre familias era muy sencillo que en un momento de alboroto mataran a Tsunayoshi.
Aunque realmente no sabía el propósito de ese viaje. Un aura escura lo rodeo. ¿Tsunayoshi se atrevería a engañarlo de nuevo con el Cavallone? Más le valía que no, se había aguantado las ganas de dejar a Tsunayoshi cuando se entero de que se había acostado con el bebe y Dino. Juraba que si lo engañaba de nuevo esta vez si que iba a terminar con él, lo amaba, claro que lo hacía, pero no le gustaba que le vieran la cara. Ni siquiera se lo permitiría a Tsunayoshi.
No habría una segunda vez.
No le daría otra oportunidad.
Porque aunque Hibari lo amara y fuera paciente con él y con nadie más que él… obviamente las infidelidades le dolían.
Y eso que el pelinegro jamás había pensado en nadie más que en Tsunayoshi. Todo el tiempo de separación había sido doloroso en muchos sentidos. Primero que nada, no ver a Tsunayoshi lo aburría. No sentir a Tsunayoshi lo hacía sentir solitario. No tocar a Tsunayoshi le hacía sentir deseoso todo el día. El autocontrol, cuando estaba a su lado, era casi nulo, pero tenía sus razones para no estar a su lado.
Para evitar que Luka –Hikari como le gustaba decirle- no se acercara a Tsunayoshi.
Había tenido una visión con la maquina de esos dos. Y la visión había sido desalentadora en todo el sentido de la palabra. Y toda la situación era culpa de dos personas, suya y de esa mujer.
No iba a permitir que ese futuro se volviera realidad.
Pero si Tsunayoshi lo volvía a engañar, entonces no seguiría jugando con el futuro, dejaría las cosas correr. Aunque Tsunayoshi se viera herido… aunque tuviera que verlo desaparecer.
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Habían pasado desapercibidos como Reborn lo había planeado. El vuelo había sido relativamente sencillo, para Mukuro y Reborn, porque Tsuna había estado sentado en medio de esos dos y por lo que había visto, el maldito de Mukuro lo había hecho parecer una niña con sus ilusiones… tenía ganas de aventarlo por la ventana del avión. Pero sabía que eso sería mala idea… necesitaban a Mukuro para ese viaje.
El vuelo había durado dos días, porque estaban tomando un vuelo normal, y para hacerlo más común habían tomado pasajes de segunda clase y había sido un viaje con escalas. Mukuro se había tomado la libertad de visitar ciertos lugares, como India y Turquía. Reborn había disfrutado también el vuelo, coqueteando debes en cuando y asustando gente. Tsuna sólo había seguido la corriente, no quería meterse con la diversión de esos dos dementes, quien sabe que podían hacerle.
Una vez abajo del avión se estiro, Tsuna aceptaba que era mejor viajar en primera clase, no, era mejor viajar con los jets de la familia Vongola, eran más cómodos y mucho más rápidos. Más cuando Reborn estaba en el mando.
Por lo que había visto, las ilusiones de Mukuro hacían ver a Reborn como un adolescente de quince años, de cabello rubio y ojos verdes. Mukuro tenía la apariencia de un chico de veinte, pelinegro y ojos azules, mientras que él tenía la apariencia de una chica pelirroja de ojos azules, una chica pelirroja que aparentaba tener doce años. De verdad que detestaba a Mukuro.
Mukuro pasó una mano alrededor de sus hombros.
-Linda, linda… ¿Tsuna-chan?-.
Tsuna enrojeció de cólera y se dispuso a golpear Mukuro, pero lo que vio lo dejo sorprendido.
Hibari.
Inmediatamente se separo de Mukuro y corrió hacía Hibari.
Y Hibari lo recibió con los brazos abiertos, Tsuna se sintió en casa, por primera vez después de un largo tiempo se sintió en casa. Pero reacciono.
-¿Qué estas haciendo aquí, Hibari-san?-.
Hibari se separo y lo tomó del brazo, miro a los otros dos, Reborn sólo asintió, Mukuro ni siquiera se movió. Sin decir nada Hibari dio la vuelta y se llevo a Tsuna. Reborn no los detuvo, ahí no tenía nada que ver, ya había hecho mucho. Mukuro por su parte ya le había dicho todo lo que tenía que decir a Hibari, no iba a meterse en su relación, él mismo había dejado ir a Tsuna, así que lo mejor era que las cosas continuaran así.
