Prisionera
Acto Nueve
Tú serás mía
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-Padre.- dijo Aoshi esa mañana, muy erguido ante Okina.- Debes saber que deseo romper mi compromiso con Kaoru Kamiya.-
Okina siguió tomándose su tecito tan tranquilo.
-En verdad no siento nada por ella y en cambio, he pensado en Misao para hacerla mi esposa, aunque tenga que esperar un año más por ella.
Nada, su padre ni lo miró.
-Pero dime algo, papá.-
Dejando la taza sobre la bandeja a su lado, Okina, que estaba sentado en el porche miró a su hijo.
-Me parece bien. Espero que si ella es la elegida de tu corazón, tenga uno bien fuerte para sostener tu espíritu ninja.-
Aoshi pasó saliva.
-Eso ha quedado atrás, papá. Todo eso ha terminado. Tú y yo somos simples civiles. Tenemos un restaurante… -
-Qué funciona de fachada para la red de información que manejamos. Me pregunto si Misao será capaz de lidiar con eso.-
-Papá… nuestra red de información no es muy útil. Ni siquiera hemos podido averiguar dónde se encuentra Kaoru.-
Okina suspiró.
-Tienes razón. Este clan ninja está en completa decadencia. Si su líder no nos hubiera abandonado… si la última Okashira hubiera permanecido leal a sus hombres.-
El anciano se puso de pie y caminó hacia el maravilloso estanque de su jardín.
-Puede haber hombres fuertes, con las más increíbles habilidades. Pero son pocos los que tienen el don de mando, la sabiduría para dirigir. Sakura fue la última exponente de esas personas pero se fue con un civil y nos dejó decapitados. Como buena ninja que era, cubrió perfectamente sus pasos y nunca pudimos dar con ella, aunque dicen que sus cuatro guardianes siempre la acompañaron, pero hicieron el juramento de no develar su paradero.-
Okina se volvió hacia Aoshi.
-Tú tienes el don de dirigir. Posees una aguda inteligencia y estoy seguro que hubieras sido el mejor ninja del mundo. Incluso recibiste un arduo entrenamiento durante tu infancia y juventud para que algún día , de ser necesario, guiaras las filas en defensa de la ciudad. Pero el clan se derrumbó… y ni siquiera nosotros, guerreros de alto rango podemos hacer nada por eso. Hijo… si tanto quieres a tu Misao, búscala. Pero recuerda que algún día algo pasará… tendremos que salir a pelear y ella deberá estar preparada para ser la mujer de un guerrero.-
Aoshi asintió.
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Antes del amanecer Misao regresó a su casa, pero le costó mucho tiempo quedarse dormida. ¡El cuento que le contaba su madre sobre los guardianes ninja era cierto!
Ella les había contado todo sobre la desaparición de Kaoru y las circunstancias que la obligaron a tomar tal decisión tan desesperada. Los cuatro hombres la escucharon con respeto. Al finalizar el relato, uno que tenía una máscara de diablo, Hannya, se dirigió a ella.
-Nosotros partiremos en busca de su prima querida, pero a cambio, usted debe acompañarnos en la travesía.-
-¿Yo?… ¿Y por qué?-
-Porque eres la hija de Sakura.- dijo uno gordo que era Hyotoko.- Ahora que nos ha llamado por su propia voluntad, tenemos la obligación de cuidar de usted.-
-Son las instrucciones que nos dejó la Okashira Sakura. "Si mi hija les busca algún día, es que está lista para iniciar el viaje"- mencionó Shikijo, un hombre con una impresionante armadura de músculos.-
-¿Viaje?… ¿De qué hablan?- preguntó Misao con el corazón desbordado.
-Señorita Misao… - dijo Beshimi, un hombre pequeño y feucho.- ¿Sabe usted lo que significa "Okashira Sakura"?-
Misao negó con la cabeza. No tenía ni idea.
-Significa que es la autoridad máxima del grupo Oniwabanshu.-
-¿Mi mamá…? Es imposible. Ella era una mujer muy delicada… muy sensible. Siempre estaba en cama.-
-Lo sabemos. Cuando usted era pequeña ella contrajo tuberculosis. Pero antes, cuando tenía su edad, ella nos guiaba en las misiones, con voz fuerte y clara. Su madre era una mujer valerosa, talentosa y ágil.- le contó Beshimi.- Y sin duda usted ha heredado sus cualidades.-
-¿Yo?… oh, no, ustedes no saben de lo que hablan, no me conocen. Soy la menor de mis hermanos… no tengo voz ni voto en casa y en verdad, tampoco mucha personalidad… temo a mi padre… -
-Pero está del lado de su prima porque usted comprende que ella es el débil, la víctima de esta historia.-
-¡Pero es que es así!.-
-A pesar de que a usted no le conviene que ella aparezca, usted desea ayudarla… -
-¿A qué se refieren?- preguntó Misao. Esta vez Hannya tomó la palabra.
-Conocemos sus sentimientos por el joven Shinomori.-
Misao enrojeció como la grana.
