Prisionera
Acto siete
Celoso
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U--u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
A esa misma hora de la noche, en otra parte de Japón, Aoshi estaba sorprendido por la extraña visita que tenía en su casa o para ser más exactos, instalada en su habitación.
Misao bebía un te caliente y dulce, con el fin de calmar sus nervios y poder contarle a Aoshi qué era lo que le había pasado para ponerla en ese estado. Sentada frente a ese hombre alto y delgado, la joven trataba de serenarse buscando en su mente las palabras adecuadas para iniciar el relato.
-¿Te sientes mejor?- preguntó Aoshi al ver que ella dejaba la taza en el suelo.
-Si. Muchas gracias por prepararme el te, joven Aoshi.-
-De nada, Misao. Es lo menos que puedo hacer por ti después de ver el modo en que has ayudado a mi padre a recuperarse. Él te estima mucho y yo te... yo te estoy muy agradecido. Siempre serás bienvenida en esta casa.-
Misao sonrió sintiendo un ligero rubor llegar a sus mejillas. Por un momento imaginó que Aoshi le diría que la quería. No sabía que estuvo a punto.
-Ahora podrás contarme qué te ha traído hasta aquí. Te doy mi palabra de que cuentas con toda mi discreción y además veré el modo de ayudarte en lo que necesites. Debes haber estado muy desesperada para venir hasta aquí en ropa de dormir y a estas horas.-
La joven asintió ante lo dicho por Aoshi y luego tomó aire. Tenía que empezar.
-Es... es sobre mi padre.-
-¿El señor Matsusoo?.-
Ella asintió nuevamente.
-Siempre consideré a mi padre como un hombre justo, fuerte y honorable. Si bien ha sido estricto con mis hermanos y conmigo, yo le respetaba mucho. Él fue el pilar de la familia cuando murió mi madre.-
Misao sintió el escozor de las lágrimas asomándose a sus ojos pero se obligó a reprimirlas. Había llegado con la firme determinación de contarle a Aoshi toda la verdad sobre los motivos que tuvo
Kaoru para escapar y así, librar a su conciencia de la carga de ese secreto. Pero, a poco andar de su relato, la confusión que sentía con respecto a Matsusoo la hizo titubear.
Por una parte ella admitía que él estaba cometiendo errores tremendos. Sin embargo no podía dejar de lado todo el respeto y admiración que alguna vez había sentido hacia él.
-¿Acaso ya no le respetas?- preguntó Aoshi al notar que ella se quedaba en silencio. Misao volvió a la realidad y optó por contarle a Aoshi sólo una parte de lo que pasaba en verdad.
-Mi padre... con el fin de encontrar a Kaoru, ha dispuesto de mucha gente para buscarla. Pero es tal su empeño que... que él se está aliando con gente indeseable como Jinnei Udo para hacerlo.-
Aoshi quedó pensativo unos momentos.
-Es natural que tu padre esté preocupado por el futuro de mi compromiso con tu prima y por eso la está buscando con tanto afán. Pero dime, Misao... ¿estás segura de lo que me dices?-
-Claro que lo estoy, joven Aoshi. Yo misma los escuché esta noche y no puedo soportar que eso esté sucediendo eso en mi casa. Mi padre le pidió que encontrara a mi prima y que acabara con el demonio de cabello rojo que la tiene prisionera.-
- ¿Y lo que hace tu padre te parece censurable?- preguntó Aoshi muy serio.
-Claro que es censurable. No puedo perdonárselo...- dijo ella con total convicción, esperando el apoyo de Aoshi para lo que pensaba hacer.
Mirándola preocupado, Aoshi no se explicaba por qué Misao decía esas cosas. Simplemente no le encajaban con la imagen que tenía del señor Kamiya. ¿Existía la posibilidad de que Misao estuviera celosa porque Matsusoo no la tomaba mucho en cuenta por buscar a Kaoru? Después de todo ella no dejaba de ser una niña.
-Por eso no puedo permanecer más tiempo en esa casa, joven Aoshi. No me gusta lo que sucede y me parece inconsecuente estar allí como si aprobara lo que mi padre hace.-
-¿Por eso huiste esta noche?-
Misao asintió con la cabeza. Aoshi se tomó la cabeza con las manos.
- Pero tú no puedes andar recorriendo las calles a estas horas y en ropa de dormir. Por lo que veo, tú saliste de tu casa por impulso, no porque lo hayas estado pensando mucho tiempo. Considero que deberías regresar con tu familia porque pienses lo que pienses allá estarás más segura.-
-No volveré. Esa ya no es mi casa, no me siento a gusto allá.-
-Misao... no puedes tener esa postura tan cerrada. No pretenderás quedarte a vivir aquí ¿O sí?-
La mirada de súplica que notó Aoshi en los ojos de la chica era muy elocuente.
-Imposible.-
-Por favor, joven Aoshi.- dijo Misao tomando la manga de la yukata varonil.- No me haga regresar a mi casa. Deme alojamiento aquí... le prometo que me portaré bien, haré aseo si quiere, pero no quiero ver a mi padre.-
-No puedo hacer eso, Misao... no puedo tenerte aquí y menos en calidad de sirvienta. El día que tú vivas permanentemente bajo mi techo y protección será cuando seas mi... – Aoshi se interrumpió al notar que iba a agregar "esposa" a la frase asi que la cambió por otra más conveniente para su posición actual.- ... cuando seas mi invitada, pero ahora no lo eres. Hasta donde yo sé, viniste en medio de la noche y te metiste en mi casa.-
-No me diga eso, joven Aoshi... usted no entiende. Si no aparezco, mi padre me buscará a mí y dejará la búsqueda de Kaoru.- dijo la chica desesperada al intuir que Aoshi era capaz de entregarla a su padre y de comentarle lo que estaban hablando en ese momento.
-No puedo creer lo que me dices, Misao... – Aoshi tenía una extraña expresión en los ojos.- Entonces es cierto que estás celosa...-
-¿Quéee?...-
-Estás celosa de tu prima, de la atención que está poniendo tu padre en ella.- afirmó severo, como si ella fuera una mala persona por actuar así.
