ENTRE NUNCA Y JAMÁS
(Neverland)
Capítulo 12.
¿Cuánto tiempo ha pasado ya desde la última vez que nos vimos Natsuki? ¿Ha sido un año? ¿Dos? Siento que en realidad el tiempo ha transcurrido lentamente y es probable que ni siquiera hayan pasado más de un par de meses. Sin embargo, que no te haya visto no significa que no supiera nada de ti, que no me haya enterado que mi madre... Mi madre, esa mujer que funge como progenitora en todos mis papeles pero que en su vida ha sabido lo que siquiera maternidad significa. Ella. Shizuru Fujino. La que goza de tu piel, de tus atenciones, quien se ha llevado lo que más anhelaba en esta vida y eso Natsuki, no era otra cosa sino tú.
Te amaba como eras, por lo que eras, pero supongo que no fui suficiente, no tardó mucho en que ella usara sus artimañas para llevarte a la cama o quizás le estoy dando mucho crédito. Siempre he sabido que para ti no hay más mujer que mi tía, tu amada Shizuru. Sé que cuando estábamos juntas pensabas que estabas con ella, sé que cuando tomabas mi mano lo hacías pensando en las de ella, pero ¡oh decepción! En cuanto veías mis ojos el encanto terminaba y sólo quedaba tu triste realidad. No estabas con la madre sino con la hija y entonces, tu tormento comenzaba. Pasabas horas interminables de debate mental cuestionándote sobre el por qué de tu destino, el por qué estabas conmigo y nunca con ella. Nunca con tu amada, tan sólo conmigo.
Sí Natsuki lo sé todo. Siempre supe que al quitarme del camino correrías a sus brazos como la niña idiota que eras, que no perderías más el tiempo y dormirías con mi tía. Shizuru entonces se jactaría de tenerte, de haber ganado esta batalla, de haberte conquistado, de haberme arrebatado a quien pudo ser la mujer de mi vida. Lo hizo de la manera más baja posible, lo hizo como era ella, con trampa. La abominable mujer convenció a papá de que formalizara mi compromiso con Takamura, arregló todo para que no pudiera negarme y siendo mi padre el blandengue que siempre ha sido, accedió. Tontamente pensé que estando tú lejos jamás te enterarías Natsuki, nunca fue mi intención lastimarte, pero para mi sorpresa te enteraste, ya no podía hacer más. Sin ti no quería nada y nada fue lo que obtuve.
Supe de tu accidente mucho después de que ocurriera, lo lamento, perdóname por no haber estado contigo cuando eso ocurrió. De verdad. Si me hubiera enterado antes te hubiera buscado como una loca, como una desesperada, lo hice mujer; pero fue demasiado tarde. Cuando regresé a Tokio ya no eras mía sino de Shizuru. Te habías convertido en otra triste marioneta del teatro de Shizuru, dejaste de ser quien eras y te convertiste en una pobre imitación de la chica de la que me enamoré. Me decepcionaste Kuga, me rompiste el corazón.
Por eso regresé a Kioto donde decidí continuar la universidad y olvidarme de todo y de todos. Mi padre se encargó de los trámites, ni siquiera esa mujer supo en dónde me encuentro, ni siquiera Takamura está enterado. Posiblemente él como los demás piense que en cuanto termine mi carrera volveré para casarme, a cumplir con mis deberes para la sociedad. Jamás. Eso nadie lo verá. Si vuelvo será para hacer mi vida con quien yo quiera, pero no seguiré el camino que me han trazado porque no es el mío, no me pertenece. Si quieren brincar que brinquen, que bramen, que a mí no me maneja nadie. Ni siquiera tú Shizuru, ni tú, ni mi padre, ni nadie.
Aún me faltan un par de semestres para concluir con mi carrera, pese a todo no pude evitar el regresar a Tokio. Una amiga mía se casa este mes, soy su dama de honor, no pude negarme. Hemos sido amigas desde la escuela elemental, si alguien me conoce es ella. Sólo ella conoce mi triste pasado y sólo ella estuvo cuando me pasaba las horas gritando y llorando, al tratar de entender por qué mi propia madre no tenía para mí ni un gesto amoroso, ni una sola caricia, unas palabras de aliento. Nada. Shizuru con esa impenetrable mirada marrón, esos ojos rojos como la sangre, fríos como la nada; nunca me vieron siquiera con simpatía. Para Shizuru sólo era una carga y catorce años después tuve mi respuesta. Claro. ¿Cómo podría amarme si ni siquiera era mi madre? ¿Cómo podría amar a la criatura que supuso su presunta desgracia?
