Bueno, les quiero mandar mis saludos y agradecimientos a las primeras personas que leyeron esta historia:

CiNtHiA , mi-io, Emina-dono, DaniHimura-S1r4, Saki, Mari, Mer, Kaoru-Neko, Mitsuki Himura, Hechizera-Oscura, Mibbi-Chan, Gabyhyatt, Pamky, catty-ishida, naoko L-K, Cisne.Negro, Delaila, Ghia-Hikari

Ahora si, a la historia.

Prisionera.

Acto tres.

La Desición.

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Habiendo llegado a un acuerdo sobre el asunto del kimono, Kenshin y Kaoru comenzaron la primera parte del viaje cuyo fin era el de encontrar el testamento que había dejado don Kojiro Kamiya antes de partir a la guerra.

Kaoru en realidad se sentía un poco nerviosa ante la expectativa de recuperar el testamento. Lo que pasa es que cuando ella escapó, ni se le pasó por la cabeza que tardarían tantos días en ubicarla. Por eso, en cuanto salió del pueblo, escondió el importante documento en algún lugar del bosque y enseguida siguió su camino. Eso significaba que ahora Kaoru tendría que pasar muy cerca de la casa de su tío para demostrarle al pelirrojo que lo de la herencia que le había dejado su padre era muy cierto y asi obtener la protección de Kenshin durante el tiempo que fuese necesario.

Bien, ella tenía que ser fuerte... tenía que llegar de vuelta hasta ese lugar y hacer todo con sigilo.

Al bajar de la montaña, el clima se tornó un poco más caluroso. A Kenshin parecía que le daba lo mismo caminar durante horas bajo aquel sol cálido, pero lo cierto es que a ella no. Kaoru, a dos días de viajar con él, estaba cansada, tenía sed y ganas de comer algo fresco.

Kenshin por su parte iba pensando. La noche anterior el clima les había permitido dormir a la intemperie pero, mirando de reojo la cara de la muchacha, lo mejor sería proporcionarle una cama digna esa noche. Total, mientras mejor estuviera ella de ánimo, mejor para él, porque ella estaría más dispuesta a seguir a paso rápido.

Estaba cayendo la noche y llegaron a una aldea. Se acercaron a una posada y Kenshin le comunicó a Kaoru que pediría una habitación para ellos. Mientras la dueña de la posada salía a hablar con él, la joven notó al otro lado de la calle algunos puestos de ropa y adornos femeninos... aunque le llamó la atención un joven en un puesto de frutas, que comenzaba a guardar su mercadería.

-Kenshin... por favor... desearía comer de esa fruta. Tengo hambre.-

El pelirrojo miró a Kaoru.

-Pronto vamos a pedir una buena cena caliente, Kaoru. No es necesario que comas antes.-

-Por favor, Kenshin... es que tengo mucha sed. Solo quiero comer una... nada más. Te puedo convidar...-

Kenshin pestañeó un par de veces antes de entregarle un poco de dinero. La joven se apartó sonriendo y él terminó de arreglar lo del hospedaje nocturno.

A Kaoru le brillaban los ojos ante la vista de aquella fruta dulce que tanto le gustaba de niña.

Pidió dos, una para ella y otra para Kenshin. Al notar su entusiasmo, el joven que la atendía le sonrió y le entregó una fruta más, de regalo.

-Oh, muchas gracias... pero no es necesario.- le dijo Kaoru al rechazar el obsequio.- pronto cenaré... solo quería probar esta delicia, de golosa que soy.-

-Recíbala, dama. Por lo que veo usted no es de este pueblo. Y a nosotros nos gusta agasajar a las visitas. Sobretodo en estas fechas.-

-Oh...¿ Es que acaso pasa algo especial? –

-Claro que sí. Esta noche se celebra una fiesta en nuestro templo y por eso, como notará, hay mucha gente en las calles. Mañana habrá espectáculos teatrales... en esta semana viviremos importantes eventos. Espero que usted pueda asistir a ellos, se divertirá mucho.-

Kaoru se entusiasmó con la idea... un paseo entre mucha gente que no la conocía... podría ver despreocupadamente los juegos, los bailes, los fuegos de artificio... sería espléndido.

Mientras tanto, Kenshin había cerrado el trato con la dueña del albergue sin dejar de mirar a Kaoru. Ella era bastante extraña. De pronto era una chica parlanchina: le hablaba de su padre, de la primita Misao, de un gatito que tenía como mascota y de un perro Chow Chow. Por lo demás, no se quejaba casi nunca de cansancio, aunque en su rostro era evidente que caminar y caminar la agotaba. Kenshin cruzó la calle mientras la vigilaba y se acercaba poco a poco a ella.

Al pasar observó un par de adornos para el cabello que destacaban en uno de los puestos. Eran muy bonitos.

Seguro que a la joven se le verían hermosos... el cabello de Kaoru era de un color oscuro muy agradable a su vista y hacía un exquisito contraste con su piel... Kenshin agitó la cabeza ante esas ideas que le distraían de su objetivo y la buscó con la mirada. Seguro que ella podía aprovechar cualquier descuido de él para escaparse asi que no podía permitirse distracciones a pesar de que en los últimos días le había demostrado que en ese aspecto ella era digna de su confianza.

Además, debía reconocerlo, la joven hasta le resultaba una agradable compañía.