-Yo…-
-Está bien. Es un buen joven…- dijo Shikijo.- Y no se avergüence. Al menos usted tiene mejor gusto que su mamá, con todo respeto.-
-Como decíamos.- continuó Beshimi.- usted heredó más de su madre que de su padre, y por eso es preciso que nos acompañe. Porque nosotros la ayudaremos a ser mucho mejor, más firme, más valiente y decidida.-
En su cuarto, Misao rememoró esa escena una y otra vez. ¿Le habían dicho acaso que ella era una especie de princesa ninja? Era tan loco y a la vez tan… fascinante. ¿Qué diría Aoshi si se enterara?
Tendría que decírselo cuanto antes, porque ella huiría de su casa esa misma tarde.
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Kenshin se despertó de buen ánimo, cosa poco usual en él, y se desperezó con una sonrisa. Se levantó de un salto y se preparó para enfrentar un nuevo, brillante y glorioso día.
Luego de preparar el desayuno partió al cuarto de Kaoru para despertarla, cogiendo por el camino una toalla para arrojársela a la cara. Corrió la puerta de improviso y lanzó el proyectil.
-¡Despierta mo…! ¡¡¿Ehh?!!-
El futón estaba enrollado y todo en perfecto orden. De Kaoru, ni las luces.
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Cuando era niña, Kaoru solía ir de pesca con su padre, ya que al no tener hijos varones, Kojiro Kamiya le había enseñado ese tipo de cosas a su hija para compartir aficiones. Quizá por eso, y porque durante la noche soñó con él, Kaoru sintió la necesidad de levantarse un poco antes del amanecer para ir al río.
Se encontró una caña en la despensa de Kenshin y un anzuelo y pensó que si atrapaba un pez, sería algo rico para comer al almuerzo. Claro que tomaba un poco de tiempo que uno de ellos picara y a Kaoru pronto le dio sueño, asi que se acostó sobre la hierba con los brazos tras de la cabeza, con una pajita entre los labios y pensando que hacía tiempo no se sentía tan bien y tan tranquila. Entre la guerra, la muerte de su padre, los castigos y acosos del tío, el compromiso con Aoshi, el escape y el encuentro con Kenshin hasta el día de hoy, su alma se había mantenido frecuentemente agitada.
-Además él me tiene muy confundida. En verdad necesito estas horas de calma antes de empezar el trajín del día.- dijo en medio de un bostezo, con los ojos cerrados.
Despertó una hora más tarde, sintiéndose mejor tras escuchar el agua del río. Revisó su caña y con alegría descubrió un pescadito. Lo metió en una cesta y puso una nueva carnada en el anzuelo.
-Con dos comeremos mejor.-
Recién despierta y con el ánimo renovado, Kaoru miró hacia el estanque de Kenshin que estaba unos metros más allá. El sol estaba pegando fuerte y por otra parte, si se bañaba en el río espantaría a los peces. Puso a salvo la cesta de algún animalito indeseable y se fue a meter a la poza.
Se quitó el kimono y se anudó con cuidado la ropa interior, para que no se le cayera. Aunque nadie la vería, no quería arriesgarse a andar desnuda por ahí. En una de esas venía Sanosuke de improviso como la vez anterior. Luego corrió hacia el agua que estaba un poco fría y nadó vigorosamente.
-Helada, helada… brrrr… - dijo. Sin embargo, no salió de allí hasta que su cuerpo se acostumbró.
Giraba y reía como una sirenita, sintiéndose limpia y fresca cuando un escalofrío recorrió su espalda.
-¡Maldita mocosa del condenado infierno! ¿¡Qué demonios haces aquí!?-
La joven se volvió con cuidado. ¡Había olvidado dejar una nota anunciando su salida! Ahora Kenshin quizá la haría picadillo.
-Jeje… hola, Kenshin. Hem… hum… estaba… nadando.-
-¡¿Pero es que no piensas?! ¡¡Creí que te habías escapado!!-
-Le di mi palabra de no hacerlo.- respondió ella con suavidad, hundiéndose en el agua hasta la barbilla y chapoteando un poco. No se permitiría enfadarse. No en ese día que había empezado tan lindo a pesar de que Kenshin tenía cara de que iba a matarla.
-¿Y esperas que crea en tu palabra acaso?-
-Aquí estoy, ¿no?-
Kenshin tenía ganas de arrancarse el cabello. ¿Es que ella no entendía que él se había llenado de pánico al pensar que lo había dejado? Tomó aire para dominarse. No dejaría que Kaoru viera esa parte de él.
-Está bien.- dijo con resignación.- Ahora sale de una vez, que tenemos que desayunar.-
-Pero… vaya usted a la casa. Yo lo seguiré luego.- Ella quería quedarse un rato más en el agua. Kenshin se sentó en una roca.
-Mejor te espero.-
-Usted debería confiar más en mí.- observó la joven sonriendo, dando vueltas en el estanque agitando piernas y brazos. Pensó en su caña. ¿Habrá picado el segundo pez?
Kenshin la miraba atento. La mirada soñadora, el cabello suelto y la silueta delgada moviéndose con gracia en el agua era demasiado para él. Tal vez no debió haber salido a buscarla, porque sabía que ella volvería, ¿no? Pero ya era demasiado tarde y empezó a sentir los efectos de su hechizo. Quitándose la ropa, se metió al agua, abriéndose paso hasta llegar donde Kaoru que emergiendo, se limpiaba la cara con las manos y se acomodaba el cabello.