Tsuna por su parte no sabía que decir o que hacer, así que opto por dejarse llevar por Hibari. Hibari se detuvo frente a un auto negro, lo soltó y Tsuna se metió por la puerta que Hibari abrió. Hibari giro para meterse en la puerta del conductor, una vez arriba se coloco el cinturón de seguridad y arranco el vehículo.
El silencio fue suave, no había tensión, no se sentía pesado, de hecho era muy agradable. Tsuna se sintió cálido, alzo una mano y la acerco al rostro de Hibari. Pero antes que hiciera contacto con su piel Hibari la aparto.
-¿A que has venido, Tsunayoshi?-.
Tsuna se dio cuenta que el silencio sólo había sido agradable para él, Hibari se escuchaba molesto y si veía mejor también se notaba que se encontraba enojado.
-Y-yo…-.
-¿Por qué me desobedeces? ¿Acaso tu urgencia por terminar con esto es tan grande?-.
Tsuna se exalto, y negó frenéticamente.
-¡Te equivocas! ¡Yo no quiero terminar!-.
-Te advierto que si me engañas de nuevo… voy a morderte hasta la muerte… y luego voy a dejarte-.
La confesión provoco un temblor en el cuerpo de Tsuna. Sabía que no tenía derecho a pedir nada, él ya había engañado a Hibari. ¡Pero juraba que no repetiría eso jamás!
-Te equivocas… no pienso engañarte nunca más… Lo siento… y se que tienes todo el derecho de desconfiar de mí…-.
Tsuna rebusco en la bolsa que llevaba y saco una carta.
-El Noveno me ha mandado a llamar… vamos a hablar de algunas cosas sobre la ceremonia de sucesión. Mi visita se debe a esto-.
Tsuna le mostro la hoja con la llama de ultima voluntad del Noveno. Pero Hibari no giro a verla, Hibari seguía mirando la carretera. Tsuna guardo la carta en su sobre y luego en la bolsa, volvió a estirar la mano y esta vez Hibari no la aparto, la coloco sobre una de las manos de Hibari.
-No lo haré de nuevo… así que… no digas eso otra vez-.
-Más te vale-.
Y Hibari giro y lo beso en los labios. Ciertamente era riesgoso, eso de besar y conducir sin ver el camino, pero bueno, Tsuna sentía que podía morir en ese momento y moriría feliz.
Hibari se separo de forma brusca y volvió a mirar el camino. Mientras tanto Tsuna quedo aturdido. Hace mucho que no besaba a Hibari, tenía tantas ganas de tocarlo ahora, se sentía caliente, sentía el éxtasis invadir cada centímetro de su cuerpo. Sus ojos se mantuvieron fijos en Hibari, en el movimiento de su cabello, en sus manos, en su rostro… en todos lados. Quería llegar a donde sea que lo estuviera llevando y luego… luego tener sexo con él. Había pasado mucho tiempo desde la última vez, como un año y medio. Su cuerpo siempre le pedía sentir el calor de Hibari, pero Hibari no estaba y Tsuna no podía evitar sentir necesidad, Hibari lo había acostumbrado.
Su relación había sido así desde el comienzo, el amor que sentía el uno por el otro se demostraba de miles de formas, una de las formas en las que mejor demostraron su amor fue en la cama. Y Hibari siempre le había dado lo que necesitaba, lo había acostumbrado a no sentirse necesitado, a tenerlo siempre que lo deseaba. Aunque eso no siempre era así, porque muchas veces con el sólo hecho de estar uno con el otro bastaba, probablemente lo único que no hacían era hablar, pero no era necesario, nunca lo había sido. De esa forma era su relación. Ciertamente su relación había tenido muchos caminos.
Si definiera el comienzo de su relación debería describirla como suave, pero luego del inició se había vuelto muy ardiente. Había pasado noches en casa de Hibari y la mayoría sólo era para tener relaciones. Después de todo en su casa siempre había gente y pocos se atreverían a acercarse a casa de Hibari.
