Rurouni Kenshin no me pertenece. Fue creado por Watsuki Nobuhiro como historieta manga, después unos tipos la animaron y más después otros tipos la animaron otra vez… En fin, yo no gano un peso haciendo esto aunque si consideran que me merezco algo de dinero con gusto les dejo mi cuenta bancaria.
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Prisionera
Acto seis
El Primer Día.
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Pasado el mediodía, Kenshin se desperezó y observó su habitación por unos momentos. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba y las circunstancias que rodeaban su regreso a casa.
-Kaoru…-
Seguramente la mocosa estaría durmiendo aún, cosa que no le resultaba extraña. Kenshin se incorporó, se colocó la espada al cinto y sonrió un poco al recordar la noche anterior.
Sería una mocosa, pero también podía llegar a ser muy dulce.
Suspiró resignado y se acercó al armario. Sacó unas toallas y una yukata para él. Luego se lo pensó mejor y buscó otra. Al no encontrar, fue a la bodega que estaba tras la casa, dando con una de tamaño pequeño aunque al menos estaba limpia. Luego se acercó a la habitación de Kaoru y con cuidado corrió la puerta.
Como pensaba, ella dormía como una bendita, tendida de espaldas y con los brazos abiertos. Por un momento tuvo la idea de acostarse sobre ella para dejarse abrazar tranquilamente aunque desde luego desechó tal pensamiento. Tenía otra cosa en mente para despertarla.
Hizo una bolita con la yukata pequeña y se la lanzó a la cara.
Kaoru respingó la nariz antes de abrir los ojos con enfado.
-¡Pero qué…!... Oh… claro, tenía que ser usted.- dijo al notar a Kenshin en la puerta con los brazos cruzados.
-Levántate. Vamos a tomar un baño antes del desayuno.- dijo el pelirrojo antes de salir de la habitación con unas extrañas ganas de reír, cosa rara en él.
Kaoru se incorporó rápidamente… ¿Un baño?. Encontró la yukata arrugada en el piso y la tomó.
Corrió hasta Kenshin, que salía de la casa con una cubeta donde tenía diversos elementos de higiene y sonrió muy feliz cuando éste le pasó un par de toallas.
-Genial, tomaré un baño… me sentía incómoda por usar esta ropa tantos días, señor Kenshin pero ya sabía yo que usted no podía ser tan básico y querría bañarse, como la gente civilizada.-
-Hay muchas cosas que no sabes de mí, mocosa.- dijo él escueto. Después de caminar unos minutos, llegaron a la orilla de un río. Kaoru se detuvo en seco… ese lugar era el más bonito que había visto en su vida. El agua brillaba bajo los rayos solares y fluía con calma. Había muchos árboles en la orilla, la mayoría en flor, dando una buena sombra para tenderse sin preocupaciones bajo ellos. Había pasto verde, algunas rocas gigantes… era maravilloso.
-¿Asi que este es el río del que me hablaba?-
-Claro que sí, Kaoru. Creo que acá podrás nadar como querías.-
-Es ideal…- Kaoru se acercó al agua y al tocarla, comprobó que estaba helada. ¿Acaso tendría que bañarse así? Al menos hacía algo de calor pero no suficiente para evitarle el morir congelada. De pronto lo del baño ya no le parecía tan buena idea.
Se dio la vuelta y notó que Kenshin ya no estaba con ella. Lo buscó con la mirada y corrió hacia él cuando lo descubrió cerca de las rocas grandes. Él, como presintiendo que lo buscaba, volvió la cabeza.
-Hey, mocosa, acércate. Acá es donde te bañarás.-
Kaoru obedeció.
Descubrió que tras las rocas, Kenshin había construido una poza en la orilla del río, delimitándola con más rocas para evitar que el agua se escapara.
-En los días de calor vengo a bañarme aquí.- le explicó a la joven- porque aquí puedo atajar el agua y como se queda quieta, se calienta con el sol. Seguramente estará mucho más tibia que la de la corriente.-
Kaoru comprobó lo dicho por Kenshin metiendo un pie. Tenía razón, el agua estaba agradablemente tibia.
-Es usted muy inteligente, Kenshin. Y ahora dígame… ¿cuál es la poza en la que me bañaré?-
-Kaoru… acá sólo está MI poza. Te recuerdo que yo vivo solo… ahora, si quieres tu propia poza, puedes empezar a hacértela tú. Por mientras, te prestaré la mía.- Kenshin dejó su espada sobre una roca, encima de una toalla y empezó a quitarse el kimono azul que llevaba, alarmando a Kaoru con esa acción.
-Oiga, espere… ¡usted no puede hacer eso!-chilló, causando que una bandada de pájaros se
retirara del lugar.
Kenshin la miró, empezando a sacarse el gi.