Mujer egoísta, se pasó todos los años de mi vida haciendo drama, haciéndose a la sacrificada, a la víctima; pero todo lo que ha obtenido ha sido gracias a mí. Así es. Sin mí ella no sería nadie. ¿Acaso cree que le iría mejor de no haberme aceptado a su cargo? Por supuesto que no. Sería una más en el sistema, nadie importante, nadie especial. Todo lo ha obtenido gracias a los Fujino, a la fortuna de mi padre a quien también ha tenido en su puño cuanto quiso. ¿Mala yo? Mala ella. Tal vez somos iguales.
Pero hoy después de varios años, vuelvo más fría que nunca, más madura incluso. ¿Resignada? No, todo menos eso. Conozco mi valor al igual que mis capacidades; ¿cree Shizuru que es la única mañosa? No me conoce. Yo sé que si en realidad lo quisiera le quitaría a Natsuki sin chistar, pero eso no es lo que quiero, no es lo que deseo ahora. Esa Natsuki que yo amaba ya no hay más, por lo tanto no. Sin embargo no pude evitar el regresar mis pasos e ir a visitar a mi amada madre a su oficina, ahí donde sabría que me encontraría a Kuga, ahí donde les vería juntas. Tenía que ser así, tenía que desengañarme para dejar de pensar en el asunto y darle vuelta a la página para seguir con mi vida. Han sido demasiados años para atormentarme con el clásico: si yo hubiera.
- "Hola madre" - Saludé en cuanto entré a su oficina.
- "Viola"
- "Tiempo sin vernos"
- "Sí..." - Respondió pensativa - "Siéntate por favor"
Shizuru se veía nerviosa, no esperaba verme pero aún así había perdido demasiado la compostura. ¿Tendría miedo de que alguien nos viera juntas? ¿Algún superior? ¿Natsuki tal vez? Lo que pasaba por la mente de esta mujer era desconocido para mí, sin embargo el saber que podía provocar tal efecto en ella, me era suficiente.
- "¿Quieres té?" - Me preguntó mientras se servía una taza.
- "Sólo pasé por unos minutos a saludar, no gracias"
- "¿Estás en Tokio por algún trámite escolar?"
- "Nada de eso" - Respondí serena - "Sari se casa la semana que viene"
- "Ya" - Se acomodó en su sillón - "Ustedes siempre han sido muy unidas" - Y a mí me sorprende que lo sepas - "¿Te quedarás en la casa?"
- "No" - Miré mi reloj de pulsera - "Estaré en su casa hasta el día de la boda, luego volveré a Kioto"
- "¿Ya fuiste a saludar a tu padre?"
- "¿Debería?" - Respondí con frialdad.
- "No si no quieres" - Remiró los papeles que tenía en su mano tratando de indicar que hasta aquí llegaba nuestra charla.
- "Me enteré que te estás lanzando al mundo de la política" - Dije para llamar su atención, funcionó bien porque me miró con un leve asombro.
- "No es algo seguro, pero sí, es parte de mis planes" - Tus planes - "¿Cómo supiste?"
- "Takamura" - Respondí sin dar más explicaciones - "¿No te parece arriesgado?"
- "Así es la vida" - Me miró fijamente - "Llena de sorpresas"
- "Cierto" - Sonreí con algo de ironía - "No tienes idea, madre"
Shizuru me despidió y salí de su oficina con la misma altivez con la que entré, aquellos que me conocían me saludaron con efusividad, mucha más de la que podía esperar de ella. Nunca vi a Natsuki, pero sí tuve un encuentro con una pelirroja al dirigirme hacia el estacionamiento, era Nao, la mejor amiga de Kuga quien no tardó mucho en divisarme y acercarse a saludar.
- "¡Viola, tiempo sin vernos!"
- "Hola Nao"
- "Supe que te matriculaste en otra universidad y nunca más se te volvió a ver por estos lares"
- "Sí, tuve una proposición inevitable por ahí"
- "Lo supimos" - ¿Supimos? - "Tu compromiso con el joven Takamura"
- "Ah" - Respondí con sequedad - "Eso"
- "¿Vienes de visita?"
- "A una boda" - Expliqué sin más detalles - "Sólo serán unos días"
- "Debiste avisar, te hubiésemos preparado algo"
- "No, estoy en casa de una amiga" - Tartamudeé - "Nao me dio gusto saludarte debo irme"
- "No vas a preguntar, ¿verdad?" - Fingí demencia a esta pregunta - "Lo sabes"
- "Adiós Nao"
Salí casi huyendo, casi corriendo, tenía que irme a toda prisa, no quería saber de ella, no quería siquiera escuchar la mención de su nombre porque si lo hacía perdería totalmente la compostura, perdería el control y eso no podía ocurrir por ningún motivo. Kuga no tiene por qué verme en tal estado, no se lo merece. Pero como maldición o qué se yo, en una de esas jugarretas sucias del destino, la susodicha chocó de frente conmigo. Como siempre no estaba en su área de trabajo sino fuera, se encontraba en la puerta y entró corriendo. Sólo me reconoció cuando al levantarnos del piso cruzamos nuestras miradas.
