ENTRE NUNCA Y JAMÁS

(Neverland)

Capítulo 2.

- "Natsuki tienes visita"

- "Mmm"

- "Es Nao-chan" - ¿Qué demonios quiere en mi casa esta mujer? ¿No le basta con verme todos los días en la oficina?

- "Dile a la araña que por favor regrese otro día, es más, si no la vuelvo a ver tanto mejor..."

- "Dramática" - Pero ya era muy tarde, la muy zorra estaba en mi habitación - "¿Qué te pasa, estás otra vez en tu periodo?"

- "Deja de joder" - Hundí más mi rostro en la almohada, no quería saber nada de la vida.

- "Ya casi anochece, cámbiate"

- "Para qué"

- "¿Cómo que para qué?" - Cuestionó mientras proyectaba todo el peso de su humanidad sobre mi colchón - "Vamos a salir de juerga"

- "No inventes, no tengo ganas"

- "¿Qué te pasa?"

¿Y qué era lo que me pasaba en realidad? Muchas cosas, primero el enterarme de que mi vecino y el objeto de mis afectos, se encontraban en una relación clandestina, segundo el hecho de que la mujer prácticamente me sometiera en su oficina para evitar habladurías sobre ello y tercero... No sé, probablemente me encuentro muy confundida entre si amarla, dejarla ir o simplemente pegarme una mega borrachera con Nao. Cierto, ¿por qué me caliento la cabeza con estas cosas? ¿Acaso es mi problema? ¿Es a mí a quien deben importarle este tipo de asuntos? ¿Soy yo quien debería tener la consciencia intranquila por todo el embrollo? Me recosté sobre el brazo para aceptar la propuesta realizada por la pelirroja pero para cuando me di cuenta, ella estaba husmeando entre mis pertenencias en el buró junto a la cama.

- "Fujino Viola" - O-oh - "¿Quién es?" - Preguntó Nao con una sonrisa tan simpática, que no sabía si reír con ella o pegarle un madrazo por chismosa.

- "¡Nadie!" - Le arrebaté la tarjeta de la mano a gran velocidad.

- "Uy" - Volvió a sonreír, lo que me recuerda qué fue lo que vi en ella cuando nos conocimos - "Calma Kuga, vamos a salir"

- "Hecho"

Así fue como después de un regaderazo rápido, una muda cualquiera de ropa y algo de dinero en el bolsillo, me dispuse a seguir el sabio consejo de mi mentora. Nao no era partidaria de las motocicletas, así que prefirió que salgamos en su ridículo Smart, vehículo que su padre le comprara en cuanto terminó contaduría. Eso fue para cuando acabó la carrera, porque antes tenía un viejo Sentra. No tenía idea de a dónde me llevaría mi compinche, pero tampoco me importaba en realidad, lo único que quería era salir y despejar mi mente de pensamientos que no involucraran a la ingeniera, cosa que por cierto acabo de hacer, dios soy todo un fracaso en esto de distraerme.

- "Llegamos"

- "¿Qué lugar es este?"

- "Un nuevo bar, me han dicho que está coqueto" - Coqueto, palabra muy utilizada en el extraño mundo de Nao - "Vamos Kuga, quita esa cara que no estamos en un entierro..." - Sonrió con picardía y prosiguió - "Todavía"

- "Cerda"

Para mi sorpresa este era un bar hétero lo cual me indicaba que a pesar de que Nao me había confesado que quería bailar con alguna chica, en realidad no quería presionarme a hacer algo con lo que yo no estuviera de acuerdo. Eso es ser una buena amiga, me pregunto por qué lo nuestro no funcionó.

Nos acercamos a la barra y pidió un par de cervezas, mientras esperábamos comenzó a bailar conmigo ignorando mis protestas iniciales. Luego de acabarnos la primera ronda un mesero se aproximó hacia donde estábamos y al mismo tiempo que le entregaba a la pelirroja otro par de frías, le dijo algo al oído a Nao. La araña alzó la vista hacia donde un par de mujeres se encontraban y sonrió con malicia, por supuesto, al no tener mis lentes conmigo yo no vi ni de quién se trataba ni comprendí qué era lo que pasaba.

- "Vamos Kuga" - Me habló Nao - "Parece que siempre sí vamos a tener el privilegio de gozar de compañía femenina esta noche"

- "¿Cómo?" - Me jaló del brazo y me llevó hacia una de las mesas que se encontraban cerca de la pista de baile, donde ahí inició su movimiento.

- "Buenas noches, gracias por el gesto" - Esta hasta ronronea cuando quiere.

- "Siéntense por favor, no se queden ahí" - La anfitriona se dirigió a Nao pero me veía a mí, la reconocí como la hija de Fujino, la chica que me diera su número por la tarde.

- "Perfecto" - Respondió Nao, quien dándose cuenta de que la invitación no iba hacia ella sino hacia mí, me dejó el lugar que estaba junto a Viola mientras que ella prefirió abordar a su compañía - "Soy Yuuki Nao y ella es..."

