Prisionera

Acto doce

La insistencia de una chica

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Una oscura bota pisó la hermosa flor roja que quedó sobre el piso cuando en un apuro, Kaoru debió quitarse el kimono para ponerse las ropas de hombre. De no haber tenido tanta prisa, tal vez la hubiera dejado en un jarrito con agua, pero con Kenshin apresurándola desde fuera no tuvo cabeza para pensar en eso.

-Asi que esta es tu casa… -

Jinnei levantó una cinta rosa que colgaba de un mueble y respiró de su aroma. Jazmín. No cabía duda de que estaba en el sitio correcto.

-… Battousai…-

Se movió sin prisas por el lugar, sabiendo que no aparecería nadie a desafiarlo por estar ahí. Incluso bostezó y salió al exterior a disfrutar del aire tibio de la noche y de la luna con su esplendor maravilloso. Pero no era eso lo que llenaba su corazón.

Lo que lo hacía era la perspectiva de estar en el lugar correcto, donde sabía tendría su anhelada batalla con Battousai Himura. Una batalla a vida o muerte. El dinero que le daría Matsusoo por eso no le importaba. Incluso pretendía matar a la chica si era necesario para enfadar a Himura, pues tenía entendido por ahí que ya no mataba y un rival así no le servía. Pero, si Battousai había escapado con la chica, enfrentándose a un pequeño ejército de hombres… si un hombre que había decidido cultivar el bajo perfil hacía eso, poniendo en riesgo la reserva que había mantenido por años, significaba que algún sentimiento debía guardar hacia la chica.

Jinnei sonrió por anticipado, imaginando el momento en que rebanaría el cuello de la joven Kaoru, su sangre resbalando por entre sus dedos, empapando la larga mata de cabello oscuro y perfumado que le describió Matsusoo y acabando finalmente como un riachuelo entre sus senos perdiéndose bajo el kimono mientras Battousai reaccionaba y corría hacia él dispuesto a matarlo.

¡Cómo le encantaba imaginar esa escena!

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Los besos de Kenshin se tornaban cada vez más exigentes y sus caricias más osadas, de modo que cuando Kaoru sintió una mano sobre sus senos abrió con sorpresa los ojos y de inmediato le puso las manos en el pecho para apartarlo. Con un gruñido, el pelirrojo se detuvo.

-¡Pero qué te pasa!- exclamó en voz baja un poco fastidiado por la cortada que le daban a su avance.

-¡Pasa que estamos en casa de tu amigo y no me parece correcto que nosotros…! -

Kenshin se levantó de un salto al comprender lo que decía Kaoru, para poner distancia entre él y ella. Verdaderamente necesitaba calmarse. ¡Se había vuelto loco sólo por besar a esa chica!

Tratando de normalizar su agitada respiración, Kenshin contó hasta diez y luego hasta cien. Ya no se le hacía tan fácil la idea de volver a la cama con la tentación de tocar esa piel suave y cálida y notar que esos días con él habían logrado que Kaoru subiera un poco de peso. El recuerdo de la sensación de ese seno redondo y firme contra su mano ya le estaba causando una erección que debía apaciguar.

-Oye… no quería que te enojaras.- dijo Kaoru en un murmullo. Kenshin pasó saliva porque sentía que de tan seca que tenía la garganta, no podría hablar.

-No te… preocupes. No pasa nada. Es sólo que tú… me sorprendiste. Tienes razón. Este no es el momento.-

Kaoru quedó satisfecha con las palabras de su compañero de cuarto y acomodándose, cerró los ojos y de inmediato comenzó a dormir. Después de todo había caminado un día completo, luego corrió por Kenshin, se involucró en una guerra y vuelta a correr para salvar una vida y de paso, escapar de la policía.

Y ese bañito que se había dado con Kenshin, hum… qué cosa más deliciosa.

Y sus besos… ñam ñam…

Lo sintió entre sueños acostarse a su lado y besarla suavemente en la frente antes de encerrarla contra su pecho, suspirando.

A Kenshin no le extrañó que Kaoru se quedara dormida tan profundamente nada más acostarse. En realidad eso era algo muy propio de ella y algo que él le envidiaba: esa capacidad pasmosa de dormir como un ángel, sin duda porque la conciencia no le pesaba. Pero reflexionó, escuchando su respiración acompasada, que después de todo le había gustado ver una nueva faceta de ella. Esa faceta de mujer que lucha, que es leal y que se juega el pellejo por su compañero. Él pudo notar el temor en los ojos de la joven a que le rebanaran el cuello, pero esas palabras que le dijo cuando estaban rodeados por los hombres de Iizuka le daban mil vueltas en la cabeza.

- "… me has dicho que yo soy tu mujer. En ese caso tú eres mi hombre y cuidaré de ti."-

Que ella cuidaría de él. ¡Qué tierna!

En una situación en que el común de las mujeres velaría por la propia seguridad e intentaría evitar el combate, Kaoru lo propició. Ella no iba a dejar que capturaran a Kenshin. Ella no lo dejó rendirse. En realidad, eso era lo que más le estaba excitando de ella. Notando que la temperatura en el cuarto volvía a subir, el pelirrojo reconoció que le gustaba pensar que Kaoru no era una damisela en apuros después de todo, que podía luchar como una fiera y luego llegar dócilmente hasta él, a acomodarse como un cachorrito herido entre sus brazos.

-"Ya eres mía".- pensó Kenshin sumiéndose en un dulce sueño.-"El sexo será sólo un ingrediente más en nuestra relación que estoy seguro disfrutaré enormemente contigo. No voy a apurar las cosas aún, esperaré. Y después de eso, los dioses tendrán que enviar a alguien a matarme si quieren que me separe de tí."-

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Sanosuke se tomó un descanso momentáneo, y es que verdaderamente estaba exhausto. Con la frente perlada en sudor a pesar de la helada brisa y la espalda mojada, se preguntó si sería capaz de llegar hasta donde Megumi para que ayudara a la joven que llevaba en brazos.

Miró el rostro dormido de Sayo y sus labios entreabiertos, buscando respirar. Esa piel pálida que se veía blanca a la luz de la luna lo hizo desear ver a la joven por una vez, a la luz del día con esas mejillas arreboladas adornando su sonrisa.

Cerró los ojos por unos instantes y al abrirlos, sorprendido descubrió que ya había amanecido. Asombrado, miró a Sayo para descubrir que la palidez de la noche seguía en ella y peor aún, que estaba muerta.

-¡No!-

Con la respiración agitada y el corazón latiéndole a mil por hora, Sanosuke descubrió que todo se había tratado de un sueño. Sayo seguía apretada contra su pecho, con la frente tibia para alivio del joven, quien consultó la luna llena para calcular que al menos había dormido unos veinte minutos.

