Prisionera
Acto Ocho
El despertar de un corazón
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Jinnei Udo llegó hasta el pueblo que marcaba el inicio de la ruta que tenía que seguir para dar con Kaoru Kamiya y el "Demonio pelirrojo" del que hablaba Matsusoo. Notó en un puesto de frutas a un hombre de cabello rojo y se acercó para mirarlo de cerca. En cuanto el hombre se fue, Jinnei se acercó al joven tendero. Mientras le compraba algo, le dijo:
-Qué extraño color de pelo el de ese hombre. Nunca había visto algo así.-
-Oh, en realidad él es vecino y siempre viene por aquí, aunque tiene usted razón, es un color extraño. Pero hay más como él. Hace más de una semana estuvo por aquí un pelirrojo con su esposa. Lo recuerdo bien… ahí supe que había más gente como Akira.-
-Ah, te refieres al pelirrojo que me compró un adorno para el pelo.- dijo la señora que atendía el puesto del lado.- Lo compró para su esposa y se llevó el más bonito… -luego la señora se dirigió a Jinnei.- Como ve, este es un pueblo chico y nuestra recreación es comentar sobre los viajeros. Sobre todo ese… oye, Yoshi, yo casi habría jurado que ese tipo te iba a golpear por flirtear con su esposa…-
-Jaja, yo no estaba haciendo eso. Simplemente le indicaba sobre la fiesta del templo, además, era muy joven, ni se me pasó por la cabeza que estuviera casada… -
-Eh, muchacho, como si no te conociera yo…-
Jinnei se alejó, dejando a esos dos para que siguieran conversando. Al menos ya tenía una confirmación de que el pelirrojo y la chica anduvieron por ahí. Iba por el camino correcto.
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Sobre sus labios entreabiertos y rosados, Misao sintió la presión y tibieza de los de Aoshi. ¿Era verdad? ¿En realidad eso estaba pasando? La sostenía por la cintura con sus manos grandes y fuertes, y a pesar de lo desproporcionado que pudiera parecer, la besaba suavemente, como si acariciara sus labios con pétalos de cerezo. Su pecho emanaba calor que traspasaba su ropa. ¿Se trataría de un sueño?
El rubor llegó a sus mejillas, a pesar de que el temblor seguía en su cuerpo. ¿Cómo era eso posible? ¿Todo eso por un beso? La brisa sopló, fresca, y de pronto Misao abrió los ojos cuando él se separó de ella, encontrándose con su mirada azul, transparente y centelleante como el agua del río a sus pies.
Aoshi no dijo nada. Nervioso, sólo la miraba, esperando una reacción de ella. Pero… ¿Cómo se suponía que debía reaccionar ante lo más intenso y maravilloso que había experimentado? Misao miró en torno suyo, asombrada. Todo seguía igual y sin embargo, las hojas de los árboles parecían más verdes, el agua más clara, el sol más brillante…
-Aoshi… yo…-
El rubor seguía allí, pero además del desconcierto, Aoshi no percibió rabia en ella, indicio de que el beso había sido bien recibido.
-Yo no puedo perdonarte esto… - comenzó ella, algo indecisa.
Tal vez si se había equivocado. Quizá si estaba enfadada o peor… asustada. Aoshi de inmediato se reprochó lo que había hecho aunque ella había sido la más dulce fruta que había probado en la vida.
-… porque me ha gustado. Pero… no entiendo.-
Esas palabras devolvieron el alma al cuerpo de Aoshi, quien enmarcó el rostro de la joven con sus manos.
-Te quiero.- le respondió en un susurro que se confundió con el viento.-¿Entiendes ahora?-
Misao sonrió, mirándolo. Y lo abrazó.
-Yo también lo quiero, joven Aoshi. -
Sin decir nada más, se tomaron de las manos e iniciaron pesadamente, el camino de regreso a casa.
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Kaoru llegó a la conclusión de que la fiesta del pueblo era una gran ocasión para lucir el nuevo kimono que se había confeccionado. Desde luego a Kenshin no le gustó la idea.
-¡No puedes ponerte eso!-
-Pero… ¿Por qué no?-
¿Cómo se le decía a una chica medio tonta que se veía tan linda, pero tan linda que él temía ser incapaz de controlarse?
-Llamarás mucho la atención.
-Pero si es un kimono de mujer casada. Usted me dijo que fingiríamos ser marido y mujer hasta… -
-Hasta que lleguemos a mi casa y ya llegamos. Mocosa… acá hay algunas personas que me conocen y repararán mucho en ti si le dices que eres mi esposa.-
-Entonces… ¿cómo iré a la fiesta?-
Kenshin ya había previsto esa situación y le arrojó un atado de ropa a la cara.
-Pues irás con eso.-
Kaoru extendió ante ella un hakama oscuro y un gi a tono. Era ropa de Kenshin.