-No, no estoy celosa de Kaoru, lo que pasa es que...-
-Lo que pasa es que buscas llamar la atención ¿no?... Por el Cielo, Misao, que decepción me causas. Creí que eras diferente, que tú serías incapaz de mentir o injuriar a alguna persona pero ahora me queda claro que por atención eres capaz de inventar cosas terribles de tu propio padre incluso y de venir a mi casa a estas horas...-
Misao se levantó de su sitio como si hubiese sido expulsada por un resorte. Estaba horrorizada con lo que oía.
-Eso es falso, usted está sacando conclusiones apresuradas y no sabe lo que en realidad... –
-Claro que lo sé, lo vislumbro, Misao. Eres una chica inmadura y por lo mismo lo mejor es que te regrese ahora mismo a tu casa y le haga a tu padre una advertencia sobre tu comportamiento.-
-¡No puede hacerme eso!... ¡Usted tiene que confiar en mi, en que lo que le digo es cierto!-
-Lo siento.- dijo Aoshi.- Pero no puedo.-
Misao se sintió muy mal porque sinceramente pensó que de todas las personas que conocía, Aoshi la comprendería pero no era asi y por eso tenía que salir de allí.
Si ella desaparecía, con un poco de suerte, su padre dejaría en paz a Kaoru y su prima podría tener más tiempo para escapar u ocultarse mejor. Recordó que cuando Kaoru escapó, se había ido sólo con lo puesto y con el testamento de su padre. Si bien ella tenía en ese momento solo ropa de dormir, había salido con una manta para el frío y con dinero en un bolsillo interior. Tenía más posibilidades de salir bien parada de aquella situación. Con dinero podía viajar a cualquier parte con el fin de desviar la atención de su prima. Misao sabía muy bien que si su padre daba con ella, esta vez Kaoru sería forzada... y ella no podía permitirlo. No tenía la fuerza para oponerse a él ni la autoridad para hacerlo entrar en razón, asi que utilizaría los únicos recursos con los que contaba.
-Si usted no me quiere ayudar no me importa.- dijo enfadada, tratando de abrir la puerta y de salir al exterior. Aoshi se puso de pie y siguió a Misao para encogerse sobre ella y tomarla desde atrás, cruzando las manos frente a su delgada cintura.
-Oh no, pequeña... esta noche no saldrás de esta habitación.- dijo él al cerrar la puerta por dentro.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U--u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
-¡Despierta, mocosa!.-
Kaoru ya se estaba acostumbrando a despertar cuando le arrojaban alguna cosa a la cara. Al estirar la mano para ver de qué se trataba esta vez, descubrió su ropa interior.
-Pasé por el patio y noté que ya estaba seco todo eso, asi que ya no puedes quejarte de la falta de ropa.- dijo Kenshin en su tono habitual medio burlón.- El desayuno estará listo en cinco minutos, recuerda que iremos a ver mis huertos asi que si no te apuras, irás sin comer porque no pienso esperarte.-
Kenshin comenzó a alejarse mientras seguía hablando.
- Por cierto, coses muy bien... ni se notan los rasgones de tu vestido... lo examiné en el colgador aunque todavía está húmedo… –
Al quedarse sola, la joven se incorporó medio adormilada y se vistió tan rápido como pudo, sonriendo. ¡Tenía muchos planes para ese día!
-Hoy vamos a ver mis huertos como querías anoche.- dijo él cuando ella se sentó a su lado a desayunar y en eso apareció Sanosuke acompañando a Megumi.
-¡Buenos días, Ken-san!- saludó animosa la doctora.- Hola, Kaoru.-
-Hola, señorita Megumi.- saludó Kaoru impresionada como siempre ante la belleza de esa mujer. Era imposible que a Kenshin no le gustara.
-Hola Kenshin, hola chiquilla.- dijo Sanosuke levantando sus manos. Se veía un poco pálido y cansado, cosa rara en él y traía algo asi como una bolsa.
-¿Qué los trae por acá?- preguntó Kenshin apurando la comida.
-Verás, Ken...- respondió Megumi.- Necesito urgentemente algunas hierbas en especial. Pensaba esperar a que tú me las llevaras pero ha surgido un contratiempo con mis provisiones ¿verdad, Sanosuke?.-
Sanosuke enrojeció violentamente. La doctora decidió contar lo sucedido.
-A este retrasado lo invitaron a comer anoche y pensó que estaría bien llevar algo de mi despensa.
Lo que pensó eran hojas para ensalada o algo así era lo que yo suministro a mis pacientes como infusión para que... bueno, para limpiar sus estómagos.-
-¿Laxante?.- preguntó Kaoru.
-Del más fuerte.- respondió Sanosuke en un hilo de voz. Era evidente que había sufrido de los efectos de tan especial planta. Hasta tiritaba un poco.
Esto hizo que el instinto protector de Kaoru se activara.
-¿Quiere algo caliente de beber?- dijo Kaoru a Sanosuke. Luego miró a Megumi.- ¿Está bien si le doy algo?-
-Claro que si, Kaoru. Dale algo a este retrasado. Llegó hace un par de horas a la clínica y en cuanto confesó lo que había hecho, lo traje hasta aquí para reponer lo que se llevó sin mi consulta. Desde luego espero que haya aprendido la lección. -
-Si, si, ya lo hice, doctora.-
Kaoru se situó bajo el brazo de Sanosuke para que él se apoyara en ella y lo ayudó a acomodarse en la mesa, ignorantes de que eran observados atentamente por un par de oscuros ojos violeta. De inmediato le sirvió un té a ese joven tan simpático que parecía ser Sano.
-Justo ahora íbamos a salir con Kaoru.- dijo Kenshin mirando a la joven fijamente, pero ella no se dio por aludida. Le puso a Sanosuke una mantita en los hombros para que dejara de tiritar y lo miró con una sonrisota.
