Prisionera

Acto Once

El regreso de un Traidor

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Kenshin iba un poco distraído al encuentro con los secuestradores. Y es que, a pesar de saber que debía enfocarse en esa misión, había algo que lo estaba perturbando. No entendía muy bien el por qué, pero lo cierto es que estando lejos de los chistes de Sanosuke y del delicioso embrujo que Kaoru tenía sobre él a pesar de su apariencia de muchacho, Kenshin tenía algo nuevo en qué pensar. Lo cierto es que el recuerdo de aquel hombre en dificultades al que ayudó por la mañana le estaba rondando hacía rato en la cabeza. Sentía que su subconsciente estaba a punto de revelarle algo importante y posible sobre ese hombre, que aún él no alcanzaba a vislumbrar.

No se había dado cuenta, pero a pesar de que llevaba prisa, se había ido deteniendo hasta caminar a paso lento, como si estuviera de paseo.

-Algo en la cara de ese tipo… su expresión… - se dijo, deteniéndose casi por completo. Sin duda había algo de ese hombre que lo estaba molestando, ¿pero qué?

-¡¡Keeeenshiiiiin!!- dijo una voz masculina a sus espaldas. Fastidiado, supo que se trataba de Sanosuke. Y si venía él, seguramente…

-Kenshin…- le saludó Kaoru sonriente y casi sin aire, por haber estado corriendo sin descanso para darle alcance.- Qué bueno que te pudimos encontrar… ya creía yo que este despistado nos había hecho equivocar el camino.-

-Claro que no soy ningún despistado.- declaró Sanosuke molesto.- Yo soy un experto en lo de las direcciones y la intuición. Es un sentido que desarrollé en las apuestas… -

-¡No les dije que se quedaran en la casa de Kaneda! ¡¿Acaso no te encargué, Sanosuke, el resguardo de Kaoru?!-

-¡Al diablo con mi resguardo, vinimos a rescatarte!.- dijo Kaoru en un impulso. Kenshin puso cara de no entender y la joven decidió retractarse o tendría que dar muchas explicaciones.- Quiero decir que vinimos a ayudarte. Quizá algo podamos hacer para salvar a las nietas del señor Kaneda.-

Sanosuke asintió. Kenshin tuvo ganas de decirles que se fueran, pero meditó un poco. Si lo hacía, seguramente se enfrascarían en una larga discusión sin sentido y por otra parte, su distracción ya le había hecho perder tiempo en el viaje. Comprendió que no podían demorarse más.

-Muy bien, vamos. Pero este será el plan… y espero que por una condenada vez me hagan caso.- dijo mientras se ponía a correr y los otros dos le seguían el paso.

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Chizuru puso su mejilla contra la de su hermana, notando que la fiebre estaba lejos de disminuir. Preocupada, de tanto en tanto miraba hacia la puerta, consciente de que en cualquier momento el abuelo aparecería por ahí. Sin embargo, cuando recordaba el modo violento en que las sacaron de su lado y la manera en que él luchó por ellas y lo hirieron, su parte racional le decía que era imposible que su abuelo pudiera venir a su rescate.

Pero tenía que confiar… tenía que hacerlo.

-Sayo… hermanita… ¿te sientes mejor?-

-No… - respondió muy débilmente. Chizuru pudo escuchar claramente un silbido y supo que provenía del pecho de su hermana, que no estaba respirando bien. En eso un sonido en las afueras del cuarto la puso alerta. Estaban tratando de abrir la puerta. -Hermana… -

Si hubieran podido abrazarse, lo hubieran hecho. Pero las hermanas sólo pudieron juntar sus cuerpos tanto como pudieron, tratando de proteger la una a la otra en vano, pues sabían lo que se les venía encima, y sabían también que no podrían hacer gran cosa por evitarlo.

Pero Chizuru tomó una decisión. Si violaban a su hermana primero, en el estado en el que estaba, sin duda la matarían. Tal vez, si ganaban un poco de tiempo con ella, el abuelo tendría ocasión de llegar…

Entró un tipo primero, encontrándolas en un rincón del cuarto acurrucadas entre ellas, pero de algún modo, Chizuru estaba delante de su hermana.

-Se lo teníamos prometido y el viejo no vino. Que no se queje después que no se las devolvimos sanas y salvas… eso si es que se las devolvemos.-

Un segundo tipejo con cara de haber bebido sake en exceso también entró.

-Míralas… qué lindas que se ven… yo quiero con las dos… -

-No te preocupes, tendremos tiempo antes de que lleguen los demás.-

El primer tipo tomó a Chizuru por los hombros, haciéndola levantarse. El otro se volcó a Sayo, que apenas y podía abrir los ojos de la fiebre.

-Por favor, señor… déjeme… - suplicó débilmente. Pero el tipo no la tomó en cuenta, porque aquella muchacha de unos dieciocho años era una preciosura.

-Claro que te dejaré, en un momento… - comentó. Sin embargo escuchó clara la voz de Chizuru.

-¡Házmelo a mi!.- Aterrada, la joven tomó aire para hablar, decidida a pesar de las consecuencias.- Lo que sea que quieras con ella, a mí házmelo, pero no toques a mi hermana… - suplicó. El sujeto la observó, sopesando la posibilidad. Miró a su compañero.

-Si es lo que ella quiere, no le veo problema. Te puede complacer con su boca mientras a mi… con otras partes.-

Chizuru sintió una nausea cuando el tipo abandonó a su hermana dejándola caer y avanzó resuelto hacia ella. No dudó, una vez a su lado, en desatarse los nudos del hakama. La joven cerró los ojos mientras sentía al que la tenía a ella, cortarle los lazos del kimono apresurado. Sayo, al borde de la inconciencia, suplicaba piedad.

Kaoru miró un par de segundos la escena, junto a Sanosuke, antes de pasar a la acción.

-¡¡Déjenla en paz, par de malnacidos!!-gritó, olvidándose de los consejos de Kenshin de ir en silencio, pero… ¡¡Es que a una chica de su edad estaban a punto de hacerle lo que su tío trató muchas veces con ella, pero entre dos!!

De dos golpes bien dados con su espada de madera, dejó a ambos depravados en el suelo. Sanosuke aseguró la entrada, atizándole a unos cuatro que fueron a ver qué pasaba mientras ella corría junto a Chizuru para auxiliarla, porque estaba tan pálida, que Kaoru temió que se desplomara de un momento a otro.

La joven temblaba, sin lograr entender del todo lo que pasaba, cuando sintió las tibias manos de Kaoru sobre sus muñecas, y luego el frío del acero, porque con el tantoo que llevaba, estaba cortando sus ataduras.

-Ya pasó, ya todo esto terminó… - le dijo Kaoru muy suavemente al oído para infundarle calma. -No te preocupes, tu abuelo nos ha enviado a rescatarte.-

Desde luego que su voz sonaba a la de un muchacho joven. Chizuru recién en ese momento comprendió que todo había terminado. Sanosuke, una vez pasado el peligro, entró al cuarto a inspeccionar, notando que parecía un granero, y topándose con un cuerpecito inmóvil en el suelo lleno de paja.

-¡Hey, Kenji, acá hay una chica inconsciente… ! - gritó, moviendo a Sayo para ver si despertaba. Chizuru entonces se dijo que eso recién comenzaba.

