ENTRE NUNCA Y JAMÁS
(Neverland)
"Emperatriz de Arashiyama que te escondes entre los bosques de bambú,
Ven a mí que hay luna llena, ven a mí flor de la verdad.
Abre tus pétalos, sosiega con tu néctar divino mi eterna soledad,
Abre tus ojos ¡Oh perfecta hija de Amaterasu!
Y calienta mis fríos inviernos, mi Crisantemo otoñal"
Capítulo 8.
Cuando era una niña solía pasarme las horas en el regazo de la abuela mientras ella amenizaba nuestras tardes con sus cantos y con sus historias. La abuela era una mujer que siempre, siempre, tenía una anécdota que contar, siempre había un proverbio que aprender y siempre una enseñanza que transmitir. Esa era mi abuela, esa fue mi imagen de lo que una mujer debía ser.
Mamá murió al darme a luz, su corazón no resistió el alumbramiento, así debía ser. Mi amado padre no pudo soportar la pérdida de su amada, dicen las malas lenguas que con una bala curó su dolor, dicen las malas lenguas que fue por una deuda de juego y no por amor. Crecí entre montañas y jardines, entre templos y cerezos, en donde durante el equinoccio de otoño, la belleza de tonos rojizos de la montaña era tan majestuosa, cual rayo de sol.
En el templo zen de Tenryuji fue donde le conocí, con una piel tan pálida como la nieve, de ojos esmeralda, de cabello tan negro como la noche, una deidad nocturna hecha carne me saludó. Teníamos ocho años cuando ese maravilloso encuentro se dio, teníamos doce años cuando descubrimos lo que era el amor y teníamos quince, cuando probamos por vez primera, el sabor de la pasión. El nombre de mi amada llevo en el pecho por lo que será una eternidad, mas su rostro casi olvido puesto que en la Tierra ya no está más. Un nicho de encuentros fue Kioto para mí, un lugar de derrotas y de sinsabores me quedó de él.
En mis juegos infantiles mucha gente me rodeó, pero fueron un par de ojos almendra, un cabello castaño y bellos hoyuelos en el rostro; mis amigos de verdad. Mi hermana mayor vio por mí cuando mamá murió, pero, ¿qué más podía hacer ella a tan corta edad? Viola no era mucho más mayor que yo, sin embargo era mi oneesama, mi amiga, mi confidente, a quien le contara sobre mi primer y único amor, en cuyo regazo llorara la pérdida de nuestra amada abuela, por quien gritara su nombre en el tori de Tenryuji, cuando él se la llevó.
A la pérdida de la abuela, nuestro destino cambió, Viola tuvo que casarse para pagar las deudas que mi difunto padre dejara a su muerte. Ella sólo tenía dieciséis cuando esto ocurrió, para ese entonces yo cumplía los once. Odié a aquel hombre que arrebatara mi tesoro más preciado, que se llevara lo único que me unía a mi madre, pues Viola era igual a ella, inclusive tenían su mismo aroma o eso pensaba yo, pues jamás le conocí. Pero para mí Viola era la personificación de lo que una buena madre debería ser. Siempre serena, siempre educada, frágil pero fuerte, dócil pero brava. Sí. Viola sería una excelente madre algún día.
Los años pasaron en un suspiro, pronto dejé aquella imagen de niña que poseía para convertirme en una mujer, pero no fui la única que cambió. Mi amada, mi compañera, también floreció. En sus rasgos llevaba la noche, su figura lucía perfecta, con aquel hermoso cabello largo hasta la cintura que hacía que se me subieran los colores al rostro. Su sonrisa era la más linda que hayan visto mis ojos, pero los míos no fueron los únicos que se posaron en ella. Sus padres la habían comprometido con un joven prospecto de la localidad, el joven Kanzaki. Se rumoraba que los Kanzaki venían de una dinastía más antigua que la Muromachi, pero claro, eran habladurías de pueblerinos nada más. Reito no tenía más sangre azul que un vulgar carnicero.
Lo odié como a nadie, pero ella lo amaba, lo amaba tanto como yo amaba a Viola. No podía competir con ese sentimiento, no importaba tampoco, mientras ella sólo me deseara a mí. Aún así, sabía que más temprano que tarde, la perdería ante él. Llevamos la fiesta en paz por muchos años, éramos un trío por donde se nos viera, él, como un loco detrás de ella, pretendiéndola, cuidándola, amándola con todo de sí. Pero para ella no había más sol que yo, cual crisantemo, su cuerpo giraba a donde el mío fuera, eran mis rayos los que iluminaban su sonrisa y eran mis labios los que rozaban los suyos antes de dormir. Ella era mía.