-"Kuga-han" - La interrumpió Viola, cuyos ojos negros brillaban como los de los gatos en la oscuridad.

- "Hola Fujino-san" - Saludé con cortesía a la castaña quien me sonreía con alegría.

- "Hola" - Oh dios, esa mirada ya me la sé - "Dime Viola" - Ahora me agarró la rodilla bajo la mesa mientras que le presentaba a su amiga a Nao - "Ella es Alyssa, viene de visita desde Inglaterra"

- "Gusto en conocerles" - Respondió la rubia ojiazul con un acento gaijin.

- "Puedes llamarme Nao" - Puedes llamarme mamá, ¿qué coños estoy haciendo con estas tipas?

- "¿Y yo?" - Me miró intensamente la castaña - "¿Puedo decirte Natsuki?"

Abrí la boca pero Nao no me dejó responder, puesto que la araña le dijo que me llamara como le diera la gana, que a mí los protocolos no se me daban. ¿Amiga yo? Así fue como intimamos con nuestras respectivas compañías, Viola, quien decía que regresaba de un intercambio estudiantil que la universidad de Japón realizó con una prestigiada universidad de Inglaterra. Ahí conoció a Alyssa y en cuanto tuvieron su primer periodo vacacional, decidió invitarla a su tierra para que conozca la cultura oriental.

Viola era una joven menor que yo, de hecho creo que era menor que Nao, exactamente su edad no me dijo pero si todavía estudia la carrera y le falta para acabarla, quiere decir que ha de rondar los veinte con un poco de suerte. Me hubiese encantado que hablara mejor de su madre pero casi no se refirió a ella para nada en toda la plática, se dedicó a tener una conversación superficial con Alyssa y Nao sobre la vida de occidente, sobre sus viajes, sobre moda, sobre la farándula, sobre todas aquellas cosas que me entusiasmaban tanto o más que un día de campo en casa de los abuelos. Pero soy cruel, los abuelos al menos tienen anécdotas más interesantes de qué hablar, además Fuuka es único a pesar de ser un pueblo.

Nao no perdió más tiempo y decidió sacar a bailar a Alyssa a la pista, Viola buscó mi mirada pero supe esconderla bien entre mis cabellos. Odiaría tener que rechazarla si es que a ella se le ocurriera la loca idea de que les siguiéramos a esas dos. Pero mi actitud escabullida no mermó el ímpetu de la joven castaña en ningún momento, es más, una vez a solas acercó su silla todavía más y comenzó a hablarme.

- "Esperé tu llamada toda la tarde" - ¿Ah? - "De verdad" - Me sonrió pero había algo de tristeza en sus ojos, me sentí culpable de ello así que caí en su juego.

- "Yo no te conozco" - Y era cierto, no suelo ser sociable y menos con gente que acabo de tratar, sin mencionar que ella era la hija de mi jefa.

- "Pero me puedes conocer" - Anda, tú - "Natsuki de veras que me gustas mucho, creerás que estoy loca por haberte dado mi teléfono así de la nada, pero no" - Ahora la joven posó su mano sobre la mía para hacer el efecto más dramático - "Dame una oportunidad" - Busqué desesperadamente la cara de Nao, pero ésta estaba más que entretenida con la gaijin - "Por favor" - Cuando iba a responderle, Viola me besó.

()()()

- "¡Baja la velocidad por el amor de dios!"

- "Tranquilo jefe, ni siquiera he llegado a cien kilómetros por hora"

- "¡Para, para!"

Me orillé en la carretera con rapidez, tan sólo para observar el cómo Sakomizu vomitaba hasta sus intestinos por la ventanilla de la camioneta. Revisé en la guantera y encontré un rollo de papel en ella, en cuanto Sakomizu concluyó con su gástrica acción, le ofrecí el papel higiénico para que se aseara y no diera un aspecto más terrible del que ya poseía. Chequen nomás, cabellera afro, aspecto de marihuano, anteojos redondos y pequeños, vestidura gabacha y aparte, borracho. No, Sakomizu parecía todo menos un agrónomo, siempre creí que él era más del lado de los biólogos.

Sakomizu tiró el asiento del copiloto hacia atrás en un vano intento por recuperar el aliento, le ofrecí un poco de mi agua embotellada y la aceptó... Para vomitarla por la ventana a los dos minutos. No pude menos que reírme, el cuadro era en realidad muy jocoso, pocas veces tenía la oportunidad de salir de la oficina y muchas menos, con el equipo de trabajo alcoholizado. Razón por la que ellos decidieron entregarme las llaves del vehículo en caso de atravesar algún retén policiaco y no tener algún problema con la justicia, al ser empleados del gobierno y andar borrachos.

- "Kuga-kun eres el diablo" - Comentó Sakomizu una vez que se recuperó de la última arcada - "Si Kuga-san te viera"

- "Seguro se reiría conmigo" - Solté entusiasmada, todavía estaba animada después de lo de anoche.