-Mi hermana… está muy enferma. Por favor, ayúdela, llévela a un médico… - imploró a Sanosuke quien consternado, observaba el bello rostro de la muchacha dormida brillante de sudor. Sin duda estaba sumamente afiebrada con los carnosos labios resecos. La levantó en brazos como si no pesara nada. Kaoru miró a Chizuru.

-¿Te alcanzaron a hacer algo estos perros?- le preguntó. La joven, atándose los pedazos del obi del kimono negó con la cabeza. En eso, uno de los tipos se puso de pie detrás de Kaoru, siendo alertada por Sano.

-¡Kenji, atrás de ti!- le gritó. Kaoru, que traía su espada de madera en una mano, no lo pensó mucho antes de darle unos cuantos golpes en la cabeza y de paso, le atizó al otro que estaba despertando.

-Malditos pervertidos, ¡Cómo osan aprovecharse de niñas indefensas! ¡¡Eso nunca se le hace a una mujer!! ¡¡Debería castrarlos a ver si así aprenden!!-

-No los podemos castrar.- dijo Sanosuke con Sayo muy cerca de su pecho.- pero los podemos golpear. ¿Qué te parece, Kenji? Uno tú y uno yo. Los otros a los que golpeé siguen dormidos.-

Kaoru le dio duro al que le tocó a ella, en la entrepierna, con una rabia que sólo podía tener alguien que se había salvado por los pelos de unas cuantas violaciones. Veía en ellos la cara de Matsusoo y Sanosuke, por otro lado, conmovido con aquellas dos lindas hermanas que se merecían sólo cosas buenas y no ese tipo de vivencias, con Sayo aún en brazos, pateó también las partes del hombre más borracho, de tal manera que por un momento pensó que le había reventado los testículos.

Chizuru los veía hacer impresionada. ¡Esos dos jóvenes no sólo las habían rescatado, también la estaban vengando!

-Vamos, Sano. Debemos salir de aquí para ayudar a la hermana de la señorita.- observó Kaoru.- Espero que Kenshin haya terminado afuera.-

Chizuru prestó atención.

-¿Kenshin?… ¿El señor Himura está aquí?-

Kaoru asintió, saliendo del cuarto.

Chizuru se quedó pensando en la cuestión de Kenshin. ¡Lo vería nuevamente! Pero… ¿Cómo la trataría él, después de lo que había pasado entre ellos? Habían pasado dos años desde aquello, pero ella lo recordaba casi cada noche.

-Señorita.- dijo Kaoru alargándole una mano para ayudarle a salir de ese lugar lleno de paja, basura y canastos apilados.- Venga con nosotros.-

Chizuru hizo caso, sonriendo. El abuelo si se había acordado de ellas, porque había mandado a buscar al mejor para rescatarlas. Y eso era lo que más importaba.

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-Sin duda alguna será una encerrona.- se dijo Kenshin muy tranquilo, pasando lentamente por el sendero que llevaba a la casa principal. Después de todo, nadie había salido a cortarle el paso y pronto vio que Kaoru y Sanosuke venían con las jóvenes nietas del señor Kaneda.

Pero algo no andaba bien, puesto que una estaba desvanecida en los brazos de Sanosuke. Y él se notaba preocupado.

-¿Qué le pasa a esa chica?… ¿Acaso la golpearon?.-

Chizuru no estaba para ponerse a pensar en que tenía al señor Himura frente a ella, porque su hermana era de lo más importante.

-Ella estaba enferma cuando nos sacaron de la casa, señor Himura.- empezó la jovencita.- Y en estos días nos han tenido durmiendo en el granero, sin ningún abrigo. Ella estaba agripada y ha empeorado por la poca comida y las frescas noches. Además, no me podía mover para ayudarla.- comentó sobándose las muñecas donde a la luz de la luna eran visibles los cardenales que dejó el amarre al que fue sometida.

Kenshin miró a Chizuru, a Sayo y luego a Sanosuke, quien no dejaba de observar el rostro de la chica enferma.

-Kenshin… no estoy muy seguro pero esta gripe ha empeorado. Su respiración es muy irregular y si estuviéramos con Megumi sin duda podríamos hacer algo porque ella siempre ve estos casos, pero necesitamos un médico ya.-

Existía la posibilidad de que al irse, los atacaran en masa. O no. Después de todo, Kenshin sabía que lo buscaban a él.

"Han raptado a mis nietas y me han dicho que tiene que venir usted si quiero volver a verlas. Lamento pedirle esto, pero no tengo otro remedio, porque como usted sabrá, son lo que más quiero en la vida." decía parte de la carta que le había mandado Kaneda.

-Llévala al médico lo más pronto que se pueda. Chizuru, tú debes saber dónde vive el médico de esta ciudad.-dijo el pelirrojo.

Chizuru quiso decir algo, pero se contuvo. Kenshin se dirigió a Kaoru.

-Vete también de aquí… -

-Olvídalo. No pienso dejarte solo.- dijo la chica con convicción, tuteándolo. Kenshin reparó que desde que Kaoru se vestía de hombre, lo hacía.

-¡Maldita sea! ¿Por qué nunca quieres hacerme caso?-

-Porque puedes estar en peligro y yo puedo ayudarte.-

-No necesito tu escolta. Mejor ve con Sanosuke, que esa chica necesita ayuda y lo estás retrasando. Acompaña luego a Chizuru a su casa.-

Kaoru pensó un poco y notó que en verdad esas eran las prioridades, pero no quería dejar a Kenshin solo. Se volvió a Sanosuke con los hombros ligeramente caídos, porque esta vez Kenshin le ganaba.

-Muy bien, vamos.- dijo la joven. Pero en ese momento, sorpresivamente se vieron rodeados por una cuarentena de hombres.

-No podrás decir, Battousai, que no quieres pelear sin antes ver a las muchachas, asi que ahí las tienes. Pero si quieres que tus amigos puedan irse, tendrás que quedarte aquí.- dijo un hombre delgado y de mediana estatura que se presentó ante él. Kaoru notó a Kenshin tensar la mandíbula al oír esa voz. Tuvo la sensación de que lo conocía.

-Iizuka… - musitó Kenshin apretando los dientes. Entonces Kaoru confirmó lo que presentía.

El hombre, que se había mantenido a la sombra de un árbol, salió a la luz plateada de la luna llena.

-Han pasado muchos años, ¿no, Himura?-

Kenshin no respondió. Llevaba aún el sombrero de paja y la venda en la mejilla, y aunque tenía ganas de quitárselos, optó por esperar un poco más. Kaoru recordó su idea del mar calmo con inquietantes corrientes bajo la superficie.

-Veo que traes compañía. Al parecer te has vuelto más sociable. Recuerdo que eras un chico bastante solitario.-

"No es sólo furia lo que estoy percibiendo de él." pensó Kaoru alarmada. El estar al lado de Kenshin, le daba la idea de poder recibir una parte de sus emociones y de algún modo supo que él además estaba entristecido. ¿Quién era Iizuka en la vida de Kenshin?

-Traidor… - musitó este.- Pensé que no vería tu cara nunca más.-

Iizuka, poniéndose una espada sobre el hombro, caminó por dentro del círculo que formaban sus hombres, rodeándolos, haciendo que Kenshin y Kaoru se movieran para estar de frente a él. Sanosuke veía que el asunto tenía mala pinta y frunció el ceño, preocupado del ángel que seguía dormido en sus brazos.

