Prisionera
Acto Diez
La amenaza del Diablo
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Chizuru ya estaba harta de esa situación pero no había mucho que pudiera hacer. Tenía las manos atadas atrás de su espalda y sentía la piel húmeda, debido al sudor que le causaba el calor en esa habitación. Además, estaba oscuro.
-Pero ya vendrá alguien a rescatarnos. Mi abuelo sin duda hará algo.- dijo la chica con convicción.- Tal vez la policía… -
Su hermana mayor, Sayo, sólo suspiró. Ya quería que ese infierno acabara, porque se encontraba enferma y a veces tosía tanto que le costaba respirar. Además, uno de los sujetos le había hecho ver que si para esa noche no se pagaba el rescate, el jefe les había dado a él y al resto de la banda, permiso para entretenerse con ellas. Y ese sujeto en especial estaba baboso por tocar su piel.
Suspiró. Llevaba cuatro días en ese cuarto y sólo las dejaban salir dos veces para hacer sus necesidades. Les daban la comida en la boca para no soltarlas y ya tenían las muñecas lastimadas por la soga. Sin embargo, tanto Sayo como Chizuru no se permitían llorar. No lo harían porque eso sería mostrarse débil y no podían hacer tal cosa, ya que significaría que ya no confiaban en el abuelo.
-Malditos secuestradores. Pero me la van a pagar… juro que tarde o temprano me la van a pagar.- dijo Chizuru impotente, moviéndose hacia su hermana a la que le subía la fiebre y empezaba nuevamente con el ataque de tos, tratando al menos, con su compañía, de brindarle algo que la pudiera hacer sentir mejor.
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Matsusoo Kamiya se levantó temprano para atender a un hombre que dijo traer a Kaoru con él. Desde luego que todo resultó una farsa de un par de oportunistas que querían la deliciosa recompensa. Luego de ordenar a sus hombres que los pusieran de patitas en las afueras del pueblo y de preferencia por las malas, mandó a la más vieja de sus sirvientas a prepararle algo para el dolor de cabeza.
Rato después, y más repuesto, decidió hacer una visita a la menor de sus hijas. Pero al entrar a su cuarto se topó con todo en perfecto orden y de ella ni las luces.
Pero encima del enrollado futón había un sobre que él, con el corazón latiendo acelerado, se apresuró en leer.
"Entréguese sólo a Matsusoo Kamiya"
Con las manos temblorosas, Matsusoo lo abrió rápido, quitándole el sello.
"Padre:
Conozco perfectamente los motivos que tuvo Kaoru para escapar de esta casa. También conozco tus sentimientos hacia ella y sé lo que harás cuando regrese. He observado como te juntas con indeseables para que la encuentren y me da mucha pena admitir que te estás volviendo loco.
Pero que sepa todo eso y no haya dicho nada al respecto no significa que lo apruebe. Me voy con el fin de encontrar a mi prima y brindarle mi ayuda, aún si eso significa ir en tu contra. No sé si volveremos a vernos.
Padre, te quiero mucho, pero ya no eres el ejemplo que yo desearía seguir.
Misao"
-¡Maldición!.- exclamó Matsusoo apretando los ojos y golpeando el tatami con la carta arrugada en su puño.- ¡Maldición!- volvió a gritar y esta vez, se le escapó una lágrima.-Tiene que haber dejado un rastro. ¡Algo!-
Salió al patio principal de la casona, donde desesperado, gritó a viva voz:
-¡¡¡DÓNDE ESTÁ MISAO!!!-
Su fuerte voz retumbó por toda la casa y de inmediato sirvientes, guardias y hasta los hermanos mayores de Misao acudieron a verlo. Entonces, montado en cólera, se dirigió a todos ellos.
-Traigan los caballos y rastreen la zona. Esta vez se trata de mi hija y si no la encuentran, no tendré piedad con ustedes. ¡¡APRESÚRENSE!!.-
Todos obedecieron prontamente mientras él mismo tomaba un caballo y lo montaba, ya que iría a la cabeza de la expedición.
La más pequeña de sus hijas, a la que siempre ignoraba, era conciente del horrendo secreto que arrastraba su padre. Porque era la más hogareña y a la que nadie tomaba en cuenta. Una niña invisible para todos y que lo había sido incluso para él. Por eso no había cuidado de sus actitudes ni palabras cuando ella estaba cerca.
Misao debía saber de Mokona, el gran amor de su vida. La joven que se decidió por Kojiro Kamiya, su hermano, y que tuvo una única hija. Kaoru. Una chica que su hermano le dejó con el fin de que la cuidara, que cuando era pequeña corría hacia él agitando sus bracitos para que la elevara del suelo. Pero que al crecer heredó un increíble parecido físico con su madre.
Un parecido que le hizo perder la razón y todo escrúpulo. No sólo intentó tomarla a la fuerza sin lograrlo: la castigó más duramente que a sus sirvientes ante el menor desaire, y la que puso a servir a toda su casa. A la que deseó cada noche, sintiendo su alma carcomerse por el fuego de ese amor malsano. A la que ahora quería de vuelta a como diera lugar.
Una mujer por la que ya no le importaba dejarse el honor, la familia.
Después de todo, ¿quién lo juzgaría? Su hermano había muerto en la guerra, ella estaba bajo su cargo y sería suya. Por Kami que Kaoru sería suya.
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Sanosuke venía un poco agitado subiendo por el camino. Kenshin, que estaba guardando la leña que había picado temprano, en cuanto lo vio dejó su quehacer y salió a su encuentro.
-Hola, Sanosuke. ¿Pasa algo?-
El recién llegado miró un poco extrañado al pelirrojo. Kenshin no era de esas personas que a uno lo saluda al verlas aparecer, a menos que se tratara de Megumi a quien respetaba. Pero en fin, que él no estaba para pensar en esas cosas.
-Megumi te envía esto.- dijo aún jadeando por el esfuerzo que había hecho al subir.- Dijo que era urgente.-
Kenshin se apresuró a tomar el sobre y al ver el nombre del remitente tuvo un extraño presentimiento. Leyó la carta frente a Sanosuke, quien supo que se trataba de algo malo, a juzgar por la expresión del pelirrojo.
-¿Está todo bien, Kenshin?-
Kenshin arrugó la carta, repentinamente enfadado.
-No, no lo está. ¡Claro que no lo está!-
Por un momento, Sanosuke pensó que Kenshin lo iba a golpear, sin embargo éste logró dominarse.
-Disculpa.- dijo el pelirrojo.- Es que en verdad es una mala noticia y tengo que partir.-
-Ya veo… - contestó Sanosuke.- Pero si te vas… ¿qué harás con la chiquilla? Kenshin, no la puedes dejar sola… tengo algo que comentarte al respecto.-
Kenshin caminó hacia la casa. Kaoru… realmente, en ese momento había olvidado que debía resguardarla. Pero ya pensaría en eso. Por lo pronto debía cargar su espada y un ligero bolso de viaje.
