Tomé asiento en mi lugar, había llegado tarde a clases, cosa que procuro no hacer muy a menudo. Eso hizo que mi presencia resaltara aún más y muchas miradas se clavaran en mí, casi podía leer sus pensamientos con sólo ver esos ojos de incredulidad y odio.
Las clases me pasaron completamente desapercibidas, por un momento intenté quitarme el aburrimiento, tomé un lápiz e instintivamente estiré mi mano hacia el frente, el hecho de que ninguna espalda estuviera ahí para detenerme me hizo regresar abruptamente a la realidad. Kyon ya no estaba. Fue entonces cuando esa idea quedo finalmente impresa en mi cabeza.
- Suzumiya-san, te encuentras bien? - Escuché e intenté poner un poco de atención. Ryoko Asakura se encontraba justo al lado de mi mesa, buscando mis ojos entre mi cabello.
- Qué tipo de pregunta idiota es esa? - Pensé, en qué forma me puedo sentir bien en momentos así?
- Está bien si no quieres hablar... - Volteé a verla - Pero ten en cuenta que cuentas conmigo, con todos, para lo que quieras - Dijo con una amable sonrisa en su rostro, metiéndose en su papel de presidenta de la clase, cosa que me hizo querer golpearla.
No quise quedarme más, me era imposible. Escapé de la escuela, mucho antes de que las clases terminaran. Con una rápida mirada a mis compañeros de la brigada les di a entender que todo eso estaba pospuesto hasta nuevo aviso, siquiera quería pensar en ese día.
Entré a mí casa, lentamente caminé por el pasillo y subí las escaleras, cabizbaja, hasta mi habitación. Me dejé caer pesadamente sobre la cama, ese día no había sol alguno que me iluminara, el cielo estaba de un color gris profundo que parecía imitar a mi alma. La ventana comenzó a mancharse lentamente.
Las lágrimas que yo no tengo...
- Por qué, Kyon? - Contra mi voluntad, me empeñé en llorar, quería sacar absolutamente todo de mí corazón, quería desahogarme - Por qué lo hiciste?
Me respondí a mí misma esa pregunta, cual fácil es. Soy una idiota, no había otra manera más sencilla de explicarlo. Él no habría tenido que salvarme la vida si yo no hubiese sido tan descuidada. No, no se trata de eso, si yo no fuera tan falsamente elocuente y atrabancada todo el tiempo le hubiera ahorrado muchos malos momentos, momentos en los que me estuvo aguantando a mí y a mi actitud caprichosa.
No quiero que algo así ocurra de nuevo, el problema soy yo. Dentro de mi cajón había guardado hace tiempo un cutter para no sé qué, ahora mismo había encontrado un propósito ideal.
Es lo que tengo que hacer, además, es lo que quiero...
Justo iba a tomar el cutter cuando otra cosa llamó mi atención, el pequeño frasco de vidrio color miel estaba en un rincón, completamente olvidado, se encargó de hacerme recordar las palabras de la anciana de aquella tienda misteriosa, palabras que nunca debí haber olvidado.
"[...] es capaz de calentar tu corazón y abrir tu mente, calmando así tu sufrimiento permitiéndote descubrir tus sentimientos más profundos [...]"
Hice a un lado la idea que rondaba mi mente minutos antes y como en un trance comencé a buscar una cuchara.
- Es-está - Mis sollozos me interrumpían - Está rico...
...
