ENTRE NUNCA Y JAMÁS

(Neverland)

"Era un hermoso y bello atardecer, la luz del sol iluminaba sus cabellos castaños mientras éstos ondeaban libre y salvajemente junto con la ventisca veraniega. Esta era la mujer que amaba, esta es la mujer que amaré por siempre. Me sonríe, con aquella hermosa sonrisa que sólo yo puedo verle, que sólo a mí me dirige en forma genuina, no puede haber ser más orgulloso que yo en estos momentos, no creo que nadie sepa lo que la felicidad significa, si no es con ella. Ella. ¿Pero, quién es ella?"

Capítulo 11.

- "Natsuki, levántate"

- "De dónde"

En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en año nuevo, decidí tomarme unos días en esas fechas y volver a casa, volver al lado materno. Si bien es cierto que eso supuso un poco de estrés tanto para Saeko como para mí, ahora es otro boleto. Pasamos tanto tiempo juntas como pudimos, salimos frecuentemente y por alguna extraña razón, hoy por hoy, siento que comprendo más a mi madre que antes. Nunca antes había notado que en realidad, éramos más parecidas de lo que creí y tampoco pensé que llegaría a decir esto, pero en realidad, soy peligrosamente ignorante.

De alguna u otra manera, nuestras salidas se han vuelto casi citas, me entregó las llaves de su viejo vehículo y en él la llevé a todas partes. Íbamos al cine, luego a cenar, en otras ocasiones simplemente pasamos tiempo juntas. Ella mirando su televisión y yo hurgando en la vida de los demás por internet. Es increíble cómo tengo más comunicación con Mai por el chat que en el mundo real, pero así es, conversábamos casi a diario aunque reconozco que prefiero hablarle por teléfono. Siempre he odiado los programas de mensajería instantánea porque me da flojera escribir, aparte, prefiero escuchar la voz de Mai que leer sus tonterías.

Pero decía que salgo con mi madre, sí, es curioso. De una u otra manera he ocupado el lugar que mi padre dejara cuando se divorciaron, de tal forma que supongo que para ella he de ser más su marido que una hija. Cuando no puede realizar una actividad que requiere de fuerza o agilidad, me la encomienda a mí, siendo recompensada con una lata de cerveza o una buena comida. A veces me pregunto si ella pensará igual que yo, a veces me pregunto si este será mi triste destino.

Cuando mis vacaciones acabaron, mamá me dijo que viajaría conmigo a Tokio para conocer un restaurante que le habían recomendado, después de ello pasaría un par de días conmigo y luego volvería a Fuuka. Traté inútilmente de posponer ese plan pero mis esfuerzos fueron en vano, Saeko preparó sus cosas y viajamos juntas a Tokio. Llegar hicimos al hogar Kuga-Tokiha-Minami y en poco tiempo se convirtió en el hogar de Saeko. Ninguna de nosotras tuvo corazón, por no decir los ovarios bien puestos, para impedir que mi madre se apropiara de nuestro territorio pero es que tener una mujer adulta en la casa por alguna extraña razón nos sentó bien a todas. En cierto modo fue benéfico, pero en otros fue insufrible. Pero ya había dicho antes que a mí esas cosas ya no me importaban tanto. Estaba resignada.

- "¿Acaso no quedamos en ir a comer?"

- "Ah, cierto"

Era sábado, Mai tuvo trabajo y Mikoto tenía reunión de estudio con sus amigos de la universidad o al menos eso decía hacer. Con no mucho apetito decidí salir con mamá al famoso restaurante del que hablaba, me cambié de ropa y pedí un taxi. El sitio no era nada sencillo, pero estábamos hablando de Saeko, para ella salir a comer no significaba ir a tragar a una fonda, para ella todo debía ser digno de su clase. Para mí esas cosas eran superfluas, pero si ella quería eso podía consentir.

- "Entonces ya no vas al club de natación"

- "Volveré en cuanto el invierno termine mamá" - No pretendo morir en esa fría piscina.

- "El ejercicio te sentó de maravilla, te ha desaparecido la barriga casi en su totalidad" - ¿Casi?

- "Tuve una buena instructora"

- "Tu amiga la medallista" - ¿Mi amiga? ¡Ja! - "¿No la has vuelto a ver?"

- "¿Kanako?" - Me encanta decir sus nombres frente a mamá, se le frunce el ceño tan bonito.