-Todo tiene un precio, Himura.- siguió el otro tranquilamente.- Y el hombre que mandó tu querido Katsura a asesinarme recibió parte del pago que me dieron a mí por venderte. Era bastante, asi que alcanzó para los dos. Yo seguí con vida, y el con unas cuantas monedas para entretenerse. No todos tienen tu ideal del compromiso y el honor. - terminó, encogiéndose de hombros.

-¿Venderte?.- preguntó Kaoru por lo bajo. Kenshin sólo la miró y volvió su mirada a Iizuka. Kaoru miró hacia atrás, a Sanosuke y entendió que él tampoco sabía de qué hablaban.

-¿Qué quieres de mi?… ¿Por qué has raptado a estas jóvenes para hacerme venir?-

Preguntó Kenshin en voz baja. Su enfado iba en ascenso.

-Diez años, once años… no sé cuanto tiempo ha pasado desde que todo terminó, pero si el nivel de combate de Kaneda bajó tanto, sin duda habrá pasado lo mismo con el tuyo.- dijo Iizuka deteniéndose en su calmo paseo.- Himura, seré claro contigo. Siempre supe que Kaneda y tú eran amigos. No como los que fuimos alguna vez nosotros, claro está, pero sin duda era el único que podía contactar contigo. Esta aclaración es con respecto a la pregunta de ¿por qué hice raptar a las nietas de él? Con respecto a ¿para qué te necesito?… es aún más simple. Hay una recompensa, Himura, y la quiero.-

Nuevamente Kaoru y Sanosuke intercambiaron miradas. ¿Se refería acaso a la suma que ofrecía Matsusoo por Kenshin? Chizuru, que no sabía de lo que hablaban, se acercó a Sanosuke y se apoyó en él porque se sentía muy cansada. Además, quería estar cerca de Sayo.

-Pretendes entregarme nuevamente- dijo Kenshin firmemente, más como una aseveración que como una pregunta.

-En honor a los viejos tiempos, claro está. No te voy a negar que me gusta el dinero y la suma es más que generosa. ¿Sabes? En el fondo me agradas. Siempre gano contigo.-

"Es como si con cada palabra, revolviera una vieja herida" pensó Kaoru.

-Deja que los jóvenes se vayan.- dijo Kenshin.- Y yo me entregaré voluntariamente. Hay una chica enferma y los demás no tienen nada que ver en esto.-

Alarmada, Kaoru supo que él quería ponerla a salvo.

-Claro que no… - respondió Iizuka.- Falta alguien aquí y es la chica que escapó contigo. La quiero a ella también ya que también hay una recompensa.-

-Eso no puede ser posible.- dijo Kenshin.- ella ha quedado en mi residencia.-

Iizuka levantó una ceja.

-Mentir no es algo que se te de, Himura.-

Kenshin guardó silencio.

-No entiendo nada de lo que pasa.- dijo Kaoru mosqueada con tanto juego psicológico.- Pero o nos dejas ir con la joven enferma o habrá pelea.- dijo envalentonada, sorprendiendo a Kenshin.- Tú no nos vas a detener.-

-Yo no, pero cuarenta hombres… ¿no te dice algo?… ¿Hum… ventaja numérica?-

Kaoru empuñó su boken, en posición de combate, colocándose a un lado de Chizuru para protegerla. Al ver su actitud, Sanosuke, con cuidado, dejó a Sayo en el suelo.

-Cuida de tu hermana.- le dijo a Chizuru, quien se puso a resguardarla.- Cuarenta contra tres no es tan grave.- observó en voz alta, tratando de aligerar la situación.

Pero a Kenshin lo que estaba sucediendo no le hacía gracia. Sabía que Sanosuke peleaba en las calles antes de conocer a Megumi y que Kaoru le había dicho algo de que sabía de kendo, ¡pero jamás los había visto en un combate real? ¿Quién podía asegurarle que podían salir bien de todo eso? Además, si le pasaba algo a Kaoru…

Por un momento le entró el pánico.

-Tus amigos tienen cojones.- dijo Iizuka.- Pero sabes que esto puede salir mal, Himura. Nunca te gustó el sacrificio inútil de vidas, ¿no?-

-Kenshin.- le dijo Kaoru en un murmullo, juntando su espalda con la de él, sin perder la posición defensiva.- No sé bien de qué va la cosa, pero sé que por mi culpa, tú y las personas que aprecias están en peligro. Y antes de que lo sugieras, no voy a abandonar. Si para salir de aquí tenemos que pelear, así lo haremos.-

-No seas tonta…- dijo Kenshin por lo bajo.- No podemos hacer eso, ya que sería arriesgar inútilmente tu vida y la de los demás. Me entregaré, escaparé más adelante y me reuniré contigo. Así se hará. Sólo debes permanecer cerca de Sanosuke y no quitarte el hakama. Todo lo que necesitas para modificar tu apariencia está en los bolsos de viaje. Si estoy solo, me será más fácil enfrentar a ese hombre y… -

-¡No lo permitiré!- dijo Kaoru con energía, a pesar de que su voz apenas se escuchaba en el cuchicheo.- Yo te metí en este lío… tú me has cuidado y… y me has dicho que soy tu mujer. En ese caso tú eres mi hombre y cuidaré de ti.-

-¿Pero qué acaso no entiendes que es una imprudencia?-

-¡¡Al diablo!!.- gritó Kaoru.- "Zuka" o como te llames, aquí habrá pleito porque nos iremos todos juntos de aquí.-

-Himura se quedará conmigo. Y a fin de cuentas, si quiere pelear es cosa suya, ya que la recompensa por él la dan asi se lleve vivo o muerto. Si eso es lo que quieren… - respondió el otro, sin perder su calma.

Kaoru apretó fuertemente el mango de su espada y Sanosuke preparó su guardia. Kenshin, fastidiado con Kaoru, se puso en posición, en tanto Sayo comenzaba a despertar. Chizuru, sobre ella, trató de protegerla con su cuerpo.

-Todo saldrá bien, hermana… el seño Himura ha venido a nuestro rescate.-le dijo, mirando de reojo a los tres hombres de espaldas a ellas, listos para comenzar la defensa primero y el ataque después.

-Todo saldrá bien…- dijo débilmente Sayo. Chizuru, temblando, trató de creerlo.

-¡¡A ellos!! - gritó Iizuka, con su rostro deformado por la rabia. Ese maldito muchacho de la espada de madera había convencido a Kenshin de pelear cuando éste ya se había convencido de entregarse por las buenas.

Si bien Kaoru sabía de combates, nunca había estado en uno donde se amenazaba su vida con espadas reales. Pero no era tiempo de retractarse, porque dos tipos se le venían encima y ella no podía dudar en sus movimientos, si es que quería salvar el pellejo. Además, si algo le pasaba, Kenshin se iba a sentir muy mal…

Por otra parte Sanosuke sonreía. Una buena pelea… justo lo que necesitaba para quitarse la rabia de encima por el rechazo de la bella doctora, que nunca notó las muchas cosas que él dejó para ser más digno de ella. ¡Al diablo con Megumi! Ella se perdería a tamaño galán.

Quienes se acercaron a Kenshin sólo alcanzaron a ver un reflejo acerado y luego no supieron más de sí. Al desenvainar su espada, a una velocidad impresionante e irreal, Kenshin alcanzó a cuatro hombres armados que venían a darle, lanzándolos lejos y con un profundo dolor a la altura de sus pechos. Miró hacia atrás y notó con cierta sorpresa que a los pies de Kaoru habían dos hombres inconscientes, con sangre manando de sus cabezas. De inmediato Kaoru volvía a su posición defensiva, esperando que los demás se le acercaran, protegiendo el flanco que se había asignado a sí misma de modo que nadie tocara a las muchachas.