-Con esto nos tendrá que bastar, chiquilla.- le dijo a la enferma, a quien con cierto esfuerzo se echó a la espalda. Ella al parecer despertó porque cooperó acomodándose sobre él para hacerle más llevadera su carga.

Pero al dar un paso, las piernas de Sano empezaron a temblar.

Aunque no quisiera reconocérselo a sí mismo, estaba absolutamente agotado. Todavía no había hecho ni la cuarta parte del camino. ¿Cómo es que pretendía llegar al amanecer donde la doctora?

-Pero no puedo abandonar.- murmuró, obligando a sus piernas a dar un par de pasos.-Después de todo, yo he sido el de la idea de traerla cuanto antes, cuando sabía perfectamente que si tan solo la cuidaban en su casa esta noche ella podía mejorar. Claro… es que quería que ella, al verme llegar, me mirara con otros ojos y pensara que yo si era responsable, que podía llegar a ser un héroe porque podía salvar una vida, cuando en realidad, no he sido más que un pobre y arrogante egoísta que ha puesto en riesgo a una chica inocente.-

Sayo, que estaba más o menos conciente escuchó las palabras de Sanosuke mientras intentaba a duras penas avanzar. No entendió mucho de lo que decía, pero si entendió que él estaba arrepentido de haberla traído.

-Lo siento… - dijo al oído del muchacho que asombrado, se volvió a mirarla.

-¿Has dicho algo?-

Sayo tomó aire.

-Gracias por el esfuerzo.- dijo débilmente.

Por alguna razón que desconocía, esa voz devolvió la fuerza a las piernas y los brazos de Sanosuke. Éste sonrió.

-No me des las gracias hasta que estemos en un cuarto donde la mejor doctora del mundo cuidará de ti.-

Sayo cerró los ojos a modo de asentimiento y se recostó sobre Sanosuke que apresurado, comenzó a caminar. A pesar de que su mundo se estaba desmoronando, pensó que en el dueño de esa espalda tan cálida ella podía confiar.

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Megumi despertó de malas ante el fuerte e insistente golpeteo a la puerta de su casa. Se levantó murmurando maldiciones cuando pensó que podía tratarse de algo grave, después de todo ella era la doctora del pueblo y eso solía suceder.

Al entreabrir lo primero que vio fue la cara de Sanosuke sudando como un caballo.

-¿No qué te ibas a ir para siempre?- le dijo, dándose la media vuelta y dejándolo allí, plantado, como si le molestara su presencia. A Sanosuke le dio tanta indignación que de no haber estado con Sayo se hubiera largado.

-Te traigo una paciente.- dijo metiéndose de cuerpo entero en la habitación.- Está muy enferma, ha tenido gripe, no se ha cuidado y la fiebre… -

Megumi reparó en la chica que traía Sanosuke en la espalda y de inmediato lo ayudó a ponerla sobre una camilla. Le tomó los signos vitales y comprobó que en efecto ella estaba muy débil.

-… tiene problemas para respirar, como si se ahogara. Supongo que su propia flema… -

Sanosuke seguía dándole a Megumi todas las pistas que ella podía necesitar para dar el tratamiento más apropiado. Luego le contó lo de la casa del médico y el medicamento que le administró a Sayo.

-Pero… ¿de dónde vienes con ella?- preguntó la doctora y Sanosuke le indicó el pueblo donde había estado.

-¡¿Pero es qué eres tonto o te haces?! ¡¡Ella pudo haber muerto por el camino, el trayecto es muy duro!!-

-¡¿Pero qué querías que hiciera?!- contraatacó Sanosuke, mosqueado.- ¡El maldito médico se había ido y para mí lo más lógico era que tú la curaras!-

-Pudo no haber llegado… es que no puedes ser tan estúpido. Debiste haberla traído en un carruaje al menos.-

-Kenshin estuvo de acuerdo… -

-Kenshin no es un médico.- dijo Megumi buscando un medicamento que darle a Sayo. Furioso, Sanosuke se sentó al lado de la muchacha y le tomó una mano al ver que abría los ojos.

-¿Cómo te sientes?- le preguntó, maravillado ante el tono avellana de sus mirada y dejando su rabia de lado.

-Mejor que anoche. Gracias.- respondió.

-No deberías darle las gracias.- repuso Megumi volviendo con agua y medicina, dándosela a tomar.- Este idiota pudo haberte matado.-

A Sayo no le gustó que esa mujer tratara tan mal al joven que la había ayudado. Ella podía ser la mejor médico del mundo como decía el muchacho, pero él tenía el corazón más grande. A pesar de sus inseguridades, de su cansancio, cumplió y llegó con ella a destino.

-Yo me voy.- dijo Sanosuke al borde del colapso.- En realidad estoy cansado y no me interesa seguir siendo insultado por esta mujer.-

Se dio la media vuelta para salir cuando escuchó la voz de Sayo.

-Miedo.-

-¿Ehh?… ¿Qué dices?-preguntó regresando a su lado.

-Los caballos… me asustan. Carruaje no.-

-No trates de defender a este simio, niña.- dijo Megumi anotando algo en una ficha que estaba haciendo de Sayo.- No tiene remedio.-

-Usted no sabe… - dijo Sayo muy cansada.- Yo si. Salvó mi vida. No lo insulte.-

-Al parecer alguien te aprecia.- dijo Megumi a Sanosuke, que se despidió de Sayo, prometiéndole volver en cuanto él haya repuesto el sueño. Luego se volvió a la doctora.

-Al menos alguien me da el respeto que aunque no lo creas, me merezco.-

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Sudoroso, Matsusoo Kamiya abrió los ojos, encontrándose de golpe con la realidad. Su hija menor había escapado, Kaoru, su sobrina a la que deseaba, también, y ahí estaba él, con sus ganas de tenerla en el futón con él gritando su nombre.

Se pasó una mano desesperado por la cara. Ese sueño que había tenido en la noche con la muchacha había sido muy vívido, a tal punto que mojó su ropa interior por eso. Tenía que encontrarla y ya había pasado demasiado tiempo enviando a otros a su búsqueda en vez de hacerlo él mismo. Estaba seguro que si él se encargaba de Kaoru, la encontraría. Así sería.

Se levantó decidido y se vistió con premura. Reunió a sus sirvientes, hijos y hombres.

-Me voy, por ende la casa queda a cargo de mi hijo mayor que la administrará. Ayúdenle y háganlo bien, porque regresaré pronto y espero encontrarlo todo en orden.-

Matsusoo hizo traer su caballo y encabezó una pequeña comitiva formada por los hombres que no estaban buscando a Misao para seguir su instinto y dar con Kaoru.