- "Esa" - Sí mamá, esa.

- "No desde que volvió a su entrenamiento para los próximos juegos"

- "Bien" - ¿No se supone que deberías sentir pena por mí? - "¡Qué hermosa música!"

Sentadas a la mesa del restaurante, tenía la idea de que en cuanto llegamos se escuchaba como música de ambiente, una colección de melodías de algún japonés virtuoso del piano, pero de la nada la música cambió y se escuchaba la voz de una mujer cantando melodías antiguas. Mamá comenzó a tararear algunas y de repente, en la mesa contigua, una niña cantaba fuertemente la canción que se escuchaba por las bocinas del lugar.

- "¡Qué horror!" - Despotriqué - "Una niña de nueve años tiene mejor oído musical que yo" - Mamá simplemente rió ante mi puchero.

- "Sakai-sama tiene un timbre y un estilo inconfundibles"

- "Habla de música con la cría madre, ella parece saber de esto más que yo"

- "Ya aprenderás"

El mesero interrumpió nuestro argumento para tomarnos la orden, ambas ordenamos lo mismo y comprobamos que, nuestro paladar no se hizo para manjares refinados. Saeko no lo aceptó, pero estoy segura que un McDonalds hubiese sido la elección más apropiada para una comida en sábado. Para poder pasar el bolo alimenticio, bebimos a una cerveza y luego de ello, me levanté con rumbo al baño. Tenía ganas de devolver ese asqueroso alimento y sólo me detuvo el hecho de que sería lo más sólido que tendría hoy en el estómago. Pero si no lo expulsé fue de milagro, pues mi encuentro en la puerta del sanitario casi me hace devolverlo del susto.

- "Ara"

- "¡Shi... Ingeniera!"

- "¡Qué sorpresa encontrarte aquí Kuga-han!"

- "Sí bueno, vine a comer" - ¿En serio?

- "¿Sola?"

- "Vine con mi madre" - Señalé la mesa donde Saeko se encontraba sentada.

- "Entonces vamos a saludarla" - ¡Qué! - "Muero por conocer a la mamá de Natsuki" - ¿Ahora sí soy Natsuki?

- "Pero..."

Pero la verdad le valió madres, Shizuru se dirigió con gran seguridad directo hacia donde Saeko se encontraba, se presentó ante ella y se sentó con una familiaridad a su lado que no pude más que quedarme de pie viendo la escena. Esto era lo más insólito que me haya ocurrido, las dos mujeres más importantes para mí sentadas en el mismo espacio y al mismo tiempo. De película. Pero esto era real.

- "¿Entonces eres la jefa de Natsuki?"

- "Así es, soy la jefa del departamento, señora Kuga"

- "He oído hablar de ti Shizuru" - Pausa - "¿Puedo llamarte por tu nombre?"

- "Por supuesto" - Carajo, a mamá sí le permites tantas confianzas y a mí no.

- "¿Vino a comer con la familia?"

- "A decir verdad, soy accionista del restaurante y sólo vine para hablar con el contador"

- "Le felicito, el servicio es excelente" - Mentirosa, hace un rato dijiste que la cerveza fue lo único que te gustó de aquí y que no volverías ni de broma.

- "Se lo agradezco Kuga-han" - Shizuru me miró burlona - "Siéntate Natsuki, no te quedes ahí parada" - Es verdad, quedé tan nerviosa que me quedé ahí como idiota viéndolas interactuar. No sabía si reír o llorar.

- "Hace un momento le comentaba a Natsuki que tenían como música de ambiente a Sakai-sama"

- "Sí" - Respondió una Shizuru sonriéndole a Saeko pero me mirándome a mí - "Es un disco que me gusta oír mucho" - ¡Esa sinvergüenza me está coqueteando delante de mamá!

Esta escena fue tan surreal que casi me sentí en una de esas malas comedias americanas, donde tan sólo faltó que Shizuru me tocara la rodilla por debajo de la mesa. No lo hizo, platicó con mamá por lo menos media hora, yo simplemente me dediqué a observarlas mientras pensaba en un plan de escape. ¿Y si mamá se daba cuenta de que Shizuru sólo hacía esto por molestarme? Pero no, Saeko parecía disfrutar de la compañía de Shizuru y la verdad no la culpo. En cierta forma, Shizuru me recordaba a Saeko, con ese porte orgulloso y ese caminar elegante. Saeko siempre tiene un tema de conversación para tí y ni qué decir de Shizuru, hablaba mucho también.