-Pero esto… -
-Te vestirás de hombre para despistar. Si no te gusta la idea, siempre puedes quedarte.-
Kaoru de inmediato aceptó, y se metió a su cuarto para vestirse mientras Kenshin hacía lo propio. ¿Acaso él pensó que podría detenerla con un disfraz de hombre? ¡Jamás! Ella solo deseaba ir a la fiesta del pueblo con sus nuevos amigos y disfrutar de esa noche.
Desde luego una cosa era ponerse ropa masculina y otra muy distinta parecer un macho. Aunque los senos de Kaoru eran pequeños, se notaban bajo la tela del traje, asi que tuvo que quitárselo y ponerse las vendas del busto con mucho más cuidado, aplastando todo lo que pudiera.
En general la ropa de Kenshin le quedaba más o menos a medida, con excepción de las mangas, porque la espalda de él era mucho más ancha que la de ella, por ende, la zona de los hombros caía de tal modo que los dedos de las manos de la joven quedaban cubiertos. Tal vez tendría que arremangarse. Como la cintura aún se le marcaba, se enrolló una yukata por dentro del gi y así, en vez de quedar con una figura reloj de arena, quedó más bien rectangular.
Finalmente se hizo una coleta baja y se quitó todo el maquillaje que se había puesto previamente. Suspiró un poco decepcionada al mirar su lindo kimono colgado por ahí, pero se alegró al pensar que si todo salía bien, pronto tendría nuevas razones para celebrar y entonces lo usaría. De pronto reparó en que esa ropa tenía un olor muy rico y cerró los ojos para sentirlo mejor. ¿Kenshin usaría algún tipo de perfume? La joven se pasó por la mejilla una de las mangas, restregándola contra ella. Estaba tan suave… de pronto recordó esos días en que Kenshin la llevaba en su espalda y ella se quedaba dormida sobre él, mecida por su vaivén al caminar, abrigada por el calor de su cuerpo y…
-¿Estás lista, Kaoru?- la llamó su voz desde fuera.
La chica abrió los ojos y de pronto se dio cuenta de que había estado soñando despierta con… ¿con el pelirrojo?
-Tonterías.- se dijo sonriente y salió lista para caminar al pueblo, pero nunca esperó encontrarse a Kenshin tan… ¿guapo?
Muy erguido, como si así pudiera disimular su baja estatura, Kenshin se encontraba de pie en la puerta. El traje de fiesta de hakama oscuro y gi azul le quedaba muy bien. Y el cabello, recogido con mayor prolijidad que otras veces se le veía estupendo. ¿Tanto podía cambiar un hombre con tan poco? La joven suspiró y se acercó a él. Notó entonces que él había ocultado su cicatriz con una venda.
-¿Estoy bien así?- preguntó Kaoru, girando sobre si misma para que él la apreciara.
-Desde luego. Vamos.-
Una de las ventajas de disfrazarla de hombre, según Kenshin, es que nadie repararía demasiado en Kaoru. Especialmente ningún otro hombre. Ya se imaginaba la escena al día siguiente de haberle permitido ir con ese kimono que se había puesto: muchos jóvenes acudiendo a su casa en el bosque para pedirle datos de ella o invitarla por ahí. No… no… no tenía ganas de lidiar con jóvenes enamorados. Ya bastante tenía con Sanosuke.
-No es justo… -
-¿Ehh? ¿Qué dices, mocosa?-
Kaoru había hablado sin darse cuenta, verbalizando sus pensamientos.
-Hem… que… no es justo. Usted ha podido arreglarse y en cambio yo no he podido ni siquiera ponerme una cinta en el pelo.-
Hum… quejas de chica. En el fondo Kaoru era una mujer como todas. Pretenciosa, llamativa, que caminaba a paso firme y risueña a su lado.
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Si Megumi era bella en traje normal, de fiesta se veía… despampanante. Kaoru, más que nunca se arrepintió de no ponerse su kimono, que tan bonito se le veía. La doctora reprimió una risita al verla.
-Pero Kaoru… ¿y esa ropa?-
La joven puso mala cara y miró a Kenshin. Que él diera las explicaciones.
-Esta noche he traído un chico a la fiesta. Es todo. Hay que ser discretos.-
Megumi no entendió mucho hasta que recordó que Kenshin le había dicho en un par de ocasiones que nadie debía saber de la existencia de Kaoru por una temporada.
-Lo bueno de "Kaoru" es que sirve tanto para hombre como para mujer, asi que podemos seguir llamándole por su nombre, ¿cierto, Ken-san?-
El pelirrojo asintió.
-Ni nos molestemos en esperar a Sanosuke porque siempre llega tarde a sus citas. Adelantémonos a la Avenida del Sauce. Allá estarán los números de acrobacias y suertes.-
Mirando de reojo en los alrededores, por si aparecía Sanosuke, Kaoru sintió que la jalaban suavemente de un brazo. Era Kenshin.
