ENTRE NUNCA Y JAMÁS

(Neverland)

Entre luces, algarabía, la sociedad, la pompa y toda la parafernalia que conlleva un evento como lo fuese mi postulación e inminente victoria para incursionar al mundo de la política; mi alma se sintió más vacía que nunca.

Capítulo 14.

- "Felicidades Fujino-sama" - Vitoreaban mis subordinados ante mi entrada triunfal a la oficina después de una larga jornada electoral.

- "Gracias" - Agradecí el acto montado por todos ellos, quienes rompían sus palmas entre aplausos y chiflidos.

- "Fujino-san, la oficina no será igual sin usted"

- "Sí que no lo será, Yamada" - Respondí con diplomacia, que esa sonrisa en el rostro del hombre indicaba que mi puesto sería ahora suyo - "Sólo he venido a recuperar mis pertenencias"

- "Comprendo, tómese su tiempo"

- "No será mucho"

Entré a mi vieja oficina por última vez en mi vida, este lugar que se convirtió en mi nicho de fuga personal, el único sitio donde podía ser yo. Acaricié el fino material del escritorio e involuntariamente mis ojos cayeron en la fotografía que lo adornaba. Por supuesto, en la imagen aparecen tres personas que se supone conforman mi familia. Hitsugi, Viola y yo. Los tres unidos en un destino incierto, protagonistas de un melodrama cuyo final no se ve cercano. Esto es lo último que tomaría de mi oficina, lo último que quisiera ver en mi vida.

Ahora que la campaña culminó, no necesitamos seguir con la charada de la familia feliz un minuto más. En cuanto el dictamen oficial se dio a conocer, los tres dejamos de ser la familia modelo para regresar a nuestro papel de perfectos desconocidos. Es insólito que, a pesar de todo lo vivido, a pesar de los años, aún nos quede estómago para continuar con la farsa. Ni siquiera la orgullosa y caprichosa Viola fue incapaz de resistirse al encanto de posar ante la sociedad como toda una Fujino. Hitsugi no podía sentirse más orgulloso, su mujer y su hija, juntas en una actividad de las que tanto le gustan. Actividad por cierto, que nos beneficia a todos.

Hastiada, dejé caer mi humanidad en mi cómodo sillón por última vez en mi vida. Un ciclo había concluido, era tiempo de moverse y seguir hacia adelante. Era lo mejor. Las cosas no podían ser de otra manera, durante todo este tiempo he vivido con la sombra de Himeno a mi lado, no podía seguir así, la tortura era ya mucha. Cerré mis ojos. Me dejé llevar nuevamente a Arashiyama, mi hogar, el lugar que vio florecer mi amor e igualmente lo vio marchitarse. Mi juventud, mi inocencia, todo desapareció al igual que el intenso brillar de los ojos esmeralda de mi amada. Mi amada.

- "¿Necesita ayuda Fujino-sama?" - Me ofreció su asistencia por última vez mi secretaria.

- "No Kikukawa-han, tengo todo lo que necesito" - Señalando una pequeña caja entre mis brazos donde deposité algunas pertenencias - "Puedes decirle a Yamada que si algo de la decoración no le gusta que la cambie" - Sonreí con cinismo, Yukino se encogió de hombros incómoda.

- "Le voy a extrañar Fujino-sama" - Yo no.

- "¿Has visto a Kuga-han?" - La mujer me miró atónita, como si supiera algo que yo no y esto me inquietó un poco - "¿Pasa algo?"

- "¿No lo supo cierto?" - Esto no me gusta.

- "¿Le ocurrió algo malo a Kuga-han?" - Pregunté alarmada - "¡Habla niña!"

- "Kuga-san ya no labora con nosotros" - ¿Se fue? - "Renunció poco después del fallecimiento de su madre" - ¿Saeko-han murió?

- "¿Cuándo?" - Alcancé a preguntar y casi tiro la caja de entre mis brazos por el asombro.

- "Tiene más de dos meses Fujino-sama"

- "Pero" - Sentí que todo me daba vueltas - "¿A dónde fue?"

Y esa pregunta me la repetí en la mente una y mil veces, rebotaba en los recónditos pasillos de mi cerebro, mas cuando el eco dejaba de escucharse, nunca alcancé a escuchar la respuesta. Natsuki se fue sin avisar, sin dejar rastro, nadie supo a dónde, ni siquiera Yohko me supo dar razón de su paradero. La ojiverde se había marchado.