En una rápida ojeada al otro lado, Kenshin pudo ver a Sanosuke convertido en el mismísimo demonio repartiendo patadas y derrochando una energía increíble. Embravecido, con sus puños y pies era, numéricamente, más efectivo que Kaoru y peleaba muy bien. Más tranquilo, el pelirrojo pensó esta vez en pasar al ataque, porque sabía que las chicas estaban protegidas y porque no le quedaba de otra más que pensar que Kaoru podía defenderse sola.

-¡¡Olvídense de los mocosos y atáquenlo a él!!- Gritaba Iizuka desesperado al ver como iba el combate. Verdaderamente había pensado que en esos años Kenshin había disminuido sus cualidades de espadachín.- "Sin embargo, el muy maldito era un prodigioso de la espada… aún cuando su nivel disminuyera un poco, su efectividad en el ataque poco cambiaría…" pensaba con rabia. Siempre había envidiado esa fuerza del pelirrojo cuando apenas entraba en la juventud mientras él era un adulto que ya no podía ser mejor de lo que era. Sin duda las peleas no eran lo suyo, le gustaba demasiado el dinero y por tenerlo era capaz de hacer cualquier cosa, como venderle la identidad de Battousai a los enemigos y encubrir a Tomoe para que se acercara lo suficiente a él como para enamorarlo.

Sorprendido, abrió los ojos. Kenshin había pegado un salto espectacular y caía en medio de los hombres, girando rápidamente al tocar el suelo, de modo que con su espada trazó un círculo de luz que derribó a los primeros que lo rodeaban.

Kaoru acabó con un hombre que le había hecho un corte en el brazo y lo dejó inconsciente, notando que la mayoría estaban detrás de Kenshin, aunque ahora, hacia ella venían unos cinco espadas en alto para hacerla sushi. Kaoru no tenía esa velocidad supernatural de Kenshin, aunque de pronto sintió en un susurro la voz de su padre hablándole al oído.

-"Si muchos se te lanzan para atacarte a la vez, corre, date vuelta y acaba con el primero que te dé alcance. Repite lo mismo con los demás."-

Kaoru tomó aire y encaró a los tipos, golpeándose el trasero con las manos.

-Atrápenme si pueden, que voy a meterme con sus esposas, jajajajajajaja, cornudos… -

Parecía que la arenga resultó, porque enfurecidos, los cinco se lanzaron con brío en su persecución mientras estupefacto, Sanosuke se quedaba parado, viendo a Kaoru correr por el campo. Luego miró hacia el otro lado, viendo a Kenshin atacando a muchos hombres a la vez y derribándolos.

-Esto no puede acabar así, aún no me desquito de la rabia que me traigo. ¡¡¡Kenshiiiiin, déjame uno!!!-

Hizo ademán de irse, pero antes se volvió a Chizuru.

-Cuida de tu linda hermana, pronto volveré.-

De inmediato corrió hacia el grupo de hombres que esperaba su turno para enfrentarse a Kenshin. Uno de ellos sintió temor de aquél demonio de cabellos rojos y reculó, justo para toparse con una pared de músculos.

Sonriendo de medio lado, Sanosuke le estrelló el puño en plena boca, botándole los cuatro dientes de adelante sin necesidad de anestesia ni esas cosas que hacían los dentistas, con una bonita técnica artesanal y encima gratis.

En eso, agarró a un segundo sujeto por el cuello de la yukata, sacándolo del grupo y dejándoselo para patearlo muy alegremente.

Mientras, en otro plano, Kaoru corría por su vida como alma que lleva el diablo. ¿Cuándo se cansarían los que la seguían para diferenciarse en sus velocidades? Así como iban, si ella se detenía a darle al primero, los demás le iban a dar alcance y eso no le convenía, si es que quería irse al otro mundo tal como llegó de él: de una pieza. Pero al menos, no todo era tan malo. Si bien durante la estadía con el tío no pudo ejercitarse, las largas caminatas con Kenshin aumentaron su resistencia y sentía que podría seguir corriendo toda su vida, que esperaba fuera muy larga.

Finalmente, tras la última ojeada descubrió que el hombre que iba más cerca de ella ya estaba más alejado del grupo. Se detuvo, se dio la media vuelta y aguardó. Claro que no tuvo que aguardar tanto porque el hombre iba casi atrás de ella y como iba con vuelo, no alcanzó a detenerse para enfrentarla. Rápidamente, Kaoru le hizo una zancadilla, dándole al tropezar, en la espalda el más fuerte golpe. De este modo, el hombre salió volando por los aires y aullando de dolor. Uno menos.

Kenshin ya había derribado a veinte espadachines con su elegante técnica mientras Sanosuke se había empecinado en acabar con la sonrisa de uno. Ya lo tenía listo para tomar sopa el resto de su vida, cuando otro pobre desgraciado cayó a sus manos. El pelirrojo, satisfecho, se volvió a buscar a Kaoru con la mirada y con alarma notó que no estaba. Asustado, comenzó su busca, cuando ella apareció tras unos arbustos corriendo con tres hombres a su siga.

La iba a ayudar cuando ella se dio vuelta y con dos golpes botó al que le dio alcance y siguió en su carrera. Kenshin sonrió: era una chica lista. Sin embargo, tanto correr había hecho que el sombrero que ocultaba su rostro cayera hacia atrás, dejando su larga y oscura coleta al aire, así como sus delicadas facciones al descubierto. Y entonces, Iizuka, que estaba pensando en el escape, se quedó donde estaba, sonriendo mientras miraba a la muchacha. Al parecer había descubierto su secreto.

-Nos volveremos a ver… - dijo, en tanto corría en dirección a la mansión, perdiéndose de vista. Kenshin y Sanosuke, que ya habían terminado con sus enemigos y Kaoru, que regresaba de haber botado al último, hicieron ademán de seguirlo, pero la voz de Chizuru llegó clara hasta ellos.

-¡Mi hermana… ya no despierta señor Himura!- dijo desesperada. Sanosuke fue el primero en llegar hasta ellas y poner su oído sobre el pecho de la enferma.

-Está respirando… - dijo.- Pero muy débilmente. Kenshin, no hay tiempo que perder. Me llevo a esta niña ahora mismo.- declaró tomándola en brazos.

Como al pelear no mataron a nadie, los hombres que cayeron primero se empezaron a levantar y les cerraron, tercos, el paso.

-Te abriré el camino, Sano.- dijo Kenshin lanzándose al ataque mientras Kaoru lo seguía espada en alto dispuesta a ayudarlo si era necesario. Sanosuke corrió tras ellos, seguida de Chizuru que le indicaría dónde vivía el doctor, y así salieron de aquel lugar sin mayores complicaciones.

Tras correr por espacio de veinte minutos, los cinco entraron al pueblo y enseguida se dieron a la tarea de llamar al señor Takemura. Éste no salía, y finalmente fue una vecina la que los atendió.

-El doctor se ha ido a un pueblo vecino y no volverá hasta dentro de un par de días.-

Sanosuke, que había visto muchos casos como ese acabar mal al administrar demasiado tarde el medicamento, no pudo siquiera considerar la idea de perder el tiempo viajando en busca del medicucho.