-No te rezagues. Camina con nosotros.-
-Pero y Sano…-
-Ya oíste a Megumi. Él no aparecerá.-
-Si lo hará. Dijo que lo haría y… -
-Él nunca llega temprano.-
-¿Quién no llega temprano?- preguntó Sanosuke a sus espaldas, luciendo atractivo. Luego, miró en torno. -¿Y Kaoru?-
Sintió que le tiraban un poco de la camisa.
-Aquí.-
Con asombro, Sanosuke la miró con los ojos muy abiertos.
-No sabía que tenías esos gustos, chiquilla. Pensé que eras como todas las mujeres.-
Un fuerte golpe en la cabeza casi lo dejó inconsciente.
-¡Estoy disfrazada, idiota!- Todos se veían tan bien y ella debía parecer chico. Buaaa…
Sanosuke la miró sin comprender. Luego le sonrió.
-Te ves graciosa, casi pasas por muchacho.-
Molesta, Kaoru no supo si golpearlo de nuevo o darle las gracias si es que eso era un cumplido. Luego se encaminaron a la Avenida del Sauce, donde según pudo apreciar la joven, había mucha gente.
Se fijó también, cuando pasaba, que las muchachas la miraban mucho. ¿O no?
-Señor Himura.- dijo una joven que se acercó a Kenshin muy emocionada.- Nos alegra mucho que haya venido a nuestra festividad.-
Kenshin pasó de largo sin mirarla. De inmediato otra se le puso en frente.
-Espero que disfrute de la noche, señor Himura… -
Kaoru notó que Kenshin le dirigía una mirada glacial antes de seguir su camino. La chica feliz llegó junto a sus amigas.
-¡Me miró, me miró!-
-¿Todo un galán, no te parece?.- le comentó Sanosuke divertido, que caminaba junto a ella.
Por alguna razón, a Kaoru no le gustaba mucho la escena.
-No entiendo por qué tratan de llamar su atención y no lo dejan en paz.-
Sanosuke se cruzó de brazos por detrás de la nuca.
-A algunas mujeres les atraen los hombres de apariencia reservada y pasado funesto. Se tejen muchas historias en torno a tu amigo y al por qué de esa soledad que lleva y no pocas de ellas tienen el sueño oculto de ser aquella que mitigue sus penas y despierte su corazón dormido. Kenshin viene poco por el pueblo, siempre solo, siempre callado y eso, desde luego, ellas lo notan.-
-Vaya.- Kenshin era atractivo y misterioso. En verdad, no era extraño que causara esa fascinación, según Kaoru. Pero de pronto se preguntó si ellas lo habrían visto sonreír alguna vez y se alegró al pensar que ella había tenido la suerte de disfrutar de una de esas sonrisas.
-¿Y ahora me dirás el por qué de tu ropa?-
Kaoru escuchó la pregunta un poco de lejos, porque de reojo estaba pendiente de Kenshin apartando a una joven que insistía en preguntarle si tenía esposa. Megumi, que iba al lado de ella, respondió a Sanosuke en su lugar.
-Kaoru debe mantenerse oculta por una temporada, por eso Kenshin ha pensado que vestida de hombre nadie repararía en ella.-
-Vaya, ese Kenshin tiene del año que le pidan. Yo pensé que era para que Kaoru no le espantara a las admiradoras. Jajaja… es un pícaro.-
-Por mí él puede tener las admiradoras que quiera.- replicó la chica que con cierto alivio notó que la joven que asediaba a Kenshin ya había sido despachada, retomando el hilo de la conversación.- Ese no es asunto mío.-
Una joven mucho más valiente le cortó el paso al pelirrojo que le dirigió la más dura de las miradas, pero ella no se dio por aludida. Entonces Kaoru decidió intervenir.
-Le dije que trajera a su esposa, pero dale con dejarla en casa, encerrada y sin comer. Si usted no le hubiera dado tamaña paliza… -
Kenshin la miró enfadado, sin comprender lo que hacía Kaoru hasta que la chica que le obstaculizaba el camino echó a correr convencida de que él era un monstruo
-No te metas en mis cosas.- le dijo el pelirrojo.
-Sólo lo quería ayudar a espantar a esas mujeres.-
-Tal vez yo no quiera que me las espantes.- replicó Kenshin repentinamente divertido al notar que Kaoru buscaba ahuyentarle a las admiradoras.- Quizá una de ellas me guste.-
Kaoru iba a abrir la boca pero no se le ocurrió nada que decir. Tal vez Sanosuke tenía razón y Kenshin la trajo de hombre para que no le espantara a sus chicas. Y la idea decididamente no le gustó.
Finalmente llegaron a un lugar donde una tarima había sido puesta en medio de la calle y la gente en torno suyo miraba asombrada al hombre que escupía fuego sobre ella. Kaoru, que trataba de ocupar una buena ubicación, sintió las manos de Kenshin sobre sus hombros.
-Ponte aquí, delante de mí. Verás mejor.-
La joven agradeció el gesto, aunque deseó que Kenshin dejara sus manos sobre ella por más tiempo. Disfrutó del espectáculo hasta que anunciaron que la próxima variedad sería dentro de una media hora y todos fueron a recorrer los puestos de la feria.