-Yo me quedaré aquí. Iré a ver los huertos más tarde. Vaya usted con la señorita Megumi.-
Megumi miró a Kaoru con curiosidad. Kenshin, repentinamente furioso, comentó.
-¿Así que prefieres cuidar a ese cabeza de pollo?-
-Kaoru es la única que comprende que estoy enfermito.- respondió Sanosuke con una voz baja y lastimera. - Ojala ustedes fueran más considerados conmigo, como ella.-
-Kenshin, apresurémonos, que tengo que regresar pronto a mi consulta.- dijo Megumi, jalando quedo de la manga del pelirrojo. Éste finalmente se rindió, aún enfadado.
-Muy bien. Vamos.- dijo entre dientes. Kaoru al verlo salir pensó que lo que más necesitaba Kenshin ahora era tiempo a solas con la doctora y ella lo ayudaría a lograrlo. Sólo debía mantener a Sanosuke apartado.
Unos minutos más tarde, afuera, Megumi recibía las plantas medicinales.
-Vaya, Ken. La joven que vive contigo es muy amable. Apenas conoce a Sano y ya se preocupa por él.-
-Si, lo es.- dijo él escueto.
-¿Y cuántos años tiene?-
-Ehh... diecisiete.-
-Mmh... realmente es muy joven. ¿Y cómo te llevas con ella?-
-Oye, oye, oye... ¿ a qué viene tanta pregunta?-
Megumi se incorporó al notar su bolsa llena de hojas y ramitas y miró a Kenshin.
-A que estoy preocupada por ti, Kenshin. Nos conocemos hace muchos años y aunque sé pocas cosas de ti, me interesa que estés bien. Sabes que eres para mí como el hermano que perdí en la guerra.-
Cuando Kenshin conoció a Megumi se sintió atraído por su belleza sin par. Sin embargo había sido sólo esa primera impresión. Si bien admitía que era una gran mujer, no le llamaba mayormente la atención.
-Nos llevamos bien con Kaoru.- admitió Kenshin.
-¿Y te gusta?-
-Escucha, Megumi. Kaoru es sólo una persona a la que cuidaré por un tiempo. Ella se ira y todo lo demás que pueda pensar o sentir hacia ella es irrelevante.- dijo él con un tono que no admitía otra pregunta sobre sus sentimientos.
-Está bien, ya entendí. Mou... Ya estoy lista.- dijo Megumi con una sonrisa.- Vamos a la casa a ver a esos dos. Aunque... Ken... no respondiste a mi pregunta.- terminó ella con una sonrisa. Era demasiado astuta.
En casa, Sanosuke se sentía más repuesto con el calor del té y además, estaba teniendo una entretenida conversación con la chiquilla.
-¿Y cómo conocieron a Kenshin?- preguntó ella.
-Pues verás... hace años Kenshin se hizo de esta propiedad. Un día, Megumi vino acompañada de otro médico a buscar plantas por aquí, porque se dan en forma natural sólo en este sitio. Kenshin pensó que Megumi y el buen médico era una amenaza para él y los iba a atacar cuando Megumi le aclaró la situación. Kenshin le pidió una disculpa y le dijo que no tenía problema en que viniera a buscar lo que necesitara. Pero al parecer, tu amigo se sintió avergonzado por el mal rato que les había hecho pasar, asi que fue a remover la tierra donde estaban esas plantas para que crecieran mejor... cuando Megumi regresó al mes siguiente se encontró con la sorpresa de que había todo un huerto en torno a ellas sólo de plantas medicinales. Con el tiempo, Kenshin incorporó más especies y empezó a ganar dinero con eso... y Megumi se hizo más cercana a él. –
-¿Cercana?- Entonces si tenía razón, ella era la mujer en el corazón de Kenshin.
-Si... es decir, no son amigos, sabes. No se cuentan secretos, no se invitan para los cumpleaños pero, es como si hubiera un acuerdo silencioso entre ellos de cuidarse mutuamente. Cuando Megumi ha estado en problemas, sabe que Kenshin siempre está para ayudarle. Y cuando él se enferma, ella lo atiende sin mayor inconveniente.-
-Vaya, que interesante... – Ya estaba pintando para una hermosa historia de amor. Ya se lo imaginaba: "Megumi, siempre te amé en silencio".
-Si. Como ves es una relación especial. De hecho, sólo nosotros venimos a verlo. Siempre me pregunto cómo un hombre joven como él terminó viviendo aquí, alejado de todo.-
-A mi también me gustaría saberlo.- dijo Kaoru.- Oiga, Sanosuke... ¿Y cómo conoció usted a la señorita Megumi?- A Kaoru se le hacía muy grata la compañía de Sano.
-O... esa es una historia que te contaré en otro momento porque va para largo y quizá sea bueno que yo confíe en alguien. Pero antes debemos aclarar algo entre tú y yo.- dijo Sano dejando su taza de té sobre la mesa, ignorante de que Megumi y Kenshin entraban en la habitación.- Trátame de tú. No me gusta eso de que me traten como un señor, porque no lo soy... sólo dime Sano y yo te llamaré por tu nombre. Asi seremos amigos. ¿te parece?.- aclaró extendiendo la mano hacia Kaoru, quien la apretó sin pensarlo.
-Claro que si. Sería bueno ser amigos.-
-Pues qué bueno que ya son amigos.- dijo Kenshin desde la puerta.- Pero Sanosuke tiene que retirarse.-
-Es cierto.- admitió éste. De inmediato se levantó y tomó la bolsa que traía Megumi. Kenshin los acompañó hacia la salida, pero repentinamente, Sanosuke se volvió.-Oye, Kaoru, ya que somos amigos… quería comentarte que esta noche comienza un festival en el pueblo. Dura unos cuantos días y quizá te guste venir. Hey, Kenshin, ¿por qué no la llevas? Le gustará mucho. Este año el viejo Kujiranami prometió mejorar sus trucos con fuego.-
Los ojos de la chica brillaron. Los de Kenshin también, pero de ganas asesinas, asi que respondió por ella.