-"¿Por qué siento que hay algo diferente en ti esta mañana?" - Me vio suspicaz.

-"No sé, tal vez porque no se te ha bajado la borrachera" - Arremetí hacia su estado alcohólico - "¿Por qué no nos quedamos en la oficina si te sentías tan mal?" - Cuestioné - "No es que la medición fuera de Tokio urgiera mucho"

-"Ah, sí" - Se vio en el espejo - "Pero si la ingeniera nos viera en este estado no tardaría mucho en sacar conclusiones" - Yamada también está crudo, sólo que él sí se tuvo que quedar en la oficina - "Es una mujer muy astuta"

- "A quién se le ocurre beber a media semana" - ¿Sí verdad?

- "Era un compromiso inevitable Kuga-kun" - Sí claro, organizar la despedida de soltero de Takeda, hasta parecen viejas - "Algún día lo entenderás" - Ya empezó, debería pisarle al acelerador para que tenga la boca llena y deje de estar diciendo sandeces - "¿Cuándo piensas sentar cabeza niña?"

- "¿Eh?" - Tiene que estar bromeando - "Estoy joven inge"

- "Tanto mejor Kuga-kun, mientras más joven comiences más personas conocerás en el largo recorrer de esta peregrinación que es el vivir" - Dios mío, está repedo este cabrón, lo bueno es que ya casi llegamos.

Estacioné la camioneta en la puerta de la planta, saqué los instrumentos de la caja que se encontraba en la cama de la camioneta y esperé pacientemente a que el equipo terminara de vomitar en la carretera. Claro, cuando ellos terminaron, llegaron a la conclusión de que lo mejor era que yo hiciese el trabajo físico pues no querían contaminar el agua con sus fluidos gástricos, pero yo no entiendo qué tanto andan expulsando si se la han pasado las dos últimas horas vomitando. Sospecho que terminando aquí voy directito al hospital para que les den suero.

Pero no sólo hice el trabajo físico, también realicé las mediciones, los cálculos y revisé las hojas de los gráficos que la gente de la planta llenaba diariamente. Sakomizu no se metió para nada, sólo hizo la finta y habló con el supervisor de área aparentando que lo sabía todo, cuando en realidad no sabía ni en qué lugar andaba. No tardó mucho el otro en darse cuenta pero no quiso hacer más grande el asunto, así que le respondió lo que le pareció coherente y lo que no, simplemente lo evadió.

Takeda me acompañó a realizar mi trabajo, pero sólo agarraba la escalera, el cabrón no fue capaz de meterse para nada. Es más, le pedí que realizara una operación básica en la calculadora, una pinche suma, pero no, el hombre no atinaba qué dígito apesgar y terminé haciendo todas las operaciones a pesar de mi dislexia legendaria. Una vez acabado el trabajo le indiqué a Sakomizu que podíamos retirarnos, el ingeniero dio la orden y nos fuimos del lugar para el beneplácito de la gente pues ya no lo aguantaban. Si de por sí el gordito es una lacra sobrio, nomás imagínenselo borracho.

No había avanzado ni dos kilómetros cuando a alguien se le ocurrió la brillante idea de parar en el poblado más cercano y quitarse la cruda con un par de cervezas. Todos estuvieron de acuerdo menos yo, puesto que ni estaba cruda, ni se me antojaba mucho entrar a una cantina de mala muerte a ver meseras gordinflonas y oler orines. Pese a mis quejas, la decisión fue unánime, así que paré en una cantina de pueblo para que los borrachos le siguieran. Tampoco crean que escogí el lugar más corriente que vi, traté de que al menos tuviera buena pinta por fuera, ya saben, la tipa en la copa de logo en la pared y un piso de cemento en donde parar el vehículo.

Ni siquiera me dieron tiempo de nada, tan sólo apagué el motor y me jalaron al interior del recinto para comenzar con la celebración. ¿Cuál celebración? Probablemente, haber escapado de lo que sería una carajiza segura por parte de la ingeniera. En cuanto entré el gorila de la puerta me vio medio extraño y no lo culpo, dudó si era un hombre muy femenino o una mujer muy tosca. Para que me entiendan, todos estos viajes los realizo con un paliacate en el cabello, puesto que no me gusta que el polvo y el sol me lo arruinen; aparte, uso siempre camisas de algodón de manga larga y no es que mis atributos frontales sean muy generosos. Súmenle a mi indumentaria de trabajo unos pantalones de mezclilla, un par de botas industriales y cero maquillaje y tienen ustedes a Natsuki-kun. No es que mi cuerpo pasara por masculino, todas las mujeres tenemos caderas pero eso no le importó a una de las meseras quien no me dio vida desde que entré.

- "¡Hey chica, siéntate en las piernas de Kuga-kun!" - Joder, están fastidiándome la vida por lo de mi broma de pisarle al acelerador en la carretera.

