Prisionera
Acto cuatro.
En Camino.
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Los dueños de la posada en que se refugiaron los trataron muy bien. Tuvieron comida caliente los cuatro días que estuvieron guarecidos allá, así como acceso a los baños y ropa limpia. Fue un buen lugar para que Kaoru se recuperara de sus heridas.
La joven pasaba recluida en su cuarto y la verdad es que estarse quieta no era algo que fuera con su personalidad, pero era tal el terror de volver a encontrarse con Matsusoo, que hizo caso a Kenshin y esos días se entretuvo leyendo.
Kenshin por su parte se consiguió algunos mapas y trazó una ruta segura que lo conduciría de vuelta a su hogar. Iría por caminos poco transitados, alejándose de las vías principales. Contaba con un instinto muy desarrollado de orientación así que estaba seguro de que llegarían sin contratiempo a su destino aunque era posible que se demoraran porque irían al ritmo que el cuerpo de Kaoru le permitiera.
Ahora que lo pensaba bien, había algo que no le calzaba mucho a Kenshin en la historia que le contaba Kaoru sobre su tío. Las heridas de la chica habían tardado más tiempo del debido en sanar, por lo que pensó que las heridas anteriores debían de ser más profundas. Recordando la imagen de la espalda de Kaoru que él vio esa noche cuando la conoció y el estado en que se encontraba ahora... esos golpes no los podía dar un tío normal, por muy mal que le cayera su sobrinita.
Era la noche de la víspera de su partida. Ya tenían provisiones para marchar sin detenerse hasta llegar a casa de Kenshin, y en ese momento, compartían su última cena caliente. Kaoru aún parecía estar en estado de shock. Apenas levantaba la vista y Kenshin decidió hacer un par de preguntas.
-Dime, Kaoru... y espero que no te molestes por esto pero... tengo la sensación de que hay algo que yo no sé con respecto a ti y a tu tío. Ya que te cuidaré por estos días, quiero saber toda la verdad.-
Kaoru se sonrojó violentamente.
-¿Toda la... verdad?-
Kenshin hizo una mueca de disgusto al notar los nervios de la joven.
-Escucha, no me parece normal tanto ensañamiento con quien es un pariente a quien debes
cuidar. ¿Qué le hiciste a tu tío para que te tratara tan mal?-
Kenshin era directo al hacer la pregunta. Y en ella implicaba sin duda la desconfianza que aún sentía por las mujeres al insinuar que de alguna forma, Kaoru era la responsable de su suerte.
Kaoru no pasó por alto ese detalle. Sin embargo, no tenía ganas de discutir. Y seguía muy sonrojada.
-No es un tema... del que me guste hablar...- dijo.
-Pero necesito saberlo.-
-No es de su incumbencia.- insistió Kaoru, mirando fijamente sus manos empuñadas sobre los muslos. No quería enfrentar la mirada de Kenshin de momento.
Pero él no era de los que se daba por vencido cuando quería saber algo. Llegaría hasta el final ahora que había formulado la pregunta.
-Escúchame, chiquilla... generalmente, el que da primero una versión de una historia, es el que tiene las de ganar. Quiero saber TU versión de la situación con tu tío. Ahora, si no quieres, no me cuentes, pero te aseguro que soy capaz de dar con la verdad porque es algo que yo deseo saber. Averiguaré lo que pasó y no sé si tú quieres que yo escuche lo que tu tío tenga para decirme. Así que tú escoges.-
-Pero... ¿por qué le interesa tanto saberlo?-
Kenshin se acercó a Kaoru, tomándola por el mentón y obligándola a alzar el rostro.
-Porque tú misma me estás dando las pistas. Si no hubiera sucedido nada entre tu tío y tú, ya me lo hubieses aclarado. Pero en vez de eso te cierras. Ahora, si me pides mi opinión, que te daré quieras o no, yo creo que algo muy fuerte siente él por ti porque, esa forma de golpear a alguien demuestra bastante... –Kenshin buscó una palabra suave- ...apasionamiento. Mal sano, si, pero apasionamiento al fin. ¿Sigo?-
Kaoru intentó desviar la mirada, apenada al máximo. Pero Kenshin estaba seguro de que estaba cerca de la verdad y no se lo permitió.
-Tú dices que él te golpeaba constantemente y hasta me mostraste tu espalda. Por otra parte, era él quien te castigaba si bien podría haber mandado a uno de sus hombres a hacerlo. Además, te degradaba dándote trabajos bajos dentro de la jerarquía de la casa. Eso dice bastante y yo pienso que...-
-¡Ya basta!.- dijo Kaoru con fuerza, tapándose los oídos y apartándose de Kenshin. -¡No siga!... ¡Es verdad, es cierto todo lo que usted dice...!-
La chica comenzó a llorar desconsoladamente. Kenshin sintió un enorme deseo de abrazarla y reiterarle su promesa de que todo estaría bien y que la cuidaría, pero sentía que ella podría comenzar a hablar en cualquier momento asi que se contuvo. De inmediato sintió cómo Kaoru tomaba aire para narrarle su versión de los hechos.
-Mi padre y mi tío...- comenzó insegura y con los ojos cerrados.-... vivían en ciudades distantes pero estaban en contacto mediante correspondencia. Durante muchos años no se vieron, hasta que a mi padre lo llamaron a la guerra. En Tokio yo no tenía más familia y mi padre estaba preocupado por mí, así que le envió una carta a su hermano avisando de que partíamos a su casa.-
"Durante los primeros días, mi estancia allí fue bastante agradable. Me llevaba muy bien con mis primos, todos de mi edad. Mi tío era un hombre que trataba de mostrarse simpático ante mí y yo le tenía el afecto propio que debía tenerle, así como el agradecimiento. No sé en qué momento cambiaron las cosas... él era tan amable conmigo que me daba un poco de... no sé, de incomodidad."
"Una noche desperté en mi cuarto. Sentía mucho calor... y sentí unas manos sobre mis piernas desnudas. Grité y me taparon la boca. Era él... yo... me defendí como pude y corrí a la habitación de Misao, donde dormí hasta el día en que me escapé."
Kaoru tragó saliva. Estaba temblando ante lo desagradable del recuerdo. Pero prosiguió.
"Al día siguiente me amenazó si es que decía algo de lo sucedido a sus hijos. Todo siguió aparentemente igual hasta el día en que nos enteramos de que mi padre había muerto..."