Nuestra graduación de la escuela media supuso nuestra separación, pero aún así teníamos planes para el futuro. Estudiaríamos juntas la universidad, luego de eso me la llevaría conmigo al extranjero, ahí donde nadie podría separarnos, sólo la muerte, pero nadie más. No conté con el factor sorpresa, no conté con el destino, no conté con aquellas perversas circunstancias que han rondado mi existencia desde mis días más tiernos. La vida y la muerte han jugado un rol muy importante en mi caminar, pues mi hermana esperaba con ansias su primogénito mas nunca lo escuchó llorar. Su aliento de vida eclipsó el de mi amada Viola, su llanto fue un aria de silencio, su presencia un mal augurio y su necesidad de una madre, una prioridad.
A nadie le importó si yo tenía una vida por delante, a nadie le importó si yo amaba a alguien, a nadie le importó si era lo que quería para mi futuro. ¿Una madre quería la niña? Una madre se le otorgó. Yo. A la corta edad de dieciocho años en su madre me convertí, en la esposa de Fujino como mujer y como esclava de aquella pequeña tirana me volví. ¿Y mi amada? No tardó mucho en mudarse a Tokio con su prometido, donde una elegante boda festejó. ¿Qué más podía hacer? ¿Qué podría yo ofrecerle? No podía hacerle más daño del que le hice, no podía darle un día a ella, uno a él y cinco a mi hija. Mi hija. Viola. Mi sobrina en la vida real, mi hija en la actualidad.
Recuerdo claramente aquella fatídica noche, pues en el ataúd de Viola no sólo se encontraba su cuerpo, sino con ella se encontraba mi alma. Yo no odiaba a mi hermana, ¿cómo podría? Si ella también había sacrificado su juventud por estar con ese viejo rabo verde de Fujino, todo para darme un futuro, todo para sacarnos adelante, todo para nada. Ella nunca se quejó, se mantuvo estoica y plantada ante su precaria situación, vivir al lado de un hombre que no amaba, pero que le ofreció un futuro para las dos. Pero a esa pequeña, esa criatura de ojos negros como la noche, negros como la muerte, ella jamás ganó mi simpatía. No es que tampoco se hubiese esmerado en hacerlo.
Viola creció como hija mía durante catorce años, hasta que un buen día la mentira se descubrió, mas sin embargo nuestra relación no se vio afectada, pues mala siempre había sido. Desde eso, Viola decidió vivir su vida muy aparte de la mía, cosa que le agradezco infinitamente. Pues el tenerla cerca me hacía irremediablemente el recordar todo aquello que me hacía tanto daño. Me llené de amargura, lo admito, pero una vez que Viola supo la verdad, sentí que me liberaban de un peso enorme que llevaba a cuestas, sentí que tenía nuevamente la oportunidad de vivir.
A la edad de treinta y dos años, volví a nacer. Pedí mi cambio a la ciudad de Tokio en la dependencia donde laboraba, con excusas sosas que poco me importaron, pero al ser la mujer de un hombre influyente nadie pareció protestar ante mi capricho. A Tokio entonces me mudé y no tardé mucho en encontrar a quien años atrás fuera mi mujer. Himeno. La vi en la calle y enseguida le reconocí, pero la emoción del momento me hizo obviar su fantasmal figura, su extrema delgadez y la opacidad de sus hermosos orbes. Grité, su nombre salió de mis labios y por un sólo momento, por un breve instante, sentí que era una vez más una adolescente. Cuando me miró, por un par de segundos, creí ver a aquella niña de la que me enamorara años atrás. Ella me sonrió.
Corrí a su lado, desesperada, emocionada, frenética; lo mejor fue que ella me recibió con sus brazos y sentí que el tiempo se detuvo en cuestión de segundos, mas sin embargo, la argolla en su mano enfrió mi calor. Sus ojos buscaron los míos y moría por besarla en ese momento, pero una voz masculina interrumpió nuestro reencuentro, Reito, su compañero apareció. Los años me hicieron cínica, estuve a punto de jalarla del brazo y llevármela a rastras a donde sea, a cualquier lugar, pero lejos de él. Pero Himeno no era aquella niña que conocí en Kioto, no era ni la sombra de la mujer de quien me enamorara, era tan sólo una marchita flor esperando el ocaso de su ser.
Al igual que la belleza del otoño de Arashiyama atraía a los turistas, el otoño de Himeno anunciaba su final. No sé cuántos años estuvimos así, éramos siempre nosotros tres, Himeno así lo quiso y yo no podía decirle que no. Si eso le hacía feliz no me importaba. Ella dijo que no podía abandonar a Reito pues le había cogido cariño, yo le dije que no había problema, mientras me amara a mí. Me sometí a sus caprichos pero la amaba, algo que nunca pude hacer con Viola, no pude amarla. Sus ojos negros como los de su padre me atormentaban en mis pesadillas más recurrentes. Aún teniendo a Himeno a mi lado, su llanto nocturno me despertaba por las noches y sus risas infantiles me calaban las mañanas.
Luego me enteré de que Viola había decidido vivir sola, aprovechaba la riqueza de la vasta fortuna Fujino y viajaba al extranjero constantemente. Al inicio se acompañaba de su progenitor, pero después de un tiempo, comenzó a vivir su vida por su cuenta, a ser la dueña de su destino, a obtener lo que deseaba. A Viola nada le faltó, todo se le dio muy fácil, por eso se le ha hecho una costumbre el entrometerse en el camino de los demás, a tomar lo que no le corresponde. Caprichosa es pues ella, hija de Fujino, hija de la noche, hija de nadie.