-Ya veremos si vamos. Y ahora apresúrate, que Megumi debe ir a atender a sus enfermos.-
Kaoru cerró la boca al oír al pelirrojo y le dijo adiós a Sano y Megumi agitando su mano, en tanto ellos salían de la casa.
Sanosuke había quedado encantado con Kaoru pero mantenía silencio, sumido en sus pensamientos. Lo que pasaba es que el joven había recordado algo que le podía dar pistas sobre la identidad de la joven quien se había convertido en todo un misterio para él.
-Oye, Kenshin... quiero preguntarte algo.- le dijo al pelirrojo, captando la atención de Megumi que se detuvo junto a ellos.
-Dime.-
-Verás... he estado haciendo memoria y creo recordar que "Kaoru" es el nombre de la persona a quien tenías que rastrear para cobrar una recompensa. Kaoru Kamiya ¿no?. Yo mismo te recomendé ese caso. ¿Esta Kaoru y esa Kaoru son la misma?-
-Si.- reconoció el pelirrojo.- no daré detalles pero algo pasó y tuve que traerla. La mantendré oculta aquí por un tiempo asi que espero vuestra discreción en torno a ella. Nadie puede enterarse de su existencia.-
-Vaya, Ken-san.- dijo Megumi al recordar lo que hablaron en el huerto.- desde luego que cuentas con mi silencio.-
-Y con el mío.- se apresuró a decir Sano.- Pero respóndeme otra cosa... La chica es muy linda.
Dime ¿existe algo entre la chiquilla y tú?-
Automáticamente Kenshin llevó la mano a la espada que traía, para desenfundar.
-Vamos, es sólo una pregunta. Kaoru es tan bonita que no sería extraño que te gustara un poco... más si anda en esa yukata corta todo el día... – dijo Sanosuke tratando de salvar el pellejo y restarle relevancia.- Y bien podríamos ser todos amigos. Es muy simpática... Megumi piensa lo mismo ¿no, doctora?.-
Por toda respuesta, Sanosuke recibió un coscorrón en la cabeza porque estaba hablando de más y Megumi sabía que no era bueno hacer enfadar a Kenshin.
-Vámonos, Sanosuke. Tenemos que visitar al señor Fujisawa. Kenshin, gracias por todo y luego nos vemos.-
-Hey, dale a Kaoru las gracias de mi parte por el tecito. Le quedó muy bueno.-
Kenshin entró en la cocina donde Kaoru acomodaba las cosas limpias.
-Te espero afuera para que veas los huertos.- dijo antes de salir, incapaz de controlar cierta tensión en su voz..
Kenshin se encaminó a su huerta de verduras con Kaoru siguiéndole. El cultivo estaba apenas dañado y estaba seguro de que tendría una muy buena cosecha ese año. Se dedicó a reparar los surcos para poder regar durante la tarde.
Cerca de él, Kaoru revoloteaba como una mariposa, moviéndose con cuidado para no dañar ninguna plantita. Ella estaba realmente encantada con el huerto aunque apenas se veían algunos brotes y sin proponérselo realmente, distraía mucho a Kenshin que a duras penas podía mantener la vista en el suelo y no en el rostro de ella. No quería mirarla mucho después de haberse hecho ilusiones sin fundamento durante la noche, porque le había parecido que ella disfrutaba de su compañía… pero se veía más a gusto con Sanosuke.
Cuando conoció a Kaoru, se predispuso a verla como una mujer intrigante y caprichosa, posiblemente porque de inmediato fue conciente del efecto que ella tenía sobre él para desestabilizar sus emociones siempre bajo control. Trató de compararla con Tomoe para impedir que sus sentimientos se desparramaran como ahora pero Kaoru le demostraba una y otra vez que era digna de su confianza, que lo acompañaría porque tenían un trato sin importar si al final ella salía perdiendo. Kaoru lo había hecho sentir como alguien que podía ser querido y respetado sólo por ser Kenshin y eso era algo que antes nadie había hecho por él.
Pero que decepción se había llevado... después de todo él había tenido razón. Al ver a Kaoru con Sanosuke, todo se aclaró en su mente.
Ella no era especial con él. Ella simplemente era asi con todas las personas. Toda la atención, las sonrisas que le había brindado... todo eso no era sólo para él como había empezado a creer. Recordó la primera noche en casa, cuando se sentaron a contemplar el cielo; se había sentido tan bien, tan en paz y había creído que ella también lo había disfrutado. Pero en realidad, lo que para él había sido especial, para ella hubiese sido lo mismo con cualquier otro.
Desde luego que estos pensamientos pusieron de malas al pobre de Kenshin que decidió cortar con todas sus ideas sobre la chica, sin querer reconocerse a sí mismo que encima estaba celoso de Sanosuke.
Miró a Kaoru, quien se había cansado de examinarlo todo y se había sentado en una roca.
-Te dije que un huerto era aburrido, mocosa.-
-No estoy aburrida. Lo que pasa es que... – Kaoru bostezó sin darse cuenta.
-Ah, ya veo... tienes sueño. Ya me parecía raro que te levantases tan temprano hoy sin sufrir las consecuencias. Mejor vete a la casa a dormir. No tienes nada que hacer aquí.- dijo huraño. Tenía mucho en qué meditar mientras trabajaba.
Kaoru no dijo nada, pero siguió en su roca, sentada y sin quitar la vista del hombre que manejaba una pala.
-¿Por qué usted es así?-
-¿Ehh?- Kenshin siguió trabajando sin darle importancia en apariencia.
-Tan... malhumorado. Quizá algo no ha salido como usted quiere.-
-Vamos, chiquilla, me conociste así. Además, a ti eso no debe importarte. Tú sólo debes preocuparte de mantenerte oculta hasta Julio y de cobrar tu herencia. Luego, te irás a Tokio y asunto arreglado. Adiós Kaoru, adiós Kenshin... no nos volveremos a ver.-
A la joven desde luego no le gustaba esa posibilidad.
