Prisionera

Acto cinco.

La rendición.

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Kaoru despertó cuando sintió un gracioso cosquilleo en la nariz. Su cuerpo se mecía a medida que Kenshin caminaba cargándola y podía sentir cómo el cabello rojizo de su coleta le acariciaba el rostro.

Era a su manera un hombre muy encantador, según Kaoru que esbozaba una tímida sonrisa antes acomodarse mejor sobre esa espalda y cerrar los ojos.

-Había visto mocosas con el sueño pesado, pero tú te llevas todos los premios.- protestó él irritado.

Desde luego que ese encanto desaparecía en cuanto abría la boca.

Kaoru suspiró y puso los pies en el suelo mientras Kenshin decía algo de que si hubiese esperado hasta que despertase por si sola, bien podría haber visto llegar el mes de Noviembre sentado y avivando la fogata cada cierto tiempo.

-Ya, ya... si ya desperté, no me regañe... verá que puedo caminar yo solita todo lo que quede de camino.-

-Pues, ni tanto camino queda, Kaoru. Llegaremos antes del mediodía.-

-Ooh... ¿realmente llegaremos tan pronto a su casa?-

-Claro que si. Está tras esa colina que ves allí. No es muy lejos. -

-Ahh, qué bien.- Kaoru dio un par de pasos sonriente y luego de reflexionar un poco, se atrevió a preguntar algo a sabiendas de que podría recibir una nueva reprimenda.- Oiga, señor Kenshin, dígame... si su casa queda tan cerca de aquí... ¿por qué no me dejó seguir durmiendo un poco más? O bien ¿por qué no me despertó? No creo que el tiempo que eso le haya tomado hubiese sido algo tan sustancial. ¿O si?-

Kenshin quedó desconcertado por una pequeña fracción de segundo. Él no podía decirle a Kaoru que cuando la vio dormir tan profundamente, le dio pena despertarla. Y primero se hacía el harakiri antes que reconocerle que no le molestaba cargarla sobre su espalda y que hasta lo hacía feliz ese contacto inocente con ella.

Pero no, no y no, no se lo iba a reconocer.

-Bueno, mocosa, lo hice para que después no me siguieras echando en cara que soy injusto y malo contigo. Y ahora toma esto.- le arrojó una galleta de viajero para que ella desayunara mientras se movía. Kaoru la atrapó ágilmente en el aire.

-Usted después de todo no es tan malo, Kenshin.- dijo ella mordisqueando su galleta y mirándolo de reojo.- ¿Sabe, creo que hasta me agrada.-

¿Qué podía decir él ante esa confesión? Mirando los enormes ojos de Kaoru sobre él, Kenshin se convenció de que ella lo decía sinceramente. Esa chiquilla no podía mentir.

¿O si?

Era una mujer después de todo.

Bueno, lo mejor sería no pensar más al respecto. Kenshin agitó un poco la cabeza para ordenar sus pensamientos y proseguir su camino.

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Sanosuke despertó al sentir dos fuertes patadas en su estómago. Maldita Megumi.

Ella lo miraba furiosa, con las manos en la cintura y echando chispas por los ojos.

-¡Despierta, irresponsable holgazán!-

Sanosuke no sabía qué le dolía más en ese momento. Si la cabeza o el abdomen. Se puso en pie

rápidamente, doblándose un poco hacia delante por el dolor.

-Deja de pegarme, mujer rabiosa.-

De pie, Sanosuke le ganaba a Megumi por al menos una cabeza, pero eso no era algo que atemorizara a la doctora de 22 años y fuerte carácter.

-Te lo tienes bien merecido por el desastre que has dejado en la casa de Kenshin. No sé si se te olvidó, pero él nos encargó cuidarla hasta su regreso... y tú no encuentras nada mejor que emborracharte y traer a tus amigotes. ¡Eres un soberano imbécil!-

-Vamos, Megumi... Kenshin no volverá todavía...- dijo él en tono conciliador, tratando de restarle importancia a su mal comportamiento.

-No puedo creer que seas tan idiota, Sano. Sabes muy bien que Ken es capaz de aparecer en este mismo momento. Deberías agradecer que hoy es mi día libre de la consulta, asi que te ayudaré a limpiar este desastre.- Megumi tomó una escoba y empezó a barrer.- Tú humedece ese paño y trata de sacar las manchas de la mesa.-

Sanosuke no estaba muy de acuerdo en ordenar. Que lo hiciera Megumi si tanto le gustaba la limpieza... además, ni se notaba que había habido gente la noche anterior... ¿o si?

Sonrió de una manera seductora a la doctora, mientras se apoyaba despreocupado en una de las paredes, esperando con eso que Megumi se ofreciera a terminar el aseo completo.

