Eleazar POV

Llovía. Las calles de Volterra estaban totalmente inundadas. A lo lejos se oían truenos y relámpagos que iluminaban la oscura noche.

Hacía un mes que se había ido. Traté de buscarla, pero Aro no me quitaba el ojo de encima, me consideraba culpable de lo que había hecho, de quitarle a "su pequeña". Me dolía a mí más que a él. La amaba, más que a nada ni nadie en el mundo.

Ahora no hablaba con nadie. O por lástima o por odio, ninguno de los sanguinarios vampiros quería hablar conmigo, solo me miraban. Soportaba miradas de odio, de furia, de compasión y de deseo de venganza. Éste último tipo de mirada era de Heidi. Ella se llevaba muy bien con ella.

Dolía pronunciar su nombre.

Y encima ahora tenía que oírlo cada dos por tres. Aro me había adjudicado otra neófita. Carmen se llamaba. Aro es mezquino, le gusta torturar a la gente.

No comprende el amor, solo entiende el poder. Apoya los matrimonios concertados, con el objetivo de conseguir más poder, no felicidad. Cree en la fuerza, no en la libertad. En el odio, y no en la sonrisa.

Cree en el negro, no en el blanco. No le gusta la luz, sino la oscuridad. El mal, no el bien.

Me estremecí. Una ráfaga de aire frío me atravesó el cuerpo. Y le oí.

-Eleazar.

-Hola, Marcus. ¿A qué has venido? ¿A torturarme? ¿A matarme? No, no creo, matarme sería conseguir que yo dejase de sufrir, y no se os da bien la caridad.

-He venido a ayudarte. Hace años, conocí el amor. Didyme, se llamaba. Era la persona más maravillosa de este mundo. Era buena, y me hacía feliz. El único problema es que era hermana de Aro. Y Aro no es benevolente. El poder rige su vida. Le ciega. Y me destrozó la vida.

Yo, por aquel entonces, quería irme, con ella. Queríamos escapar, estar juntos para siempre. Pero Aro quería ser el líder de nuestra especie. Ser considerado un Dios, pero uno temido, no adorado.

Y para ello me necesitaba. Decía que teníamos que estar unidos, para ser más fuertes. Y un día, la mató. Jamás he sufrido tanto. Por eso te entiendo. He visto los lazos de vuestra relación. A pesar de que Aro me mandó destruirlos, no quería. Pero probé, para ver hasta donde alcanzaba vuestro amor.

Y es muy fuerte. Jamás he visto algo tan fuerte. Ella te quiere y tu la quieres. Ojalá Aro pudiese entenderlo. Quiero ayudarte.

-Espera, espera. ¿Me estás contando que el líder de este clan sanguinario mató a la mujer de tu vida y tu sigues aquí como si nada? No puedo creerte. Si alguien le hiciese algo...-mis ojos se dilataron y se volvieron negros al pensar en alguien tocando a Carmen, hiriéndola, una ola de ira se apoderó de mi.

-Él cree que no lo sé. Estoy esperando el momento oportuno. Por supuesto que quiero matarlo. Él mató a su hermana. Es inhumano. Es antinatural. Es más fuerte que yo. Si intentase irme, me mataría. Y no me importaría. Pero no quiero que la muerte de Didy haya sido en vano. No creo en la violencia, pero si en la venganza.

-Lo siento. Ojalá que tengas éxito. ¿Cómo puedes ayudarme?

-Sé dónde está Carmen. Después de que la echasen de aquí, la ayudé. Le ofrecí un hogar. Aceptó, pero con una condición, que no te lo dijese jamás, que no le hablase de ti. No quiere oír de ti. Está rota. Casi muere. Necesitaba tiempo para pensar. Pero te quiere, lo he visto en sus ojos.

-¿Dónde está?

-En Florencia. En la casa en la que viví dos días con Didyme. Está a salvo.

-Adiós.

-No. No vayas. No aún. No está preparada. Ha sufrido mucho. Está herida. Te echa de menos, pero debe solucionar los problemas que tiene dentro de su cabeza, debe escoger si esto es lo que quiere o no. Casi muere, a manos de alguien en quien confiaba. Es duro. Espera. Ella vendrá a ti. Cuando sea el momento oportuno.

-Y que se supone que tengo que hacer mientras ella está de viaje de reflexión? ¿Seguir mi vida como si nada? ¿Seguir matando humanos, viendo como su corazón deja de latir igual que el mio?

-Sí. Exactamente. Ella se ha ido, pero la sigues queriendo. Si de verdad la quieres, esperaras a que haga lo que es mejor para ella, porque no quieres que esté contigo solo por hacerte feliz. Tu quieres que ella sea feliz. Por eso debes esperar hasta que haga lo que realmente quiere su corazón.

Me sentía frustrado, solo, y ante todo, devastado. Todo aquello por lo que antes creía que merecía la pena luchar se había derrumbado. Ahora lo único que importaba era ella. En cuanto volviese, si volvía, sería irme de aquí, llevarla muy lejos y ser felices para siempre.

Mientras pensaba esto, también consideraba la otra posibilidad. Tal vez no vuelva, tal vez me odie por abandonarla o prefiera romper con todo. Mi corazón se rompía en pedazos al pensar en pasar un minuto tras otro sin ella, pensando que jamás sería correspondido.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Y ahora, solo me quedaba aferrarme a ella.

Aferrarme a la última posibilidad de volver a verla entre mis brazos.

Lo siento. Se que ha pasado mucho tiempo desde que no escribo pero he andado liada. Espero que os guste, agregad a favoritos y dejad reviews. Por favor.

Seguidme en twitter: twitter . Com / andecaba

Hasta otra!