- "Conque Kuga-kun" - Me miró la mujer de reojo, le devolví la mirada con frialdad, que no es que no se haya dado cuenta de que era una mujer.

- "Sí" - Acompletó Sakomizu - "Kuga-kun es virgencito, nadie lo ha estrenado aún"

-"¡Sakomizu!" - Grité abochornada.

- "En ese caso, creo que está en edad de merecer" - Susurró en mi oído con toda la intención de sentarse en mis piernas.

-"¡No te atrevas a ponerme un dedo encima!" - La empujé de golpe y todos los compañeros echaron a reír al unísono. Graciosos.

En cuanto los compañeros consideraron que era una hora prudente, pagaron la cuenta y nos regresamos a la ciudad. Sakomizu me pidió que los dejara en un paradero para que no tuvieran que llegar a la dependencia y que les vieran en tal estado o sea, borrachos todavía. Me pidió de favor que dejara el vehículo en el hangar y los documentos en su escritorio, mañana los revisaríamos con más calma y con resaca. Hice lo que me pidieron, regresé a la oficina para dejar los papeles y recoger mis cosas para ir a casa. Eran algo así como las ocho de la noche, sabía que a esa hora nadie estaría en la oficina más que el policía, así que con la seguridad de encontrarme sola anduve por el recinto como Juan por su casa. Dejé las llaves de la camioneta en mi cajón y me disponía a apagar las luces del departamento, pero una voz con un acento característico de Kioto me sacó de concentración.

- "¿Kuga-han?"

- "Ingeniera Fujino, me asustó" - Casi me mata del susto, de hecho.

- "Creí que no quedaba nadie en la oficina"

- "Recién llego, vine a dejar unos papeles en el escritorio de Sakomizu y ya me iba"

- "¿Y por qué no los dejó él?" - Diablos, no se le va nada a esta mujer.

- "Tuvo una urgencia en su casa y me pidió de favor que yo me encargara de regresar la camioneta" - La ingeniera torció la boca en señal de indignación, algo me dice que no me creyó del todo - "¿Algo más ingeniera?" - No quise sonar grosera pero el tiempo pasaba rápido y Mikoto seguro ya cenó.

- "¿Tienes vehículo?" - ¿Me quiere llevar?

-"Sí" - Idiota, aquí se supone que debiste decir que no - "Una Kawasaki"

-"¿Una motocicleta?"

-"Sí" - Mi orgullo nacional.

-"Es muy tarde" - Miró su reloj de pulsera - "Te llevo a tu casa"

-"No hace falta inge, de veras"

-"Dame cinco minutos, espérame en el auto"

Dicho esto último se dio la media vuelta y se encerró en su oficina, me supongo que a esta mujer un no por respuesta, le resulta inválido. No muy convencida de lo que iba a suceder me dirigí entonces hacia el estacionamiento en búsqueda del vehículo de la jefa, la dependencia le tiene asignado una EcoSport del año para su uso personal. Me senté en la defensa trasera de la SUV y pacientemente esperé a que la mujer saliera de la oficina, les aseguro que cinco minutos no fue el tiempo que estuve parada. En cuanto vi que las luces se apagaron, supe que ella estaba viniendo hacia acá, no pude menos que ponerme muy nerviosa, nuevamente me sudaron las manos e inexplicablemente me temblaron las rodillas.

La ingeniera abrió los seguros eléctricos con su llave y me indicó que abordara el vehículo para iniciar el viaje a casa. Estando adentro de él le iba a dar la ubicación exacta de la casa pero luego recordé que eso no iba a ser necesario. Ella ya sabía a dónde ir.

-"Yamada estaba crudo" - O-oh - "Me imagino que tu jefe también"

-"No me fijé de eso" - Mentí pésimo, estaba demasiado nerviosa como para pensar en algo plausible.

-"¿De verdad?" - Me miró con incredulidad y siguió manejando - "Eres increíble" - Giró la cabeza en un gesto de negación y supe que la había decepcionado.

-"Son mis compañeros" - Mascullé.

-"Soy tu superiora"

- "Le dije antes que los chismes de oficina no son lo mío" - Esto último pareció llegarle, porque dejó el tema de lado y mejor se dedicó a conducir.

Luego de eso no dijimos nada, prendió la radio del vehículo y nos mantuvimos en perfecto silencio. Traté de distraer mis ojos en otra cosa que no fuese ella, miraba hacia la calle, el cambio de las luces del semáforo, el juego de luz y sombras del panorama, el brillo de sus labios, su serena expresión cuando está concentrada, sus dedos largos y delgados sobre el volante, sus hermosos ojos escarlata. Nunca debí fijarme en esta mujer, jamás ella me verá de la misma manera.