Lo que recibió a cambio fue un escobazo.

-¡Ponte a limpiar, flojo!.-

Sanosuke ya no quiso tomarse el asunto en broma, asi que se puso serio.

-No lo haré porque no es necesario. Me duele la cabeza y Kenshin no llegará hoy. Te lo aseguro, Megumi, debes confiar en mi intuición. Llevo mucho tiempo jugando a las apuestas y...-

-Y por eso estás como estás, Sano. Le debes dinero a todo el mundo... ¡agarra ese trapo o te daré con la escoba por la cabeza nuevamente!.-

-Atrévete, mujer abusiva, y te partiré la escoba en dos.-

-Parte la escoba en dos y yo... quemaré esto.-

Megumi sacó de la manga de su kimono, una cinta roja que Sanosuke reconoció enseguida. La cinta que se ponía en la cabeza tapando su frente, era parte del uniforme del grupo Sekiho, al que él perteneció siendo un niño. Y era uno de sus mayores tesoros.

Al dar un paso hacia Megumi para arrebatársela, ella se metió la cinta por el escote del kimono.

-Aprende a asumir tus responsabilidades de una vez, hazte hombre, Sanosuke.- le reprochó Megumi al tiempo que Sano tomaba sumisamente el paño para limpiar y empezaba a ayudarla porque sabía que ella era muy capaz de quemar su cinta roja.

Maldita mujer abusiva...

Megumi sonrió al verlo inclinarse sobre la mesa y otros muebles para limpiar. Sanosuke era un tipo bastante guapo pero irresponsable como pocos. Para él, la vida era un constante juego de azar, asi que no se preocupaba mucho en prever las consecuencias de sus actos. Sin duda era todo lo contrario a ella. Afortunadamente para la sociedad, Megumi era la única persona (aparte de Kenshin) que podía mantener a raya el carácter de Sano, gracias a que ella era una mujer de personalidad fuerte y sumamente tenaz.

Dos horas después, la casa volvía a ser lo que fue antes de la fiesta nocturna. Sólo había un detalle:

-...es tu problema, Sanosuke. Ve tú cómo le explicas a Kenshin que se robaron un futón de su dormitorio. Yo bastante te ayudé con la casa.-

-Vamos, Megumi... por lo mismo, no puedes dejar este favor incompleto. Ayúdame a inventar una historia convincente para Ken.-

-Olvídalo.- Megumi dejó los utensilios de limpieza en su lugar y salió al exterior a refrescarse un poco.- yo simplemente no diré nada a Ken sobre lo sucedido anoche. Siempre que no me pregunte, claro está.-

-Eres mala conmigo...- se quejó Sano haciendo temblar su labio inferior como quien está a punto de llorar.

La joven mujer, cansada, se sacó la cinta de donde la tenía guardada y se la lanzó a Sanosuke.

-Toma, ahí tienes. Ahora déjame en paz, tengo mucho que hacer.-

Sanosuke se colocó rápidamente la cinta, anudándosela con fuerza, antes de salir a la siga de Megumi, que empezaba a alejarse de él.

-Espera, no puedes irte así.-

Ella se dio la vuelta extrañada.

-¿Qué diablos te pasa?-

-Bueno... Hum... tú cocinas muy bien y yo aún no he desayunado. Creo que podría acompañarte a tu casa y tú...-

Megumi suspiró. Sanosuke era un caso desesperante de imbecilidad masculina. Lo iba a mandar al diablo cuando su mirada se encontró con la figura de Kenshin avanzando resuelto hacia ella. Entonces, la doctora miró a Sanosuke sólo para toparse con su cara de estupefacción al comprender de inmediato que desde ese momento le debía la vida.

Y ella sabía que eso no era algo que a él le agradara.

-Hola, Ken. Qué bueno verte de vuelta por acá. Justo con Sanosuke nos preguntábamos cuándo llegarías.-

-Kenshin, hasta que has regresado.- se apresuró a saludarlo Sanosuke. Entonces, reparó en la chica que estaba tras él.-¿Y esa chiquilla?-

-Sobre la chiquilla, Sano... no quiero preguntas.- respondió en tono frío el pelirrojo.- y como ven he llegado sano y salvo. Megumi, espero que hayan sabido cuidar mi casa.-

-Desde luego, Ken.- se apresuró a decir Megumi, mirando de reojo a la joven acompañante de Kenshin. Se veía una chica muy joven y muy sencilla. ¿Qué estaría haciendo con él? Sanosuke se acercó a la desconocida.