-Pero podemos ser amigos mientras. Podemos llevarnos mejor.- murmuró con cierta esperanza.
-No me interesa ser tu amigo y para eso ya tienes a Sanosuke ¿no?. Kaoru, ya hablamos de ese tema.- Kenshin dejó de trabajar para apoyarse en la pala y mirarla.- Tú te vas a ir.- enfatizó.-
Olvídate de ser mi amiga y disfruta del paisaje y de tu estadía.-
-Pero yo quiero...-
-¡Pero yo no!.- la cortó Kenshin, volviendo al trabajo y dándole la espalda. Asi estaba bien. Así debían ser las cosas. Asi debieron haber sido desde siempre.
Kaoru se levantó y avanzó resuelta hacia él.
-Anoche disfruté de la velada en su compañía y creí que a usted le había agradado.-
Kenshin sintió la voz de Kaoru demasiado cerca suyo. A pesar de eso, no quiso voltear. Siguió concentrado en la pala y el surco que estaba reparando hasta que Kaoru se plantó delante de él.
-Reconozca que la pasó bien también.-
Él se dio la vuelta para irse pero ella lo tomó de una manga.
-Reconózcalo.-
-Te metiste en mi cuarto y leíste un libro en voz alta. Eso fue todo.-
-Pero usted no me echó a patadas.- reconoció ella. – Y esas cosas las hacen los amigos.-
-Pues bien, si te hace feliz, somos amigos. Ahora déjame en paz.- Kenshin empezaba a retirarse de nuevo pero ella no lo soltaba.
-¡Genial!- dijo ella feliz.- Esta noche le leeré el final del cuento y entonces... - se calló abruptamente cuando Kenshin se volvió hacia ella mirándola con enojo.
-¡No habrá final de cuento! ¿Y sabes por qué? Porque yo soy un hombre y... – tomó aire.- hace mucho tiempo que no estoy con una mujer. Y tú eres una. ¿Qué esperas que piense dé ti si te metes a mi cuarto de noche paseándote con una yukata pequeña?- la miró con insolencia.- Te veías muy provocativa. De hecho aún te ves así con esa bata... No esperes que te vea como a una amiga si tú haces todo lo posible para que te vea como una amante. Tal vez eso es lo que quieres... Que yo te tome de una vez y… -
Kenshin se inclinó levemente para rozar la mejilla rojiza de Kaoru, que hirviendo de rabia y de vergüenza lo abofeteó en la cara.
-¡Cómo se le ocurre decir eso de mí! Si es por la yukata, usted mismo me la dio. Además, yo nunca, yo jamás provocaría a un hombre, porque son ustedes asquerosos, siempre buscando el modo de abusar de alguna mujer… ¡qué decepción más grande me he llevado con usted, pensando que sería diferente!-
-Vete.- dijo el pelirrojo inexpresivo, confundido además. ¿Por qué había dicho tal estupidez? Se estaba volviendo loco con esa chica, pero no iba a echar pie atrás porque al menos había descubierto el modo de sacársela de encima.-Tengo trabajo que hacer y me estás molestando. ¿Lo ves? No me interesas para nada como amiguita a menos que te quieras meter en mi cuarto para otra cosa. Por mientras, ¡Lo único que quiero es que pasen de una vez estos dos meses para que me dejes en paz!-
Rápidamente los ojos de Kaoru se anegaron en lágrimas. Se soltó de Kenshin y cayó de rodillas al quedarse repentinamente sin fuerzas. Entonces sí había sido imaginación suya la ternura en sus ojos cuando le sonreía. No podía ser... ahora sí que se sentía humillada y avergonzada al máximo.
Por su parte, Kenshin le había dado la espalda una vez más y aunque tenía unas inmensas ganas
de decirle que no era cierto lo que le había dicho, de abrazarla y obtener su perdón, se contuvo y siguió con su trabajo, ignorándola completamente.
Al cabo de unos momentos se volvió discretamente para ver el estado de la chica. Sin embargo, ella ya no estaba.
-Mejor así.-se dijo.
Pasaron las horas y todo seguía en silencio. Kenshin terminó su trabajo y volvió a la casa, un poco avergonzado por que lo que había hecho. Había sido demasiado duro al tratarla... después de todo, ella era muy joven... y estaba siendo víctima de su mal humor y su obsesión con ella. Kaoru no tenía la culpa de no estar perdidamente enamorada de él como quería. ¿Hacía cuánto rato que no la veía? Unas tres horas más o menos...
Ya en casa se dirigió a la habitación de la joven.
Ahí estaba Kaoru, sentada frente a un espejo arreglándose el cabello. Se había cambiado la yukata por el kimono que le había regalado su padre y que ella reparó y lavó.
-Váyase. Esta es mi habitación.- dijo ella cortante al notar su presencia. Guardó su espejo y sacó un libro.
-¿Dónde estabas?- preguntó él sin moverse desde el marco de la puerta.
-Usted me dijo que le estorbaba asi que decidí no molestarlo, señor samurai. Por favor, deseo leer, asi que retírese.-
"Señor Samurai"... ese apelativo le dolió a Kenshin pero él se lo había buscado.
-Has estado aquí todo este rato...- siguió él.
-Si.- respondió ella.- No se preocupe, si piensa que puedo huir, recuerde que le he dado mi palabra de no hacerlo. Ahora, si no le molesta, quiero estar sola.–
Si había un momento ideal para pedir disculpas, ese era, pero Kenshin se mantuvo terco en sus dichos y sintiendo los pies muy pesados, se retiró. Kaoru comenzó a leer.
No llevaba ni dos líneas cuando una gotita cayó al lado de otra sobre el papel.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U--u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
La comida nocturna transcurrió en absoluto silencio. Kaoru recogió los pocillos y los lavó, antes de retirarse a su cuarto.