En un momento de distracción, noté que la ingeniera había soltado su cabellera del peinado alto que tenía hasta apenas unos minutos. Quizá fue un movimiento involuntario, quizás sintió calor. El punto era que ahora, con ese hermoso cabello castaño suelto y con la ventanilla del vehículo abierta, la jefa tenía un aspecto tan salvaje como majestuoso. Tragué saliva tratando de evitar el tren de pensamientos que en mi calenturiento cerebro habían, para regresar mi vista al frente. Me conformé entonces con sentir el olor del interior del auto, el cual estaba minado en la fragancia de ella pero no conté conque mi momento de adoración sería interrumpido por el discorde sonido de mi móvil.

- "¿Sí?" - Contesté.

- "¿Natsuki?" - ¡Viola! - "Me da gusto escuchar tu voz"

- "A mí igual" - ¿Quién te dio mi número?

-"Perdona que haya hecho esto pero es que la verdad si me siento a esperar a que me llames me podrían salir raíces" - Te creo - "Nao-san me ha dado tu número" - Claro, quien sino ella - "Escucha lo de anoche..."

- "No te preocupes por eso" - Corté el tema, no es que quisiera discutir mi vida amorosa delante de la ingeniera, que además de ser el objeto de mis afectos resultaba ser mi futura suegra.

- "Entonces, ¿no te importó?" - ¿Que me hayas besado de la nada delante de más de cien desconocidos? No, para nada.

- "Sólo no vuelvas a hacer algo como eso tan de repente"

- "Prometido" - Casi me la imaginé sonriendo - "Escucha" - Me va a invitar a salir - "Mañana Alyssa y Nao saldrán de compras a Shibuya" - De flojera - "Me preguntaba si podríamos ir todas juntas" - Jamás.

-"Lo lamento, pero trabajo hasta muy tarde" - Dicho esto último Viola emitió un sonido gutural de decepción al otro lado de la línea.

- "Es una lástima" - No soporto ir de compras, me aburro - "Oye" - No se rinde la joven - "¿Te gusta el béisbol?" - O-oh, mi talón de aquiles - "Tengo unos boletos para el juego de mañana en la noche..." - ¡Ah, estamos en post temporada! - "Me preguntaba si tú..." - Los Gigantes de Yomiuri contra los Tigres de Hanshin, el clásico de clásicos.

- "Acepto"

- "¿En serio?"

-"Sí, dime a qué hora y dónde te veo"

-"No son en un lugar preferencial"

- "No importa, tú dices"

El tono de su voz fue mucho más alegre a partir de que acepté su invitación para ir al juego de mañana. Viola estaba feliz y yo estaba que no me la creía, iba al clásico y sin pagar, ¡genial! Una vez quedado de acuerdo Viola me deseó buenas noches y cortamos la llamada y fue hasta este punto en que descubrí que Fujino me veía con aquella misma sonrisa misteriosa del día de ayer. Me encogí de hombros y ella comenzó a jorobarme debido a mi interacción con quien ella desconocía, fue su hija.

-"Se la has puesto difícil"

-"Es una amiga, nada del otro mundo ingeniera"

-"Una amiga que te ha marcado y se ha tomado sus buenos quince minutos en conseguir una cita contigo"

-"No es una cita" - Protesté - "Vamos al béisbol" - Idiota, no debiste decir a dónde ibas.

- "¿Béisbol?" - Enarcó una ceja y me vio con curiosidad - "Qué coincidencia" - O-oh - "Viola estuvo insistiendo mucho en que le consiguiera unos tickets para el juego de mañana en el Tokyo Dome"

- "¿Qué cosas, no?" - La mentira, el último recurso de los perdedores - "Es el clásico" - Traté de explicar.

-"No sé, a mí no me gustan los deportes" - Hizo una pausa - "Juraría que a mi hija tampoco"

-"Siempre hay una primera vez"

-"Supongo que sí"

Desafortunadamente nuestro corto diálogo fue suspendido debido a que después de un viaje de cuarenta y cinco minutos, habíamos llegado a la casa. Me bajé del auto y le di las gracias a la ingeniera, poco me faltó para preguntarle si ella pararía enfrente o se iría a casa, preferí mejor no voltear y entrar al hogar que compartía con la pelirroja y con el monstruo come galletas. Cerré la puerta de la casa y estaba segura de que la EcoSport, seguía todavía por ahí. Sí, definitivamente, la ingeniera no volvería esta noche a dormir a su casa.

()()()

No pude dormir toda la noche, me sentía intranquila y no sabía por qué. Di tantas volteretas por el colchón cual gata en celo, no sé, quizás fue el calor. Desperté demasiado temprano, tenía cierta curiosidad, quería ver si la camioneta de Fujino-buchou seguía en la puerta, saldría de la casa con el pretexto de sacar la basura para no levantar sospechas. Así lo hice, con bolsa en mano y toda la cosa, me dirigí a la entrada aún con pijama, quería corroborar de una buena vez por todas que lo que había entre la ingeniera y mi vecino era real. Cual fuera mi sorpresa que al salir, no encontré ni la EcoSport ni el Mini, sino al rubio oxigenado.

- "Buenos días vecina" - Me saludó con cortesía.