"-"Espero que sepas ser agradecida conmigo"- me dijo cuando aún lloraba a mi papá. Me seguía a todas partes, me celaba y me puso mal con todos mis primos, exceptuando a Misao que algo sabía de mi situación. Una vez intentó forzarme, pero no me dejé... entonces él despidió a sus sirvientes y me obligó a ocupar el puesto que ellos habían dejado. Él... parecía que disfrutaba humillándome. Me exigía lavar sus pies, sus ropa, asear su cuarto así como la casa en general. Ya una vez intenté escaparme, pero a los dos días dio conmigo y empezaron los castigos. Yo al principio me rebelaba pero... no sé... comencé a sentir miedo y ya no reclamaba ni oponía resistencia salvo cuando él intentaba tocarme a solas."
"Cuando el joven Aoshi me escogió por esposa, me sentí muy feliz ante la idea de salir de esa casa. Sin embargo, di con el testamento de mi padre y pensé que hasta ahora, mi vida había dependido mucho de los hombres que estaban pasando por ella. Por eso opté por hacer un último intento y escapar. Sé que si vuelvo, mi tío me romperá las piernas, porque antes me amenazó con eso..."
-Señor Kenshin... por favor, no desearía que volviésemos a tocar este tema... me molesta mucho.- terminó la joven.- Si no es mucho pedir... si es la única condición que puedo poner a nuestro trato, sería ese... A partir de ahora, yo no he tenido familia, más que mis padres y Misao.-
Kenshin la miró unos momentos. Era lamentable pero la verdad es que casos como el de Kaoru eran algo bastante frecuentes desde que el mundo era mundo. Sentir una atracción prohibida hacia algún familiar que terminaba por lo general, de mala manera, sacando lo peor de uno.
-No puedes borrar tu pasado no hablando de ello.- le comentó por experiencia. – Tarde o temprano tendrás que enfrentar ese tema nuevamente. No es algo que te deje tranquila aunque hayas puesto distancia entre tu tío y tú. Debes tener eso claro. Pero en fin... acepto tu trato. No pides demasiado.-
La joven comenzó a limpiarse las lágrimas cuando apareció un pañuelo ante ella.
-Toma. Y no te preocupes. Después de todo, desde ahora, cuidaré de ti.- dijo Kenshin apenas sonriendo.- y ahora, recuéstate, que mañana será un día largo.-
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Iban saliendo del pueblo cuando encontraron un aviso pegado en un poste de madera.
"Se busca a mujer joven, estatura media, delgada y cabello negro, acompañada de un hombre delgado, cabello rojo, estatura media. Tiene una cicatriz en la mejilla izquierda, en forma de cruz. Se ofrece cuantiosa recompensa por ambos"
Más abajo en el aviso se especificaba la suma de dinero a pagar por ellos, y la forma de contactarse con Matsusoo Kamiya.
Kenshin sonrió. El que había escrito el pasquín era un idiota. Si hubiera puesto que los ojos de Kaoru eran del más hermoso color azul (en su humilde opinión), sin duda hubiera tenido más posibilidades de éxito. La descripción que daba de ella era demasiado vaga. Por lo demás, él había resuelto el problema del color de su pelo ocultándolo bajo un sombrero de viajero y su cicatriz no se notaba mucho de lejos atenuándola con un maquillaje especial que se había conseguido con la dueña de la posada.
Aunque en verdad, le importaba poco si alguien lo descubría junto a Kaoru porque de ocurrir eso, se encargaría de romperle todos los huesos a ese "alguien" y lo dejaría tirado por ahí. Cuando ese pobre "alguien" se pudiera mover, Kenshin estaría mirando la luna desde su habitación, en su preciosa casa situada en algún lugar del Japón, lejos de los cazarrecompensa.
Y acompañado de Kaoru, por supuesto.
Kaoru se notaba un poco más alegre que los días anteriores. Sin duda la idea de estar alejándose de su tío era un buen motivo para estar mejor.
-Escucha, Kaoru.- le dijo Kenshin al salir del pueblo esa mañana.- Hay una manera en que podrás ahorrar tu energía cuando caminemos a paso rápido. No te sientas ofendida, pero debes mantenerte callada.-
-¿Ehh?-
-Si hablas, usarás tu aire para hablar y no para caminar. Te cansarás pronto y avanzarás más lento. Dejemos las conversaciones para cuando nos detengamos por ahí a comer algo.- enseguida sacó algo del bolsillo.- Ah, y toma esto. Creo que es de tu medida. – dijo como si le estuviera entregando cualquier cosa.
-¿Un anillo? Está muy lindo, Kenshin, pero yo...-
Cuando Kenshin la vio titubear ante el regalo, se puso algo nervioso. Él realmente deseaba obsequiarle ese anillo, como parte de una fantasía que se estaba permitiendo sólo por esta vez. Como no quería que Kaoru se diera cuenta de ello, sacó a relucir su arrogancia para salvar la situación.
-Nada de peros, chiquilla. Se supone que estamos casados y escuché por ahí que está muy de moda eso de andar usando anillos. Estos occidentales están locos, pero nadie debería molestarnos durante el viaje. En los avisos de búsqueda se menciona a dos personas por separado, no a un respetable matrimonio. Incluso he pensado que podrías ponerte un bulto bajo la ropa para simular una barriga de embarazada... es una gran idea.-
-Pero... Kenshin... las embarazadas caminan lento, ¿no?- acotó Kaoru divertida ante su actitud.
Kenshin reflexionó unos segundos.
-Veo que te funciona esa cabecita después de todo.-
-Claro que sí. Soy una chica muy inteligente... sé jugar Go y siempre le ganaba a mi papá.-
-¿O sea que eres toda una estratega?... vaya vaya... asi que tengo a todo un geniecillo bajo mi cuidado. Pero la experiencia dice que aún los genios hacen cosas mal. ¿Hay algo que no se te dé?-
-Ehh... estoo... je je... la... la cocina.- mencionó en voz baja.
Kenshin se detuvo en seco.
-¿No sabes cocinar?-
Kaoru se sonrojó un poco.
-Ehh... es que... no es que no sepa.- dijo fingiendo una gran sonrisa para ocultar la vergüenza que le daba ese hecho.- Es que lo hago mal... siempre tengo problemas con los condimentos.-
-Pero eso es algo que se aprende.- reflexionó él, tomándose el mentón.
-Es que... yo estaba aprendiendo a hacer otras cosas.- "como ser la primera alumna en la escuela de kendo de mi papá" pensó la chica sin comentar de eso a su protector.