Se movía con gracia y se veía simplemente hermosa con aquel kimono. Sin duda el señor Kamiya tenía muy buen gusto y Kenshin la admiraba de reojo sin poder evitarlo. Mientras caminaba a su habitación, recordó lo de su falta de futón y pensaba seriamente en pedirle uno a Megumi en cuanto la viera cuando notó que estaba en su cuarto. Era obvio que la mocosa lo había puesto ahí para desafiarlo, asi que lo tomó y fue a verla.
-Te dije que dormirías tú en el futón, Kaoru.- dijo furioso al abrir la puerta de la joven que ya estaba preparándose un lecho.
Ella se aclaró la garganta al notarla reseca después de tantas horas sin hablar.
-Usted dijo que siempre tocaría antes de entrar aquí. Debería respetar los acuerdos.- dijo tratando de mantenerse calmada.
-Te estoy hablando de otra cosa.-
-Ese futón es suyo, señor samurai. Lo correcto es que usted duerma en él.-
-No, Kaoru. Tú.-
-Me niego a hacerlo. Por otro lado, según recuerdo, no somos amigos ni lo seremos asi que no le veo caso a que usted finja preocupación por mi descanso nocturno.-
Eso era demasiado para Kenshin.
-¡Maldición, mocosa! No tienes que tomártelo así.-
-Me lo estoy tomando como usted quería ¿no se acuerda?.- Kaoru terminó de preparar su cama sobre el tatami.- Y por favor salga, que necesito cambiarme de ropa.-
-No, no saldré.- dijo él, arrancando las ordenadas frazadas del lecho de Kaoru para arrojarlas al pasillo, dejando el futón en su lugar.- Te acostarás allí y fin de la discusión.-
Eso ya era demasiado para Kaoru. No podía controlar más sus nervios.
-¡POR QUÉ MIERDA NO ME DEJA TRANQUILA!- gritó al borde de la histeria.- ¿Acaso es tan difícil aceptar una muestra de preocupación! Me pareció justo dejarle el futón porque yo llevo dos días durmiendo en él y eso que es suyo. Y eso que usted ha trabajado más que yo y merece un mejor descanso... pero claro, a usted le da con dárselas de hombre fuerte y autosuficiente… ¡¡cuando no es más que un bruto arrogante y terco!!-
Kenshin se quedó sin habla ante esa explosión de Kaoru, quien caminó hacia el armario de la habitación.
-Váyase. No quiero verlo más.- dijo con la voz quebrada.- Ya bastante me ha hecho y no soy de piedra como usted. A mí sí me duelen las cosas que me dicen o me hacen. Y llévese su futón o le juro que esta misma noche lo hago pedacitos y lo tiro al río.- terminó con rabia.
Kenshin tomó uno de los extremos del futón para llevárselo porque sabía que ella hablaba en serio. Sin duda se había equivocado con la forma de tratar a la joven.
Por su parte, Kaoru se armó nuevamente una cama y echándose encima, trató de dormir.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U--u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
Los días pasaron y las cosas no mejoraban. El único momento que pasaban juntos en el día era cuando se sentaban a comer. Luego Kenshin se iba a reparar su casa donde lo necesitaba o veía sus huertos y Kaoru se metía a su cuarto porque Megumi le había conseguido unas piezas de género para hacerse kimonos, y esa ocupación entretenía a la chica. Y le daba la excusa perfecta para evadir al pelirrojo.
A ella aún le daba vergüenza lo que él había insinuado días atrás. ¡Ella no intentaba seducirlo! Pero aunque estaba empeñada en poner distancia para dejarle en claro su posición, se sentía cada día más deprimida porque tenía muchas ganas de hablar con él. Al menos Sanosuke venía todos los días a verla, por unos minutos al menos y le alegraba sus días.
Kenshin no estaba mejor, pero no estaba dispuesto a reconocérselo a sí mismo. Sin embargo la estaba extrañando tanto que le dolía. Y eso, lejos de hacerle reflexionar en pedir disculpas, lo hacía pensar que era bueno que estuvieran distanciados ahora porque sí no le dolería tanto cuando ella se fuera.
-¿Entonces, vendrás? Nos divertiremos mucho. Megumi irá también.- Dijo Sanosuke muy animado. Kaoru se tomaba un jugo de frutas y lo miraba de reojo.
-Me gustaría mucho ir, pero creo que debo consultar con Kenshin.-
-Por cierto… ¿qué le pasa a Kenshin? Se comporta extraño. Él suele ser callado, pero no al extremo de ser mudo. Ni me saludó el día de hoy.-
-No te preocupes, está enfadado conmigo, no contigo.-
-¿Enfadado contigo? No puedo imaginar qué le pudo haber hecho una chiquilla como tú.-
-Ahora que lo pienso, yo tampoco.- respondió la joven, recordando que la ofendida había sido ella. ¡Ella si tenía derecho a estar enojada!
Kenshin hizo acto de presencia y se sirvió un poco de jugo, sin preguntar siquiera si podía. Después de todo, Kaoru se había dado la paciencia de moler la fruta y batirla con agua.
-Oye Kenshin, esta es la última noche de fiesta en el pueblo, la de cierre. Kaoru quiere ir. Vamos, dale permiso.
Kenshin miró a Kaoru con ganas asesinas.
-¿Quieres ir con Sanosuke?-
Al mirarlo, Kaoru sintió un frío hielo recorrer su espalda. No comprendió esa reacción, pero por suerte para ella las mangas del kimono tapaban sus brazos, por lo que no se notaba que se le había puesto la piel de gallina.
-Me gustaría mucho, si fuera posible.-respondió, sacando valentía de alguna parte. Por un momento se imaginó que Kenshin le rebanaría el cuello.
Éste se quedó callado unos momentos, examinando a la pareja de jóvenes.
-Iremos.- respondió, y tomándose el último vaso de jugo, salió del cuarto.
Sanosuke de inmediato se volvió hacia Kaoru.