- "Uh, buenas" - Alcancé a responder, casi tiro la bolsa en el piso y no en el bote como se suponía que pasaría.

- "Nos hemos visto antes, ¿cierto?"

- "En algunas ocasiones" - Al chico lo he visto cuando me he quedado hasta tarde en el garaje a reparar la motocicleta, no pensé que él me hubiera pillado.

- "Tate Yuuichi" - Me ofreció la mano al saludarme.

- "Kuga Natsuki" - La estreché.

-"Lo sé" - Me sonrió - "He escuchado tu nombre cuando la bella pelirroja te llama desde la cocina" - ¡Qué vergüenza! - "¿Son primas...?" - Se atrevió a adivinar.

- "Compartimos la renta" - Expliqué secamente, que darle información de ese tipo a un desconocido no es nada recomendable.

- "Ya" - Sacó de su bolsillo un cigarrillo y me preguntó si quería.

- "No gracias, lo he dejado"

-"Oh" - Lo encendió - "¿Se enoja tu novio?" - Sonrió con casualidad.

- "Es un vicio muy caro" - Ante mi respuesta el chico emitió una carcajada.

- "A mi tío le molesta el olor a cigarro, por eso fumo fuera de la casa" - ¿Su tío? - "Reito es mi tío" - ¿No es su novio? Eso arruina totalmente mi teoría del solterón maduro - "Estuvo casado con la hermana de mi mamá, cuando mi tía se murió mi madre quedó destrozada, creo que todos..."

De la nada y por nada, Tate comenzó a relatarme su historia familiar, aquella que nunca pensé que me enteraría, sobre todo tratándose de una persona tan misteriosa como lo era Kanzaki. Tate me confesó que tenía muchos problemas de conducta en Osaka, por eso su madre le envió una temporada a Tokio a terminar la universidad pero siendo vigilado celosamente por Kanzaki, su tío. En la mañana asiste a sus clases del colegio, en las tardes trabaja en una tienda de autoservicio para pagarse sus gastos. Aunque Kanzaki se ofreció a ayudarle con sus estudios, él no ha aceptado tal ayuda, dice que con el tan sólo hecho de que le de un techo y un plato de comida al día, ha hecho más que suficiente.

Pues vaya con Reito, que cada día que pasa me convenzo de que es un buen partido y que no dudo el por qué la ingeniera esté enamorada de él. Porque me imagino que lo está, ¿no? Ha de ser, ha de estar locamente enamorada de un hombre de su categoría, un hombre que te da la mano en cuanto la necesitas, quien ve por ti hasta el último de tus días, que guarda silencio, que sabe darte tu lugar. Caramba, yo no tengo nada qué hacer compitiendo contra él, no tengo ni la más remota oportunidad para ello.

- "¿Qué hay de ti?" - Indagó mientras encendía su segundo tabaco - "¿Cuál es tu historia?"

- "Trabajo para el gobierno, soy ingeniera agrónoma"

- "¿Titulada?" - Asentí con la cabeza - "Qué suerte" - No idiota, no es suerte, fue trabajo duro y constante - "Yo estoy estudiando para maestro"

- "¿En serio?"

- "En cuanto termine volveré a Osaka e ingresaré a algún colegio para impartir cátedra, ¿qué te parece?"

- "¿Cuánto te falta?"

- "Un par de años"

- "Entonces supongo que nos estaremos viendo por acá"

- "Así parece" - Movió su mirada hacia la ventana, cuando le seguí vi a la pelirroja quien nos espiaba desde ahí - "¿Cómo se llama?"

- "Tokiha Mai"

- "Mai..." - Probó en sus labios con una sonrisa muy estúpida por cierto - "¿Crees que tenga alguna oportunidad con ella?"

- "Tendrás que preguntárselo"

- "Ya" - Le hizo la mano desde donde estábamos, Mai por supuesto fingió demencia - "Bueno Kuga, me dio gusto saludarte, nos veremos un día de estos"

- "Buen día vecino"

Ese día llegué tarde al trabajo, mi adorada Kawasaki se había quedado en la dependencia acto que mi memoria borró por completo y razón por la que no consideré el tiempo para salir a buscar el autobús y evitar el retardo. En cuanto llegué, Nao hizo mucho alboroto por ello, pero todavía más cuando le dije que no saldría a su cita doble con la gaijin. Para Nao eso era un desaire, para mí era sentido común, pero siempre hemos sido de opiniones encontradas. Se calmó cuando le dije que saldría con Viola en la noche al béisbol, argumentó que no era romántico pero que tratándose de mí, era mucho.

No vi a la ingeniera en todo el día, dijeron que había salido a una comisión y que no volvería sino hasta pasados dos días. Aunque mi tristeza fue grande, algo en el fondo me hacía sentir alivio, puesto que no sabría cómo tratarla después de lo de anoche. Es decir, ella sabe que yo sé, pero eso no significa que yo lo apruebe y no podría disimular más mi molestia, ya no podría. Lo que es peor, voy a salir con su hija y no con ella como me gustaría. Dios Natsuki, tú sí que sabes enredarlo todo, ¿cómo se te ocurrió meterte con la hija del objeto de tus deseos? ¿En qué estabas pensando? Pero yo sé, estabas pensando en el clásico y en nada más.