Al encontrarlo repentinamente a su lado, ella lo miró con cierto asombro.
-¿Quiere que le enseñe a nadar? Es muy fácil y estoy segura de que usted lo hará bien. Se podrá mover con rapidez.-
Kenshin no dijo nada y se la quedó mirando. La piel brillante, mojada… la tela que ocultaba los senos de su vista y que sin embargo los delineaba tan bien, el cabello negro contrastando con su piel pálida…
-Yo ya estoy lista. Además… dejé una caña… -
Sus labios levemente morados por el frío…
Kaoru pasó por su lado, en dirección a la salida. Tenía muchos planes, pero Kenshin la detuvo en seco, porque no pudo contenerse más y tomando a la joven por la cintura, la pegó a su cuerpo.
-¡Oiga!… ¿Qué… ?-
Ella no imaginó que el baño matutino terminaría así y por instinto, puso las manos sobre el pecho de él para apartarlo. Si bien se reconocía que él le gustaba, eso no significaba que se dejara asaltar así como así por él. Una vez Kenshin le había dicho que ella lo provocaba… le dio a entender que podrían ser amantes pero ella pensó que lo decía para insultarla. Y sin embargo, viendo esa reacción, ¿existía la posibilidad de que le atrajera ella?
-¡Suélteme!… ¡juro que no quería provocarlo!- exclamó haciendo palanca con sus brazos para alejarse de él.
-Pero lo hiciste.-
Kaoru iba a protestar, pero al entreabrir los labios, Kenshin se apoderó de su boca, cubriéndola, besándola con fuerza hasta que ella dejó de luchar. ¡Por Kami! ¡Nunca la habían besado antes y ella no hubiera querido que fuera así! ¿No se suponía que debía ser de un modo más suave, más dulce? Nuevamente intentó separarse, pero sólo consiguió que Kenshin cerrara más el abrazo e intensificara el beso. Sus senos se aplastaban contra un torso que parecía de piedra y apenas podía respirar. No valía la pena ir en contra de una fuerza como la suya y cuando Kenshin notó su sumisión, el beso empezó a cambiar, tornándose más pausado y suave.
La boca masculina tenía un sabor dulce que no esperaba en él y la besaba con cuidado, sin prisas y quizá por eso Kaoru ya no sintió ganas de apartarse, empezando a disfrutarlo.
Kenshin no pensaba mucho y se dejaba guiar por sus emociones. Aún teniendo a Kaoru por la cintura, la movió para apoyarla en una orilla del estanque para seguir con la caricia. Eso era algo que nunca planeó aunque estaba seguro que una parte suya estaba esperando una situación así desde hacía tiempo. Una situación en la que él no se cuestionaría nada, ni pasado ni futuro. Sólo se dedicaría a saborear el presente y después vería el modo de solucionar lo demás. Después de todo, ella la noche anterior le dio las pistas de que ese momento estaba a punto de llegar.
Pero no contaba con que Kaoru se estaba asustando con todo lo que sucedía o más bien, con todo lo que sentía. La joven rompió el hechizo al apartarse bruscamente de Kenshin, como había sido su idea desde el principio.
Lo siguiente que hizo fue pegarle una cachetada.
Kenshin, aun previendo que venía, no hizo nada por esquivarla.
-Supongo que después de esto ya no habrán clases de nado.- dijo él apenas mirándola, en voz muy baja y el rostro aún ladeado por el golpe.
-Yo... yo... – respondió ella al borde de las lágrimas.- ... Usted no debió.- reconoció avergonzada. Se dio la vuelta y de un salto salió del estanque, para correr hacia su ropa.
Kaoru realmente no sabía qué decir, pero había recordado los consejos de su padre sobre nunca permitir que un hombre tuviera un contacto así de íntimo con ella... de hecho ni siquiera era bien visto que le tocaran las manos si iban en ese plan. Y aunque Kenshin le gustaba y el beso la había hecho tambalearse, ella no estaba segura de que eso estuviera bien.
Acabó de vestirse, mojando su ropa y se cerró firmemente el kimono. Kenshin, cerca de ella sólo la miraba, poniéndose su ropa en silencio y ante lo tenso de la situación, Kaoru optó por sonreír.
-Esta mañana… he salido de pesca.- comenzó un poco insegura. ¿Le habían dado su primer beso y ella hablaba de pescados?- Yo… pensé que podríamos comerlos.-
Kaoru miró a Kenshin evidentemente confundida y la verdad, un poco asustada.
-Está bien.-
La joven abrió la boca para decir algo pero no pudo articular palabra alguna. Sintió el rubor aún más intenso en sus mejillas y al no saber qué estaba pasando allí con certeza, se dio a la fuga muy contrariada y con el corazón latiendo sin control, en dirección a su caña con una nueva presa y la cesta.
Kenshin vio a Kaoru correr para coger los pescados y no hizo nada por acercarse a ella.
"Soy un imbécil... un imbécil... ahora si que la he asustado... pero... al tenerla así, tan cerca ¡tenía que ser de piedra para no tentarme de esa manera!... ¡Esto no tuvo que haber pasado, ahora la mocosa me odia seguramente! Conociéndola es bien capaz de escaparse esta misma noche y ¿con qué moral he de detenerla si yo mismo le di motivos? Estúpido Himura, tuviste que haber pensado más. Kaoru es una joven tierna y no se la puede abordar a lo bruto"- se decía mientras ella se le acercaba con la cesta.-"Tal vez deba empezar de otra manera con ella."