Casi al lado de Kaoru, Kenshin notó que estaba hablando muy animadamente con el sujeto ese del puesto de frutas. Debía ser apenas mayor que ella y encima se veía atractivo. Se notaba que a Kaoru le gustaba ya que sonreía mucho y ella no sonreía de ese modo con él.

-Le dejo la invitación hecha. Estoy seguro de que no se arrepentirá de ir. Las fiestas de nuestro pueblo son de las mejores de la región.-

-Me encantaría ir, joven.- repuso Kaoru, pensando seriamente en pedirle a Kenshin que esa noche la sacara a pasear. Después de todo, los maridos hacen eso con sus esposas y él había dejado muy claro que debían simular en público que eran marido y mujer.

Kenshin apareció junto a ella, sonriendo como un hombre pacífico.

-Querida, estabas aquí... veo que le compras a este joven.-

Kenshin la tomó del brazo en lo que parecía un gesto casual pero que en verdad, la estaba lastimando un poco.

-Mi esposa es una mujer muy bella, ¿ no? Me hace sentir orgulloso.- dijo el pelirrojo sin dejar de mirar al sonriente tendero a los ojos, advirtiéndole sin palabras que no se metiera con "su mujer".

-Si señor. Es usted muy afortunado. ¿Están de paso por aquí? Espero que vuestra estadía sea de lo más agradable.-

-Lo será. Tenga por seguro que lo será.- dijo Kenshin a modo de despedida.

Kaoru no entendía qué estaba pasando hasta que sintió un tirón en su brazo que por poco la hace perder su compra. Kenshin la estaba arrastrando de manera poco elegante hacia el final de la calle que anunciaba la salida del pueblo.

-Nos vamos de aquí.- gruñó Kenshin, seco.

Kaoru en cuanto logró mantener segura la fruta entre sus brazos, se dedicó a encarar a ese pelirrojo imprevisible. Como pudo, se retorció hasta liberar su brazo de él.

-¡Suélteme¡¿Qué le pasa!-

-Pasa que nos vamos. Tenemos mucho que caminar esta noche.- respondió el hombre un tanto irritado.

-¡Pero usted dijo que dormiríamos en aquella posada!-

-No quedaban habitaciones.- mintió Kenshin, preso de una inexplicable ira.

-¡De todas maneras no tenía derecho a sacarme así de ese lugar... estaba conversando y...-

-¿Conversando? Te dije que debíamos ser discretos... ¡y tú te pones a coquetear con el primer idiota que se te cruza!- Al hacer el reproche, Kenshin alzó la voz sorprendiendo a Kaoru y a él mismo. No entendía realmente por qué estaba tan furioso. La joven por su parte no se detuvo a analizar la causa del enojo de Kenshin. Más bien se limitó a intentar defenderse.

-¡No estaba coqueteando, estaba conversando con él¡ ¿Qué clase de mujer cree que soy!-

-Pues eso: Una mujer. Eso es lo que eres.- respondió Kenshin moviéndose inquieto.- Esa es la fuente de todos los problemas... que ustedes son intrigosas, buscan la admiración masculina y el modo de sacar provecho de ello. No me digas que no estabas intentando seducir a ese tonto vendedor de frutas para que te ayudara a escapar. Pero te informo que yo soy el mejor espadachín que se puede encontrar y tu amiguito, de enfrentarse a mí¡¡hubiera acabado bien muerto!!-

Kenshin de pronto sintió algo relativamente blando y húmedo, estrellarse contra su cabeza, dejándolo medio aturdido momentáneamente. Esa chiquilla endemoniada le había arrojado algo. Y tenía cara de pocos amigos cuando le plantó cara.

-¡Usted es un monstruo, Kenshin! Para empezar yo no soy asi como dice y para seguir, recuerde muy bien que usted debe cuidar de mí para que yo le entregue mi herencia ¡y le informo que hasta ahora lo ha hecho pésimo! No le pido que me tenga entretenida todo el día contándome la historia de su vida pero, usted casi no habla y las pocas veces que lo hace es para insultar al género femenino ¡ya me tiene harta esa actitud! Yo no sé qué pudieron haberle hecho para que esté tan resentido pero, sea lo que sea, yo no tengo la culpa. Yo solo vine a caer a sus manos de pura mala suerte que tengo y por lo demás, no estaba confabulando con ese joven para escaparme porque, contrario a lo que usted piense de mí, yo sí mantengo mis promesas aunque se traten de algo tan injusto como el trato que tengo con usted. En estos días que llevamos viajando le he demostrado que no tengo intención de escapar y usted sabe perfectamente que oportunidades de hacerlo he tenido de sobra. Sabiendo eso... ¡no entiendo a qué ha venido esta ridícula escena que más parece la de un hombre celoso y tonto que la de un protector!.-

¿Era idea de Kaoru o a Kenshin le quedaron un par de pepas cerca de la nariz? Trató de no reírse. De pronto ya no se sentía tan enfadada.

A medida que Kenshin sentía la pulpa de la fruta deslizarse pegajosa por su rostro, escuchaba a Kaoru y debía reconocer que mucho de lo que ella le decía en su enfado, era bastante cierto. Hasta ahora su comportamiento había sido más que correcto pero él se rehusaba a creer en ella por ser mujer.

Porque en el fondo le recordaba a la única mujer a la que hasta ahora, había amado con toda la intensidad con la que lo puede hacer un muchacho que no tiene a nadie en el mundo más que a un jefe que le encargaba a quien matar.