Con jeans, un jersey del equipo y mi gorra de campeones, me despedí de Mai y Mikoto para irme al famoso Tokyo Dome, el estadio de los Gigantes. Quedé en verme con Viola en una de las entradas del estadio, fui en bus porque ella propuso que iríamos a cenar después del juego. Llegué antes, como quince minutos para ser más exactos, papá siempre me dijo que nunca se le debe dejar esperando a una dama, he seguido cabalmente su consejo. Al menos de mi parte, ninguna de mis novias puede quejarse de mí en ese aspecto, en otros tal vez, pero en eso jamás.

Viola llegó media hora después de mí, lucía espectacular. También se veía guapa en el antro la otra noche, pero de noche todos los gatos son pardos, en cambio ahora a la tenue luz del crepúsculo, se veía muy atractiva. Casi se me olvida que a la que amaba era a su madre, casi. Llegó con una blusa corta y sisada, su busto era casi tan prominente como el de la ingeniera sin embargo el escote de Viola enseñaba una vista todavía más generosa. Tenía un pantalón de cadera y un piercing en el ombligo que brillaba a la distancia, pero lo que más me sorprendió fue que al saludarme, tenía otro en la lengua.

- "Perdón se me hizo tarde" - Se disculpó al verme.

- "No importa, el partido aún no comienza"

- "Entonces entremos que supongo que no querrás perdértelo por nada del mundo" - Así es - "Andando Natsuki" - Me jaló del brazo y entramos al estadio así, ella agarrada de mí - "¿Quieres tomar algo?" - Preguntó una vez que nos sentamos, había abierto su bolso en búsqueda de dinero pero se lo impedí.

- "Estoy bien de veras, espero hasta que acabe el juego"

- "¿Cuánto tarda un partido de béisbol?" - Casi me río de eso - "¿Algo similar al del futbol?"

- "No" - Meneé la cabeza - "A veces puede tardar muchas horas"

- "Oh" - Bajó el rostro y entendí que su intención nunca fue la de pasar más de un par de horas en el estadio.

- "Si gustas, nos vamos antes de la séptima entrada" - Enarcó una ceja casi como lo hace Fujino - "Tal vez sean dos horas, tal vez menos"

- "¿No te molesta perderte el juego?"

- "Ya has hecho mucho sacrificio al venir a él, no sería justo para ti aguantar algo que ni te gusta" - Viola se sonrojó, no entendí por qué pero me dio las gracias, iba a preguntar pero fuimos interrumpidas.

- "¡Yo Kuga!" - Tú otra vez - "Hey tío mira, Kuga tiene novia"

- "Tate" - Pronuncié con desdén, que ver al tío y al sobrino me producía muchas náuseas - "Respeta a la señorita Fujino por favor" - Exigí.

- "Buenas tardes vecina" - Saludó con propiedad Kanzaki - "Disculpa al maleducado de mi sobrino, quiere ser maestro, ¿puedes creerlo?" - Ambos nos echamos a reír, mientras el rubio oxigenado hacía muecas - "Oh" - Abrió más los ojos Kanzaki al notar mi compañía - "Fujino-san, un placer" - Le ofreció una reverencia con educación y obligó al rubio a que bajara la cabeza también.

- "Kanzaki-han, ahora recuerdo" - Saludó Viola - "Te vi ayer con Natsuki cuando visité a mamá en el trabajo" - Viola no pudo evitar pasarme el brazo en el hombro cuando dijo esto, Reito sólo sonrió ante ese gesto.

- "Parece que Natsuki-kun y yo nos encontramos muy a menudo" - Él me sonrió y yo le correspondí, ahora ambos teníamos un secreto compartido, un pacto silencioso donde ninguno le revelaría ni a la madre ni a la hija, que éramos el objeto de sus afectos.

- "¿Quieren cerveza?" - Preguntó Tate - "Iba a comprar para mi tío y para mí pero estoy seguro que a él no le importará el gasto extra" - Le guiñó el ojo a Kanzaki quien no parecía aprobar el comentario del sobrino pródigo.

- "Gracias Tate pero no, iremos a cenar después de esto" - Decliné con educación el ofrecimiento.

- "Qué pena" - Torció la boca muy infantil - "Por la cantidad de latas de cerveza que tiraste esta mañana, supuse que no te negarías" - Casi lo mato, de veras, afortunadamente para él Kanzaki intervino.

- "Yuuichi, ¿no ves que Natsuki-kun está acompañada?" - Le dio un zape - "¿Cómo se te ocurre que bebería contigo estando con una señorita tan educada?"