Se acercó a la chica y le quitó la cesta de las manos, asi como la caña.
-Yo llevaré esto.- dijo gentil.- Después de todo ya trabajaste algo consiguiéndolo. Ven, te ayudaré.- Agregó al pasar por un terreno complicado y extenderle su mano.
Kaoru lo miró un momento con desconfianza, sin embargo, suspirando, lo aceptó y avanzaron hacia la casa, muy callados. Mirándola de reojo, y aunque sabía que debía hacerlo, Kenshin no se pensaba disculpar porque no estaba ni arrepentido de lo que había hecho.
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-¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!! ¡Pero es que no pudo pasarte eso!-
Kaoru se revolvía de la risa en el porche mientras Sanosuke se tomaba el estómago muy serio.
-No fue gracioso.-
Kenshin los miraba desde la puerta de la casa. Él también tenía ganas de reír mientras preparaba el fuego para asar los pescados que serviría con arroz, en el patio.
-Pero Sano… anoche tomamos esa cosa llamada cerveza, y el sake… ¿Y luego te tomas las cuatro botellas tú solo? ¿Qué esperabas que pasara?- dijo Kaoru risueña.
-Esto fue tu culpa. Tú me dijiste que debía ser determinado y seguro y yo solo traté de animarme con el sake. Ahora Megumi no me quiere ni ver. Estoy peor de cómo empecé y tú tienes que sacarme de este embrollo.- la apuntó.
-Pero… Sano… yo no sé como ayudarte. Nunca un chico se me ha declarado antes asi que no tengo un referente que te pueda servir.-
"Pero te han besado" pensó Kenshin, y rió quedo mirando a Kaoru discutir con Sanosuke.
-¡Pero eres una chica! Algo tiene que haber… Hem… oye, Kenshin, tú ya estuviste casado. Dime cómo te declaraste a tu esposa.-
Kenshin sintió los ojos de Kaoru puestos sobre él.
-Yo no me tuve que declarar. Nos casamos porque nos obligó la guerra. Yo era un soldado fugitivo y ella me serviría para el disfraz de un simple campesino casado.-
-¿Entonces no sabes como declararte?- preguntó el joven como si no pudiera creer tal cosa. Kenshin se puso un poco rojo.
-No es algo que me interese aprender.- respondió con arrogancia.
Kaoru y Sanosuke se miraron. Y de pronto, a él se le ocurrió una idea que consideró luminosa.
-Kaoru, como tú no sabes de declaraciones, ni Kenshin ni yo, nos ayudaremos con un juego. Kenshin y yo te haremos declaraciones románticas y al final tú nos dirás cual te gustó más.-
-Yo no pienso participar de esa chiquillada.- declaró Kenshin. Sanosuke ni Kaoru se desanimaron.
-No importa, Kaoru. Yo te declararé mi amor y practicaré hasta que me digas que me sale bien.-
La idea de Sanosuke diciéndole mil veces "te amo" a Kaoru, aunque se tratara de un juego, no le gustó nada al pelirrojo, asi que regresó junto a ellos.
-Está bien. Los ayudaré, par de mocosos.-
-Lo primero es el lugar. Kaoru, ¿dónde preferirías que te declarara mi amor?- preguntó Sanosuke. La chica pensó un poco, risueña.
-Bajo un árbol de cerezo florecido… o en la orilla de un río a la luz de la luna.-
-Eres exigente.- observó su amigo.
-Me parece más romántico.- contestó ella.
-Aquí no hay cerezos florecidos, pero este árbol es frondoso. Tendrá que servir.- dijo Kenshin muy serio, palmeando el tronco de un gran árbol en el patio.
-Muy bien.- dijo Sanosuke en cuanto se acomodaron.- Yo voy primero. Te tomaré las manos.-
-Está bien.- dijo Kaoru.
Kenshin observó atento como Kaoru se dejaba tomar las manos por Sanosuke. Le dio rabia que ella no lo rechazara.
-Kaoru… eres… eres… muy bonita.-
-Gracias.- dijo ella.
-Y tus ojos son como… como dos estrellas y tu piel… parece marfil. Tus labios rojos… -
Kaoru suspiró. Ella no era blanca ni tenía los labios rojos. Sin duda Sano veía en ella a Megumi y se relajó.
-… y tan inteligente… y siempre salvas a todos… y no te importa ver sangre y me alimentas gratis aunque bueno, me haces trabajar como esclavo y siempre me regañas.-
¿Esa era un declaración o una enumeración de defectos y virtudes? Kaoru reprimió una risita. Kenshin ni se preocupó en disimular un bostezo.
-Oye, oye… - dijo el pelirrojo apartando a Sanosuke de un manotazo.- A ese paso Megumi acabará estrellándote contra la pared. No es que yo sepa mucho de declaraciones, pero creo que debes ser más directo.-
-Es lo que le dije anoche.- dijo Kaoru.