Sin embargo una figura familiar que a duras penas avanzaba por el camino le hizo latir fuertemente el corazón. Se bajó de su caballo al llegar junto a ese hombre que levantó la vista, revelándole su identidad.

-¡Matsusoo!, ¡Hermano!.-

-Kojiro… -

Kojiro abrazó a su hermano, con tal emoción que apenas notó que éste no le correspondía.

-Pensamos que habías muerto… - dijo Matsusoo que no podía salir de su asombro. Kojiro movió la cabeza de un lado al otro, con los ojos cerrados.

-Yo también pensé que moriría, pero los milagros ocurren. He estado muchos meses en recuperación y sólo pensaba en ver a mi hija. En cuanto me he repuesto he iniciado el viaje y ayer por la mañana un amable hombre me orientó para llegar hasta aquí, porque yo no sabía mucho. -

-Ya veo.- dijo Matsusoo distraído, evaluando la posibilidad de dejar solo a Kojiro y seguir en la busca de Kaoru. Por otra parte, la aparición de su hermano le traía complicaciones porque se podría llevar a su hija o incluso, enterarse de sus pretensiones para con ella. Eso no le convenía, porque Kojiro era un excelente espadachín.

Pero mirándolo bien se veía tan viejo, maltrecho y cansado en comparación al vigoroso hombre que partió a la guerra, que no sería rival para nadie.

-… el joven pelirrojo me recomendó tomar el tren y ha sido una gran idea, porque he podido llegar hasta una ciudad que queda muy cerca de aquí. He caminado… -

Matsusoo prestó atención.

-¿Un pelirrojo?-

Kojiro sonrió al recordar su charla con ese hombre tan agradable.

-Era un hombre amable, un espadachín excepcional. Me ayudó con unos salteadores y me ha dado de comer. Incluso me dio comida para el viaje.-

Kojiro era el hermano mayor, pero en ese momento, por porte y estado físico, parecía Matsusoo el más fuerte.

-¿Tenía, por casualidad, una marca en la mejilla?-

-Una cruz.- respondió Kojiro.- ¿Por qué lo preguntas? ¿Acaso lo conoces?-

Matsusoo asintió y de pronto, algo se le ocurrió. Puso cara de extrema preocupación.

-Lo conozco para desgracia nuestra, hermano. Ese hombre ha venido un día y se ha llevado a Kaoru.-

-¿Qué dices?- Kojiro se sentía consternado.

-Ha sido todo muy violento. Hirió a mis hombres, me hirió a mí y se la ha llevado. Llevo muchos días en su búsqueda pero sin resultado.-

-No lo puedo creer… - dijo Kojiro y recordó el momento en que él le regaló la flor para su esposa, obsequio que él aceptó.- Ese hombre tiene a mi hija… -

-El cielo te ha guiado hasta su guarida y ahora hasta nosotros. Kojiro, hermano, debes indicarme dónde encontrar a ese hombre para que nos diga dónde está Kaoru, si es que no la ha matado ya.-

La cabeza de Kojiro Kamiya daba vueltas. ¿Existía la posibilidad de haber estado cerca, muy cerca de su hija querida?

Estaba en extremo cansado, pero debía ir a por Kaoru.

-Hermano, quiero ir, debo traer de vuelta a mi hija.-

-No deberías.- observó Matsusoo, subiéndose a su caballo.- estás agotado, quizá ni siquiera te has repuesto bien de todas tus heridas.-

-No me importa.- declaró el padre con pasión.- Es mi hija y ya no puedo seguir abandonándola más. Ya habrá tiempo para el descanso, pero ahora debo ir con ella.-

-¿Y recuerdas el lugar en dónde estaba el pelirrojo?-

-Por supuesto. Debemos ir hasta la ciudad vecina y tomar el tren. De ese modo llegaremos al anochecer a destino. Luego caminaremos… -

Matsusoo miró a uno de sus hombres.

-Regresa a casa y di que Kojiro ha aparecido y que preparen un cuarto para él.-

-¡No!.- dijo Kojiro.- Iré donde Kaoru.-

Luego de pensar un poco, Matsusoo emitió una nueva orden.

-Regresa a pie a casa. Ordena que preparen los cuartos de la señorita Kaoru y de Kojiro para dentro de dos días. Tu caballo servirá a mi hermano.-

El hombre obedeció y Kojiro, con cierto esfuerzo pero mucho entusiasmo se subió al caballo. Ignoraba que Matsusoo sabía que insistiría en ir a la búsqueda de Kaoru y que luego de haberla encontrado, vería el modo de deshacerse de él. Después de todo, un hombre con heridas, cansado y malalimentado podía morir de muchas maneras, ¿no?

Como por ejemplo, cayéndose del caballo.

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-Te quiero… -

Cuando Kenshin abrió los ojos luego de escuchar esas palabras, se encontró a Kaoru sobre él, mirándolo con su soñadora mirada azul.

-Mucho… -

Le dio un beso en la punta de la nariz.

-Mucho… -

Otro beso ahora en la mejilla.

-Mucho.-

Y el último beso en la boca.

-Vaya… - dijo Kenshin cuando ella le sonrió.- Yo también te quiero, aunque seas una mocosa pelionera.-

-No soy pelionera. Lo hice por una causa y… -

Kenshin le puso una mano en los labios para acallarla y cuando iba a besarla, los interrumpieron.

-Señor Himura, el desayuno… -

No había que ser muy inteligente para imaginar quien era.

-Ya vamos, Chizuru.-

A regañadientes, Kenshin y Kaoru se levantaron. De inmediato él la ayudó a vestirse para hacerlo más rápido. La yukata enrollada en la cintura, la coleta baja, el trago de licor y las lágrimas de Kaoru cuando le quemó la garganta.

-¡Odio esta porquería!- exclamó. Kenshin rió al escuchar su voz de general.

-Y yo te amo a ti. Vamos afuera.-

El desayuno transcurrió de forma más o menos amena, aunque a Kaoru Chizuru la estaba molestando. No sólo esa insistencia de estar al lado de Kenshin, de tocarle el brazo y de llamar su atención constantemente, sino el estar limitada por su personalidad varonil de hacer algo al respecto.

-Señor Himura.- dijo la jovencita.- Deseo ver a mi hermana y anoche no he podido porque ustedes me han hecho ver que no era apropiado, pero ahora me siento bien y con fuerzas para viajar, ver su estado y cuidarla.-

Kaoru miró al cielo con fastidio. Qué hermanita ni que ocho cuartos. ¡Quería estar con su Kenshin!

Kaneda miraba con interés al trío, sonriendo.

-No puedo creer lo parecidos que son Kenji y Chizuru. No solo el tono de piel, también la forma de la cara y el color del pelo, aunque los ojos son diferentes.