Por otra parte, Kenshin decidió ignorar aquello de "más parece un hombre celoso que un protector" y decidió acabar con aquella discusión que realmente no tenía ni pies ni cabeza, mientras con las manos trataba de quitarse la suciedad del rostro.

-¿Asi que tú siempre cumples lo que prometes? Eso significa que yo debería hacer lo mismo, ¿no? Pues muy bien. Te prometí que esta noche dormirías en una cama decente, asi que vamos a dormir a tu condenada posada. Pero eso sí, olvídate de la idea de que te voy a sacar a pasear al templo como un esposo amante. Esta noche tú solo dormirás, porque a partir de mañana no nos detendremos en ninguna parte hasta llegar a nuestro destino.-

Miró hacia el cielo en el cual varias estrellas ya habían aparecido. Ni hablar... por lo visto esa noche no habría paseo nocturno. Aunque tal vez no sería tan malo sólo dormir.

Mientras bostezaba, pensaba en lo delicioso que sería tener un futón cómodo esa noche.

Camino al albergue, miró de reojo a Kenshin, notando que aún trataba de quitarse la pulpa de la fruta que tenía pegada a algunos mechones del pelo y haciendo un esfuerzo considerable para no reírse en su cara, pensaba que se veía ridículo y que se merecía eso y más.

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En los días que siguieron, tal como había prometido Kenshin, se dedicaron a caminar sin apenas detenerse. Fue así que llegaron a un sitio que estaba a medio día de camino de la casa del tío de Kaoru, pero ya anochecía.

Encontraron una cabaña de cazador en medio del bosque y optaron por pasar allí la noche. Si bien esta vez Kenshin había insistido en un albergue para descansar, Kaoru se había rehusado. Estaba bastante nerviosa.

-Escucha, Kaoru... conmigo estás segura. Nadie nos descubrirá y necesitas descansar bien hoy. Mañana por la mañana llegaremos hasta el sitio donde escondiste tu testamento, lo rescataremos y nos iremos de inmediato. La idea es tratar de avanzar la mayor distancia posible para alejarnos bien de aquí. En un albergue comeremos bien... te repondrás...-

-No quiero... por favor... entiéndame Kenshin. Yo tengo mucho miedo de que mi tío me encuentre. No quiero acercarme al pueblo, estoy segura de que allá me buscan...-

-Recuerda que viajamos como un matrimonio... que ni tu ropa ni tu peinado son los mismos que usabas cuando saliste de casa de tu tío.-

-De todas maneras yo no me sentiría tranquila y quizá con mis nervios pueda hacer algo que nos delate. Mejor busquemos un lugar por aquí para pasar la noche... no hace tanto frío...-

Asi fue como dieron con aquella cabaña. Kenshin preparó una fogata, le pasó el kimono viejo a Kaoru para que se abrigara un poco más con él y después de comer sus provisiones, se dispusieron a descansar.

Kenshin se quedó haciendo guardia, como siempre. Calculaba que más o menos en una semana podrían llegar hasta su propio refugio, donde se mantendría oculto con Kaoru hasta que ella pudiera heredar de una buena vez y darle todo su dinero. Era aquel un lugar tranquilo donde él verdaderamente podía dormir.

Miraba las llamas de fuego danzar y más allá, el rostro de Kaoru, que dormía. Ella estaba preocupada. Eso era algo muy notorio para él. En días anteriores, a pesar del cansancio ella estuvo dicharachera y animada, incluso hasta un poco insolente cuando se enfadaba con él, pero a medida que se habían acercado al pueblo la joven empezó a estar más y más callada. Al menos, ahora que dormía, quizá estaría más tranquila.

Sin embargo, Kaoru no estaba soñando con angelitos como Kenshin suponía. Se movía inquieta en su lugar y llamó la atención del pelirrojo.

-No... tío... otra vez no, te prometo que no tuve la culpa... tío... no... no, por favor... –

La muchacha no estaba gritando ni chillando. Hablaba bajito, como si el temor no le permitiera alzar más la voz. Kenshin notó que tenía los ojos húmedos pero, que seguía durmiendo. Se acercó a ella para despertarla. No podía permitir que siguiera esa pesadilla y quisiera Kaoru o no, la llevaría hasta un albergue para descansar.

Ella despertó cuando Kenshin la movió para ello. Lo reconoció bajo la luz del fuego y no se lo pensó mucho para abrazarlo, buscando su protección. Estaba segura de que Kenshin, aunque fuese alguien cascarrabias, la protegería de su tío.

Por su parte, Kenshin sintió un calorcito en el cuerpo. Algo asi como mucha ternura. Aunque quedó desconcertado con el abrazo de la chica, decidió corresponderle para darle tranquilidad y la acercó a su pecho, a la par que le acariciaba el cabello.

-No deje que vuelva a encontrarme... señor Kenshin, por favor... le doy todo lo que quiera pero no deje que él me vuelva a tratar así, ni permita que diga esas cosas de mi padre.-

-Calma... calma chiquilla... no te va a pasar nada... te doy mi palabra, ya lo verás. Yo... yo cuidaré de tí. Yo te protegeré... nadie volverá a dañarte.- le prometió de corazón.

Los párpados de Kaoru volvieron a tornarse pesados como la piedra y se sumió esta vez en un profundo y tranquilo sueño. Kenshin dejó de rascarle la cabeza y la observó por unos momentos. Sin darse cuenta, sus brazos se deslizaron por el cuerpo de la chica, encerrándola entre ellos, acomodándola sobre él.