-Pero… -
-Pon atención.- dijo Kenshin plantándose frente a Kaoru y tomando sus manos, carraspeó un poco, para luego mirarla directo a los ojos.- Kaoru… no espero que me creas ahora… y ni yo me lo esperaba, pero te amo. Y si me lo permites, me pasaré una vida a tu lado para demostrártelo hasta el último de mis días.-
El silencio absoluto se apoderó del patio. Incluso los pájaros dejaron de trinar. A Sanosuke hasta se le cayó una lagrimita.
Kaoru sólo miraba a Kenshin y sus mejillas se tiñeron de rojo mientras él seguía sin soltar sus manos…
-Yo… yo… - Kaoru era incapaz de articular una frase.
-¡¡¡FAN… TÁSTICO!!!- Gritó Sanosuke pegando un salto espectacular.- ¡Oh, Kenshin amigo, qué declaración, qué desplante! ¡Incluso dejaste sin habla a la chiquilla! Por favor, se mi maestro. Debo tomar apuntes de esto. Aguarda un momento, que iré por un papel y un pincel.
Sanosuke corrió al interior de la casa y Kenshin volvió su atención a Kaoru.
-¿Demasiada emoción para ti, mocosa?-
Mocosa. El apelativo regresó a Kaoru al mundo real.
-Ehh, no… - dijo soltándose de él y poniendo distancia.- Es sólo que no pensé que usted pudiera decir algo tan lindo. Espero que algún día alguien se me declare así pero de verdad.-
-¿Y quién te dice que esto no es de verdad?- preguntó Kenshin con aire inocente. Las mejillas de Kaoru volvieron a ponerse de un rojo furioso y su corazón dio un vuelco. Miró al pelirrojo a los ojos.
-¿Qué me está diciendo?-
-¡¡Eres espectacular, Kenshin!! Ya… ahora repíteme palabra por palabra eso que dijiste. Debo aprendérmelo.- dijo Sanosuke poniendo el papel en el suelo y preparando el pincel en la tinta.
Kenshin siguió mirando a Kaoru, mientras dictaba remarcando cada palabra de su pequeño discurso.
-No espero que me creas ahora… -pausa para que Sanosuke escribiera.- … Y ni yo me lo esperaba, pero te amo… Y si me lo permites… me pasaré una vida a tu lado… para demostrártelo… hasta el último de mis días.-
-Oh, Kenshin, esto es sublime. ¿Se te ocurre alguna otra declaración, por si esta se me olvida?-
-Si se te olvida, haz algo fácil. Mírala directo a los ojos y dile "Me gustas mucho".-
Las piernas de Kaoru se volvieron de gelatina porque Kenshin lo dijo mirándola a ella. Luego el pelirrojo se dirigió al joven.
-Sanosuke… tienes que ser decidido e ir directo al punto. No olvides eso. A Megumi no le interesará saber que su pelo es oscuro y el cielo azul porque ya lo sabe. Lo que no sabe es que la amas y eso es lo que le tienes que decir.-
El joven tomaba apuntes en otra hoja de papel. Kaoru, que lo miraba, sintió en torno a su cintura una mano de Kenshin, que se colocó a su lado.
-Y si se te da la oportunidad, bésala.-
Sanosuke terminó de escribir.
-Genial, con esto tengo. Y ya me tengo que ir porque Megumi me quería para limpiar la sala de quebrados.- dijo apurado, metiéndose las hojas de papel entre la ropa y manchándose el pecho con la tinta fresca. Kenshin y Kaoru lo vieron perderse entre el follaje del camino mientras él corría.
Kaoru suspiró. Se estaba poniendo nerviosa. Miró a Kenshin que no la soltaba.
-¿Y ahora? - preguntó, esperando que fuera la hora de preparar el almuerzo. Pero al parecer Kenshin tenía otros planes.
-Ahora… - dijo tomándola con la otra mano e inclinándose sobre ella.-… yo aprovecho mi oportunidad.
Kaoru por instinto retrocedió un paso y se encontró con el tronco del árbol a su espalda. Acorralada, sintió los labios de Kenshin hacer contacto con los suyos y su cuerpo presionando al de ella.
La joven trató de pensar. ¿Qué hacía? ¿Se hacía la ofendida y lo golpeaba, o le respondía? ¡Ya era la segunda vez en el día que le daba un beso!
Separó un poco los labios y Kenshin se movió sobre ellos. La joven imitó su movimiento y cerró los ojos, sintiendo la más maravillosa de las caricias recibidas hasta el momento. Kenshin la apretó un poco más contra él, extasiado, besándola.
-Me gustas, Kaoru… me gustas mucho… - decía, apenas apartándose de su boca, notando que la joven se dejaba besar sin oponer ninguna resistencia porque aunque quisiera no lo haría, ya que ella era tan transparente que si sentía algo por él, no podría disimularlo.-¿Acaso no lo has notado?-
Kenshin se separó de ella, quien permaneció con los ojos cerrados por espacio de unos segundos.
-Usted… - comenzó Kaoru al mirarlo, pero ya no se le ocurrió cómo continuar. El pelirrojo rió.
-Ahora ya puedes decir que se te han declarado y te han besado.- Kenshin se dio la media vuelta y se fue a ver el asador, dejando a la chica contrariada. ¿Qué había sido todo eso?
¿Acaso la estaba bromeando?
Se tocó los labios… se había sentido tan bien… tan real.
Reaccionando, corrió tras él.