-Escucha, Kaoru, no tengo intenciones de perder mi tiempo. Si me baño primero, llegaré a casa y prepararé el desayuno. Tú dijiste que no sabías cocinar, asi que me parece lógico que mientras aprendas, de eso me encargue yo ¿no te parece?-
-Pero… pero… - cuando Kenshin se sacó el gi, dejando su torso al descubierto, Kaoru se puso de todos colores, predominado en ella el rojo intenso de las mejillas.- ¡Usted no puede hacer eso!-
-El cuerpo humano es una máquina maravillosa desde el punto de vista estético y técnico asi que no le veo caso a avergonzarse de él. Por lo demás, si tanto te escandaliza mi proceder, puedes darte la vuelta y esperar a que yo termine mi baño. Después podrás bañarte tú.-
Kenshin se soltó el cabello y se quitó el hakama. Kaoru cada vez tenía los ojos más abiertos y es que le resultaba muy difícil apartar la mirada del pelirrojo que esta vez le daba la espalda porque se estaba metiendo a la poza.
-El agua está deliciosa, mocosa. Creo que te gustará después de todo.-
Kaoru todavía no podía hablar de la impresión… Kenshin era un descarado. Las mejillas le ardían pero... aún no se daba la vuelta para no mirarlo.
Él se enjabonó la cabeza, el cuerpo y luego procedió a enjuagarse. Pero había algo extraño… claro, Kaoru estaba muda. Se dio la vuelta para contemplarla, con el agua llegándole a la cintura ya que estaba en el medio del estanque.
-Veo que sigues ahí, Kaoru.-
Ella lo miraba fijamente, sin hablarle. Por lo visto, estaba enfadada.
-Te dije una vez que yo no soy un caballero, Kaoru, asi que no esperes que te ceda el honor de ser la primera en bañarte.-
Silencio.
Kenshin lo intentó otra vez.
-A ver ¿Kaoru… qué te molesta?-
La joven primero lo miró con rabia antes de sentir que el rojo volvía a su cara.
-Usted.-
-¿Yo?... vamos, no me digas que te sentiste ofendida porque me quité la ropa sin asegurarme de que tus castos ojos estuvieran tapados.-
-Pues… algo… asi.- dijo ella sin atreverse a mirarlo a la cara. Estaba concentrada en su torso brillante bajo el sol y las cicatrices que tenía pero no se lo iba a reconocer.
Kenshin alargó una mano hasta dar con una de las toallas que estaban sobre la roca y bajo el agua, se la anudó a la cintura.
-Ahh… eres una mocosa extraña.- suspiró.
-Quitarse la ropa frente a otros es malo.- musitó ella reprobatoria.
-Kaoru… mírame.- dijo cansado.
-¿Ehh?-
-Mírame.- dijo esta vez en tono autoritario. La joven levantó la vista y se encontró con los ojos de color violeta.
-Ven aquí, Kaoru. –
Como hipnotizada, la joven avanzó hacia la poza. Después de dudar unos segundos, se quedó en la orilla mirándolo con desconfianza. Kenshin notó ese gesto y optó por no presionarla.
-No te obligaré a bañarte o a quitarte la ropa frente a mí, así que no temas. Simplemente quiero decirte que el cuerpo humano es algo maravilloso de lo que no te puedes avergonzar. Tú cubres tu cuerpo para protegerlo del frío o para adornarlo, pero en sí, el cuerpo no tiene nada de malo o sucio.-
-Claro que es malo.-
-No, no lo es. El cuerpo, lo que ves, es el envoltorio de tu alma. Si tu alma es buena ¿piensas que su envoltorio pueda llegar a serlo? El cuerpo no es malo. Malos pueden ser los ojos que lo miran y yo no creo que tus ojos sean malos… además, no creas que me muero por enseñar mi cuerpo. No es hermoso como el de otros, pero es mi cuerpo, es mi envoltorio y ahora debo limpiarlo adecuadamente. Y con ropa encima eso me cuesta un poco. –
Kaoru tomó aire tratando de digerir lo explicado por Kenshin. Oyéndolo con atención, nadie diría que era un sujeto sin corazón. Podía albergar pensamientos nobles.
-Está bien.- murmuró.
Kenshin se acercó a ella y puso las manos sobre sus hombros.
-¿Ya no estás enfadada conmigo?- dijo hurgando en su rostro en busca de respuestas.
-Es difícil estar enojada con usted.- reconoció, mirándolo a los ojos y sonriéndole.
Kenshin no pudo contenerse ante esa sonrisa. Apretó imperceptiblemente los hombros de la joven
antes de besar su frente de manera rápida para no tentarse de llegar a sus labios.
Afortunadamente aún su voluntad era más fuerte que sus verdaderos deseos.
-Eres una buena chica. Ahora báñate mientras yo voy a preparar el desayuno.- dijo saliendo del agua con la toalla aún encima. Ya había hecho su buena acción del día, proveyendo a Kaoru de un baño decente y de clases sobre el cuerpo humano con el fin de liberar un poco su mente, además de una yukata limpia y del futuro desayuno. Él era su protector y ese sería el camino al que se aferraría con toda la fuerza de su corazón para devolverla feliz al que ella quería convertir en su verdadero hogar. Sólo sería por poco más de dos meses y medio.