Kaoru suspiró en sueños.

-Gracias, señor samurai...-

Y siguió durmiendo.

Que joven más dulce era ella. Kenshin no podía creer que alguien tuviera corazón de tratarla tan mal. Recordó las marcas en las espalda de la joven y no quiso imaginar a qué tipos más de castigos la sometía el tío para que ella le tuviera tanto temor. Al sentir que Kaoru colocaba una mano sobre su pecho, él de inmediato la cubrió con una de las suyas sin percatarse de este acto.

Kaoru tenía su carácter. A veces se enojaba con él y reclamaba cuando consideraba que él cometía injusticias con ella. Lo más gracioso del caso es que siempre tenía la razón y aunque Kenshin no se lo reconocía en su momento porque era demasiado terco y odiaba dar su brazo a torcer, tomaba en cuenta las críticas y simplemente ponía más cuidado en la manera de tratarla. Además, le gustaba que sonriera. Eso resultaba agradable para él y le hacía el viaje bastante cómodo. Estaba seguro de que si él pudiera tener una esposa como los hombres corrientes, trataría de buscar a una como ella.

La noche estaba silenciosa y sólo se oía el sonido del viento moviéndose entre las ramas y hojas de los árboles de afuera. Y aunque en el exterior estaba oscuro y hacía frío, dentro de la cabaña estaba calentito y ellos podrían encontrar el descanso que les devolvería la fuerza para enfrentar un nuevo día.

Kaoru se acurrucó un poco más contra él, buscando calor humano. Kenshin la miró y entrecerrando los ojos, rozó su mejilla tibia, como al descuido. Estaba cansado también y debía reconocer que tenía ganas de tenerla así, de esa manera, desde el momento en que la descubrió algunas noches atrás durmiendo entre medio de unos trapos.

De pronto imaginó que esta noche sólo era el preludio de muchas noches más en las que estarían así. Él la cobijaría con su cuerpo, la abrigaría con sus brazos. Aunque por las noches no tuvieran un techo sobre sus cabezas, él se aseguraría de que ella no lo notara. Estaba relajado y muy cómodo con esas imágenes, cuando de repente dio una cabezada, notando que se estaba quedando dormido. Pero al segundo siguiente ya estaba muy despierto nuevamente. Tanto así, que se daba cuenta de que el pecho de la joven se aplastaba contra el suyo a medida que respiraba. Asimismo, se alejaba rítmicamente. Estaba completamente dormida sobre él, lo que llamó mucho su atención. Se movió un poco para rascarse un brazo y Kaoru siguiendo inconscientemente su ritmo, se reacomodó.

Kenshin notó que a centímetros de su boca, estaba la de la muchacha.

Acercó su nariz al cuello femenino e inhaló un dulce aroma que emanaba de ella. Sintió como un mechón de pelo le hacía cosquillas y con un respingo, se alejó lo suficiente para observarla un poco más.

Kaoru... Kaoru...

Lo estaba obsesionando esa noche. Él tenía mucho en que pensar, pero estaba absolutamente atento a ella.

La joven entreabrió los labios para tomar aire y Kenshin sintió que se quedaba sin él... sus sentidos estaban completamente alborotados y le exigían probar el sabor de la que era su protegida.

Él la cuidaría... la protegería...

Se acercó hasta posar sus labios sobre los de ella y sentir su textura.

Él la llevaría a su casa, le pediría que fuera suya...

Él...

Él era un completo imbécil.

Se apartó de Kaoru de inmediato... no podía permitirse tener tales ensoñaciones.

Librando una fuerte lucha interna entre dejarla o no, Kenshin se levantó de su sitio, teniendo cuidado de no despertarla. En cuanto se vio libre de su hechizo, salió de la cabaña haciéndose mil recriminaciones.

¿Es que acaso se había olvidado de quién era ella en verdad?

Era su prisionera, no su protegida. Ella heredaría una casa y un montón de dinero en tres meses y él la ocultaría hasta que ella pudiese obtener lo que le correspondía y le diera todo su dinero. Después de eso, adiós.

Por su parte, él estaba completamente seguro de que ninguna mujer podría quererlo. Llegando a la orilla de un río que pasaba cerca, donde se reflejaba la luna llena como riéndose de él, Kenshin se lavó la cara como si intentase despertarse de algo. Vio pronto su imagen distorsionada en la superficie del agua que corría, y a pesar de ello notó claramente la cicatriz que rasgaba su mejilla izquierda.

Una cruz.

Una cicatriz sobre otra cicatriz.

Una herida hecha por un hombre a quien él tuvo que asesinar y que no quería morir. Que se defendió como pudo a pesar de su falta de habilidad con la espada.

Otra herida sobre la anterior, hecha por la novia de ese sujeto. Por la mujer que lo enamoró y lo traicionó. Que le hizo creer que él podría llegar a ser amado a pesar de ser un asesino. Que le hizo pensar que la felicidad también existía para él y que le hizo soñar que tal vez era duradera.

Después de ser traicionado por uno de sus camaradas y por Tomoe, Kenshin comprendió que esa felicidad a la que él aspiraba, simplemente no la merecía. Debía reconocer que si Tomoe lo había traicionado, había sido por que él mató a su novio. Era una venganza justa... era su merecido castigo por esa muerte y por muchas otras más. Era su destino el quedarse solo.

No importaba si lo que él hizo antes estuvo bien o mal. Él jamás podría perdonarse porque la persona que más amó no pudo hacerlo.