Comieron dulces, incluso bebieron algo nuevo que venía de occidente llamado "cerveza" y se entretuvieron tratando de atrapar pescaditos con paletas de papel. Kaoru, que cogió uno, se lo regaló a un niño pequeño. Sanosuke en cambio rompió todas sus paletas y Kenshin declinó de participar en el juego. Megumi, por su parte, veía un puesto de pañuelos. Y se acercó a Kaoru.
-Mira, son muy bonitos. Si te gusta uno, puedes comprarlo y decir que es para tu novia.-
Kaoru fue al puesto y comprobó que en efecto los pañuelos para el cabello eran hermosos, pero ella no tenía dinero.
-Van a empezar los tambores. ¡Vamos!- dijo Sano, tomando a Megumi de un brazo para apurarla. La doctora, enfurecida le atizó un golpe en el estómago.
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Ver el espectáculo de tambores era algo que llenaba de emoción el corazón de Kaoru, que retumbaba con cada sonido arrancado con fuerza de ellos. Especialmente porque recordó que la última vez que estuvo con su padre fue en un espectáculo como ese. La presentación era muy solemne y al terminar, anunciaron que para finalizar, se lanzarían fuegos artificiales y que se verían mejor desde la ribera del río que cruzaba el pueblo, asi que la muchedumbre se dirigió hacia allá.
-Ha estado muy divertido todo esto. Fue una gran idea que vinieran.- dijo Sanosuke.- Deberían darme las gracias por la sugerencia.-
-Hay que reconocer que todo este relajo me ha venido bien.- dijo Megumi.- En verdad me alegro de haber venido, aunque ya es tarde y tengo sueño. Pero antes de irme veré los fuegos artificiales.-
Kenshin iba muy callado, pensando que Kaoru no se había despegado del lado de Sanosuke.
-¡Tengo una nueva idea! Compraré un poco de sake y lo beberemos mientras lanzan esas luces sobre el agua.- dijo el joven del cabello castaño.
-¡Bien!- Exclamó Kaoru prendiendo con la idea.- Yo te acompaño.-
-Kenshin, Megumi, ustedes aparten un lugar y luego nos juntamos todos.-
Mientras ellos se alejaban, Kenshin alcanzó a escuchar de labios de Sanosuke, que pasaba un brazo sobre los hombros de Kaoru:
-Qué bueno que me acompañas. Tengo algo importante que pedirte.-
Con esas palabras retumbando en su cabeza, el pelirrojo encontró un lugar en tiempo récord y dejó allí a Megumi reservando el espacio. De inmediato se encontró a los jóvenes que venían con botellas de sake en los brazos, que en vez de ir hacia él, se desviaron y se fueron por ahí a internarse en una arboleda.
Profiriendo una maldición, los siguió a distancia.
-No puedo creer que te guste la doctora.- dijo Kaoru, aún asombrada por la confesión que le hiciera Sano.
-En el corazón no se manda.- respondió el joven en un tono bastante meloso.- Por eso necesito que me ayudes… no sé, aunque ahora no lo pareces eres una mujer y sabes lo que a ellas les gustan. Quizá me puedas orientar.-
Kaoru, que estaba sentada en el tronco de un árbol, no sabía qué pensar.
-Tal vez debas hablarle de tus sentimientos de una vez y observar la reacción de ella. Además… esta noche ha sido tan especial. -Kaoru miró hacia arriba, imaginando la escena con ilusión.- Entonces le dices… "te quiero… ha sido así desde que te ví."
Sanosuke se sentó de frente a Kaoru en el tronco. Las cuatro botellitas de sake se interponían entre ellos.
-Muy bien. Tú eres Megumi y me dices cómo lo hago.-
-Seguro.-
Que Sanosuke estuviera enamorado de Megumi no caía en los planes de Kaoru que la veía más cerca de Kenshin. Pero pensándolo bien, Kenshin no daba señales de enamoramiento hacia la doctora y en cambio a Sano se le notaba que estaba prendado de ella.
-Megumi… quiero decirte que… hem… yo… -
Kaoru alzó una ceja.
-Dime, Sano…-
-Yo… yo…- Sanosuke se rascó la cabeza.- Quiero hablarte de mis sentimientos.-
-A este paso me volveré una anciana.- comentó Kaoru.- Sano, debes ser más decidido. Megumi es una mujer con carácter y si quieres que te vea como una posible pareja, yo que tú me planto frente a ella y le digo:…- Kaoru tosió un poco para aclararse la garganta y entonces, haciendo una pausa, tomó entre las suyas las manos de Sanosuke, sin saber que en ese instante llegaba Kenshin junto a ellos.- … "Debes saber que te amo. Y no me importa lo que pienses tú y los demás, porque te quiero y lucharé por ti".-
-¿Así que enamorados?.-
Sanosuke, que pensaba que a Kaoru se le daban muy bien las declaraciones románticas, aún estaba impactado por la determinación en su mirada. ¡Ya sabía cómo debía hacerlo con Megumi! Mientras, alelado, pensaba en eso, Kaoru le soltó las manos y se puso de pie para llegar junto a Kenshin que estaba a un par de pasos.