Kenshin se la estaba pasando muy bien conversando con esa muchacha. Sólo que no estaban haciendo lo que debían hacer: caminar.
Además, debía mantener las distancias con ella, ¿no?
-Caminemos mejor, Kaoru. Hay mucho camino por delante. Y recuerda... –
-Si, ya sé, ya sé... no debo hablar.- comentó ella riendo y comprobando que el anillo que le había dado Kenshin le quedaba de maravillas.
-Exacto.-
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Misao observaba a su padre discretamente mientras éste se despedía de Aoshi.
Estaba muy cambiado, después de todo. Andaba mal genio, dando órdenes a todos en casa y amenazándolos ante cualquier "rebeldía" que percibía por parte de sus hermanos. El resto del tiempo, se la pasaba con sus hombres tratando de dar con Kaoru.
Aoshi salió de la habitación donde había tenido su conversación con Matsusoo sobre lo que había sucedido con su prometida, cuando se encontró con la linda cara de Misao que lo saludaba.
Él sabía que ella estaba muy preocupada por su prima y por su padre. En especial, después de haberlo visto llegar con la nariz rota. Y sin embargo, ante él, ella sonreía como si su única razón de ser fuera enseñarle esa bella sonrisa.
Una sonrisa inocente, desprovista de odio o cinismo. Una sonrisa sincera, porque de verdad a ella le daba gusto verlo.
Si tan solo no fuera tan menor...
-Hola, joven Shinomori. Hace un lindo día, ¿no cree?-
Aoshi sintió como su corazón se detenía por un momento muy corto, antes de volver a latir cuando ella se reunió con él, al final del jardín.
-Ehh... hola, Misao. ¿Cómo estás?-
-Bien, muy bien como siempre. Ya sabe, yo soy una mujer muy fuerte.-
-Así veo.-
-Papá me ha encargado acompañarle a su casa para darle este obsequio a su papá, joven
Shinomori.-
-Pensé que iría la mayor de tus hermanas.- repuso Aoshi, muy serio, luchando con la tentación de tomar la trenza de Misao en sus manos para jugar un poco con ella.
-Sep, esa era la idea original, pero mi hermana se ha torcido un tobillo esta mañana. Y mis demás hermanos tenían cosas que hacer, así que luego, sólo quedo yo para ir hasta su casa, joven Sinomori. Es usted un hombre afortunado porque podrá gozar de mi compañía.-
Ya estaban avanzando por la calle y a Aoshi de pronto le parecía que hacía un día muy bonito.
-Bueno, ya que gozaré de tu compañía, espero ser un buen acompañante para ti.-
-Oh, lo será, joven, lo será. Además, tenía ganas de salir de casa un rato. Todos están muy nerviosos con lo de Kaoru.-
-¿Y tú no estás preocupada por tu prima?-
-Claro que lo estoy, yo la quiero mucho. Pero, ¿sabe? Yo siento en lo más profundo de mi corazón, que mi prima está bien donde quiera que esté. Y estoy segura de que Kaoru tratará de ponerse en contacto conmigo en cuanto esté en condiciones para hacerlo. Pero dígame... ¿usted la echa de menos?-
-No mucho, la verdad. Ella sólo será mi esposa para agradar a mi padre. Lo demás es irrelevante, aunque desde luego, espero que ella esté muy bien. Tu padre me ha hablado de un demonio de cabello rojo que la tiene prisionera.-
-Mi padre es a veces un tanto exagerado, joven Shinomori. Yo sé que Kaoru está bien...-
-Bueno, tú dices que es porque te lo dice tu corazón, Misao. Pero aparte de eso, no tienes más pruebas.-
Misao siguió caminado junto a él en silencio. Aoshi temió haberle dado a entender que se burlaba de sus ideas.
-Quizá mi corazón se equivoque.- inició Misao luego de un rato, muy seria.- Pero al menos yo lo escucho, joven Shinomori. Y tomando en cuenta que es usted el que se va a casar con alguien sólo para que su papá se muera tranquilo, es de suponer que usted ni siquiera se ha dado cuenta de que tiene uno.-
Aoshi se detuvo al escuchar las palabras de Misao. Por un momento tuvo la impresión de que ella le estaba reprochando su compromiso con Kaoru, pero desechó la idea. Y sin embargo, Misao se veía un tanto enfadada, de pie delante de él y sosteniendo el obsequio para Okina.
Enseguida la chica se dio cuenta de lo que había dicho, y comenzó a pedir disculpas.
-Oh, soy una insolente cabezota... joven Shinomori, disculpe... lo que he dicho de su padre... es que yo... ¡ayyy!... ¿ya metí la pata, verdad?... mi papá siempre dice que soy una bocazas y si le sirve de consuelo, mi padre dice que por eso mismo jamás un hombre querrá casarse conmigo... pero... es que yo siempre hablo antes de pensar y usted se ve ahí tan serio y tan... ehh... grande...- argumentó nerviosa, por decir algo.
-Grande.- dijo Aoshi divertido con la verborrea de la chica.- Y eso te intimida, ¿no?-
-Sí... digo... ¡no!- se retractó Misao mirándolo fijamente a los ojos y empezando sentirse mareada ante él.- Es decir... yo no le tengo miedo a nadie... me sé cuidar muy bien yo solita.-
-Te sabes cuidar muy bien tu sola.- repuso él, acortando la distancia entre ellos mientras Misao buscaba afanosa una excusa que explicara su falta de tacto, sin percatarse de la proximidad de Aoshi.- Me pregunto qué tanto.-
-Claro que sí... Kaoru me dio unas clases de kendo y estoy segura de que si alguien intenta propasarse conmigo sin mi consentimiento, yo le daré duro... aunque claro... jeje... primero debo gustarle a alguien para que se propase... y parece que no soy muy del gusto de los hombres...-
-¿Y cómo sabes eso?.-
-Es lógico, joven Shinomori... mis hermanos dicen que soy una pequeña calamidad por donde quiera que paso. Que siempre estoy desarreglada por correr a todos lados, que las buenas esposas no son así y que lo mejor que puedo hacer es cambiar o resignarme a quedarme solterona. Por lo demás, mis hermanas ya tienen pretendientes... pero por mí nadie pregunta en casa. Ni siquiera para hacerme alguna broma.-
-Pero te gusta ser así como eres, ¿verdad?.-preguntó Aoshi conmovido al notar por primera vez que aquella chica tan dulce y aparentemente fuerte, tenía sus inseguridades.