Viéndolo desde un punto de vista más sincero, las dos juntas, se veían bien. Parecieran un par de amigas que recién se encontraron e intercambiaban novedades a la mesa, mientras que yo era la niña que de la vida no sabía nada y que no podía intervenir por miedo a arruinar el momento. Así de insignificante me sentí en ese momento. Ninguna de las dos pudo hacer que me involucrara en la conversación, no pude, mas no sé si fue por nervios o por qué. Fue Saeko quien decidió dar por terminada la tertulia, nos despedimos, Shizuru susurró algo en mi oído y salí como un robot del sitio.

Saeko habló y habló de Shizuru durante todo el viaje de regreso a casa, mientras yo asentía en algunas cosas y en otras, simplemente las guardaba para mí. Ese día llegué a la conclusión de que era demasiado pequeña para el mundo y que tendría que hacer algo o éste me comería viva. Decidí entonces cambiar un poco, modificar mis costumbres, mis gustos, ser otra persona, madurar. Creí que si hacía esto entonces y sólo entonces, Shizuru dejaría de verme como a una niña y encontraría a la mujer en quien gustaría de fijarse. Pero para ello, primero necesitaba de una guía para madurar, necesitaba a Saeko.

Así empezó entonces mi plan para conquistar a Shizuru, decidí pasar más tiempo con Saeko para preguntar y preguntar todo sobre lo que ella sabía y que nunca me había interesado aprender. Romance. Era simple, a mamá le encantaba contar anécdotas de su vida de soltera, de las cosas que hacían sus enamorados para cortejarla, de los artistas que gustaba escuchar en aquella época y que en varias ocasiones escuché decir a mi propio padre que, éstos nunca pasarían de moda. Salíamos muy seguido, la estudié un buen tiempo, su manera de hablar, su tono de voz, su forma de caminar, de vestir; todo. Antes de eso mi apariencia era siempre desaliñada pero ahora, ya no podía seguir en ese camino. Quería a Shizuru y la obtendría a cualquier costo, aún si eso suponía convertirme en otra persona.

Los cambios fueron paulatinos pero notorios, mis compañeros al inicio me hacían mofa pero no podían evitar el quedárseme viendo como idiotas. Algo malo tenía aquello, aunque el hecho de no pasar desapercibida por mis congéneres femeninas no me molestaba del todo. Shizuru tampoco fue la excepción. Había empezado a notarme, lo sé porque la veía pasar más seguido a mi departamento con el pretexto de hablar con Sakomizu. Tenía su atención pero la oportunidad no se daba y es que ella tampoco daba algún indicio de que le agradara el cambio; supuse entonces que habría de esforzarme más. Así empecé a llegar más temprano al trabajo, aunque en realidad no hiciera nada en ese espacio extra que pasaba en la dependencia, pero el caso era estar ahí desde temprano pues ella últimamente llegaba antes que todos.

- "Oye Kuga" - Inició plática la araña un día de tantos.

- "Qué"

- "¿A quién te estás cogiendo?" - Sutil como de costumbre.

- "¡Por qué no puedes hablar como la gente normal!"

- "Lo hago" - Se jugó un mechón de cabellos - "Cualquiera se da cuenta de que hasta perfume usas"

- "Es crema"

- "Lo que sea" - Prosiguió - "El punto es que de saber que tienes lo tuyo te invitaba a salir"

- "Idiota, salimos todo el tiempo"

- "Sí pero yo me refiero a algo más, íntimo" - Hasta escalofríos me dio cuando dijo esto.

- "Nao, no jodas"

- "En serio" - Se rascó la mejilla - "Te estás poniendo muy buena y debo saber a quién agradecerle el milagro de permitirnos a los mortales, la oportunidad de verte así"

- "Vete al diablo"

- "Ya veo" - Sonrisa retorcida, ya se lo olió - "Es un amor no correspondido"

- "Nao, ¿no tienes trabajo en tu departamento?" - Abrió los ojos como platos.

- "¿Sigues empecinada en tirarte a la ingeniera?" - Si creen que lo dijo en voz baja se equivocan, la araña casi exclamó esto último lo que supuso la mirada atónita de los presentes.

- "¡Quieres bajar la voz!"