Quizás si algo tenemos en común es que ninguna conoció lo que era el calor materno, pues mi madre falleció cuando yo naciera, mientras que ella se llevó el aliento de mi amada oneesama. El orgullo y la soberbia, provienen sin duda de su sangre Fujino; pero su belleza y fortaleza, son herencia de mi querida hermana. Lo que nunca podré perdonarle a Viola, es que yo no haya podido conservar el amor por culpa suya, mientras que ella hace y deshace con sus amantes cuanto quiere, cuanto guste. Prefiero no saber de su vida tanto como ella no quiere nada conmigo, su presencia me enferma a pesar de los años, a pesar de que Himeno murió hace cuatro años.
Aún recuerdo sus últimas palabras, aquellas que sólo conmigo pronunciaba, aquellos hermosos versos que escribía para mí, todos míos; fueron también sólo míos, sus últimos segundos. Himeno murió, pero cuando lo hizo fue a mi lado y no al de Reito. Así lo dispuso, así le obedecimos. Con su delgada mano entre las mías, entre lágrimas y risas, entre la vida y la muerte; ella proclamó su amor infinito y prometió que cuando el día llegara, regresaría a buscarme. Yo sonreí con amargura, besé su frente y fue el último beso que pude darle, cerró los ojos para nunca más abrirlos para mí. Himeno murió una mañana de invierno y mi corazón, junto con el suyo, dejó de latir.
()()()
- "Buchou, diculpe" - Me interrumpió mi secretaria de mis actividades matutinas.
- "¿Qué ocurre?"
- "Una mujer está pidiendo audiencia con usted"
- "Te dije que estoy muy ocupada..."
- "Buenos días Shizuru"
- "Yohko"
- "Me imagino que no dejarás a los amigos esperando en la puerta, ¿no es así?" - Sonrió con ironía, que ella y yo no somos amigas.
- "Déjanos solas por favor" - Le pedí a mi asistente, quien cerró la puerta al retirarse - "¿Se te ha perdido algo Yohko?"
- "Nada, aquí ya ves, visitando a los amigos"
- "Kuga-han no está"
- "Lo sé" - Torció la boca - "Supe que la transferiste a otra oficina"
- "No fue decisión mía" - Miré hacia mi agenda para revisar mis citas - "La directiva consideró que había demasiada gente en la oficina y que debía haber más personal en el campo"
- "¿En serio?"
- "Al ser Kuga-han un miembro de casi recién ingreso, se le mandó a Ota"
- "¿Ota?" - Bramó - "¿Por qué mejor no la mandaste a Chugoku?"
- "Ya te dije que yo no tuve nada que ver en eso"
- "¿Lo haces por Viola o por ti?"
- "¿De qué demonios estás hablando Yohko?"
- "No comprendo si la alejas de tu hija o te evitas caer en la tentación mandándola a otro lugar"
- "Ten mucho cuidado con lo que estás insinuando Yohko, no te equivoques" - Amenacé - "A Viola no pareció importarle su transferencia y a mí me tiene sin cuidado lo que Kuga-han haga en sus ratos libres"
- "¿De verdad?"
- "Aquí la única que parece prestarle importancia al hecho eres tú" - Me levanté de mi asiento - "Estoy ocupada, mi asistente tiene la dirección de Kuga si eso es lo que necesitas para ser feliz"
- "Tengo el número de Natsuki" - Fruncí el ceño - "Puedo verla cuando quiera pero no he venido a eso"
- "¿Entonces?" - Pues no me sigas quitando el tiempo.
- "Ya estamos diciembre"
- "Ya"
- "¿Irás?"
¿Cómo borrar de mi memoria aquellos hermosos días cuando éramos felices? ¿Cómo seguir adelante ahora que no estás tú? ¿Por qué? ¿Por qué? Aún recuerdo aquel día, aquella fatídica noche de diciembre, recuerdo que bromeábamos, me decías que sería una tía muy consentidora. Mi sobrina nacería probablemente para Enero, su nacimiento indicaba la alegría de la familia, para mí la felicidad de mi oneesama era más que suficiente. Todo su embarazo fue de alto riesgo, pero después del sexto mes todo pareció agarrar su cause y no tuvimos más sobresaltos.
Yo no vivía con Viola, sino en la antigua casa de la abuela, a pesar de la insistencia de mi hermana nunca pude poner un pie en el mismo lugar donde él residía. Hitsugi. Su esposo, mi cuñado, el perpetrador de nuestra cruel y repentina separación, en muchas maneras. ¿Dónde la conoció? Mi hermana estudiaba la escuela media pero también impartía clases de danza en una casa reconocida de nuestra localidad. Con su trabajo, ayudaba con la renta a la pobre y cansada vieja abuela. Para mí, ver a Viola bailando era sólo equiparable al bello y grácil nado de un cisne, cuyo movimiento en los lagos apenas y resultaba notorio ante los ojos del vulgo. Para Hitsugi, aquel elegante porte no pasó desapercibido, así la cortejó, así la ganó.