-¡Espere!-
-¿Ehh?- Kenshin se volvió encontrando a Kaoru en el agua.
-Usted, no me puede dejar aquí sola. Yo… yo no sé regresar a la casa.-
Kaoru se veía muy desvalida con su kimono todo arrugado y el cabello en desorden, metida en la poza con el agua hasta la cintura.
-Es fácil, sólo debes caminar en línea recta un par de minutos y… -
-¿Y si me pierdo?-
Kenshin pensó unos segundos, bufando.
-Está bien… mira, báñate mientras yo me seco y me visto. Y no te preocupes, que no… que no miraré.- respondió Kenshin en un suspiro, tratando de ignorar a su estómago que gruñía de hambre. Le dio la espalda a Kaoru que confiada se quitó la ropa.
La joven se talló vigorosamente brazos y piernas, el cuello, el estómago y lo que pudo de espalda y hombros, mientras mantenía el cabello enjabonado. Después se sumergió en el agua para emerger limpia y renovada. Se sentía muy bien, aunque le estaba dando un poco de frío. Buscó la toalla sobre la roca como lo hiciera Kenshin antes y con fastidio recordó que ella… ¡Las había dejado en la orilla!
-Ehh… señor… Kenshin… -
Kenshin ya estaba vestido con la yukata, secando su cabello al sol cuando escuchó la vocecita de la joven.
-¿Qué te pasó ahora?-
Se volvió hacia ella y la descubrió con los brazos cruzados tapando sus pechos, aún en el agua.
Se veía preciosa con la piel expuesta al sol, brillando con las gotas que tenía encima. Parecía una pequeña diosa pero él solo tragó saliva de la mucha que estaba produciendo en ese instante y trató de aparentar calma.
-Mi toalla está allá… y la yukata.-
-Bueno, ponte el kimono y vienes a buscarlas.-
-Ese kimono apesta. Ni loca me lo pongo.-
-Entonces quédate allá. Supongo que no quieres que vaya personalmente a dejarte la toalla.-
Por toda respuesta, Kaoru se hundió en el agua hasta la barbilla, negando enérgica con la cabeza.
-Quiero que usted se mantenga de espaldas a mí. No se atreva a volverse hasta que yo le diga.-
-Como tú digas, mocosa.- dijo Kenshin, tomando despreocupado la toalla de Kaoru en una de sus manos. Ella salió del agua mirando fijamente a Kenshin, por si se daba la vuelta.
-"Kaoru tonta".- pensó.- "él ha dado muestras de confianza muchas veces. No se volteará. Puedo confiar."-
-¡Kenshin… Kenshin!... oh, aquí estás, Kenshin.-
Kaoru reconoció con espanto la voz de Sanosuke quien estaba acercándose y se quedó paralizada a unos pasos de la orilla de la poza, entre las rocas más grandes. Por su parte, Kenshin no esperó a que Kaoru estuviera totalmente visible a Sanosuke. Se dio la vuelta y dando grandes zancadas, se acercó a la joven para cubrirla con la toalla, tratando de no mirarla mucho.
Kaoru de pronto se encontró encerrada en una tela suave y calentita. Al abrir los ojos, sólo vio el cabello rojo de quien la estaba abrazando para cubrirla del intruso.
-Sano, detente donde estás.-
Sanosuke hizo caso.
-Hey, Kenshin, sólo venía a decirte que Megumi consiguió unas sandalias para Kaoru y un par de kimonos y te los mandó. Pensé que podías estar por aquí y veo que no me equivoqué… - Por entre el follaje que mantenía ocultos a Kenshin y Kaoru de él, Sano notó que estaban abrazados. Sonrió para sí… ese Kenshin era genial, podía "hacerlo" en cualquier parte. Qué envidia. - Pero no te preocupes, dejaré esta bolsa en tu casa. Megumi también dijo que necesitaba que te ocuparas de un listado que te dejó de medicinas. Bueno, eso era todo. Adiós. Que disfrutes de tu día.-
Sanosuke se fue silbando feliz por Kenshin y preguntándose por la procedencia de la jovencita que lo acompañaba. Por su parte, Kenshin miraba por encima de su hombro, para asegurarse se que Sano no andaba merodeando por ahí.
Kaoru empezó a sentir las piernas un poco débiles, sin causa aparente. También un cierto cosquilleo en el estómago. Su corazón se estaba desbocando y el rubor regresaba una vez más a
su rostro. ¿Qué estaba pasando?
-Disculpa, Kaoru… no se me ocurrió pensar que ese cabeza de pollo podía… ¿Kaoru, estás bien?- inquirió al notar la nueva mudez de su protegida.
-Ehh… si… creo que si.- respondió la joven algo confundida por sus sensaciones.