- "Lo sabía" - Aporreó la mesa - "Es por ella"

- "¡Claro que es por ella! ¿Quieres irte ahora?" - No vaya a ser que me vea contigo.

- "Me voy, pero volveré"

- "¡Lárgate!"

Sí, ya era más que obvio que mis intenciones eran conquistar a Shizuru pero la mujer no daba señales de vida y comenzaba a desesperarme. Mi situación era difícil, no podía enamorar a Shizuru como normalmente lo haría, ella lo tenía todo, qué carajos podía yo ofrecerle que ella no tuviese ya. Aparte está el factor de que su mentalidad de mujer madura me dificultaba mucho el saber qué regalarle o cómo llegarle. Un buen día me armé de valor y compré un ramo de rosas y se las dejé en su escritorio con una nota, sólo que no tuve el valor para quedarme a ver su expresión. Me colé con los muchachos para salir de la oficina a un viaje de supervisión de una obra en un lugar retirado de Tokio, volvimos ya entrada la noche.

Sola en mi habitación, me retorcí por el colchón pensando en ella, tratando de imaginar su expresión en cuanto vio mi presente. ¿Le habrá gustado? ¿Lo habrá odiado? Tal vez le haya sido indiferente, esa ha de ser la razón. Abracé mi almohada y ahogué un grito de frustración en ella, esto de enamorar no era lo mío, cansa. Amanecí toda ojerosa, era obvio que no pegué el ojo pensando en el asunto del cortejo toda la noche, pues me debatía entre desistir, faltar al trabajo o fingir demencia. Al final no hice ninguna de las anteriores y me presenté a la oficina tan fresca como una lechuga, pero hecha un manojo de nervios en mi interior.

El día transcurrió su curso normal, Shizuru no dijo nada ni mucho menos buscó mi mirada, estuvo ocupada todo el día y bien yo supuse que esa era la señal que necesitaba; al carajo con esto. Realicé mi día como de costumbre, le mandé mensajes a Yohko, a Mai, hablé con mamá para saber qué iba a preparar para comer, creo que Tate me habló en algún punto del día; en fin nada había cambiado en la vida de Kuga Natsuki. Seguiría siendo una solterona empedernida y borracha de clóset. Era mi destino.

- "Kuga-kun"

- "¿Qué pasa Sakomizu?"

- "Hay una reunión con la gente del Ayuntamiento al mediodía" - Arqueé la ceja en seña de, ¿y eso me interesa? - "Necesito que le saques fotocopias a este engargolado"

- "¿Acaso soy tu secretaria?" - De acuerdo lo admito, estaba de mal humor.

- "Por favor Kuga-kun, la ingeniera está esperando esto en su oficina y..."

Y no necesité escuchar más, ésta era la oportunidad que estaba esperando desde la mañana, así que cogí el mentado engargolado y corrí a sacarle copias. Todo lo hice de la manera más rápida posible, tenía que ver a Shizuru, tenía qué hablar con ella, si las sutilezas no iban con ella entonces me la aventaría así, atrabancada. Me plantaría en su oficina y me le declararía. Posiblemente me mandara por un tubo pero tenía que escucharlo, ya no comía ni dormía, sólo así podría seguir mi vida como la era antes de que todo esto iniciara.

Saqué las copias y a toda prisa, me dirigí a su oficina para entregarle el paquete completo; Natsuki incluida. Ni siquiera le pregunté a Yukino si la ingeniera podría atenderme, simplemente entré por la puerta grande y sin pensar; la mujer no se me escaparía. Pero lo hizo. Ella no estaba en su lugar, me sentí terriblemente decepcionada y aporreé con brusquedad las hojas sobre su escritorio cual niña haciendo rabieta. Eso era, una niña. Resoplé el aire y fue hasta ese momento en que me di cuenta, mis flores estaban ahí, Shizuru las había conservado en un jarrón y se veían tan hermosas como cuando las compré. No las botó. ¿Qué significaba esto?

Me acerqué a la mesa donde ellas estaban y naturalmente la nota no se encontraba por ningún lado. Pero la leyó al menos, la vio y no tiró las flores como pensé que podría hacer. No. La mujer las estaba cuidando y eso alimentó una pequeña esperanza en mi pecho. Tal vez no era nada, pero para mí significó mucho. Entonces ocurrió, la puerta del baño de su oficina se abrió y ella me miró a los ojos con sorpresa.