-Hey, chiquilla, ya que Kenshin no quiere hablar de ti, supongo que tú podrás hacerlo por ti misma ¿no? Dinos tu nombre.-

Kaoru se quedó mirando al impresionante joven que tenía frente a ella y luego a la hermosa mujer.

-Eeh... Kaoru Kamiya es mi nombre.- respondió, haciendo una leve inclinación.

-Vaya. Kaoru es un buen nombre para una chiquilla como tú. Escucha, yo soy Sanosuke Sagara y esta mujer que ves aquí, es una doctora abusiva. Se llama Meg...-

-Cállate, idiota.- dijo la aludida dándole un golpe en la cabeza a Sanosuke, como si fuese éste un niño malcriado.- Yo soy Megumi Takani. Soy doctora y espero puedas perdonar la estupidez de este cabeza de chorlito.- mencionó, haciendo gala de sus modales refinados, su elegancia natural y mordaz lengua.

Kaoru a cada momento estaba más impresionada con ella.

Kenshin por su parte, había visto la escena con los brazos cruzados. Algo no andaba bien, su instinto se lo decía. Pero a decir verdad, estaba demasiado cansado y sólo quería tenderse a dormir.

-Megumi, Sanosuke... entenderán que necesito descansar. Llevo muchos días de viaje asi que por favor, retírense. De todos modos les agradezco el haberse ocupado de mi casa.-

-Bah, no fue nada, amigo. Para cuando nos necesites de nuevo... - empezó Sanosuke hasta que sintió un leve puntapié. –Eehh... y, adiós... que la disfrutes.- dijo haciendo alusión a Kaoru. Megumi ya se había marchado y él trató de darle alcance.

En ese momento, Kenshin se acordó de algo importante, asi que dejó su morral en el suelo y detuvo a Sano.

-Oye, Sanosuke, hazme un favor. Consígueme ropa para Kaoru. La quiero mañana aquí ¿entendiste? Ahora, si la tienes para esta noche, mejor. Eso sí, no quiero que comentes con nadie que ella está aquí. -

¿Ropa para esa chiquilla?. ¿Y por qué nadie podía saber de su existencia?

Sanosuke miró a Kaoru y llegó a la conclusión de que seguramente era alguna meretriz. Vaya vaya, este Kenshin era un pícaro. Claro, por eso los estaba echando tan pronto.

-Desde luego. Cuenta con ello.- se despidió.

Corrió hasta dar con Megumi y rato después, la acompañó a almorzar.

Kenshin por su parte, tosió un poco para llamar la atención de Kaoru que miraba hacia la dirección que había tomado Sanosuke al irse. Cuando ella se giró para mirarlo, Kenshin le indicó la casa.

-Bueno, Kaoru... eeh... esta es mi casa.-

De inmediato se arrepintió de haber dicho esa frase tan estúpida. Era obvio que esa era su casa. Kaoru mientras, al mirar la expresión del pelirrojo, se preguntaba por qué estaría nuevamente de tan mal humor.

-Ehh... bienvenida.- musitó él cuando ella pasó por su lado para ingresar al interior de la vivienda.

La casa desde afuera se veía muy bonita y por dentro se veía sencilla y curiosamente acogedora. Seguramente en ese efecto tenía algo que ver la luz del mediodía que se filtraba por las ventanas y puerta abierta.

-Es un lugar agradable.- dijo Kaoru mirando atentamente cada rincón.- Con razón usted tenía tantas ganas de llegar. Además, el lugar que la rodea es hermoso. Dígame... ¿usted escogió este sitio para vivir?-

-Si... algo así...- respondió confundido al notar el entusiasmo de Kaoru por su residencia. Ella se

notaba... ¿feliz?.- Eeh... mira, niña... estas son las reglas. Puedes usar el cuarto de baño a tu antojo, pero espero que limpies después de usarlo, porque esta es mi casa y me gusta que esté ordenada. ¿Entendiste? También... sobre las horas de comer, yo hago cuatro comidas en el día y...-

-¿Cuatro comidas? Ni se le notan, señor Kenshin. Se ve usted muy flaco.- mencionó ella en tono jocoso.

-No te he dado permiso para hablar.- replicó él muy serio.- Y sobre las comidas, pues allá tú si no quieres comer, tampoco voy a estar tras de ti rogándote para que comas. Si quieres acompañarme bien, y si no, pues es tu problema. Te mueres de hambre o cocinas para ti misma.-

¿Era idea de Kaoru o Kenshin le estaba diciendo entre líneas que todos los días comerían juntos? Eso era curioso tomando en cuenta de que él le dejó muchas veces en claro que era un sujeto solitario y que no le gustaba compartir su espacio con los demás. Kaoru reflexionó un poco y cayó en cuenta de que, dijera lo que dijera Kenshin, ella estaba entrado de a poco en su corazón.