- "Natsuki"
Pero al alzar mi vista, al buscar su mirada, no encontré aquel bello tono esmeralda que en ellos imperaba. No encontré el calor, no vi el brillo, sólo un par de ojos fríos que me miraban como si nunca antes me hubiesen visto en su vida. Mucho peor, me ofreció su mano para que me apoyara en ella e intentara incorporarme del suelo, pero lo hizo como si yo fuese cualquiera. Por simple impulso le cogí la mano, aquella que antes tomara tantas veces y encontrara el calor de su ser emanando de su piel. Aquella que antes fuera mía y que ahora...
- "Perdón" - Se disculpó en cuanto estuvimos de frente - "Fue una imprudencia de mi parte entrar así"
- "Descuida" - Contesté en automático - "Estoy bien"
- "Me alegro"
Nuestro diálogo tuvo todo el protocolo de un encuentro entre dos personas que tuvieron la mala fortuna de estrellarse la una con la otra, dos desconocidas que chocaron sus caminos y que nunca más volverán a encontrarse nuevamente en esta gran ciudad. Natsuki no me llamó por mi nombre, ni siquiera pareció reconocer a la mujer con quien antes compartiera su vida. Para ella, yo era una perfecta extraña y me pregunto por qué. Oh. Recuerdo que fui yo quien se alejó poco a poco de ella hasta que un buen día me fui sin avisar, sólo desaparecí del mapa.
- "Si te encuentras bien entonces me retiro"
Pero yo no quería que se vaya, aún si eso suponía saber de su vida con mi tía no quería que ella se fuera sólo así. Tenía tantas cosas que explicarle, tantas cosas que contarle, pero no buscaba cómo, no tuve el valor para abrir la boca. Antes lo hubiese hecho sin temor, con la misma confianza que me inspiró en nuestro primer encuentro, pero aquella Kuga no es la misma que ahora me avisa que se va, Natsuki ya no está más.
Me sentí triste, pero no podía hacer nada, así que sin mirarla asentí con el rostro y de reojo le vi cruzar dándome la espalda sin siquiera voltearme a ver. Sentí un golpe en el estómago cuando esto ocurrió, me sentí miserable y quizá hubiera llorado de no ser porque una voz inconfundible paró la escena montada en un sólo segundo.
- "¡Ah Kuga! Veo que has encontrado a nuestra amiga perdida"
- "Araña" - No podía ver el rostro de Natsuki pero su voz me indicaba que su intromisión no era bienvenida.
- "Ya que estamos las tres reunidas ¿por qué no nos escapamos a un café para ponernos al día?"
- "No tengo tiempo" - Espetó Kuga.
- "Pero sí lo tuviste para ir a sentarte al parque, vamos será divertido"
- "¿Divertido?" - Gruñó, aquí tuve que intervenir antes de que la situación empeorara.
- "Nao" - Llamé a la pelirroja - "No puedo ir con ustedes"
- "¿Por qué no?"
- "Quedé con una amiga para ver los preparativos de su boda"
- "Pero..."
- "No presiones araña" - Interrumpió Kuga - "La niña tiene cosas qué hacer" - ¿Qué demonios?
- "Y supongo que los adultos no se mezclan con los niños" - Natsuki no respondió, seguía dándome la espalda - "Aunque ambas sabemos que eso a Shizuru no le importó del todo, no veo por qué a ti sí" - Aquí obtuve toda su atención, me miró con furia, con arrojo, muy distinto a como me viera segundos antes - "¿Qué?" - Volví a retarla - "¿Me lo vas a negar?"
- "A Shizuru no la metas en esto" - La defendió.
- "¿Shizuru?" - Me burlé - "¿Ya no la ingeniera sino Shizuru?"
- "¿Qué demonios quieres Viola?"
- "Es bueno saber que todavía recuerdas mi nombre"
- "Al menos una de las dos tiene buena memoria" - Ouch - "Nao si tú quieres salir con esta mujer hazlo, pero conmigo no cuentes"
Terminado de decir esto se dio la media vuelta y se fue despotricando improperios todo su recorrido hacia su área de trabajo. Por mi parte estaba un tanto eufórica, hacía años que no me peleaba de esta manera con nadie y debo confesar que mi encuentro con Natsuki fue bastante relajador, pese a todo. Pero me llamó por mi nombre. Ella lo hizo. Estaba segura de que no conseguiría una sola reacción de su parte pero lo hice, se enojó y de repente esos ojos verdes brillaron con tanto fulgor que sentí que me quemaban. Entonces Natsuki, no me olvidaste.