Por eso mismo, Kenshin sentía que ninguna mujer deseaba estar junto a un asesino...

Por eso mismo, la cicatriz era un claro recordatorio de lo que había sido su vida. Asesinato y Traición...

Pero Kaoru lo estaba confundiendo.

Hasta el momento, lo había tratado correctamente. A pesar de que él le había informado que era un ex asesino, ella lo siguió tratando cortésmente, salvo cuando él la hacía enfadar. Pero así y todo, ella nunca le sacaba en cara el poco pasado que conocía de él. Ella se limitaba a discutir por el tema actual que la molestaba. Le convidaba golosinas y le contaba muchas historias, sin darse por vencida a pesar de su falta de comunicación.

Kaoru estaba haciendo algo que nadie antes había hecho por él... lo estaba acompañando.

Antes, cuando cazaba a alguien por quien obtendría una recompensa, en rara ocasión intercambiaba más de tres palabras con él. Eran sólo dos personas que caminaban por el mismo sendero. Nada más. Pero ella, a pesar de que él usaba muchas palabrotas, de que maldecía cada cosa que se movía o no se movía cada vez que se enojaba y que era bastante tosco, ni se inmutaba y se dedicaba a disfrutar, en lo posible, de cada parte del camino que recorrían.

-Oh, señor Kenshin... la razón es muy sencilla.- le había explicado ella el día anterior cuando él le preguntó por qué era tan amable con él.- Usted puede parecer un bárbaro, pero no creo que sea una mala persona. Asi que merece que lo trate con respeto.-

-Bah, chiquilla tonta... claro que soy una mala persona. Pretendo quedarme con todo tu dinero.- le había dicho él, como burlándose de su inocencia.

-Pero como sea, me ha permitido descansar cuando se lo he solicitado. Me ha proporcionado esta ropa que es muy cómoda y me ha permitido conservar mi anterior kimono aunque sea hecho jirones... y me ha llevado a dormir a albergues. Para ser mi captor, como usted dice, se ha tomado muchas molestias conmigo. Además... aunque usted sea un cascarrabias, me cae bien. Quizá, algún día, cuando yo tenga mi casa, lo invite a visitarme de vez en cuando.- le había dicho ella sonriendo.

-¿De verdad me invitarías a tu casa?- preguntó él, asombrado.

- Claro que sí.-

Debía estar perdiendo la cabeza...

No se podía permitir ilusionarse de esa manera con esa chiquilla. Sin duda, Kaoru era una persona dulce que le brindaría de su cariño a cualquiera que fuera mínimamente bondadoso con ella, no porque sintiera que él fuera una persona especial. Eso era todo. Posiblemente ella pronto lo olvidaría o agradecería al Cielo no tener que verlo nunca más.

Kaoru no podía quererlo como él, de pronto, deseaba que fuera.

Debía aceptarlo de una vez. Él... él... se estaba obsesionado con esa chiquilla. Y eso no era bueno. Hacía unos momentos había tratado de besarla mientras dormía...

Y eso que días atrás él le había asegurado de que él era un hombre, en ese aspecto, honorable.

Tan solo algunos días atrás, él estaba ya completamente resignado a tener una vida en solitario. Pero con esto, quedaba demostrado que el destino se estaba burlando de él, al ponerle al alcance de la mano a una persona especial de la que él se estaba empezando a sentir atraído.

Maldita la hora en que Sanosuke le había hablado sobre la recompensa que daban por devolver a una niña rica a su casa.

Maldita la hora en la que había conocido a Kaoru Kamiya.

Maldito Cielo que le hacía esto.

Por ahora sólo le quedaban dos caminos. Y ninguno agradable.

El primero, acabar enamorado de Kaoru y sufrir la desilusión de escuchar de boca de la propia chica de que no lo quería volver a ver en su vida porque era un indigno y un ridículo por imaginarse cosas con ella.

La segunda, cortar de inmediato esa situación. Sufriría un poco pero sería soportable y olvidable. Volvería a su refugio y no volvería a salir de allí en lo que le restaba de vida.

Pero había un pequeño detalle: él necesitaba el dinero.

Después de todo, lo que él estaba haciendo era por el dinero de la recompensa o bien por el dinero de la herencia de Kaoru que según lo que ella decía, era muchas veces más que el dinero de la recompensa...

Sólo serían tres meses, ¿no? Tres meses viviendo con ella...

Suficiente tiempo para enamorarse y perder la cabeza por esa mujer... sin duda se volvería loco. Estaba completamente seguro que al conocerla más, lejos de perder el interés por ella, éste aumentaría.

Quizá, si la ocultaba donde Sanosuke, así no tenía que verla más.

Pero ni loco la dejaba sola con Sanosuke...

El dinero de la recompensa no era tanto como el de la herencia pero al menos, era el dinero al que él aspiraba al principio de aquella aventura. Si devolvía a Kaoru con su tío, de todos modos ella pronto se casaría con Shinomori, que era un buen tipo. Nadie la volvería a golpear y además, tendría una vida de princesa asegurada. Y él recibiría el condenado pago.

Faltaban aún algunas horas antes del amanecer. Kenshin tomó su decisión.

Tenía que intentar, a toda costa, salir de inmediato de aquella situación.

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Kaoru despertó en medio de la noche, notando que estaba sola. La leña en el fogón seguía ardiendo y la cabaña estaba calentita.