-¡Espere!-
Kenshin, que ya estaba acomodando los pescados ni se inmutó. Tampoco se volvió para verla.
-Usted… usted… ¡Me besó y yo… !-
-Te ha gustado, ¿no?-
Frente a él, Kaoru no podía pensar con claridad. Ni siquiera estaba segura de qué quería reclamarle.
-Bueno… si.- respondió ella un poco insegura.
-Y yo te gusto, ¿no?-
-Ehh…- Kaoru bajó la vista. Kenshin alzó una ceja y ella se puso nerviosa. -Sí… es decir… un poco.-
-Kaoru.- dijo Kenshin volviéndose completamente hacia ella.- Seré directo. Tú me gustas y yo te gusto y eso está bien. Pero yo soy un hombre adulto, que hace años no está con ninguna mujer y pretendo tener una relación contigo. No esperes chiquilladas como besos a la luz de la luna o flores al despertar porque yo no sé ser hombre romántico. Vas a ser mi mujer y tendrás la libertad de decidir hasta cuando quieres seguir, pero esto inicia hoy.-
-¿Su… su mujer?.- dijo Kaoru repentinamente asustada.
-No te preocupes. No te voy a tomar por la fuerza, pero te aseguro que acabarás accediendo.-
-Pero… Kenshin… usted no me soporta… ¡Esta es una mala broma!- dijo desvalida. Kenshin se puso de pie y la tomó de los brazos.
-Ya te lo he dicho. Soy un adulto y no me vengo con niñerías. Me gustas, Kaoru Kamiya y te aseguro que yo tampoco quería que esto pasara, pero sucedió y en vista de que podemos pasarla bien, no te voy a soltar. Ya no me pienso seguir conteniendo porque me estoy volviendo loco. He pensado en matar a Sanosuke y rebanarte el cuello porque no pienso con claridad. Podría pasarme un día completo sólo mirándote y no soy hombre pasivo, sino más bien de acción. Asi que acepta mis condiciones o… -
-¿O…?- Preguntó la chica pasando saliva.
-Da lo mismo. No tienes opción.
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Aoshi salió al patio a tomar aire fresco. Acababa de terminar la contabilidad del restaurante.
-Joven Aoshi… -
El aludido se volvió hacia donde venía la voz. ¿Misao? Se apresuró en llegar hasta ella y tomarle las manos.
-¿Cómo te escapaste?-
-Necesitaba verlo.-
-Pero… tu padre te castigará si te descubre.-
Aoshi de pronto reparó en un pequeño bolso que llevaba la joven en la espalda.
-Me he venido a despedir. Ya no volveré a mi casa y me iré a buscar a Kaoru.-
-¿Qué dices? Misao… tú no puedes hacer eso. Ni siquiera tienes una pista, te puede pasar algo… -
-Es que… -
-No puedo permitir eso, Misao.- dijo tomándola de un brazo.
-No… joven Aoshi, ¡no me devuelva a mi casa, por favor! ¡Yo no podría soportar que me traicionara de nuevo!- imploró, pero Aoshi le tapó la boca y la jaló hasta su cuarto donde se encerró con ella, indicándole que callara.
Su padre dijo que llegaría el día en que sus habilidades ninja servirían y ese era el momento. ¿Qué mejor que usar su poder en beneficio de Misao?
Sacó unas cosas que metió en un bolso y luego un traje azul que empacó con cuidado. De inmediato se volvió hacia ella.
-Te acompañaré.- dijo resuelto. Y aunque Misao no sabía como decirle que debía ir sola con sus nuevos guardianes, algo le dijo que no podría hacer cambiar de opinión a Aoshi.
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Luego de un día lleno de emociones, Kaoru se encontró en su cuarto, cepillándose el cabello, asombrada aún por los acontecimientos. Kenshin medio enamorado de ella y declarándole que la haría su mujer. De sólo pensar en eso le daba nervio y hasta le dolía la panza.
Se hizo una trenza que cayó con estilo sobre su hombro y se acomodó en su futón. Dormiría, y quizá al despertar se diera cuenta de que todo eso había sido un sueño. Pero lo cierto es que al cerrar los ojos sintió la puerta que se corría. Los abrió sobresaltada y miró a Kenshin.
-¿Necesita algo?-
-Desde luego.- dijo acercándose.- Vengo a dormir contigo.-
-¿Le dejo el futón o le ayudo con los cojines?-
-No me refiero a dormir en el mismo cuarto como dos hermanitos. Lo haremos en el mismo futón y punto. Desde hoy eres mi mujer y eso es lo que corresponde.-
¿Lo que corresponde?… Kaoru vio a Kenshin acostarse junto a ella, de costado, mirándola.
-Acuéstate.- Le ordenó él. La joven lo hizo y su cuello hizo contacto con el brazo masculino que usaría de almohada, quisiera o no. Como sus rodillas chocaban con las de Kenshin, éste pasó una pierna sobre las de ella. - Así está mejor.-
Sin decir más, cerró los ojos y al cabo de un rato se quedó dormido. Pero Kaoru, que temía moverse para no enfadarlo, ya sentía un hombro hormigueándole. Estaba además, temblando sin poder controlarse y aunque se obligó a pensar que Kenshin era un almohadón grande, nada disminuyó sus nervios y por ende le costó conciliar el sueño.