- "Creo que tenemos muchas cosas de qué hablar tú y yo"
- "Por favor, ilústrame Nao"
Nao siempre ha sido una mujer diplomática, no tomó partido a favor de Natsuki pero tampoco parecía darme su apoyo en esta situación. Simplemente platicamos como una hora para ponernos al día de lo que había sido de mi vida en estos dos últimos años. Le expliqué los pormenores de mi compromiso, lo que he hecho desde que partí de Tokio y fue ella quien casi al final, comenzó a hablarme de la vida de Kuga. No fueron buenas noticias, no me las esperaba y eso explica el por qué del repentino cambio de actitud de Natsuki hacia la vida, hacia todo.
La pelirroja me contó que en los últimos años Natsuki se ha convertido en la pareja no oficial de Shizuru, pero igual la ojiverde tampoco mantiene la misma admiración y devoción por su ingeniera como lo hacía tiempo atrás. Todo lo contrario, Natsuki se había envejecido, amargado desde adentro, poco le interesaba lo que hacía y mucho menos lo que le rodeaba. Para Nao, Natsuki murió el día que dejé Tokio, para mí Natsuki murió el día en que se arrojó a los brazos de mi madre.
- "¿Entonces vienes a una boda?"
- "Mi amiga se casa la semana que viene"
- "¿Dónde será la recepción?"
- "En el Otani"
- "¿En viernes?"
- "Sí" - Sorbí mi taza - "Sólo familiares y amigos cercanos"
- "Ah, lo sé" - Agitó su mano con indiferencia - "Yo también voy"
- "¿Eres amiga de Okayama Sari?"
- "No, del novio" - Pensó un momento - "Jun" - La miré extrañada - "En realidad fui novia de su mejor amigo, larga historia" - Bostezó con indiferencia.
- "Qué pequeño es el mundo"
- "Ni que lo digas" - Cuchareó su helado - "Kuga va conmigo"
- "¿Natsuki pretende acudir a una fiesta de etiqueta?"
- "Me debe un gran favor" - Miró su celular para checar la hora - "¿No quieres que vaya?"
- "Yo..."
- "Es tarde, tengo una cita en cinco minutos" - Se levantó y cogió su bolso - "Me dio gusto saludarte" - Me besó en la mejilla y sin más preámbulo, se fue.
Okayama Sari es mi mejor amiga de la niñez, hemos compartido tantas cosas juntas que a veces suelo olvidar que soy una Fujino y no una Okayama. La familia de Sari es una de las más ricas de Tokio, pero no poseen un apellido con el abolengo de los Fujino, no con todo ese gran peso que mi clan poseía sino más bien de las familias que han sacado adelante la economía del Japón con sus grandes ideas como inversionistas. Si algo hacen bien los Okayama, eso es contar el 1, 2 y 3. Los números son lo suyo, Sari tampoco es la excepción, salvo que a ella le falló la cuenta más importante y ese es el gran motivo por el que se casa. Claro, eso sólo Jun y yo lo sabemos, pero ese es otro boleto.
Sari siempre fue un gran apoyo para mí en mis días más tiernos, en los días donde pensé que había hecho algo mal para que mi madre me castigara con su desprecio, con su poca o nula atención a para mis cosas. Siempre la justifiqué porque era una mujer que trabajaba mucho, todos lo decían, que Shizuru era una mujer excepcional, en algún punto yo creí esto también. Aún así, su apatía congelaba mi corazón y de no ser por la cálida presencia de Sari, probablemente me hubiese amargado como ella.
A los trece me enamoré de una compañera de instituto, aunque en aquel entonces no sabía lo que el amor era. Ella era mayor que yo, ella sabía lo que hacía pero yo no. No tenía idea de lo que aquello era, inexplicable, fuerte, perverso, pero también bueno. Entonces un día en la azotea del colegio grité desesperada, no sabía lo que pasaba conmigo y no tenía a quién recurrir, tenía miedo. Así fue como Sari me encontró, asustada, temblando como un cachorrito que lloraba bajo la inclemente lluvia de una tarde de verano. Ella no dijo nada, sólo me abrazó y me dijo que pasara lo que pasara, ella siempre me apoyaría. Nadie nunca me había dicho algo como eso, nadie de mi familia al menos. La amé.
La calidez de su familia hizo que mis días de rebeldía aminoraran o tal vez que no tuvieran tantas consecuencias, pues a pesar de ser uno de los promedios más altos de la clase, era también la reina de las ausencias escolares, un fantasma en los clubes deportivos o sociales y un ente virtual en las actividades artísticas del instituto. Eso sí, a las fiestas iba a todas. Me desenvolvía en los grupos de mis condiscípulas superiores, andaba un día con una y luego con la otra. Hasta que me descubrieron, el director no tardó mucho en mandar a llamar a mi madre para tener una plática de suma importancia sobre la educación de Viola-chan. Claro, nunca le llamaron por mi conducta pero sí por mis tendencias lésbicas, que no eran ya tendencias, sino despliegues públicos de chica busca chica.