Había tenido un sueño gracioso. Soñaba que se llevaba una fruta deliciosa a los labios. Ella deseaba probarla pero de pronto, aparecía su tío quitándosela.

¿Dónde estaría Kenshin?

Seguramente afuera, haciendo sus necesidades.

Le agradaba Kenshin. Era un tipo simpático después de todo. Sin duda debía ya de estar casado... nadie que no amara a alguien podía tener aquella mirada tan especial.

Kaoru se arropó un poco más con su viejo kimono y se acercó a la fogata. Al día siguiente le pasaría su testamento a Kenshin y él la ocultaría en su casa.

Elevó una plegaria al Cielo para que todo saliera bien, mientras se quedaba dormida nuevamente.

-Gracias por ponerlo en mi camino.- terminó.

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El sol ya estaba alto cuando Kaoru despertó nuevamente. Se encontró con algo de comer

cercano a ella y desayunó. De Kenshin, ni las luces. Pero era evidente de que había estado allí.

Entró momentos más tarde. Enrolló el kimono de Kaoru y lo guardó en su morral.

-Vámonos.-

Kaoru lo notó distinto... estaba tenso. Ignoraba qué pasaba con Kenshin esta vez pero lo siguió de todos modos.

Caminaron por espacio de una hora. Ella tenía una sensación extraña en la base del cuello, pero se infundó ánimo a si misma diciéndose que todo estaría bien. Divisó entonces, el árbol hueco en el que había ocultado su testamento. Se volvió sonriente a Kenshin, que la seguía.

-Allí está, Ken. Hemos llegado.-

Kenshin miró por sobre el hombro de Kaoru, a sus espaldas. Kaoru sin saber por qué se puso a temblar.

-Señor Kenshin...- murmuró ella, buscando su protección.- Nos venían siguiendo...-

-Hasta que dimos contigo, mocosa del demonio.-

Kaoru se dio vuelta y se encontró cara a cara con su tío. Abrió los ojos enormemente, sin podérselo creer. Luego se volvió hacia el pelirrojo.

-No... Kenshin... ¿acaso usted?- ¿Acaso él la había traicionado? Dos hombres la tomaron de las muñecas para impedirle cualquier intento de escape.

Kenshin se acercó al tío de Kaoru sin mirarla. Había contactado con los hombres por la madrugada y éstos con el señor Kamiya quien de inmediato tomó un carruaje para venir a buscar a su sobrina. Traía una bolsa de monedas para el pelirrojo.

-Acá está lo acordado. Cuenta el dinero si quieres. Está todo.-

-No es necesario, señor Kamiya. El trato está cerrado.- dijo Kenshin, recibiendo la bolsa cuando se la arrojaron a las manos.- Ahí tiene a la señorita. Está sana y salva.-

De inmediato se dio la media vuelta para salir de allí. Con paso cansado empezó a alejarse de Kaoru, sin dejar de notar las lágrimas que como un torrente, caían por sus mejillas.

Pero había hecho lo correcto, para él. Y tenía su dinero. Lo demás, ya no importaba.

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Kenshin caminó un poco. Se sentía pésimo y cayó sobre sus rodillas.

Había hecho a Kaoru lo mismo que le hicieron a él. La había traicionado.

Claro que no de la misma forma. A él le crearon ilusiones y luego se las arrancaron de un modo cruel para dejarlo solo. Si bien él le había creado a Kaoru las ilusiones de libertad, estaba seguro de que le esperaba un futuro mucho mejor a ella. Había hecho lo correcto.

-¡Atenla a ese tronco!- escuchó Kenshin la voz del señor Kamiya a lo lejos.

No escuchaba a Kaoru. Posiblemente estaba tan shockeada que era incapaz de gimotear.

Kenshin abrió su morral para guardar la bolsa con las monedas de la recompensa, cuando se topó con el kimono de la chica.

-No debería conservar esta cosa.- dijo para sí. La sacó de su bolso y la extendió.

Tenía las mangas rasgadas y estaba bastante arrugado. Pero mantenía el aroma de Kaoru...

Fue entonces cuando un grito femenino llegó hasta sus oídos...

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-¡Así nunca más volverás a escaparte, mocosa estúpida!-

Matsusoo Kamiya tomó un trozo de cuero y luego de rasgar su kimono, descubriendo la espalda de su sobrina, se dispuso a castigarla. Después del segundo latigazo, Kaoru empezó a suplicar.

-¡Déjame... no sigas... no me hagas esto, por favor, tío...no sigas... no sigas!-

Otro azote más.

-¡Déjame, tío! ¡Para, para!…-

Y otro

- ¡Kenshin... ¿por qué me hiciste esto. ¡Yo jamás te hubiera traicionado!- gritó al aire, desesperada de que la pesadilla empezara de nuevo.

-No me digas que pensaste que ese imbécil cazarrecompensas era tu amigo... – se burló el tío de ella.- Deberías saber que nadie escapa de mí. Y que entre tú y yo hay un asunto pendiente.

-¡AAYYY!- sollozó ella, antes de gritar por el nuevo golpe en su espalda.

Kaoru sentía su espalda caliente y húmeda en su propia sangre. Cerró los ojos y sintió un dolor profundo en el pecho al pensar en el pelirrojo. Si tan solo uno pudiera morir con desearlo...

-Si creíste eso, es que en verdad eres una estúpida.- le dijo Matsusoo.

-Deje de golpear a la chica.- tronó una voz.