- "Yo nomás decía" - Repitió el puchero - "Oye Kuga" - Me habló antes de irse por sus bebidas - "Me debes una invitación y si puedes traer a esa bella pelirroja contigo estaremos a mano"

- "Vete al diablo Tate"

No me quedé hasta la séptima, de hecho Viola sólo aguantó hasta la tercera entrada o quizás debería decir que la que no aguantaba era yo. Su ignorancia en cuanto a las reglas del juego y sus incesantes preguntas aminoraron mis deseos de seguir en el estadio. Así que salimos a cenar después de quitarnos de ahí, como ella había visto por los boletos del partido le dije que la comida correría por mi cuenta. Pero recordemos que soy una empleada de gobierno, mi sueldo es de lo más bajo que haya en esta vida, así que a un restaurante lujoso no fuimos, sino a una fonda de comida no muy lejos de ahí. Pensé que me botaría en ese momento pero al parece le causó gracias mi elección, fue divertido estar ahí con ella en ese momento.

Viola hizo muchas preguntas, sobre todo referente a Mai, preguntó con habilidad sobre la relación que mantenía con la pelirroja, desde cuándo nos conocemos, si compartíamos algo más que la casa. Cosas de ese tipo, pero al parecer mis respuestas fueron satisfactorias o eso pensé, porque ella pidió conocer a Mai en cuanto pudiera. Terminamos de comer y le pedí de favor que termináramos la cita hasta ese punto, mañana había trabajo y no quería otro retardo. Viola se ofreció a llevarme pero no accedí, sin embargo si algo le había heredado a la ingeniera era que ella tampoco aceptaba un no por respuesta.

- "¿De verdad pensaste que te dejaría ir sola?" - Preguntó a medio camino, cuando notó mi incómodo silencio.

- "Puedo cuidarme sola"

- "Yo te invité a salir, sería una falta de educación si te dejara sola en esto"

- "He estado sola mucho tiempo, lo he hecho bien sin ti, ¿sabes?"

- "Pero ya no más" - Paró el auto y me temí lo peor, porque este rumbo no era nada parecido al de mi casa - "Porque ahora estoy contigo" - Me tomó la mano y la besó - "¿Entiendes?"

- "Viola..."

- "Déjame terminar" - Suspiró - "No te quiero presionar, sólo te pido que lo pienses, ¿vale?" - Viola me sonrió, con aquellos hermosos ojos que eran diferentes a los de su mamá, pero no por eso eran menos intensos.

- "¿Sabe la ingeniera que tienes perforaciones en el cuerpo?" - Lo sé, cambié el tema drásticamente pero era lo mejor que pude hacer.

- "No" - Me sonrió con picardía - "Pero ese será un secreto entre tú y yo"

- "Está bien" - Respondí con ligereza - "Sé guardar secretos" - De hecho, estoy guardando muchos.

- "¿Quieres saber otro secreto?" - Asentí con la cabeza, sin dejar pasar el hecho de que sus ojos estaban demasiado redondos y curiosos - "Creo que me he enamorado de una mujer"

- "¿En serio?" - Pregunté con escepticismo.

- "No le digas a mamá, ¿vale?" - Nunca haría eso, menos a ella.

Iba a gastarle una broma, fastidiaría a Viola para que se le quiten las ganas de hacerme guardar secretos pero en cuanto me animé a hacerlo, ella ya estaba cerca de mí. Tragué saliva, no podía moverme, con sus ojos clavados en los míos me veía inmovilizada cual ratón ante una serpiente, me tenía arrinconada y ella lo sabía. Sabía que era inevitable que dejara que me besara, el ambiente era propicio, sólo faltaba que nuestros labios se unieran y que ella utilizara en mí ese sexy piercing que tenía en la lengua. Poco faltó para que sus intenciones se llevaran a cabo pero muy oportunamente, su teléfono comenzó a sonar.

- "Diantres" - Masculló - "¿Sí?" - Se echó en su lugar con frustración, mientras jugaba con un mechón de sus cabellos entre sus dedos - "¿Qué pasa mamá?" - Aunque no entendía lo que la ingeniera le decía, sí pude escuchar su voz desde mi lugar - "No, no estoy en la casa" - Comenzó a golpear el volante en señal de fastidio - "Con una amiga, te dije que iría al juego de pelota" - Béisbol, béisbol - "Ya te dije que no mamá" - ¿No qué? - "Mira, te hablo luego ¿sí? Estoy conduciendo y sabes cómo se ponen los polis cuando te ven con el móvil" - Viola se despidió de la ingeniera y quedó en silencio unos segundos, luego arrancó el motor del auto y empezó a sollozar.

- "Te he causado problemas" - Hablé después de un largo silencio.

- "No Natsuki, ¿por qué piensas eso?"

- "Mira, si esto te ocasiona problemas con tu mamá podemos dejarlo y ya" - Me crucé de brazos y ella volvió a detener el auto.

- "Natsuki" - La miré, luego me besó rápido - "No"