¿Ella parecida a Chizuru? Kaoru miró con interés a la otra chica, recibiendo de vuelta su escrutinio.

-Una coincidencia.- dijo Kaoru.- Porque hasta donde sé, soy hijo único.-

-¿Y cuántos años tiene? -

-Diecisiete. Pronto cumpliré los dieciocho.-

-Yo los cumpliré la semana que viene.- dijo Chizuru. -Y por eso, como regalo, deseo que el señor Himura me lleve hasta donde mi hermana.-

Kenshin miró a Kaneda con preocupación. Éste entendió que el pelirrojo seguía en peligro y que muy posiblemente fuera atacado. Defender a Chizuru en tal caso sería una calamidad.

-No puedes ir.- dijo el hombre.- Debes quedarte aquí.-

-Pero Sayo… -

-Sayo estará bien y regresará pronto a casa.-

-!Pero quiero ir, abuelo!-

-Puede ser peligroso.- dijo Kenshin.- Tu vida estará en riesgo si permaneces cerca de mí. Lo siento, pero no podemos llevarte con nosotros.-

-¡No me importa el riesgo! ¿Cómo Kenji va contigo y a él no lo buscan?-

-Porque este muchacho sabe defenderse y cuenta con mi confianza.-

-¡¡Iré de todos modos!!- estalló la muchacha, y eso acabó de colmar la paciencia de Kaoru.

-¡Eres una cabezota!- dijo Kaoru mirando con enfado a la chica.- ¿Acaso no comprendes la situación o crees que todo lo que han vivido tu hermana y tú se trató de un juego? ¡Anoche iban a abusar de ti y de ella y con Sanosuke llegamos a tiempo a rescatarlas!-

-¡No te pedí que lo hicieras!.- dijo Chizuru con arrogancia, desviando la cara a otro lado, marcando el gesto de desprecio a "Kenji".

-No lo pediste, pero sabes muy bien lo que hubiera pasado de no haber llegado nosotros. Y no te estoy pidiendo las gracias, sino que te quiero hacer notar qué tipo de gente anda tras de Kenshin para intentar capturarlo o matarlo. No solo aquí, sino en todas partes, y en especial en el pueblo al que tanto quieres ir.-

-Pues Kenshin me protegerá, lo sé. Es el mejor.-

-¡Ese no es el punto!.- dijo Kaoru a punto de saltarle encima para estrangularla. No podía creer que la muy mocosa fuera tan egoísta. Finalmente Kenshin se puso de pie al acabar su desayuno y dar gracias.

-Kaneda, ¿comprendes la situación?-

El abuelo lo miró unos segundos.

-Si. Y no te culparé.-

-Prepárate, Chizuru.- dijo enfadado el pelirrojo.- Nos vamos en diez minutos. Si no estás lista, te quedas atrás y si no eres capaz de seguirnos el ritmo, será tu problema. Ya en el pueblo te quedarás con Megumi.-

-Pero no es necesario porque puedo quedarme en tu casa.-

-Eso no será posible. En esa casa vivo con mi mujer y ella es especialmente celosa.-

La cara que puso Chizuru ante esa información le dio bastante pena a Kaoru, pero ella se lo había buscado con su insistencia. La miró correr a su cuarto a ponerse ropa de viaje.

Kaneda se acercó a ellos.

-Les pido una disculpa… -

-No es necesario.- dijo Kenshin.- … de todos modos debo volver. Hay una situación que he de enfrentar en casa.-

-Ya veo.- dijo el hombre que sonrió al ver a su amigo.- En verdad que te deseo mucha suerte y si no es mucha la indiscreción, quisiera conocer el nombre verdadero de esta joven.-

Kaoru primero miró a Kaneda y luego a Kenshin buscando una indicación por parte de él. Kenshin sólo asintió.

-Kaoru.- respondió la chica.

Kaneda hizo una reverencia ante ella.

-Es un honor conocerla, señorita Kaoru. Debo admitir que su disfraz es excelente.-

-¿Pero cómo… ?-

-No se preocupe, que no ha sido usted quien se ha delatado. Me temo que la culpa es de ese pelirrojo amigo mío que está tan enamorado de usted, que a pesar de sus precauciones, no ha podido evitar mirarla con amor no solo esta mañana, sino ayer en la noche al descubrir su herida. Sabíamos que no era de cuidado, pero la extrema preocupación en su mirada ha sido mi indicador.-

-Los años me han restado habilidad.- dijo Kenshin.- No me había percatado que mi expresión delataba a Kaoru.-

-Los años te restan habilidad y te dan humanidad. Eso no es malo. Espero que dentro de esa humanidad puedas encontrar la alegría de mirar cada mañana con optimismo y levantarte con una sonrisa deseando ver el nuevo día. Kenshin… algo ha cambiado en ti y lo sabes. Disfrútalo y presérvalo.-

Tal como dijo Kaneda, la mirada violeta de Kenshin cambió en ese momento, cuando hizo una reverencia a modo de despedida. Se sentía tranquilo. En eso llegó Chizuru y tuvieron que despedirse.

-Cuídelo usted.- le dijo a Kaoru.- No existe otra persona en el mundo que sea más apropiada.-

Kaoru asintió, sonriendo y poniéndose el sombrero de cono para iniciar el viaje de regreso a su hogar en la montaña.

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Luego de dos días con sus noches avanzando casi sin descanso, el grupo de los Oniwabanshu llegaba por la mañana a una zona crucial para ellos. El lugar en el que alguna vez Kaoru hizo vomitar a un ejército de hombres.

-Normalmente este trayecto se hace en cuatro o cinco días por el camino principal, pero hemos podido lograrlo un buen tiempo con atajos y mucho movimiento.- observó Shikijo, emocionado por la hazaña. Misao, en lo alto de un árbol a su lado, mirando el paisaje, no podía creer que ella estuviera tan lejos de su casa.

La joven tenía suerte porque si bien los hombres habían avanzado casi sin descanso, a ella le habían otorgado ciertas concesiones, como poder dormir arriba de la espalda de Aoshi mientras caminaban o de Hanya. Ahora los demás echaban una siestecita reponedora mientras que Hyotoko, abajo, echaba algo al fuego.

-A pesar de que su entrenamiento no incluyó lo de trepar árboles o avanzar saltando de rama en rama, tiene usted un buen equilibrio y se encuentra cómoda en las alturas. No todas las personas pueden hacer eso.- observó Shikijo mientras la luz del sol de las diez bañaba en dorado sus increíbles músculos.

-No tuve entrenamiento sobre eso pero mis hermanos… no sé, nunca pude entender porqué nunca encajaba con ellos. Por eso era frecuente para mí subir al tejado a esconderme de ellos. Y por eso para mí es tan importante Kaoru. Ella… ella ha sido la hermana que yo desearía tener, ha sido mi confidente, mi amiga. Además, ha hecho grandes esfuerzos sólo por mí, a pesar de que me conoce poco.-

-Parece que ella es una gran persona.- dijo el hombre.