Matsusoo se volvió para encontrarse con un par de ojos violeta que lo miraban fijamente.

-Vete de aquí, malnacido. Ya hiciste tu parte del trato y yo la mía.- dijo a Kenshin, que estaba siendo rodeado por los hombres de Kamiya.

-Le digo que deje de golpear a la chica.- insistió el pelirrojo, apenas controlando su cólera al ver el lamentable espectáculo.

-¿Te pareció poco el dinero, acaso?. ¡Desháganse de él!- ordenó Kamiya a sus hombres. Éstos de inmediato se lanzaron sobre Kenshin.

Kenshin dio un espectacular salto, a la vez que desenrollaba su espada de la tela que la mantenía oculta como si se tratase de algún paquete en especial. De esta manera se puso a salvo de sus atacantes durante unos segundos, y aprovechaba de preparar su golpe.

La tela cayó sobre las cabezas de dos de los diez hombres que conformaban el séquito de Matsusoo Kamiya, cubriendo sus ojos momentáneamente. Mientras, Kenshin cayó sobre los demás, golpeando con la espada sin desenfundar a uno de los hombres restantes, dejándolo fuera de combate de inmediato y creándose así un espacio libre para moverse.

Desenfundó rápidamente, trazando un arco brillante frente a él de modo que alcanzó a tres oponentes más, dándoles fuertemente en el abdomen y derribándolos. Girando sobre sí mismo, trazó un nuevo arco, esta vez de derecha a izquierda frente a él, hiriendo a dos hombres más. Con la funda de la espada, golpeó duramente a quienes se acercaron luego que sus camaradas cayeron, pensando en que podrían atacar al pequeño demonio pelirrojo aprovechando que tenía la guarda abierta.

Craso error.

En cuanto la funda de madera de la espada hizo contacto con sus costillas, simplemente las rompió.

Y todo eso en apenas un segundo o dos...

Matsusoo se apartó de Kaoru al comprender de que había hecho enfadar al hombre equivocado.

Kenshin de dos golpes más acabó con los otros tres oponentes que le quedaban en cuanto ellos se quitaron la tela que les cubría los ojos ayudados de un amigo. Entonces se acercó al árbol donde estaba Kaoru sin enfundar la espada, para romper las sogas de sus muñecas.

-Escuche, joven... le puedo ofrecer mucho dinero por ser mi guardaespaldas.- le dijo Matsusoo un poco tembloroso a Kenshin.

-Quédese con su mugroso dinero. Me llevo a la chica.- repuso éste, arrojándole a propósito y con fuerza la pesada bolsa de monedas a la cara y rompiéndole la nariz en el acto.-No vale la pena hacer tratos con hijos de la gran perra como usted.-

-¡No se la puede llevar!- gritó el hombre al sentir la sangre de su nariz rota correr por el mentón.- ¡Es mi sobrina!-

Kenshin acabó de liberar a Kaoru y miró a Matsusoo fijamente por espacio de un segundo. Tiempo suficiente para que el señor Kamiya se diera cuenta de que tenía mucha suerte de seguir con vida.

-Pues le informo que me llevo a su sobrina donde ni usted ni la pila de incompetentes a los que tiene por hombres puedan torturarla. Desde ahora yo cuidaré de esta muchacha porque se ve que como tío usted es un maldito pervertido.-

Dicho esto, Kaoru sintió como Kenshin le acomodaba con delicadeza la ropa antes de tomarla en brazos y salir de allí rápidamente.

La joven estaba demasiado asombrada con lo que le había sucedido. Además, su espalda le dolía a horrores y el estar en brazos de Kenshin no ayudaba a mejorar su situación.

Pero tenía algo especial en la manga de su kimono...

Cuando el tío la hizo amarrar al árbol, ella sabía que en él estaba oculto su testamento. Cuando Kenshin la liberó y le habló a su tío, ella había tomado el documento y se lo guardó.

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El desgraciado de Matsusoo le había hecho un daño considerable a la espalda de Kaoru. Estaba muy lastimada y había que reconocer que el escape en brazos de Kenshin no le había hecho mejor. A dos días de su escape, el "matrimonio Himura" estaba hospedado en un lugar donde Kenshin tenía conocidos que gozaban de su confianza y que sabían no lo delatarían.

No porque existieran fuertes lazos de amistad entre ellos. Simplemente ellos sabían que uno ponía la vida en riesgo si hacía enfadar a ese hombre en especial.

Kaoru tenía mucha fiebre. Como Kenshin se dedicó a escapar con ella tan rápido como le fue posible, no se preocupó de darle las atenciones necesarias a la joven. En ese momento, Kaoru estaba recostada sobre su estómago en la habitación que compartía con el pelirrojo, descubierta hasta la cintura, sintiendo como Kenshin le pasaba algo húmedo con lo que seguramente estaría limpiando sus heridas.

En esos dos días, Kaoru prácticamente no le había hablado. Y Kenshin sabía que él se merecía eso y más. Luego de limpiar las heridas de la joven, le colocó un ungüento cicatrizante.

Él tampoco le había dirigido la palabra. Estaba demasiado contrariado con todo lo que había sucedido, pero como sea, ya no había vuelta que darle. Kaoru estaba herida, sufriendo por su culpa. Y solo el Cielo sabía que él verdaderamente pensaba que ella no se merecía eso. Se sentía mal y se sintió peor al examinar su espalda.