-Vaya que asusta… realmente me dio un escalofrío cuando te miró.-
-A mí también.- repuso Kaoru sobándose los brazos.- Pero… ha dicho que iremos, asi que nos queda prepararnos. ¿A qué hora debemos estar allá?-
Sanosuke le indicó la hora y el lugar donde se encontrarían. Luego se despidió, tomándole brevemente las manos. Era un saludo que tenían.
Claro que Kenshin no lo vio así, y dándose un par de golpecitos en la frente, se obligó a acabar de reparar una ventana. Eso era mejor que matar a Sanosuke.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U--u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --
Misao había llegado a dos conclusiones importantes, luego de mucho meditar, única cosa que podía hacer estando recluida.
La primera, que no quería ver en su vida al traidor de Aoshi.
Hacía una semana Aoshi, lejos de ayudarla, la sacó a la rastra de su casa y la devolvió a su padre. Si bien no comentó nada que pudiera perjudicarla, bastante se enfadó Matsusoo con la escapadita nocturna de su hija y le ordenó que se encerrara en su habitación y no saliera en un mes. Ella no tuvo otra que obedecer y mascullar su rabia mientras Aoshi se alejaba inconciente de que había acabado con su corazón.
Lo bueno de estar todo el día encerrada era que pudo llorar a su antojo su decepción porque no le dolía tanto que Aoshi la hubiera devuelto a casa, si no más bien el que hubiera pensado tan mal de ella sin darle derecho a explicarle sus razones… aunque tal vez, de haberlo hecho, ella no se hubiera atrevido a contar la verdad. De todos modos, él le prometió ayuda y le falló cuando más lo necesitaba.
La segunda conclusión, -y esta era realmente buena- empezó a gestarse durante la noche anterior ya que después de mucho llorar por la frustración que tenía de ser pequeña y débil, durmió profundamente y soñó con su madre. Ya casi no se acordaba de ella, pero recordaba que era muy hermosa y muy valiente. Ella era la única persona que conocía capaz de oponerse a su padre y hacerle cambiar de opinión… Sakura era sin duda una gran mujer, además de poseer talentos realmente ocultos.
Misao recordó con pesar el día de los funerales de su madre. Y recordó unas sombras que le llamaron mucho la atención, que se encontraban en los árboles. Se le vino a la mente un cuento que su madre le narraba todas las noches y que era su favorito. Era el de una niña criada por cuatro guardianes que pertenecían a un grupo de ninjas llamados Onniwabanshu. Cuando la niña creció, se enamoró y dejó a sus guardianes y su vida clandestina, pero esos guardianes siempre estarían allí cuando su pequeña Misao necesitara su ayuda. Sólo tenía que hacer algo muy sencillo.
La joven despertó sobresaltada siendo aún de madrugada y meditó mucho al respecto. Ella sabía muy poco sobre la vida pasada de su madre porque era un tema tabú en la familia... Misao se levantó y se encaminó a su armario, para buscar algo especial mientras pensaba que se había aferrado a la realidad que tenía, pero su realidad eran sus hermanos mayores que la desdeñaban por ser la menor. Su realidad era un padre que no la tomaba mucho en cuenta y un amigo en el que confió, del que estaba enamorada y que le había fallado.
Quizá, si ahora cambiaba de estrategia y se aferraba a un sueño, a un dulce sueño casi olvidado de su niñez, todo podía ir mejor para ella. Esa era su conclusión.
Encontró un juguete hecho de papel en su cajita de recuerdos. Sólo tenía que hacer cuatro más de esos y echarlos al río dentro de un barquito también de papel al mediodía o en la medianoche, escribiendo un nombre en cada uno de estos cuatro: Beshimi, Hannya, Hyotoko y Shikijo. Eran nombres raros pero, según el cuento, obtendría la ayuda al día siguiente.
Terminó los origamis requeridos y se escabulló al despacho de su padre para robar su pincel y su tinta. Al devolverlos, tuvo un nuevo problema… salir de casa al mediodía sin ser vista. Escuchó afuera la voz de Aoshi y aunque aún seguía enrabiada con él, no pudo evitar rendirse a ese encanto que él le provocaba y aguzar el oído para escucharlo atentamente.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
Aoshi ya no daba más con su conciencia.
Después de devolver a Misao a su casa, estaba caminando con rumbo a la propia cuando una anciana lo llamó.
-Joven, trate de no venir por estos lados durante la noche… vimos a un tipo extraño rondando por aquí. Mi hijo dice que se trataría de Jinnei Udo y parece que estuvo en la casa Kamiya. Por suerte no hizo daño a nadie.-
Aoshi agradeció el gesto de la anciana cuando cayó en cuenta de todo lo que aquello implicaba. Y se sintió muy mal por no creerle a Misao. Estuvo trabajando todo el día en su restaurante, pero su mente no se apartó de la última mirada de profunda decepción que ella le dirigió.
Realmente él la había regresado a casa con la mejor de las intenciones. Su padre lo había educado para ser muy correcto, para hacer siempre lo adecuado aunque le tomara más tiempo que el "camino fácil". Por eso Aoshi esperaba a que apareciera Kaoru para cancelar su compromiso y confesar a Misao sus sentimientos, y por eso mismo, había optado por regresarla con su padre. Porque para él, escapar y más por el supuesto motivo de la joven no era apropiado. Unos días más tarde, Okina le preguntó por la chica y él se sinceró con su padre, contándole lo que había hecho.
Okina escuchó el relato de su hijo muy atentamente. Y sonriendo, le indicó que si bien el camino correcto era el mejor, a veces uno tenía que tomar decisiones que iban en contra de lo que creía y que eso no era del todo malo. La verdadera sabiduría consistía en saber en qué momento hacer algo errado para obtener algo bueno y también le dijo que al día siguiente él se haría cargo del restaurante para que él resolviera su problema con Misao.