Shizuru no pareció escandalizada con la noticia, no al menos delante del director. Se disculpó por mí y aseguró que esto no volvería a ocurrir, que era una etapa de rebeldía pasajera pero que yo sería severamente castigada para regresar al buen sendero. Como no, tú de toda le gente iba a corregirme. Sin embargo y aunque lo duden, el que ella hubiese acudido a esa junta con el maestro significaba mucho para mí, aún si era para regañarme, eso se suponía era lo que debía hacer una madre. Shizuru cumplía por vez primera con su papel de tutora, finalmente después de catorce años la vería en acción. Qué tonta fui.
Viajamos en silencio y entramos a la mansión para tener una charla de mujer a mujer, no de madre e hija, sino de mujer a mujer. De Shizuru para Viola, de la mayor a la menor. No hubo reclamos, cosa que en ese entonces me pareció extraño y entendí años después. Aunque en ese momento no pensé mucho en el asunto, debo admitir con franca honestidad que tampoco me pareció importante. Mi madre habló sobre tener más cuidado con el apellido, con la imagen, las apariencias; no me dijo estás bien, menos si estaba mal. Terminó con una amenaza, eso sí. De seguir así me enviaría a estudiar a un internado en el extranjero, así si causaba problemas al menos nadie se enteraría de ello.
En ese momento brinqué, exploté y dejé salir todos esos años de odio reprimido contra ella. La reté le dije que si hacía eso era una prueba más de su incapacidad para actuar como una madre, recuerdo haber gritado muchas cosas más pero en este momento no me vienen con claridad a la mente. Lo único que sé es que sus ojos se encendieron levemente, para después enfriar mi actitud con una bofetada. No contenta con eso, Shizuru clavó la última estocada que me hacía falta para acabar con mi vida.
- "No soy tu madre, nunca lo fui y no lo seré jamás"
Fueron los gritos los que despertaron a papá, quien se encontraba durmiendo la siesta en una de las habitaciones del segundo piso de la mansión Fujino. Estaba histérica, me lancé sobre Shizuru quien sólo alcanzaba a defenderse, me le fui encima, le grité, le lloré, le reclamé todos esos años de engaño que ellos dos hicieron conmigo. Sí. A papá tampoco le fue bien, aunque él como todo padre no intervino mucho en el asunto, sólo bajó la cabeza y pidió perdón. Al día siguiente me dijo que me daría todo lo que yo le pidiera para compensar el daño que me había causado. Todo lo que yo quería dijo. Idiotas, todo lo que yo quería era una familia y no la tuve nunca.
Pasaba largas jornadas en casa de los Okayama desde eso, en las faldas de Sari quedaron mis pedazos, ella los armó de nuevo para mí y sólo así pude seguir viviendo. Es por eso que para mí Sari es la mujer más importante de mi vida, pues si alguien me supo entender, si alguien en esta vida me ha amado ha sido ella. Nadie más. Hasta que Kuga apareció en mi vida. Kuga con su estupidez innata, su poco tacto, su indecisión enfermiza y su obsesión por quien se declarara mi enemiga más odiada en la vida. Yo no sé qué fue lo que vi en ella, pero desde el primer instante me propuse conquistarla, no pararía hasta obtenerla. ¿Un capricho tal vez? Quizá al inicio, pero después ya no lo era más. Me enamoré de ella pero Natsuki no me amaba igual; siempre era ella, siempre su sombra entre nosotras, la tenía muy adentro.
- "¿Cómo me veo?" - Preguntó Sari mientras lucía su traje de novia frente al espejo.
- "Luces hermosa"
- "Te ves pálida" - Frunció el ceño - "¿Estás bien?"
- "Estoy bien Sari, no pasa nada"
- "A mí tú no me vienes con eso" - Protestó - "¿Qué ocurre?"
- "Sari" - Suspiré - "Vas a casarte, sé un poco egoísta por una vez en tu vida y piensa en ti"
- "Me preocupas"
- "Sari"
- "En serio me preocupas" - Se cruzó de brazos - "¿Crees que podré casarme e irme a mi luna de miel sabiendo que tú estás tristeando en la recepción?" - Sonreí con amargura - "¿Esto va por Kuga, cierto?"
- "Algo hay de eso" - Bajé la cabeza.
- "¿Las viste juntas?" - Se sentó al borde de la cama conmigo - "Anda, puedes contarme"
- "Juntas no, pero las vi" - Apretó mi mano para animarme a continuar - "Cuando vi a Natsuki yo..."
- "¿Qué?" - Buscó mi mirada la cual oculté tras mis cabellos.