-Dime, Sano.-
-Ayer por la tarde, cuando me fui de aquí, pasé por el cuartel aquél donde salen las personas perdidas o los ladrones por los que se da una recompensa. El precio puesto a Kaoru se triplicó… pero además… tú también estás en la lista. Por ti se ofrece el mismo precio, vivo o muerto. Se da una descripción tuya… ya sabes que eres algo llamativo con ese pelo y la marca en la cara. Quité el papel en que estaba esa información pero estoy seguro que pronto lo repondrán. Pero lo peor no es eso… porque poca gente de por aquí pone atención a esos carteles en la estación de policía. Lo grave es que hoy en la mañana, poco antes de que Megumi me entregara la carta, he escuchado que anda un tipo preguntando por "Battousai". Como generalmente vienes de noche, eso disimula el color de tu cabello y nadie sabe que eres el "demonio de cabello rojo y cicatriz en cruz", pero de todos modos es cuestión de tiempo para que ese tipo de contigo. -
A Kenshin esas noticias no le hicieron ni la más mínima gracia, agriándole su mañana.
-Escucha, Sanosuke, esto es lo que vamos a hacer… -
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¿Y él decía que no sabía ser hombre romántico ni decir cosas bonitas? Pues, para no saber esas cosas, esa mañana se había portado de lo más lindo con ella.
No sólo por el desayuno en la cama y la bella flor que ahora Kaoru con cuidado, colocaba entre sus cabellos. También su actitud era diferente. La había despertado tiernamente, sin arrojarle nada a la cara y además, la había dejado a solas para que se vistiera con calma.
-No me molesta que sea así conmigo si es que realmente pretende hacerme su mujer.- se dijo distraída y algo ruborizada. Pero de pronto sintió la puerta abrirse y le llegó un atado de ropa a la cara, acabando su sueño romántico.- ¡Oiga, qué demo…!-
-Póntelo y apresúrate. Tenemos que salir.- le dijo Kenshin muy serio antes de retirarse.
Kaoru extendió ante ella las prendas de vestir, algo confundida.
-¿Ehh? ¿Ropas de hombre nuevamente?-
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En alguna colina, Misao, sentada sobre la raíz enorme de un árbol, trataba de concentrarse.
-Lo estoy intentando, pero no me presionen.-
Y se tomaba las sienes haciendo presión, a ver si con eso su memoria se activaba.
-Necesitamos esa pista para saber por dónde empezar.- dijo Hannya.
Aoshi, a su lado, asintió.
Había sido una larga noche, muy dura y llena de sorpresas. El descubrir que Misao era la hija de aquella Okashira legendaria había sido la más impresionante de todas.
-Joven Aoshi… - le había dicho la joven antes de salir de la casa la noche anterior.- … usted no puede ir. Debo hacerlo yo sola.-
-Sola te será imposible. Por eso te acompañaré.-
-Pero puede ser peligroso.-
Aoshi se había enternecido con esa preocupación que notó en su voz.
-Por lo mismo debo ir contigo.-
-Pero es que a mi no me pasará nada. Voy con… con mis guardianes.-
-¿De qué hablas?-
-¿Se acuerda del barquito que puse en el río ayer?-
-Desde luego.-
-Pues… no se trataba de un juego. Era una instrucción que me dejó mi madre antes de morir, para el día en que yo necesitara ayuda. Y ha funcionado. Cuatro ninjas… -
La joven le narró lo sucedido y todo cuanto los guardianes le habían contado. Aoshi entonces fue a buscar a su padre e hizo que Misao repitiera todo lo que le había dicho.
-Entonces tú… pequeña… - Okina la miró asombrado.- Ahora me explicó por qué me recuperé tanto en tu compañía. Es la energía de la Okashira que se traspasa… tú tienes ese don.-
-Pero yo… -
-Aoshi, tienes mi venia para acompañar a esta niña. Hazlo, protégela y ten cuidado. Haz de cuenta que llevas el más importante de los tesoros.-
-Así lo haré, padre.-
Iban saliendo de la casa cuando Okina detuvo a Misao, y le enmarcó la cara en las manos.
-Yo conocí a tu madre y sé muchas cosas de ella. Cuando regreses, yo te entregaré un secreto.-
Misao lo miró emocionada y asintiendo, corrió tras Aoshi que pronto la cargó en su espalda.
-Dime cuál es el punto de encuentro. Y pasa tus brazos alrededor de mi cuello. Asi está bien.-
La joven obedeció y luego le dio las indicaciones de cómo llegar junto al grupo Onni, Aoshi, en vez de caminar con ella dio un salto ligero y sin dificultad alcanzó el firme tejado de una casa.
-¡Pero joven Aoshi…! ¿cómo puede usted?-
-Tú tienes antepasados ninja. Yo soy un ninja.- le respondió.- Ahora no te hablaré hasta que lleguemos, necesito mi aire y mi energía.-
A una velocidad impresionante, llegaron al lugar donde Hannya se encontraba esperándola. Se puso en guardia cuando vio a Aoshi, pero éste rápidamente hizo un saludo que sólo ellos conocían. Era un aliado del antiguo grupo y de inmediato decidieron poner distancia entre ellos y Matsusoo. Contaban con toda la noche para moverse y Misao alucinó, volando abrazada a la espalda de su príncipe.
Pero ahora, que estaban en un punto estratégico para partir a cualquier lugar, les faltaba aquella pista que estaba en los recuerdos de Misao para seguir la huella de Kaoru. El delicioso aroma de un te que le dio Beshimi de pronto le dio una idea.
-¡Hacia el norte! Debían ir por la carretera que lleva al norte! Después de eso desviarse por un camino que decían iba a la zona de las Pozas Negras. Es todo lo que alcancé a oír cuando hablaba con Jinnei Udo, porque hablaban muy bajo. Pero… alguien dijo que sería fácil dar con el demonio de cabello rojo y la cara marcada con una cicatriz.-
Beshimi era pequeño y poco agraciado, pero tenía una inteligencia y una memoria extraordinarias.
-Conozco la zona de las Pozas Negras y tardaremos poco más de dos días en llegar sin descanso. Pero el dato del demonio de cabello rojo es el más interesante. ¿No era ese el color de cabello de un hitokiri, en las guerras que acabaron con el régimen Tokugawa? Nunca peleamos con él, pero en las últimas batallas dicen que ese Hitokiri dejó las sombras y fue puesto en primera línea en cada combate. Apenas resultó herido y mataba como si su espada estuviera poseída. ¿Recuerdan a Battousai?-
-Decían que su cabello era rojo por toda la sangre de sus enemigos.- dijo Shikijo.
-Otros lo describían como un demonio de cabellos rojos.- dijo Hannya oteando el horizonte desde la rama más alta de un árbol.- Y se hablaba de la enorme marca que tenía en la mejilla izquierda.-
Misao se asustó al comprender esa información.
-¡Pero no puede ser! ¿Ese hombre horrible tiene a mi prima?-
Aoshi, que acababa de borrar el rastro de la fogata, repuso.