- Y si quieres salir por ahí, tienes que avisarme para acompañarte, porque no quiero que te pierdas y porque es parte del trato que hicimos, que yo te cuidaría hasta que cumplieras tus diecisiete. Todo el jardín está a tu disposición, asi como la casa en general, con clara excepción de mi habitación.-

-Ya entendí. No hay problema. Total, ya me acostumbré a tenerlo tras de mí todo el día.- dijo Kaoru con una sonrisa.- Oiga... pero... y la señorita Megumi y el joven Sanosuke... ¿son sus amigos?-

-No lo son. Sólo son conocidos que se han ganado un poco mi confianza.-

-Ya veo... huum, señor Kenshin... y yo ¿dónde dormiré?-

-Ah... tu habitación. Tengo dos disponibles, veámoslas para que escojas la que más te guste.-

Recorrieron la casa y llegaron a un cuarto donde no había nada. Kaoru entró y se paró al medio.

-Quisiera permanecer aquí, Kenshin. Esta me gusta.-

-Está bien. Debemos arreglarla para que puedas dormir aquí esta noche.-

-Pero... ¿la puedo decorar como yo quiera?- preguntó tímidamente.

-Claro que si, Kaoru. Esta habitación será tu espacio. Estaré contigo a cada momento todos los días pero, al llegar a esta puerta, nos separaremos y serás libre de mí. Decórala como quieras, es asunto tuyo.-

-Oh, gracias, Kenshin... – dijo ella emocionada antes de saltar para abrazarlo y darle un beso en la mejilla.- Gracias... es una pieza muy bonita y usted es muy amable conmigo.-

Kenshin se quedó sin habla. A pesar de su emoción, frunció el ceño.

-Vamos, niña... te mostraré cual es mi cuarto para que sepas dónde buscarme. Además, debo pasarte un futón.- dijo soltándose de ella y saliendo apresurado del lugar. Kaoru lo siguió y se dio cuenta de que la pieza que estaba al lado de la suya era la de Kenshin.

Éste entró en su habitación y se dirigió al armario. De allí sacó su propio futón enrollado, sólo que no encontró el otro. Revolvió las demás mantas y ropas pero no apareció. Quedó un poco confundido por un momento, hasta que recordó que tenía una bodega tras la casa donde se guardaban los muebles y otras cosas. Quizá allí estaba el dichoso futón. Kaoru lo siguió cuando él le hizo un ademán.

-Como ves, acá guardo las cosas viejas o lo que no necesito. Si ves algo que te sirva para tu habitación, sácalo, no hay problema. Yo buscaré algo para que duermas.-

Kaoru entró a la bodega y quedó sorprendida con una mesa baja. Encontró unos cojines sobre los que se podría sentar cómodamente. Los tomó y los sacó para limpiarlos. También dio con un pequeño florero y hasta una caja de costuras. También dio con un par de abanicos. Estarían bien para la estación del verano. Kenshin por su parte revolvía y revolvía pero aún no daba con el futón.

Cuando Kenshin volvió a entrar a la casa, se quedó de pie mirándola para saber si era cierto que se veía tan agradable como decía Kaoru. Ella tenía razón, después de todo. Él nunca se había percatado de que su casa era un lugar acogedor.

Y más con la chica entusiasmada tratando de meter una mesa a su nuevo cuarto.

-Déjame. Te ayudaré.- dijo él, levantando como si no pesara nada el mueble. Lo depositó donde ella le indicó y salió en dirección a la cocina para preparar algo de comer.

Sólo que al llegar y mirar en la despensa, notó que estaba vacía.

-Maldición... cierto que estuve lejos durante muchos días.-

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Sanosuke y Megumi regresaron unas horas más tarde a la casa de Kenshin. Ella traía cosas para comer, ya que había recordado que Kenshin no tenía nada.

Sanosuke por su parte, traía un morral con prendas de vestir femeninas.

Se acercaron a la casa y al asomarse a la puerta, se encontraron con Kenshin tomando té. Estaba solo.

-Hola, Kenshin.- lo saludó Sanosuke.- ya traje tu encargo. ¿dónde está la chiquilla?-

-Está en su cuarto.- respondió él escuetamente.

-Toma, Ken. Te he traído comida. La llevaré a la cocina.-

-Gracias Megumi. Pensaba ir mañana al pueblo a buscar cosas para comer.-

-Hey... quiero que me tomes en cuenta... ¿Cuál es el cuarto de la chiquilla?- dijo Sanosuke en voz alta.