-Seguramente él le encargó las llaves de su consulta. Ábrame la puerta, señora. Yo soy médico, pero estoy de paso por aquí y no tengo mis medicamentos conmigo. Por favor, esta niña puede morir.-

La mujer lo miró con desconfianza, ya que en verdad ninguno de ese grupo traía buena pinta y se veían algo maltratados. Encima, el que se decía ser médico, traía la ropa manchada de sangre. Declaró que parecían delincuentes, que uno de ellos traía espada y que no la molestaran más, antes de irse a su casa y dejarlos solos.

-¡¡¡Malditas mujeres, son todas unas tercas!!!- gritó Sanosuke rompiendo de una patada la puerta de la consulta ante el asombro de los demás. Entonces, sin pensarlo demasiado, acabó de echarla abajo y traspasar el umbral con la muchacha enferma. Muy seguro, la dejó sobre una camilla y la tapó con una manta. Pero hasta ahí llegó, ya que a pesar de la luz que se filtraba por un ventana, no podía ver nada más.

A tientas, Kenshin trató de encontrar alguna lámpara y algo con qué encenderla. Al iluminar la estancia, Sanosuke se dedicó a la búsqueda de un medicamento especial.

-¿Usted es médico, señor?.- preguntó Chizuru. Sanosuke, concentrado en la búsqueda, negó con la cabeza.

-Yo trabajé durante unos años con una doctora, la mejor del mundo. Y he visto muchas veces casos como el de su hermana llegar hasta ella, por eso sé lo que podemos darle para bajar esa fiebre, que es lo primordial.-

Kaoru miró con cierta admiración a Sanosuke. Parecía un gamberro, pero tenía un gran corazón y no dudaba en prestar su ayuda.

-¡Lo encontré!- exclamó el joven sacando una frasquito del estante.- Con esto… -

Kenshin, que se había quedado afuera haciendo guardia, entró de inmediato.

-Viene la policía, sin duda la señora los ha llamado. No podemos permanecer aquí por más tiempo.-

-Un momento más, sólo un momento… - pidió Sano, mientras mezclaba el medicamento con agua y luego, con cuidado, mediante un tubito, se lo metía en la boca a Sayo en tanto que Kaoru, según sus órdenes, le levantaba la cabeza. A pesar de éstas precauciones, la joven se atragantó y despertó al tener que toser. Luego de reponerse se tomó el segundo trago.

-Sano… - lo apuró Kenshin desde la puerta.- No podemos luchar contra ellos, meteremos en problemas a Kaneda.-

-¡Claro, pero él no dudó en entregarte a ti y luego se dice tu amigo!-

-¡Yo sabía a lo que venía, él me lo explicó en la carta que me trajiste esta mañana!- exclamó Kenshin.

Sanosuke acabó de meterse el frasco de remedio en un bolsillo del pantalón con el tubito para el agua y tomó a Sayo nuevamente, esta vez envuelta en una manta. De inmediato los cinco salieron corriendo.

-Kenshin.- dijo jadeando Sanosuke mientras corrían.- Necesita un médico ahora.-

Chizuru no podía creer lo que estaba pasando, pero estaba tan cansada de correr que empezó a quedar atrás. Kaoru, regresando, la tomó de una mano, ayudándole al brindarle parte de su impulso. Sin embargo, la chica ya no podía más.

-Kenshin… la joven.- dijo Kaoru conmovida al verla tan cansada. Sin duda no estaba acostumbrada a eso. Kenshin, comprendiendo, se la echó a la espalda, cargando con ella en el escape.

-Creo… - dijo Sanosuke.- Que si me voy ahora, mañana al amanecer estaremos en la clínica de Megumi. Lo que le he dado calmará su fiebre y nos dará tiempo de llegar. El medicucho ese no tenía lo que se necesita para despejar su pecho…-

-Sanosuke, es peligroso y… -

-Confía en mí, llegaré con ella sana y salva. Hasta el momento no te he decepcionado.-

Kenshin comprendió y sonrió.

-Está bien. Vete. Nosotros te daremos alcance en cuanto todo esté más seguro por acá.-

-Bien.- dijo Sanosuke, pidiendo luego las indicaciones para llegar al camino por el que habían venido. Con ayuda de Kaoru se echó a Sayo a la espalda, porque así se le haría más fácil lo de la marcha rápida.

Chizuru estiró un brazo al ver que Sanosuke se alejaba.

-Hermana… yo quiero ir con mi hermana.-

-No podemos.- dijo Kenshin enfilando junto a Kaoru hacia la casa de Kaneda.- A mi me persiguen y debemos observar que no regresen esos tipos a molestarlos. Además, si vamos con Sanosuke sólo lo retrasaremos y tú no estás en condiciones de soportar el viaje.-

Tras diez minutos de carreras, Kaoru, Kenshin y Chizuru llegaron a la casa del abuelo, quien salió a su encuentro emocionado. Rápidamente Kaoru le informó de la situación de Sayo y de la intervención de Sanosuke.

-Si el señor Himura confía en él, entonces no tengo de qué preocuparme.- concluyó el hombre.-Me alegro de que todo esté terminando bien.

-Discúlpame por las molestias que te he causado.- dijo Kenshin.- Iizuka quería dar conmigo y para eso han metido en todo esto a tu familia.

-Asi que Iizuka… ¿estamos hablando del mismo hombre que… ?- dijo Kaneda sorprendido. Kenshin asintió.

-No creo que vuelva a molestarte, de todos modos… - dijo Kenshin.- … tenemos que irnos con Kenji.-

-Pero… -Kaneda miró con emoción al pelirrojo.- Por favor, nada me honraría más que pasaran la noche aquí.-

Chizuru miró a Kenshin con la ilusión en sus ojos.

-Debemos partir con Kenji. Iizuka… -

-Iizuka es un cobarde. Si acabaste esta noche con sus hombres, no regresará a molestarte. Él mismo se reconoce como un incapaz para pelear, por eso lo suyo es la traición. Pasa la noche aquí, amigo mío. Está todo preparado y podrás reponerte. Además… creo que ese joven necesita unas vendas.

Kaoru sintió que la miraban y en eso, sus ojos se dirigieron hacia su brazo derecho. ¡La manga estaba empapada de su sangre! De inmediato, Kenshin llegó hasta ella.

-En ese caso, acepto tu oferta, Kaneda. Y una palangana y vendas… -

-Vete al cuarto de baño con tu amigo, que está todo preparado. Yo te haré llegar cuánto necesites. Estoy seguro de que les hará bien el agua caliente.-

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Aoshi se encontraba sorprendido con Misao, ya que a pesar de su aspecto frágil, estaba aguantando muy bien el largo viaje.

En ese momento dormía cerca de la fogata que iluminaba su rostro sereno. Mientras Hyotoko hacía la guardia, Aoshi se acercó sigiloso a la joven y con el dorso de una mano, acarició su mejilla.

Grande fue su sorpresa cuando Misao de inmediato abrió un ojo y le tomó la muñeca, retorciéndosela, haciendo que Aoshi gimiera quedo del dolor. Al darse cuenta de lo que hacía, Misao lo soltó e incorporándose, se deshizo en disculpas.

-Lo siento, lo siento, lo siento. Joven Aoshi, discúlpeme por favor, yo no quería… -

Sobándose la muñeca, el hombre de los azules ojos que a veces parecían de hielo, la miró un poco curioso.

-Ignoraba que tenías el sueño tan ligero.-

Rascándose un poco la cabeza, Misao hizo memoria.