De pronto sintió que él se movía y la besaba, a la par que le acariciaba un seno sobre la yukata. Se puso tiesa y luego la caricia terminó. Entonces se dio cuenta de que llevaba casi un minuto conteniendo la respiración.
Finalmente se dio valor y se acomodó de espaldas a Kenshin, notando que de inmediato él le pasaba una mano por la cintura y se amoldaba por completo a su cuerpo. Suspirando, y sintiendo que después de todo, ya no estaba tan mal, pudo quedarse dormida.
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Kenshin se sentía muy animado esa mañana, ya que por primera vez en mucho tiempo durmió profundamente aunque por la costumbre despertó temprano. Se escabulló a la cocina, dejando a Kaoru reponiendo el sueño perdido y prometiéndose regresar en cuanto el desayuno estuviera listo.
Pobre chica. Estuvo tan tensa la noche anterior que él pensó que se rompería.
Por lo pronto había un nuevo cambio de planes: Kaoru no podrá cortar con esa relación aunque quisiera. Ahora que había decidido hacerla su mujer le daría tiempo a la joven para acostumbrarse a su cercanía y a estar con él en el futón. Ya después le enseñaría que podían hacer cosas más divertidas que dormir.
Iba a calentar agua cuando se dio cuenta que no le quedaba leña. Se reprochó mentalmente por el descuido y salió a buscar un poco al bosque para salir del apuro, prometiéndose que por la tarde se dedicaría a acarrear más y a picar para abastecerse bien.
Regresaba a casa con algunas ramas gruesas que había cortado gracias a su prodigioso dominio de la espada, cuando notó que un hombre estaba siendo asaltado. Tuvo un sentimiento extraño al ver la escena y soltando sus leños, corrió a prestar ayuda al hombre en apuros. Notó que este, si bien estaba en el piso, esquivaba los golpes con cierta facilidad, pero se notaba también que estaba cansado. En cuanto Kenshin intervino, los cuatro antisociales que lo atacaban huyeron de allí, jurando que nunca más pisarían ese bosque para no toparse con el demonio de cabello rojo del que hablaban las ancianas en el pueblo.
-Muchas gracias, señor espadachín.- comenzó el hombre, atrayendo la atención de Kenshin sobre él, ya que estaba mirando a los asaltantes perderse a lo lejos.
-No hay qué agradecer. Es un deber limpiar estos lugares de gente como esa.-
Kenshin miró atentamente al hombre de edad mediana y negros cabellos. Quedó por un momento shockeado con sus ojos negros ya que su forma de mirar le resultaba familiar. El hombre se sacudió la ropa echa jirones y tomó el morral que traía. También recogió una flor que se le había caído.
-Si no fuera por esa prohibición de portar armas, otra sería mi situación, señor espadachín. Me alegro que usted al menos no haya hecho caso de esa idea, porque siento que es capaz de usar su espada para bien. Por cierto, es una espada especial. Por lo que noté, no mató a nadie y eso es bueno.-
A pesar de su aspecto, el hombre hablaba educadamente. Kenshin extrañamente se relajó con él. Quizá era porque aún se sentía contento por lo de la noche…
-No es mi intención matar a nadie. Sólo defenderme y vivir en paz.- respondió Kenshin, yendo a recoger sus leños. Luego agregó.- ¿Va hacia algún lado?-
-Me dirijo al pueblo. Me indicaron este sendero.-
-Ya veo, viene del norte.-
-Así es. Debo llegar antes del mediodía para tomar el carruaje… estoy cansado de caminar. Llevo toda la noche en esto.-
El hombre trató de avanzar, denotando que cojeaba. Kenshin tuvo uno de esos impulsos raros que había tenido últimamente con Kaoru y lo invitó a comer algo antes de seguir su viaje.
-Está muy cerca del pueblo, así que tiene tiempo de reponerse comiendo algo. Venga a mi casa.-
-Gracias, señor samurai, pero no quiero importunar a su familia.-
Kenshin sonrió.
-Oh, no se preocupe… mi… mi mujer está durmiendo y lo hace hasta tarde. No la molestaremos.-
Durante el desayuno, Kenshin se enteró de algunas cosas de ese viajero. Por ejemplo, que había sufrido un desastroso ataque que lo dejó incapacitado durante varios meses para moverse, sin contar el tiempo que estuvo inconsciente. Al despertar, se encontró en un lugar extraño donde había más heridos como él pero era un sitio totalmente aislado.
-Ya la guerra terminó hace mucho y yo me he retrasado demasiado en regresar a casa. Como soy impulsivo, en cuanto pude volver a caminar me fui de donde estaba recuperándome, sin detenerme a pensar en qué comer o donde dormir. Sólo tengo algo de dinero para llegar a mi destino y no quiero gastarlo aún ya que no estoy del todo seguro de en qué lugar me encuentro exactamente y qué medio de trasporte puedo tomar.- dijo al ponerse de pie, agradeciendo el momento de descanso y comida que recibió. Le mencionó a Kenshin el nombre del lugar al que tenía que llegar y éste le dio indicaciones de cómo hacerlo más rápido según las rutas, además de orientarlo.