En ese entonces ambos tenían las hormonas a un nivel exorbitante, sobre todo Hibari. Hibari era él que siempre estaba deseoso de tocarlo y Tsuna sólo se dejaba tocar, su relación era tan pasional que Tsuna se vio envuelto en todas esas emociones y el libido de Hibari se volvió en el suyo propio. Hubo un momento en el que sólo verse bastaba para que se sintieran excitados y su conducta se volviera nerviosa, incluso tuvieron la necesidad de hacerlo en la escuela, pero Hibari se restringía, le había dicho que no podían manchar el honor de Nanimori. Y sobre todo no se permitiría hacerle el amor de una forma tan vulgar.
¿Lo harían ahora? Esperaba que Hibari aceptara, ahora era él quien estaba con las hormonas a su máximo nivel, después de todo ahora Tsuna tenía dieciséis y Hibari dieciocho. Suspiro.
El auto se detuvo en algún momento. Hibari salió y Tsuna lo hizo de inmediato, lo siguió y se dio cuenta que se encontraban en un hotel. Hibari le tomó la mano, la ilusión seguía y justo cuando entraron en el elevador se rompió, ambos lo sintieron, pero a Hibari no le importo, no lo soltó.
-Hibari-san…-.
-Te quiero-.
Hibari lo rodeo con sus brazos. Tsuna recargo la espalda en el pecho de Hibari y suspiro.
-¿Vamos a hacerlo?-.
Preguntó, parecía tranquilo, pero Tsuna realmente estaba temblando. Hibari sonrió de lado.
-¿Quieres hacerlo?-.
-Sí, quiero-.
Hibari le beso la base del cuello y Tsuna tembló, el suave tacto sólo aumento su libido. Tsuna se sonrojo pero no se separo de Hibari, lo conocía muy bien. Se conocían muy bien. Ambos sabían que deseaban ese momento.
-¿Dónde están?-.
Tsuna no supo de qué le hablaba, volteo el rostro para mirarlo a la cara.
-¿Qué?-.
-Lo que te di, ¿Dónde esta?-.
Tsuna vagamente recordó de que le hablaba, rebusco en la bolsa que llevaba y saco la cajita color negro y se la dio. Hibari sonrió de lado.
-Bien, vamos-.
El elevador se abrió en ese momento. Hibari lo jalo de la mano y camino por el pasillo del onceavo piso, abrió una puerta con la llave electrónica que llevaba en la otra mano y metió a Tsuna de un empujón. Tsuna trastabillo hacia atrás y Hibari lo detuvo sujetándolo de la cintura. Le sonrió de lado y luego lo guió por la sala de ese cuarto y lo dejo sentado en un sofá.
-Sabía que no tendrías el valor de ponértelos.
Se refería a los aretes, Tsuna no sabía que sucedía con eso. Hibari camino a una puerta y la abrió, después de unos segundos volvió a salir y ahora llevaba algo en la mano.
-Voy a hacerlo por ti-.
Mostro un pequeño artefacto que tenía una aguja. Tsuna supo que era, eso iba a servir para agujerarle las orejas. Trago saliva.
-No te asustes. Casi no dolerá-.
Casi, eso significaba que si que le iba a doler. Hibari se acercó a él y se hinco frente a Tsuna, le tomo una mano y le beso la palma, Tsuna cerró los ojos por acto reflejo.
-¿Por qué?-.
Hibari sonrió.
-Este beso… lo has sentido, y probablemente lo recordaras por uno o dos años. Si yo te hago una marca, cada vez que la veas o la toques te acordaras de mí… además…-.
Hibari le acarició el cabello, su cabello castaño era largo, así que le cubría un poco el rostro, Hibari pasó un mechón detrás de su oreja y le acarició el lóbulo, Tsuna se sentía raro, Hibari nunca le había hecho eso, era extraño. Pero se sentía bien.
-… tienes unas orejas hermosas-.
Se sonrojo tanto que no dudo en que sus orejas también estuvieran rojas. Hibari soltó una risita y sin esperar más coloco el artefacto en su oreja y lo presiono.
-Ah-.
El dolor había sido de un momento. Había sentido algo similar a un pellizco pero ya no le dolía. Hibari rápidamente hizo lo mismo en la otra oreja.
Ciertamente Tsuna se veía bien, los pendientes le daban un buen toque de lindura, Hibari aceptaba que Tsuna se veía sencillamente lindo. Tsuna lo miro a los ojos y luego se hinco frente a Hibari, lo rodeo con ambos brazos y lo beso.