-Mi mamá siempre me decía que uno no debía descuidarse. Menos cuando dormía porque no se sabía qué cosas podían pasar. Inventó un juego conmigo en el que yo me hacía la dormida y ella me hacía cosquillas con una rama. Yo debía despertar de un salto y atacar… después hacía eso por las noches metiéndose a mi cuarto. Para que mi padre no se diera cuenta, yo debía guardar silencio y no reírme por las cosquillas ni gritar al saltar sobre ella.-

-Vaya… es decir que a su manera, tu madre te dio cierto entrenamiento.- Observó Aoshi en momentos que Hanya regresaba del río con agua para todos.- Tu padre siempre me decía que tú lo asustabas constantemente porque te movías por la casa sin ser vista ni hacer ruido y aparecías de la nada.-

-Mamá también me enseñó eso. La razón, según ella, es que mis hermanos mayores no me respetaban por ser hija de ella. Entonces debía ser fuerte, pero a la vez, tratar de ser invisible. Si yo atravesaba un cuarto de la casa sin que ella me percibiera, me daba un premio. Para mi era un juego y disfrutaba jugando con ella todo el día, ya que mi padre me prestaba poca atención y mis hermanos menos.-

Hanya, al oír eso, tomó una piña de uno de los árboles bajo los que estaban y se la arrojó a Misao. Ella sin pensarlo fue capaz de atraparla. Sorprendida de si misma, miró a Aoshi y luego a Hanya, Shikijo y Beshimi que se acercaron.

-Sakura al parecer le ha dado cierto adiestramiento.- dijo Hanya.- Eso… es algo muy bueno.-

Misao los miraba a uno y a otro sin entender su propia reacción.

-Yo siempre pensé que mi mamá sólo jugaba conmigo… -

-No eran sólo juegos, Misao. Dime… -siguió Hanya enseñándole una estrella de acero y luego unas kunais.- ¿Conoces estos?

La joven sonrió.

-Claro. Mamá me decía que eran las armas favoritas de mi padre, aunque nunca le he visto usar de esas. A veces me hacía lanzarlas, pero yo era mala en eso. Además, ella estaba más preocupada de que yo supiera defenderme y aprendiera a dar patadas y combos.-

En cuanto Misao dijo esas palabras, distraída se echó una galleta a la boca de las que llevaba en su bolso, sin percatarse del silencio que se había producido. Si ella hubiera podido ver bajo la máscara de Hanya habría notado su cara de sorpresa y de haber prestado más atención al grupo, le habría llamado la atención el modo en que todos lo miraban, con una pregunta que no se atrevían a formular, pero que estaban seguros él conocía la respuesta.

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Una vez se encontraron solos en el cuarto de baño, Kenshin ayudó a Kaoru a quitarse la parte superior de sus ropas. Al descubrir su brazo, notó el corte que había en él.

-Apenas me di cuenta de cuando me lo hizo.- dijo Kaoru en voz baja. Kenshin, silencioso, se dedicó a limpiar la herida y luego a desinfectar con el mismo licor que traía en el bolso de viaje. De inmediato la vendó y en cuanto ordenó las cosas que traía, se quitó la ropa.

Se sentó en un banquito e inició el aseo de su persona, ajeno a Kaoru que estaba roja como la grana, sin querer mirarlo pero con la vista puesta en él. ¿Qué acaso ese hombre no tenía pudor?

-Me importa un pepino lo que pienses, tomando en cuenta de que te fuiste a meter donde no te llamaron, armaste una guerra y encima dejaste que te hirieran. Deberías agradecer que en este momento no te pongo sobre mis rodillas a darte de nalgadas, porque te las mereces.- dijo Kenshin con enfado sin mirarla, concentrado en aplicar jabón a su cabello.- No puedo creer que seas tan tonta y aprecies tan poco tu vida.-

-Pero sabía que todo saldría bien porque peleas muy bien y eres el más fuerte y… -

-Que sepa pelear no quiere decir que me guste.-

-Pero siempre llevas tu espada a todas partes… pensé que te gustaba… además, como no mata por ese filo invertido… -

Kenshin acabó de enjabonarse y se puso de pie, sin voltear aún, al tiempo que se echaba una cubeta de agua encima, enjuagándose.

-Llevo esa espada para mi protección personal y para la de las personas que estén cerca de mí. Eso es todo. No te confundas. Como verás, soy bajo y delgado y en un combate a puño limpio no tengo mayor oportunidad. Por eso necesito de ella.-

Kaoru bajó la vista, quitándose las sandalias y luego desatándose el cabello.

-Hoy fuiste imprudente, Kaoru. Que te estés vistiendo como muchacho no implica que tengas que ser tan cabeza dura como uno de ellos. Si hoy te hubiera pasado algo yo…- Kenshin tomó aire y bajando los hombros, se cubrió con una toalla a la altura de las caderas, caminando hacia la alta tina donde el agua caliente lo esperaba. Kaoru entonces empezó a sacarse las vendas del pecho y luego el resto de la ropa, con cierta dificultad por el dolor del brazo, pero sin quejarse.

Una vez ella también se hubo lavado prolijamente, dándole la espalda a Kenshin, se tomó el cabello y se envolvió en una toalla, yendo hacia la tina.

-Lo siento.- declaró apenada.- Yo… no entiendo aún por qué me comporté asi. Supongo que… fue el ver a esa joven, Chizuru en peligro… - levantó los hombros para luego volverlos a bajar.- … y pensé que debía rescatarla y al hacerlo… sentí que podía hacer cualquier cosa. Cuando ese sujeto dijo que te iba a llevar me dio mucha rabia porque comprendí que todos estábamos en peligro por mi culpa. Y sólo quería hacer algo para compensar… -

Kenshin, que estaba apoyado en la orilla de la tina mirándola, le acarició el mentón.

-No tenías nada que compensar, menos poniendo tu vida en riesgo. Además… yo estoy conciente de todo lo que se nos viene encima porque tu tío tiene mucho dinero y está obsesionado contigo, sin duda. Pero debes saber, Kaoru, que yo conozco mis habilidades y limitaciones. Tú no las tuyas. Yo puedo protegerte… -

A Kaoru en ese momento le bajó el sentimiento y le dio pena, a tal punto que sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Pero es que yo te quiero, Kenshin… y simplemente quería… yo quería… pensé que podía también cuidar de ti, porque si dices que tu espada es para mantener tu vida, es que significa que sientes que no existe un lugar que sea seguro para ti. Ni nadie que te cuide y yo… -

De algún modo, las palabras de Kaoru apuntaron al corazón de Kenshin y ahí llegaron. Nunca antes había tenido esa sensación casi dolorosa que le provocaba el tenerla cerca, diciéndole palabras que un hombre como él jamás creyó merecer. Ni menos ser pronunciadas alguna vez.

-Ven.- le dijo tomándole una mano para invitarla a la tina. Kaoru se dejó llevar dócilmente y una vez dentro, lejos de avergonzarse por su desnudez al dejar la toalla afuera, se apoyó contra el cuerpo de Kenshin que de inmediato la cobijó, cuidando, claro está, de que su brazo herido no fuera mojado.

La besó en los labios, abrazándola, para que no quisiera escapar. Kaoru cerró los ojos, a su vez devolviéndole beso por beso, cada vez más hambrientos, hasta que un golpe en la puerta los obligó a separarse. Kenshin rápidamente tiró un poco de agua a una de las velas que tenían más cerca, para disimular en la penumbra un poco las líneas delicadas del cuerpo de Kaoru. Cuando Chizuru entró con unas yukatas, la joven estaba en el otro lado de la tina, dándole la espalda.

