Desperté. Mis pies están helados. Me había cansado de dormir, las pesadillas poco a poco se convierten en algo que no quiero vivir, sin embargo, ahí están, presentes para recordarme que siempre hay una forma peor de vivir la vida y obligándome a agradecer el mero hecho de poder sonreír por algo.

Aunque sea una falsa sonrisa...

Mi cara en el espejo se nota cansada. Las huellas de un río que fluye a duras penas se marcaron sobre mí. Había estado llorando dormida, y aunque no me hubiese visto, sentía aún un fuerte nudo en la garganta.

Mientras bajaba las escaleras sentí como si entrara en un ansiado segundo aire. Escalón por escalón me convencía a mí misma que tendría un buen día. La idea me gustó tanto que salté sobre el último escalón, para caer y sentir el dulce aroma del desayuno.

Debería pensar en disfrutar las cosas mientras pueda...

- Sí, yo nací para esto - Me enfilé a la puerta con una sonrisa.

Camino sin voltear hacia cualquier lado, la vista al frente y un andar firme y fluido. Eso llama la atención de muchas personas, demuestra la seguridad y confianza que tengo en mí persona. Llámalo soberbia, incluso arrogancia, al final no hago daño a nadie.

El instituto mora en la tranquilidad, un ciclo sin fin. Al abrir las puertas de mi salón de clases me encuentro con amistades y conversaciones completamente ajenas, yo sólo estoy interesada en la parte que me corresponde, mi lugar junto a la ventana, al final de todo.

- Buenos días - Escucho tras de mí apenas tomo asiento.

Es raro cuando el clima cambia de pronto y nadie lo nota, esa vez me había atrapado. Sentí que mi mirada se había perdido en no sé qué, pero tuve que agitar un poco mi cabeza para recuperar el sentido.

- No tienes frío? - Me preguntas, actúas cómo si no te importara.

- Sólo un poco - Lo haces demasiado cómo para no haberme dado cuenta ya - Creo que ya me acostumbré.

- Te enfermarás - Volteas al cielo, pretendes saber lo que vendrá después - Y mañana seremos nosotros los que cargaremos con los caprichos de tu resfriado.

Aún no terminas de hablar y ya te pones de pie. Te quitas tu abrigo, ese horrendo abrigo verde que forma parte de tu uniforme escolar, y torpemente intentas cubrirme del frío con él. Antes de que pudiera decirte cualquier cosa tú ya te encontrabas cruzando la calle hacia una pequeña cafetería, llena de gente falsamente ocupada, usando sus computadoras y hablando un sinfín de tonterías. Pocos minutos después ya volvías con un par de vasos con lo que parecía ser café (Obviamente...).

- Toma - Me acercas el pequeño vaso.

- Qué es? - Clavo mi mirada en mi vaso, lleno de un humeante líquido de un color más claro que el que tiene el café.

- Sólo la gente falsamente ocupada bebe café, no?

Cada vez más te adelantabas a mis palabras, y a mis pensamientos. Comenzaba a sentirme cómoda y, extrañamente, feliz. Un pequeño copo de nieve se posó sobre el vaso, un segundo después ya se había derretido. Bebí un sorbo mientras me recargaba sobre ti, sólo te acomodaste. Chocolate.

- Qué quieres que haga? - Mi pregunta te extraña, aun así no mueves ni un músculo.

- Sobre qué?

- Sobre ti... - Cierro los ojos, el ambiente fácilmente me arrulla - Para que seas así de tierno todo el tiempo.

- Oh - Siento cómo pasas uno de tus brazos sobre mí, me es difícil seguir escuchándote - Despierta.

- Cómo dices?

- Sólo tienes que despertar...