- "Nada Sari" - Disfracé mi inconformidad - "Estoy bien"
Ella iba a protestar, pero su mamá entró muy oportunamente para preguntarle sobre el número telefónico de los organizadores del banquete, acto que supuso mi escape de la escena del crimen. Quería llorar, pero no era el momento más indicado, este era un momento especial, este era el momento de Sari; yo no podía arruinárselo con mis tonterías. Sari siempre ha estado para mí, lo menos que podía hacer era apoyarla ahora. Aunque el corazón se me rompiera en pedazos cuando en la fiesta le vea llegar y encuentre sus ojos mirando los míos con la misma indiferencia del día de hoy. No. No hay tiempo para gimoteos, así somos los Fujino.
El fatídico día llegó, la ceremonia se realizó al estilo occidental por lo que tanto el vestuario del novio como la novia, fueron acorde a la tradición cristiana. Jun era más bajito que Sari, pero ese día tenía el pecho tan inflado que se veía más alto, pese a las circunstancias en que se estaban enlazando, él estaba más que feliz de asumir el compromiso. Sari siempre ha sido menudita, de cabello corto y negro, de ojos rasgados como todos los japoneses y con un tono más avellana que café. Su piel era casi tan blanca como la mía y su sonrisa venía del alma. Yo no podía sentirme más orgullosa en la vida, estaba viendo a mi mejor amiga encontrando su felicidad.
Alcé mi copa al aire cuando el brindis llegó, la estrellé a un ente imaginario a mi lado y me la tomé de un sólo sorbo. Nao no fue a la boda, mucho menos Kuga estuvo ahí, no entendí por qué sentí un golpe en el pecho nuevamente, tal vez albergaba la esperanza de mirar esos ojos antes de irme, de verla antes de partir y no volver nunca más. Recuerdo haber bailado con muchas personas en la fiesta, Sari ya no estaba, había partido rumbo al aeropuerto para coger el avión que la llevaría a París, lugar donde pasaría su luna de miel con Jun. Takamura, mi prometido, desapareció en algún punto de la fiesta también, dijo tener compromisos y fue mejor así, tampoco yo quería estar con él más tiempo.
No lo voy a negar, me emborraché, tomé tanto que ya veía hasta doble, así que cuando supuse que era demasiado peligroso el estar en tales condiciones y sola, me despedí de los Okayama y salí en busca de un taxi que me llevara a un hotel. No quería que los Okayama me escucharan llorar, así que decidí no volver a la casa de ellos, no esa noche al menos. Pero el taxi no pasaba y la noche era muy fría, estuve a punto de marcarle a Takamura pero una voz ronca me lo impidió.
- "Es peligroso estar sola en la ciudad a esta hora"
- "Kuga" - Alcancé a balbucear en medio del entumecimiento de mi lengua.
- "¿No tienes quien te regrese a casa?"
- "No voy a casa"
- "Oh"
- "Dormiré en un hotel, regresaré por la tarde a casa de los Okayama para hacer mis maletas a Kioto" - Di demasiada información, pero tanto alcohol no me permitía pensar racionalmente.
- "¿Sola?" - Aquí miré estupefacta a Natsuki, quien se notaba incómoda al preguntar pero su curiosidad fue mucha más.
- "Sola" - Alcancé a responder, un taxi pasó de largo ante mi llamado y mi molestia se acrecentó - "Caminaré"
- "¿Estás loca?"
- "En realidad estoy borracha" - Emprendí mi camino rumbo a la nada, Kuga me siguió muy de cerca.
- "Te estás cayendo" - Me tomó del brazo, pero me solté de golpe.
- "No es tu problema" - Espeté - "Para tu información no soy una niña"
- "Pues no actúes como tal" - Vociferó, la ignoré y seguí caminando.
- "No tienes por qué seguirme"
- "Tienes razón" - Pero continuó caminando a mi lado.
- "¿Cuánto más pretendes seguirme?"
- "Hasta que te canses y me obedezcas" - Sonrió burlona - "Como toda buena niña debe hacer"
- "¡Vete al diablo!" - Pero como si Natsuki tuviera boca de profeta, las náuseas me ganaron y vomité en el camellón todo lo que bebí.
- "Ven, si nos encuentra la policía nos llevará detenidas" - Me jaló del brazo y me dirigió a unos arbustos donde terminé mi actividad gástrica con dignidad o lo que me quedaba de ella - "¿Mejor?" - Me ofreció un pañuelo - "Este es mío" - Sonrió burlona de nuevo.
- "Me da igual" - Lo tomé para limpiarme la boca.
- "Vamos, te llevaré a casa" - Me tomó de la mano mientras me llevaba fuera de nuestro escondite.
- "¿Cuál casa?" - Me volví a soltar - "¿A dónde me llevas?"