-Mi abuelo me envía a dejarles esto.- dijo, dejando las ropas sobre un estante. Luego hizo ademán de irse, pero lo pensó mejor y se devolvió.- Hem… y… señor Himura, gracias por ir a rescatarme.-

Algo en la voz de Chizuru… quizá cierta emoción en ella, hizo que Kaoru se volviera a mirarla mientras incómodo y algo molesto por la interrupción, Kenshin dijo:

-No me des las gracias a mí, que soy quien los ha metido en ese problema a tu abuelo, a tu hermana y a ti. Kenji, que no tenía nada que ver en el asunto se prestó a tu rescate y salvó tu vida, así como Sanosuke, el joven que se llevó a Sayo. -

Chizuru se sintió un poco tonta porque él tenía razón. Se quedó en su sitio mirando a Kaoru que se acercó a la orilla de la tina cuidando de mantener el brazo herido fuera del agua, ayudada por Kenshin que la cubría con su cuerpo para que no se notara la redondez de sus senos.

-Joven Kenji… - dijo Chizuru haciendo una reverencia.- Muchas gracias por haberme rescatado.-

-Pie… - con asombro, Kaoru notó que su garganta ya estaba repuesta y tosiendo un poco, volvió a hablar forzando un tono bajo.- Hem… pierde cuidado.-

Sintiendo que se le subían los colores al rostro por tener que fingir la voz, Kaoru nuevamente le dio la espalda a la chica, incómoda. ¿Qué diablos hacía la mocosa en un cuarto donde se bañaban dos hombres? Si ella hubiera hecho lo mismo antes, su papá Kojiro sin duda le hubiera dado una paliza de aquellas. ¿Acaso… ?

Nuevamente se volvió a mirarla. Por su parte, Kenshin estaba con los ojos cerrados y los brazos cruzados, sin prestarle atención, pero la joven se mantenía en su sitio, como esperando algo. ¿Existía la posibilidad de que la chica albergara sentimientos por el pelirrojo?

Kaoru quería echarla del cuarto, pero temía que al hablar su voz la delatara. Con el pie tocó a Kenshin bajo el agua y con una sola mirada le hizo notar su incomodidad.

-Chizuru.- dijo Kenshin.- Con Kenji necesitamos salir del agua y no podemos hacerlo contigo aquí. Gracias por las yukatas.-

Avergonzada por parecer una tonta, Chizuru salió cabizbaja del cuarto de baño. Kenshin de inmediato salió de la tina, cubrió su cuerpo, aseguró la puerta y ayudó a Kaoru a salir del agua. De alli se fueron al dormitorio que compartirían, donde habían dispuestos dos futones.

Kenshin analizó la situación.

-Me gustaba más la idea de un futón único para ambos.- declaró.-Tendremos que desarmar ese mañana.- Añadió al tiempo que se metía en el suyo junto a Kaoru, abrazándola. -Me gusta esto de tener mujer.-

-Y a mí lo de tener… - empezó Kaoru, pero un golpe en la puerta hizo que Kenshin se levantara molesto de un salto, justo cuando la puerta se corría.

-El abuelo desea saber si se encuentran cómodos.-

Kenshin contó hasta diez.

-Dile que si, que muchas gracias.-

Arropada hasta la barbilla a pesar del calor que sentía en las mejillas, Kaoru miró nuevamente a Chizuru. Ahora estaba segura, ¡a esa niña le gustaba Kenshin!

-¿Desean un té o algo para comer?-

-No, gracias.- dijo Kenshin. Entonces Chizuru se acercó a él.

-¿No lo hirieron, señor Himura?-

Kaoru se tapó la cara con una mano abierta sobre ella. ¿Kenshin se enfadaría si ella se descubría e iba a marcar territorio? Kenshin era su hombre, por ende, esa mocosa debería mantenerse alejada.

-Me encuentro en perfecta salud.- siguió Kenshin con cortesía, sin moverse y mirando a la joven con absoluta indiferencia.- Pero mi compañero y yo nos encontramos cansados y deseamos dormir. Mañana nos espera un día largo. Hasta mañana, Chizuru.-

Chizuru suspiró al darse cuenta de que con Kenji en el cuarto, era muy poco lo que podría hacer. Además, el joven la miraba muy serio, casi molesto. De todos modos ya volvería al día siguiente, muy temprano, o incluso de madrugada…

-Hasta mañana.- dijo con una reverencia y salió. Kenshin cerró la puerta y luego, con la vista, buscó una tranca.

-Una de estas servirá.- dijo, apagando una vela y poniéndola con candelabro y todo de modo que la puerta no se pudiera correr. Luego llegó hasta donde Kaoru que lo miraba ceñuda.

-Le gustas.- declaró la joven. Kenshin se dispuso a apagar las velas del cuarto.

-Lo sé.- respondió él muy tranquilo.- Pero no es correspondida.-

Tanta sinceridad dejó sin habla a Kaoru. Cuando se quedaron a oscuras, lo sintió acostarse con ella, y envolverla en sus brazos.

-¿En qué quedamos?- dijo Kenshin colocándose con cuidado sobre ella, empezándola a besar…

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Fin acto once.

El regreso de un Traidor

Marzo 4, 2009.

Notas de Autora.

Hola!!!

Hace poco más de tres meses me puse a trabajar y en verdad que amo lo que hago, la paso bien y gano dinero. Tengo una distribuidora de gas.

Y si bien tengo tiempo para escribir, no así para merodear por internet. Dentro de poco pretendo instalar una línea telefónica y banda ancha… quizá con eso al menos pueda poner sus nombres, como lo hacía antes, en la sección de agradecimientos.

Viendo lo de la historia, el personaje invitado para ser el villano esta vez fue… Iizuka. Pensé en Saito que raptaba a las nietas de Kaneda para atraer a Kenshin, probar sus habilidades y mandarlo a pelear con Shishio pero eso… si hiciera eso, merecería que me metieran presa por plagio. Asi que luego opté por Iizuka, que tiene ese aire de hipócrita, irónico y calmado. Como que me dan más miedo esas personas que las que declaran abiertamente sus intenciones porque con estas últimas al menos uno sabe a qué atenerse.

Sobre Sayo y Sanosuke no haré comentarios, ni sobre Misao y el resto de la pandilla porque sería estropearles lo que se imaginan. Sobre Kenshin y Kaoru, y Chizuru, mutis. Ya sabrán lo que se viene en el próximo episodio.

Por cierto, una joven me comentó que no entendió bien lo de Kenji. Mis disculpas si no he sabido expresarlo bien pero, dado que Kaoru está disfrazada de hombre, necesitan darle un nombre de varón para hablarle frente a los demás. Por eso a Kenshin se le ha ocurrido "Kenji" y con Sanosuke la llaman de ese modo en todo momento para acostumbrarse y no cometer una imprudencia.

Algunas personas, con absoluta justificación, me han preguntado de dónde viene "Kenshin, un chico en dificultades" porque no comprendieron del todo el "Preview". Asi que sólo por eso, tendremos hoy una nueva sección hecha al estilo "News E!" llamada…

Esperando a "Kenshin, un chico en dificultades."