-Lo es, señor Shikijo, por eso yo debo esforzarme por ella. Mi prima Kaoru tiene conocimientos de kendo y defensa personal. Ella… gracias a eso ella pudo tener a raya a mi padre cuando trataba de portarse mal y hacerle maldades, pero un día, viendo lo bien que nos llevábamos, la amenazó. Si lo volvía a golpear fuertemente, él me castigaría de azotes.-

-Su padre en verdad debe haberse vuelto loco con la jovencita Kaoru. Ningún padre usaría a su hijo de ese modo.-

-El mío es así. Yo muchas veces he dudado de que me quisiera pero… en verdad no es algo que venga al caso. Como le decía, Kaoru fue comprometida con el joven Aoshi y aun cuando ella vio en él a una salvación de su situación, decidió escapar para no darme a mí la pena de ver ese matrimonio. -

-¡A comer!- dijo Hyotoko desde abajo, haciendo bocina con sus manos. Shikijo miró a Misao.

-Puede montar en mi espalda para bajar o bien intentarlo usted. Yo la guiaré. Sólo debe ser valiente y dominar sus nervios.-

La joven miró hacia abajo y sopesó la situación. Si caía desde esa altura sin duda se lastimaría muy seriamente. Sin embargo, Shikijo era su guardián. No la dejaría caer.

-Indíqueme usted.-

Abajo, mientras, Aoshi que llevaba un rato despierto, hablaba con Hanya, cuando se aseaban en el riachuelo que corría a un lado del camino.

-Entonces ustedes eran los guardianes de la madre de Misao.-

-Así es.- respondió el enmascarado.

-Debieron extrañarla mucho cuando se fue a casar con Kamiya.-

Hanya no contestó. Aoshi lo miró unos momentos antes de incorporarse, con la cara mojada y sintiéndose fresco.

-Yo no sé como era físicamente la mamá de Misao, pero ella tiene unos ojos verdes que son todo un misterio por descifrar para mí, por lo poco común que son. Pero me he dado cuenta que cuando ella tiene una duda, sus ojos parecieran relampaguear.

Hanya levantó la vista hacia Aoshi por un segundo.

-Tal como relampaguearon los suyos anoche cuando ella ha hecho el comentario sobre el arma favorita de su padre. Aún tras la máscara fue visible ese esplendor, señor Hanya. Ante esa observación, mi pregunta es… ¿Cuándo se lo dirá a Misao?-

-Con todo respeto, señor Shinomori, ese no es tema de su incumbencia.-

-Tiene usted razón, pero Misao si es tema para mí. Por eso me interesa su felicidad y tal vez sea lo mejor… -

-No forcemos las cosas, señor Shinomori. Misao ya tiene un padre.-

Escuchando el barullo que se formaba en torno al desayuno, Aoshi optó por ir hacia la fogata, pero antes, decidió dedicarle unas palabras a Hanya.

-Dentro de unos días, cuando todo esto haya terminado, pediré la mano de Misao y por eso, necesito saber a quién dirigirme.-

-La señorita Misao ha aprobado con sobresaliente esto de bajar grandes árboles. En realidad que por sus venas corre sangre ninja.- dijo Shikijo desde atrás del follaje, preparándose para comer un rico conejo de desayuno. Misao, a su lado, tenía la cara roja por el esfuerzo y una gran sonrisa de felicidad por la misión cumplida.

Su padre siempre le decía que ella era un pequeño desastre ambulante, pero definitivamente, tenía pasta de ninja. Sonrió feliz a Aoshi cuando él se sentó a su lado a comer.

-Lo hice.- dijo

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Cerca de las dos de la tarde, Kenshin autorizó un pequeño descanso para comer lo que traían en sus bolsos. Se ubicaron bajo la frondosa sombra de un árbol en medio de un prado que había a un costado del camino y se entregaron al relajo.

Kaoru atacó sin piedad un par de frutas que traía mientras Kenshin pensaba, preocupado, en lo que les aguardaba al llegar al pueblo. Seguramente Jinnei ya había dado con su casa y aún más posiblemente estaría allí esperando su llegada para capturarlo. De todos modos el enfrentamiento sería inminente y no era algo que le hiciera mucha gracia: Le hacía mucha más ilusión descansar plácidamente esa noche que ponerse a pelear para defender a Kaoru y a sí mismo.

Por otra parte, la joven Chizuru había puesto tanto empeño en no quedarse atrás, que ahora respiraba fatigada y sudorosa. Kaoru en cambio, no más acabarse su fruta, se levantó fresca como una lechuga, pensando en darse un rico refresco en un riachuelo que había cerca. Pero antes, lo que urgía más era buscar un lugar donde hacer sus necesidades.

-No te alejes demasiado.- le dijo Kenshin. Kaoru asintió y se fue a buscar refugio tras unas plantitas.

Chizuru de inmediato vio su oportunidad de quedarse a solas con Kenshin y abrió la boca.

-No le creo que tenga mujer. No ha tenido ninguna en estos años, salvo una. Creo que dice esto sólo para atormentarme.-

Kenshin resopló con fastidio. De pronto sintió deseos de levantarse y buscar a Kaoru, aunque ella se enfadara si la sorprendía en su momento íntimo.

-No me interesa si me crees o no. Pero soy un hombre comprometido. Y aunque no lo fuera, algo entre nosotros es imposible.-

-No lo es.- declaró Chizuru con pasión.- Usted y yo funcionamos muy bien, lo sé… la pasábamos muy bien en casa del abuelo, yo le gustaba… -

-Tú te confundiste, Chizuru. Yo siempre te vi y te sigo viendo como una hermana, asi como a Sayo.-

-Pero esa noche… -

-Esa noche no significó nada para mí.- respondió Kenshin con enfado.

-Tuvo que haber significado algo. Usted me besó… fue apasionado… esa noche… -

-Te metiste a mi cama mientras dormía. Me acariciaste hasta que desperté y lo que alcancé a hacer medio dormido no lo haría bajo ningún motivo estando sobrio contigo.- dijo el pelirrojo muy serio, poniéndose de pie.- No comprendo por qué simplemente no lo aceptas.-

-Porque lo amo, señor Himura. Usted lo es todo para mí.- dijo la chica, abrazándolo. Kenshin miró al cielo buscando paciencia, porque la verdad, aun cuando en efecto Chizuru tuviera un parecido notable físicamente con Kaoru, las reacciones que le causaban eran bien diferentes.