Nunca supe si Viola lo amaba o simplemente seguía con él por llevar una vida cómoda. Un buen día le pregunté, ¿lo amas? Viola, me sonrió, sus hoyuelos se le marcaban tanto en aquel bello rostro de porcelana que hasta a veces, olvidaba respirar en cuanto me perdía en ellos. Ella con simpleza respondió, es un buen hombre. No contenta con su respuesta insistí, pues para mí el amor lo era todo, tenía a Himeno, sé que mi espíritu era libre como el viento e impetuoso como un huracán porque la tenía a ella, porque Himeno me amaba. Mas sin embargo el rostro de Viola al hablar de su cónyuge jamás fue uno de devoción total, sino uno de eterno agradecimiento, como si él le hubiera solucionado la vida y con eso, ella estuviera más que satisfecha.
Nunca pude entender la naturaleza de su relación, jamás lo quise comprender. Si Viola decía que era feliz yo le creía, si Viola decía que amaría a esta hija como a nadie, yo le creía; qué ilusa fui. Días antes de mi cumpleaños Viola visitó mi hogar, curiosamente Himeno no se encontraba en él, puesto que tenía una actividad familiar a la que no pudo faltar. Recuerdo bien ese día, con un hermoso vestido blanco cuyo corte ceñía una gran curva justamente en el área de su vientre, la melódica y practicada voz de mi hermana saludó cortés.
- "Buen día Shizuru-chan"
- "Buen día, oneesama" - Corrí hacia ella y me apreté a su cuerpo, sus brazos me rodearon y la invité a pasar - "Entra, hace frío"
- "Sí" - Creí que el tremor en su voz era simplemente efecto de las bajas temperaturas que en el ambiente imperaban.
- "Bienvenida a casa hermana"
- "Estoy en casa"
Le invité a pasar y pronto preparé un té con un ritual improvisado, mi habilidad y la de ella no podían ser nunca comparables, pero eso no significaba que yo no fuese igual de buena que ella. Viola me dio las gracias y pronto me preguntó sobre mis actividades escolares, sobre mis planes hacia el futuro, la universidad a la que pensaba ingresar, todo y nada. Luego se calló y pensé que simplemente disfrutaba como yo el finalmente poder estar a solas como antes, en la vieja casa que compartimos hasta hace algunos años, antes de su matrimonio, antes de nada.
Una melodía se le escapó de la garganta, pareciera una canción de cuna, alguna vez se la oí a la abuela y ahora se la oía a ella. Entonces comprendí que sus pensamientos no la llevaban hacia el pasado, sino que la llevaban hacia su vientre. Viola estaba pensando en su progenie, pero su rostro no mostraba algarabía alguna, sino dolor.
- "Está próximo tu cumpleaños" - Comentó de la nada.
- "Sí"
- "Le he dicho a Hitsugi-san sobre tus planes de ingresar a la universidad" - Sólo asentí el rostro, ese nombre me provocaba muchas náuseas - "Ya no nos veremos más" - Esbozó con amargura.
- "¡No oneesama! ¡Verás que encontraré tiempo para que nos veamos, yo vendré a verte a ti y la niña!"
- "Sé que lo harás" - Otra vez esa sonrisa, sentí escalofríos - "Tú verás por ella"
Pese a que sus palabras resonaron cual eco en los confines de mi mente, no me atreví a preguntar el por qué de su aseveración. Es como si un día ella se hubiese levantado, hubiese tenido una epifanía y después hubiese tomado una decisión, una que acabaría con mis sueños y me destrozaría la vida, una que sólo por ella aceptaría. El espanta ánimas sonaba en el dintel de la puerta, un viento traicionero revoloteó a nuestro alrededor, Viola sonrió y simplemente pronunció.
- "Espero un día me perdones"
No comprendí lo que me dijo, ella no quiso seguir hablando, se levantó del tatami de la habitación, inclinó su cuerpo sobre el mío y posó un suave beso sobre mis cabellos. Desconcertada le miré, buscando en sus hoyuelos la respuesta que antes era tan sencilla para mí de obtener, fue la primera vez que me percaté de que su mirada era vacía. Se despidió de mí, Viola vino a despedirse de mí y si yo lo hubiese sabido antes, si yo lo hubiera previsto, le habría dicho tantas cosas, tantas cosas le dijera, más no pude ninguna. Pues para un triste diecinueve de diciembre, su aliento vital ella cedió dando paso al de un ínfimo ser.
()()()
- "¿Sabes algo de Viola?" - Preguntó un día de tantos, mi amado esposo - "No la he visto por acá últimamente" - Seguro está en Ota.
- "¿Tienes su número, no?" - Contesté atravesada - "Pues llámale"
- "Se acerca su cumpleaños" - Enarqué una ceja - "¿No la vamos a festejar?"