"Kenshin, un chico en dificultades" es el mega estreno para el 2009 en lo que a fanfics largos se refiere y es la secuela de "Misao, una chica en apuros" iniciada el 10 de Junio del 2004. Para que sepan de qué va la cosa, por si no la han leído y quieren saber de qué se trata, pero sin tener que leer los 16 capítulos, he aquí un resumen de aquella obra sobre la vida de los hermanos Makimashi.

Misao y Kenshin Makimashi son hermanos que han quedado solos al morir su padre, único sostén familiar. Como Kenshin es menor de edad (tiene 15 años) y Misao es incapaz de conseguir un empleo que les permita mantenerse a los dos (ella esta a punto de cumplir los 18), unas asistente social está viendo la posibilidad de enviar a Kenshin a un centro de protección social. Desde luego que a Misao no le gusta esta posibilidad y a él menos, porque sólo se tienen a ellos mismos.

Una tarde, llega un desconocido a su casa pidiendo asilo. Les cuenta que está enfermo, que morirá pronto y que desea conocer lugares hermosos, por lo que ha iniciado un viaje con ese fin. Pero el tiempo se le está acabando, y pronto tendrá que volver a casa, porque prometió regresar para despedirse de su familia. Misao y Kenshin le ayudan, sirviéndole de guías turísticos de la zona y haciéndole compañía, a tal punto que Tenshi se enamora de Misao y ella de él en corto tiempo. Pero Tenshi sabe que su vida está llegando a término y no puede ofrecerle nada a la chica, ni hacer algo por Kenshin. Sin embargo, la noche antes de su regreso a casa le llega la inspiración y escribe algunas cartas que deja para Misao, con indicaciones de que las abra en las fechas escritas en el sobre.

Es así como la primera carta es de despedida para Misao y Kenshin, y de agradecimiento por todo lo que han hecho. Además, Tenshi deja entrever sus sentimientos por la joven, pero como un último favor, le pide que deje una carta muy especial dentro de un mes exacto en la dirección que se especifica.

Al ver que se trata de una ciudad algo lejana, Kenshin y Misao parten a la aventura. Sin embargo la joven, por seguir un juego de infancia con su hermano, se pone algunas de las ropas de su padre ya que eran más abrigadoras y estaban cerca del invierno, sin sospechar las consecuencias de esa inocente travesura.

Al llegar a la dirección especificada, ven a Tenshi salir de un lujoso auto. Su sorpresa fue grande cuando se enteran de que Tenshi ha fallecido tres días antes y que a quien tienen frente a ellos es su hermano gemelo Aoshi quien los mira con cierta desconfianza, aunque sin prestarle mayor atención a Misao, a quien le dice "muchacho", lo que enfurece a la joven, en parte porque "no es Tenshi", y en parte por no notar que ella es mujer.

La carta que le entregan a Aoshi la lee en voz alta frente a ellos y en ella, Tenshi, a modo de última voluntad, le pide a Aoshi y su familia que se hagan cargo de Misao y su hermano por seis meses, incluyendo entre otras cosas, la educación del joven pelirrojo. Más adelante se aclarará que Misao es parecida físicamente a su madre y Kenshin a su padre, por lo que ella es pelinegra y de ojos verdes, en tanto que él tiene ojos violeta y cabello rojo. Aoshi más adelante reparará en que fuera de esas diferencias de color, sus facciones son bastante parecidas.

Misao es una joven llena de inseguridades, provocadas en parte por el abandono de la madre cuando ella era muy joven, lo que le causó serias secuelas debido a un accidente que la propia madre ocasionó en su huída. Eso y su inmadurez harán que ella tome la decisión de seguir en su disfraz de hombre sin ningún motivo razonable, lo que causará más de una confusión cuando, en una salida, Misao decide vestir de mujer y se topa con Aoshi quien de inmediato se prenda de ella a tal punto que se obsesiona un poco con "Misato Maki", el alter ego de Misao quien se acaba convirtiendo en su chofer.

Reaparece además un personaje clave en la obra, que es el culpable del encuentro entre Aoshi y Misao: Tenshi, que ha pedido en el cielo un permiso especial para supervisar que su última voluntad se esté cumpliendo, por lo que le conceden seis meses para estar en la tierra viendo lo que sucede. Sólo Misao y Kenshin pueden verlo, lo que le parece bien ya que es a ellos a quien tiene que guiar, con el fin de que todos sean felices. Podemos tener la certeza de que de un modo u otro, Aoshi y Misao quedarán juntos, pero con Kenshin las cosas no acaban tan bien ni tan felices a pesar de sus esfuerzos, y es por eso que queda pendiente una secuela que ya se verá en "Kenshin, un chico en dificultades"

En "Misao, una chica en Apuros" vemos que Kenshin es un chico retraído, con excelentes calificaciones, aptitudes para la cocina, la mecánica, especialmente sensible e inteligente y… con sobrepeso. Es común que al tener preocupaciones se exceda comiendo y que los chicos e incluso algunas chicas lo molesten por su gordura, que se le nota más al ser de estatura baja. Por otra parte, tras el abandono de la madre y el accidente de Misao, el padre tuvo que poner toda su atención en ella y si bien Kenshin lo comprendía y nunca tuvo problemas conductuales por eso, en cierta forma estaba un poco resentido al sentir que no tenía ningún afecto que le perteneciera a él solo. Una persona que sólo estuviera pendiente de él. Kenshin ayuda siempre a su hermana y es feliz con su felicidad y llora con sus tristezas, tiene un corazón muy noble, pero al final de la historia de "Misao…" toma la decisión de alejarse de ella para que ella se dedique sólo a su felicidad y a su matrimonio, ya que antes ha habido ciertos problemas por la tendencia de ella de proteger a su hermano. Con esta promesa de un viaje con el fin de estudiar en un lugar lejano es que acaba en ese fanfic la historia de Kenshin.

Pero no todo había sido lágrimas para el muchacho. A poco tiempo de establecerse en su nuevo hogar, Kenshin conoce a Kaoru, una muchacha de 12 años, flacucha, desgarbada, con constantes raspones en las rodillas debido a la práctica de deportes con sus amigos y primos, como el baseball. La joven, que viene de una familia bien establecida y tiene una hermana pequeña, es siempre pura alegría y posee un carácter fuerte a pesar de que sufre porque no es "hermosa" como su madre. Kaoru llega a la vida de Kenshin como un huracán y se hacen rápidamente amigos, ya que él "tiene el pelo rojo como Kenshin Himura, el personaje de mi historieta favorita" Kenshin también se pone a coleccionar manga y es frecuente verlos en torno a la tienda donde venden esa lectura.

Para Kaoru, Kenshin es su héroe y lo idealiza, ya que el joven muchacho la protegió de unos sujetos, aún sin saber pelear, y ganándose una cicatriz en la cara que no puede ser borrada quirúrgicamente debido a problemas de cicatrización que él tiene, y lo que le crea al joven un nuevo complejo. Pero Kaoru pasa por alto ese defecto, ella adora a Kenshin y haría cualquier cosa por él, como teñirse el pelo rojo zanahoria o ayudarlo en las prácticas para un concurso de Dance Dance Revolution, gracias a lo que Kenshin comienza a bajar de peso, hacerse popular y tener nuevos amigos.

Sin embargo, el irse del lado de Misao implica dejar de ver a Kaoru. Kenshin piensa que tal vez esas pérdidas sean compensadas con el amor que él sueña encontrar y que sea sólo para él. Ya veremos en "Kenshin, un chico en dificultades" si él puede lograr ese objetivo.

Blankaoru.