-Suéltame, mocosa…- dijo en tono bajo.-¿Por qué empeñas en humillarte?-

-He crecido amándolo. No me puedo rendir… - dijo la joven, tomando impulso y alcanzando la boca del pelirrojo que, por su estatura, no le quedaba muy lejos.

La caricia no alcanzó a durar ni medio minuto… quizá ni siquiera más de un par de segundos porque Kenshin rompió el contacto con un evidente gesto de desagrado, empujándola un poco. Claro que algo pasó porque de un momento a otro, Chizuru fue arrebatada de sus brazos y lanzada lejos.

-¿Qué acaso no entiendes un no por respuesta?- dijo Kaoru a punto de saltarle encima con ganas de hacer lo mejor que saben hacer las mujeres en un caso así: Tirarle el cabello hasta arrancárselo todo.

-¡No tienes nada que ver en esto!… ¡Métete en tus propios asuntos!-

-¡Este es mi asunto!- exclamó Kaoru enfurecida.- ¡Porque tú te estás metiendo con Kenshin! Déjalo en paz… ¡Maldita sea! ¿Cómo puedes ser tan inmadura? Hoy en la mañana casi te creí que querías ver a tu hermana.-

-¡Y la quiero ver pero… !-

-¡Pero nada! Este hombre ya tiene una mujer, y te lo ha dicho. Es malo meterse con un hombre que ya tiene pareja.-

-¡Tú no lo entiendes!… ¡Yo he sido mujer de Kenshin, por eso no puedo aceptar que haya otra!-

Kaoru volteó rápidamente para mirar a Kenshin, que tenía una expresión indescifrable.

¿Era eso cierto? ¿Kenshin y Chizuru?

Pero él no decía nada y ella debía tomar una decisión al respecto.

Desde luego, seguir de su lado. Ya aclararían ese tema más tarde.

-Aún si lo has sido, ya no lo eres y debes respetar eso. Tu tiempo con él ya terminó. Mejor búscate a un muchacho de tu edad con quien estar.-

Chizuru de pronto reflexionó, llegando a la conclusión que la actitud de "Kenji" era bastante extraña y exagerada. ¿Realmente estaba defendiendo a Kenshin, su amigo, o había algo más? Desde la mañana que le afectaba ese tema.

¿Existía la posibilidad de que Kenji, en cierta forma, gustara de ella?

La rabia de Kaoru contra Chizuru se estaba disipando un poco porque recordó las veces que le gustaban muchachos que no la tomaban en cuenta. De todos modos, si la chica volvía a intentar algo con su Kenshin, ya se enteraría del poder de su puño.

-Ya hemos comido y descansado. Prosigamos.- dijo el pelirrojo que sin más, se echó a andar. Kaoru pronto le dio alcance y caminó a su lado.

-Primero las chicas del pueblo y ahora esto. Estoy pensando que viviré llena de cuernos si sigo contigo.- le dijo Kaoru en un cuchicheo. Kenshin la miró divertido, porque era evidente que estaba celosa, y le respondió en igual forma:

-Nunca tendrás cuernos porque te amo, mocosita. No existe otra mujer para mí.-

Mirando hacia atrás de reojo, Kaoru notó a Chizuru tratando de apurarse para alcanzarlos. Se volvió a Kenshin.

-Tenemos una conversación pendiente, Himura…- dijo Kaoru en un tono bajo que, a pesar de oírse extraño, Kenshin encontró sensual.

-Claro que tenemos un asunto pendiente, "Kenji"… - respondió.- Y ya te vas a enterar de qué modo lo resolveremos.-

Kaoru miró a Kenshin de reojo al intuir que él no estaba hablando de su relación con Chizuru ni nada de eso. Pero estaba bien, le seguiría el juego. Estiró los brazos hacia delante y siguió caminando con gran relajo, ignorando que Chizuru estaba pensando en sacarle celos a Kenshin como una medida desesperada para hacerlo reaccionar, usando a Kenji para tal fin.

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La tarde transcurrió sin mayores sobresaltos. El trío se encontró con algunos viajeros por el camino y cuando el sol se estaba poniendo, llegaron al consultorio de la doctora Megumi, donde constataron que Sayo se encontraba mejor. Pero el problema surgió cuando Kenshin y Kaoru quisieron irse a casa, porque Chizuru de inmediato se les quiso unir.

-Hicimos un trato.- dijo Kenshin molesto.- Tú te quedarías a dormir aquí y Megumi ha dicho que tiene espacio para ti. Te quedas.-

-Yo no me acuerdo de haber hecho ningún trato.- respondió Chizuru desafiante.- Y por lo demás, puedo ir donde me plazca. Iré a mi casa y punto.-

-Ya no es tuya, pero en fin, haz lo que quieras, mocosa.-

Kenshin se dio la media vuelta y guió a Kaoru tras él.

-Pero te quedarás sola, porque no me interesa compartir techo contigo. Además, es mal visto que una joven como tú esté a solas con dos hombres. Hasta pronto.-

Caminaron por espacio de unos minutos por las callejuelas del pueblo hasta que Kaoru se atrevió a preguntar a dónde iban.

-Regresaremos donde Megumi a pedir asilo dentro de unos minutos. Nos tenemos que asegurar que esa mocosa no vuelva por acá.-

Kaoru suspiró.

-Realmente es insistente. ¿Por qué tanto interés contigo?-

Kenshin la miró de reojo.

-No me gusta andarme con mentiras asi que te lo contaré. Yo viví durante una época con Kaneda en la montaña, porque esa era su casa… -

Kaoru puso cara de sorpresa. Toda esa historia ya se la había contado Kaneda, pero Kaoru no quería delatarlo.

-… vivíamos con sus nietas, que eran unas niñas y yo cuidaba de ellas. Siempre jugábamos, íbamos al río y yo las veía como a unas hermanas pequeñas. Pero… con el tiempo ya no me sentí a gusto compartiendo esa felicidad que pensé no merecía y opté por irme. Regresé muchos años después, las niñas habían crecido… Chizuru se había puesto especialmente guapa y mi error fue comentárselo. Aunque le dije lo mismo a Sayo, pues… ella se lo tomó diferente. Un día me dijo que estaba enamorada de mí. Pero… yo no podía dejar de verla como la niña que jugaba conmigo. Aún no puedo quitarme esa imagen.-

-Ya veo.- dijo Kaoru. Eso no se lo había contado Kaneda.

-Kaneda decidió trasladarse a su casa actual y me dejó esta a mí. Se llevó a las nietas y todo iba bien hasta que se aparecieron los tres, tiempo después, a visitarme. Yo me sentía muy bien en su compañía, pero comentaron que el motivo de la vistita era que Chizuru, como regalo de cumpleaños número quince, había pedido ir a la casa de la montaña. Todos celebramos el acontecimiento, pero al irnos a acostar, ella se quedó despierta. Esperó a que yo me durmiera y se metió a mi cuarto. Luego a mi futón.