Kenshin lo miró exasperado. Se levantó con su taza aún en las manos y caminó seguido de Sanosuke. Tocó a la puerta de Kaoru, sin notar que Sanosuke quedaba anonadado con ese gesto.

¿Kenshin pidiendo permiso para entrar a alguna parte?

-Pase, señor Kenshin.- respondió Kaoru.

"¿Señor Kenshin?" Ahora sí que Sanosuke no entendía nada hasta que su mente lo resolvió de una manera muy lógica... seguro que a Kenshin le gustaban las meretrices sumisas...

La joven estaba sentada cerca de la ventana, cosiendo su kimono viejo con calma.

-Kaoru, he mandado a buscar ropa para ti. Quiero que te la pruebes.- dijo Kenshin sin dar más vueltas al asunto.-Sano, entrégale la bolsa.-

El hombre más joven hizo caso. Se acercó a Kaoru y ella empezó a sacar ropa para extenderla y verla bien. Pero el diseño de esas prendas la desconcertó un poco.

Megumi llegó al cuarto donde estaban todos y notó lo que Kaoru tenía en las manos. Entonces, tomó a Kenshin de la coleta y a Sanosuke del cuello de su camisa y los sacó de allí. No paró hasta llegar al patio.

-¿Pero qué demonios pretenden con esa niña!-

-Kenshin me pidió ropa para ella y...-

-¿Acaso Kenshin te pidió ropa de prostituta para ella? Kenshin, nunca esperé esto de ti.- dijo

Megumi realmente enfadada. Kenshin no sabía qué decir.-Sanosuke, eres un idiota... sólo Dios sabe qué perversiones hay en tu mente... y tú, Kenshin, eres de lo peor porque...-

-Megumi, el día que quiera oír tu opinión, créeme que te la pediré. – la interrumpió Kenshin dejando helados a Sanosuke y a Megumi.- Yo sólo le pedí ropa a Sano para mujer. Nunca pensé que él me traería ese tipo de prendas. Y ya que estás aquí, te encargaré que consigas tú ropas para Kaoru. Ella viene conmigo, se quedará en mi casa unos días y solo tiene ese kimono que trae puesto. Tú, Megumi, sabrás mejor que nadie qué es lo que usan ustedes las mujeres, asi que espero que sepas conseguir buenas cosas para ella. Ah, y quiero prendas bonitas. Ahora, gracias por todo, pero yo me retiro.-

Kenshin salió de allí con la cabeza en alto hacia el interior de la casa. Casi de inmediato, salió con el morral de Sanosuke, arrojándoselo a la cara.

De inmediato, el pobre Sanosuke recibió otro coscorrón en la cabeza.

-Si serás idiota.- le dijo Megumi, echando a andar nuevamente.

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-Ya veo... pero todo fue un malentendido, Kenshin. No tenía para qué enojarse tanto con el joven Sanosuke.-

Kaoru seguía cosiendo tranquilamente las piezas rasgadas de su kimono viejo.

-Además, estoy muy agradecida con usted. No es necesario que consiga ropas para mí, porque para eso, yo tengo este kimono y...-

-Conseguiré ropa para ti, Kaoru. Conseguiré la mejor ropa, la más bonita y esa usarás. Ya te he dicho que eres mi protegida y yo me ocuparé de tenerte cómoda.-

-Pero por eso mismo, no es necesario que se preocupe tanto de mí. De verdad que no me importa usar estos dos kimonos que tengo todos los días. Además, usted me dijo que yo no podía salir de aquí sin usted... entonces, no veo para qué quiero más ropa si no podré lucirla ante nadie más.-

A Kenshin eso le sonó como un reproche.

-Yo decido acá qué es lo que hago y qué es lo que no. Te vestiré y punto final, asi que no es necesario que sigas cosiendo esa porquería de kimono, porque a partir de mañana tendrás muchos más y mejores.- dijo Kenshin de manera ruda.- No entiendo por qué no puedes dejar de cuestionar todo lo que hago por ti.-

-Y yo no entiendo por qué usted no puede tomar en cuenta mis opiniones.- replicó Kaoru.- Ah, claro... esto nos lleva al hecho real de que yo no soy su protegida, sino su prisionera. Por eso, he de hacer y usar todo lo que usted diga, ¿no?-

Kenshin sentía hervir su sangre.

-Pues claro que eres mi prisionera. Hicimos un trato que aceptaste y tú me perteneces. Así de simple... –

-¡No, no es tan simple... ¡Yo no le pertenezco a usted y quiero que ahora mismo... ¡SALGA DE MI CUARTO, AHORA!-

-¿TU CUARTO? Te recuerdo que esta es mí casa y por ende, este es mi cuarto. Asi que, te guste o no... ¡ACABO DE DECIDIR QUE DORMIRÉ AQUÍ!-

Kaoru se quedó sin habla para recuperarla dos segundos después.