-Misao… en la época de esas guerras era todo muy confuso y todos se asesinaban unos con otros, no porque fueran malos, sino porque tenían un ideal y luchaban por ello, dando la vida si era necesario. Hasta donde yo sé, Battousai sólo se dedicó a exterminar a la gente que le asignaron y a los del bando enemigo. Nunca usó su poder para forzar a una mujer, jamás mató a quien estuviera desarmado. Y créeme… dentro de la locura que causa la guerra es difícil encontrar a alguien así.-
-¿Qué me quiere decir?-
-Tú misma me contaste que los hombres de tu padre temen a Battousai, asumiendo que sea él, claro, porque los atacó a todos, llevándose a Kaoru con él. ¿No existe la posibilidad de que él la esté ayudando?-
-No había pensado en eso. Dijeron que fue tan… violento.-
Hannya bajó hasta Mísao.
-Pequeña hija de Sakura… ya aprenderá usted que lo bueno y lo malo se mezcla y se torna difuso. Y que muchas veces lo que se ve por fuera no muestra necesariamente la verdad de un alma.-
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-Nos vamos.- declaró Kenshin a Kaoru cuando ella salió debidamente disfrazada de hombre. - Toma este sombrero, no tenemos tiempo que perder.
La joven observó a Kenshin con detenimiento antes de asentir. El cabello rojo se lo había tomado cuidadosamente y estaba resguardado bajo el sombrero de paja en forma de cono que llevaba puesto. Y tenía una venda sobre su mejilla izquierda. Había preparado dos bolsos de viaje, uno de los cuales le pasaba a la chica.
-Pero, ¿por qué nos tenemos que ir?… ¿Pasa algo?- preguntó Kaoru muy extrañada. Kenshin trajo un aceite y una botella de licor del interior de la casa y se los pasó a la joven.
-Te contaré todo por el camino pero por ahora ponte aceite en el cuello y detrás de las orejas. Un poco en las mejillas, y en tus muñecas y codos.-
Kaoru lo olió… no se podía decir que era un perfume, pero tampoco olía tan mal. Sin embargo, era un aromita como a tierra y maderas.
-Necesitamos disimular tu olor. Ahora quiero que tomes un trago de la otra botella que te pasé.- explicó el pelirrojo frotándole el aceite en las muñecas
-¿Ehh… licor?-
-Distorsionará tu voz. Va a arder un poco, pero es necesario.-
Kaoru no entendía nada, pero obedeció. El poco alcohol ingerido le quemó la garganta a tal punto que se le llenaron los ojos de lágrimas, pero aguantó sin quejarse. Al volver a hablar, sintió que sonaba extraña.
-Oiga… yo… ¿qué le pasó a mi voz?-
Kenshin guardó las botellas en uno de los bolsos y finalmente cerró la casa. Tomó a Kaoru de una mano.
-No tenemos tiempo que perder. Kaoru, iremos a la ciudad, nos encontraremos con Sanosuke y caminaremos todo el día. Por otra parte, nos desviaremos del camino.-
-Pero… -
Kaoru no alcanzó a protestar demasiado, porque salieron del camino y con cuidado Kenshin borró el rastro de sus pisadas con una rama. Luego, con más cuidado aún, avanzó por entre medio del follaje, intentando no romper nada que pudiera delatar que tomaba esa dirección. Estando más adentro en el bosque, tiró la rama que tenía.
A Kaoru la incursión no le estaba haciendo gracia porque ya ostentaba dos arañones en la mejilla, uno en el cuello y una que otra espinita clavada en su ropa. Cuando se alejaron más del camino, Kenshin se tomó el avance con más calma y a paso firme, llegaron pronto a las afueras de la ciudad, donde Sanosuke los esperaba.
-Vaya, chiquillo… tú si que eres un maestro del disfraz.- dijo palmeando la espalda de Kaoru.- De todos modos no tenemos tiempo… Kenshin, al regresar a la ciudad me he encontrado con el tipejo del que te hablé. Tiene una cara de maniático que no se la puede.-
-¿Acaso te ha preguntado algo?- inquirió el pelirrojo.
-No, pero portaba un par de espadas y vestía bastante extraño. Sin duda que se trata de él.
Kenshin pensó un momento.
-¿Trajiste mi encargo?-
-Evidentemente.- contestó, sacándose de entre la espalda y la camisa un largo objeto enrollado que le pasó a Kaoru. Ella miró un poco recelosa el paquete, debido a que venía húmedo por el sudor de Sanosuke. Sin embargo, al descubrirlo, su cara cambió.
-¡Un boken!- exclamó sorprendida. Luego descubrió, en el mismo paquete, un tantoo. Miró a Kenshin confusa.
-Caminemos, y mientras, ponte el boken a la espalda. El tantoo colócalo entre tus ropas.-
Sanosuke caminó con ellos y Kaoru le miró curiosa.
-¿Acaso él viene con nosotros?-
-Así es… ehh… Kenji.- respondió Sanosuke algo indeciso.
Kaoru puso cara de extrañeza.
-¿Por qué me llamas así?-
Kenshin caminando se puso al lado de ella.
-Escucha atentamente, esta es la situación. Han sucedido dos cosas y necesitamos resolver una primero antes de enfrentar la otra.-
-¿De qué hablas?-
-Pon atención, luego haz las preguntas. Un conocido mío requiere de mi ayuda. Sus nietas han sido raptadas y confía en mí para sus rescates, ya que él está demasiado anciano para hacerse cargo de ello y la policía poco lo ha tomado en cuenta. Su casa está a un día de camino de aquí y llegaremos al anochecer. Sanosuke nos ayudará y tú… pues… tú sabes algo de espadas y pensaba conseguirte una hasta que recordé esas cosas que te enseñó tu padre de proteger la vida. Pensé que el boken podía venirte mejor. De todos modos, para tu protección, es que Sanosuke te ha conseguido además un tantoo.-
-Pero si tú llevas espada y yo también… ¿Por qué Sanosuke no… ?-
-Yo peleo con los puños, Kenji.- contestó el joven luchador.
-¡Deja de llamarme Kenji!- dijo Kaoru, sorprendida por lo grave que sonaba su voz. Se tapó la boca avergonzada de no tener su tono dulce de siempre.
-Kenji…- prosiguió Kenshin.- Kenji es el nombre por el que te llamaremos de ahora en adelante, hasta que termine la misión y nos encontremos a salvo.-
-Pero… - a Kaoru no le hacía gracia que la nombraran como a un chico.
-Pero nada. Es el nombre que se me ocurrió escoger para ti y no acepto reclamos de tu parte. Kenji, nos están buscando. Tu tío triplicó la suma que se ofrece por encontrarte y le ha puesto precio a mi cabeza. Esta mañana ha llegado un tipo al pueblo, que según los datos que me ha dado Sanosuke, debería ser Jinnei Udo.-
-¿Y ese quién es?- preguntó la chica.