- "La consientes demasiado"
- "Es mi hija" - Respondió con amargura - "Es todo lo que me queda de mi amada Viola"
- "Es todo lo que se llevó de Viola"
- "No seas injusta"
- "Ella lo sabe" - Miré hacia la nada - "Viola sabe la verdad, no estoy obligada a seguir fingiendo"
- "No olvides que tenemos un acuerdo"
- "No lo olvido Fujino, no lo olvido"
- "¿Irás?" - Me miró con desconcierto - "¿Te irás con él?"
- "Buenas noches, me voy a dormir"
Entré a mi recámara y cerré la puerta con llave, a pesar de que los días donde Hitsugi ejercía sus derechos conyugales pasaron hace muchos ayeres, la costumbre de pasarle el cerrojo a mi puerta nunca se me quitó. Ni siquiera cuando duermo con Reito. Sí, sólo a una mujer he amado en la vida y sólo a ella dejé entrar a mi vida, los demás simplemente son nada. Hitsugi quien sintiéndose en su derecho de esposo, un buen día me forzó a acostarme con él, luego de ese vinieron muchos más. ¿Cómo no odiarlo? Quizás la única razón por la que aguanté el castigo, fue que me permitió estudiar una carrera universitaria y además, me colocó bien en la vida.
Abrí una botella de whiskey que tenía en el buró, me serví en mi vaso y sin pensarlo dos veces me lo tomé de un tirón. No quería pensar, quería embrutecerme hasta el borde de la locura y no saber del mundo hasta perder el sentido. ¿Qué mejor manera de acabar un día de porquería, sino esta? Ahogada en alcohol, rumiando mi coraje desde las entrañas, despotricando al destino por haberme despojado de las mujeres de mi vida. Mi abuela, mi madre, mi hermana y mi amante. Todas muertas en el mismo mes que curiosamente es el mismo de mi nacimiento y el mismo día del alumbramiento de Viola. ¿Acaso no lo dije antes? El destino de Viola está ligado al mío y al final ella acabará como yo.
Himeno, Himeno; ¿por qué tenías que morir? ¿Por qué no esperaste un poco más? ¿Por qué no tuve el valor para matarme, en cuanto tenía la oportunidad? A días después de su cremación, después de la ceremonia, regresé a Kioto. Volví a aquellos lares donde mis recuerdos infantiles solían evocar una ingenua sonrisa en mi rostro. Arashiyama, mi hogar. Ese bello caserón al estilo oriental que perteneciera a la familia, aquel donde viviéramos un idilio único e irrepetible, nuestro verdadero nido de amor. Pero todo terminó, tú te fuiste con Reito, yo me casé con Hitsugi y nada. La vida sigue, necia y perversa.
El polvo había cubierto las huellas de lo que fuera un hogar ejemplar, siempre limpio, siempre correcto. El dintel de la puerta ni lucía como en sus mejores tiempos, ni era adornado por ningún artefacto. Los árboles de Arashiyama emitían un sonido tal, que provocaba miedo a los habitantes de la localidad, entre sus ramas se mecía el viento y éste, anunciaba un luto que duraría por el resto de mis días. Me senté en la vieja silleta de papá, aquella donde pasara las horas fumando tabaco y limpiando sus pistolas. Él gustaba de coleccionar revólveres, actividad que secretamente compartimos. En mi bolso llevaba una vieja Colt, pero su edad no debería ser subestimada, pues en su interior contenía el fuego y la explosión que han sido la perdición de tanto grandes personalidades, como pequeñas. Todos compartiendo el mismo miserable destino, la muerte.
¿Cómo acabaría con mi vida? Fácil, el juego favorito de papá, la Ruleta Rusa. Giré entonces el tambor del arma para recordar aquel excitante sonido, el mismo con el que papá un día me preguntara, ¿Shizuru, escuchas eso? Ese es el sonido del destino y este otro, el gatillo, anuncia el final o la gloria. Dime pequeña Shizuru, ¿te sientes afortunada?
No padre, me siento miserable, quiero morirme, no quiero la vida que Viola me ha deparado sin consultarme. Padre, ella se murió, se murió y sabía que moriría y me hizo prometerle que cuidaría de su retoño pero no puedo papá, no le puedo perdonar que no haya sido lo suficientemente fuerte para soportar la vida. No puedo perdonarle que haya sido tan débil como tú, que se haya dejado abatir por el desasosiego, por el dolor. Pero todos somos débiles padre, yo también, no soy distinta a ustedes y por ello, he de morir.
Coloqué el cañón del arma en mi sien y apreté el gatillo, un sonido hueco llenó el ambiente y éste indicó que al menos, ese no era mi momento. Lo intenté de nuevo y nada, caramba, ¿cuántas probabilidades existen de que apretes tres veces el gatillo de una pistola y no aciertes al lugar de la cámara donde se encuentra la bala? Lo sabía, debí ponerle todas y dejarme de tonterías, pero más decidida que antes me llevé el cañón a la boca mas no pude apretar el gatillo, un escándalo me detuvo y no pude ser capaz de hacerlo. Escuché claramente el llanto de un recién nacido, mas sin embargo Viola no estaba conmigo.