-Sí, me gusta ser como soy... en casa todos son tan serios... la ceremonia del te es lo más aburrido que hay pero mi padre insiste en pedirme a mí que la haga para ver si me tranquilizo un poco. Quizá... quizá mi padre tenga razón y este no sea un lugar para mí. Yo no puedo quedarme callada y ser sumisa.-
Misao entonces escuchó la suave risa de Aoshi.
-¿Qué le causa tanta risa?- preguntó un poco molesta.
-Jaja... es que eres una cosa rara, Misao... primero te quejas de que nadie querrá casarse contigo por ser cómo eres, pero luego defiendes tu posición. No te entiendo. Si tanto quieres casarte, cambia y ya.-
- Claro, usted dice eso porque tiene su vida resuelta. Es hombre y tiene dinero, puede escoger a cualquiera para casarse y seguir siendo como es. En cambio yo debo esperar a que alguien opte por mí.- dijo Misao. – Y asi como van las cosas...-
-En lo personal, Misao, siento que eres aún demasiado joven para pensar en casarte.-
Esta observación hizo que Misao meditase durante el camino. Es que Aoshi no entendía que
ella podía estar molesta con él por no escogerla a ella a la hora de ir a la casa Kamiya a buscar esposa y para su desdicha, eso era algo que no podía decirle abiertamente.
Ella conocía a Aoshi desde hacía mucho tiempo, cuando Matsusoo y Okina se hicieron amigos. Entonces ella contaba con ocho años y vio por primera vez a Aoshi cuando éste tenía catorce.
Misao había quedado impresionada con él y al crecer se dio cuenta de que realmente le gustaba mucho ese hombre. Pero él siempre era muy amable con sus hermanas mayores y a ella no la tomaba en cuenta; eso causó cierto resentimiento en Misao, quien hastiada por la actitud servil que tenían ellas hacia Aoshi, decidió cultivar su propia personalidad aunque últimamente, tantos reproches masculinos de sus más cercanos, la estaban haciendo dudar de su opción.
-... y sería una lástima que cambiaras.- escuchó Misao, dándose cuenta de que Aoshi, el hombre de sus sueños, le estaba diciendo algo.
Se detuvieron frente a la casa Shinomori y entraron a ver a Okina.
Éste se encontraba sentado en una banca del jardín.
-Padre, deberías estar en tu habitación.- le reprochó Aoshi.- ¿Dónde está tu sirviente? Debería al menos hacerte compañía.-
-Bah, lo despedí por idiota. Ni siquiera sabe jugar Go y está todo el día diciéndome lo que debo hacer.- se quejó Okina, quien de pronto, reparó en Misao.-Vaya, vaya... veo que no has perdido el tiempo y fuiste a buscar a otra esposa a donde los Kamiya. Hola, Misao.-
-Buenas tardes, señor Shinomori.- saludó Misao haciendo una leve reverencia ante él.
-Padre, sobre Misao, yo no...-
-Cállate, mal hijo, y deja examinar a tu futura esposa.- dicho esto, Okina alargó las manos hasta posarlas sobre las caderas de Misao.-Estás muy flacucha, hija.- de inmediato la soltó. Misao no sabía que creer y notó en el rostro de Aoshi el rubor ante lo que estaba pasando.
-Seré una flacucha, pero soy una mujer fuerte.- se defendió Misao, alzando su fina barbilla.
-¿Fuerte tú? Pero si al primer abrazo de mi hijo te romperás. No me gusta como nuera, Aoshi. A esta niña nadie le ha enseñado que debe mantener silencio frente a sus mayores y tratar con respeto a las personas.-
Misao se estaba enfadando y el hecho de que además estuviera nerviosa no ayudaba a mejorar la situación.
-Pues me importa un comino saber tratar a mis mayores cuando son unos viejos mañosos como usted y le advierto que me vuelve a poner un dedo encima y le demostraré de lo que soy capaz. Además, yo no me voy a casar con... –
-Aoshi, ¿qué pasó con Kaoru?- la interrumpió Okina de modo bien descortés. Misao se quedó
de piedra y pensó seriamente en ponerle el regalo a Okina de sombrero.
-Kaoru sigue sin aparecer. Se perdió su rastro hace un par de días...- respondió el hijo tratando de no reírse ante la situación.
-Y qué bueno que no aparece si va a tener que aguantarlo a usted de suegro. Es de lo más pedante y maleducado que hay. Con razón mis hermanas no quisieron venir a verlo.- atacó Misao. Okina se puso de todos colores.
-¡Aoshi... llama a mi sirviente para que saque a esta mocosa de mi casa!.-
-Padre, Misao ha venido a traerte un regalo de parte de su padre... no la puedes tratar así.- dijo Aoshi con ánimo conciliador.-Y recuerda que tú mismo despediste a tu sirviente.-
Por lo demás, Aoshi estaba convencido de que su padre se merecía el trato de Misao.
En eso, apareció uno de los trabajadores de Aoshi.
-Señor Shinomori, ha habido un problema en cocinas y se necesita su presencia urgente.-
-Está bien- repuso Aoshi.- Iré de inmediato.-
Como Aoshi tenía un restaurante a su cargo, se disculpó con Misao por tener que dejarla sola.
-Aoshi, ni se te ocurra dejarme a cargo de esta mocosita.-
-Pues será al revés, padre. Misao, por favor, cuida de mi padre mientras yo regreso. Lo haré pronto. Y no dejes que nada de lo que él te diga, te moleste. Recuerda que eres una chica fuerte y no puedes defraudarme, ¿entendido?-
-Pero Aoshi, yo...-
-Nada de peros, Misao. Sólo será un momento. Enseguida vuelvo a rescatarte. Sólo asegúrate de que mi padre esté bien y que regrese a su cuarto.- luego Aoshi se volvió a su padre.- y tú compórtate bien con Misao. Esto te pasa por haber despedido a tu sirviente.-
Okina se cruzó de brazos e hizo un gesto de disgusto. Aoshi entonces salió corriendo en dirección a su local, deseándole suerte a Misao.
Porque si que iba a necesitarla.
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El sendero que recorrían se internaba en el bosque por tramos. Llevaban casi medio día de camino, cuando Kenshin sintió curiosidad por el paquete que llevaba Kaoru. Lo traía desde el día anterior en que pasaron por un pueblo y ella le pidió dinero para comprar algo.