-Ya me siento mucho mejor y puedo hacerlo. Ve tú a hacer lo que tengas que hacer, no te preocupes, yo estaré bien.-
Esa mañana, Aoshi se levantó temprano. Tenía que ir a pedir disculpas a la joven y si ella seguía con la idea de querer irse de la casa, él la ayudaría. Matsusoo lo recibió amigablemente y a Aoshi se le hacía difícil imaginarse a ese hombre afable en negocios con Jinnei.
-Misao está recluida en su cuarto. Lo siento, pero no puedes pasar a verla.-
-Por favor, señor Kamiya. Tengo que hablar con ella de algo importante.-
-Aoshi, entiendo que tengas la mejor de las intenciones con mi hija pero ella cometió una falta grave y debe meditar en eso. Por favor, retírate y regresa en tres semanas. Ahí podrás hablar con ella.-
El joven hizo caso a Matsusoo pero cuando vio que éste prestaba su atención a un sirviente que lo requería, tomó una decisión poco usual en él y se escabulló hacia el interior de la casa. Sabía donde estaba el cuarto de Misao y se encaminó sigilosamente hacia él. Al ver que alguien venía, no se lo pensó mucho y entró a la habitación de la joven sin llamar a la puerta.
Ella no se esperaba esa visita. Lo miró sorprendida, con los labios entreabiertos.
Por un momento, Aoshi tuvo una gran tentación de acercarse a ella, tomarla en brazos y besarla hasta el cansancio, pero lo cierto es que ya había corrido demasiados riesgos ese día para él, asi que se dominó y se acercó a ella.
-Lamento entrar así, pero tenía que verte.- dijo en voz baja para no ser escuchado en el exterior.- Necesito pedirte una disculpa.-
Misao recobró el habla y buena parte de su rabia con él.
-Usted no me creyó y me metió en un buen lío. Mi padre prohibió recibir visitas incluso de mis hermanos y sólo puedo ir al baño. Me salvé por poco de un buen par de azotes…-
-Misao.- dijo tomándola por los brazos para hacerla callar y comprender su desesperación.- tenías razón… lo supe casualmente y tenías razón. Escucha, nada de lo que yo haga o diga ahora podrá cambiar el hecho que te fallé pero estoy seguro que puedo hacer algo para que vuelvas a confiar en mí.-
La joven desviaba la vista y no le decía nada.
-Misao, perdóname… pienso que debiste haber estado muy desesperada para ir a verme y amenazar con irte de aquí. Si aún quieres hacerlo, te ayudaré en todo lo que pueda.-
Ella le prestó atención cuando dijo eso último. Miró el reloj, eran casi las once.
-Necesito salir ahora, por espacio de una hora. Ayúdeme a hacerlo y confiaré en usted.-
Aoshi dudó por un momento pero ya había dado su palabra. Trazaron un plan rápidamente y él salió de aquella casa sin ser visto. Luego hizo lo que tenía que hacer para que Misao se escabullera.
Ella llevaba algo en las mangas del kimono celeste que llevaba. También se puso un hakama para ir más cómoda y moverse más rápido. Según Aoshi, se veía muy bonita aunque como siempre, se guardó esos pensamientos.
Se encontró con su amigo -a prueba- en un recodo del camino y se encaminaron al río por un sendero poco transitado. Allí, Misao sacó los origamis, los puso en el barquito y en ellos la siguiente inscripción escrita en un papel.
"Requiero la sabiduría de Hannya, la fortaleza de Shikijo, la humildad de Beshimi y el ímpetu de Hyotoko para avanzar por el camino. Guerreros, ayuden a crecer a este fruto de Sakura"
-Ya está.- dijo Misao al incorporarse cuando el barquito navegó por el río. Luego se dirigió a Aoshi y le dio las gracias, sonriendo de tal modo que él se acercó como hipnotizado hacia ella, alcanzando su cintura con las manos.-Aoshi…- murmuró ella desconcertada por la situación, temblando ligeramente sin poder evitarlo.
-Misao… disculpa.-
-¿Por qué? Ya está perdonado por ayudarme.-
-No es por eso… es… por esto.-
El apuesto joven se inclinó sobre ella y la besó en los labios.
U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U-- --u-- --U
Fin acto siete.
Enero 4, 2009
Notas de autora.
Hola!
Muchas gracias a todas y todos por leerme hasta aquí. ¡Gracias!
Con la perspectiva del tiempo que ha pasado, decidí cambiar algunos hechos de este fanfic. Asi que como han visto, no ha habido beso entre Kenshin y Kaoru ni tampoco se vislumbra una relación sexual. Y es que aunque la vez anterior en este capítulo ya habían avanzado bastante en esa idea, a poco de publicar me arrepentí de lo que había hecho. Tal vez éstos dos deban tomarse las cosas con más calma y afianzar más su relación antes de dar esos pasos. Entre tanto, me he divertido.
Cuando tenía catorce años, me iba muy bien en la escuela. Naturalmente mis profesores me tenían en mucha estima y desde luego todo eso generó envidias. Unas chicas hicieron correr el rumor de que yo me acostaba con uno de los profesores y en esos días sentí que se me acababa el mundo porque cuando se es joven, ese tipo de comentarios afecta mucho. Si hoy pasara lo mismo, me daría igual… basándome en eso, Kenshin le ha insinuado cosas feas a Kaoru para alejarla de él. Pero al parecer la está pasando peor porque además de estar celoso como un demonio, Kaoru ha encontrado un nuevo amigo que le hace sus días felices… y eso pone peor al pelirrojo.
Misao por su parte, luego de una decepción, parece que está a punto de iniciar una gran aventura acompañada de Aoshi. En realidad estoy emocionada con esa parte de la historia y espero desarrollarla bien. Aoshi ha dado el primer paso… ¡El primer beso de Misao! Ya nos enteraremos de qué otras cosas es capaz el ex cubito de hielo ahora que está siguiendo los sabios consejos de su padre.
El próximo capítulo estará cargado de aventura, emoción y romance… ¡No se pierdan "Prisionera, acto ocho: El despertar de un corazón" !
Y además, ¡¡Les quiero desear un espectacular, coolísimo 2009!!