-¡Usted dijo que este cuarto era sólo para mí... que este era mi espacio... que sólo aquí me libraría de usted!-

-Lástima, Kaoru, porque me retracto de esa regla. Entraré aquí todas las veces que yo quiera. Y ahora cállate, que estoy cansado y quiero dormir.- dijo Kenshin acomodándose para dormir con la espada apoyada en el hombro.- Y pobre de ti que trates de escapar, porque te rebano el cuello.- terminó, cerrando los ojos.

Kaoru quedó estupefacta.

Había visto caracteres explosivos, pero el de Kenshin rayaba casi en la locura. Ella sentía unas enormes ganas de llorar al notar que su amigo de los últimos días y la tarde había desaparecido.

Pero se aguantó... no dijo nada y se concentró en terminar de coser su kimono.

Sin embargo, no pudo evitar que se le escapara una que otra lágrima.

Terminó de coser y se acercó a la vela que tenía prendida para apagarla. Notó como Kenshin de inmediato ponía el pulgar en posición para desenvainar la espada.

-Sólo... iba a apagar la luz.- dijo Kaoru con voz ahogada.

La joven se acomodó sobre el tatami para dormir y se cubrió con su kimono. No podía creer lo que sucedía... pero ya no quería pensar en eso. Además, tenía hambre, pero comprendió que lo mejor sería no tentar la suerte con el pelirrojo, asi que se aguantó las ganas de ir a la cocina.

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Cuando Kenshin abrió los ojos un par de horas después, notó que Kaoru dormía profundamente.

Recordó lo sucedido y se sintió culpable por unos instantes. Estaba hilvanando una frase de disculpa hasta que notó que Kaoru cambiaba de posición para dormir.

Al hacerlo, quedó de frente a él. Kenshin admiró su rostro delicado y sus negras pestañas acariciando sus mejillas pálidas.

Era innegable que ella le causaba demasiadas reacciones que él estaba lejos de poder controlar civilizadamente. Se acercó a Kaoru para remecerla y despertarla. Lo mejor sería decirle que toda esa situación estaba errada y que ella al día siguiente se iba a vivir con Megumi.

Desde luego que tocarla fue un error, porque al hacerlo sintió que no podría soltarla nunca más.

Kaoru abrió los ojos para encontrarse a Kenshin sobre ella. Intentó incorporarse, pero él le tenía apresado un brazo.

Y comenzaba a acercarse lentamente a ella.

Por una inexplicable razón, Kaoru se perdió en su mirada violeta y no esquivó la boca que se aplastó contra la suya. Sentía el ardor de los labios masculinos que se movían sobre los de ella, mordisqueándolos e instándolos a permitirle el acceso. La mano libre de Kenshin alcanzó la nuca de Kaoru para sostenerla e impedir que se separara de él mientras no estuviera saciado de ella.

La chica finalmente abrió la boca, respondiendo a la petición de Kenshin de dejarse acariciar sin pensar en nada más que el momento que estaban viviendo. Pero al sentir el sabor de la joven, éste perdió completamente la razón y la noción del tiempo. Gimió antes de enterrar la cara en el escote del kimono, ascendiendo con una lluvia de besos por su cuello delgado al sentir que ella se relajaba completamente, dispuesta a entregarse sin poner reparo alguno.

La excitación de Kenshin iba en aumento y a duras penas podía controlarse. Kaoru era fuego puro bajo sus manos... era pasión, era su deseo absoluto. Como una tormenta...

Como una tormenta de agua helada...

-¡Maldita sea!-

Kenshin regresó al mundo real en el mismo instante en que un cubo con agua fue vertido sobre él.

-Me importa un soberano comino que se retracte o no, pero usted dijo que esta era mi habitación, que era mi espacio libre de usted, asi que ahora mismo ¡lo quiero lejos de aquí!- gritó la joven apuntando hacia la puerta abierta.

Kenshin no podía creer que esa chiquilla hubiese sido capaz de sorprenderlo de ese modo... él ni siquiera la sintió levantarse. De modo abrupto se acordó del tipo de sueñito que estaba teniendo momentos atrás...

Con razón no la había percibido. Y si lo había hecho, había tenido un buen motivo para no querer despertar.

Sin decir nada, mojado como estaba, se levantó de su sitio y se retiró del cuarto ante la mirada furiosa de Kaoru que aún sostenía el cubo.

-Esta me la vas a pagar, mocosa.- musitó al pasar junto a ella.