La miró discretamente... ella sonreía de manera traviesa bajo su aparente calma. Quizá sólo eran imaginaciones suyas de que algo no andaba bien.
Siendo así las cosas, y rompiendo el pacto de silencio, se atrevió a preguntar.
-Hey, chica... dime, ¿qué llevas ahí?-
-No debemos hablar. – susurró ella.- Al almuerzo le diré que es.-
Kenshin no podía dejar su curiosidad sin saciar.
-Pues te digo que ahora mismo nos detenemos y hablaremos. Enséñame esa bolsa. Dime por qué la tratas con tanto cuidado.-
Kaoru no respondió. Pero tampoco soltó su compra. En vez de eso, se paró en frente de él.
-¿Quiere ver lo que tengo aquí?-
Kenshin iba a contestar que no, pero estaba intrigado con el dichoso paquete.
-Está bien, muchacha.-
Kaoru sonrió y su rostro se iluminó por momentos. Metió una mano en la bolsa y extrajo algo de color café.
Era un huevo.
-¿Traes huevos?. Vaya que se te ha ocurrido una gran idea, los podemos cocinar y comer.-
Kaoru sonrió aún más.
-Estos huevos son todos para usted.-
-¿Para mí? Muchas gra... -
Cuando Kenshin se inclinó sobre Kaoru para examinar la cantidad de huevos que traía, quedó desconcertado un momento por la suave fragancia que emanaba de ella, sin imaginar que esta distracción resultaría de utilidad a la joven que rápidamente le metió un huevo por la espalda, entre medio de su ropa. Enseguida le dio un golpe, rompiendo el cascarón.
Kenshin sintió la viscosidad sobre su piel y quedó de piedra por unos instantes, sin comprender. Kaoru no desperdició el momento y derechamente le arrojó otro huevo.
-"Quiero veinte de los peores huevos que tenga. Que estén podridos y que sean de cáscara delgada"- le había pedido a Kaoru al sorprendido tendero aquella mañana.
Eran para vengarse de Kenshin.
Y cuando éste finalmente reaccionó, ya tenía por lo menos cinco huevos resbalando por su cuerpo. Y olían horrible.
-Maldita mocosa del demonio- masculló él, antes de abalanzarse sobre ella. Kaoru dio un par de saltos y quedó lejos de su alcance, lanzándole más de sus fétidos proyectiles.
Kenshin soltó el morral que portaba con sus escasas pertenencias en común, mientras escuchaba:
-¡Este es por mi kimono que usted rompió, ¡Este es por los latigazos que me dio mi tío... este por tardarse tanto en rescatarme, Y este por... ¡¡por todo lo que haga después!-
Por algún extraño motivo que Kenshin no se detuvo a analizar, toda su rabia inicial se convirtió en una especie de diversión al ver a Kaoru tan furiosa lanzándole los huevos... contó mentalmente... ya iban cerca de diez huevos estrellados contra él.
Asi que después de todo, Kaoru era una pequeña arpía. ¿no?... estaba sacando sus garritas contra él y de una manera bastante inocente, a su modo de ver. Después de todo, la situación era hasta graciosa.
Pero él no podía mostrarse tan contento al verla recuperada de sus heridas. No debía mostrarle simpatía.
- ¿Asi que estos huevos son por lo que haré después?-
-¡Claro que si!-
-Está bien- dijo él tan tranquilo, antes de poner toda su habilidad superatlética al servicio de sus deseos de venganza.
Dio un salto espectacular y quedó al lado de Kaoru. Le arrebató la bolsa y le arrojó un huevo a la cara, sólo que ella se agachó por instinto y el huevo se perdió en medio de la vegetación que bordeaba el camino.
- No sabía que seguías tan enojada conmigo- masculló él mientras ella luchaba por sacar un huevo más de la bolsa que él le había arrebatado.
-Y qué creía, ¿que estaba agradecida por el mal rato que me hizo pasar?-
Kenshin sacó otro huevo y se lo arrojó a la joven, solo que ella se enredó en el morral y cayó hacia atrás por lo que el huevo no le dio en la cara, sino que siguió la misma dirección que el anterior. El pelirrojo, que había perdido su sombrero con el salto, no se detuvo a meditar en el viaje de los huevos.
Se dejó caer sobre Kaoru con un huevo en la mano derecha. Mismo que se internó por el escote de la joven hasta la unión de sus pechos antes de romperse. Como a Kenshin le quedó una asquerosa mezcla de yema y clara en la mano, se la pasó a Kaoru por la cara, pero ella ya estaba maniobrando con un montón de tierra que estaba embarrando en el rostro de él.
Kenshin la tomó por la cintura y rodó de manera que ella quedó sobre su pecho aprovechando de frotar su rostro contra el de Kaoru para impregnarla con la mezcla de huevo y barro que traía. Si no hubieran estado tan divertidos con el proceso de la pelea, seguramente estarían sintiendo las arcadas que produce en una situación normal el olor asqueroso de los huevos podridos.
Kaoru acabó de romper el último huevo que quedaba en la frente de Kenshin, así que éste siguió frotándose ahora contra el cuello de ella. Empezaron a rodar y fueron a parar a un pequeño arroyo en orilla del camino que momentos antes seguían. A pesar de la extraña situación, Kaoru no podía parar de reír, y ya que habían empezado embarrándose en huevo, ahora seguirían con barro.
-Condenada mocosa, ¿acaso no te han enseñado a respetar a tus mayores?-
-Pues no a los que se comportan como niños... ¡usted empezó con todo esto!-
-Te recuerdo que no fui yo el que andaba cargando una bolsa con huevos podridos... ¡yo no inicié esto!-
-¡Claro que si! Es un pedante, molestoso, y encima no respeta los acuerdos.-
-El Cielo me libre algún día de casarme con una mujer como tú...-
-¡¡Ojalá me libre a mí de tener a un troglodita como usted de marido... esa si que sería desgracia!-
Como los dos decían lo anterior entre medio de carcajadas, no se lo estaban tomando muy en serio.
Eso, hasta que Kenshin puso a Kaoru bajo él nuevamente, para atrapar una piedra que venía contra ellos.
Habían estado tan entretenidos que no se habían percatado de que había cinco personas con cara de pocos amigos mirándolos.
De hecho, aparentemente el líder de ellos había vomitado hace poco por el asco que le causaron dos huevos podridos que le llegaron a la cara mientras almorzaba algo junto con su grupo que ahora estaba dispuesto a vengarse por la ofensa hecha a su jefe.