Desperté en la madrugada con la botella en el piso y con una espantosa resaca. Me había quedado dormida y con las mismas ropas de todo el día. Me incorporé como pude y me dirigí al baño para tratar de arreglarme y estar al menos, presentable para dormir. Llené la bañera y me preguntaba, si me cortara las venas hoy, ¿quién lloraría mi partida? ¿Llorarías tú Viola? ¿Lloraría acaso Hitsugi o tal vez Reito? No, ninguno de ellos piensa en otro que no sea sí mismo, por lo tanto nadie me extrañaría si decidiera morirme hoy. Evocando mis recuerdos de un par de ojos esmeralda, la imagen de Natsuki vino a mi mente, al principio me sorprendí, pero luego de pensarle un rato tenía sentido.
La razón por la que hice aquello con Natsuki era porque la confundí con Himeno, tomé a Natsuki a la fuerza e hice con ella hasta donde me dejó. Kuga estaba asustada, pero yo estaba borracha, yo sólo pensé en mí y ella... Ella eligió a Viola. Aún ahora, estando tan lejos pienso en Kuga. Yohko tenía razón, he sido yo quien la mandó a ese lugar, ahí para que aún estando lejos me recuerde, que se lleve a la cabeza aquella imagen mía en el cuarto del hotel y que la fije en lo más profundo de su mente, que piense en mis ojos cuando vea los de Viola y que sienta mis caricias cuando toque su cuerpo. Kuga pagaría caro su desprecio, Viola sufriría al no tenerla cerca, parcialmente me encontraba satisfecha. Mi venganza estaba cumplida. Aún así, sentía que algo me faltaba, mas en ese momento no supe descifrar lo que era. Con agua tibia purifiqué mi cuerpo, para así empezar un nuevo día.
El día en la oficina no fue muy diferente a todos los demás, salvo quizás la presencia de Viola en la dependencia, cuyo arribo no me causó tanta impresión como debiera. Ya me esperaba que tarde o temprano viniera a hablar conmigo. La recibí a mi privado y pedí que no me pasaran llamadas ni visitas para nada, pues sabía que tendría una larga charla con ella.
- "Quiero que devuelvas a Natsuki madre" - Directa como siempre - "Sé que tienes la autoridad para ello"
- "No la tengo, fue decisión de la junta y yo..."
- "¡A mí no me vengas con cuentos chinos Shizuru!" - Alzó la voz.
- "¡Viola!" - Advertí - "Respeto"
- "Perdón" - Resopló aire para tratar de calmarse - "Ya, lo siento"
- "Te decía que hay jerarquías y hay órdenes, ésta es una de esas ocasiones donde no hay nada que hacer"
- "¿En serio?" - Preguntó sarcástica - "Porque a mí me parece que todo esto fue obra tuya"
- "Viola"
- "Sé que te acostaste con Natsuki" - A pesar de que disfracé muy bien mi sorpresa, Viola prosiguió con su acusación - "Sé que lo haces para molestarme"
- "Tú siempre tan egocéntrica, que piensas que el mundo gira a tu alrededor"
- "Tú siempre tan egoísta, que si no puedes tener algo prefieres quitarlo de tu camino, sin pensar en las consecuencias de ello madre"
- "Estás loca" - Me puse de pie.
- "Natsuki se está arruinando allá en Ota pagando una renta con su mísero sueldo, no tiene ni para comer mamá"
- "¡Ay por favor!" - Le miré a los ojos - "Ni que la pasara tan mal" - Bramé - "Además, supongo que para eso están tú y la tarjeta de crédito de tu padre"
- "Natsuki es una cabeza dura" - Frunció el ceño - "Apenas y me acepta una coca"
- "Natsuki es una adulta, sabrá superar las eventualidades"
- "Eventualidades que tú le causaste" - Me miró con odio y me sentí amenazada por su mirada - "Yo no quiero verla así"
- "¿En serio? ¿Te preocupa Kuga-han?"
- "¡Claro!" - Retándome con la mirada declaró - "La amo"
- "Por favor" - Minimicé su declaración de amor con un ademán - "¿Qué sabes tú del amor niña?"
- "Presta atención madre, tal vez podrías aprender algo de mí"
- "Niña idiota" - Ahora era yo quien le enviaba la más mortífera de mis miradas - "Acuéstate con Kuga y deja de estarme quitando el tiempo"
- "¡Oh, claro que lo haré!" - Se paró - "Pero esto no se trata de sexo, sino de su bienestar"
Nos mantuvimos en silencio por un tiempo que pasó tan rápido como lento, pues ninguna le quitaba los ojos de encima a la otra. Viola sacó las uñas, sus ojos negros me veían tan fijo que sentía que me desnudaba el alma en cada respiración, su pecho agitado, sus hoyuelos tan parecidos a los de mi oneesama se marcaban en su bello rostro. Viola era la viva imagen de la osadía, de la bestialidad, de aquella fiereza que hubo en mi mirada alguna vez, sobre todo cuando de defender mi amor se trataba. Sí. Viola estaba peleando por su amada, me estaba encarando en mi territorio, arriesgándose por Natsuki, arriesgándose por su conquista.