-Sanosuke está enamorado, muy enamorado, Kenshin. ¿No le parece genial?-
-No.- fue la respuesta. Apenas controlaba sus ganas de matarlo. Y a ella.
-Necesitaremos su ayuda para esto… -
Apretando los puños, Kenshin se dio la vuelta.
-Olvídate de eso. Y vámonos de una vez, que Megumi nos espera.-
Kaoru miró a Sanosuke que seguía como petrificado en el tronco.
-Oye, Sano, amigo, vamos.-
Lo tiró de la ropa hasta que Sanosuke recobró el sentido y siguieron a Kenshin hacia la nueva ubicación. Megumi, sentada sobre la hierba, los esperaba.
-Pensé que se perderían el inicio. Esto está por comenzar.-
-Se ve bien pero con Kaoru tenemos que regresar.-dijo Kenshin con ganas de salir de allí
-¿Qué?… ¿acaso no veremos los fuegos artificiales?- preguntó la joven con decepción.
-Claro que lo haremos, pero por el camino. Nos iremos por la orilla del río.-
-No te la puedes llevar.- dijo Sanosuke.- se perderán la mejor parte de la fiesta.
Kenshin no pensaba dejarle la chica a ese… ese… quizá en qué acabarían.
Kaoru de pronto pensó que tal vez lo de irse no sea mala idea. Se acercó a Sanosuke.
-Aprovecha que se quedan solos y la besas.- le dijo por lo bajo. Luego, al irse con Kenshin les gritó.- ¡Y mañana nos cuentan cómo estuvo eso!-
Sanosuke levantó el pulgar en señal de afirmación y se sentó junto a Megumi. Pero pronto encontró que estaba demasiado lejos de ella y se acercó un poco.
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A poco andar llegaron a un claro. Kaoru, que iba pensando en Sanosuke y su declaración, de pronto chocó con la espalda de Kenshin que se había detenido.
-¡Lo siento!- dijo inclinándose varias veces. Pero al parecer, el pelirrojo estaba de tan mal humor que ni valía la pena disculparse.- ¿Le pasa algo?-
-¿Te gusta Sano?-
-¿Ehh?- Kaoru puso cara de no entender. Luego repuso.- Él es un gran amigo. Y muy simpático.-
-Y te gusta.- ya no era una pregunta, sino una afirmación.-Debes recordar que te irás y esos sentimientos no te son permitidos si quieres lograr tu objetivo.-
-Oiga, yo no sé de qué diablos está hablando pero… - Kaoru recordó que Kenshin la había escuchado en la arboleda. Quizá sólo había escuchado una parte de la conversación y por eso estaba tan raro.- Por Kami… - dijo al comprender lo que pasaba, llevándose una mano a la boca.- Kenshin, aquí hay un error.-
-Claro que hay un error. Si tanto lo quieres, vete a vivir con él. Mañana temprano te voy a dejar a su casa para que inicien su vida de pareja y dejes de fastidiar la mía.-
-Pero yo no quiero a Sanosuke… -
-Claro que no, porque le amas. Nada te importará más que eso. En lo que a mi respecta no pienso ser un obstáculo para que realices tu sueño, así que mañana te vas con él. Y espero que sepa mantenerte oculta hasta… -
-¡Pero yo no quiero irme con él!- gritó Kaoru desesperada.- ¡Yo quiero quedarme con usted, en su casa!.-
La sola idea de dejar de ver a Kenshin había llenado de pavor a la muchacha. Por su parte, el pelirrojo dejó de atacarla.
-Yo no amo a Sanosuke… lo que pasa es que él está enamorado de una chica y yo sólo le daba una idea de cómo debía declararse. Pero yo no lo quiero a él como hombre.- explicó cansada.- Y aunque lo estuviera, usted no tiene por qué ser así conmigo, no he hecho nada malo.- acabó.
Kenshin no dijo nada y siguió la marcha muy confuso, en silencio. ¿Kaoru no sentía nada por Sanosuke? ¿Ni él por ella?.
Malditos celos. Y malditos sentimientos. No le dejaban pensar ni actuar con claridad. Ahora se perdería los lindos fuegos artificiales por eso.
O quizá no.
Salieron del claro y se internaron en el oscuro bosque.
-Kenshin, no veo por donde voy.- dijo la joven luego de un tenso silencio. No había querido pedir ayuda antes pero le temía a la oscuridad. Ya no caminaba y sus piernas temblaban. Escuchó un crujir de ramas y luego una mano la asió por la muñeca.
-Camina. Yo te guiaré.-
-Pero… - Kaoru se concentraba en levantar lo suficiente los pies para no chocar con nada.- ¿Por qué me trae por aquí?. El camino… -
-Este es un atajo.- dijo cortante. Kaoru suspiró.