~ o ~

A dos meses de nuestra inminente separación, decidí continuar con mi vida aquí en Kioto, tal cual era antes de que te volviera a ver en Tokio y pensara, tontamente, que lo nuestro tendría solución. Estaba decidida a dejarlo todo por ti, pero fiel a tu costumbre, decidiste actuar por ti misma sin pensar en nadie más. ¿Crees tú que eres la única que sufre Natsuki? Me has herido a mí también y tampoco te importó, simplemente desapareciste de mi vida y ni siquiera pensabas decirme adiós.

- "Una verdadera idiota"

- "¿Qué pasa?" - Me distrajo la voz de Sari de mis funestos pensamientos - "¿Sigues pensando en ella?"

- "¿En quién?" - Fingí que nada pasaba y me concentré en el álbum fotográfico que veía hasta hace tan sólo unos minutos.

- "¡Ah!" - Se sentó a mi lado de la cama - "¿Quieres tratar de engañar a tu hermana sobre lo que te ocurre?" - Me jaló de la mejilla - "Fracasaste"

- "Sari" - Fruncí el ceño.

- "Tus notas han bajado considerablemente ¿eh?" - Comentó al mirar mis notas de curso en el monitor de la computadora - "Tienes que avisparte un poco"

- "Saldré de viaje en cuanto pueda"

- "¿A dónde irás?"

Pero el destino que elegiría sería muy distinto al que antes tanto buscara, no me iría a Europa, no viajaría a América. En realidad ni siquiera saldría de Japón, es más, me quedaría en Kioto pero no en la zona urbana sino en la rural. Estaba decidido, buscaría incansable mis raíces. Así es, viajaría a Arashiyama, la tierra que vio crecer a mi madre, mi verdadera madre. Tal vez estando ahí encontraría la paz y tranquilidad que tanto necesitaba, las respuestas a las preguntas que inundaban mis pensamientos. El calor que nunca tuve.

No sé por qué ahora es que se me ocurre ir a ese lugar. Es decir, conozco la triste historia de mi madre desde los catorce, pero nunca antes me interesó saber más de su vida, quizá tanto odio reprimido me obligó a obviarlo todo, a no querer saber nada de nada. Nada de ella, nada de nadie. Decidí conformarme con fragmentos que mi padre me contara, con lo poco que Shizuru me relatara. Y nada. Seguí con la farsa familiar durante muchos años más sin caer en cuenta que, eso no me traería nada bueno.

Cada que cierro mis ojos mi memoria me lleva al momento exacto en donde me despedí de Natsuki o más bien, donde ella se despidió de mí. ¿Cómo me enteré? En cuanto la campaña de Shizuru terminó, decidí volver lo más pronto posible al lado de Natsuki, tenía tantas cosas que decirle, tantos planes para con ella... Pero ninguno fue posible. Al llegar a su casa Mai me lo contó todo, la agonía, la desesperación, la soledad que reinó en el mundo de Natsuki al quedarse sola. Ni Shizuru ni yo estuvimos a su lado en ese momento, aunque ella tampoco le dio aviso a ninguna. ¿Acaso no confió en que la apoyaríamos? Tal vez esa era su manera de decirnos que hasta ahí llegaba su paciencia.

Aún así tenía que escucharlo de sus labios, de su viva voz que ya no quería nada conmigo, que se marchaba para no volver y no quería ser encontrada. Entonces corrí, corrí desesperada, tenía que alcanzarla antes de que partiera y la encontré en la estación de autobuses, no estaba sola pero eso poco me importó. Este era el momento crítico y esa fue mi última oportunidad. Las cosas acabaron como me lo esperaba y desde entonces nadie ha sabido darme razón del paradero de Natsuki.

- "¿Arashiyama?" - Cuestionó mi descabellada elección para unas vacaciones de primavera, mi mejor amiga.

- "Pasaré unos días en la casa de campo que tenemos ahí"

- "¿Sola?"

- "Totalmente" - Asentí pensativa - "Necesito unos días de soledad para pensar bien qué hacer con mi vida en cuanto acabe la carrera"

- "Eso significa que no te casarás con Takemura-kun"

- "Eso significa que no sé qué será de mí" - Ahora que no estás tú.

- "Viola" - Me abrazó por la espalda - "Pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo"

- "Lo sé" - Le cogí una de sus manos y la besé - "Lo sé"

~o~

Cuando era niña, me pasaba los días imaginando las criaturas mitológicas de las que mi abuela tantas veces mencionara en sus historias. La abuela tenía una enorme imaginación para recrear relatos, que entremezclados con el folclore y los mitos de nuestra aldea; hacían de mi niñez un bello y tibio céfiro de invierno. Cuentos los hubo de todo tipo. Desde los terroríficos mitos de las criaturas del bosque, hasta las deidades que dormían al pie de las montañas. La abuela sí que sabía aminorar lo cruel del mundo real, perdiéndonos a Viola y a mí en un mundo de fantasía.