- "Sakomizu me mandó" - Alcancé a explicar mi presencia, aunque ella sabía que yo estaba mirando sus flores.

- "Me doy cuenta" - Miró las fotocopias, las cuales se encontraban en mis manos - "Se suponía que él me entregaría el informe personalmente"

- "Tiene una reunión" - Expliqué con torpeza.

- "Por supuesto que la tiene, yo la encabezo"

- "Oh" - No supe qué más decir, así que me di la media vuelta y me dirigí a la salida toda apenada.

- "Natsuki"

- "¿Sí?"

- "Las copias" - Miré hacia mis manos, olvidé dejarlas sobre su escritorio de los puros nervios.

- "Perdón" - Me acerqué al escritorio y las asenté sin mirarle a los ojos, no me atrevía a alzar la mirada.

- "Natsuki"

Me volvió a llamar, pero aún no tenía el valor de buscar su mirada, sólo me quedé en mi sitio petrificada, asustada, no sabía qué hacer o qué decir. Mi tormento sólo terminó cuando fuera ella quien me tomara por la espalda, rodeara mi cintura con sus manos y con esa voz dulce y melodiosa, con esa hermosa voz que me traía loca, susurró lo siguiente.

- "Gracias por las flores" - Acto seguido, me besó en la mejilla.

()()()

En uno de esos momentos de esparcimiento obligatorio, o sea que me escapé del trabajo porque ya no aguantaba un minuto más de confinamiento; decidí dar un paseo por una tienda departamental para distraer mis sentidos y alimentar mi cuerpo con el olor de la comida que del restaurante salía. Por supuesto, uno de los puntos de interés no podría ser otro más que la sección de automovilistas, con todos esos accesorios y demás chucherías que llaman la atención de aquellos que compartimos un gusto por nuestros vehículos. En realidad estaba planeando vender la moto y comprarme un compacto, creo que ya iba siendo tiempo de tener un vehículo de mayor tamaño para poder llevar a más de una persona en él a donde me plazca.

Absorta en mi actividad, imaginándome manejando a 150 Km/h en plena avenida y con una patrulla detrás, no me di cuenta de que un hombre me observaba de reojo tras los anaqueles y que no tardó mucho en acercarse hacia donde me encontraba. Era Reito. Se veía más viejo que la última vez y algo más demacrado, pero claro, eso no se lo dije. Me limité a saludarlo con cortesía e igual él pareció no hacer mayor comentario sobre su funesto aspecto.

- "Natsuki-kun, qué sorpresa encontrarte a esta hora del día"

- "Lo sorprendente es que no me hayas atropellado en la calle"

- "Cierto" - Se rascó la cabeza avergonzado - "¿Buscas algún artículo en especial?"

- "No, sólo estaba revisando los precios"

- "¿Estás ocupada?" - Claro, ¿qué no ves? - "De no ser así, ¿te molestaría acompañarme a tomar algo frío en la cafetería?"

- "Ya rugiste"

Lo admito, soy débil ante las invitaciones y todavía más si no tengo que pagar por alimento. Aparte, ya había dicho que tenía hambre, me salí de la oficina porque sería vergonzoso que alguien escuchase a mi estómago pidiendo chatarra. Así que emprendimos el rumbo hacia donde la cafetería se encontraba y me senté con el vecino a tomar un café frío. Él pidió un helado de fresas que a mi parecer, se veía bien gay.

- "¿Cómo va todo?" - Preguntó al aire, sin particularizar en nada, sólo para hacer plática.

- "Como siempre, en el trabajo, a la casa luego el trabajo"

- "Ya veo" - Sonrió - "He notado que hay un nuevo miembro en la casa" - Chismoso.

- "Mamá vino de visita por unos días" - Gruñí.

- "Supongo que no serán sólo unos días"

- "Supones bien"

- "Me saludó esta mañana, parece una mujer muy dulce" - Sí, no sabes cuánto - "Eres una persona afortunada"

- "¿Qué dices?"

- "Sí" - Cuchareó su helado - "De contar todavía con tu madre"

- "Ah" - Tate me comentó en alguna ocasión que la mamá de Reito murió cuando él era pequeño - "Lo soy" - Silencio incómodo, no supe qué decir después de esto.