Hibari le rodeo la cintura con una mano y la otra la coloco en la nuca de Tsuna, apretándolo contra él. Tsuna soltó un gemido suave cuando su cuerpo estuvo totalmente pegado al de Hibari, sus manos temblaron y la única forma de no caer en el delirio fue apretando el saco de Hibari con sus dedos.
Cuando se separaron Tsuna recargo la frente en el pecho de Hibari. Ahora que lo tenía tan cerca no sabía que hacer, después de todo Hibari era quien siempre lo guiaba.
Hibari simplemente supo de su incertidumbre, sabía lo que Tsuna quería, pero a la vez lo veía dudar, ese niño siempre había sido de esa forma, no aceptaba sus deseos, pero eran obvios. Hibari lo levanto del suelo, nunca le había gustado tener relaciones con Tsuna fuera de la cama por dos razones. La primera era que Tsuna podía lastimarse, lo segundo era que le parecía vulgar tratar de esa forma a su amante. Aunque en un par de ocasiones estuvo apunto de caer y hacerlo en la sala de recepción.
Una vez llegaron a su cuarto lo arrojo a la cama. Tsuna sintió que estaba deshaciéndose en el placer y el calor lo ahogaba. Hibari se quito la corbata y luego el saco y se acercó a Tsunayoshi de tal forma que el castaño pudo apreciar a la perfección sus hermosos ojos plateados… aún mantenían ese ligero tono azul, incluso en la oscuridad. Abrazo a Hibari y pese a la cercanía no lo beso, con una sonrisa el pelinegro comenzó a quitarle la corbata al castaño y luego de quitarle la corbata le desabrocho el primer botón de la camisa, le acaricio la piel del cuello y luego la beso.
Tsuna se sobre exalto, no quería que Hibari fuera tan amable, le ponía nervioso.
-N-no…-.
Hibari sonrió cuando sintió que el cuerpo del castaño temblaba, era tan estimulante verlo perder la cordura por caricias tan suaves. Se acercó a la oreja de Tsuna y le mordió el lóbulo, sus dientes atraparon el pendiente en forma de mariposa y lo jalo. El castaño soltó un gemido mientras trataba de alejarse de Hibari y su suavidad.
-Hi-Hiba-bari-san…-.
Su voz era ligeramente más aguda y su respiración era arrítmica, Hibari lo estaba disfrutando, después de todo ver a Tsunayoshi en ese estado de debilidad era mejor que la gloria. Coloco un dedo sobre los labios del castaño y luego lo adentro a su boca, separo sus labios y los dientes del menor y se sintió satisfecho cuando Tsunayoshi cerró los ojos, se veía tan lleno de deseo. Hibari sacó el dedo y acerco su rostro al de Tsuna, saco la lengua y la metió en la boca entre abierta del menor. Cuando el menor sintió la húmeda lengua del pelinegro en su boca se estremeció, tomó lo primero que encontró cerca de sus manos y lo estrujo, se trataba de la sabana de la cama. El placer era tan inmenso que sentía que pronto colapsaría, ese beso era uno de los mejores que había recibido en su vida. Hibari rompió el beso de una forma lenta, con suavidad saco su lengua de la boca de Tsuna y lo sintió suspirar. El mayor se relamió los labios, la boca del castaño sabía a caramelo, un dulce y suave caramelo. A él le gustaban los dulces y había probado excelentes dulces en su vida, pero la boca de Tsuna sabía mejor que cualquiera y lo estimula más que cualquiera.
-Kyouya…-.
Tsuna se sentó en la cama y se quito el saco negro, Hibari se deslizo fuera de la cama y le ayudo a quitarse los zapatos y los calcetines. Tsuna se dio cuenta que el pelinegro se hincaba frente a él, de repente Hibari inclino la cabeza y Tsuna se ruborizo y trato de alejar a Hibari.
-N-no… ¡Hibari-san!-.
Hibari le beso el pie, Tsuna se mordió el labio inferior y cerró los ojos, esto era demasiado, no iba a soportarlo por mucho más tiempo. La suavidad de Hibari era más peligrosa que su faceta pasional.
-Nunca me inclinaría ante alguien… ante nada-.