- "Con Mai, dormirás con nosotras hasta que estés en condiciones de volver a la tuya" - Me volvió a asir mientras caminaba con rapidez - "Iremos por mi auto"
- "¿Tienes auto?"
- "No lo vayas a vomitar" - Se rió al decir esto.
- "No lo haré" - No creo que haya algo que expulsar de todas formas - "Natsuki" - Murmuré mientras me aparragaba en el asiento del copiloto del compacto.
- "Dime"
- "Gracias"
- "Duerme, te despierto en cuanto lleguemos"
Pero no lo hizo o simplemente no lo recuerdo, lo único que sé es que cuando desperté me encontraba en la cama de Natsuki con una camiseta holgada y envuelta entre sus sábanas. Kuga no se veía por ningún lado y yo estaba más que desorientada, estaba ida. Estiré ambos brazos en lo que disfrutaba la fresca ventisca que por la ventana entraba, pero la sensación de placidez fue corta, pues una terrible jaqueca me golpeó las sienes hasta recordarme todo lo que bebí. Traté inútilmente de calmar la sensación con un masaje pero fue inútil, el dolor no aminoró y el chillido de la puerta de la habitación me pareció abominable.
- "Despertaste" - Una voz melosa con una bandeja de comida entró por la puerta - "¿Resaca?"
- "Mai, buenos días"
- "Ten" - Me ofreció de comer - "Natsuki salió un momento pero me dijo que volvería pronto"
- "Perdón, no tengo hambre" - Decliné el ofrecimiento - "Debo irme, tengo que volver a Kioto"
- "Come, luego harás lo que tengas que hacer" - Iba a protestar pero esta mujer no aceptaba un no por respuesta - "Con el estómago vacío no llegarás muy lejos"
- "Gracias por la comida" - Acepté con resignación.
- "Así me gusta" - Sonrió la pelirroja ampliamente.
- "¿Alguna idea de dónde está Natsuki?" - Me miró con curiosidad - "Mis ropas"
- "Ah" - Ahora lo hizo con picardía - "Debe haberlas lavado, la vi esta mañana peleándose con la máquina"
- "Rayos" - Seguro las vomité, qué vergüenza.
- "No tenía idea de que ustedes dos..."
- "No" - La interrumpí de golpe - "Nos encontramos por casualidad en una boda" - Expliqué - "Lo que pasó fue..." - Pero una figura no me dejó terminar mi relato.
- "Mai-chan, ¿dónde acostumbra Natsuki a guardar su ropa?" - Una mujer ojiverde, por no mencionar que era la bola de cristal de Natsuki pero con veinte años más, entró al cuarto y me miró como bicho raro - "¿Quién podrá ser esta señorita?" - Uy, me vio en la cama de Kuga.
- "Saeko-san" - Intentó aminorar el impacto Mai - "Ella es Viola-chan, una amiga de nosotras que llegó anoche"
- "Buenos días" - Saludé algo incómoda - "Disculpe la intromisión"
- "¿Vienes de kansai?" - Me sonrió con simpatía - "¿Compañera de Mikoto-chan, tal vez?"
- "No" - Giré la cabeza con rapidez - "Es decir, crecí en Kioto pero he vivido gran parte de mi vida en Tokio" - Quise incorporarme pero recordé mi estado de desnudez - "Soy amiga de Natsuki y Nao"
- "Nao" - Su ceño se frunció en una mueca idéntica a la de Kuga, sí, su bola de cristal - "¿Compañeras de instituto?"
- "En realidad soy estudiante de Ciencias Políticas" - Enarcó una ceja escéptica - "Estudio en la universidad de Kioto y conozco a Nao de cuando vivía en Tokio"
- "¿Y cómo llegaste a la cama de Natsuki?" - Aquí hasta Mai dejó de respirar.
- "Perdón Kuga-san" - Ofrecí una reverencia de disculpa - "Una amiga en común se casó anoche y creo que me pasé de copas" - Me rasqué la mejilla nerviosa - "Natsuki debe haberme dejado en su cama sin que me diera cuenta" - Aquí oportunamente intervino Mai.
- "Natsuki durmió en el cuarto de Mikoto, Kuga-san" - Juraría que la mujer respiró muy profundo en este punto.
- "¿Una boda?" - Preguntó intrigada.
- "Una amiga de la infancia"
- "¡Ah, me encantan las bodas!" - Su rostro se iluminó por uno de esperanza - "Tantas veces le he dicho a Natsuki que se deje de tonterías y que siente cabeza, pero no" - Se agarró la cara a manera melodramática - "La vida se va en un suspiro"
- "Ni que lo diga señora Kuga" - Se cruzó de brazos una pensativa pelirroja.