- "Te ves mejor que la última vez" - Le pegué un golpe al hombro - "En serio" - Sonrió jugando - "Aquel día en la estación te veías muy triste" - Tiene razón - "Pero ahora te ves mucho más alegre, mucho más Natsuki" - ¿Ja?

- "Oye, oye" - Sorbí mi café - "Ahora vivo en la ciudad, ha de ser por eso"

- "Ha de ser por eso"

- "¿Cómo vas con tu novia?" - Quise cambiar el tema de mi vida por la de él, grave error, su rostro quedó gris y por un momento consideré la idea de cambiar de tema nuevamente.

- "Me dejó" - Lo dijo tranquilo pero juro que el hombre casi llora - "Teníamos muchos problemas"

- "Pero..." - Intenté preguntar, pero no me atreví.

- "Está bien, pregunta" - Sonrió con simpatía - "Es un asunto que ya superé" - Mentiroso.

- "Se veían felices" - Comenté viendo hacia mis manos.

- "Lo éramos" - Se colocó los lentes de sol, seguro estaba lloriqueando - "Pero ella tenía razón en muchas cosas y yo no supe escucharla"

- "¿Cosas?" - Pero si él es el todopoderoso Kanzaki Reito, hombre maduro y exitoso que lo tenía todo. Incluida Shizuru. No me la creo.

- "Ella quería que viviéramos en otra ciudad" - Ya veo - "Mi trabajo jamás me permitiría eso"

- "Entiendo"

- "Pero eso fue lo último, el problema fue, el problema es..." - Se calló por un breve instante y continuó - "Que nunca pude olvidarla" - ¿A quién? - "Nunca pude olvidar al amor de mi vida y tampoco pude sacarla por completo" - Era obvio que yo no entendía nada de nada pero eso a Reito no le importó - "Le molestaba que siguiera en la misma casa, que hablara de ella, que no botara nuestra foto de recién casados" - ¡Oh! Habla de su ex mujer, la difunta.

- "Es una pena" - Asenté mi mano sobre su hombro - "Se veían bien juntos"

- "Sí es verdad"

- "¿Por qué no la buscas?"

- "¿Intentarlo otra vez?" - Se acomodó las gafas y pensó unos instantes - "No creo"

- "Pero tú la extrañas"

- "A veces no estamos dispuestos a dejar ciertas cosas por nadie" - Mi rostro ignorante debe haberle causado gracia porque me acarició la cabeza en cuanto me miró - "Algún día lo entenderás" - Sonrió - "Buen día Shizuru" - ¡Gah!

- "Buenos días Reito, Natsuki" - Nos miró con frialdad, pero se sentó a la mesa con nosotros - "¿Renunciaste y no me acuerdo o simplemente decidiste tomarte el día?" - Me preguntó irritada.

- "Yo..." - Se me fue la voz, esta mujer me inspiraba terror.

- "Le pedí que me acompañara a tomar algo frío, se veía pálida y me preocupé por su salud" - Respondió por mí Reito al notar mi incapacidad de defenderme.

- "¿Terminaste?" - Me preguntó, asentí con la cabeza - "En ese caso, regresemos a la oficina pues hay trabajo qué atender"

- "Un gusto saludarles" - Se despidió Reito con una reverencia - "Salúdame a tu bella madre, Natsuki"

- "Sí, gracias por todo"

Caminamos hacia el estacionamiento donde Shizuru me indicó que subiera con ella a su vehículo, nada me dijo durante el trayecto, sin embargo no manejó hacia la delegación. Las calles llevaban hacia la periferia de la ciudad y de momento tuve un mal presentimiento, esta mujer me estaba conduciendo a la zona de placer de Tokio. Busqué su mirada tratando de preguntar qué era lo que le pasaba por la mente en estos momentos, pero Shizuru no respondió, simplemente se enfrascó en su tarea y no habló hasta que paró el motor del auto. Sí, lo detuvo en la cochera de un motel.

- "Ingeniera, con el debido respeto..."

- "Entra, tenemos que hablar"

Se bajó del vehículo y con eso bloqueó cualquier intento mío por evitar lo que ya me venía imaginando que sucedería. La seguí después de unos segundos de meditación, entré al cuarto del motel y ahí nos sentamos al borde la cama para hablar lo que sea que le haya pasado por la mente a esta mujer. Afortunadamente no tuve que esperar demasiado, ella fue la que inició el diálogo en cuanto tuvo el valor.