Kaoru estaba sorprendida de su propia reacción y de inmediato se arrepintió de haber mojado al pobrecito de Kenshin. Pero él no tenía derecho a decir una cosa y luego otra.

Había esperado pacientemente hasta sentir la respiración rítmica propia de quien duerme profundamente, para levantarse con sigilo y dirigirse al pozo porque tenía sed y después, se le ocurrió que bien podría lanzarle un par de gotitas de agua con la mano a Kenshin para despertarlo.

Ella no le iba a permitir jugar así con ella estableciendo reglas para romperlas.

Cuando llegó a la habitación, él seguía dormido y un poco de luz de luna que se filtraba por la ventana le daba de lleno en el rostro. Kaoru no pudo evitar sentarse un momento para contemplarlo a su antojo. Incluso sintió ternura por él... pensaba que debía ser muy triste ser alguien tan desconfiado y cascarrabias. Siendo así ¿cómo iba a poder disfrutar de la vida?

¿Y cómo podría conquistar a Megumi?

Porque era obvio para Kaoru que Kenshin estaba interesado en Megumi. Él le había repetido muchas veces que las mujeres eran prácticamente una lacra y en cambio, ese día le había admitido que Megumi era una persona en la que podía confiar. Además, antes le había dicho que a él le gustaba una mujer a la cual jamás se iba a declarar.

Y viendo la belleza de Megumi... y notando su forma de ser, sin duda era ella la persona ideal para enfrentarse a Kenshin. Ella era el tipo de mujer de la que él se podría enamorar.

Sin duda era Megumi la elegida por el pelirrojo.

Todo iba bien hasta ese momento porque de pronto, Kaoru sintió la rabia hervir en sus venas y sin pensarlo dos veces, le vació el cubo a Kenshin en la cabeza.

Claro que cuando él despertó, ella no podía decirle: "Lo empapé hasta los huesos porque sentí una rabia inexplicable hacia usted", por lo le sacó en cara lo de la habitación, que en el fondo era por lo que ella quería castigarlo inicialmente.

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Kenshin se cambió de atuendo, se secó la cabeza como pudo y se acostó a dormir en su futón. Que Kaoru durmiera en el suelo, se lo tenía merecido.

El caso es que una hora después, sin poder dormir, tuvo que reconocer que le había venido bien el baño de agua fría, porque gracias a eso él pudo sacarse esas ideas locas que tenía en su cabeza dando vueltas hacía días. ¿Kaoru y él?

Suspirando, cambió de posición en la cama. El sueño anterior había sido muy real... el calor de la chica, su aroma, su sabor...

Se movió inquieto. Eso no estaba bien. Ya no podía seguir haciéndose el tonto, esperando que eso se le pasara solo. Se levantó de la cama y salió afuera a mirar el jardín bajo la luz de luna. Se sentó en el pasillo exterior de la casa y trató de ordenar sus ideas.

Había sido descabellado insistir en esa empresa absurda de traer a Kaoru. Ese día en que la entregó a su tío, debió haberse alejado de ella tan rápido como hubiese podido en ese momento.

Pero no, él había sido un débil, regresó por ella y la rescató...

Y ahora la estaba deseando como mujer. Para él.

No, no... eso no iba a resultar. Tenía que poner rápida distancia entre ellos. Debía deshacerse de ella, por su propio bien mental y el de Kaoru. Era lo mejor. Hablaría con Megumi... tal vez la doctora pudiera colocarla en aquella guardería que estaba en el pueblo vecino.

Sintió entonces que una manta caía sobre sus hombros, dándole calor. Kaoru de inmediato se sentó junto a él.

-Salí a tomar aire porque... me siento mal por haberlo mojado, señor Kenshin.- dijo ella en tono de disculpa.-No debí hacerlo.-

Kenshin se volvió a mirarla y notó su semblante triste y su cabeza baja.

El problema fue que a él se le hizo un nudo en la garganta al verla así. Comprendió que sus sentimientos por Kaoru se estaban tornando más profundos y eso si que era malo. Hasta estaba sintiendo ganas de... de disculparse con ella.

-Yo empecé con todo esto, Kaoru... supongo que me merecía el agua que me arrojaste.-

Kaoru lo miró sorprendida al máximo. Pero no pudo evitar temblar al sentir un poco de frío y eso Kenshin lo notó.

-Esta manta la trajiste para ti. Cúbrete tú con ella, Kaoru.- dijo quitándosela, pero Kaoru se rehusó.

-No. Es para usted. Abríguese. Después de todo, yo lo mojé y...-

Kenshin en ese momento se sintió verdaderamente cansado. Cansado de darle más vueltas al asunto de qué era lo que le pasaba con esa chica. Cansado de discutir. Y como estaba cansado, esa noche se rendiría.