-Tardará unos diez días más o menos andando por el camino principal, a menos que le alcance para el tren que según he oído, es muy rápido pero algo caro… de todos modos a pie tardará más y gastará el mismo dinero en comer. También podría tomar un barco si se dirige al puerto.
El hombre estaba muy agradecido porque antes, nadie se había tomado la molestia de indicarle ese tipo de cosas. Él realmente estaba muy desorientado.
-Tome.- dijo el pelirrojo pasándole un paquete que extrajo de su despensa.- Estas me sobraron de un viaje que realicé hace poco. Son galletas especiales y le darán la energía que necesita para llegar hasta su casa. Las prepara un médico para mí.-
-Muchas gracias, joven espadachín. Realmente nunca olvidaré este gesto suyo.-
-No tiene que agradecer.- repuso Kenshin, acompañándolo al camino nuevamente.- Noté al verlo que usted es muy hábil, supongo que tiene experiencia en el manejo de la espada y con los datos que me ha dado, creo que es un herido de guerra. Sin importar el bando al que perteneció, usted estuvo a punto de perder la vida y todo lo que más quería por un ideal y yo… puedo comprender eso perfectamente.-
-Pero usted es muy joven.- dijo el hombre.
Kenshin sonrió. Mucha gente le decía lo mismo.
-Usted pudo perfectamente defenderse de esos sujetos de haber tenido un arma ¿no es asi?-
El hombre bajó la vista.
-Sí, pero… realmente no me gusta dañar a la gente con las espadas. Pienso… pienso que una espada debe servir para proteger la vida de las personas que uno más ama. Tiene usted razón, yo estuve en la guerra y me vi obligado a matar pero no quiero volver a esgrimir una en mi vida a menos que sea de madera. ¿Sabe? Siento que de haber sido otras las circunstancias podríamos nosotros haber sido amigos. Yo no soy muy dado a conversar con extraños y véame aquí… de todos modos…- añadió al mirar hacia el cielo.- … el sol no se detendrá en su camino hacia lo alto. Me marcharé. –
-Le deseo mucha suerte, señor.-
El hombre iba caminando cuando se volvió hacia Kenshin y le extendió la flor que traía.
-Por favor, reciba esta flor como una pequeña muestra de agradecimiento. No es mucho pero al verla pensé en mi hija, aunque estoy seguro que cuando llegue donde ella, esta flor ya se habrá secado. Mejor désela a su esposa mientras aún conserva su aroma.-
Kenshin aceptó el obsequió y despidió al viajero. Luego entró a la cocina nuevamente y preparó un nuevo desayuno que colocó en una bandeja. De inmediato, puso la flor a un lado y regresó a la habitación, riendo quedo.
Como suponía, Kaoru aún dormía. El reloj indicaba poco menos de las diez de la mañana.
Se recostó a su lado y la besó en el cuello, logrando que ella despertara pero no abrió los ojos; sólo se acomodó mejor y siguió durmiendo feliz. Él se quedó contemplándola y soltó una carcajada leve cuando Kaoru cayó en cuenta de que estaba acurrucada contra él, porque abrió los ojos de improviso y se sonrojó notoriamente al mirarlo a la cara.
Al recordar lo sucedido y calmarse, su vista se topó con la flor solitaria. Fascinada por su aparición, comentó en una sonrisa:
-¿Cómo supo que esta es mi flor favorita?-
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Fin acto nueve
Tú serás mía.
Enero 16, 2009
Notas de autora.
Hola!!!
Me voy de vacaciones. ¡¡¡Yupi!!!
En realidad, en el momento en que ustedes lean esto yo estaré en mis dulces, dulces vacaciones con mi Roberto, mis padres, hermanos y un cuñado. Nos vamos en caravana… ¡QUÉ EMOCIÓN!
Bien, repasemos el fanfic. Primero, Misao y Aoshi… o más bien Misao. Desde la concepción de "Prisionera" ella sería un personaje que evolucionaría a algo mejor… como superación personal. Mientras Kaoru juega a la casita, su prima se divertirá aprendiendo a trepar árboles, disfrazándose de lo que sea y divirtiéndose mucho. Lo mejor es que Aoshi se convencerá que no pudo haber hecho mejor elección, porque la pequeña es mucho más de lo que aparenta.
Sanosuke y su declaración de amor han servido a Kaoru para tener la primera suya, aunque desde luego si a mi se me plantara un tipo, por mucho que me guste, y me diga "Serás mi mujer", se me cae el pelo. Yo me imagino que con mayor razón a Kaoru, (y por eso tanto nervio y renuencia aunque le gusta el Kenshin) porque ella vive en una época donde los secretos de alcoba se develan poco antes del matrimonio y no se andan publicitando de diversas maneras en los medios de comunicación. Aun mi madre me dice que en sus años de juventud una podía estar con el chico que le gustaba tomando helados y eso de irse a la cama y a los besos no era algo de lo que estuvieran pendientes. Pasaba, claro está, pero no a los niveles de hoy día.
Aunque claro, se ve que Kenshin está un poco más apurado con eso. Ahí tienen la contraparte de la chica.
En fin, ya no hago más reflexiones. Tengo que planificar un encuentro, una batalla, un viaje y unos cuantos besos más.
¡¡Hasta Febrero!!
Blankaoru.
Y gracias, gracias a todas y todos por sus reviews.