- "Sé que esto es muy extraño, no quiero presionarte a nada Natsuki"

- "Hn" - Asentí, que no entendía nada de nada.

- "Creo que este es el único lugar donde podemos aclarar bien las cosas"

- "¿Aclarar bien las cosas?" - ¿Qué cosas?

- "Te gusto" - Me miró a los ojos con profundidad, casi sentí que me estaba desnudando y ni siquiera me había tocado - "Dime"

- "Ingeniera, yo..."

- "Shizuru" - ¿Ah? - "Llámame por mi nombre cuando estemos a solas"

- "Bien" - Volteé el rostro tratando de recuperar la compostura - "Shizuru tú me gustas mucho" - Patético, pero fue lo único que se me vino a la mente.

- "Y qué piensas hacer al respecto" - Esa no era la respuesta que me esperaba.

- "Lo que tú decidas"

- "¿Lo que yo decida?"

- "Si no sientes igual entiendo pero si tengo una remota esperanza, una pequeña posibilidad de intentar algo contigo, la tomo"

- "¿Algo?"

- "Algo" - Aseveré - "Lo que tú pidas"

- "¿Qué pasa si no puedo ofrecerte lo que tú esperas?" - Me miró con esos ojos fríos otra vez - "¿Qué pasa si no soy como crees?"

- "Eso no puede ser"

- "¿Por qué no?" - Me respondió con una mueca maliciosa.

- "Porque para mí no hay nadie como tú"

No dijo más después de eso, Shizuru se quedó callada. Su sonrisa desapareció para cambiar su semblante en uno de angustia, de temor incluso. Bajé la cara hacia el colchón, no tenía idea de lo que pasaría a este punto, tampoco quería escuchar de los labios de Shizuru que me rechazaba, no lo soportaría. Tuve que apretujar los dientes fuertemente para no gritar, tuve que ejercer presión en mis rodillas para evitar la necesidad de salir huyendo del cuarto; lo que sea pero no escuchar una negativa. Pero la respuesta nunca llegó, Shizuru sólo se limitó a mirarme y después de un rato, comenzó a desabrocharme la blusa.

- "¡Shizuru!"

- "Cállate"

- "Pero..."

- "Tú también me gustas"

- "Shizuru yo..."

Entonces me besó, tan fuerte que creí que mis labios se desprenderían de su lugar por la fuerza que los de ella ejercieron. Me aventó sin pensar a la cama, me desvistió y luego ella se quitó la ropa. Tan sólo atiné a mirar como idiota el cuerpo de la mujer que amaba, el cuerpo que deseaba desde hacía tanto tiempo, el cuerpo que ahora me tomaba y no en estado de ebriedad. Shizuru era consciente de lo que hacía, me aceptaba cual era, me dijo que le gustaba, que correspondía mis sentimientos. En realidad alguien como yo no aspiraba a más, eso era lo que quería, a ella.

Shizuru en toda su magnificencia, la mujer que había cautivado mi atención desde el momento en que la conocí, aquella a quien todos querían poseer pero sólo a mí se me estaba entregando ahora. Lo hizo. No fue igual a la vez primera sino una mucho mejor, Shizuru me enseñó cosas que no había probado antes, me hizo sentir en el cielo y me sentí privilegiada de tener la oportunidad de probarla, de tenerla. Todo hubiera sido maravilloso si no hubiese sido por un leve detalle, Shizuru nunca dijo que me amaba. Se deleitó escuchándolo de mis labios pero ella nunca correspondió ni siquiera falsamente a mi declaración de amor. No importaba. Algún día sé que lo escucharé de ella, además, lo que me da ahora es suficiente. No podía pedir más.

Así fue de hecho. Nuestros encuentros se convirtieron el algo furtivo, en algo a escondidas, muchas veces ella me citaba en un lugar en específico y ahí nos encontrábamos, de ahí nos íbamos a una ciudad lejana o simplemente directo al motel. El mismo sitio, el mismo cuarto, la misma hora. Pero la mujer era extraña, a veces era muy cariñosa, muy amable, pero otras tantas no era igual. Era fría, distante, me veía con una extraña añoranza y no supe entender en ese momento lo que ocurría. Por eso decía que era peligrosamente ignorante.