- "¿Por qué no te consigues a una mujer más de tu estatus social?" - Sugerí.
- "¿Por qué no te acostaste con una de tu edad?" - Espetó, casi la abofeteo.
- "Me estás ofendiendo"
- "No más que tú, madre" - Apretujó los dientes cuando dijo esto último, sus ojos brillaban como si estuvieran a punto de llorar, pero se contuvo con bravura.
- "Yo no me acosté con Kuga-han" - Me sobé las sienes tratando de calmar los ánimos - "Son habladurías"
- "Todo Ota sabe que te la llevaste a un hotel"
- "¿Y?" - La miré con incredulidad - "¿Querías que durmiera con ella en el auto?"
- "Vamos madre, no tienes que fingir conmigo" - Sonrió burlona - "Todos sabemos de tus flirteos con jóvenes tontas como Natsuki"
- "Toda tu universidad piensa que estás de novia con el hijo del primer ministro y no por eso significa que sea cierto"
- "Pero a mí nadie me ha visto del brazo con Takamura, mientras que a tí se te ha visto con Natsuki en una reunión muy íntima" - Enarqué la ceja - "¿Continúo o seguirás negando lo innegable?"
- "¿Y qué es según tú, lo innegable?"
- "Que te has encaprichado con Natsuki, que la quieres porque fijé mis ojos en ella, que haces todo para hacerme enojar porque me odias con todas tus fuerzas"
- "¿Cómo te atreves a decir tantas idioteces?" - Protesté - "¡Lárgate antes de que te haga echar!"
- "Anda, niégalo, hazte a la víctima" - La abofeteé, me arrepentí en cuanto lágrimas comenzaron a brotar del pozo de sus ojos - "Eso está mejor" - Se llevó la mano al rostro - "Así eres tú"
- "Sí" - Respondí con dignidad - "Y así eres tú"
El duelo de miradas prosiguió por un tiempo indeterminado, Viola respiró profundo, cogió su bolso y se fue de mi oficina. A partir de ese momento, perdimos contacto permanente la una con la otra. Si antes Viola me odiara por revelarle la verdad, ahora me odia por arrebatarle la oportunidad. ¿Qué oportunidad? Claro, la de estar al lado del objeto de sus caprichos, de tener a Natsuki para sí sin importarle sus sentimientos. Ella no sabe o no le importa, pero Kuga Natsuki, sólo puede amarme a mí y más tarde que temprano le comprobaría que yo estaba en lo correcto, que Natsuki era mía.
Cancelé todas mis citas ese día, no quería seguir en la oficina, no me interesaba para nada estar un minuto más en ese lugar escuchando los pretextos de mis subordinados para no tener el trabajo en tiempo, las llamadas telefónicas ya comenzaban a irritarme y ni qué decir de las reuniones de improviso con gente que sólo iba para quejarse. Harta, huí de ahí y me guarecí en casa de Reito, él no había regresado del trabajo así que aprovechando su ausencia, me tomé la libertad de servirme un vaso de whiskey de su alacena en lo que volvía.
Mi teléfono sonó por el resto de la tarde, sin embargo hice caso omiso a la insistencia de las llamadas. La gran mayoría eran de Hitsugi, quien probablemente se preguntaba si volvería a casa, el resto provenían de gente de la oficina quienes seguro desconozcan el significado de la palabra ausente. Albergué la remota posibilidad de que quizás Viola me marcara para que hablemos de lo que ocurrió esta tarde, pero en el fondo sabía que eso no ocurriría nunca, pues es muy orgullosa. Crucé las piernas en el sillón de la sala y no pude evitar ver hacia la mesa de centro, Reito tenía ahí una foto de Himeno y él de recién casados.
Por alguna extraña razón, ni Reito ni yo quisimos abandonar esta casa pese a que Himeno había muerto. Lo único que él atinó a hacer fue a deshacerse del futon que compartía con ella en su recámara, pero fuera de eso, todo estaba como ella lo dejó. La disposición de los muebles, las pertenencias de Himeno, inclusive su cepillo de dientes aún estaba en el baño de la casa. Como si ella nunca hubiera muerto, como si sólo esperáramos su regreso o quizás tan sólo pensemos que algún día la volveríamos a ver deambulando por el lugar cual fantasma. No sé, nunca le he preguntado a Reito si piensa seguir así, pero si él es como yo, lo más seguro es que permanezcamos de esta manera otros cuatro años más haciendo la misma rutina.
- "Oh, Shizuru, llegas temprano" - Saludó Reito en cuanto entró - "¿No ha llegado Yuuichi?"