-Señor Samurai...- dijo Kaoru en voz baja, después de que Kenshin le terminó de aplicar el cicatrizante y le acomodaba la yukata que le habían prestado.

Kenshin sintió algo extraño al oír ese apelativo. Era cierto... quizá ella deseaba mantener las distancias, ahora era sin duda lo mejor para ella. No involucrase demasiado con él.

-¿Qué te pasa, Kaoru?- preguntó, sentado sobre sus rodillas al lado de ella, cuidándola, ayudándola a darse la vuelta para acostarse y poniéndole una compresa fría sobre la frente..

-Gracias por volver por mí. Muchas gracias.- respondió ella. Lo decía de corazón.

Kenshin no supo qué decir y se la quedó mirando, mientras ella cerraba los ojos.

-Y gracias por cuidarme.-

El labio inferior masculino comenzó a temblar por primera vez en muchos años. El silencio se hizo eterno en aquella habitación.

-Perdóname... por favor, Kaoru.- musitó el hombre con una voz ahogada.

Kaoru sintió dos gotitas de agua caer sobre su brazo desnudo. Abrió los ojos y miró a Kenshin, sorprendida. Elevó la mano y acarició su mejilla herida y húmeda.

-Está bien.-

Kenshin asintió, incapaz de hablar. Era imposible lo que estaba pasando pero... él estaba muy despierto. No estaba soñando.

Entonces, decidió que ya estaba bueno de niñerías y cursilerías como esa. Se levantó de improviso y se limpió los ojos con el dorso de la mano, aclarándose la voz.

-Escúchame bien, muchacha. Desde ahora yo te protegeré, ¿escuchaste?. No dejaré que ningún bastardo como tu tío te vuelva a tocar un solo pelo. Juro por todos los Cielos y los Infiernos que voy a cuidar de ti, ¿me oíste? Ya después veremos el asunto de tu casa para que estés segura allá. Y ahora duérmete, que tienes que descansar... en cuanto estés mejor, nos iremos a mi refugio a que termines de recuperarte.-

Kaoru lo miró divertida, dentro de todo. Era imposible ese hombre.

Cerró los ojos nuevamente como él le sugirió.

Kenshin se fue a un rincón en la habitación, donde acomodó unas almohadas para sentarse sobre ellas y asi, dormitar. Estaría atento a cualquier ruido que delatara la presencia de algún enemigo... buena la había hecho. Ahora no sólo buscaban a Kaoru, sino también a él. Claro que a Kaoru la pedían viva y a él en cambio, vivo o muerto.

De preferencia bien muerto.

Kenshin despertó en algún momento de la noche. Estaba calentito y se dio cuenta de que había algo encima suyo.

El viejo kimono de Kaoru... alguien lo había cubierto con él.

La respuesta a la interrogante era obvia.

Mientras tanto, dentro del morral de Kenshin, dos adornos para el cabello se encontraban envueltos entremedio de las vendas, esperando la ocasión de que su nueva dueña los luciera, aunque... ella ni sabía que estaban allí.

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Fin acto tres

"La Decisión"

Marzo 10 del 2006.

Notas de Autora al 02 de Agosto de 2008.

Hola!!

He leído con mucha atención vuestros reviews y me han sorprendido gratamente. ¡Gracias por escribirme!

Alguien me comentó que esta Kaoru estaba muy llorona y quejica para su gusto y es cierto. En verdad, debe ser que yo siempre he tenido la teoría de que el miedo, malamente nos paraliza a las mujeres. Y en esta primera parte de la historia Kaoru está preocupada de que no la descubran, de no delatarse ni llamar la atención. Es por eso que desde el capítulo cuatro ella se relaja y comienza a ser una Kaoru más Kaoru, con guerras de huevo, barro y hasta usa algo de kendo por ahí… jajajaja, me gusta esto de subir una historia cuyos episodios ya están escritos. Aunque de todos modos pasan por revisión para corregir errores y otro tipo de cosas.

Pero no hablemos más del capítulo cuatro, que es el tres el que nos convoca. Yo al menos disfruté mucho haciendo sufrir a Kenshin al darse cuenta de que le están pasando cosas con la "mocosa". Creo que hasta pena me dio pero, bah!… ya saben que amo los finales felices asi que si lo hago sufrir y cuestionarse es por una causa buena y justa, llena de azúcar.

En el próximo capítulo vemos la vuelta de Misao y Aoshi para su fanaticada, que al parecer, tendrán que fingir algo. Hum… ¿qué será? Bueno, no se los diré y mejor me iré a trabajar en la corrección de ese capítulo.

Por cierto, mi amado esposo les manda saludos. Dice que le gusta esto de tener fans solo por comprarme un notebook y anda de lo más creído. Pero está bien. Alguien una vez me preguntó en quién me inspiraba para hacer mis fanfics y darle tanto romanticismo y clarines que es en él. Si incluso hay aquí dos fics que cuentan en parte nuestra historia. Pero más allá de todo eso, lo mejor ha sido darme cuenta de que los finales felices no terminan con el "si, acepto", si no que, si uno se lo propone, pueden llegar muchísimo más allá.

Un beso a todas y todos. Gracias por leerme, especialmente a:

kagomekaoru

katha

okashira janet

kanke-chan

Onashiru Okanami (saludos especiales)

Athena Kaoru Himura

jegar sahaduta

Sakura K. de Shinomori

DanaZuster

Etterna Fanel

Patrihimura

¡Nos leemos!

HiiRuKii-cHaNn