-Te voy a ser sincero, Kao… Kenji.- se corrigió Kenshin mientras caminaba por un callejón especialmente oscuro.- Cuando desperté y sentí sus caricias, me excité rápidamente y respondí a sus besos. Estaba desnuda sobre mí y pensé volverme loco. Yo… llevaba mucho tiempo sin una mujer y supongo que la sorpresa de despertar con una… -Kenshin miró al cielo.- Sin embargo, en un momento ella me llamó por mi nombre y al reconocer su voz y volver a la realidad, me levanté de un salto.-

Al salir del callejón, ambos vieron la luna, a la que ya le faltaba un pequeño pedazo. Parecía llena, pero no era completamente redonda.

-¿Y ella, qué hizo?-

-Se quedó en mi futón, llamándome, diciéndome que debíamos continuar, que no la podía dejar asi y que ella sabía que yo la deseaba. No te voy a negar que la tentación de volver a sus brazos y terminar lo empezado no fue grande, incluso me costaba respirar de las ganas que traía, pero… en un acto desesperado salí al exterior tal como estaba y de ahí eché a correr. Me di el baño de agua más fría del que tengo memoria en el río, donde nadé y nadé vigorosamente hasta que mis labios se tornaron morados y asomó el sol de la mañana.-

-A la chica no le gustó que la dejara plantada y amenazó con acusarme a Kaneda si no le reconocía que yo también estaba loco por ella. Le dije que hiciera lo que quisiera, porque Kaneda era mi amigo. Si ella quería chantaje… pues que cumpliera su amenaza y cargara en su conciencia el separar a dos hombres que se habían ayudado mucho. No sé… supongo que no lo hizo porque Kaneda y yo nunca hemos tenido problemas y él adora a sus nietas.-

-O quizá ella lo hizo y Kaneda no le creyó.- observó Kaoru.

-Es posible.-

-Pero Kenshin… - dijo Kaoru tratando de ser madura y aplacar los celos que sentía contra Chizuru.- … tú… después de eso… no pensaste en tener algo con ella. ¿Al menos para quitarte esas ganas que tenías?-

Kenshin negó con la cabeza.

-Lo pensé, pero a mí no me resulta eso de tener sexo sólo por tenerlo. Una vez lo intenté con una prostituta muy bonita, pero nada. Desde que he quedado viudo, en ese aspecto, he llevado una vida de monje.-

"O quizá ni tan de monje si contamos las veces que me he desahogado a solas cuando he tenido ganas" pensó el pelirrojo.

Enfilaron hacia casa de Megumi cuando de pronto Kaoru saltó con la gran pregunta.

-Oye Kenshin… ¿Crees que ese tipo que nos andaba buscando…? -

-¡Maldición!- exclamó.- ¡Lo había olvidado por completo! Es lo malo de estar en tu compañía, Kenji. Debemos irnos ahora mismo a la casa. Quizá ese Jinnei ande por ahí.-

-¿Entonces Chizuru está en peligro?-

-Desde luego que si.-

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Chizuru con fastidio encontró los kimonos, una flor roja y otras cosas femeninas en el cuarto de "la mujer que vive con Kenshin". Descubrió un solo futón en toda la casa y eso le carcomió de celos al pensar que dormirían juntos.

Estaba en eso cuando sintió unas pisadas más atrás y se volvió rápidamente. Descubrió a Kenji.

-¿No que te ibas a ir con Kenshin?- le preguntó.

-No. Tenía que cerciorarme de que estabas bien aquí.- respondió Kaoru, pensando en que Kenshin estaba revisando el perímetro para asegurarse de que todo estaba bien.

-Ya veo…- dijo Chizuru, acercándose.- Veo que te intereso. Después de todo, somos de la misma edad.-

-Ehh… - Kaoru tuvo un presentimiento malo y retrocedió un paso.- Tú no me interesas. Eres sólo una chica más.-

-Pero te gusto. Después de todo me rescataste, y te has puesto fiero cuando he besado a Kenshin.-

-Es imposible que alguien se pueda enamorar en tan sólo un día…- dijo Kaoru escuchando unos pasos atrás de ella. Pero no pudo prestar atención suficiente porque en ese momento, Chizuru se lanzó a sus brazos y tal como lo hizo con Kenshin, se fue directo a sus labios…

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Fin acto doce

La insistencia de una chica

Marzo 20, 2009

Notas de autora.

Hola!!!

Sin tiempo y con prisas. Gracias a todas y todos y disfruten este nuevo preview.

Este preview ha sido aprobado para todas las audiencias

-Todos tenemos un demonio dentro que es preciso controlar. No eres el único, Kenshin, no estás solo en esto…-

Muy pronto…

-Pero es que ya no sé cómo detenerlo. Créeme, he intentado todo pero… -

-Pero antes no dejabas que se te acercara nadie. Ahora estoy yo. Soy tu amigo. Te apoyaré, te cuidaré aunque no quieras. Ya no podrás librarte de mí. Seremos amigos por siempre.-

Kenshin se sorprendió por un momento, porque de pronto recordó una promesa similar que le hiciera una chica muchos años atrás.

regresa a tu vida…

-¿Kaoru?-

-Si, Kaoru. Ese es su nombre.-

-Vaya… - dijo Kaoru fingiendo sorpresa.- Es un nombre muy bonito.-

Kenshin sonrió.

-Ya lo creo. A mi me lo parece cada vez que lo pronuncio.-

para recordarte…

-¿Y qué pasó con ella?-

El pelirrojo acabó de ordenar sus apuntes dentro de la mochila y se irguió al cerrarla.

-No pasó nada. Se quedó con sus padres y yo me mudé a otra ciudad. Después vine a esta a terminar mis estudios.-

-¿Y no mantuviste el contacto con ella?-

-No.-

-Ya veo… tal vez no la querías lo suficiente.- observó la joven acostándose en su litera con los brazos tras la cabeza y cruzando los pies. - Tal vez no era tan especial para ti… -

que aunque creas no merecerlo…

-Es algo que no entenderías.-

-Claro que lo entiendo.- dijo Kaoru mirando al cielo de la habitación donde ella había puesto un póster de Hide.- Simplemente si quieres a alguien, tratas de mantener el contacto con ese alguien si no puedes estar con él.- sentenció cerrando los ojos y recordando las muchas cartas que ella le escribió a Kenshin esperando respuesta.- Si no lo quieres, lo dejas ir. - terminó encogiéndose de hombros. Kenshin se puso el pijama y se metió en la otra cama.

"Pero si en cada amanecer y nuevo comienzo está siempre ella" pensó el pelirrojo al acostarse.