Dijo Hibari mientras se levantaba y se erguía. Sus setenta y tantos centímetros se impusieron frente a Tsuna.
-Sólo lo haría por ti. Sólo tú-.
Sawada Tsunayoshi, a sus 16 años nunca había experimentado lo que estaba sintiendo ahora, jamás. Sus pupilas se dilataron, su corazón hizo un continuo "doki" y su respiración se volvió más arrítmica. Repentinamente Hibari lo tomó por el cuello y lo empujo a la cama hasta recostarlo, cuando el castaño estuvo totalmente recostado Hibari no lo soltó, de hecho presiono más, cortándole la respiración. Tsuna no hizo nada por detenerlo, aunque sentía que lo lastimaba.
-No me mientras más, Tsunayoshi. Entiéndelo. En este mundo sólo tú puedes lastimarme. Y sin duda prefiero matarte antes de entregarte a alguien más-.
Tsuna entrecerró los ojos, lentamente el agarre de Hibari comenzó a aflojarse hasta que sintió que podía respirar, coloco su mano derecha sobre una de las mejillas de Hibari y le sonrió de forma cálida.
-Mátame… si yo lo hago mátame. No dudes en hacerlo, muérdeme hasta la muerte. Porque me lo merezco-.
Tsuna recordaba vagamente el día en que Irie le había dicho que había comenzado una relación con Byakuran, para Tsuna no podía existir un amor tan retorcido como ese, hasta ahora. Pero ahora estaba él, con Hibari, formando este tipo de amor, un amor tan inmoral y obsesivo. Y no estaba arrepentido.
Había una razón por la cual Tsuna no había querido aceptar a Hibari en el comienzo, y era por esto. Sabía, o su súper intuición le decía, que si lo aceptaba entonces viviría esta clase de amor, después de todo su amante era Hibari, no podía esperar algo normal, ni algo ligero, ni algo sencillo. Era Hibari y era él, ninguno de los dos eran normales.
Hibari se agacho y beso su cuello mientras desabrochaba la camisa azul de Tsuna. El cuerpo del menor temblaba, pero no era por miedo, era excitación. Hibari le quito la camisa y acaricio su pecho con los dedos, se detuvo en los pezones de Tsuna y comenzó a estimularlos. El castaño comenzó a ronronear y luego sus ronroneos pasaron a ser jadeos suaves.
Rozó sus dedos contra la piel del cuello de Hibari, enredo sus dedos en sus cabellos negros y lo obligo a besarle. El pelinegro lo besó mientras encaminaba una de sus manos a los pantalones de Tsuna, le abrió el cinturón y luego le desabrocho el botón. Mientras Hibari hacía eso, el menor se encargaba de desabrochar la camisa blanca del pelinegro, y una vez termino de desabrocharla deslizo la camisa por sus hombros y enredo las manos en su cuello, sintiendo la suave piel de Hibari, siempre le había gustado su textura, a Hibari también le gustaba sentir la piel de niño de Tsuna, una piel suave y caliente.
Tsuna cortó el beso cuando sintió que una de las manos de Hibari tocaba su miembro. Soltó un jadeo y se retorció. Hibari le beso el cuello y descendió a su pecho, sus dientes atraparon uno de sus pezones, mientras su otra mano, la que no estimulaba su miembro, apretaba el otro pezón de Tsuna.
Hacía tiempo que no se sentían tan cerca.
Tsuna trago saliva, se sentía casi igual que cuando lo hizo por primera vez con Hibari, se sentía confundido y no sabía que hacer.
Hibari recorrió su pecho y bajo hasta su ombligo, le beso ahí y luego bajo un poco más. Bajo los pantalones de Tsuna y también se llevo su ropa interior. Sin más metió el miembro en su boca y Tsuna se estremeció, fue tanto su estremecimiento que doblo la espalda y soltó un fuerte gemido.
Deslizaba su lengua por todo el largo y luego lo metió todo, Tsuna gimió mientras sus dedos se enredaban en los negros cabellos de Hibari, Hibari sólo tuvo que lamer un poco más para que Tsuna se viniera.
-¡Ngh! ¡Ah!-.
Sintió el liquido escurrir por su boca y un poco más en su mejilla, se paso una mano por los labios y observo el liquido en sus dedos, sonrió de lado. Lleno sus dedos con el líquido y luego adentro dos dedos en Tsuna.