Crecer fue algo que me negué a aceptar por muchos años, pero a la falta del soporte de mi dulce abuela, de mi fuerte hermana mayor y de mi amada; tuve que hacerlo de la mejor manera posible. Abandoné todos esos juegos y me convertí en la persona que se esperaba que fuera, que la sociedad me imponía ser. Una esposa abnegada, una madre modelo, una dictadora impune; eso fui y lo seguiría siendo por quién sabe cuanto tiempo. Pero ahora no. Ahora no tengo que fingir, ahora estoy en casa, puesto que mi periodo en la Cámara de Consejeros finalmente culminó, dándome ahora el tiempo para recargar mis energías y dedicarme a actividades menos mundanas. De vuelta a Arashiyama.

A muchos les sorprendió que después de veintiocho años de un aparente enlace matrimonial fuerte y estable, haya decidido separarme de quien fuera mi compañero sentimental y fiel esposo, Fujino Hitsugi. ¿Fue justo? Poco me importó, creo haberle dedicado más tiempo del que debiera a una familia de cristal, cuya fragilidad era tanta que sus pedazos siguen causando heridas y heridas que nunca cerrarán. Para mi sorpresa él no se quejó, simple como era firmó los papeles y desde ese entonces ninguno sabe de la vida del otro. Que no es como si de todas maneras en verdad estuviésemos enterados de nuestras actividades particulares.

Hitsugi me dio las gracias por todo y salió de mi vida para nunca jamás volver. El eco de la vieja casona Fujino comenzaba a asfixiarme, así que la vendí y no fue sino hasta ese entonces que decidí regresar a Kioto. Volver a los hermosos rojizos tonos de Arashiyama, al murmullo del viento que se estrella entre sus montañas, a intentar una vez más el rehacer una vida que no tiene remedio ya. Una vida destruida por mi ambición y poca visión del futuro, una vida que no pedí pero que sí acepté, una familia que nunca fue mía sino que era prestada, un amor que no pudo ser porque jamás hice nada para mantenerlo ardiendo en mi corazón.

Ese es pues el recuento de los daños, de mis daños. Llevo poco más de una semana aquí y he decidido regresar mis pasos uno a uno por los lugares que más recuerdos me traen a la mente. Debo hacerlo aún si eso significa torturar mi cabeza con los dolorosos momentos de lo que todo ello significó en mi vida. Desde el río Oi, hasta el parque de Iwatayama, desde los árboles desnudos de cerezo hasta los templos cuyas escalinatas, dificultaban mi ascensión. Con cuarenta y seis años, el mundo no es tan sencillo como cuando corría por él en mi juventud. Pero supongo que será el tiempo mi verdugo al desperdiciar en la ciudad, lo que pude haber construido en la provincia.

Fui arrogante, fui prepotente, obtuve todo lo que me propuse pero olvidé lo más importante; me olvidé del amor. Por mucho que me gustaría culpar a los dioses, a las circunstancias, a la gente; nadie más que yo ha sido el auténtico artífice de su destino. Yo. Shizuru. Pero eso ahora no tiene caso ni traerlo a la vida de nuevo, lo hecho, hecho está y llorando no obtendré solución alguna.

Estamos en temporada de lluvias por cierto, tiempo de tormentas. ¿Saben lo que Arashiyama significa en español? La Montaña Tormenta. Créanme que mejor nombre no pudieron darle a mi pueblo natal y me atrevo a aseverar sin temor a equivocarme, que soy una digna hija del lugar. Vida más tormentosa que la mía no habrá y decidida estoy a culminarla en este, mi hogar. Las ventiscas en Arashiyama, se escuchan como el soplido de un dragón, el cual trae a mi mente el mito de aquella criatura de ocho cabezas de la que tanto le gustaba hablar a mi abuela. Yamata no Orochi. La serpiente de ojos rojos.

Según la vieja abuela, Orochi pedía el sacrificio año tras año, de las jóvenes y vírgenes hijas, de una familia de Izumo. Así fue durante siete años, hasta que en el octavo, una deidad caída del cielo, un rebelde e impulsivo joven, dios de los mares, de las tormentas y del inframundo; derrotó con su poderosa espada a la serpiente y liberó a Izumo de su cruel destino. Este joven era Susanoo, hermano de la diosa del sol y de la luna; el dios nacido en el mes de Agosto. Susanoo, en recompensa por derrotar al dragón, tomó a la hija de la familia de Izumo y la convirtió en su esposa.