-¿Me dirás que esto no fue por tu culpa, Kaoru?- dijo Kenshin decidiendo entre ataque y huida.
Ella puso una cara de inocencia tal que Kenshin tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse.
-Mi honorable señor, usted es mi esposo asi que... usted responde por mi.- contestó sumisa y dulcemente.
-Sugiero una huida estratégica, mi adorada esposa. No deseo exponerla a la violencia entre estos plebeyos.-
Kenshin se preguntó qué estaba pasando. Estaban a punto de rebanarles el cuello, olían horrible y estaban mojados... pero se lo estaban tomando a la broma. Hacía tiempo que no se reía tanto. Pero ella lo sorprendió con lo que dijo después, muy seria.
-Pues yo lo seguiré en lo que decida. Ataque o huída, Kenshin. Y lo ayudaré.-
-Pues da lo mismo lo que decidan...- dijo uno de los del grupo que ya habían perdido la paciencia con esos dos.- ...porque ahora mismo morirán-.
Kenshin y Kaoru se pararon de un salto. Hacía calor y estaban pegajosos... Kenshin de inmediato recuperó su espada y se puso a la defensiva.
-Pelearé, Kaoru. Recupera el morral mientras.-
Kaoru miró a Kenshin un momento, antes de levantarse un poco las faldas y salir corriendo a perderse.
-Cobarde mocosa del condenado infierno.- gruñó Kenshin ante el abandono. De inmediato se puso a pelear con los cuatro que se le tiraron encima, porque el quinto integrante, el jefe, seguía vomitando asqueado.
De pronto Kenshin estaba peleando sólo con tres... al mirar hacia el lado, Kaoru, que se había hecho con una vara, estaba luchando contra el cuarto sujeto, como si tuviera ella una espada.
-¡Le dije que lo ayudaría si se decidía a pelear!- gritó ella. Kenshin, sonriendo, se concentró en dejar fuera de juego a sus contrincantes, cosa que le tomó unos veinte segundos. Mientras, Kaoru con su palo ya había dejado semiinconciente y con tres dientes menos al que le tocó a ella.
El pelirrojo la miraba asombrado. Ella sólo sonrió un poco.
-Mi papá era instructor de kendo y yo aprendí algo.- admitió humildemente.
Kenshin recuperó el morral y optó por buscar un sitio donde bañarse. Hasta él estaba comenzando a sentir asco del aromita que se traía encima. Eso hasta que un cierto cosquilleo en la base del cuello le indicó que algo andaba mal.
El jefe de la banda, algo más recuperado y furioso por la derrota de sus hombres, gimió:
-¡¡Todos a ellos!-
Y así, detrás del jefe de la banda de asaltantes, aparecieron treinta más, armados y con cara de pocos amigos, cubriéndose discretamente la nariz.
Kenshin desenvainó nuevamente su espada para defender a su esposa... a la chiquilla... en definitiva, a Kaoru. Pero ella le tocó el hombro.
-Kenshin, tengo una idea...-
-Cállate y aléjate, mocosa. Tremendo problema en el que nos has metido.- ya el asunto no le estaba pareciendo tan gracioso.
Kaoru frunció el ceño y se plantó delante de él.
-Hágame caso, funcionará...-
-Tienes diez segundos para que tu plan funcione- dijo él, convencido de que así ella se desanimaría y huiría.
-Está bien, pero mire hacia otro lado y cuando llegue el momento, ayúdeme a correr.-
Kenshin no le hizo caso a Kaoru y fue así como observó que ella se acercaba a la treintena de maleantes que al principio amenazaron con matarla pero luego la seguían atentos. Entonces ella se metió los dedos índice y medio a la boca, hasta alcanzar el inicio de la garganta.
Momentos después, vomitaba como si no hubiera futuro, ayudada con el olorcito de los huevos...
Y de pronto, pasó algo milagroso... el grupo de hombres que hasta hacía unos minutos estaban comiendo, se pusieron también... ¡¡ a vomitar! Incluso el jefe nuevamente... era un caso a gran escala de "vómito solidario".
Kaoru se limpió la boca poco dignamente con la manga del kimono y salió corriendo...
Kenshin, que sentía las arcadas estremecer su cuerpo, había entendido la idea de la chica y dándole alcance, la tomó de una mano y asi los dos tuvieron tiempo de huir rápidamente. Corrieron todo el resto de la tarde y cuando se detuvieron, habían dejado atrás un río, dos pozas de agua y cuatro arroyos pequeños en los cuales sólo se mojaron los pies, por lo tanto, apestaban tanto o más que en la mañana. Pero había que reconocer que habían hecho en tiempo record una buena parte del camino.
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Había pasado una semana y las cosas en la residencia Shinomori habían cambiado un poco. Esa tarde, cuando Aoshi volvió a casa, se encontró con la ya familiar escena de Misao en el jardín, jugando Go con Okina. Se habían aburrido de pintarse la cara mutuamente y en vez de eso, se apostaban pasteles. El que perdía, debía conseguir golosinas para el otro.
Al principio, Aoshi intentó convencer al que había sido sirviente de su padre para que regresara a casa, encontrándose una y otra vez con la negativa de éste. Después de arreglar el problema que había en el restaurante, Aoshi volvió tarde, encontrándose a Misao sentada al lado de Okina, velando su sueño. Él entonces la acompañó de regreso a su casa dándole las gracias innumerables veces por cuidar de Okina, diciéndole que éste últimamente andaba mal genio ya que por su enfermedad no podía moverse con la libertad de antes.
Misao no le comentó nada de lo que había pasado en su ausencia pero Okina, al día siguiente, en la mañana, preguntó por ella.
-¿Dónde está tu futura esposa, Aoshi? No puedo creer que tengas tan mal gusto, pero al menos la niña tiene cabeza y sabe jugar a las cosas que me gustan.-
Rato después, Okina andaba un poco decaído. Asi que llamó a Aoshi.
-No puedo creer que te hayas fijado en una mocosa tan respondona para casarte, pero en fin... esta es tu casa, hijo. Puedes traerla cuando quieras. Aunque te advierto que te traerá muchos dolores de cabeza-
Aoshi iba a sacar a su padre de su error con respecto a Misao, pero Okina se quedó dormido. Al día siguiente, le volvió a preguntar por Misao.