-Kaoru, te prometo que esto no volverá a suceder. Me aseguraré de que la próxima vez te bañes en casa si así lo deseas pero yo pensé que te gustaría conocer este sitio…-
De pronto Kaoru prestó atención. Parece que Kenshin le estaba diciendo algo importante entre líneas.
-… porque es un lugar muy bonito y yo… quería que lo conocieras. Pensé que tal vez así te sentirías… más cómoda en mi casa.- confesó él.- Te lo habría mostrado anoche, pero estabas cansada y después yo no me porté muy bien.-
Bajo la toalla, Kaoru mantenía las manos sobre su propio pecho. De pronto quiso no estar limitada por la tela para abrazar a Kenshin y para decirle que todo estaba bien.
Entonces Kaoru notó algo maravilloso… Kenshin estaba… sonriendo.
-¿Sabes? tengo un poco de hambre. Vámonos.- agregó él, sin ganas de soltarla pero sabiendo que eso era peligroso para su paz mental y para la propia Kaoru.
Ella sólo rió quedo y se apartó de Kenshin, con la toalla envolviéndola, moviéndose de tal modo que sus brazos quedaron expuestos y así, pudo caminar hacia su yukata para tomarla y ponérsela en cuanto Kenshin le dio la espalda.
Y notando que le quedaba demasiado justa…
-¿De dónde sacó esta yukata?-
Kenshin se volvió para ver a Kaoru y al hacerlo, supo que el sueño de la noche anterior no iba a ser nada comparado con los que iba a tener esa noche.
-Pues, verás, mocosa.- empezó mientras avanzaban hacia la casa.- Esa casa donde vivo, me la dejó un anciano que se trasladó a la ciudad. En la bodega que está atrás, están las cosas que dejó, como ropa o muebles. Creo que esa yukata es de la única nieta que venía a verlo y como todo lo demás, ahora me pertenece. De todas maneras, te la pasé porque no tenía otra cosa apropiada para ti. Estoy seguro que en la ropa que mandó Megumi encontrarás algo que te quede.-
Como si fuera lo más natural del mundo, Kenshin tomó la mano de Kaoru para ayudarla a avanzar por entre el follaje.
-Ya veo, Kenshin. Muchas gracias por todo, ahora me siento mejor. Me siento capaz de enfrentar cualquier cosa.-
-Pues que bien, porque ahora vamos a desayunar, después lavaremos la ropa del viaje, prepararé el almuerzo y ordenaremos la despensa.-
Kaoru con la mano libre llevaba su toalla húmeda y el kimono sucio que había usado, así como los elementos de baño. Kenshin iba un poco más adelante sin soltarla y ella pensaba en las cosas que había aprendido ese día.
Kenshin tenía razón… el cuerpo era algo fabuloso, algo maravilloso. Tenía que ser algo especial si con sólo un abrazo podía transmitirle tanta seguridad y confianza a otra persona. Recordó que al día siguiente de conocerla, Kenshin la cargó sobre su espalda mientras se curaban sus pies heridos y que en ese momento ella se había sentido muy reconfortada. Tanto así que hasta se había quedado dormida sobre él. También recordó las otras veces en que él la cargaba… sin duda él era muy gentil.
"El cuerpo es el envoltorio del alma"
Era cierto ¿no?
Pero Kaoru recordó que el cuerpo de Kenshin estaba lleno de cicatrices… ¿sería posible que el alma de Kenshin estuviera del mismo modo?
¿Que fuera un alma herida?
Quizá eso explicaría los constantes cambios de humor en él… que de pronto se retrajera. Era evidente que antes la había pasado mal.
La simpatía que sentía hacia él iba en aumento y Kaoru pensó en que su nueva meta sería conseguir que Kenshin sonriera más a menudo. Asi él podría ser más feliz y conseguir que la hermosa Megumi se fijara en él.
Aunque, pensándolo bien, no era necesario que Kenshin sonriera para Megumi. Con que lo hiciera más a menudo a Kaoru le bastaba. Asi estaba bien.
Le gustaba que Kenshin sonriera.
En verdad debía reconocer... que le gustaba mucho que sonriera.
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Para suerte o desgracia de Kenshin, los kimonos que aportó Megumi eran de invierno, demasiado gruesos para el clima que estaban teniendo. Asi que Kaoru andaría en yukata por la casa. Al menos, para suerte de Kaoru, la discreta doctora tuvo el buen tino de enviar ropa interior nueva y limpia para ella. Y las sandalias le habían quedado muy bien. En una nota que le había adjuntado, le indicaba que trataría de conseguir algo más apropiado y le comentaba que de todos modos, aún el clima era muy cambiante y podía necesitar de la ropa abrigadora.
Durante la hora del lavado, Kaoru lavó primero el kimono que le regaló su padre y luego el que le compró Kenshin. Ese en especial estaba muy manchado, incluso aún tenía restos de huevo y Kaoru se preguntó cómo había podido soportarse a sí misma con la falta de baño. De todos modos, al mirar en rededor y dar con la casa, con Kenshin tendiendo la ropa que iba saliendo y con el cielo azul, pensó que todo lo vivido había valido la pena.