Si llevamos este mito a la vida real, creo que tuve la oportunidad de vivir una épica lucha como la de Orochi años atrás. La tuve con Natsuki. La mujer cuyos ojos esmeralda me recordaban al bello tono del mar, quien con su aire rebelde hizo que un frío escalofrío recorriera mi espalda cuando me miraba, pero sobre todo, la extraña mezcla de pasión y ternura que emanaba de su cuerpo, armas tan poderosas que hicieron que al igual que Orochi, me embriagara en ellas y perdiera la batalla entre una diosa y un demonio. Nunca antes me sentí tan vulnerable en mi vida, dudo que exista ser igual.

Tampoco supe que fue de ella, pues en Tokio no vivía, no volvió a Fuuka como creí que haría en algún punto de sus andanzas. A pesar de ser una figura pública, nunca intentó contactarme, lo cual me indicaba que para ella lo nuestro había concluido y para siempre. Me rompió el corazón, me desarmó por completo y a veces me pregunto, ¿quién será la joven mujer que goce de tu protección ahora? Será alguien muy afortunada, pues encontrar una mujer como Natsuki no es una empresa fácil en la vida. Es una aguja en un pajar. Una entre millones de habitantes, una, que dejé atrás.

Es verdad, Himeno, a ella también la amé profundamente pero ese era un amor de juventud, a ella la recuerdo con la inocencia del primer beso y la primera vez. En cambio con Natsuki todo fue distinto, fue más maduro, pese a que ella era más inexperta, pese a que ella era menor. Aún así, poseía la entereza, el carácter y todo aquello con lo que consiguió sin proponérselo, seducirme. Si ella era el amor de mi vida eso jamás lo sabré, después de todo no creo en esas cosas, pero de que es y será la mujer que más huella ha dejado en mi proceder, eso sí lo creo. Eso es. Dudo que alguien pueda ocupar su lugar y no es tampoco que ahora esté interesada en buscar a alguien. A todos nos llega un momento en donde estamos satisfechos o cansados de lo que tenemos y hemos obtenido. Siendo yo una persona negligente, me aferré al recuerdo de Himeno, cuando debí aferrarme a la presencia en mi vida de Natsuki. Ese fue mi verdadero error en la vida.

Y heme aquí, con el alma en un hilo, el del fino hilo del destino. Y heme aquí en mi hogar, con el espanta ánimas de la abuela en la puerta. Y heme aquí, padre, con tu revólver cargado y una copa de vino tinto para despedir una vida que pudo ser, pero que no fue. Entre sueños perdidos, entre ilusiones robadas y promesas no cumplidas, he venido de entre todos los sitios del mundo a terminar con una vida de reminiscencias puras en el sitio donde todo empezó. Si la vida me diera fuerzas sé que podría ponerme nuevamente en pie, pero ahora, a mi edad, en mi situación, sé que eso no será jamás. Nunca, jamás.

- "Salud Himeno, pronto estaremos juntas nuevamente"

- "¿Es así como piensas terminar con tu vida, madre?" - Interrumpió mi momento dramático, una melodiosa voz que por un momento confundí con la de mi amada hermana mayor.

- "Viola" - Mas sin embargo, a pesar de su parecido, no era ella.

- "Dame ese revólver"

- "No" - Lo miré con melancolía - "Es un recuerdo familiar, no te lo entregaré"

- "Entonces no permitiré que manches con tu sucia sangre el hogar de la mía"

- "¿Y cómo vas a evitarlo, Viola?"

- "A como de lugar" - Me retó con esos intensos ojos negros, pero yo no me iba amedrentar por la amenaza de una joven tonta como ella.

- "No podrás" - Sonreí - "Está decidido" - Me llevé la pistola a las sienes - "No hay marcha atrás"

- "¿Acaso la gran Shizuru, se ha dado por vencida en la vida?" - Exclamó - "¡No seas cobarde!"

- "He llegado hasta donde he querido Viola, estoy satisfecha" - Sorbí el último trago de vino de la copa - "Por lo que a mí respecta, he tenido suficiente de la vida, merezco un descanso"

- "Lárgate a París entonces"

- "Te repito, ya no hay más por hacer"

- "¿Y yo qué?" - Enarqué una ceja escéptica - "¿Piensas irte así sin arreglar las cosas?"