Tsuna sintió que algo lo invadía, pero en lugar de sentirse extraño sintió mucho placer, era cien por ciento un pasivo, y ya estaba acostumbrado a la intromisión de Hibari.
Su respiración se volvió más arrítmica, Hibari se acercó a sus labios y lo beso, Tsuna, mientras tanto, decidió guiar sus manos a los pantalones de Hibari, le abrió el pantalón y metió sus manos, el pelinegro profirió un jadeo, uno bajo pero lo suficientemente alto para que Tsuna lo escuchara. Hibari estaba tan duro, al parecer ese tipo de reacciones no iban a cambiar.
Después de que sus dedos se deslizaron a la perfección en la entrada de Tsuna, Hibari jalo una almohada y la coloco bajo las caderas de Tsuna, con el tiempo había descubierto que Tsuna y él mismo disfrutaban más cuando colocaba una almohada bajo las caderas de Tsuna. Y sin más lo penetro.
Tsuna apretó las yemas de sus dedos en los hombros de Hibari y soltó un fuerte gemido. Nunca le había gustado marcar la piel de Hibari, así que había evitado clavarle las uñas y en vez de eso apretaba sus dedos contra la piel suave y blanquecina de sus hombros.
Pese a todo esperaron unos segundos, Hibari estaba impaciente al igual que Tsuna, pero si lo hacían de forma precipitada el castaño podría lastimarse, después de todo había pasado mucho tiempo desde que Hibari había tenido relaciones con Tsuna. Después de que el menor sintió que el ligero dolor desaparecía movió las caderas, invitando a Hibari a mover las suyas.
Hibari no se hizo del rogar, comenzó a moverse dentro de Tsuna, primero de forma lenta y luego un poco más rápido.
-¡Nh! ¡Aah! ¡Ngh! Kyou-ya…-.
Cuando pronunciaba su nombre Hibari se sentía más estimulado, sin poderse detener sus embestidas se volvieron más rápidas y profundas.
En algún momento Tsuna se sintió en el Cielo -¿irónico?-, sus sentidos se nublaron y sintió corrientes recorriéndolo por todo el cuerpo. Luces a través de los parpados y sus dedos adormecidos fue lo suficientemente intenso como para sacar a relucir su voz más erótica. Entre las embestidas, la última había golpeado directo en su próstata, de una forma tan profunda que sintió que se derretiría.
-¡Aah! ¡Nhnn! ¡Oh!-.
Hibari sonrió de lado, sintió que la entrada de Tsuna lo presionaba, estuvo apunto de venirse pero se resistió, Tsuna aún no se venía y no pensaba venirse solo. Pero le apretaba de una forma muy deliciosa.
-Y-ya basta… me estas apretando-.
Pero Tsuna no lo escuchaba, estaba demasiado sumergido en el placer como para entender lo que Hibari le decía. Hibari lo tomó de las caderas y lo elevo un poco más y dio una fuerte embestida. El impacto fue tan placentero que el castaño soltó un gemido fuerte, uno fuerte, lleno de deseo, erótico y estimulante a los oídos de Hibari.
Hibari repitió la acción y Tsuna volvió a emitir un gemido, pero esta vez fue mucho más agudo. Sus ojos se llenaron de lágrimas y sus lágrimas descendieron.
Hibari se inclino y le lamio las lágrimas, Tsuna elevo una mano de forma lenta y temblorosa y la coloco sobre la cabeza de Hibari y lo acerco a su boca, comenzaron a besarse. Su beso se volvió profundo, Hibari adentro su lengua y Tsuna se sintió lleno. No iba a durar mucho, el placer era demasiado desbordante.
Una embestida más fue lo suficientemente buena como para terminar con la resistencia del castaño. La embestida fue más profunda que las anteriores e impacto directo a su próstata.
-¡Aaaah!-.
Tsuna se vino entre los estómagos de ambos, el mejor clímax que había tenido desde hace mucho tiempo, el ultimo fue con Hibari… de hecho todos fueron con él. Su entrada apretó tanto a Hibari que él no tardo nada en venirse. Tsuna apretó los dientes al sentir como el pelinegro lo llenaba, era una sensación tan fuerte que no pudo evitar gemir de nuevo. Había llegado a su límite, su cuerpo se convulsionaba de placer y deseo.