-El sol se está ocultando, Kaoru pero ya terminamos el lavado. Ahora nos queda la despensa. Vamos.- dijo el pelirrojo.- Si terminamos luego, podremos acostarnos pronto y mañana nos
levantaremos más temprano que hoy.
-Está bien.- respondió ella, siguiendo a Kenshin hacia el interior de la casa sonriendo satisfecha. Después de todo, esta nueva vida no estaba tan mal. Ella no era una sirvienta en esta casa, sino
más bien, la compañera de un hombre solitario.
Compañera.
Hum... le agradaba ese apelativo. Le gustaba mucho más que "Prisionera" o que "Protegida". Lo conversaría con Kenshin más tarde.
De todos modos, había algo que molestaba a Kaoru. Un algo que no la dejaba ser completamente feliz: La lejanía con Misao. ¿Qué sería de su prima en ese momento?.
Kaoru esperaba de todo corazón que su prima se encontrara bien. Al evocar la imagen alegre y despreocupada de la joven, Kaoru no pudo evitar recordar a su tío Matsusoo. Un escalofrío le recorrió la espalda.
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-Era un demonio de cabellos rojos... imposible olvidar algo así. En cosa de segundos dejó fuera de combate a algunos de mis hombres aunque la mocosa que lo ayudó...esa si que es cosa especial. ¡Los hizo vomitar a todos!-
Matsusoo Kamiya empezó a poner atención al relato del viajero cuando escuchó la frase "Demonio de cabellos rojos". Se encontraba en un restaurante, bebiendo algo cuando escuchó a un sujeto hablando con otro.
Se puso de pie para obtener información. Después de invitar dos sakes y dar un poco de dinero, Matsusoo consiguió lo que quería.
Una pista.
Una muy valiosa pista.
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Kenshin se había olvidado del detalle de que le faltaba un futón. A él le daba lo mismo dormir o no dormir en uno, asi que se lo cedió a Kaoru nuevamente esa noche.
-No me parece correcto aceptarlo. Es su lecho, Kenshin, lo justo es que usted duerma allí, además, usted ha trabajado mucho más que yo en este día. Yo estaré bien con mantas y cojines. Después de todo, el tatami es algo muy cómodo.-
-Y yo te digo, mocosa, que esta es mi casa y aquí se aceptan mis reglas. Dormirás en el futón porque es lo que corresponde.-
Diciendo esto, Kenshin se levantó y se fue a su cuarto, dejando a Kaoru con las palabras en la boca.
¿Por qué demonios ella tenía que cuestionar todo lo que el decía? Él intentaba ser amable con ella y ¿qué hacía la mocosa? Se hacía la fuerte, la que no lo necesitaba. Odiaba que Kaoru fuera tan autosuficiente. Odiaba pensar que ella en el fondo se las podía arreglar muy bien solita. Debía reconocer, muy a su pesar, que la mocosa era bastante inteligente y bastante más resistente que el común de las mujeres a juzgar por su estado físico. Al parecer, el viaje no la había desgastado tanto como él creía ya que cumplió con todas las labores que él le asignó diligentemente mientras que él contaba los minutos para descansar.
Desde luego era algo comprensible. Algo le había dicho Megumi sobre eso unos días antes de irse de viaje:
-Ken, debes estar conciente del tremendo desgaste que ha tenido tu cuerpo, por eso es normal que te canses un poco más. Después de todo, fuiste muy maltratado en el pasado, sufriste muchas heridas, realizaste enormes esfuerzos físicos... debes tener cuidado con tus acciones a futuro y vivir una vida más tranquila. Si te cuidas, no dudo que llegarás a la vejez sin mayores
complicaciones.-
Kenshin suspiró al tiempo que se tendía.
Kaoru era una mujer joven de energía inagotable, con toda una vida por delante. Era bella, era simpática y tenía sentido del humor. Él por su parte, había dejado sus mejores años atrás, si es que a lo vivido antes se le podía llamar "lo mejor" mientras que ella estaba por empezar una buena etapa.
Debía estar loco entonces para imaginar siquiera una vida junto a ella. Además, él le llevaba como once años... Kaoru no querría cargar con él cuando fuera más viejo; menos cuando conociera los pormenores de su historia.
Lo juzgaría y lo declararía culpable, condenándolo a la soledad. Conociéndola, estaría con él el tiempo acordado y luego se marcharía sin mirar atrás, sin darle oportunidad alguna de hacerla cambiar de parecer.
Estaba a punto de apagar su luminaria cuando sintió unos golpecitos en la puerta.
-Pasa.-
Kaoru apareció sonriendo.
Kaoru sonriendo y en esa ajustada yukata no era algo muy bueno para su paz mental cuando él se estaba autoconvenciendo de que ella jamás se fijaría en él como eventual pareja. Kenshin la miró como hipnotizado mientras ella entraba.
