Un ambiente de tristeza nos rodeaba a todos, lágrimas que parecían no parar y un sin fin de lamentos. Sin darme cuenta estaba llorando en los brazos de Mikuru-chan. Un luto casi irreal, había perdido una parte de mí, Kyon había muerto salvándome la vida, era imposible no sentirme culpable, de esa forma yo empezaba a morir junto con él.

- Suzumiya-san... No puedes seguir pensando que tú lo causaste - Ella intentaba consolarme, pero no podía tomarla muy enserio cuando ella también se estaba deshaciendo junto conmigo.

Yuki veía el féretro con una inocencia tal que me hacía pensar que no sabía absolutamente nada acerca de la muerte. Koizumi-kun, por su parte, sólo veía al cielo, sin comprender por lo que estábamos pasando, una mano en el bolsillo de su pantalón y cargando como yo una loza en el corazón.

- V-vamos - Dijo Mikuru-chan, hablando entre sollozos - Ya es hora...

- B-bien - Sabía lo que venía, aún así no estaba segura de tener la fuerza suficiente.

Todos los asistentes se pusieron de pie y poco a poco se fueron acercando al féretro, mientras el sacerdote daba unas últimas palabras para que, según dicen, el alma se alejara con bien. La madre y la hermanita de Kyon se encontraban justo al frente, llorando, destrozadas, cada segundo que pasaba escuchándolas era como si una fría daga se clavara en mi mal herido corazón. Pensé en ir con ellas, darles a entender que yo las acompañaba en su dolor, pero una parte de mí me hizo recordar que era yo la causante de ese sufrimiento. Me alejé, me alejé lentamente, sin decir nada a nadie, no quería saber nada más...