-Un lobo de Mibu renegado. Durante las guerras de restauración, Jinnei Udo mató sin piedad a quien se travesara en su camino. El Shinsengumi estaba regido por una fuerte moral, no mataban por matar a las personas, sólo a sus enemigos y desde luego Jinnei estaba fuera de eso. Cuando lo quisieron eliminar de sus filas, él se volvió contra sus compañeros y mató a cuantos pudo, antes de desaparecer. Actualmente he sabido que hace algunos trabajos corruptos de asesinato, pero así como aparece, desaparece sin dejar rastro. Es una máquina asesina y ese hombre nos está buscando.-
-Kenji, si da con nosotros, el enfrentamiento será inminente. No le tengo miedo, pero ha surgido el problema de las nietas desaparecidas y necesito enfocarme en eso primero, porque no sabemos cómo están ellas, asumiendo que estén con vida. Tampoco sé a cuantos hombres he de enfrentarme… ni estoy seguro de salir indemne de eso. Por eso es preciso desde este momento tomar otra identidad que despiste a quienes nos buscan, hasta que podamos estar tranquilos.-
-Por eso he de ser… Kenji… - dijo Kaoru en voz baja.
-Lamento que las cosas sean así, pero debemos tomar todas las precauciones.- dijo Kenshin, concentrado en el camino. Por otra parte nadie prestará atención a tres hombres que viajan, porque la gente que nos busque se enfocará en un hombre y una mujer.-
Sanosuke iba silbando una melodía y Kaoru recién le estaba tomando el peso a su situación. Kenshin no exageraba con las medidas que había tomado en cuanto a ella, porque de alguna manera, cuando viajaron hacia su casa, habían dejado rastros que el tal Jinnei Udo había sabido interpretar para llegar casi hasta ellos. Por otra parte, le parecía que "el conocido" de Kenshin debía ser alguien especial como para ir presuroso a brindarle ayuda.
De pronto le dio un poco de rabia, porque esa mañana tan sólo había llegado a soñar con la idea de ser la mujer de Kenshin, y ahora, poco antes del mediodía, había acabado convertida en el muchacho que lo acompañaría en sus andanzas.
Pero tal vez no todo estuviera mal. Kaoru miró a Sanosuke que ahora canturreaba feliz. ¿Habrá podido decirle a Megumi lo enamorado que estaba de ella? Quizá por ahí había una historia con un buen final.
-Oye, Sanosuke.- dijo la joven.- dime… ¿Has podido declararte a Megumi?-
El joven dejó de silbar y canturrear. Y se puso serio.
-Pues… -
-Dime… -
-Pues… -
Kenshin miró a esos dos de reojo. Y pensar que había sentido celos contra Sano… ¡qué locura!
-Pues… -
Kaoru se estaba impacientando.
-Pues…-
-¡Podrías hablar de una maldita vez!- estalló la chica. Sanosuke se espantó con esa voz que parecía de general y hasta se cuadró.
-¡Cómo digas!… hem… pues que me ha ido… pues… las cosas no han salido como yo esperaba.-
-¿Cómo así? -Kaoru sacudió la cabeza.- Vamos por parte. Te declaraste, ¿Si o no?-
Sanosuke se puso un poco rojo.
-Si.-
Kenshin tomó un poco de agua que llevaba en una vara hueca de madera. Verdaderamente hacía calor.
-¿Y entonces?- preguntó un poco curioso por la situación del muchacho.
-Y entonces nada. Ella me ha rechazado.-
-¿Cómo?- preguntaron Kenshin y Kaoru a un tiempo.
Sanosuke resopló. ¿En qué momento esos dos se habían convertido en sus confidentes? Estaba fastidiado.
-Lo que oyen. ¿Creen que si estuviera de novio con Megumi, los hubiera acompañado? ¡Al diablo con las mujeres! ¡Son unas exigentes!-
-¡¡Oye!!- exclamó Kaoru molesta por el comentario.
-Tú no digas nada, Kenji, que desde hoy, oficialmente eres del equipo de los hombres, asi que nada de exigirme deferencia por tu condición. ¡Diré la maldita cosa que se me venga en gana!- dijo Sanosuke repentinamente enrabiado. Y no era para menos, luego de ver el modo en que Megumi lo había rechazado.
-Sanosuke.- dijo Kenshin en un tono de asesino que a Kaoru y Sanosuke les pararon los pelos.- Más te vale acabar de contar tu historia, que me estoy impacientando.-
El joven y Kaoru se miraron, recordando que Kenshin era de esos tipos capaces de cortar un árbol con su espada y de un solo golpe si se lo proponía. Lo mejor sería hacer caso.
-Verán… - comenzó Sanosuke rascándose la nuca.- Ayer en la tarde, al llegar a la consulta, he tomado la decisión de hablar con Megumi. Entonces, entré decidido a hablar con ella. Tomé valor y le he dicho las cosas que ustedes me aconsejaron… -
Sanosuke recordó el momento en que tomó aire y largó todo el sermón que se había aprendido de memoria. Lo mejor era hacerlo así, antes de arrepentirse o empezar a sentir nervios.
-Me gustas mucho y ni yo sé cómo pasó, pero te amo, y si me lo permites, pasaré el resto de mi vida a tu lado sólo para hacerte feliz.- repitió el joven durante su relato. - En verdad que le dije todo eso.-
-¿Y?- quiso saber Kaoru.
-Y nada. Como entré tan repentinamente y largué mi declaración, no me fijé que Megumi no estaba y en su lugar había un tipo… un tipejo asqueroso, ¡puaj! ¡Creyó que mi declaración iba para él!-
"¿En verdad te gusto?" le había preguntado el sujeto que llevaba una venda en la cabeza, antes de levantarse para avanzar hacia él. Sanosuke no estaba para juegos de maricas y de un solo golpe lo mandó al suelo, de donde esperaba no se pudiera levantar. Y en eso apareció Megumi.
"¡¡¡¿Cómo te atreves a maltratar a mis pacientes, Sanosuke?!!!" le gritó la doctora, corriendo hacia el caído que yacía con el labio roto en el suelo para tratar de reanimarlo. Al no conseguir que volviera en si, se volvió furiosa hacia Sano.- ¡Ayúdame a ponerlo sobre la camilla!-
Desde luego que entre los nervios, la vergüenza y la rabia, Sanosuke había estallado.
"¡Yo no pienso tocar a ese pervertido. Y si lo golpee fue porque se puso raro conmigo!"
"Seguramente algo le dijiste, este hombre es muy tranquilo". dijo Megumi.
"¡Tranquilo mis narices! Yo vine a declararte mi amor, pero ese imbécil creyó que mis palabras iban para él. ¡Con que vuelva a despertar lo haré dormir otra temporada!"
Tras comprobar que el paciente sólo dormía, Megumi se dio tiempo para evaluar la situación y de paso, pensar con calma en lo que le había dicho su ayudante.
"¿Qué te viniste a declarar?"
"Claro que si, pero al infierno con la declaración. Yo te amo, Megumi, me gustas mucho, y me importa un soberano pepino lo que pienses al respecto, pero yo ya no me iba a seguir quedando callado con las cosas que siento por ti."