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Misao se levantó con sigilo para buscar agua y al pasar cerca del jardín, escuchó unas voces.
Una era de su padre y la otra de su hombre de confianza.
-Ya veo, señor Kamiya. Esa es la ruta que tomaron...-
-Si, Satoshi. No sé mucho de caminos pero espero que tú puedas orientarme.-
-No se preocupe, señor Kamiya. Por este camino se llega a dos lugares. Es muy poco transitado, es cierto, pero por lo mismo, casi no tiene cruces o empalmes. Creo que debemos enviar hombres a los dos pueblos de destino para averiguar si han visto al demonio pelirrojo.-
Misao no podía verlos pero sus voces eran características de ellos. La joven se sintió avergonzada de su padre y estaba pensando en retirarse cuando una nueva voz llamó su atención. No era una voz conocida.
-Una vez que encuentre a ese Demonio, señor Kamiya, yo mismo lo mataré y traeré a la señorita Kamiya de regreso a casa.-
-Estoy de acuerdo con usted, señor Jinnei.- dijo Matsusoo.- Quiero que ese malnacido pague lo que le hizo a mi nariz. Desde luego, espero que inicien el rastreo a partir de mañana.-
Misao se cubrió la boca con una mano para no gritar del espanto. ¿Jinnei?
¿Era Jinnei Udo, el asesino?
Eso no podía estar pasando. Su padre no podía estar relacionándose con ese tipo de gente. Sin duda se estaba volviendo loco por Kaoru.
Cuando las lágrimas llegaron a tocar la mano de Misao, los hombres ya se habían retirado del lugar. La joven se levantó automáticamente para regresar a su habitación pero al entrar en ella se sintió demasiado asqueada. Necesitaba decírselo a alguien pero ¿a quién?. Sus hermanos la llamarían "estúpida" y "metiche". Misao no sabía qué hacer pero estaba segura que algo muy malo le esperaba a Kaoru si volvía a la casa.
Llevada por su determinación se colocó una manta sobre los hombros y se calzó las sandalias.
Enseguida saltó por el muro que daba a la calle y echó a correr.
Aoshi estaba durmiendo profundamente cuando sintió unos golpecitos en el techo. Era como si alguien estuviera arrojando piedrecillas y tal vez podía tratarse de algo urgente. Se levantó y notó bajo la luz de la luna, una figura menuda de pie en medio de su jardín.
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-Disculpe que lo moleste, señor Kenshin pero, ayer noté que usted tenía algunos libros aquí y quería pedirle uno para leer.-
-Eehh... bien... escoge el que gustes.-
Kenshin se puso rápidamente en pie para facilitarle el acceso a los libros que tenía amontonados en pilas a su espalda
-¿Son suyos todos estos? Debe gustarle mucho la lectura...- dijo Kaoru mientras ojeaba unas hojas cosidas.
-No precisamente. Es decir... los libros también venían incluidos con la casa.-
Kaoru miró a Kenshin y notó que éste empezaba a enrojecer.
-Por lo demás... no soy asiduo a la lectura. Un asesino no necesita educación.- comentó sin pensar, dándose cuenta después de ello.
Kaoru no dijo nada. Sólo lo miró fijamente.
Por su parte, Kenshin sólo bajó la cabeza al sentirse extrañamente avergonzado.
-Bien, ese es mi pasado, Kaoru... – dijo con arrogancia luego de unos instantes.- Y es algo que no puedo cambiar. Ya te he comentado antes que he matado a mucha gente y, aunque no es algo de lo que me sienta orgulloso, es lo que hice.-
-Pero... usted ya no es un asesino.-
-¿Ehh?-
-Yo... en el bosque noté que sólo golpeó a quienes nos atacaron. No sé cómo, pero usted no los mató. Y a los hombres de... de mi tío – agregó incómoda.- yo no vi rastros de sangre en ellos, salvo de sus narices. Puede que usted haya sido un asesino antes pero, el Kenshin que he conocido yo no lo es ¿o me equivoco?.-
Kaoru se había acomodado sobre un cojín, cerca de Kenshin que, un poco contrariado acercó su espada a Kaoru para que ella la examinara.
-Puede que yo no tenga educación pero, en el fondo, nunca me gustó asesinar gente.- comentó.- No trato de disculparme pero, en ese momento, yo creía ciegamente que todo lo que hacía era por el bien del país. Yo luché al lado de los patriotas, con los Ishishinshi... –
La joven estaba sacando la espada de la funda. Al principio no notó nada especial en ella, aunque estaba como nueva... brillante. Luego de eso, se dio cuenta de que el filo estaba al otro lado en el acero. Miró a Kenshin sin comprender.