- "¿No han visto por aquí a Reito-san?" - ¿A Kanzaki? - "Ese es el hombre que me gustaría para mi hija" - ¿Ese anciano? - "Hombre maduro, económicamente estable, guapo y bien portado"
- "Y un pelmazo mamá" - Interrumpió Natsuki la proposición matrimonial materna con mi ropa en manos - "Un hombre que no tiene el carácter para pelear por su mujer no vale ni un duro"
- "Qué conveniente para ti que no lo haga" - Sonrió Saeko con complicidad - "¿Acaso crees que no he visto cómo te mira?" - Genial, no sólo se ha tirado a Shizuru sino que también quiere a mi Natsuki.
- "Madre, hemos discutido esto infinidad de veces"
- "Natsuki, tienes veintisiete años" - Sentenció - "A este paso serás abuela y no madre"
- "¡Mamá!"
- "¿Qué?"
- "No enfrente de extraños"
- "Viola-chan dijo que es amiga tuya y de la pelirroja vulgarzona Nao" - Uy - "Estamos en confianza" - Los ojos de Natsuki cambiaron a una forma felina y no miraba a Saeko, sino a mí.
- "Creo que mi amiga Viola necesita darse una ducha y ponerse ropa limpia" - Masculló a Saeko la menor de las Kuga - "Creo que deberíamos darle espacio"
- "Oh cierto, perdón Viola-chan" - Se disculpó la mayor - "Natsuki guarda tu ropa" - Asentó sobre la cama las camisas que tenía en la mano - "Un gusto" - Se despidió y Mai me guiñó el ojo en cuanto salieron de la habitación, dejándonos por vez primera solas a Kuga y a mí.
- "No te he agradecido lo de ayer"
- "No nos hemos visto" - Me respondió mientras asentaba un par de aspirinas en la cómoda.
- "¿Hiciste...?" - No buscaba cómo preguntar esto - "¿Algo?"
- "¿Algo?" - El rostro de Natsuki fue uno de incógnita total.
- "Ya sabes, anoche tú y yo..." - Sus ojos se abrieron como platos y respondió demasiado atrabancada para mi gusto.
- "No, no" - Negó hasta con las manos - "No te toqué lo juro"
- "Oh" - Miré hacia las sábanas - "Ya veo"
- "El agua está caliente, usa mi baño para asearte"
- "¿Por qué?"
- "Porque necesitas un baño" - Explicó lo obvio.
- "Sabes lo que te estoy preguntando Kuga" - Natsuki gruñó en cuanto escuchó mi respuesta, se dio la media vuelta y se iba a escapar pero se detuvo a la mitad del camino.
- "Porque no era lo correcto" - Agarró el pomo de la cerradura - "Estabas ebria, eso no se hace"
- "¿Estás segura?"
- "Tonta" - Bramó - "No voy a hacer contigo las tonterías que hicieron conmigo" - Volteó para verme a los ojos - "¿Te puedes bañar? Saeko no creerá por mucho tiempo el cuento de nuestro encuentro casual en la boda"
- "Pero así fue"
- "Sí, pero ella me conoce" - ¿Pero qué demonios fue de la Kuga que conocí? - "Date prisa, seguro querrá que te quedes a comer también"
- "Natsuki" - Me incorporé como un resorte.
- "¿Sí?"
- "Gracias" - Y le besé la mejilla.
N/A: Llevo tanto tiempo sin entrar al FFnet que ya hasta mi contraseña se me había olvidado... Recuerdo cuando empecé en esta página, revisaba constantemente el tráfico de mi historia de aquel entonces, eran tiempos felices; luego si mal no me equivoco sufrí un revés muy cabrón para casi el final de la historia y creí que no la acabaría nunca. Afortunadamente pude concluirla y no sólo eso, continué escribiendo más tonterías. Llevo tres años relatando casi todo lo que he vivido, visto o me han contado; pero todo inicio tiene un fin y al igual que esta historia, HauR está cada vez más cerca de su desaparición.
Aunque soy egocéntrica por naturaleza, mi intención al escribir nunca fue la de ser leída a pesar de que en teoría, escribes para eso. En realidad yo sólo quería contar una historia, no importaba si alguien le prestaba atención o no, nunca en realidad me ha preocupado tener público si no sólo escupir lo que mi cerebro arroja. Es agobiante tener tantas cosas en la cabeza, ¿saben? Por eso siempre he tenido problemas para dormir, hasta que descubrí que si dibujaba o escribía lo que en mi mente pasaba, descansaba mejor. Esa es la verdadera razón de mi devoción a la escritura, ya lo saben ahora. Igual si alguien lee estas letras se lo agradezco infinitamente (y si manda reviews se lo agradezco todavía más, ¿eh?)
Pasando a otra cosa hoy es martes 13, espero que lo estén disfrutando tanto o igual que yo. Y como dicen las malas lenguas: "Martes trece, todo lo que crece..." Ok muy vulgar, hasta entonces, ja ne!