- "No hay nada que arreglar entre nosotras" - Bajé la copa de mi mano y la asenté a un lado de la silleta en donde descansaba mi entumecido cuerpo - "Lo que nos teníamos que decir, fue dicho"

- "No es verdad"

- "Obstinada" - Forcé una sonrisa - "Pero hace mucho que dejó de importarme tu educación" - Suspiré - "Eres ya una mujer hecha y derecha, con o sin mí"

- "Shizuru te lo imploro, por lo que más quieras, dame esa pistola"

- "¿Qué interés el tuyo para que yo cumpla tus caprichos eh?" - La apunté con el revólver, acto que provocó que ella diera un paso hacia atrás - "A mí tú no me manejas"

- "A mí tú, no me amenazas" - Avanzó hacia mí, sólo deteniendo su paso cuando le quité el seguro al arma - "Shizuru" - Protestó cansada, más que asustada.

- "Deja que yo termine aquí"

- "Esto no es algo que mi madre te hubiese permitido" - Intentó por última vez hacerme entrar en razón, hablándome sobre mi hermana mayor.

- "Claro que no" - Vociferé - "A ella le convenía que yo viva para cuidar de su progenie"

- "Ella no podía hacerlo" - Susurró - "Sé que si mi madre viviera todo hubiera sido diferente"

- "Eso lo sé bien" - Contesté llena de amargura - "Pero ya no tengo fuerzas para continuar con esta existencia tan inútil" - Ahora apunté nuevamente hacia mi sien el arma - "No soy tan fuerte"

- "Eres más que esto" - Continuó avanzando - "Por favor"

- "Viola, vete o presenciarás el último acto de la obra más terrorífica de tu vida"

- "Eso ya lo vi" - Respondió con la voz quebrada - "El día que yo nací"

- "Sí"

- "Y desde ese día, tú te convertiste en mi madre" - Viola - "Has sido tú a quien mis ojos reconocieron como la figura materna y has sido tú a quien he amado todo este tiempo" - Se arrodilló entre mis piernas - "Viola es mi madre de sangre" - Se recostó en mi regazo - "Pero tú eres mi verdadera madre"

Y ahí, como una niña, Viola se puso a llorar entre mis piernas, provocando que de manera involuntaria pasara una de mis manos sobre sus cabellos y los acariciara con la misma ternura que solía tener mi difunta abuela para conmigo. Una lágrima recorrió mi mejilla, el sonido resquebrajante del hielo que se fragmenta se escuchó en mi pecho, un armónico silbido a las afueras de la casa y el tierno y dulce llanto de un crío, retumbaba en mis oídos.

- "Por favor, no te vayas"

Siempre fuiste tú, la razón por la que continué con la vida como la era antes, siempre fuiste tú Viola. Tenía que aguantar todo lo que pasé porque quería que tuvieras una vida cómoda, llena de lujos. Una vida fácil y no el triste y gris panorama que llenó nuestra infancia. No quería que fueras infeliz, así que dediqué todo mi esfuerzo para hacer de ti, la mujer que mi hermana hubiese querido ser también.

- "No me dejes"

Entonces ocurrió, exactamente igual que hace tantos años, tiré el arma a un costado y decidí seguir viviendo. Me agarré de los cabellos de mi niña, la abracé con todas mis fuerzas y de nuevo, me aferré a la vida. Ninguna dijo nada mientras nuestro momento duró, ¿qué habría qué decir? Nada. Simplemente nos mantuvimos ahí en el piso, disfrutando del crujido de la madera de la vieja casa, el silbido del viento que atravesaba los campos de bambú, el sonido del espanta ánimas en el dintel de la puerta y el cálido ambiente de un verano en Arashiyama.

Por un momento sentí que ahí, en el viejo piso de la casa, alguien me acariciaba con ternura los cabellos a mí también. Aunque creo que eso fue simplemente mi imaginación, ya que en esa habitación sólo habíamos dos personas. Mi hija Viola y yo.


N/A: Creo que este ha sido el capítulo más corto de todos, pero es que en realidad tenía que poner aparte la historia de las Fujino con la de Natsuki. Era poco lo que faltaba de ellas y en realidad sólo me queda ya concluir una historia que ha abarcado prácticamente una vida por personaje. El siguiente capítulo inicia seis años después de la muerte de Saeko en la vida de Natsuki, por lo tanto, su desenlace es algo que confieso no he decidido todavía. Calma, no voy a abandonar el fic, pero debo terminarlo antes de marzo o ya de plano no lo podré culminar.

Oye chica colombiana, sí, tú sabes de quién hablo. Yo siempre cumplo mis promesas y el próximo capítulo será como quedé contigo, no te vayas a echar para atrás luego y desperdicies la oportunidad que se te presentará en bandeja de plata. Después de todo, sólo se vive una vez, ¿no?