-Vaya… - comentó Kaoru divertida con la historia, porque Sanosuke la contaba muy vividamente.- No es una declaración romántica en toda regla, pero tiene mucho estilo.-
-Pues ni todo el estilo ayudó. Megumi se quedó de piedra por un momento, supongo que muy asombrada. Pero lo pensó mientras limpiaba la sangre del marica ese. Cuando terminó se volvió hacia mi y me mandó al demonio.-
"Quítate esa estúpida idea de la cabeza, Sanosuke, porque no tiene ni pies ni cabeza. Piénsalo objetivamente. ¿Qué voy a hacer yo contigo? El que seas un par de años menor es lo de menos, pero tu actitud… eres un patán, no tienes un trabajo estable salvo ser mi ayudante y recadero, pero eres, por lo general, un irresponsable, un pendenciero. Te gustan las apuestas y nada te lo tomas en serio. Eres un inmaduro y definitivamente no eres un hombre del que yo me pudiera enamorar. Somos absolutamente opuestos y por lo demás, tú a mí no me gustas. Para mí eres sólo un empleado, asi que no te hagas ilusiones conmigo."
Sanosuke suspiró al recordar la escena y bajó los hombros. A Kaoru le dieron ganas de sobarle la espalda, en un gesto de comprensión, pero como era supuestamente un hombre, y se cruzaron con unas personas, se conformó con darle un par de palmadas.
-Lamento que las cosas no te hayan salido como querías.-
-Claro que no salieron. Esa bruja arpía… ¡Me dijo que era un irresponsable y pendenciero y no sabía que yo estaba juntando dinero para tener algo bueno que ofrecerle! Me ha dicho que me gustan las apuestas y sé que eso no es una virtud, pero eso fue hasta que entré a trabajar con ella hace unos años. No es por alardear, pero ella me describió como el joven al que conoció, no al que soy ahora. Es cierto que he cometido algunos errores, pero me he esforzado por ser mejor… -
-¿Pero acaso le dijiste eso? ¿Qué estabas cambiando?-
-No. ¿Y pa`qué, si de todos modos… - Sanosuke se puso los brazos cruzados tras la cabeza.- … de todos modos ella se ha quedado con una mala imagen de mi, y si me hubiera observado más atentamente, se hubiera dado cuenta que ya no soy el chico al que conoció. Y me hubiera observado de tenerme más aprecio, pero como ella misma dijo, soy sólo su empleado. Su recadero.- acabó Sanosuke con cierta rabia. - Pero en fin… ahora que Kenshin se va a ayudar a su conocido y nosotros de viaje, será esta una buena ocasión para despejarme, gastar mi dinero y hacer lo que me venga en gana.-
Kaoru lo miró unos segundos, antes de preguntar:
-¿Y Megumi?-
-¡A la porra con ella! Después de todo ya no es de mi incumbencia. Hoy, antes de venir con ustedes, le he dicho que ya no regresaría y que se buscara a otro empleado. Yo antes recorría el mundo hasta que me encontré con ella y por ella me quedé en ese pueblucho. Ahora… soy libre de su embrujo nuevamente y veré qué hay de bueno. ¡La vida es para disfrutarla, no para pensar en una mujer que no me quiere!-
-Al menos tienes buen ánimo.- Observó Kenshin quien estaba entretenido con la trágica historia de Sanosuke, aunque en el fondo, él sabia que las cosas iban a terminar asi.
El día se pasó rápido porque en verdad, Sanosuke resultó ser mucho más simpático y divertido de lo que parecía. Kenshin lo trataba muy poco y por eso se sorprendió de lo cómodo que se encontraba en su compañía, ya que en verdad lo había llevado al viaje más para que cuidara de Kaoru cuando él estuviera en combate que como compañero de andanzas. Sólo esperaba que ahora que había decidido quitarse a Megumi de la cabeza, no le diera con Kaoru, porque en ese caso, se vería en la necesidad de rebanarle el cuello.
Cuando de pronto se encontraron frente a la casa del conocido de Kenshin, éste le hizo una seña a Kaoru y Sanosuke para que callaran, indicándoles que habían llegado a destino. Ellos obedecieron y Kenshin llamó hasta que salió a recibirlos un señor de unos cincuenta y tantos años que cojeaba ligeramente.
-Buenas noches, señor Kaneda.- dijo Kenshin.
-¿Himura? ¡Oh, gracias al cielo que has llegado!-
Hizo pasar a los tres a una espaciosa sala donde ordenó a sus sirvientes que sirvieran de comer a sus invitados. Kaoru observó que bajo la manga de la yukata se notaba un vendaje que cubría hasta su muñeca. Observó que ese brazo lo movía con dificultad.
-¿Entonces usted son amigos del señor Himura?- dijo dirigiéndose a Sanosuke y Kaoru.
-Así es.- respondió la joven, sin dejar de sorprenderse por su tono de voz. ¡Aun no se reponía!
El señor Kaneda les sonrió. Luego se puso serio y habló a Kenshin, extendiéndole un papel.
-Estas son las indicaciones de cómo llegar al sitio donde se encuentran mis nietas. Iría yo a su rescate, pero como ves…- dijo descubriéndose el brazo herido.- … ellos se aseguraron de impedirme usar la espada. Esto es lo que he podido investigar sobre su ubicación. Desgraciadamente no sé con certeza cuántos son, para poder darte una idea.-
Kenshin no perdió el tiempo y se puso de pie, amarrándose la espada a la cintura.
-Muy bien. Iré de inmediato.-
Sanosuke y Kaoru también se pusieron de pie.
-Te acompañamos.- dijeron a coro. Kenshin negó con la cabeza.
-No es necesario. Ustedes quédense aquí.-
-¿ACASO BROMEAS?- dijeron nuevamente a coro Kaoru y Sanosuke, mirándose luego un poco sorprendidos por la coincidencia. Entonces Sanosuke habló.- Kenshin, vinimos para acompañarte y dar la pelea. Somos tus amigos y al diablo con lo que pienses.-
-Ustedes se quedan y punto.- dijo Kenshin.- y tú, Sanosuke, cuida de Kenji. Regresaré pronto.-
Los jóvenes se miraron y optaron por hacer caso… momentáneamente. Kenshin entonces se fue.
El señor Kaneda miró por un momento a los jóvenes, ofreciéndoles un te, que de inmediato aceptaron.
-El señor Himura no cambia. Está acostumbrado a enfrentar peligros y no involucrar a nadie más en eso.- comentó. Desde luego que Kaoru no pudo evitar sentir curiosidad por ese hombre capaz de hacer que Kenshin recorriera una gran distancia y se pusiera en riesgo.
-¿De dónde conoce usted al señor Himura?-
Kaneda sonrió.
-Es una historia muy interesante. Verá, jovencito… yo luché durante el bakumatsu, del lado de los patriotas. Fui compañero de armas del señor Himura, cuando éste tenía dieciséis años.-
-Era muy joven.- dijo Sanosuke, bebiendo su te.