-Me pasaron muchas cosas en esa época.- continuó Kenshin.- y me hundí en un abismo. No sabía que creer o qué pensar y supongo que en algún momento, sentí que todo lo que me había sucedido era mi justo merecido y por eso, pensé que ya no quería seguir mereciendo ese tipo de cosas. Desgraciadamente para mí, yo vivía por la espada y para la espada y comprendí que no podría soltarla fácilmente pero si había algo de lo que estaba plenamente seguro era que no quería volver a matar.-
-Hubo un hombre que supo escucharme y me regaló esta espada sin filo. Dijo que yo no podría escapar de mi vida como asesino y que a la vez, necesitaría algo con qué defenderme, ya que hasta el momento, lo único que yo sabía hacer bien era pelear. Que quizá eso me ayudaría a entender mejor el camino que había recorrido y que confiaba en que algún día encontraría las respuestas que me ayudarían a ser más feliz. –
-¿Y hace cuánto tiempo fue eso?- preguntó Kaoru muy interesada en el relato.
-Hace diez años, cuando llegó la Restauración.-
-Usted tenía dieciocho años... ¿desde cuándo peleaba?.-
-Ehh... desde los trece o catorce, más o menos.-
-Era... era casi un niño aún.- murmuró Kaoru.
Kenshin se tensó al escuchar ese comentario de Kaoru. Era lo mismo que había dicho alguna vez Tomoe, su primera esposa y se sintió incómodo. Miró a la joven y notó que ella no lo miraba con compasión, sino con cierta ternura y eso era algo extraño para él.
Nadie antes lo había mirado asi.
Nadie antes había sido como ella.
-Pero, ahora usted es diferente, Kenshin. Yo sólo quisiera saber si en este tiempo que ha pasado, usted ha podido encontrar su respuesta para ser más feliz.- dijo Kaoru, con unos cuantos libros sobre el regazo.
-La verdad... se podría decir que he vivido relativamente tranquilo. Tengo un trabajo, vivo solo y no me falta nada. Está bien así. De vez en cuando me sale algún trabajito extra, como ser niñera de una mocosa parlanchina y dormilona como tú.-
-Y usted es un insufrible, engreído y tonto hombre.- dijo Kaoru poniéndose en pie.- capaz de sacar de quicio a cualquier persona. Pero, antes de retirarme, quisiera que me dijera en qué trabaja. Tal vez yo pueda ayudarle mientras permanezco con usted.-
Kenshin sintió un poco de alivio cuando vio que Kaoru se sentaba, dispuesta a cambiar de tema y a pasar más tiempo con él. Él no era muy conversador pero con ella se le hacía muy fácil.
-Cultivo plantas medicinales.-
-Guau.-
-Cuando yo era niño...- dijo Kenshin sintiéndose de pronto muy cómodo con Kaoru ahí, escuchándolo.- ... ayudaba a mis padres a cultivar nuestro pequeño campo pero mis padres murieron de cólera cuando yo tenía ocho años. Nuestros acreedores me vendieron a una caravana de esclavos y... y hace unos años, cuando llegué a este lugar Megumi me ofreció este trabajo. En el fondo, me gusta llevar una vida asi, apacible y lejos de la gente y del bullicio.-
-Usted es como un agricultor.- dijo Kaoru.
-Si, algo asi. También tengo un pequeño huerto que iré a ver mañana.-
-Oh, yo quiero verlo... ¿puedo?.-
Kenshin notó tal ilusión en la cara de Kaoru por conocer su huerto, que asintió.
-No puedo creer que te emocione un simple huerto.-
-Siempre... en el mercado, cuando veía esas frutas y verduras tan hermosas, tan frescas, trataba de imaginar el lugar exacto del que venían. Como verá, Kenshin, básicamente soy una niña de ciudad asi que nunca he visto el proceso de cultivo. Siempre compraba todo listo para llevar a mi madre o a mi padre. Por eso yo quisiera ver su huerto.-
-Si eso te hace feliz...- murmuró el pelirrojo conmovido.
Kaoru le sonrió y empezó a mover las hojas del libro que tenía en las manos, dando con una página en especial.
-Kenshin, acabo de encontrar en este libro un cuento que me relataba mi madre. Se lo leeré.-
La velada estaba resultando muy agradable y Kenshin escuchó atentamente la voz de Kaoru. Ella
leía muy bien, de corrido. Además, le transmitía diversas emociones mediante la entonación que usaba al hablar pero, a mitad del relato, la joven empezó a bostezar y Kenshin también.
-Es un cuento interesante pero debo reconocer que estoy muy cansado. Dime en qué termina; después de todo tú lo conoces.-
-No, Kenshin. No le diré en qué acaba. Mañana se lo termino de leer y así lo dejo con la intriga. Será más divertido.-
Kenshin hizo una mueca de resignación.
-Está bien. He de admitir que tú ganas, mocosa.-
Kaoru se levantó con gracia y dejó el libro sobre un mueble antes de salir. Claro que al intentar correr la puerta, notó que estaba trabada.