-Oye, y cuando la invitarás a comer. Apuesto a que la noche anterior ni siquiera le diste algo para que comiera por el camino. Eres un descortés...-
-La fui a dejar a su casa, padre.- respondió Aoshi con una voz muy tranquila, repasando el párrafo que estaba leyendo de un libro de poesía.
-De todas maneras así no se trata a una futura esposa. Dile a la chica esa que venga a comer mañana. Y le ofreces tus respetos y disculpas.-
Asi fue como Aoshi finalmente se dio cuenta de que Okina necesitaba compañía y que tal vez Misao, con su forma de ser, activaba algo en su padre que le hacía animarse ante la idea de una pelea con alguien inteligente que sabía discutir. No tardó mucho antes de proponerle un trato a Misao.
-Quiero que cuides de mi padre por un tiempo. Creo que, a pesar de lo que él diga, se siente bien con tu compañía. Por favor, haz ese favor por mí.-
-Mmmm... está bien, joven Shinomori. Pero antes lo hablaré con mi papá. Y también debe decírselo usted.-
Matsusoo no puso problema en que Misao fuera a la casa de Aoshi todos los días. Y ahora, mientras ella ganaba una partida de Go (que Kaoru le enseñó a jugar, por cierto) Okina llamaba a la cocinera para decirle que debía preparar dos pasteles más para el día siguiente.
Aoshi, instalado cerca de su padre y de Misao, por su parte, se sentía bien feliz. Aunque peleaban casi por cualquier cosa se llevaban bastante bien y lo mejor es que Aoshi había descubierto en Misao una especial paciencia en lo que a Okina se refería.
-Canta para mí, muchacha. Tienes buena voz.- pidió Okina a Misao.
Aoshi escuchó atentamente cada uno de los matices que adquiría la voz de Misao al entonar una canción que había oído en el teatro, pensando que algo tenía ella que cautivaba a los Shinomori, sin importar la edad de ellos.
No había querido sacar a su padre de su error admitiendo que Misao no era su prometida: en vez de eso, dejó que Okina lo siguiera creyendo mientras Kaoru regresaba de donde quisiera que estuviese. Así, él desharía su compromiso con ella formalmente y le pediría a Matsusoo la mano de Misao. Sólo de esa manera, Aoshi, que era un hombre muy recto, se podría permitir cortejar a esa chica con propiedad. Antes no lo haría porque estaba comprometido con Kaoru y el compromiso era ante todo eso, un compromiso que él no rompería. Mientras tanto, observaría atentamente a Misao para conocerla más.
Así sería. Por Mísao, las haría las cosas lo mejor que pudiera.
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Estaban muy cerca de la casa de Kenshin. Un día más de camino y estarían en ella. Kaoru, que había cumplido con el trato de "silencio al caminar", lo acompañó gratamente y sin quejarse de la ruta que él había trazado para llegar a su destino.
Habían atravesado ríos y acampado a la intemperie. Kaoru se quedaba profundamente dormida por la noche, así fuera encima de las piedras sobre las que se sentaba, por lo que a Kenshin le tocaba reacomodarla para que no le doliera el cuerpo el día siguiente.
Ese día acamparon al lado de un río, justo donde se formaba un estanque natural. Kenshin hizo una fogata y Kaoru se acercó.
-Mañana llegaremos a mi casa, Kaoru. Por fin tendrás una cama decente para dormir y un plato de comida en vez de estas galletas de viaje.-
-Mmmmhhh Digame, señor Kenshin... ¿cómo es su casa?- preguntó echándose un bocado a la boca.
-Es una casa grande.- dijo él.- Una casa donde entra mucha luz y yo puedo descansar tranquilo. Cerca de ella hay un río muy parecido a éste de aquí, así que podrás bañarte en él cuando haga calor.-
-Oh... debe ser agradable tener un río tan cerca. Podré nadar... –
-¿Sabes nadar?-
-Si, mamá me enseñó durante una visita que le hicimos a abuelita, cuando yo era una niña aún. ¿y usted?-
-No sé nadar.-
-Ahh... no hay problema, Kenshin. Yo le enseñaré. Primero usted tiene que aprender a flotar. Después debe mover los brazos...-
Kenshin no la escuchaba mucho porque estaba pensando en la idea de Kaoru nadando. De pronto tuvo la sensación de que esa imagen debía de ser algo hermoso de ver.
-¿Y vive con alguien más en su casa, señor Kenshin?-
-¿Ehh?- Kenshin volvió al mundo real.
-Si vive con alguien. Si tiene más familia... quizá algún hermano o hermana. Tal vez tenga esposa.-
Kenshin se movió un poco, acomodándose mejor la espada.
-Vivo solo. No tengo familia ni estoy casado.-
Kaoru lo miró con curiosidad.
-Yo pensaba que usted estaba casado.-
-Claro que lo estoy, chiquilla. Pero sólo contigo y eso ante los demás hasta que lleguemos a casa.-
-¿Y no se ha casado nunca?-
-¿Qué te dio con el matrimonio, Kaoru?-
-Es que me parece raro que usted no se haya casado, señor Kenshin... tal vez... al menos debe gustarle alguien.-
-Pues no te metas con mi vida. No es algo que te incumba.- respondió molesto.
-Claro que me meto. Hace unos días, usted me interrogó hasta saber todo lo que quiso de mí. Me parece justo ahora que me cuente cosas de usted.- dijo Kaoru comenzando a enojarse.-
¡Usted es de lo más injusto! Claro, se siente con el derecho de interrogarme a su antojo porque...-
Kenshin resopló fastidiado, imaginándose toda la palabrería que vendría.
-¿Quieres saber de mí? Muy bien, sabrás de mí. Estuve medio año casado, cuando era joven y enviudé. Luché en el Bakumatsu, maté a tanta gente que perdí la cuenta y no soy un tipo al que la gente pueda apreciar. No soy atractivo, no soy simpático ni sé contar chistes y lo mejor que puede hacer el resto del mundo es alejarse de mí porque hay gente que me busca para vengarse por todos los asesinatos que cometí así que, aunque me gusta una chica sé que ella jamás me mirará dos veces y yo, no haré nada para cortejarla. ¿Quieres saber más?-
Kaoru estaba muy sorprendida por esa actitud en él... era muy duro. Pero le reconocía que le gustaba alguien. Eso ya era algo.