-Asi es. Muy joven para comprender a cabalidad una guerra. Fue una época muy caótica, llena de riesgos y cambios… sobre todo para él. ¿Les ha comentado alguna vez que estuvo casado durante la guerra?-
Kaoru de inmediato hizo memoria y recordó el breve relato que le hiciera Kenshin en alguna ocasión.
-Dijo que su esposa lo traicionó y que él había acabado matándola. Dijo que le habían destrozado el corazón.- comentó Kaoru, sintiendo una repentina confianza con ese caballero. Sanosuke por su parte estaba sorprendido de lo mucho que sabía la chiquilla. Ni siquiera él manejaba esa información de la vida pasada de Kenshin.
Kaneda por su parte asintió.
-Tal como dices, ella lo traicionó. Se metió en su vida, luego en su corazón. Pero para que comprendan un poco mejor, les haré algo de historia.
Kaoru se acomodó mejor, dispuesta a conocer más sobre Kenshin.
-Kenshin entró muy joven al ejército, con sólo trece años. Pensarán ustedes que era un niño, pero ya a esa edad se le encomendaron asesinatos de personas influyentes del régimen Tokugawa. Era tan letal con su técnica, tan rápido y silencioso, que le dieron un puesto como hitokiri en las sombras. Salía de noche a realizar los trabajos que se le encomendaban y durante el día pasaba desapercibido como un chico más. Incluso nosotros desconocíamos su existencia e identidad. El señor Katsura le tenía en alta estima y no escatimaba en esfuerzos para mantenerlo seguro.-
-Pero… ¿por qué entró tan joven al ejército?- preguntó Kaoru. Kaneda sonrió.
-Como dije, era un niño, y pensaba como un niño. Él sabía que manejaba con su técnica un gran poder, y pensó que podía marcar la diferencia para la llegada de una nueva era en la que las personas pudieran vivir tranquilamente, felices. Desde luego que la realidad le mostró que lo que él pensaba eran sólo ideas muy nobles, pero irrealizables. Retomando el relato, Kenshin una noche conoció a una joven, de la cual se fue enamorando. Finalmente, durante el incendio de Kyoto, nuestras tropas se vieron disminuidas y muchos patriotas nos vimos en la obligación de escondernos. Para despistar, Kenshin fue enviado al campo con la joven con quien se casó, para dar la imagen inocente de un matrimonio que vive lejos de todo. Pasaron seis meses viviendo ajenos a todo lo que pasaba, y Kenshin me comentó que en esa época había llegado a conocer la felicidad, pero que le duró poco, porque para el año Nuevo, Tomoe, que asi se llamaba su esposa, lo llevó con artimañas a una colina donde lo emboscaron.-
-Pero eso es horrible.- dijo Sanosuke enfadado con la tal Tomoe.- Maldita arpía, hacerle eso a un muchacho.-
-En realidad, la misma Tomoe no lo había pasado mejor. Su novio había partido a las guerras para hacerse de honor como soldado, pero fue muerto por el mismo Kenshin. Por eso ella decidió vengarse de él y entró a formar parte de un grupo de guerreros que buscaban dar con "Battousai" como se le conocía, para liquidarlo. La idea de que Tomoe lo enamorara era crearle un punto débil que ellos aprovecharían… como ven, es un caso complicado, porque al parecer, Tomoe también acabó enamorada de Kenshin pero se sintió mal con esos sentimientos y optó por seguir el plan hasta el final. Pero Kenshin los liquidó a todos y ella… al ver la determinación de él por "rescatarla", hizo un último acto, expiatorio si quieren así llamarlo, de detener el último ataque del jefe del grupo sujetándole un brazo, en el momento en que Kenshin lanzaba un golpe en el que ponía toda la fuerza que le quedaba, que era muy poca, porque estaba muy malherido. El final fue inevitable porque como Tomoe se interpuso entre él y su enemigo, recibió de lleno el golpe de su espada y murió minutos después, desangrada entre sus brazos. Si a mi me preguntaran, yo pienso que ella en el fondo, más que salvar a Kenshin, buscaba el suicidio porque comprendió que nada de lo que había hecho le devolvería a su novio y que había corrompido su alma y su cuerpo además, al acostarse con su enemigo.-
-Vaya historia.- dijo Sanosuke.- En verdad que el Kenshin tuvo mala suerte.-
Kaoru no dijo nada, porque tenía sentimientos encontrados con lo que acababa de saber. Rabia contra Tomoe por hacerle ese daño a Kenshin y tristeza por él. Aunque por lo que dejaba traslucir el señor Kaneda en sus palabras, ella también había sufrido.
-Después de eso, Kenshin, que había pensado dejar la espada, volvió a luchar con más fuerza. El señor Katsura le dio la opción de ir a pelear a primera línea y él aceptó. Ahí fue donde nos conocimos y yo, con más edad y experiencia reconocí en el a un joven que estaba teniendo serias dudas con respecto al futuro y a lo que él debía hacer. Era más fuerte que yo, pero sentí que su alma era más frágil, por eso me acerqué a él y nos hicimos… no sé si amigos, porque a él no le gustaba mucho esa palabra, pero quizá teníamos una buena relación. Él me contó su historia y yo le permití alojar en mi casa y conocer a mi esposa e hijos e incluso un par de nietas pequeñas. Muchas veces, en combates, él me protegió, porque me decía que yo tenía personas por las que vivir… yo le decía que él también tenía por quien vivir, porque si le pasaba algo, yo me moriría de la tristeza.-
-¿Y cuando terminaron las guerras, él siguió viviendo con usted?-
El señor Kaneda tomó el último sorbo de su te.
-Cuando terminó la guerra, comenzó una dentro del alma de ese muchacho. Una noche me confidenció que no podía dormir por la noche, menos después de verme a mi esposa y a mi. Porque pensaba en todas esas personas a las que mató, que quizá ya no volverían a gozar del calor y el cariño de otra persona. Se torturaba pensando en las viudas, en los huérfanos… yo no estaba mejor pero tenía una familia que me apoyaba y comprendí que mi felicidad o mi cierta tranquilidad a él le hacía daño. Se fue dejándome una nota de agradecimiento una noche y deseándome felicidad. Ni siquiera durante la guerra lo había hecho, o durante mis pesadillas con todos mis muertos pero esa mañana lloré y lloré mucho. Porque durante un tiempo pensé que yo era capaz de salvar el alma de ese muchacho y me di cuenta de que no era posible.-
"En el fondo, nunca me ha gustado matar"- le había comentado una tarde Kenshin a Kaoru. Ella sintió como si le clavaran algo en el pecho, porque comprendió que Kenshin realmente era un hombre muy atormentado. Pensó en su padre: "Espero no tener que hacerlo, tomar la vida de otra persona, porque esa es una carga que se lleva hasta el día de muerte".
-Yo tenía una casa en la colina y cuando la situación mejoró mis hijos se fueron con sus familias. Uno de ellos me invitó a vivir aquí con él, en su casa, que tenía más comodidades para mí. Como habrán observado… - añadió, tocándose la pierna.- … la guerra me dejó secuelas. Esta es la última herida que recibí y que por poco me mandó al otro mundo. En ese momento el señor Himura se interpuso entre mi y quienes venían a rematarme. Salvó mi vida, y por eso, años después, cuando nos reencontramos, tomé la decisión de dejarle mi casa en la colina, para que tuviera un lugar de descanso, al que llamar hogar.-
-¡Usted es el dueño entonces de… !- comenzó Kaoru, pero Kaneda agitó la mano frente a su propia nariz.