Me distancié de todos y de todo, mamá no buscaba cómo llamar mi atención y llegó un momento en donde mejor desistió de la idea. Empacó sus cosas y volvió a Fuuka, prefirió irse antes de seguir mirando el cómo me convertía en otra persona. Pero era feliz. En realidad lo era, aún si Shizuru no podía ofrecerme más de lo que daba era feliz. Cierto, cuando no sabía de ella, cuando no se molestaba en mandarme un mensaje, una llamada, un guiño siquiera; los días eran terriblemente grises. Pero cuando hacía lo contrario, cuando me buscaba, cuando estábamos juntas, todo era diferente.

En uno de esos días donde ella desaparecía, salí de la oficina temprano, ya ni siquiera me molestaba en checar salida. Ese era uno de los privilegios que gozaba al tener la simpatía de la ingeniera o al menos eso era lo que todos pensaban. Me escapé y huí a un parque cercano, no quería saber de nadie, no quería hablar con nadie, quería llorar, eso sí. Sólo me contuvo el hecho de que si empezaba no pararía y sería algo estúpido, pues había quedado en verla en el lugar de siempre en un par de días. ¿Qué eran un par de días cuando se tenía a una mujer como ella?

- "Yo Kuga"

- "¿Tate?"

- "Hace mucho que no te veo"

- "Y eso que vivimos enfrente"

- "Cierto" - Se rascó la revuelta cabellera - "¿Te molesta si me siento?"

- "El parque es libre hombre"

- "Bien" - Se sentó a mi lado y me convidó un cigarro - "¿Mucho trabajo, eh?" - Me carcajeé por su comentario.

- "Necesitaba algo de tiempo a solas"

- "Oh" - Abrió los ojos - "Entonces debería marcharme"

- "Quédate" - Me miró extrañado - "No te vayas por favor"

- "Me quedo"

Nos mantuvimos en perfecto silencio por lo que me pareció una eternidad, me fumé un cigarro y luego otro. Tate me acompañó todo el tiempo que permanecimos en el parque; ahí mirando a los autos pasar uno tras otro sin cruzar palabra alguna. Estando con él ya no me sentía sola, pero sabía que lo estaba en lo más profundo de mi alma. Sentí por un momento que una lágrima se me escaparía del ojo, pero como si él lo intuyera comenzó a hacerme plática.

- "Hoy saludé a la pechugona de tu amiga"

- "Vaya, al fin has decidido hacer algo"

- "Es que ella es muy esquiva" - Farfulló - "Me evita como la peste bubónica"

- "Pues es que tienes mal aspecto Tate"

- "¿Cómo te atreves?" - Bramó - "Soy un hombre que trabaja y estudia, no tengo tiempo para arreglarme"

- "A Mai le gustan los hombres refinados" - Pensé unos segundos - "Como tu tío"

- "Ah" - Se encogió de hombros - "Le gustan afeminados"

- "¡Qué malo eres!" - Eché a reír, Tate sonrió cuando me vio.

- "Creí que no escucharía eso de ti nunca más"

- "¿Qué te diga malo?"

- "No" - Negó con la cabeza - "Tu risa Natsuki" - Oh - "Ya casi no reías"

- "Tate"

Le iba a confiar mi secreto, pero no pude, mi teléfono sonó y era Shizuru la que me llamaba. Decía que me estaba esperando en nuestro lugar secreto y que sólo tenía un par de horas antes de que regresara a sus ocupaciones. Nerviosa, me despedí de Tate quien no preguntó nada pero tampoco se veía muy contento que digamos. Salí corriendo. A toda prisa decidí encontrarme con ella, tenía que aprovechar esos escasos momentos que me regalaba y si esta era la única manera, entonces que así sea. Shizuru era así, yo la amaba como era.

- "Llegas justa" - Dijo sonriente.

- "Vine corriendo"

- "Vamos, no tenemos tiempo"

En verdad no lo teníamos, en verdad no lo podíamos perder con palabras, lo mejor era aprovecharlo al máximo y seguir de esta manera el tiempo que ella considere. El tiempo que esto durara, lo pasaría con ella. La mujer de ojos carmesí que era dueña de mi alma, mi tiempo y mi vida. Esa era ella. Esa era Shizuru.


N/A: Les dije que me demoraría, pero ya está, al fin lo conseguí. Y bien para como yo veo las cosas esto no durará mucho más, porque si lo sigo prolongando tal vez me tarde hasta el otro año y eso sí sería demasiado cansado. Hasta entonces, ja ne!