-No te esfuerces, siempre le pasa lo mismo.- dijo Kenshin levantándose para ayudarla. Le dio un golpecito con el pie en algún lugar estratégico y la puerta se movió.- Ahora está bien de nuevo.--Gracias.-
La joven sonrió y notó que él también lo hacía. Ya iban dos veces en un mismo día. Kaoru se quedó mirándolo alegremente, sin ganas de retirarse aún, como la noche anterior.
A su vez, Kenshin seguía de pie al lado de la abertura que dejaba la puerta. Era incapaz de moverse de allí y aunque su razón le gritaba que debía hacerlo, sus piernas se negaban a responder.
-¿Sabe? Yo no creo que usted sea una mala persona por haber sido un asesino. Usted una vez me dijo que la gente no lo podía apreciar y yo pienso que es mentira. Yo lo aprecio mucho.- dijo ella sonriente.
-No digas tonterías, chiquilla.- respondió él.- Tú me aprecias ahora porque no tienes a nadie más. En cuanto aparezca otra persona, se te olvidará fácilmente que existo.-
Kaoru pestañeó y dio un paso hacia Kenshin, cerrando la distancia entre ellos.
-Yo no creo que pueda olvidarlo tan fácilmente. De hecho...- agregó dando otro paso más.-... no sé si quiero olvidarlo.-
El corazón de Kenshin estaba desbocándose y Kaoru tenía nuevamente la sensación de la mañana mientras se acercaba tanto a él que sus ropas se tocaban.
-Usted es muy lindo.- dijo ella, poniéndole una mano en la mejilla izquierda y besando suavemente la otra.
Kenshin la miraba fijo y la verdad es que apenas podía contenerse de tomarla por la cintura y apoderarse de su boca. Pero justo a tiempo Kaoru atravesó el umbral de la puerta y deseándole buenas noches con una sonrisa se retiró a su dormitorio.
Dándose un golpecito en la cara con la mano abierta, Kenshin se metió en su cuarto, enfadado consigo mismo.
-Sí seré tonto.-se dijo.
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Fin acto seis
"El Primer Día"
Octubre 06, 2008
Notas de Autora.
Hola!!
Finalmente, luego de unas largas vacaciones de fanfics, he vuelto con todas mis ganas de seguir en el mundillo fanfiction, en el que al parecer estaré un año más porque he debido aplazar mis planes de ser madre. Quizá, hasta la próxima primavera… o sea, hay Blankaoru hasta finales del 2009 si Dios quiere.
A decir verdad, ya empezaron los cambios con respecto a la historia original en cuanto a la estructura de la historia. Son cambios sutiles aún, pero que hacen una gran diferencia. Por ejemplo, en la escena del baño, Kaoru le pedía a Kenshin que la mantuviera abrazada un poco más en cambio ahora no realiza tal pedido. También he suprimido la escena del beso porque me gusta más la idea de Kenshin enamorado de la mocosa, para que haga cosas por ella mientras Kaoru… pues ya verán qué es lo que hace Kaoru.
Al parecer el maldito de Matsusoo ya tiene lista una nueva cuadrilla de hombres que le darán caza a Kaoru y al demonio de cabellos rojos. Como nunca antes finalicé este cuento, nunca se me ocurrió un final para este malvado, pero ahora he de cranear uno ojala bien doloroso para él. Oh si, porque para eso es mi cuento, y en mi cuento los malditos que abusan de las mujeres tienen un castigo acorde a lo que hacen. No como en la vida real, que la mayoría queda libre, desgraciándole la vida a más niñas por ahí.
Me fui de vacaciones al campo con mi amado esposo y nos entretuvimos mucho por allá. En esta época el campo está lindo, todo verde y brillante, hasta duelen los ojos al ver esa claridad. Y el agua realmente parece espejo, es demasiado mágico. Las fotos no le hacen justicia.
Ah, pero como soy una tipa con suerte, mi esposo tiene unos ojos pardos, de esos que a veces se ven verdes y otras se ven cafés y luego una combinación de ambos colores según el día. Así como en algún fanfic Kaoru le decía a Keishi que cada vez que mirara sus ojos, recordaría el atardecer en el mar, pos yo mirando a los de mi Rober, recuerdo ese campo donde lo conocí y nos enamoramos y todas esas cosas que vivimos. ¡Guaus… que inspirada estoy!.
Resulta, a todo esto y antes que me pregunten, que he tenido un serio conflicto con el final final de "Dónde Puedas Amarme". Ya tengo uno completo y no me convence para nada. de hecho, tengo el boceto de otro que me parece algo trágico, y entonces, dependiendo del final, (en especifico, de la decisión de Kaoru) serían los capítulos que le seguirían explicando que fue de los personajes. En realidad, siempre me resulta penoso invertir tanto tiempo en un episodio que luego nadie ve, pero si sirve para llegar a un resultado mejor, no es tan malo. Entretanto… ¡no sé qué hacer! Por favor, ténganme paciencia. Estoy segura que a fines de esta semana les tendré algo subido.
Sin más, se despide esta humilde escritora en apuros. Dsiculpen, por hoy les debo los saludos.
Blankaoru.