-Claro que no lo soy. Ahora es del señor Himura. Sentí que le venía bien. Había vagado tanto en esos años, incluso portaba una espada un poco extraña… Sakabattou dice que se llama. Por lo que me explicó es un arma que en un principio estaba destinada a ayudarlo a defenderse de las personas que le guardaban rencor, sin lastimarlas. Por eso su filo está invertido. Pero, aunque ayudó a muchas personas con esa espada, el ser incapaz de encontrar una respuesta que le permitiera expiar sus culpas le hizo regresar al punto de partida. Me dijo que quizá, estando allá, él pudiera ver qué le hacía falta.-
-Kenshin… - musitó Kaoru, de un modo apenas perceptible. Kaneda llamó a su sirviente, quien retiró las tazas de te.
-Ustedes dos, jovencitos… deben ser algo especial para el señor Himura. Por algo él los ha traído hasta aquí. Créanme, nunca le había visto esa expresión que traía el día de hoy. Incluso por un momento, pensé que podía estar enamorado… pero en fin… yo sé que es difícil que Himura hable de su vida y yo he presentido que ustedes son los destinados a convertirse en sus verdaderos amigos, y eso me hace muy feliz. Por eso les he hablado de él, porque a veces cuesta comprender a una persona cuando no se tienen claras las cosas por las que ha pasado. Himura tiene un corazón noble, como el de aquél niño que entró a la guerra. Pero tantas muertes y tragedias han escondido ese corazón.-
Kaoru se levantó intempestivamente, con la determinación ardiendo en su mirada.
-Pues ese corazón ya no está solo. Iré a ayudarlo. Déme las indicaciones de cómo llegar al lugar de los secuestradores.-
Kaneda se sorprendió.
-Pero él les ha dicho que se queden aquí… -
-Si queremos rescatar ese corazón, como usted dice, debemos ser valientes. Kenshin ya no está solo.-
Sanosuke de inmediato prendió con esas palabras y se puso de pie también.
-Vamos, Kenji… esta noche rescataremos a Kenshin.-
-Desde luego.- repuso ella.- Yo con mi espada, tú con tus puños y nuestra determinación, lo lograremos.
Con dificultad, Kaneda también se puso de pie.
-Muy bien, los ayudaré… - rápidamente trazó un mapa y anotó algunas indicaciones. Luego los acompañó al camino y les señaló por donde avanzar. -Espero que ustedes dos logren lo que yo no pude.- dijo con sentimiento antes de entrar a la casa a rezar para que todo saliera bien, en compañía de su esposa.
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Sayo nuevamente sintió como su garganta picaba y comenzó a toser. Tosió tanto que gruesas gotas de sudor perlaron su frente mientras a gritos, Chizuru pedía algo de agua a sus captores. Uno de ellos se asomó.
-¿Qué te pasa, mocosa?-
-Traiga agua para mi hermana, por favor.-
Sayo tosía y tosía. Sin sus manos para limpiarse, tenía todo el mentón húmedo por saliva y algo de flema. La joven sintió ganas de llorar por ser incapaz de asearse un poco y por la situación, pero tenía que resistir… no podía quebrarse, aunque estaba sumamente afiebrada.
-Todo saldrá bien, hermana, confía… pronto nos rescatarán.- le dijo Chizuru, intentando con esas palabras, convencerse además a ella misma.
El secuestrador trajo una vela para ver por donde caminaba y una taza con agua para Sayo. Le dio un poco de asco ver su cara, asi que la limpió a la mala con un trapo que encontró por ahí. Luego le dio de beber hasta que la joven apuró todo el contenido de la taza. Al irse hizo ademán de llevarse la vela.
-Déjela, por favor.- imploró Chizuru.- A mi hermana le asusta la oscuridad y llevamos cuatro días inmersas en ella.-
El hombre sopesó la posibilidad de dejarles la vela y se le ocurrió que podían usarla para escapar, quemando las sogas que tenían en las muñecas. Decidió dejárselas de todo modos, considerando lo mal que se encontraba la mayor de las dos, pero en un sitio alto. Después de todo, los demás estaban contando los minutos para entrar a ese cuartucho a divertirse con las niñas. Y necesitarían luz para encontrarlas.
-Gracias… - dijo Sayo entre jadeos, antes de sufrir un nuevo ataque de tos.
Imposibilitada de hacer nada, Chizuru cerró los ojos y se puso a rezar. Por favor, que llegara luego el rescate… por su hermana y por ella misma.
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Fin acto 10
La Amenaza del Diablo
Febrero 26, 2009
Notas de Autora.
Hola!!!
Uf, uf, tanto tiempo… y es que sufrí y sufrí para hacer esta parte. Es que sabía lo que quería que pasara, pero no encontraba a los personajes para hacerlo. Escribí una versión en la que Kenshin se iba sólo con Kaoru a rescatar a las nietas de "su conocido" y se encontraba con Cho Sagawejo, que siendo un cazarrecompensas como él, estaba al tanto de la situación de que habían triplicado la recompensa por Kaoru, que habían añadido a Kenshin y que encima andaba Jinnei Udo metido en el cuento. Pero luego pensé que sería más divertido ver a Sanosuke… y a Kaoru disfrazada de chico. De todos modos les pido una disculpa porque me ha fallado el ojo y en ese capítulo no hay ni una pizca de romance (aunque ustedes comprenderán que las circunstancias lo ameritaban) Al menos hemos visto avances, como Misao y su tropa en busca de Kaoru, Megumi diciéndole de cosas a Sanosuke, mandándolo por un tubo, y Jinnei en el pueblo preguntando por Kenshin.
Por otra parte, me ha gustado la inclusión de tres nuevos personajes: Kaneda y sus nietas, que ya se imaginarán para qué quiero a una de ellas… y sobre la otra, ajá, será una sorpresa. Sobre Kaneda, pues… necesitaba a alguien que hubiera observado la vida de Kenshin y le hubiera ayudado en alguna manera. Me gustó esa parte cuando dice que lloró mucho porque él pensó que podía salvar a Kenshin y se dio cuenta de que no sería asi, y que quizá "Kenji" y Sanosuke puedan lograrlo.
El próximo episodio tendrá más de todo. Es decir, romance, besitos… peleas y más peleas, una carrera contra el tiempo y… y más besitos.
Por cierto… acá les dejo un adelanto de lo que será el próximo fanfic, después de Prisionera. Aquí les va y les aseguro que al final comprenderán de qué se trata, al menos quienes hayan leido gran parte de mis fanfics. (Me parece que quedó muy bueno)
Este preview ha sido aprobado para todas las audiencias
( Imaginen esa musiquilla que ponen en los anuncios de película. La que más les guste y esa voz del tipo que siempre dice "este año… un chico salvará al mundo" o cosas así.)