-Oiga, en verdad que no me gusta Sanosuke.-
-Ese no es mi problema.-
-Pues parece que lo es, dada la forma en que me ha tratado.-
-¿Y qué querías? ¿Qué te aplaudiera?-
-Tampoco se lo tome así.- replicó Kaoru molesta, sintiendo un arañazo de rama en la cara.- Todo cuanto hago a usted le parece mal, parece que en verdad lo molesto y esa no es mi intención.-
Kenshin apartó una rama del paso, resoplando.
-Está bien, déjalo.-
-No, no lo puedo dejar porque usted mismo no lo hace. Vez que me habla lo hace para insultarme de la peor manera, o bien no me dirige la palabra, como si yo fuera la peor de las mujeres. ¡Y yo todavía no entiendo qué hice para merecerme eso!-
-Yo no soy un hombre cordial.-
-No le pido que sea cordial, pero al menos que me tenga un poco más de respeto. Vamos a vivir juntos unos meses y la verdad yo… yo… ¿Por qué no puede ser como cuando nos conocimos?.-
"Porque no te conocía como ahora" pensó Kenshin. De pronto ya no escuchó a Kaoru pero en cambio sintió sus… ¿sollozos?
-Hey, mocosa… - dijo al detenerse. Pronto ella chocó con él nuevamente.- Dime, qué te pasa.-
-¡Qué le importa!- gritó con rabia.- Aunque se lo dijera nada va a cambiar porque me va a decir que es sólo por un tiempo que viviremos juntos. ¡Váyase al demonio y déjeme tranquila!.-
A tientas Kenshin la tomó de un hombro, pero ella lo apartó de un manotazo.
-¡Y no me toque! ¡No estoy haciendo esto para que me toque ni me vea como su mujer! ¡Yo nunca podría hacer eso porque… porque me repugnan los hombres. Me da nausea que se me acerquen y cuando por primera vez en mucho tiempo encuentro a uno que no es así, pareciera que quien le repugna soy yo!.-
A pesar de que Kenshin tampoco veían nada en la espesura del bosque, abrió mucho los ojos, prestando atención. No sabía si Kaoru era consciente de lo que le estaba diciendo, pero le daba importante información entre líneas.
Volvió a tratar de tocarla y le llegó un nuevo golpe. Al tercero, se aburrió y la encerró entre sus brazos, pero Kaoru se revolvió entre ellos al sentir algo raro en la panza y le dio con los puños en el pecho.
-¡Suélteme!-
-¡Quédate quieta de una maldita vez!- le dijo Kenshin, pero ella le dio un rodillazo en la entrepierna y él no pudo hacer otra cosa que soltarla y doblarse del dolor.
-¡Usted me tiene hasta la coronilla!- dijo la joven sumamente confundida. Esta vez sintió que con fuerza la empujaban hacia atrás, chocando su espalda con el duro tronco de un árbol. El peso de Kenshin la inmovilizó por unos instantes, pero aunque ni ella entendía muy bien qué pasaba, optó por luchar. Haciendo uso de una fuerza que desconocía en ella, lo apartó por el pecho y se movió a la derecha.
-No te muevas, Kaoru, o te perderás y tendrás que pasar la noche aquí.- dijo Kenshin. En realidad, él la percibía perfectamente y sabía donde estaba, pero necesitaba que se quedara quieta.
Escucharon, a los lejos, el tronar de los primeros fuegos de artificio. Sintió que ella se movía siguiendo el sonido. La alcanzó a tomar de un brazo y esta vez esquivó todos sus golpes y resistió sus movimientos para desasirse de él. Luego la jaló en cierta dirección, con fuerza. Kaoru pensó por un momento que le arrancaría el brazo. ¡Era tan fuerte y nunca pensó que usaría eso contra ella!
-¡Me está lastimando!-
-Sígueme, mocosa.-
Tras una decena de pasos, salieron a un nuevo claro que la luna iluminaba. El río pasaba por ahí pero además, como estaban en un terreno más alto, podía ver los fuegos de artificio libremente. Kaoru se distrajo mirándolos, en tanto Kenshin se ponía a su espalda y la aprisionaba, cerrando los brazos en torno a su cintura.
-¿Qué diablos tienes ahí?- preguntó al percatarse del bulto en el cuerpo de la joven.
-Una yukata.- fue la respuesta. Mirando los fuegos artificiales, Kaoru se quedó quieta entre los brazos de Kenshin, dejando de luchar. Las luces iluminaban el cielo que estaba tan bonito, tan grande, tan impresionante, que sólo podía prestar atención a eso, con la boca abierta.
Fueron unos cuantos minutos, pero suficientes para calmar el corazón de la chica, llenándola de millones de puntitos brillantes. De pronto, Kaoru hasta se sentía en paz.
Y entonces reparó en ese calor en la espalda, en lo confortada que se sentía. Kenshin había aflojado el agarre, pero no la soltaba.