Hibari se recargo con sus antebrazos en la cama, evitando aplastar a Tsuna. Tsuna calmo su respiración, sintió como Hibari comenzaba a salir de su interior, una vez afuera Tsuna soltó un jadeo.
Si que la separación, los dos años de distancia, había servido para formar un libido así de grande, así de placentero.
Hibari se sentó en la cama, casi nunca se recostaba junto con Tsuna cuando terminaban. El castaño se sentó, con mucha dificultad, y pego su cuerpo a Hibari, rodeo el cuello del chico con los brazos y recargo su frente en la espalda del pelinegro. Hibari volteo el rostro y atrapo una de las orejas de Tsuna con los dientes, le mordió con suavidad y luego deslizo su lengua hasta acariciar los aretes.
-Y-ya… Kyouya-.
Hibari sonrió de lado, tomó a Tsuna y lo coloco sobre su regazo, Tsuna pegó el rostro al pecho de Hibari y lo abrazo por la cintura.
-¿Llegaste a tu límite?-.
-Sí… ya… estoy a mi límite-.
Hibari le acarició el cabello y lentamente se recostó en la cama. Tsuna se acurruco sobre Hibari y le beso con suavidad la mejilla.
-Te amo… Por favor, no me abandones más… te necesito-.
Hibari simplemente lo abrazo y pronto sintió que Tsuna se quedaba dormido. Se acomodo en la cama, jalo las sabanas y los abrigo a ambos. Cerró los ojos despacio y beso la sien de Tsuna con ternura. Él tampoco soportaba por más tiempo la separación, ya no quería seguir alejando a Tsuna de él, aunque sabía que eso podría provocar un futuro desagradable para ambos.
Pero no era como si él no pudiera contra eso. Era, después de todo, Hibari, la persona que jamás se dejaba vencer por nadie. Mucho menos por el destino.
El timbre de su departamento lo alerto, se coloco de pie de forma lenta, se abrocho los pantalones y tomó su camisa del suelo y se la coloco. Camino hasta la puerta de entrada y abrió la puerta.
Reconocía a esas chicas. Las odiaba.
-Hibari Kyouya. Nosotras somos Cervello. Tenemos una orden del consejo de Vongola. Tiene que acompañarnos a la mansión principal-.
Una de las chicas alzo un documento con la mano derecha, mostrando la firma y cello de Vongola, sin contar que también la llama del Noveno se encontraba arriba, mostrando que era un documento oficial.
Pero a Hibari nadie le mandaba.
-¿El Decimo Vongola está aquí también? Tenemos la orden de tomar al Decimo Vongola bajo nuestro cuidado y alejarlo de todos sus guardianes-.
Hibari entrecerró los ojos, nadie tocaría a Tsuna.
-Si usted se niega, nos veremos en la obligación de comunicarlo con el consejo de Vongola. Debe saber que esta en una posición complicada… Ya no es el único guardián del anillo de la nube, podemos prescindir de usted-.
¿Qué habían dicho?
.
¡Creo que escribir lemmon es realmente complicado!
Fue lo peor, digo, yo estaba muy inspirada y escribía tan rápido como podía… pero mi mamá vino y comenzó a ver lo que hacía… ugh… obviamente tuve que interrumpir mi escritura y comenzar con otros fics, mi mamá sabe que escribo temática yaoi, pero no sabe que escribo esto, así que hasta que se fue de mi cuarto (escribo en una lap, es más cómodo y nadie te molesta, pues te puedes ir y escribir en otro lado, incluso en el baño XD) pude seguir con el lemmon. Digo, lo malo no fue escribir lemmon, si no que me hubieran interrumpido en la mitad.
Me esforcé mucho para volverlo lo más real posible, así que espero lo aprecien mucho, porque realmente me tarde dos días en pensar un buen lemmon… puede ser aburrido o lento, pero me ha gustado.
Ahora que todo parecía ir de maravilla… salen las Cervello y le dicen todo a Hibari de golpe, ufff, la historia comenzara a tomar su lado serio, sin olvidarnos claro del amor entre estos dos.
Realmente espero que les haya gustado. Y lamento mucho la mala ortografía y falta de coherencia que pueda haber a lo largo del capitulo.
Shao~ shao~