Estaba en su casa... su refugio... quería sentirse a gusto allí y que ella también lo disfrutara.

-Por favor, Kaoru... ya no quiero pelear más.- dijo quedo.

Así, tomó una de las puntas de la manta, extendiéndola al estirar su brazo en una invitación a la joven para que se acomodará allí, con él. Kaoru se sintió conmovida ante ese gesto de Kenshin y ante esa especie de bandera blanca que él ondeaba para ella con la petición de no luchar más, y se acercó, sin decir nada. Permitió que él la abrazara, que la envolviera y apoyó la cabeza sobre su hombro.

-Bienvenida a mi casa.- musitó él, suspirando. Kaoru lo miró y al ver una débil sonrisa en los labios de Kenshin, la retribuyó con una de las suyas radiantes. Ahora todo estaba bien.

Ninguno de los dos volvió a hablar esa noche. Se daban calor mutuamente y por un momento sus corazones latieron al mismo ritmo. La paz era absoluta y Kaoru dudó por primera vez en mucho tiempo, de querer volver a su casa en Tokio. Kenshin por su parte, llegó a la conclusión de que no la apartaría de su lado. Al pensar en ello, se sintió mucho más tranquilo y hasta sonrió. Estaba decidido. Que el destino decidiera qué era lo que iba a pasar entre esa chica y él. No tenía fuerzas para oponerse.

Amanecía cuando Kenshin se levantó e invitó a Kaoru a dormir de una buena vez. Entró a su cuarto y salió con el futón para pasárselo.

-Duerme tú en él. Yo estaré bien con la manta.- dijo en voz baja, como si le contara un secreto a la chica. Kaoru se movió hacia su propio dormitorio, sintiendo la mirada de Kenshin sobre ella. Por un momento, se arrepintió de haberlo echado de allí.

Fue entonces cuando se volvió hacia él, lista para preguntarle si en verdad no prefería dormir en ese cuarto.

Por su parte, él permanecía quieto en su sitio, esperando una invitación de ella.

Pero tal invitación no llegó nunca a los labios de la joven asi que amablemente le deseó buenas noches y cerró la puerta tras de sí. Kaoru a su vez hizo lo mismo.

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Fin Acto cinco "La Rendición".

Mayo 15, 2006

Agosto 27, 2008

Notas de Autora.

Kaoruchan17

Lica

Katherine

Athena Kaoru Himura

Haro Kzoids

Sakima

Mei Fanel

DarkAny

Jegar Sahaduta

Lola1655

Kanke-chan

Hiirukii chan

Sakura K de Shinomori (estoy esperando mis memelas y chescos)

¡Gracias por escribirme y dejarme sus mensajes.!

Hola!!

Bueno, aquí seguimos al pie del cañón con "Prisionera". Una nueva entrega que espero que les guste porque la hice con mucho cariño. Me entretuve a mares con la irrupción de Megumi y Sanosuke en el fic, como los comparsas de Kenshin en esa vida que lleva en su montaña.

Este es, oficialmente, el último capitulo que subo sin correcciones. Se podría decir que ya en el próximo empezarían a haber cambios y también, a reaparecer Misao y Aoshi, para que no piensen que los dejé botados en el universo.

Sobre mi otra historia, "Donde Puedas Amarme", ya tengo el penúltimo capítulo listo y el último lo tengo a medias. Pero es que estoy sufriendo mucho con la decisión de Kaoru porque, ¿con quien la dejo? seguramente la evolución de la historia nos dé las pistas necesarias para comprender el por qué de su opción final. En fin, todo esto era para decirles que el domingo o el sabado la actualizo.

Las dejo. ¿Saben? compré mis figuritas de Kenshin. Como no podía decidir entre un Aoshi y un Enishi... ja, me compré los dos. Pero les digo que Aoshi es guapísimo com ganas. Lejos, una de las mejores figuras que tengo. (La mejor es una de Battousai luchando con dos espadas y su cabello eternamente al viento. ¡Lo amo!)

Qué más... que como andaba en el Eurocentro, compré unas pegatinas de Kenshin para decorar mi notebook porque ustedes comprenderán que necesito inspiración constante de nuestro pelirrojo favorito. En fin, las dejo... besitos, las amo y si me permiten recomendar un fanfic, sería el de "Madness" que está en esta misma página. Ahora, si quieren una versión un poco más entendible e igual de buena, búsquenlo en la red por el nombre de "Adios a la Inocencia" de Tim Mandinga, traducido por Azur. Pero el que está acá igual es bueno.

Pues, no tengo nada más que agregar. Les envío un beso enorme enorme y que estén bien.

Blankaoru.