-Disculpa.- dijo Kenshin cerca de su oído cuando los fuegos artificiales terminaron y el silencio en la noche volvió a reinar.- Yo… lamento haberte tratado tan mal en estos días. Tú no tenías la culpa de mi mal humor.-
Kaoru suspiró y se soltó de él. Iba mandarlo al diablo de nuevo cuando lo miró a la cara. Kenshin hablaba en serio. Y de pronto entendió a sus admiradoras, porque por alguna razón su corazón se encogió al mirarlo y pensar que si él era así, era porque se encontraba solo y debía sentirse a veces, muy perdido por eso. ¿A quién le contaría sus cosas, sus problemas? De pronto deseó que ese alguien fuera ella. Lo ayudaría a sonreír.
-Está bien.- respondió.
El deseo de abrazarlo por un momento fue tan intenso, que Kaoru se asustó con eso. Confundida, sacudió un poco la cabeza.
-¿Por dónde se va a casa?-
Kenshin no dijo nada. Sólo la tomó de una mano y empezó a caminar.
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Caminaban hacia la casa de la doctora. Sano la escoltaría hasta la puerta y luego se iría aunque no tuviera ganas.
-Gracias por acompañarme, Sanosuke.- dijo Megumi.- Mañana ven alrededor del mediodía, que necesito unas cosas.-
El joven se quedó mirando a la bella mujer y recordando las palabras de Kaoru.
"Sano, debes ser más decidido. Megumi es una mujer con carácter y si quieres que te vea como una posible pareja, yo que tú me planto frente a ella."
¡La chiquilla tenía razón! Él había intentado llamar su atención con frases como: "debo decirte algo" o "tenemos que hablar" sin obtener ni siquiera una mirada. Antes que Megumi entrara a su casa, la volvió hacia él para mirarla de frente.
-Megumi, debes saber que yo… -
Para desgracia de Sanosuke, las cuatro botellas de sake que se tomó para los nervios mirando los fuegos de artificio le hicieron un mal efecto en ese momento. Asi pues, se encontró vomitando hasta el alma en la falda de Megumi que lo miraba asqueada.
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Misao estaba acostada, soñando con Aoshi y su dulce beso cuando se despertó.
Al principio no entendió muy bien por qué, pero al sentarse en el futón, distinguió unas figuras en el cuarto.
-Hija de Sakura.- dijo una voz masculina. Y Misao se asustó.
-¿Qué… qué pasa? … ¿Quién es?-
-Shh… calma, hija de Sakura.- dijo esta vez una voz más ronca.- Cálmate. Venimos porque tú nos has solicitado ayuda.-
-¿Ayuda yo?-
De pronto Misao recordó el barquito que había echado al río en la mañana.
-Acaso ustedes… ¿quiénes son? -
-Hannya, presente.-
-Beshimi, presente.-
-Hyotoko, presente.-
-Shikijo, presente.-
-Estamos a su servicio.- dijeron a un tono. Ya del todo despierta, y acostumbrando sus ojos a la oscuridad, Misao optó por presentarse.
-Mi nombre es Misao. Misao Kamiya. Pero… ¿cómo le hicieron para entrar? Esto está lleno de guardias. -
-Señorita Misao.- dijo uno de ellos.- nosotros pertenecemos a una organización de ninjas. Los Onniwabanshu.-
-Pero ustedes…-
-Aunque hemos entrado a escondidas, es preciso salir pronto de aquí. Señorita Misao, ¿está dispuesta a seguirnos para a cambio, recibir nuestra ayuda? Sólo así podremos conversar tranquilamente. La devolveremos sana y salva antes del amanecer.-
De todos modos no hacía nada en ese cuarto al que estaba confinada y ya usaría ese tiempo libre para dormir. Se iría con ellos.
-Acepto.- dijo la joven. Rato después se encontró en brazos de uno de ellos, volando de tejado en tejado.
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Kaoru se quitó el gi, dejándose el hakama abrochado. También se quitó la yukata enrollada en la cintura.
-Así se está más fresca. Ahora sólo debo quitarme estas vendas.- murmuró, al tiempo que llevaba sus manos cerca de sus senos. Pero la puerta se corrió de repente.
Al verla con el fino torso cubierto de vendas, notando lo aplastado de los senos, Kenshin se tensó.
-Hem… debí llamar antes.
A modo de ver de Kaoru, ella no estaba enseñando nada del otro mundo pues estaba bien cubierta. Asi que con toda naturalidad contestó.
-No pasa nada.-
Y se colocó el gi encima, cerrándolo luego.
-¿Diga?-
-Hoy te toca el futón. Es todo. Y te lo traía.-
-Ah… ya veo. Deberíamos ver el modo de tener otro de éstos. ¿Megumi podrá conseguirnos uno?-
-Tal vez.-
Kaoru se soltó el pelo para cepillarlo y hacerse una trenza.