-La tenía que dejar. Es todo.-

-¿Así sin más?- preguntó Kaoru tratando de controlarse. Realmente ella se moría de ganas por saltarle a Kenshin encima y preguntarle directamente por qué ya no había querido verla más, pero a un amigo a quien aún está conociendo no se le hace eso, ¿o sí?

-Es algo que no entenderías.-

-¡Y dale con que yo no lo entendería! - exclamó Kaoru al borde del colapso y optando por dar la espalda a su compañero de cuarto.- No me cuentes tus motivos si no quieres, pero creo que esa niña, esté donde esté, se va a merecer una explicación. Y a ella no podrás contestarle con un "no lo entenderías", asi que más te vale estar aclarado y preparado para ese momento.-

De pronto el cuarto quedó sumido en un tenso silencio que Kenshin no se atrevió a quebrar.

eres amado…

-¿Nieve?… ¡Genial!-

-Vaya, veo que te gusta el invierno, Nobuhiro.-

-Es mi estación favorita.- respondió Kaoru apresurándose en ponerse un abrigo y guantes. La ropa de hombre era muy cómoda y pensó que era una ventaja tener un padre con tan buen gusto para ayudarle a escoger sus ropas de varón, porque ese abrigo en especial le gustaba mucho.

-Yo pensé que te gustaba más el verano. No sé, eres tan alegre… -

-Antes me gustaba, cuando era un niño.- respondió Kaoru poniéndose un gorro azul marino.- Pero cuando cumplí doce años algo pasó… y decidí que era el invierno lo que más me gustaba. Es… es una estación en la que tú puedes… - la joven pasó saliva, un poco nerviosa al mirar a Kenshin, porque los inviernos siempre le traían recuerdos de aquellos días que pasó con él jugando y planificando nuevas travesuras.- … en la que tú puedes abrigar a la persona que más quieres. En verano se muestra más piel. En invierno es más sentimiento.-

Finalmente Kaoru estuvo lista y salió al exterior al encuentro con la nieve. Kenshin se quedó dentro del cuarto, mirando a su amigo por la ventana. En realidad que Nobuhiro era muy sentimental, casi tanto como podía serlo cualquier chica. Pero de todos modos le agradaba que fuera así, porque era como oír de otro joven las cosas que él pensaba.

Recordó una tormenta de nieve, muchos años atrás, que obligaron a cierta jovencita a pernoctar en su casa. Y como una taza de te derramada sobre una cama les hizo pasar la noche durmiendo juntos. Recordó claramente el aroma del pelo de la niña que dormía entre sus brazos y el modo en que ella se acurrucaba contra él buscando calor. Y cómo él, preocupado, la cubría con las frazadas pacientemente cuando ella se destapaba.

Por su parte Kaoru cerró los ojos al sentir los fríos copos caer sobre su rostro, evocando aquella mañana en que despertó acomodada sobre algo tibio y suave. Kenshin la había acunado durante la noche y ella había pensado que despertar con alguien así durante el resto de su vida sería algo grato de lo que nunca se cansaría.

y que esa persona sería capaz de hacer cualquier cosa por ti…

Kaoru despertó en medio de la noche, con la voz de Tenshi susurrándole al oído.

-Vamos, levántate. Tenemos que ir a estudiar para el examen de mañana.-

La joven se dio la media vuelta para seguir durmiendo.

-Tengo mucho sueño.- musitó.

-Pero tienes que levantarte. De ese examen depende tu permanencia en este lugar… -

-Tenshi, llevo una semana sin dormir… -

-No te puedes rendir, Kaoru. Piensa que todo esto lo haces por Kenshin. Es por su bien.-

aunque alguna vez…

-No sé si se lo merezca.- dijo la joven bostezando frente a un libro y algunos apuntes en el cuarto abandonado que Tenshi había encontrado para ella.- Después de todo Kenshin no quiso estar conmigo. No estuvo ahí para mí cuando más lo necesité.-

Tenshi detectó cierto resentimiento en las palabras de Kaoru.

-¿Por qué lo dices?-

Kaoru apoyó los brazos sobre el libro que estaba leyendo y sobre éstos, su cabeza. Luego hizo una mueca con la boca, ladeándola.

-Vaya… y yo que pensaba que en el cielo lo sabían todo.-

-Bueno, hay una persona allá, pero…-

la hayas abandonado.

-Fue mi hermana. Entonces yo tenía quince años cuando murió.-

-¿Sayo?-

Kaoru asintió. Recordaba claramente ese momento, cuando regresó de la escuela y vio la ambulancia en una intersección. El modo en que golpeteó su corazón y corrió a ver qué pasaba.

-Muchas veces sentí que tal vez mis padres no hubiesen estado tan tristes de haber muerto yo. Si no hubiera sido por Misao y la familia de Aoshi… yo… - A Kaoru se le hizo un nudo en la garganta, como cada vez que recordaba esos años. -Y por eso escribía, cada semana, una carta a Kenshin. Y le contaba las cosas que me pasaban, le imploraba que viniera a verme, aunque fuera un día, una hora. Yo no entiendo por qué… - la voz de Kaoru se quebró.- … no quiso hacerlo. Yo sabía que mis cartas le llegaban, que las leía y sin embargo nunca… -Kaoru se secó los ojos.- Ni siquiera entiendo por qué lo hacía. Tampoco entiendo por qué estoy aquí.-

La joven cerró el libro y decidida, se fue a su cuarto.

-No tiene caso que siga aquí. Lo mejor será regresar… - dijo al aire, sabiendo que el fantasma la escucharía.

-No lo hagas. Kaoru, él ahora necesita mucho de ti.-

-No, no me necesita. Nunca necesitó de mí, aunque yo sí necesité de él. -

-Misao te lo pidió, al menos a ella no puedes fallarle… -

-Misao entenderá, siempre lo ha hecho conmigo… -

Cuando entró de puntillas al cuarto, Kenshin aún dormía, con una lamparita encendida. Kaoru recordó que al salir, ella lo hizo a oscuras. ¿La habría dejado encendida para ella?

De todos modos no estaba para pensar en esos detalles. Ese hombre la había dejado en el más absoluto de los abandonos a pesar de sus promesas de amistad. Lo miró por unos momentos, con los ojos arrasados en lágrimas tratando de imaginar las motivaciones que él tuvo para no haberle contestado. De todos modos, ya no tenía caso pensar en eso, porque sacó la maleta de arriba del armario y con cuidado empezó a meterle sus cosas dentro.

Kenshin, un chico en dificultades

-Kaoru, él está enfermo del alma. Tú sabes lo que es pasar por eso…-

Mayo 8, 2009

-Pero ya no estoy segura de querer sostenerlo.-