-Entonces te diré más. No tengo amigos, no me interesa tenerlos ni menos andarle contando mis cosas a las muchachas como tú. Tú sólo sabrás lo básico de mí porque no se te debe olvidar que tenemos un trato y que yo sólo te cuidaré hasta que cumplas tus dieciocho y después de eso cada uno seguirá en lo suyo. Tú te irás a tu casa y yo seguiré en la mía, solo, como debe ser. Así que no te confundas conmigo.-
A Kaoru de repente le dio pena con Kenshin.
-Yo pensé que podíamos ser amigos y llevarnos bien.- dijo con decepción.
-¿Amigos?... jaja... esos no existen, Kaoru.- dijo el pelirrojo mirando hacia el cielo estrellado.- Lamento decirte que eso de la amistad es algo que se inventó la gente débil para apoyarse en otros y aprovecharse de la fuerza de esos otros porque ellos mismos no pueden vivir en soledad. Tú y yo jamás seremos amigos. Sólo tenemos un trato y debes recordarlo bien. Tú no puedes ser amiga mía.-
-Yo siento que sí, señor Kenshin... si me deja, le puedo demostrar que los amigos existen. Que hay lealtad, cariño...-
-¿Existen? Entonces dime dónde estaban tus amigos cuando los necesitaste. Seguramente cuando todo te iba bien, estabas rodeadas de ellos, pero en cuanto caíste en desgracia, se apartaron. Apuesto todo lo que tengo a que ninguno de ellos se pregunta en este momento qué ha sido de ti. Ni siquiera tu idolatrada primita Misao.-
-No diga eso, señor Kenshin... Misao es muy gentil y tengo total confianza en ella. Por lo demás...-
-Escúchame, Kaoru. Haz lo que quieras... pero te advierto que no será mi culpa si te haces falsas ilusiones de que entre nosotros puede haber una amistad. Nosotros sólo somos compañeros y nada más que eso. –
Kaoru estaba descolocada ante todo eso. Kenshin por su parte, no la miró y se sentó en el suelo encogiendo las piernas, al lado de la fogata, cerrando los ojos.
-Así es el mundo, Kaoru. Y nada de lo que hagas cambiará ese hecho.-
Kaoru no podía permitir que Kenshin tuviera una visión tan terrible de la vida y de las relaciones humanas. Ella decidió más que nunca ser su amiga y hacerle ver que todo podía ir bien entre ellos.
-Pues yo le voy a demostrar, Kenshin... que existe la lealtad. Le voy a demostrar...- prosiguió Kaoru con más fuerza.- ... que alguien puede tenerle afecto y no esperar nada más a cambio que su sonrisa y el saber que usted está bien. Que alguien lo puede cuidar, que alguien lo puede esperar en casa.-
-No pierdas tu tiempo, Kaoru. ¿Para qué insistes con eso? ¿Acaso tú pretendes ser mi amiga? Tenemos un trato y tú te irás. ¿De qué te sirve ser mi amiga y enseñarme que esas cosas son de verdad, si al final vas a irte y voy a seguir solo?- repuso Kenshin.- Si realmente quieres hacer algo por mí, entenderás que no quiero encariñarme contigo y no lo haré, porque mi vida está allí, en mi casa, donde pienso permanecer hasta que me muera. Pero tú te irás a la tuya y así es como deben ser las cosas. Guárdate tu discursito para alguien a quien conozcas en el momento en que llegues a tu destino.- terminó, cansado y dándole la espalda.- Y ahora duérmete que mañana hay mucho que hacer.-
Las palabras de Kenshin encerraban un profundo temor a ser dañado y eso era algo que Kaoru supo advertir. Él tenía razón... ella se iría. Pero quizá podía preparar su corazón para alguien más.
Él había reconocido que le gustaba alguien que no podía quererlo. Bueno, era de esperar que una mujer saliera arrancando ante un hombre que al parecer, se valoraba tan poco a sí mismo.
Quizá Kaoru en vez de esforzarse por ser amiga suya, debería esforzarse en hacer de casamentera, ubicar a la mujer que a Kenshin le gustaba, y ver el modo de que estuvieran juntos.
Sí... ella haría eso por Kenshin. Conseguiría el amor para él. Investigaría quien era esa mujer... quizá vivía cerca de la casa de Kenshin y por eso él no quería irse nunca de allí. Para estar cerca de ella.
Kaoru se apoyó en Kenshin y le dijo despacio:
-Le demostraré que el amor existe, Kenshin.-
Después de un rato de silencio, éste musitó:
-Haz lo que quieras, chiquilla terca. Verás que al final yo tenía razón.-
Pero Kaoru, que se había acomodado mejor junto a él, ya estaba dormida y no lo escuchó. Tampoco se percató, horas más tarde, de que Kenshin la cargaba en su espalda y que iniciaba el tramo final hacia su casa.
Él único lugar a donde podía regresar y sentirse más o menos seguro.
Aunque con Kaoru al lado, se preguntó si podría volver a estarlo.
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Fin acto cuatro.
En Camino
(Mayo 2, 2006.)
Agosto 14, 2008
Hola!!
Tenía un episodio completo escrito, sobre una pelea entre Kenshin y Kaoru durante su viaje. Pero luego no me gustó... después escribí este capítulo. Luego de meditarlo un rato, he optado por editar parte de ese primer capitulo que hice y ponerlo. Es una escena estúpida esa de los huevos y es la única escena que no tendrá repercusión alguna en lo que pase después pero, un poco de humor burdo no le hace mal a nadie. Espero no haber herido la sensibilidad de nadie con la venganza de Kaoru y sus consecuencias.
También me he conmovido con la escena final entre Kenshin y Kaoru... sólo espero poder haber retratado bien la nobleza de ella y el temor de él, oculto bajo esa arrogancia suya. Otra escena especial, que me salió de pura inspiración, era la de Misao y Aoshi, que van a salir un poco más seguido. En el episodio cinco, aparecerán Sanosuke y Megumi, aunque no creo que vaya a explayarme demasiado en una posible relación entre ellos.
He tenido algunas demoras con los capitulos ahora por falta de tiempo pero ya lo resolveré. Por ahora, al menos sigo actualizando y eso es bueno.
Mis saluditos y respetos a:
Okashira Janet
Novelle de Telleyrand
Dark Any
Haro Kzoids
Kaworu M
Lola 1655
Hiirukii Chan
KagomeKaoru
Sakura K de Shinomori
Jegar Sahaduta
Athena Kaoru Himura
Mei Fanel
Kanke-chan
¡¡Gracias por dejarme sus comentarios!!
Blankaoru.