2009
Muy Pronto
Un chico que en su camino para convertirse en un hombre, está decidido a dejar atrás lo que más ama…
-Kaoru, abre la puerta, por favor… el tren está por irse y tengo algo que decirte… -
-¡Vete! ¡No tenemos nada que decirnos… ¿Para qué si ya no nos veremos más? ¡¡Tú y yo ya no somos amigos!!… -
Una chica que aprenderá a comprender a quien más quiere…
-Mamá, llévame a la estación… necesito despedirme de Kenshin… -Kaoru se volvió hacia el hombre que se encontraba en la silla de ruedas, abrazándolo… - Papá, yo no sabía que él pensaba así… -
-Vete, hijita, apóyalo y al despedirse, muéstrale a tu amigo tu más brillante sonrisa, para que sepa que tiene un lugar donde lo quieren, para que sepa que tiene donde volver… -
Kaoru tomó la foto del concurso que ganó con Kenshin, donde ambos mostraban su trofeo, antes de correr al auto de su madre.
Una despedida que no marca sino el comienzo de una gran historia…
-No me olvides, no me olvides… siempre seremos amigos… -
-No lo haré… - respondió el chico pelirrojo parado en la puerta del tren, recibiendo la foto que ella le traía… - Yo te quiero mucho, mucho… -
El tren comenzó a marchar y Kaoru a caminar y luego a correr para estar cerca de Kenshin hasta el último momento.
-¡¡Escríbeme!!.-
-¡Así lo haré, cada día…! -
Jadeaba, pero no se detuvo, a pesar de que el tren le ganaba en velocidad y que el anden estaba próximo a terminarse. Ella se detuvo en el límite e hizo ante su boca una bocina con las manos.
-¡¡¡NOS VOLVEREMOS A VER… KEEEEENSHIIIIIN!!!!-
… Porque no importa cuánto tiempo pase, o cuánta distancia pongas entre ellos si dos corazones se quieren, más si uno de ellos no olvida…
"Querido Kenshin… ¿cuándo vendrás? Ya hace dos años que no te veo, ni tampoco he recibido tus cartas. Sin embargo… yo sigo confiando, porque lo prometiste, ¿lo recuerdas? Yo sé que vendrás, y volveremos a jugar y disfrazarnos como antes. ¿Cómo lucirás? Seguramente muy guapo…
… Aun cuando alguien sea corrompido… si existe la luz del amor iluminándolo, puede salvarlo…
En cuanto pasó su angustia, se dio cuenta de lo que había hecho. Frente al él, el refrigerador con la puerta abierta dejaba entrever cuánto había comido. Había sucedido de nuevo.
Quiso luchar contra el impulso que sentía de devolver, pero sabía que debía dejar esa costumbre. Sin embargo, una nueva angustia al pensar que podía volver a engordar… el recuerdo de los ataques de su infancia por su talla y las bromas e insultos que aún resonaban en sus oídos le hicieron ponerse de pie y correr al baño donde pudo vomitarlo todo…
Cuando terminó, fatigado, apoyado en el WC pensó en ella. La única persona que no era su hermana, que lo quiso incondicionalmente. Había sido para todos un niño gordo y tímido, pero para ella había sido su héroe y su mejor amigo… pero, ¿Qué pensaría si sabía de esos arranques que le daban de comer como un cerdo y luego de devolver? ¿Tendría el valor de confesarle que buena parte de su sonrisa se la debía a la porcelana y a los dentistas?
… Y un viejo amigo llega a tratar de ayudarlo…
-No puedes seguir aquí… es que no puedes. Kenshin, necesitas reconocer tu problema y volver a casa. Nadie te juzgará… -
-Pero Tenshi… no puedo. Tengo que terminar mis estudios… este es el último año… -
… Un viejo amigo que tendrá que cambiar de estrategia…
-¡¡¡QUÉ ERES TÚ!!!- gritó Kaoru asustada.
-¿Un fantasma, que no lo ves?… pero no hay tiempo que perder. Eres la única que puede ayudarlo y Misao me ha dado su autorización-
-¿Misao?… ¿De qué hablas? Misao, esta es una mala broma, ¿no?-
La joven de largo cabello negro miró a Kaoru con sus impresionantes ojos verdes.
-No es ninguna broma ni Tenshi producto de ningún efecto. Pensamos en ti porque eres la única que pudo ver más allá de la apariencia de mi hermano cuando era gordo. Fuiste su única amiga, la única persona por la que él hubiera dado la vida. Por eso… por eso… nos tienes que ayudar.
-Pero qué le pasa a Kenshin.-
-No te puedo dar detalles porque él me lo ha prohibido pero en este momento pasa por una profunda depresión y está muy confundido. Tú debes ir al campus para sacarlo de eso.-
-¡Pero por qué no me dijiste antes que Kenshin estaba en problemas!- la joven de inmediato preparó su bolso de viaje.- Me voy esta misma noche a donde digas. Me inscribiré en su universidad y entonces… -
El espectro, que había pasado a segundo plano, carraspeó para llamar su atención.
-Kenshin está en una universidad mixta, pero duerme en un edificio sólo de varones. Si quieres ayudarlo tendrás que acercarte y si quieres hacerlo, no podrás ir de mujer… -
-Pero… pero yo soy mujer y no sé cómo… -
-Claro que sabes cómo.- dijo Misao, pasándole una enorme gorra. - Si yo pude engañar a Aoshi por unos meses, tú podrás llegar más lejos aún. Aoshi está de acuerdo, moverá sus influencias…-
… recibirá una respuesta… llena de esperanza…
-¿Entonces, estás dispuesta?-
-Yo por Kenshin haría cualquier cosa. Realmente lo haría…-
Un reencuentro que cambiará sus vidas…
-Soy Kaneda Nobuhiro, tu nuevo compañero de cuarto.-
-Mucho gusto.- respondió Kenshin haciendo una leve inclinación.
-Kaoru… - Susurró Tenshi al oído de la chica.- … te estás ruborizando… -
-¡Cállate!-
Kenshin se asustó con lo que oía y se paró muy derecho.
-¿Perdón?-
Kaoru volvió su atención a él.
-Hem… no era para ti, era… hem… mi conciencia. Hoy comí sin dar gracias y eso me molesta… -
Este año, dos jóvenes se reencontrarán bajo una nueva apariencia, contando con una nueva oportunidad…
-Como desearía decirte que soy yo, tu Kaoru, y no el muchacho que ves en mi cara… pero debo cuidarte, Kenshin. Un día saldrás de todo esto y entonces, entonces… - le decía la joven acariciando el rostro del dormido joven.- Entonces me va a faltar vida para demostrarte todo lo que te quiero… -
De la autora de "Misao, una chica en Apuros" llega esta nueva producción, continuando una historia que nos había prometido.
"Kenshin… un chico en dificultades"
-Siempre te voy a querer, no importa lo que pase, Kenshin. Siempre…-
(Fin de la musiquilla imaginaria)
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