- "La casa estaba vacía cuando llegué"
- "Sí" - Sonrió con amargura - "Así ha estado desde hace mucho"
Ambos permanecimos en silencio hasta que le serví un vaso del brebaje que degustaba cómodamente sentada en los muebles de su sala. Reito aceptó sin chistar y se sentó a mi lado, recosté mi cabeza en su hombro y así nos quedamos hasta que me serví otro vaso del licor. Sin decirnos nada, sin contarnos nada, es como si lo que hubiese acontecido en el día jamás hubiese ocurrido, a mí no me interesaba saber de él y a Reito poco le importaba lo que yo hacía. Lo único que nos unía antes era Himeno y ahora que no está, sólo somos dos extraños en el mismo espacio, en el mismo lugar y esperando que algún día el reloj de pared, detenga su marcha.
- "¿Sabes?" - Rompió Reito por vez primera nuestra rutina de muchos años - "No he visto a Natsuki-kun últimamente"
- "Está en Ota"
- "Oh" - Sorbió su vaso y siguió contemplando a la nada - "Supongo que eso explica el por qué Yuuichi ha estado alicaído últimamente"
- "¿Tate-kun?"
- "Son buenos amigos, a veces me da la impresión de que Natsuki-kun es la mejor amiga de Yuuichi"
- "Oh" - Respondí por cortesía, que escuchar de Natsuki con Tate no me gustaba para nada.
- "¿Cuánto tiempo estará ahí?"
- "Lo menos unos seis meses o más, no es cosa mía"
- "Ya veo" - Asintió el rostro y se sirvió otro vaso de whiskey, luego prosiguió - "Es una pena" - Le miré de lado - "Ver a Natsuki me hacía recordar los viejos tiempos" - Esbozó una sonrisa tonta y prosiguió - "Cuando Himeno tenía su edad" - Fruncí el ceño y asenté el vaso de golpe a la mesa, causando que la foto donde ellos dos estaban juntos se cayera al piso.
- "¡Kuga-han no es Himeno!" - Reito ni siquiera se inmutó, con aquella característica apacibilidad que poseía, levantó el retrato del piso y lo colocó en su sitio.
- "Claro que no lo es" - Acarició aquella fotografía como si fuese lo más preciado del mundo - "Pero tiene sus mismos ojos"
Y con ese diálogo Reito me calló la boca, pues él sabía, él estaba plenamente consciente de que si sentía algo por Kuga, era precisamente porque al igual que Himeno, poseía aquel tono esmeralda tan bello que sólo había visto en los ojos de mi amada. Natsuki tenía unos ojos hermosos, pero no sólo era eso, toda ella era una belleza. Así, como era, fiera, salvaje, descuidada, tonta, arrogante; todo lo que Himeno no era y nunca sería, esa es Natsuki. Himeno no reviviría para nosotros, pero Natsuki estaba más viva que la vida misma, llena de ese fuero interno que lo quema todo, que lo toma todo y sin pedirlo. Porque no necesitó más que una sola mirada para desnudarme el alma, porque no necesitó más que una palabra para llamar mi atención, porque con un sólo beso suyo sentí por un instante, por tan sólo un breve instante, que mi corazón se resquebrajaba desde adentro. Porque tal vez y sólo tal vez, veo en ella lo que perdí hace mucho tiempo... El amor de una mujer.
"Maldigo a la luna, maldigo tu vuelo,
Pues en cada aleteo sólo traes el mal agüero
Eres un ave nocturna, eso ya lo sabía,
Mas al posarte en mis ramas tu canto anunció
Un estridente ritmo de muerte, una partida, un adiós.
Autillo siniestro que descansas en el viejo arce de luna llena
Bríndame tu sabiduría, préstame tus ojos
Regálame esta noche, acéptame en tu nocturno vuelo
Pues se dice que de todas las aves eres tú la única,
Quien lleva en sus alas a mi musa, mi diosa
La mujer de mi vida ahora espíritu del bosque"
N/A: ¿Extraño verdad? Se suponía que ahora que ando de enamorada todo debería fluir mucho más fácilmente y al parecer es lo contrario, me bloqueo muy constantemente y me cuesta mucho expresar lo que por mi mente pasa. Para cuando acabé este capítulo la semana ya casi acababa, razón por la que preferí aguantarlo e intentar pulirlo un poco pues siento que no quedó a mi gusto. Pudo ser mejor y tendré tiempo de reinvindicarme, pese a todo, ustedes que pedían un POV de Shizuru helo aquí, aunque quizás no era lo que esperaban...
¡Ah! Casi lo olvidaba, esa líneas todas locas que están al inicio y al final del capítulo son fragmentos de mitos y leyendas del Crisantemo y de otra cosa que ahora no recuerdo de dónde salió... Uh, no importa, el caso es que sólo busqué lo más representativo, dejé que mi cerebro se quemara y así quedó, horroroso. Pero fue divertido, aprendí que lo mío es la prosa, no hay más. Ahora sí, ja ne!