-Hoy la pasamos bien en el pueblo. La fiesta que hacen es muy bonita.-
-Así es. Y viene todavía la del inicio del verano.-
-Usted tiene muchas admiradoras.-
Kenshin no dijo nada porque estaba concentrado en el oscuro cabello de la joven y el modo en que el cepillo volvía cada hebra a su lugar. Sin percatarse, avanzó un paso hacia ella, que le daba la espalda.
-Sanosuke también las tiene y Megumi se veía muy bonita. Tal vez tenga algún enamorado.- Kaoru rió quedo por el secreto que compartía con su amigo.
Pero Kenshin avanzó un paso más.
-Tal vez, cuando yo tenga mi vida libre, vuelva a esta fiesta. Y lo vendré a buscar. Pero esta vez me vestiré con un kimono bonito y una linda cinta en el pelo. Y usted tiene que ponerse tan guapo como esta noche. Iremos juntos y nos quedaremos a ver los fuegos artificiales con los demás, aunque desde donde estábamos se veían bien, porque el ruido no se escuchaba tan fuerte.-
Un paso más y quedaba justo atrás de ella. Pero Kaoru se volvió. Lo miró un poco asombrada y Kenshin, que no se lo esperaba, levantó la mano en la que traía de una esquina, arrastrando, el futón, dejándolo caer.
-Ahí lo tienes.-
Kaoru agradeció el gesto.
-Oiga, ¿qué tal si le cepillo el cabello?-
-¿Ehh?-
-Se siente rico, y se relajará. Además, su pelo es muy bonito. Venga, siéntese aquí.-
Kenshin, sin saber por qué, le hizo caso y se dejó peinar tranquilo. La sensación en la nuca era muy placentera al recibir la caricia del cepillo deslizándose por ella. Concentrada, Kaoru trataba de no jalarle el cabello y lo desenredaba con cuidado. Al terminar, se puso de pie.
-Está listo.-
Kenshin también se puso de pie, un poco más pesadamente.
-Gracias. En verdad eso ha estado bueno.-
-Ya lo creo.-
Kaoru sonrió porque volvían a ser amigos dijera él lo que dijera sobre eso. El problema fue que Kenshin también sonrió y la chica no pudo apartar la vista de sus labios.
Una punzada desconocida en el pecho la asustó y se llevó una mano hacia allá.
-¡Ay!-
-¿Pasa algo?- él se inclinó un poco hacia ella para ver si todo estaba bien, pero la joven lo miró con ojos desconcertados.
-No lo sé. Me ha dolido aquí.- dijo, señalándose la zona del corazón.
-Tal vez tienes muy apretadas las vendas. Deberías aflojártelas para dormir.- observó él.
-Seguro.- dijo Kaoru.
-Buenas noches.-
-Buenas.-
El pelirrojo salió del cuarto y suspirando, Kaoru se acabó de quitar la ropa para reemplazarla por la yukata. Hacía estas cosas automáticamente, porque su mente estaba en otra parte.
¿Era posible que esas reacciones extrañas que tenía se las causara Kenshin?
Ella no podía permitirlo. ¡Él la odiaba! No quería ser una más de sus admiradoras, que corrían tras él sin poderlo alcanzar. Y sin embargo la tentación era grande. Ella no luchó con él en el bosque para que la soltara, sino más bien porque la reacción de su propio cuerpo al ser aprisionado por el suyo la había asustado y ahora… ahora, mirándolo, había tenido ganas de besarlo. Tanto, que le había dolido.
-Me estoy metiendo en un gran problema.- reflexionó antes de dormir, para soñar que él la atrapaba entre sus brazos.
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Fin acto ocho
El despertar de un corazón
Enero 14, 2009
Hola!!!
Paciencia, paciencia, que las cosas siguen su curso tranquilamente. No sé por qué al releer el capítulo se me hizo corto… le hubiera puesto más pero mejor dejarlo así.
Como hemos visto, Misao se ha encontrado con el Oniwabanshu, o mejor dicho, ellos dieron con ella. Y se la han llevado. ¿Cómo se tomará eso Aoshi? Hum… quien sabe…
Sano declarando su amor por Megumi, aunque ella tan mal que lo trata. Debe ser una especie de masoquista, aunque al pobre se le chingó su momento.
Y la guinda de la torta, como no, esta vez Kaoru. Finalmente empezó a tener reacciones que ni ella comprende del todo hasta el final del episodio. Y eso me gusta porque me parece más natural.
Hay lectoras a quienes el cambio en el relato les ha parecido bien y a otras no tanto, debido a que se suprimió el lemon que había en este episodio. Sólo les puedo decir que tendrán aún que esperar unos cuantos capítulos, porque hay cosas que deben suceder antes.
Les quiero dejar un beso grande, y las gracias a quienes han leído "En tu Ausencia" .
Gracias a todas y todos, por leer.
Haretha Hiwatari
Haro Kzoids
Amary San
Okashira Janet
Isabel San
Mai Maxwell
Kaoru chan 17
Dark-Any
Kanke-chan
A. Kaoru Himura
Hiirukii Chan
Gabyhyatt
Sakima
¡¡Hasta pronto!!!
